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Habilitar los espacios y la proyección de la seguridad humana

Retos al (des)enfoque

Mónica Nieves

Trazos introductorios

La seguridad es un tema perenne en las Relaciones Internacionales. Sin embargo, a raíz de las transformaciones profundas y dinámicas del orden internacional, se ha proyectado hacia todas las interrelaciones entre actores internacionales. Por tanto, es posible detectar que en ese continuum de interacciones –más allá de las evidentes de pacificación y/o conflicto[1]–, los procesos de cooperación, integración y comunicación están atravesados por la seguridad.

Con los primeros esbozos del orden westfaliano, el pensamiento político europeo se fue tiñendo de formulaciones como la de Hobbes (1994), en las que se teorizaba a partir de la exploración del vínculo entre libertad y seguridad. Siguiendo a Rothschild, la Revolución francesa es el hito que marca el anclaje de la seguridad de los individuos a la nación. A su vez sostiene que

Los nuevos principios de seguridad de finales del siglo XX constituyen una especie de redescubrimiento de esta política de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Los dos componentes principales de la “seguridad humana” o la “seguridad común” en la década de 1990 –la insistencia en los derechos humanos y las preocupaciones por la internacionalización de la política– también fueron preocupaciones del liberalismo de la Ilustración tardía (1995: 64-65).

En razón de lo antedicho y como primera puntualización, se entiende que a la hora de profundizar en la esencia de la seguridad desde una mirada disciplinar, se hace imprescindible precisar el recorte temporal. A su vez es ineludible dejar sentado que el sesgo estadocéntrico de la llamada “seguridad nacional” ha sido determinante en las Relaciones Internacionales.

Las certezas del mundo bipolar estaban en que cada bloque tenía su enemigo identificado, la amenaza era la “mutua destrucción asegurada” y el binomio seguridad/defensa era indiscutible. Sin embargo, tras el fin de la Guerra Fría, la proyección, amplitud y significado de la seguridad se ha ido transformando progresivamente al compás de abandonar el determinismo de sus principales vectores: el nuclear, la estructura bipolar y una política internacional interestatal. En ese escenario se fueron abriendo nuevos espacios en la agenda internacional. Siguiendo a Rosas, fueron tiempos en los que “replantear el concepto y la agenda de seguridad del mundo se volvió urgente” (2020: 31). Desde la lupa de Rosenau, una etapa de “fragmegración”, donde se conjugaron “las tensiones entre fuerzas fragmentadoras y aglutinantes” (1997: 70-71).

En la medida que se asume que la seguridad ha ido adquiriendo diversas connotaciones, el sustrato de la discusión de este trabajo está dado en la coexistencia de la seguridad nacional o tradicional y la seguridad humana. El telón de fondo es la multidimensionalidad de la seguridad como un fenómeno estrechamente ligado a la globalización, por tanto enraizada en el aumento de la interdependencia interestatal y diversificación de actores internacionales, entre los que el Estado mantiene su rol destacado. Vinculado a lo antedicho, se evidencia una multiplicidad de riesgos y amenazas que complejizaron las dinámicas securitarias. Así desde el mainstream teórico comenzaron a escasear las herramientas para entender las nuevas formas de la seguridad. Por tanto, al compás de las crisis que inauguraron los años noventa, se abrieron puertas a reinterpretaciones de las relaciones internacionales y de la seguridad, de la mano de las “teorías críticas” (Salimena, 2022: 93).

Para trazar un paralelismo ilustrativo –sin ánimo de romantizar procesos y sí de entenderlos como resultado de una transformación sistémica en clave braudeliana de largo plazo–, la incapacidad de entender y examinar la seguridad posbipolaridad[2] emula el camino inicial de la sociología de la mano de Augusto Comte, en cuyos propósitos despuntaba el poder descifrar los resultados de la Revolución francesa (Ochoa Bilbao, 2016). El recorrido de las Relaciones Internacionales, así como de ciertos debates disciplinares,[3] se considera esencial para entender cómo se ha discernido sobre los cambios que replican en el orden internacional y por tanto se reflejan en la seguridad en sus niveles global, regional y local. Como sostiene Salimena (2022), los estudios críticos de seguridad (ECS) utilizarán un prisma intersubjetivo para profundizar en el fenómeno de la seguridad. En ese espacio se conjugan los vínculos, las interacciones, el discurso y el diálogo. A su vez apunta que la proyección del constructivismo sobre la seguridad se revela a través de la seguridad humana. En tanto Waever (2009) indica que el “concepto de seguridad humana” fue consolidado sobre todo por la diplomacia vinculada a la Organización de Naciones Unidas (ONU). Al amparo del Consejo de Seguridad se han ido ampliando las amenazas a la seguridad internacional, por lo que los conflictos interestatales han sido permeados por las crisis humanitarias o conflictos internos. Sumar flagelos, como las enfermedades, el terrorismo y el cambio climático, impulsa la transformación de los estudios para la paz y los de seguridad.[4]

Otra polémica relevante es aquella sobre la interpretación de los nuevos riesgos y amenazas, considerados tales por ser múltiples y diferentes a los “tradicionales”. Sin embargo, este análisis asume que la expresión seguridad humana per se habilita a (re)pensar los paradigmas tradicionales, ya que la vida y la dignidad de los individuos y las comunidades adquieren un protagonismo destacado (PNUD, 1994: 25) por sobre la seguridad y defensa del Estado. En la misma línea, a partir de un contexto de multicrisis (Bas Vilizzio, Nieves Aguirre, 2022) no se ahonda en las diferentes interpretaciones al respecto. Más aún, como resultado de ese proceso, el Estado es interpelado en su capacidad de agencia en función de las interacciones dinámicas y cambiantes de la sociedad internacional global. Esta afirmación revela que son las Relaciones Internacionales Globales (Acharya, Buzan, 2019) las que nutren esta pieza. No obstante, con la ayuda de las nociones de policrisis (Godin, 2024) así como de interregno (Sanahuja, 2022) se logran sumar elementos esclarecedores para el propósito de este trabajo.

Comprender de qué se trata la seguridad humana impone la visualización de las razones que llevaron a su nacimiento, que en suma implicaron aceptar que el eje estadocéntrico no era suficiente para abarcar las diferentes dimensiones en que se desgajaba la seguridad. En este punto, se hace necesario encontrar en la globalización el escenario en el que confluyeron diversos acontecimientos sustanciales que le dieron origen a la seguridad humana. Ante la multiplicidad de enfoques sobre la globalización, se ha seleccionado una definición cercana al enfoque de este trabajo, ofrecida por Manuel Castells (1999, s.p.):

Globalización no es sinónimo de internacionalización. En sentido estricto es el proceso resultante de la capacidad de ciertas actividades de funcionar como unidad en tiempo real a escala planetaria. Es un fenómeno nuevo porque solo en las dos últimas décadas del siglo XX se ha constituido un sistema tecnológico de sistemas de información, telecomunicaciones y transporte, que ha articulado todo el planeta en una red de flujos en la que confluyen las funciones y unidades estratégicamente dominantes de todos los ámbitos de la actividad humana.

