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Hegel sobre la autonomía
y la libertad de mercado

José Enrique Sotomayor Trelles[1]

Presentación

El presente artículo tiene un objetivo bastante acotado: busca discutir algunas ideas articuladas por Hegel con relación a la autonomía y a la libertad en el sistema de las necesidades, o mercado, a la luz de la lectura que sobre estos temas propone Lisa Herzog en Inventing the market. Smith, Hegel, and the Political Theory[2]. Finalmente, y yendo más allá de Hegel, plantea la pregunta sobre si el tipo de soluciones que este vislumbró son aptas para garantizar niveles significativos de autonomía en las sociedades de mercado contemporáneas. Procederé, entonces, en tres pasos: primero presentando y comentando algunos pasajes de Hegel (sección 2), luego ofreciendo y discutiendo la lectura de Herzog (sección 3) y, finalmente, reflexionando sobre los problemas planteados a la luz de nuestros tiempos (sección 4).

1. Hegel y la autonomía en el mercado

En los parágrafos 189 a 208 de la Filosofía del derecho[3], Hegel emprende una lectura bastante original de la por entonces contemporánea tradición de la economía política. La figura clave en esta reinterpretación es la del sistema de las necesidades. En este sistema, los individuos buscan la satisfacción (comfort) a través de cosas materiales y a través del trabajo (§ 189), desplegando para ello un egoísmo subjetivo que, siendo como es, contribuye a la satisfacción de las necesidades de todos los demás (§ 199), en un argumento de fuertes reminiscencias a la metáfora smithiana de la mano invisible que lleva al panadero, al carnicero y al cervecero a contribuir al bien común a pesar de actuar en su propio interés. Pero estas necesidades tienden a multiplicarse y requerir, entonces, más y más medios para su satisfacción, en un proceso de multiplicación que “avanza hacia el infinito” (§ 191). Pero, además, estas necesidades se despegan de lo natural y pasan a ser necesidades de la propia opinión, que es, en realidad, la opinión general (§ 194). En un sistema que genera tal dinámica de avance hacia el infinito, del lado de la oferta se enfrenta el problema de no sucumbir ante la demanda. Se requiere, entonces, una nueva tecnología de producción eficiente y veloz. El asunto nos lleva de lleno al célebre ejemplo de la fábrica de alfileres postulado por Adam Smith en Sobre la riqueza de las naciones: ahí donde un solo artesano requeriría un día para producir un alfiler a través de todo el proceso productivo, un ejército de trabajadores puede producir miles mediante la simple regla de la compartimentalización de las tareas[4]. Pero tal como haría Marx después, a través de la figura de la alienación en los Manuscritos de 1844, Hegel identifica con claridad el revés de la nueva tecnología social. En efecto, la división de trabajo engendra trabajos sencillos, pero a la vez repetitivos y mecanizados, en los que en el límite el hombre puede ser reemplazado por máquinas (§ 198).

La dinámica hasta aquí descrita tiene lugar en una sociedad con individuos desiguales en el ámbito material e intelectual. Es posible, entonces, leer los siguientes apartados de la FD como un intento de elaborar la institucionalidad que media entre los individuos y las fuerzas abstractas e implacables del sistema de las necesidades. En tal clave hermenéutica, los estamentos, el derecho, la policía y las corporaciones (Korporation) son mediaciones que pueden brindar un basamento al individuo para edificar su autonomía en el sistema de las necesidades.

