El objetivo del presente capítulo es analizar el comportamiento del sistema de pluralidad de bancos de emisión bajo el patrón plata a partir de la sanción de la ley bancaria de 1897. Para alcanzar este propósito, hemos incorporado un nuevo concepto, el de jerarquía del dinero de Mehrling, y hemos trabajado con tres grupos de bancos: el Nacional, el de Londres y los regionales/locales.
El capítulo consta de tres secciones. En la primera, se define la jerarquía del dinero en el porfiriato durante el patrón plata. La segunda sección determina el comportamiento bancario, dividiendo entre dinero y crédito al público. Y, en la última, presentamos las conclusiones, donde sintetizamos las particularidades del funcionamiento del sistema entre 1897 y 1905.
III.1. La jerarquía del dinero en el porfiriato bajo el patrón plata
Comenzamos definiendo el dinero como el instrumento que los agentes económicos utilizan para realizar sus pagos, y el crédito como una promesa de pago de dinero. Así, el dinero es un medio de liquidación final, en tanto que el crédito es un medio de retrasar la liquidación final.[1]
Podrá haber varios instrumentos con que se puedan realizar los pagos en un sistema, existiendo una jerarquía del dinero. Un instrumento que se encuentra en una capa inferior de la jerarquía constituirá una promesa de pago (crédito) de otro que se encuentra en una capa superior. De este modo, el dinero que aparece en el activo de un agente constituirá un pasivo de otro agente, es decir, una promesa de pago. Solamente el dinero que se ubica en la cúspide de la jerarquía (el dinero de alto poder) no representará el pasivo de ningún agente.[2]
El sistema siempre estará fluctuando entre la disciplina y la elasticidad. La primera consiste en la necesidad de cumplir los compromisos de pago, en tanto la segunda en la posibilidad de dilatar dichos compromisos. Si la elasticidad domina, el dinero se expande y la diferencia entre dinero y créditos se diluye. Cuando la disciplina domina, por el contrario, los agentes aceptan como pago aquellos medios que les brindan confianza inmediata, con lo cual el dinero se contrae y la línea divisoria entre dinero y crédito se hace más clara.[3]
Situándonos en el México porfiriano antes de la reforma de 1905, partimos de una hoja de balance simplificada de un banco de emisión (véase Cuadro III.1). En el lado de los activos, se presentan dos opciones de colocación de fondos que enfrentó el banco: sostener metálico plata bajo la forma de reservas y conceder créditos, cobrando una tasa de interés. En el lado de los pasivos, aparecen dos fuentes de fondos con las cuales contó el banco: colocar en circulación billetes convertibles en plata (peso plata) y recibir dinero del público en forma de depósitos, pagando una tasa de interés. Finalmente, se registra el capital propio, formado por el capital exhibido más las utilidades no distribuidas a los accionistas en el dividendo.
Cuadro III.1. Hoja de balance simplificada de un banco de emisión
Activos Reservas Créditos | Pasivos Billetes en circulación Depósitos Capital Propio Capital exhibido Fondos de reservas |
En concordancia con la hoja de balance, el Diagrama III.1 ofrece la jerarquía del dinero para el banco emisor.
- En la cúspide figura la plata. Antes de la reforma de 1905, el peso plata (llamado peso fuerte) era la unidad de cuenta y el medio de liquidación final de pago dentro del país, ya que se estaba bajo el patrón plata de facto.
- Debajo de la plata, se ubican los billetes. Como dijimos en el capítulo II, los billetes eran convertibles en pesos plata a una relación legal de 1 a 1 y su aceptación era voluntaria.
- En la base de la pirámide, finalmente, se encuentran los depósitos. Estos representaban una promesa de pago en billetes o peso plata.
De este modo, para un banco emisor porfiriano hasta 1905, el peso plata era el medio de liquidación final de pago, en tanto que los billetes y sus depósitos eran un medio de retrasar la liquidación final.
Diagrama III.1. La jerarquía del dinero bajo el patrón plata

Por último, resulta central distinguir entre las distintas capas de dinero con que contaba el banco y los créditos (activo bancario). Estos últimos son promesas de pagos de sus clientes con la entidad, a diferencia de los billetes en circulación y los depósitos (pasivos) que representan promesas de pagos de la entidad con el público.