Con el objetivo de discernir si la seguridad humana se trata de un concepto o un enfoque, o si es posible la aquiescencia en una definición, se explorarán sus estrategias en la medida que acercan a la esencia de la expresión. Este trabajo toma su forma a partir de la siguiente estructura: en primer lugar, se desarrollarán algunos conceptos sustanciales a la luz de los hitos que marcaron la aparición de la expresión “seguridad humana”. Es de destacar que serán expuestos sin pretensión taxativa, y que se hará especial énfasis en los años noventa y en la primera década del siglo XXI.[5] Estos fueron tiempos en los que hubo un impulso destacado en la seguridad humana como programa político-normativo, a la vez que un dinamismo que apuntaló su desarrollo fue notorio en diferentes organismos e instrumentos de Naciones Unidas.[6]

La expresión seguridad humana se alimenta del vínculo de tres ejes interconectados: la seguridad, la paz y el desarrollo. En tanto, el mayor peso de uno u otro pilar ha catalizado en diferentes enfoques, los que a su vez promoverán un acento distinto en las dimensiones de la seguridad humana. A partir de esto, una de las coordenadas para encaminar la discusión de este trabajo está dada por la necesidad de precisar si la seguridad humana es un concepto o un enfoque. La otra –en la medida que la seguridad humana toma distancia de los paradigmas tradicionales de seguridad– implica explicitar cómo su amplitud o sesgo pueden transformar un fenómeno en un problema de seguridad, y en consecuencia según la interpretación adoptada se puede decantar en seguritización.[7] Esto alude a que potencialmente a partir de la seguridad humana tanto se erigen respuestas a las necesidades y miedos de los individuos y las comunidades como se promueve una seguridad “a la carta”, en función de necesidades y/o intereses de ciertos actores. ¿Qué significa esto?, que tras el objetivo de evitar las amenazas o miedos, las necesidades y dar seguridad para vivir con dignidad (Oswald Spring, 2015; Rosas, 2020) se abre un gran abanico de posibilidades de proyección y acción. En esta línea, Magaña Hernández (mayo/agosto 2009) advierte sobre la posibilidad de que la seguridad humana habilite el desarrollo de políticas públicas militarizadas.

Con la idea de que la seguridad humana ha acompañado los vaivenes de la coyuntura internacional, se abren múltiples ventanas de oportunidad para teñir de seguritización los distintos temas de agenda. A partir de esto despunta una contingencia: la eventualidad de nutrir con esa carga seguritizada diferentes políticas públicas. ¿Sobre qué bases se conjuran los argumentos de seguritización? Sobre las narrativas que toman fuerza en discursos que incitan a la violencia o construyen escenarios de amenazas e inseguridad. La ecuación es sencilla: a partir de que la seguridad es definida por los actores como “acto del habla” y es aceptado por determinada audiencia, solo se requiere de la identificación del objeto amenazado, el emisor de las amenazas y la proyección del riesgo consecuente.

Que el título de este análisis haga referencia al (des)enfoque, se fundamenta en una bifurcación de la expresión de seguridad humana, que por un lado apunta hacia un aspecto intrínseco –trasladar la seguridad desde el Estado al individuo–, y por otro lado hacia lo extrínseco a ella, donde aparecen las distintas interpretaciones. Para Magaña Hernández la seguridad humana significa pasar de un enfoque macro de la seguridad a uno micro, que se centra en el individuo, su bienestar, libertad y derechos. Esto implica llevar la atención desde la soberanía y el principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, a los derechos humanos (mayo/agosto, 2009: 142).

En suma, progresar en un estudio sobre la seguridad humana conlleva recuperar el significado de la seguridad en términos disciplinares, e ir al rescate de sus nexos primigenios con las ciencias sociales –al decir de Sánchez Cano (1999)– y la Filosofía Política.[8] A su vez, en vista de que la seguridad humana involucra los riesgos y amenazas que hacen foco en el individuo y las comunidades, abreva de conceptos y teorías provenientes de otras disciplinas colindantes, como la Sociología, el Derecho Internacional, la Economía, la Filosofía y la Ética.

En línea con Wæver, durante la primera década del siglo XXI la seguridad es un “reto cabalmente interdisciplinario, donde las diferentes áreas académicas ya son constitutivas de diversas partes de la seguridad como un campo práctico”. Por tanto, es en clave de las amenazas, riesgos y las transformaciones sociales que el abordaje interdisciplinario adquiere relevancia (2009: 94).

Tomar en cuenta las nuevas, complejas y aceleradas dinámicas de las relaciones internacionales que se imbrican en la seguridad –desde la lupa de las Relaciones Internacionales Globales (Acharya y Buzan, 2019)– significa recurrir a la visión del núcleo y hacia/desde los márgenes con otras disciplinas (Bas Vilizzio, Nieves Aguirre, 2022).

Debido a la vastedad del objeto de estudio, para la exploración sobre la trayectoria de la seguridad humana se ha elegido descartar algunas de sus derivaciones, entre ellas la generación de políticas públicas específicas, o el impacto en las capacidades de las personas. Por tanto, se ha optado por hacer foco en elementos clave para entender las dinámicas de la política internacional y sus resultados deterministas hacia el Sur Global, sin detener la mirada en la incidencia de las dinámicas regionales a partir de los avances de la Organización de Estados Americanos (OEA). Así es que la dimensión humana de la seguridad se rescata en la medida que aparecen las piezas moldeadas por las dinámicas globales en un contexto de incertidumbre. En esta línea, es importante no perder de vista la relevancia de los resultados de la competencia hegemónica entre Estados Unidos y China. La naturaleza de este análisis es descriptivo-analítica y se soporta sobre un diseño cualitativo, en tanto se llevará a cabo un estudio documental de resoluciones y otros instrumentos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), así como de otras organizaciones internacionales regionales vinculadas a Estados Unidos y China. A la vez se recurrirá a fuentes secundarias relacionadas con el tema de estudio.

En el apartado que sigue se recogen las corrientes de pensamiento que se entiende constituyen la esencia de la seguridad humana. Seguidamente se recupera la trayectoria de treinta años de la seguridad humana desde su primera aparición en marzo de 1994 en el Informe de Desarrollo Humano del PNUD. Posteriormente se recuperan tres instrumentos para confrontar las proyecciones actuales de OTAN/Estados Unidos y China sobre seguridad a nivel internacional/global, proponiéndolas como faros que orientan a la seguridad, y sobre los que se explorará el abordaje dado a la seguridad humana. Para finalizar se sugieren algunas breves reflexiones sobre lo medular del análisis realizado.

El entretejido de ideas tras la seguridad humana

En la medida que se entiende que la expresión seguridad humana implica una transgresión al abordaje clásico de la seguridad tradicional, se impone una primera distinción entre los estudios estratégicos y los “no convencionales”. A la par que aparecieron nuevos temas de agenda internacional en la pos Guerra Fría, se interpeló el binomio seguridad/defensa, lo que reveló las distancias entre los respectivos abordajes. Así los enfoques estratégicos mostraron poca adaptabilidad en la asimilación del nuevo escenario internacional; mientras, los estudios críticos no solo lo lograban, sino que habilitaron la distinción entre las perspectivas del Sur –más centradas en los recursos naturales–, y las del Norte –que apuntaron a los conflictos culturales e identitarios– (Sánchez Cano, 1999: 73).