Pongamos un ejemplo sencillo para concluir esta sección: en el § 236 de la FD Hegel analiza las diversas regulaciones de la policía (administración del Estado) sobre el mercado. Entre estas se incluye la regulación de precios –este es el ejemplo de Hegel–, pero podríamos extender su análisis para pensar, por ejemplo, en la regulación actual sobre valor nutricional o sobre los ingredientes de productos alimenticios. Hegel se refiere aquí a un derecho del público a no ser engañado[5], y es fácil ver la ligazón entre la ausencia de engaño y la mayor autonomía decisoria como sujeto de las relaciones de mercado. La actividad regulatoria de policía ofrece, entonces, una infraestructura que promueve la autonomía del lado del demandante, a la vez que un correctivo frente a la deriva egoísta y una reconducción hacia el fin general del lado de la oferta. En estas líneas se expresa Hegel, que, comentando el texto principal de este parágrafo, señala lo siguiente:

El interés particular [de oferente y demandante] invoca la libertad contra esa regulación superior, pero, cuanto más ciegamente hundido esté en sus fines egoístas, más necesitará de la regulación para ser reconducido hacia lo general y para acortar y suavizar los movimientos peligrosos y la duración de este espacio intermedio, en que el que equilibrará la colisión entre ambos a través de la necesidad no consciente [para sus propios intereses particulares][6].

En la siguiente sección seguiremos esta senda de lectura a través de la interpretación propuesta por Lisa Herzog.

2. Instituciones para la autonomía de mercado

En el capítulo sexto de Inventing the market[7], Lisa Herzog discute la relación entre diversos aspectos de la libertad en las aproximaciones que sobre la sociedad de mercado ofrecen Hegel y Smith. La aproximación de Herzog busca emprender un análisis en dos pasos que responda a dos preocupaciones que se han formulado contra la libertad negativa entendida como mera ausencia de obstáculos. Aquí solo me concentraré en la primera preocupación del capítulo, que puede ser formulada del siguiente modo: ¿cómo se relaciona la libertad de mercado con la autonomía? La pregunta apunta al problema de si los individuos emplean sus libertades de mercado para construir vidas auténticas y autogobernadas, o si más bien se entregan a un consumismo irreflexivo e impulsivo. Sobre este asunto, sostiene Herzog, Hegel notó que las dos alternativas eran posibles y por ello ofreció algunos remedios para la deriva consumista e irreflexiva[8].

2.1 Formación de preferencias y autonomía

La preocupación planteada nos pone ante la compleja relación entre formación y consolidación de preferencias, y el concepto de autonomía. Herzog considera que el concepto puede ser descompuesto en dos aspectos:

  • Condición de autenticidad: responde a la pregunta sobre si uno es capaz de actuar de acuerdo con sus propias preferencias o deseos. Aquí lo importante es que estos deseos sean propios y no impuestos de alguna manera.
  • Condición de competencia: responde a la pregunta sobre si uno tiene la habilidad para actuar de acuerdo a sus propias preferencias. En otras palabras, esta condición apunta a la fuerza de voluntad, más allá de supuestos de autoengaño o falta de voluntad.

En Hegel, los beneficios de una sociedad de mercado para la formación de autonomía, en su faceta de autenticidad[9], consisten en que esta educa a sus miembros, a través de la labor que realizan en dicha sociedad, lo que les permite distanciarse de sus propios instintos e intereses, y tomar en cuenta los de otros, ya sean colegas de trabajo o consumidores. Es más, si las personas no actúan de forma prudente y autocontrolada, ponen en riesgo el bienestar personal y familiar[10]. Pero, por otro lado, la sociedad de mercado también supone riesgos para la actuación autónoma. Así, la mecanización de trabajo genera efectos insanos y estupidizadores, así como aleja a los trabajadores de la actividad intelectual[11].

En segundo término, la sociedad de mercado también acarrea beneficios y patologías para la formación de autonomía en su faceta de competencia. Ante el riesgo principal, que en este caso es el de vivir de forma consumista, gobernados por fuerzas externas, se oponen algunos beneficios. Así, si bien la liberación de necesidades biológicas es una de las cuestiones positivas que hace posible el mercado, este también puede llevar a nuevas aflicciones psicológicas. Los hombres quieren ser iguales a sus congéneres, en especial, iguales a los ricos y poderosos, pero también quieren ser diferentes de todos los demás, lo cual los lleva a una búsqueda inauténtica y constante de nuevos bienes que los diferencien[12]. Más aún, en la clase empresarial ello lleva a un deseo de reconocimiento que no puede ser satisfecho por colegas de su corporación. Al no formar gremios, la única forma de reconocimiento consiste en una búsqueda incansable de tener más y más: “La persona que no tiene condición como miembro de una corporación se ve muy parecido al ‘hijo de un hombre pobre’ de Smith: triste, inauténtico y dirigido por deseos externamente creados”[13].