III.2. El comportamiento bancario
III.2.1. El dinero de los bancos
Ubicándonos en la cima de la pirámide del dinero en los años previos a 1905, podemos observar el comportamiento de la plata en poder de los bancos. Lo primero por resaltar es el alto grado de concentración que presentaba. Entre junio de 1901 y marzo de 1905, el Banco Nacional reunía en promedio el 42% de las reservas metálicas del sistema. Si sumamos las del Banco de Londres, aquel porcentaje se elevaba al 64%[4] (véase Gráfico III.1.).
Gráfico III.1. Distribución del metálico plata en los bancos, junio 1901-marzo 1905 (promedios)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
La plata en poder de los bancos aumentó un 54% entre junio de 1901 y marzo de 1905 (1% promedio mensual). No obstante, se registra un descenso del 21% entre julio de 1902 y abril de 1903 (véase Gráfico II.2.). Dicho descenso se dio principalmente en el Banco Nacional y estuvo asociado a déficits de balanza de pagos (salida de reservas).[5]
Gráfico III.2. Metálico plata en poder de los bancos, junio 1901-marzo 1905 (millones de pesos plata)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
El Gráfico III.3 muestra el crecimiento del metálico plata, que fue del 1,2% promedio mensual, en el interior de la banca regional/local. Con excepción del Banco de Coahuila, el resto vio aumentadas sus reservas de plata. Los bancos Oriental, Sonora, Mercantil de Veracruz y Minero se ubicaron primeros en orden a la magnitud del crecimiento.
Gráfico III.3. Crecimiento del metálico (plata) en los bancos regionales/locales, junio 1901- marzo 1905 (miles de pesos plata)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
Como parte de las reservas, también se encontraban los “billetes de otros bancos”, cuya participación en el total era de apenas un 3% promedio. Los bancos regionales/locales, por su parte, sostenían solo un 5% de “billetes de otros bancos”.[6] Por consiguiente, el sistema porfiriano no contaba prácticamente con “billetes de otros bancos” como promesa de pago de dinero, por lo que tenía pocos instrumentos y, por ende, escasa elasticidad.
Contrario a este hallazgo, suponíamos que la concentración de la plata en el Banco Nacional iba a estar acompañada por el uso de sus billetes (como reservas) por los bancos regionales/locales, como sucedió en el sistema inglés y el escocés. En el inglés, los country banks mantenían un porcentaje alto de billetes del Banco de Inglaterra como reservas; y, en el escocés, los bancos con responsabilidad ilimitada (entidades pequeñas) sostenían los billetes de los bancos privilegiados o del Banco de Inglaterra como dinero de alto poder.[7] Esto posibilitaba a los pequeños bancos británicos dilatar el pago de dinero en momentos de estrés; tal posibilidad estaba fuera del alcance de los bancos regionales/locales porfirianos.
Pasando a los billetes en circulación, estos mostraron un crecimiento del 117% entre marzo de 1897 y marzo de 1905 (0,8% promedio mensual). Este crecimiento estuvo liderado por los billetes de los bancos regionales/locales, que treparon de 5,47 a 44,15 millones (un crecimiento del 2,2% promedio mensual) entre esas fechas. En marzo de 1897, cuando se sancionó la ley bancaria, los billetes de los bancos regionales/locales solo representaban el 14% del total, en tanto que los del Banco Nacional, el 56%. Para septiembre de 1900, los primeros representaron el 36% del total, equiparando a los segundos, que habían disminuido su participación a ese porcentaje. Y, para septiembre de 1904, la participación de los billetes de los bancos regionales/locales llegó a un máximo de 51%, en tanto que la del Banco Nacional bajó al 26% (véanse gráficos III.4a y III.4b).