El fin de la bipolaridad significó para Rosenau una “transformación trascendental”, a partir de nuevas concepciones sobre la naturaleza de las cuestiones humanas y de la política global (1997: 3-4). Desde la óptica de Beck (2002), entre las dificultades que enfrentó la sociedad en la “segunda modernidad”[9] está la resolución simultánea de los variados desafíos que imponen distintos procesos interrelacionados, entre ellos la globalización. Siguiendo a Zelicovich (2018), de este fenómeno ha de rescatarse la mayor interdependencia interestatal –consecuencia de los cambios económicos, tecnológicos y sociales– sobre la plataforma ideológico-institucional del orden liberal internacional. Adicionalmente, con perspectiva sistémica, esto se refiere a la conformación de “un nuevo tipo de capitalismo, un nuevo tipo de economía, un nuevo tipo de vida personal” Beck (2002: 3).

En sintonía con el espíritu de este análisis, posicionarse en un escenario de competencia hegemónica para proyectar la seguridad humana requiere de la perspectiva intersubjetiva que lo caracteriza (Buzan, Wæver y de Wilde, 1998). En palabras de Gramsci (1975), la construcción de cosmovisiones que invalidan la oposición de otras clases sociales se origina en una clase dominante a través de una hegemonía cultural habilitada por la educación, la religión y los medios de comunicación. Aplicado al escenario de competencia hegemónica entre Estados Unidos y China –con énfasis en la crisis de autoridad enraizada en la falta de consentimiento–, se trasluce a partir de la coerción ejercida con el objetivo de apuntalar su poder. ¿Se encuentra en la seguritización un campo fértil para fundamentar las políticas exteriores coercitivas en clave de competencia hegemónica?

Al contrario de lo que sucedía en Guerra Fría a través de una clara distinción entre las políticas de seguridad y las de desarrollo, con indiscutible eje estadocéntrico, el incipiente mundo pos-bipolar se caracterizó por otro tipo de conflictos entrecruzados de carácter social, político, económico, religioso, medioambiental, etc. En consecuencia se multiplicaron las crisis humanitarias que -entre otros factores- derivaron de la “fragilidad o colapso” estatal y de las debilidades de la gobernanza (Grasa Hernández, 2007).

¿Cómo interpretar estos acontecimientos desde la academia? Siguiendo a Acharya y Buzan “Since the 1980s, but more rapidly after 1989, Strategic Studies and Peace Research had been drifting towards the common ground of security, and the overarching label of International Security Studies (ISS)”.[10] Sin perder su identidad, cada núcleo de estudio fue contagiándose de las agendas de investigación del otro y así fueron acortando sus distancias, tanto que cuajaron sinergias con las áreas de seguridad humana y las de seguridad no tradicionales. El debate se vio enriquecido –y complejizado– con la adición de nuevos enfoques propuestos por la Escuela de Copenhague,[11] los estudios críticos de seguridad, los estudios de seguridad feministas, los estudios de seguridad poscoloniales y los estudios de seguridad posestructuralistas (2019: 225).[12]

No ha de perderse de vista que la existencia de nuevos riesgos y amenazas está íntimamente relacionada con que el foco de la seguridad humana está en el individuo. Lo que se persigue es la ausencia de miedo y necesidades de las personas y las comunidades, más allá de lo que se refiere a los intereses del Estado y su proyección territorial (Serra Serra, 2009), como se entendía hasta casi terminada la Guerra Fría.

Recuperar la esencia de la expresión seguridad humana de 1994 supone, en términos de Assman (1995), reclamar “una sociedad donde quepan todos”. Asimismo, este podría ser el espejo en el que se miran la Agenda 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS): “que no quede nadie atrás”. En síntesis, va de suyo que la seguridad humana transversaliza la Agenda 2030 y los ODS, aunque debe reconocerse que en algunos de los objetivos es más evidente que en otros, lo que se entiende mejor al ser analizado a partir de la óptica de las estrategias de la seguridad humana. Más aún, la seguridad humana se revela en aquellos espacios en los que se ha promovido la aparición de paz positiva (Galtung, 1969), en tanto se edifica sobre los derechos humanos, el desarrollo, y abreva –así como la seguridad humana– de la justicia e igualdad, la armonía social y la eliminación de la violencia estructural.

La mirada crítica constructivista propone que la seguridad es lo que los actores hacen de ella. En tanto acto discursivo a través del lenguaje –speech act–, implica entenderla como proceso intersubjetivo. Al decir de Sanahuja y Schünemann, el carácter intersubjetivo de la seguridad –que va más allá de un objetivo a obtener– se visibiliza en la medida que tanto la seguridad como el desarrollo (2012: 17-18) son el producto de las interacciones sociales. Así, en un contexto de seguritización desde la perspectiva social-constructivista se entiende que las amenazas y la inseguridad son resultado del conocimiento y de las narrativas que los representan. En línea con Verdes-Montenegro (jun-sep, 2015), se ve que para los seres humanos designar un fenómeno como amenaza tiene una carga simbólica tal y suficiente para legitimar los medios para eliminarla, tanto a nivel de riesgo implícito individual o comunitario. Por otro lado, recuperar las aportaciones de Beck sobre la acción a partir de las amenazas globales –encauzadas en dos ámbitos de la globalización: “desde arriba” tomando forma en los tratados e instituciones internacionales, y “desde abajo” a través de “nuevos actores transnacionales” que operan sobre “las organizaciones políticas y los grupos de intereses establecidos” (2002: 58-59)– significa adoptar la sustancia de las estrategias de la seguridad humana contenidas en el esbozo del informe Seguridad humana, ahora.[13]

La travesía de la seguridad humana: treinta años no es nada

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD del año 94 pone sobre la mesa la expresión seguridad humana y las dimensiones que la componen (Fernández Pereira, 2005). No obstante, rastros de esta idea han sido relevados en varios trabajos sobre el origen de la expresión. A fines de la Segunda Guerra Mundial, el secretario de Estado de Estados Unidos Edward R. Stettinius Jr.[14] manifiesta una mirada amplia de la seguridad a través de ideas sobre la libertad frente al miedo y frente a la miseria, que cobija las dimensiones económica y social a la seguridad (Rodríguez-Alcázar, 2005). De igual manera, la noción de “seguridad común” apareció en el Informe de la Comisión Independiente sobre Desarme y Seguridad de 1982, conocida como Comisión Palme[15] (International Peace Bureau, 2022: 3). Esta se constituyó en piedra angular para la organización de nuevos foros y redes de investigación,[16] en tanto Rodríguez-Alcázar (2005) la considera un antecedente relevante para el nacimiento de la expresión de seguridad humana.

En términos de agenda académica los estudios sobre seguridad ya comenzaron a dar un giro en los años ochenta, ampliando su foco de atención desde el Estado a los nuevos actores y sus dinámicas. En esa línea, se destaca Mary Kaldor, quien acuñó en los años noventa la idea de “nuevas guerras”,[17] junto a otros que interpelaron la agenda de seguridad mirando más allá del Estado. Entre ellos, Keith Krause[18] y Emma Rothschild,[19] solo por mencionar algunos de los más notorios.