La conclusión del análisis es que para Hegel la sociedad de mercado tanto ofrece beneficios como riesgos para la autonomía, pero ello también muestra que no basta la libertad negativa, sino que la competencia y autenticidad para formar y llevar planes de vida es fundamental.

2.2 Enriqueciendo el concepto de libertad económica

Hegel cree que el Estado puede tomar acciones para revertir los efectos negativos que el mercado tiene sobre la capacidad de actuar autónomamente de los individuos. Un buen ejemplo de ello es la educación: en efecto, Hegel considera que la educación pública puede ser obligatoria. El pasaje relevante se encuentra en el § 239 de la FD, donde sostiene que la sociedad civil tiene el deber y derecho, frente a la arbitrariedad y contingencia de los padres, de supervisar e influenciar la educación de los niños. Todo ello en la medida que dicha educación está orientada a la formación de miembros de la sociedad.

Otro ejemplo, ya comentado brevemente, es el de la provisión de información sobre ciertos bienes que se tranzan en el mercado. La esperanza es que estas intervenciones, además, logren evitar un consumismo irreflexivo por parte de las personas. Hegel, entonces, no aboga por un homo economicus entendido como una máquina de maximización de utilidad. Tampoco aboga por reducir la explicación del comportamiento a la variable de maximización de posibles ganancias. Más bien, todo lo contrario: en Hegel la dimensión política de la vida se encuentra por encima de la sociedad civil comercial, a la vez que el espíritu absoluto se asocia con el arte, la religión y filosofía[14].

¿Cómo es, entonces, que los ciudadanos desarrollan la capacidad de hacer decisiones autónomas, en el sentido de auténticas? En Hegel, a diferencia de Smith, la solución no es solo privada. Para ello, las corporaciones supervisadas por el Estado son instancias que pueden combatir el riesgo de consumismo desenfrenado. En las corporaciones los individuos desarrollan una conciencia política de pertenencia que les permite actuar colectivamente, tomando en cuenta opiniones de otros. Pero en Hegel, además, la interacción entre corporaciones orienta al espíritu a sublimar a la sociedad civil en el Estado.

3. Un problema a partir de Hegel: el consumismo en sociedades de consumo de masa

¿Qué podemos extraer de las reflexiones que sobre el mercado y la autonomía desarrolló un hombre que vivió entre 1770 y 1831? Por lo menos, dos cosas importantes: la primera es que la autonomía en el mercado importa y es posible, y la segunda es que esa autonomía posee componentes sobre la formación auténtica de preferencias y sobre la fuerza de voluntad para ejecutar planes de acción en el mercado. El problema es que, sobre ambas cuestiones, el arquetipo de análisis hegeliano parece llevar las de perder: la economía es la ciencia de las preferencias reveladas; y el marketing, neuromarketing y publicidad operan a niveles no siempre reflexivos, extrayendo ganancia de nuestros deseos, aspiraciones y anhelos. Toca desarrollar estas ideas.

Hegel escribe en el contexto de una sociedad de mercado en la que la formación de preferencias era estudiada mediante métodos bastante rudimentarios. Esto explicaba, de hecho, que muchos economistas políticos clásicos restringieran el estudio de la economía a las preferencias reveladas y no tanto a la formación de las mismas, ámbito que dejaban en manos de la psicología. Vilfredo Pareto lo expresa en estos términos:

Es un hecho empírico que las ciencias naturales han progresado solo cuando han tomado principios secundarios como su punto de partida, en lugar de tratar de buscar la esencia de las cosas… la economía política pura tiene, entonces, el mayor interés en recalar lo menos posible en el dominio de la psicología[15].