Gráfico III.4a. Billetes en circulación, marzo de 1897-marzo 1905 (millones de pesos plata)

Gráfico III.4b. Billetes en circulación, marzo de 1897- marzo 1905 (participación en porcentaje)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
Un factor que contribuyó al aumento de los billetes de los bancos regionales/locales fue la expansión del número de bancos a partir de la sanción de la ley de 1897, como se vio en el capítulo II. Otro factor explicativo fue la creación del Banco Central Mexicano como clearinghouse de los bancos provinciales, entidad que fue fundada por el financiero chihuahuense Enrique C. Creel en 1898. Los bancos provinciales (como también se mostró en el capítulo II) no podían tener agencias ni sucursales –para efectuar el cambio de sus billetes– en el Distrito Federal ni en los Estados y territorios que no tuvieren relaciones comerciales con el Estado donde estuviere radicada la casa matriz. De allí que “para conjurar este mal –habría de narrar luego el propio Enrique C. Creel– tuve la feliz inspiración de establecer en la ciudad de México un banco al que estarían asociados todos los bancos de los estados, el cual cambiaría a la par por pesos fuertes, los billetes de los bancos locales”.[8] La manera de llevar adelante este proyecto fue a través de la adquisición de las acciones de la serie B del Banco Central por los bancos regionales/locales, con lo cual se iniciaban las relaciones interbancarias, que quedaban definidas por contratos anuales.[9] En este marco, la función del Banco Central de realizar el intercambio (clearing) de billetes de los bancos regionales/locales debió haber estimulado la aceptación de dichos instrumentos de pago y, por tanto, el aumento de su circulación.
El Gráfico III.5 exhibe el crecimiento de los billetes en circulación en el interior del grupo de bancos regionales/locales. Se observa que todos los bancos –sin excepción– aumentaron los billetes en circulación, aunque unos cuantos lo hicieron en mayor medida. Estos fueron, en orden de importancia, los siguientes: Mercantil de Veracruz, Yucateco, Oriental, Sonora, Mercantil de Yucatán, Jalisco y Minero. Obsérvese que cuatro de estas entidades aparecieron como las primeras en orden de importancia por el aumento de sus reservas metálicas. Empero, los bancos Yucateco, Mercantil de Yucatán y Jalisco se destacaron por haber incrementado sus billetes, pero no por haber aumento sus reservas (véase también Gráfico III.3). Tenemos que preguntarnos si esta fue una conducta subóptima desde el punto de vista de la maximización de beneficio del banco. Este interrogante quedará sin contestar hasta la próxima sección.
Gráfico III.5. Crecimiento de los billetes en circulación de los bancos regionales/locales, marzo de 1897-marzo 1905 (miles de pesos plata)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
Finalmente, en la base de la jerarquía del dinero se encuentran los depósitos. Lamentablemente, las cifras que aparecen en la cuenta “depósitos” de los balances están subestimadas, lo que ocasiona problemas a la hora de determinar el comportamiento bancario. Los bancos tenían la práctica de “maquillar” los estados contables para simular fortaleza financiera. En este sentido, ocultaban los depósitos en el rubro “Cuentas Corrientes Acreedoras”. Solo a partir de la reforma legal de 1908 –que, entre otras cosas, se orientó a elevar la calidad de la información bancaria– parecería que se produjo un sinceramiento completo de la cuenta “depósitos” en los balances. Para el caso de Banco Nacional, el problema fue resuelto utilizando otra fuente, que incluye las cifras de los depósitos presentadas en las Actas Semanales. Esto, hasta el momento, no se ha podido hacer extensivo al resto de los bancos.
Así, el Gráfico III.6 presenta los depósitos de Banco Nacional, los que exhiben una tendencia suavemente creciente entre marzo de 1897 y marzo de 1905 (0,2% promedio mensual).
En cuanto al ratio depósitos a billetes, por 1 peso de depósito había 1,7 pesos de billetes en circulación en promedio (véase Cuadro III.2), lo que muestra que el Nacional era un banco comercial principalmente de emisión de billetes.
Gráfico III.6. Depósitos del Banco Nacional (millones de pesos plata)

Fuente: Archivo Histórico del Banco Nacional de México. Actas.
En el Cuadro III.2, se presenta la jerarquía completa del dinero (en cifras) para el período en que regía el patrón plata. Nos interesa establecer la liquidez con que operaban los bancos. Para ello, estimamos el ratio de liquidez R1 para un escenario donde dominaba la confianza:
R1 = (plata + billetes de otros bancos) / (billetes en circulación + depósitos)
También estimamos el ratio R2, suponiendo una situación de estrés, donde el público demandaba la conversión de sus activos financieros en dinero de alto poder:
R2 = plata / (billetes en circulación + depósitos)
Los resultados obtenidos son los siguientes:
Situación 1
R1 (Banco Nacional) = 67%
R1 (Banco de Londres) = 59%*
R1 (Bancos Regionales/Locales) = 58%*
* La cifra está sobreestimada
Situación 2
R2 (Banco Nacional) = 62%
R2 (Banco de Londres) = 55%*
R2 (Bancos Regionales/Locales) = 55%*
* La cifra está sobreestimada
Como puede observarse, los valores no cambian de manera significativa de un escenario a otro, debido a que –como dijimos– los “billetes de otros bancos” no constituyeron prácticamente un instrumento de pago.