La aparición de la expresión de seguridad humana indica que sus componentes principales son la libertad respecto del miedo y respecto de la necesidad, con acento en el ser humano. Su inspiración puede encontrarse en las teorías del desarrollo humano. Es así que tanto Mahbub ul Haq como Amartya Sen (Magaña Hernández, mayo/agosto 2009) han tenido incidencia fundamental en la aparición de la expresión seguridad humana y en la connotación que iría adquiriendo. Para Grasa (2007: 12), la conjunción entre el “visionario” enfoque sobre el desarrollo humano de Mahbub ul Haq, la ampliación de las libertades y las capacidades de la tesis de Amartya Sen, y la visibilidad del Informe de Desarrollo Humano del PNUD de 1994 conforman el núcleo duro de la seguridad humana. Es decir, el desarrollo humano sostenible será medular, en tanto el crecimiento económico implica un medio y no un fin. Por su parte, Amartya Sen imbricó su trabajo sobre desarrollo humano en los primigenios planteos sobre seguridad humana en el marco de las Naciones Unidas. Más aún, el informe del PNUD de 1994 no solo recupera las consecuencias de la desigualdad, sino que las conecta con la esencia de la seguridad humana. Esto significó que la desigualdad se volviera una pieza clave en su identificación. En el mismo sentido Beck apunta a la incidencia de la desigualdad en la distribución de riesgos (1997). Es así que su planteo permite rescatar piezas importantes para comprender el nexo existente entre desigualdad y seguridad, desde el prisma de la seguridad humana.

El informe de PNUD de 1994 aclara que desarrollo humano y seguridad humana son conceptos diferentes (Rodríguez Alcázar, 2005), sin embargo al estar vinculados “… el progreso en una esfera realza las posibilidades de lograr progresos en la otra. Pero el fracaso en una esfera aumenta también el riesgo de que fracase la otra…” (PNUD, 1994: 26-27). Sin proponer una definición precisa de la seguridad humana, dicho informe entiende que para lograrla es imprescindible no equipararla al desarrollo humano. ¿En qué sentido? Desde el que considera que la seguridad humana tiene una mayor amplitud y por tanto apunta a extender las opciones de las personas. Con base en la consideración de que la conexión entre el desarrollo humano y la seguridad humana es indiscutible, Magaña Hernández subraya que esta última apunta a que se habiliten las posibilidades para disponer de las oportunidades que brinda el desarrollo. Es decir, “que la gente esté en condiciones de cuidarse por sí misma, que todas las personas tengan la oportunidad de satisfacer sus necesidades más esenciales y de ganarse la vida con dignidad” (mayo/agosto, 2009: 133).

Es más, la seguridad humana promueve la simbiosis con el desarrollo humano, en tanto las personas puedan disfrutar de sus opciones de manera libre y segura, con cierta “… confianza en que las oportunidades que tiene hoy no desaparecerán totalmente mañana” (PNUD, 1994: p26-27). En este sentido, el marco está dado por la indisociabilidad entre la paz y el desarrollo sostenible con una connotación amplia. “La seguridad humana no es una preocupación por las armas: es una preocupación por la vida y la dignidad humanas” (PNUD, 1994: 25). Las características esenciales que se trazan en el informe son cuatro (PNUD, 1994: 25-26):

  • “La seguridad humana es una preocupación universal”
  • “Los componentes de la seguridad humana son interdependientes”
  • “Es más fácil velar por la seguridad humana mediante la prevención que con una intervención posterior”
  • “La seguridad humana está centrada en el ser humano”

Para transferir los énfasis de la seguridad desde el territorio y las armas a la población con soporte en el desarrollo humano, el informe del PNUD de 1994 propone siete categorías: la seguridad económica, la alimentaria, en materia de salud, la ambiental, la personal, de la comunidad y la política (1994: 28).

Según Rosas, en 1995 durante la Cumbre sobre el Desarrollo Social de Naciones Unidas en Copenhague, se consagró una “nueva agenda de seguridad para la posguerra fría” que incluía “los temas del desarrollo”. Es decir, fue un escenario proclive no solo para visibilizar temas de baja política –como los del desarrollo– sino que funcionó como una plataforma ideal para el despegue de la seguridad humana (2020: 40). Durante la segunda parte de la década de los noventa la expresión seguridad humana comenzó a aparecer en distintos documentos, como es el caso del informe Our Global Neighbourhood de la Commission on Global Governance.[20] Mientras, en Canadá se llevó la seguridad humana a un nivel más práctico, y se adoptó a través de la gestión de la política exterior sobre todo durante la gestión entre 1996 y 2002 del canciller Lloyd Axworthy (Rosas, 2022). Junto a Noruega, en 1999 realizaron una conferencia ministerial en Lysøen, en la que definieron seguridad humana como “una vida libre de amenazas profundas a los derechos de las personas, a su seguridad e incluso sus vidas” (Rodríguez Alcázar, 2005: 5; Morillas Bassedas, 2007). Nuevamente fue rescatada la relevancia del desarrollo humano sostenible y su vínculo con la seguridad humana.

Previo a la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas del 2000,[21] se fluctuó entre posiciones que apuntalaron la libertad del miedo –freedom from fear–, la libertad de la necesidad –freedom from want– y la libertad para vivir con dignidad –freedom to live in dignity– (Rosas, 2020). Es decir que los Estados fueron adoptando enfoques de seguridad humana con un tenor más limitado o más amplio, a partir de los que fueron modelando e interpretando la seguridad. Ante los cambios ya mencionados en el sistema internacional con el fin de la bipolaridad, caracterizar la seguridad humana fue imprescindible, aunque también una labor difícil, compleja y con resultados cuestionables. La complejidad responde por un lado a las diferentes posturas que se proyectan en las políticas públicas en función del alcance dado a la seguridad humana. A esto se suma que al estar centrada en el individuo, se amplifica en la comunidad y en las múltiples interacciones sociales (Oswald Spring, 2015), lo que a su vez convive con la seguridad estatal. Así los “avatares” intermésticos de la política internacional promueven una agenda imprecisa y multiseguritizada, y esto deriva en el punto de lo cuestionable del enfoque.

A principios de 2001 fue anunciada la Comisión sobre Seguridad Humana –resultado de la Declaración del Milenio de 2000–, con tres objetivos: “promover el entendimiento público sobre la seguridad humana; desarrollar este concepto como una herramienta operativa para la formulación e implementación de políticas; proponer un programa de acción para identificar y enfrentar las amenazas a la seguridad de las personas” (Fernández Pereira, 2005: 76). A la vez que dichos objetivos[22] se dirigen a dar luz sobre el concepto de seguridad humana, promueven el desarrollo de un plan de acción (Morillas Bassedas, 2007).

Siguiendo a Rosas (2020), la Cumbre del Milenio de 2001 marca el fin de la primera etapa de esplendor de la agenda de la seguridad humana, coronada por el documento titulado La responsabilidad de proteger, que vio la luz hacia fines de ese año. Este se orientó a encauzar la seguridad humana en el ámbito de la libertad con respecto al miedo, y englobó situaciones asociadas a los conflictos armados y a las violaciones masivas de los derechos humanos. Morillas Bassedas sostiene que existen dos mojones en la “construcción de la doctrina de la seguridad humana”. Uno lo marca justamente el informe de la International Commission on Intervention and State Sovereignty (ICISS) The Responsibility to Protect, en torno a la intervención humanitaria y la responsabilidad de la comunidad internacional sobre las violaciones sistemáticas de los derechos fundamentales. Más aún, el autor indica que para la responsabilidad de proteger, la seguridad humana se constituye en un objetivo principal, amplía las necesidades, demandas y expectativas de los individuos, impregna de nuevos elementos a la noción de soberanía. Todo esto a partir del enfoque amplio (2007: 54).