Esta cita es importante por dos razones: (1) muestra que la elección de la economía política del siglo xix e inicios del xx podría estar basada en un criterio pragmático más que ideológico: las limitaciones de los métodos empíricos de la psicología para conocer el reino de la formación de preferencias, y la necesidad de una delimitación clara del objeto de la ciencia económica. Pero, además, (2) implícitamente muestra que los métodos anteriores para el estudio de las preferencias eran altamente especulativos. Si el punto (2) es correcto, entonces la teoría de Hegel sobre los factores que inciden en la autonomía –competencia y autenticidad– está fuertemente condicionada por lo que se conocía en su tiempo. Hoy disciplinas como el marketing (y el neuromarketing), la psicología conductual y las neurociencias parecen ofrecernos mucha más información sobre la formación de preferencias, adicciones, patrones consumistas y demás. En tal escenario, factores como la educación, la formación cívica y la emulación de modelos de virtud pueden parecer remedios desfasados para una maquinaria de consumo que opera a niveles no plenamente conscientes de elección. Incluso conceptos relativamente rudimentarios como el de “utilidad experimentada” de Kahneman, Wakker y Sarin[16] parecen poner en duda el esquema hegeliano: aquí la utilidad no se refiere a un balance sereno sobre los réditos que reporta el consumo de un bien, sino a la sensación hedónica y momentánea que genera su consumo, y que ha sido estudiada experimentalmente mediante encefalogramas. Extrayendo el pedigrí filosófico de la pregunta: ¿no sabemos, hoy, que las sociedades de consumo son mucho más peligrosas y dañinas en cuanto a la autonomía de las personas, que lo que sabía Hegel? Si es así, cabe preguntarnos por qué rol corresponde desempeñar a las instancias sociales como el Estado y las corporaciones ante el que para Herzog era el primer problema de las sociedades de mercado.

Sobre este interrogante existe una veta hegeliana de análisis que puede ser retomada y profundizada para concluir. En un trabajo más reciente, Herzog[17] ha desarrollado la noción de “infraestructuras epistémicas”, que son instancias encargadas de la división epistémica del trabajo. En términos elementales, las infraestructuras epistémicas proveen de información a los agentes de mercado sobre aspectos relevantes para sus actos de consumo, de forma tal que les permiten una agencia moralmente responsable en el mercado. Por ejemplo, un sello de comercio justo en el ámbito de la producción de productos tales como café, informa a los consumidores sobre aspectos tales como prácticas equitativas con los productores rurales, mejores pagos para asegurar que estos no solo sobrevivan con su trabajo o da cuenta de procesos de producción y distribución más sostenibles y éticos. Esta es información que un consumidor interesado en el consumo ético puede valorar, y que le permite una agencia de mercado moralmente responsable. Casos análogos los encontramos en sellos que certifican que ciertas empresas cuentan con códigos de ética para proveedores, lo que asegura en cierta medida que, por ejemplo, esta solo contrate con proveedores que respetan los derechos humanos básicos de sus trabajadores. Estas infraestructuras epistémicas cumplen una función análoga a la que Hegel vislumbró para instancias de mediación social como las corporaciones, y evitan las distorsiones que produce un modelo austero de provisión de información por parte de los mercados como el que Herzog critica en Hayek. Todas estas vías aquí apenas sugeridas muestran lo promisorio de un análisis en clave hegeliana para reactualizar el ideal regulativo de la autonomía en las sociedades de mercado.

Bibliografía

Camerer, Colin F., “Wanting, liking, and learning: neuroscience and paternalism”, The University of Chicago Law Review, 73(1), 2006, pp. 87-110.