Otro hallazgo de relevancia es que el Banco Nacional operaba con un altísimo grado de liquidez en ambos escenarios. En el caso de los otros bancos (de Londres y los regionales/locales), aun cuando las cifras están sobreestimadas, son lo suficientemente altas como para suponer que los niveles de liquidez no eran de ningún modo preocupantes.
Cuadro III.2. El dinero en cifras bajo el patrón plata, junio 1901-marzo 1905. Millones de pesos plata
Bancos | Dinero | |
Nacional | Plata | 25,08 |
| Billetes otros bancos | 2,24 | |
| Billetes en circulación | 25,27 | |
| Depósitos | 15,54 | |
Londres | Plata | 13,06 |
| Billetes otros bancos | 1,04 | |
| Billetes en circulación | 18,46 | |
| Depósitos | 5,38* | |
Regionales/Locales
| Plata | 21,21 |
| Billetes otros bancos | 1,15 | |
| Billetes en circulación | 37,27 | |
| Depósitos | 1,00* |
Nota: ٭: las cifras están subestimadas.
Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances; Archivo Histórico del Banco Nacional de México. Actas.
III.2.2. El crédito
El crédito exhibió un crecimiento del 308,5% en términos nominales entre marzo de 1897 y marzo de 1905 (1,5% promedio mensual). Y la razón crédito/ PBI pasó de 9% a 19% entre esos años. El dinamizador de este crecimiento fueron los créditos de los bancos regionales/locales: treparon de casi 8 a 88,7 millones de pesos en el período (un incremento del 2,6% promedio mensual). Tal comportamiento, como era de esperar, cambió las cuotas del mercado. Al momento de sancionarse la ley bancaria, en marzo de 1897, el Banco Nacional concentraba el 47%, en tanto que los bancos provinciales, el 15%. Para julio de 1901, estos últimos habían aumentado la cuota al 36%, logrando equiparar la del Banco Nacional (36%). La actitud expansiva de los bancos regionales/locales continúo, permitiéndoles alcanzar una participación máxima del 46% –frente al 29% del Banco Nacional y del 25% del de Londres– en mayo de 1903 (véase Gráfico III.7).[10]
Gráfico III.7.a. El crédito, marzo 1897-marzo 1905 (millones de pesos plata)

Gráfico III.7.b. El crédito, marzo 1897-marzo 1905 (participación en porcentaje)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
El Gráfico III.8 muestra el crecimiento del crédito en el interior del grupo de bancos regionales/locales. Como puede observarse, prácticamente todas las entidades aumentaron el crédito, pero obsérvese que nuevamente aparecen los bancos Yucateco, Mercantil de Yucatán y Jalisco como los primeros en orden de importancia. De este modo, podemos sostener que estos bancos incrementaron su cuota de mercado, expandiendo el crédito a través del aumento de la emisión de billetes. Nuevamente, cabe preguntarnos: ¿existió exceso de emisión por parte de los bancos Yucateco, Mercantil de Yucatán y Jalisco?
Gráfico III.8. Crecimiento del crédito de los bancos regionales/locales, marzo de 1897-marzo de 1905 (miles de pesos plata)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
La historiografía revela que existía una práctica generalizada en el porfiriato de que los banqueros asignaban los créditos a empresas sobre la base de lazos relacionales. Más específicamente, los empresarios porfirianos obtenían créditos para financiar sus empresas –ya sea manufactureras, agropecuarias o mineras– de los bancos en los que tenían acciones. El objetivo de estos “préstamos cruzados” o “autopréstamos” no fue el fraude, sino minimizar el riesgo crediticio debido a los altos costos de transacción, producto de las imperfecciones de los mercados financieros de la época.[11]
No obstante, bajo esta práctica de “autopréstamos”, se ha encontrado evidencia de que los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán otorgaron volúmenes excesivos de créditos en la crisis de 1902/1903, a los fines de auxiliar a las empresas relacionadas.[12] En consecuencia, podemos dar respuesta a nuestro interrogante: los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán (y muy probablemente también el de Jalisco) tuvieron una conducta subóptima desde el punto de vista de la maximización de beneficio del banco; ellos expandieron el crédito, a través de la emisión de billetes, con el propósito de socorrer a las empresas relacionadas.