Es dable aclarar la necesidad de diferenciar la seguridad humana de la responsabilidad de proteger. De esto se hace eco el instrumento emanado de la Cumbre Mundial de 2005, en el que se sostiene que el propósito de la seguridad humana está dirigido a que las personas vivan libres del temor, de la miseria y con dignidad. Asimismo se afirma que la responsabilidad de proteger está dirigida a resguardar a las poblaciones de la violación de los derechos humanos fundamentales, o lo que es lo mismo, frente a genocidios, crímenes de guerra y de lesa humanidad y depuración étnica. Para la seguridad humana no se prevé el uso de la fuerza, lo que sí aparece como opción en la responsabilidad de proteger (Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 2012).

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 (11S), siguiendo a Rosas (2020), funcionaron como acontecimientos interpelantes de la seguridad humana, y dieron nuevos bríos al (re)surgimiento de una seguridad militar y estadocéntrica. De acuerdo con Sanahuja y Schünemann, el 11S y la posterior “Guerra Global contra el Terror” constituyeron una

… línea divisoria o parteaguas entre los conceptos más comprehensivos y “desarrollistas” de la seguridad y la construcción de la paz de la posguerra fría, y las visiones fuertemente “securitizadas que desde el 11-S han tratado de reubicar las políticas de desarrollo y cooperación en el marco del antiterrorismo y la seguridad nacional” (2012: 17).

Para Rosas

… el mundo se mantiene como un lugar inseguro donde el divorcio entre seguridad y desarrollo pervive. (…) La pretendida hibridación entre seguridad humana y objetivos del desarrollo sostenible ha difuminado el enfoque original –i. e. liberar a las personas del temor + liberar a las personas de las necesidades + que cuenten con la libertad de vivir en dignidad– para volcarse más al desarrollo y menos a la seguridad (2020: 34).

En términos académicos, en los albores del siglo XXI se identifican numerosos esfuerzos en el seguimiento de la investigación de seguridad humana. A modo de ejemplo, entre los más significativos están las conclusiones de la reunión de la Harvard University JFK School of Government de 2001: “La seguridad humana puede ser entendida como la tarea de ‘humanizar la seguridad’”, y la protección y la prevención son acciones indispensables (Fernández Pereira, 2005: 22).

Casi una década después del informe de PNUD de 1994, el informe de la Comisión de Seguridad Humana de 2003, La seguridad humana, ahora, suma nuevos elementos imprescindibles para colocar al individuo como eje de la seguridad. El esbozo de dicho informe sostiene que

La seguridad humana significa proteger las libertades vitales. Significa proteger a las personas expuestas a amenazas y a ciertas situaciones, robusteciendo su fortaleza y aspiraciones. También significa crear sistemas que faciliten a las personas los elementos básicos de supervivencia, dignidad y medios de vida. La seguridad humana conecta diferentes tipos de libertades: libertad frente a las privaciones, libertad frente al miedo y libertad para actuar en nombre propio. A tal fin se ofrecen dos estrategias generales: protección y realización del potencial (Comisión de Seguridad Humana de las Naciones Unidas, 2003).

Es así que una estrategia “desde arriba” supone la protección de las personas de los peligros, y una estrategia “desde abajo” el empoderamiento de los individuos. Assman (1995) hablaba del “principio orientador”, que en comunión con la idea de una sociedad donde quepan todos, apunta a reconocer los “criterios de verificación” institucionales que se reflejan en la construcción de los consensos colectivos resultado de la convivencia social. Estas ideas abonan un escenario que verifica la importancia de disponer de entidades idóneas y específicas que ofrezcan espacios y controles para instrumentar las estrategias de protección y de realización del potencial. La relevancia del documento de 2003 no solo radica en su énfasis en la protección de las libertades vitales frente a todo tipo de amenazas (Rodríguez Alcázar, 2005), sino en su tenor propositivo a partir de una estrategia “desde arriba” –con base en la protección de las personas de los peligros–[23] y otra “desde abajo” –en relación con impulsar el empoderamiento del individuo y que abreva en la resiliencia– (Comisión de Seguridad Humana de las Naciones Unidas, 2003; Fernández Pereira, 2005).

Mientras tanto en Europa a fines de 2003, aparecía la Estrategia Europea de Seguridad del Consejo Europeo, en la que se recuperaba la idea de nuevas amenazas que incluso exceden el terreno militar. Desde la academia y bajo el liderazgo de Mary Kaldor por la London School of Economics, se presentó en 2004 el informe Una Doctrina de Seguridad Humana para Europa. Su propósito fue robustecer una proyección de la política exterior de seguridad de la Unión Europea (UE) con base en la seguridad humana (Serra Serra, 2009). Asimismo, desde un enfoque amplio se trazan tres caminos, es decir que los derechos humanos guían la lucha contra la inseguridad sobre las bases de la responsabilidad de proteger el orden internacional y las necesidades locales de la población. Por otro lado marca la composición de una “Fuerza de Respuesta de Seguridad Humana” de 15.000 miembros, de los que un tercio debe ser personal civil. Por último dispone la creación de un marco normativo para la intervención y coordinación de las operaciones en terreno (Morillas Bassedas, 2007: 55).

Los instrumentos recogidos en este apartado son considerados los cimientos más trascendentes, en clave de la mirada que este análisis propone, es decir, dejar sentado cómo la seguridad humana fue adquiriendo sustancia.

Entre un concepto y un enfoque: los claroscuros de la distinción

De acuerdo con Wæver (1998) el contenido de la expresión “seguridad” se construye históricamente, por lo que es a través del acto discursivo y por medio del lenguaje –speech act– que se posibilita su comprensión. En esta línea, los procesos sociales que le dan forma requieren de atención, más aún si la referencia es la seguridad humana, en que su trascendencia está dada justamente en la centralidad del individuo y por ende la comunidad.

Camino a explorar sobre el contenido de la expresión seguridad humana en la actualidad, se pueden tomar distintos rumbos: el primero es que se constituye en un concepto; el segundo, en un enfoque, y un tercero, que no repara en la semántica léxica y utiliza indistintamente ambas palabras sin adentrarse en su significado. Para la Real Academia Española (RAE), el “concepto”[24] es la idea que concibe o forma el entendimiento; una representación mental asociada a un significante lingüístico. Mientras que el “enfoque”[25] es la acción y efecto de enfocar; o bien dirigir la atención o el interés hacia un asunto o problema desde unos supuestos previos, para tratar de resolverlo acertadamente. En el Informe de Desarrollo Humano del PNUD (1994), la expresión seguridad humana se recupera como concepto, así como lo son el desarrollo humano, la pobreza, la libertad humana, entre otros.