Hegel, G. W. F., Elements of the philosophy of right, edición de Allen Wood y traducción de H. B. Nisbet, Cambridge: Cambridge University Press, 1991.

Hegel, G. W. F., Fundamentos de la filosofía del derecho, traducción y notas de Joaquín Abellán, Madrid: Tecnos, 2017.

Herzog, Lisa, Inventing the Market. Smith, Hegel, and Political Theory, Oxford: Oxford University Press, 2013.

Herzog, Lisa, “The epistemic division of labour in markets: knowledge, global trade and the preconditions of morally responsible agency”, Economics and Philosophy, 36(2), 2020, pp. 266-286. DOI:10.1017/S0266267119000130

Honneth, Axel, Freedom’s Right. The Social Foundations of Democratic Life. Cambridge: Polity, 2014.

Kahneman, Daniel, Peter P. Wakker & Rakesh Sarin, “Back to Bentham? Explorations of Experienced Utility”, The Quarterly Journal of Economics, 112(2), 1997, pp. 375-405.

Smith, Adam, La riqueza de las naciones. Madrid: Alianza Editorial, 2011.


  1. Pontificia Universidad Católica del Perú.
  2. Lisa Herzog, Inventing the Market. Smith, Hegel, and Political Theory, Oxford: Oxford University Press, 2013.
  3. En lo sucesivo G. W. F. Hegel, Fundamentos de la Filosofía del Derecho o Compendio de Derecho Natural y Ciencia Política, traducción y notas de Joaquín Abellán, Madrid: Tecnos, 2017. Contrastado con G. W. F. Hegel, Elements of the philosophy of right, edición de Allen Wood y traducción de H. B. Nisbet, Cambridge: Cambridge University Press, 1991.
  4. Adam Smith, La riqueza de las naciones, Madrid: Alianza Editorial, 2011, pp. 34-35.
  5. G. W. F. Hegel, Fundamentos de la Filosofía del Derecho o Compendio de Derecho Natural y Ciencia Política, ed. cit., p. 239.
  6. Ibid., pp. 239-240.
  7. Lisa Herzog. Inventing the Market. Smith, Hegel, and Political Theory, ed. cit., cap. 6.
  8. Ibid., p. 121.
  9. Para ser más precisos, y siguiendo de cerca la propuesta de Axel Honneth en El derecho de la libertad, podemos distinguir entre dos tradiciones en el interior de la libertad reflexiva: aquella que se centra en la noción de autolegislación y aquella que se centra en la noción de autorrealización. Mientras que la primera vía nos conduce hacia la racionalidad en la acción como condición de posibilidad de la libertad, la segunda nos conduce a través del proceso de autoconocimiento e introspección. Si bien los dos sentidos pueden ser relevantes para la discusión hegeliana, cabe diferenciarlos. Es decir, podemos preguntarnos por la forma en que se puede lograr decisiones racionales en el mercado y por la forma en que esas decisiones expresan nuestros planes de vida y deseos reflexivos. Véase Axel Honneth, Freedom’s Right. The Social Foundations of Democratic Life, Cambridge: Polity, 2014, cap. 2.
  10. Lisa Herzog, Inventing the Market. Smith, Hegel, and Political Theory, op. cit., p. 123.
  11. Ibid., pp. 124-125.
  12. Ibid., p. 128.
  13. Idem.
  14. Ibid., p. 131.
  15. Pareto, citado por Collin F. Camerer en “Wanting, liking, and learning: neuroscience and paternalism”, The University of Chicago Law Review, 73 (1), 2006, p. 89.
  16. Daniel Kahneman, Peter Wakker & Rakesh Sarin, “Back to Bentham? Explorations of Experienced Utility”, The Quarterly Journal of Economics, 112 (2), 1997, pp. 375-405.
  17. Lisa Herzog, “The epistemic division of labour in markets: knowledge, global trade and the preconditions of morally responsible agency”, Economics and Philosophy, 36(2), 2020, pp. 266-286.


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