Por su parte, el Cuadro III.3 presenta la composición de la cartera de créditos, según los balances mensuales de las entidades bancarias. Como puede observarse, se registran tres tipos de cuentas: existencia en cartera, préstamos sobre prenda y préstamos hipotecarios. En la primera de estas, estaban concentradas las operaciones de documentos descontados, cuyo colateral era un documento (pagaré/vales) que servía como garantía del crédito otorgado. Esto marcaba la diferencia con la segunda cuenta que aparece en el cuadro, el préstamo sobre prenda; en este caso, en lugar de un documento, se entregaba al banco una prenda como garantía del préstamo. Y el tercer tipo de crédito era el hipotecario; aunque los bancos de emisión podían otorgar préstamos con hipoteca de un bien inmueble como colateral, solo cuando la Secretaría de Hacienda lo autorizara. Las particularidades de la composición de la cartera de créditos, según la información suministrada por los balances, eran las siguientes:
- Los créditos registrados como hipotecarios eran insignificantes o directamente nulos en los distintos tipos de bancos.
- Más del 80% de los créditos de los bancos regionales/locales tenían como colateral documentos.
- Los bancos capitalinos exhibían una cartera un poco más diversificada que los bancos regionales/locales: una parte significativa de los créditos tenía como colateral documentos y otra parte no despreciable una prenda.
Cuadro III.3. Composición de la cartera de crédito de los bancos, marzo de 1897-marzo de 1905
| Regionales/locales | Londres | Nacional | |
Existencia | 85% | 71% | 63% |
Préstamos | 12% | 23% | 37% |
Préstamos | 3% | 6% | 0% |
Total | 100% | 100% | 100% |
Nota: la participación de los préstamos corresponde a valores medios, con excepción de los hipotecarios para el caso de los bancos regionales/locales, que corresponde al valor mediano.
Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
En cuanto a los plazos de los créditos, la ley bancaria de 1897 establecía que los bancos de los Estados podían “abrir créditos, descontar o negociar documentos de créditos” con plazos que no excedieran a seis meses. No obstante, la misma ley incluía una excepción a esta limitación. En efecto, establecía que dichas entidades podrían conceder créditos con garantía hipotecaria, “cuando expresamente lo autorice la Secretaría de Hacienda”, con un plazo no mayor de dos años.[13] De ahí que se trataba de un sistema de crédito de corto plazo, con la excepción dispuesta para los créditos hipotecarios.
Sin embargo, la historiografía da cuenta de otra práctica que resultaba habitual entre los bancos regionales/locales: esta era la renovación continua de créditos a corto plazo cada seis meses.[14] Dicha práctica hacía que las carteras de los bancos crecieran con obligaciones irrealizables al vencimiento. En otras palabras, los bancos regionales/locales operaran con carteras poco líquidas, lo que ponía en peligro el cumplimiento de la convertibilidad de sus billetes y el pago sin demora. De este modo, se dejó a la ley bancaria de 1897 la regulación de los plazos de los créditos de los bancos regionales/locales, pero lamentablemente el cumplimiento de la ley no fue efectivo.
Finalmente, el Gráfico III.9 muestra el apalancamiento con que operaban los bancos. Como era de esperarse, los bancos regionales/locales escogieron un ratio de créditos a capital menor que los otros bancos (Nacional y de Londres), puesto que trabajaban con mayor riesgo de cartera, aunque es de señalar que el ratio del Nacional guardaba menor distancia con el de los bancos regionales/locales que con el de Londres. En efecto, los valores promedios fueron los siguientes: 1,6 (regionales/locales), 2 (Nacional) y 2,7 (Londres). No obstante, todos estos valores son lo suficientemente bajos como para considerarlos indiscutiblemente buenos.