Con estas precisiones elementales, un primer acercamiento da muestras de la seguridad humana como enfoque, en la medida que el foco está puesto en el traslado de su eje desde el Estado al individuo y la comunidad. No obstante, es de orden mantener en mente la idea de que esto no implica una exclusión del Estado, sino que al contrario será a partir de su rol esencial que se irán entretejiendo dimensiones, estrategias y hasta la propia arquitectura de la seguridad humana. A nivel analítico esta consideración no es menor, ya que ayudará a precisar el abordaje, así como a entender la proyección que adquieren las generalizaciones e individualizaciones de la seguridad humana. Asimismo dará luz sobre su pertinencia, ya que como se ha ido avanzando y se verá más adelante, no hay un consenso sobre su significado.

Vale rescatar que el propio Informe de Desarrollo Humano del PNUD de 1994 plasma el intento realizado por analistas para

formular definiciones rigurosas de la seguridad humana. Pero, al igual que otros conceptos fundamentales, como la libertad humana, la seguridad humana se percibe más fácilmente en su ausencia que en su presencia. Y la mayoría de la gente entiende instintivamente lo que significa la seguridad (PNUD, 1994: 26).

En ese contexto, ¿es posible consensuar una definición? Parece sencillo identificar a grandes rasgos lo que implica la ausencia de seguridad, sin embargo es dable esperar que en comunión con la cultura, costumbres y tradiciones de los individuos y de las comunidades, vayan apareciendo las singularidades.

En el número de la revista CIDOB d’Afers Internacionals de 2007 dedicado a la seguridad humana, se rescatan tres tesis:[26] una es sostenida por Pérez de Armiñón sobre la seguridad humana como un concepto en “proceso de maduración” (2007: 60). La otra postura es la sostenida por Grasa, y se refiere a la seguridad humana como expresión en el sentido de “síndrome y un programa político-normativo”. Como “síndrome” apunta hacia el “conjunto de síntomas” revelados en la confluencia de agendas y compromisos alrededor de la tríada paz, seguridad, desarrollo, “que subyacen en la totalidad de las relaciones internacionales, y en particular en las relaciones Norte-Sur” (Grasa, 2007: 10; Magaña Hernández, mayo/agosto 2009: 130). Por otro lado, Morillas Bassedas dedica su análisis al nacimiento y evolución de la “expresión” seguridad humana, afirmando que es el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD de 1994 el documento que define la expresión seguridad humana, y que ello funge como nexo entre los conceptos de libertad con respecto al miedo y de libertad con respecto a las necesidades. Con esto se contribuye a vincular dos conceptos “tradicionalmente considerados de manera independiente por los teóricos de la seguridad” (2007: 50).

Siguiendo a Magaña Hernández, en “sentido programático, la seguridad humana puede verse como el proyecto estratégico que pretende fusionar tres agendas (mayo/agosto 2009: 128):

  1. la de la investigación para la paz y la solución y transformación de conflictos;
  2. la de los estudios y la práctica sobre el desarrollo y la cooperación para el desarrollo, y
  3. la de la lucha por los derechos humanos, la democratización y el buen gobierno.

Grasa sostiene que debe precisarse el significado de la expresión seguridad humana para que sea posible interpelar las agendas y compromisos científicos, políticos y programáticos, respetando las particularidades. A la vez advierte sobre los “riesgos de securitización excesiva de la agenda de desarrollo” (2007: 10).

Por su lado, Pérez de Armiñón pone el énfasis en la existencia de diferentes definiciones sobre la seguridad humana, y señala lo positivo de contar con una formulación vincular entre seguridad, desarrollo e incluso gobernanza democrática, sin desconocer que encierra “deficiencias y problemas, al tiempo que su materialización práctica plantea algunas dudas y conlleva diversos riesgos” (2007: 60). Recupera –al igual que Grasa–, las perspectivas que se han constituido a partir de los énfasis de la seguridad humana, y que derivan en un enfoque amplio y otro restringido.

Encabezado por Japón, el enfoque amplio se asocia a la iniciativa original y el contenido de la expresión de seguridad humana en el informe de PNUD de 1994 y de la posterior Comisión de Seguridad humana,[27] que liderada por el Estado nipón se acopla a la premisa de “libertad frente a la necesidad”. ¿Cuál fue su pretensión?, conformar una noción de seguridad humana a través de sus objetivos. El propósito es la protección de la vida humana a través de la libertad y la realización personal (Morillas Bassedas, 2007). Esto se alcanza a partir del desarrollo humano y el bienestar en clave de las dimensiones adjudicadas a la seguridad humana en ese entonces: económica, alimentaria, en materia de salud, ambiental, personal, de la comunidad y política (PNUD, 1994: 28). La esencia del alcance de ese enfoque está recogida en el informe La seguridad humana ahora de 2003.

Por su parte, hacia fines de los años noventa el gobierno de Canadá junto a Noruega impulsaron la creación de la Human Security Network.[28] A partir de esto se conjuga el “enfoque restringido” de la seguridad humana, cuyo sostén es “la libertad frente al temor”. Su eje gira en torno a resguardar el “centro vital” de las personas frente a las “amenazas críticas” (Magaña Hernández, mayo/agosto, 2009: 140). Este enfoque restringido potencialmente puede justificar que frente a violaciones “masivas y sistemáticas de los derechos fundamentales” se utilicen medios incluso violentos, amparados en una “obligación moral de la comunidad internacional” para detenerlos (mayo/agosto: 145).

Según la Resolución 66/290 de la Asamblea General de Naciones Unidas “la seguridad humana es un enfoque que ayuda a los Estados Miembros a determinar y superar las dificultades generalizadas e intersectoriales que afectan a la supervivencia, los medios de subsistencia y la dignidad de sus ciudadanos”. Este documento robustece la noción de que las respuestas son a las personas, y son específicas, en tanto consideren las estrategias a través de la prevención/protección y el empoderamiento de los individuos. Determina además:

a) El derecho de las personas a vivir en libertad y con dignidad, libres de la pobreza y la desesperación. Todas las personas, en particular las vulnerables, tienen derecho a vivir libres del temor y la miseria, a disponer de iguales oportunidades para disfrutar de todos sus derechos y a desarrollar plenamente su potencial humano;
b) La seguridad humana exige respuestas centradas en las personas, exhaustivas, adaptadas a cada contexto y orientadas a la prevención que refuercen la protección y el empoderamiento de todas las personas y todas las comunidades;
c) La seguridad humana reconoce la interrelación de la paz, el desarrollo y los derechos humanos, y tiene en cuenta igualmente los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales;
d) El concepto de seguridad humana es distinto de la responsabilidad de proteger y su aplicación… (Naciones Unidas, Asamblea General A/RES/66/290, 2012).

Naciones Unidas comenzará a proponer que la seguridad humana es un enfoque que, a modo de marco analítico y operativo, apunta a la planificación, así como evaluación, desarrollo e implementación para ofrecer “respuestas más amplias y preventivas de carácter intersectorial y a desarrollar soluciones contextualmente pertinentes y crear alianzas para contribuir a hacer realidad un mundo libre de temor, miseria y falta de dignidad” (Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para la Seguridad Humana, s.f).