Gráfico III.9. El apalancamiento, marzo 1897-marzo 1905

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
III.3. Conclusiones
Las particularidades del funcionamiento de la banca de emisión bajo el patrón plata (1897-1905) pueden sintetizarse como sigue:
- La plata, el dinero de alto poder, se encontraba concentrada en los bancos privilegiados, ubicados en la capital del país; en particular, en el Banco Nacional, el agente financiero del gobierno.
- El sistema mostraba poca elasticidad, ya que los “billetes de otros bancos” no constituían prácticamente un medio de pago de dinero. Ello significaba que los bancos tenían menos instrumentos para prorrogar el pago de sus depósitos y billetes en dinero de alto poder.
- La adición de los puntos (i) y (ii) colocaban a los bancos regionales/locales en una situación de mayor vulnerabilidad en momentos de estrés.
- El Banco Nacional operaba con niveles de liquidez (la razón de plata a billetes más depósitos) extraordinariamente altos. En los otros casos (Banco de Londres y bancos regionales/locales), las cifras están sobreestimadas, pero son lo suficientemente altas para suponer que los niveles de liquidez no eran para nada preocupantes. Ello compensaba, aunque más no sea en parte, la escasa elasticidad del sistema.
- La sanción de la ley bancaria de 1897 y el inicio del Banco Central Mexicano como clearing house en 1898 estimularon el aumento de los billetes en circulación de los bancos regionales/locales. Este crecimiento estuvo acompañado por una gran expansión del crédito de dichos bancos, posibilitándoles aumentar de manera significativa su cuota de mercado.
- No obstante, el crecimiento de la banca regional/local mostró dos debilidades que ponían en riesgo la estabilidad del sistema:
- Los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán (y muy probablemente también el de Jalisco) asumieron una conducta subóptima desde el punto de vista de la maximización del beneficio del banco. Ellos expandieron el crédito, a través de la emisión de billetes, con motivo de socorrer a empresas relacionadas con sus accionistas.
- Todos los bancos regionales/locales, en general, tenían la práctica de la renovación permanente de los préstamos cada seis meses, convirtiendo sus carteras en poco líquidas.
- Un último aspecto del sistema por señalar, que resulta positivo en términos de riesgo crediticio, es el bajo nivel de apalancamiento con que operaban las entidades bancarias. Nos estamos refiriendo a la razón créditos a capital de las entidades. Además, como era de esperarse en conformidad con la liquidez de sus carteras, el ratio promedio de los bancos regionales/locales era menor que el de los bancos Nacional y de Londres, aunque el ratio del Nacional guardaba menor distancia con el de los bancos regionales/locales que con el de Londres.
- Mehrling, “Natural Hierarchy of Money”.↵
- Mehrling, “Natural Hierarchy of Money”.↵
- Mehrling, “Natural Hierarchy of Money”.↵
- Es de señalar que en las cifras del metálico plata puede haber un 3% aproximadamente de oro. Además, a partir de junio de 1901, recién aparece desglosado en los balances la “existencia metálica” de los “billetes de otros bancos”.↵
- La historiografía señala que hubo malas cosechas y desfavorables términos de intercambio en estos años.↵
- Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.↵
- Véanse Smith, Fundamentos de la Banca Central y de la Libertad Bancaria, y White, Free Banking in Britain.↵
- Tomado de Marichal y Cerutti, “Estudio introductorio”, p. 30.↵
- Véase Favre, “Los bancos en México. Organización y desarrollo”, p. 265.↵
- Un estudio sobre el crédito para el período 1890-1910 puede verse en Gómez, “Crédito y Banca de Emisión”.↵
- Maurer, “Banks and Entrepreneurs” y The Power and the Money.↵
- Anaya, “La crisis internacional y el sistema bancario”, pp.159 y 161.↵
- Ley de Instituciones de Crédito 19/4/1897, art. 29, inc. 1, y art. 30, inc. 2.↵
- Véanse, entre otros, a: Rosenzweig, “Moneda y bancos”; Oñate, “La crisis de 1907- 1908”; Cerda, Historia Financiera; Gamboa Ojeda, “El Banco Oriental de México”; Rodríguez López, “Paz y Bancos en Durango”.↵