Dime qué seguridad humana quieres y te diré quién eres

A lo largo de sus 30 años de vida, la seguridad humana ha sido objeto de múltiples críticas, sobre las que destaca la que se refiere a su amplitud e imprecisión (Rodríguez Alcázar, 2005). Estas características determinan su fragilidad y corroen su potencial, ya que, al pensar en el individuo como su eje, la eventualidad de su uso indiscriminado favorece que pierda sustancia en su aplicación, por ejemplo, en su contemplación en políticas públicas. Más aún, de acuerdo Rodríguez Alcázar (2005: 6), la esencia de la seguridad humana se enturbia cuando se emplea como coartada para extender una agenda de seguridad tradicional al amparo de un realismo político.

Así, es pertinente cuestionarse cuánto de esto no justifica acciones militares “tradicionales”. Al decir de Magaña Hernández (mayo/agosto 2009), el enfoque restringido justifica la acción de la comunidad como obligación moral frente a las violaciones de los derechos fundamentales. A modo de ejemplo, para Canadá la guerra contra Serbia fue por la seguridad humana (Rodríguez Alcázar, 2005). En suma, por su amplitud el enfoque de seguridad humana es potencialmente maleable por lo tanto eventualmente podría dar énfasis a alguna de sus dimensiones, en función de ciertas necesidades o intereses.

Por otro lado, la expresión seguridad humana puede desteñirse en esencia y potenciar prácticas seguritarias. La idea de securitización desarrollada por Buzan, Wæver y De Wilde (1998) se apoya en que los asuntos seguritizados son políticos y por lo tanto integrarán políticas públicas. Ergo, un hecho político puede eventualmente transformarse en riesgo de seguridad. Con estas ideas como punto de partida, ¿cómo se efectivizan las proyecciones hegemónicas de seguridad en clave de seguridad humana? Resulta ilustrativa la noción de mundo multiplex de Acharya (2016-17: 17):

-Ausencia de una sola hegemonía global (…);

-los actores no son solo las grandes potencias (…), sino también organismos regionales e internacionales, grupos no estatales, corporaciones y redes de personas;

-persistencia de diversidades culturales, ideológicas y políticas pese a la globalización;

interdependencia global y regional cada vez mayor (…);

-capas múltiples de gobernanza global, regional y local, incluidas instituciones formales, redes y estructuras híbridas. Los retos a la seguridad son cada vez más tradicionales, y requieren enfoques transnacionales.

En línea con Rosas (2020) la percepción del riesgo es esencial para entender la seguridad. Por lo que dar un vistazo a la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (ESN), al Nuevo Concepto Estratégico (NCE) de OTAN y a la Iniciativa de Seguridad Global (ISG) de China, como mecanismos[29] que visibilizan los lineamientos de seguridad liderados por Estados Unidos y China, da luces en clave de política internacional. El debilitamiento hegemónico que algunos ven de Estados Unidos colinda con la intención china de proyectarse internacionalmente desde una “narrativa nacionalista”, luego del llamado “siglo de la humillación”. Esta se conjuga perfectamente con los postulados rusos basados en la idea de “traición de Occidente”, y que a grandes rasgos proyecta un policentrismo mundial sobre los cimientos de Naciones Unidas (Jiménez Álvarez, 2022).

Un catalizador trascendente en la disputa hegemónica ha sido la guerra en Ucrania[30] en todas sus dimensiones: geopolítica/estratégica, comercial/económica, tecnológica. Esto ha complejizado aún más un escenario de aceleradas dinámicas que (re)configuran el orden internacional.[31] Si bien la guerra tiene a priori una proyección geopolítica, en términos de seguridad multidimensional, su alcance sistémico cuestiona profundamente “la arquitectura de la seguridad internacional” (Jiménez Álvarez, 2022). Gramsci (1975) ofrece la perspectiva para poder acercarse al escenario de competencia hegemónica entre Estados Unidos y China, a partir del énfasis en la crisis de autoridad con origen en la falta de consentimiento, lo que puede convertirse en coerción ejercida por las clases dirigentes con el objetivo de apuntalar su poder. Será en ese interregno donde la crisis no pueda resolverse a través de la coerción y no puedan recuperarse los consensos, ya que “no aparecen actores o proyectos con capacidad de ganar amplia aceptación y legitimidad” (Sanahuja, 2022: 87).

La Estrategia de Seguridad Nacional 2022 de Estados Unidos (ESN)

La publicación de la ESN en octubre de 2022 –con casi dos años de retraso[32]– da muestra de la continuidad en clave de competencia estratégica de la ESN de la administración Trump. No obstante, aparecen ciertas distancias con los postulados de 2017, sobre todo en los énfasis dados a la competencia. En tanto, al inicio del gobierno de Biden el secretario de Estado Antony Blinken marcaba los tres rumbos a seguir: liderazgo, democracia y cooperación, este último es el que sostiene la competencia estratégica y geopolítica (García Encina, 2022). Además de mantener y jerarquizar la competencia con China, posiciona a ese Estado como “la mayor amenaza militar y económica para EE. UU. y sus vecinos” (Simón y García Encina, 2022, s.p.). La ESN 2022 dista de la de 2017 al proponer una competencia estratégica, al amparo del multilateralismo,[33] el sistema de alianzas establecido, así como el orden internacional. Se fundamenta en la defensa de la democracia frente a la autocracia,[34] y da relevancia a la preservación de la resiliencia económica, la estabilidad democrática y la seguridad ciudadana, a la vez que se asume un escenario de competencia estratégica o geopolítica coprotagonizado y global (Simón y García Encina, 2022; U.S. Departament of State, 2022, s.p.).[35] La colocación de China como competidor estratégico incluso sobre Rusia es otro de los matices con su antecesora. Por otra parte, para la ESN 2022 las personas están en el centro de los desafíos globales y geopolíticos, identificados como el cambio climático, la inseguridad alimentaria, las enfermedades transmisibles y la inflación (U.S. Departament of State, 2022). Su propuesta parte de un “enfoque dual”, que incluye el trabajo conjunto con los competidores, a fin de fortalecer las instituciones internacionales que sostienen el orden internacional basado en normas. Este enfoque habilita a potenciar la cooperación internacional en un escenario competitivo, en tanto sobre el pilar de la coincidencia ideológica, se fundamenta una cooperación con las democracias aliadas.

Por otro lado, la ESN 2022 coloca a Estados Unidos en dos frentes: uno en el Indo-Pacífico y otro en Europa del Este –ineludible a causa de la inestabilidad provocada por Rusia– (Simón y García Encina, 2022). Es de destacar que la región de Oriente Medio aparece en segundo plano, lo que a la luz del conflicto desatado entre Hamas e Israel a principios de octubre de 2023 revela una falencia prospectiva importante. Amén de esto, la atención se ha dirigido hacia la región africana –destacándose como la de mayor dinamismo mundial– e incluso hacia el Ártico, lo que responde al aumento de presencia de Rusia y China (Simón y García Encina, 2022).

En síntesis, el enfoque de seguridad humana apenas se vislumbra en la ESN 2022, a causa del fuerte cariz seguritizador alimentado por la proyección de ciertos desafíos compartidos que trascienden fronteras y que se tiñen de competencia geopolítica,[36] tales como el cambio climático, la inseguridad alimentaria, las pandemias y enfermedades transmisibles, el control de armas, la inflación, entre otros temas que tienen un rol en la seguridad nacional e internacional (U.S. Departament of State, 2022).

El Nuevo Concepto Estratégico (NCE) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)

Desde principios de 2022 la guerra en territorio ucraniano ha puesto en jaque el recorrido del enfoque de seguridad humana, en función de que se han vigorizado visiones estadocentristas en torno a la seguridad y defensa. Más aún, ese conflicto bélico promovió el resurgir de una organización que revistaba más pasado que futuro: la OTAN, que a partir de nuevas y más firmes coordenadas geoestratégicas y de seguridad, ha ampliado su radio de acción euroatlántica hacia el “resto del mundo”. Con el retiro de las objeciones de Turquía para el ingreso de Finlandia y Suecia como miembros de la Organización, sumado al acuerdo sobre la instalación de una base militar en Polonia, cobraron fuerza posiciones afines a un ajuste estratégico. El argumento se recuesta en la necesidad de revertir una suerte de desorientación estratégica, evidente en la Alianza Atlántica a raíz de la desaparición del enemigo visible y creíble de la bipolaridad (Vilanova, 2022).

El NCE –responsable de las líneas políticas y militares de la Alianza– surgió de la XXX Cumbre de la OTAN de Madrid a fines de junio de 2022, y sin más, seguritiza el intercambio comercial, la migración, la pobreza, el medioambiente y la salud, en tanto proyecta y amplía el abanico de amenazas y desafíos a la seguridad a nivel global. El secretario general Jens Stoltenberg señaló que “Tomaremos importantes decisiones para reforzar a la OTAN en un mundo más peligroso y competitivo, donde regímenes autoritarios como Rusia y China desafían abiertamente el orden internacional basado en normas”.[37] Más aún, fue determinante al expresar que Rusia es la “principal amenaza para la seguridad transatlántica” (SWI, 2022). Respaldado en el punto 13 del NCE, “La asociación estratégica cada vez más profunda entre la República Popular China y la Federación Rusa y sus intentos de socavar el orden internacional basado en reglas, que se refuerzan mutuamente, van en contra de nuestros valores e intereses”[38] (NATO, 2022: 5). No parece quedar espacio para segundas interpretaciones. Entonces, ¿qué es lo innovador del NCE?: un “enfoque de 360 grados” aunado a “en cualquier lugar y en cualquier momento”, sobre los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético y espacial. Merece destacarse que ya en 2010 el Concepto Estratégico (CE) amplificó la participación de la OTAN “cuando sea posible y cuando sea necesario”, consolidando así la inclusión de operaciones para la gestión de crisis no contempladas en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte.[39] Es decir, además de la gestión de crisis, se suma su prevención, así como el establecimiento de situaciones posconflicto en lo que se refiere al apoyo en la reconstrucción (OTAN, n.d.).

La Iniciativa de Seguridad Global de China (ISG)

El llamado “Espíritu de Shanghai” de los años ochenta,[40] al son de la coyuntura geopolítica de Guerra Fría, se constituyó como la piedra angular para que desde mediados de los noventa Rusia y China proyectaran un orden multipolar bajo su coliderazgo. El objetivo ha sido generar un “contrapeso” al unipolarismo norteamericano (Jiménez Álvarez, 2022). No obstante, ha sido muy cuestionado por los que lo entienden como punta de lanza para los propósitos autoritarios de esos Estados, a la luz de la adopción de diversos mecanismos. Los más destacables han sido declaraciones conjuntas en función de la alianza sino-rusa,[41] la participación en el multilateralismo mundial, la conformación de los BRICS y la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), entre otros.

Desapegada del lastre ideológico de la Guerra Fría, la ISG fue anunciada por el presidente chino Xi Jinping en el Foro de Boao en abril de 2022, y propone que la clave de la estabilidad, el progreso y la paz está dada en el desarrollo. En este sentido, sobre la determinación de estos como bienes globales, se evidencia una fuerte conexión con su precursora: la Iniciativa de Desarrollo Global (IDG).[42] Los postulados de la ISG recalan sobre una seguridad común, integral, cooperativa y sostenible. A su vez, se rescatan principios del derecho internacional, destacándose el respeto, la soberanía, la integridad territorial y la solución pacífica de controversias, así como se rescatan otras tesis de raigambre occidental para apuntalar una “solución china” a la gobernanza de la seguridad global. A destacar, la defensa del multilateralismo de Naciones Unidas, la promoción de las conversaciones de paz, las soluciones políticas a asuntos críticos y el impulso hacia la recuperación económica (Ríos, 2022).

La lógica china apunta a una seguridad como un todo indivisible que se proyecta hacia –y considera– todos los intereses de seguridad. De cierta manera, esto queda en evidencia con su posición con respecto a las “preocupaciones de seguridad” de Rusia, manifiestas en la invasión a Ucrania como contramedida por la expansión de la OTAN (Jiménez Álvarez, 2022). Sin embargo, no implica que China se pliegue a Rusia en la guerra, de hecho la postura pública de Xi Jinping a este respecto no ha sido ni de condena ni de apoyo abierto a su aliado. El líder chino ha evocado el “Espíritu de Shanghai” en clave de “gran revitalización de la nación china” para impulsar la construcción de una “comunidad de futuro”[43] (Xinhua en español, 2022). A través de un coliderazgo con Rusia, se defenderán los intereses de los países en desarrollo para enfrentar a un mundo cambiante. Una seguridad multidimensional es defendida en la Declaración del Consejo de Jefes de Estado de la OCS, a la vez que se reconocen los múltiples desafíos y amenazas internacionales que complejizan el sistema actual. En tanto, se busca profundizar las relaciones culturales y humanitarias, cubriendo las aristas económica, financiera, de inversión, pero también social. Con sesgo de seguritización, se ha puesto en funcionamiento todo un engranaje de acuerdos con foco en la seguridad alimentaria, energética y medioambiental.

Breves consideraciones finales

Si bien algunas posturas apuntan a que la seguridad humana tiene el propósito de enriquecer y ampliar la noción tradicional de la seguridad, este análisis ha visibilizado que ambas coexisten, y que pueden ser complementarias o no. La manera en que se impregnan mutuamente tiene que ver con el tipo de amenaza o riesgo y su origen. Más aún, en el marco de una tensión entre un paradigma de alta política centrado en la seguridad y defensa del Estado, con la existencia de una perspectiva multidimensional bajo el paraguas de la seguridad humana, la deslocalización de la seguridad del Estado al individuo tiene profundas raíces. A través de una mirada de mundo multiplex (Acharya, 2016-17) difícilmente ese escenario desaparezca. No obstante puede opacarse al compás de la seguritización embanderada en un enfoque restringido de seguridad humana.

Ante la propuesta sobre dilucidar si se está frente a un concepto o un enfoque, la no existencia de un consenso a la amplia aceptación de la seguridad humana la aleja de su consideración como concepto. Por otro lado, al hacer del individuo y la comunidad su epicentro, el énfasis que desarrolle –único o compuesto, en relación con las diferentes dimensiones alimentaria, medioambiental, económica, política, etc.– admite una natural adopción del enfoque como acepción más adecuada. En tanto, no es en balde reconocer que este juicio está atado al dinamismo y los acelerados cambios de la sociedad internacional global, que redundan en escenarios inciertos, sobre los que es muy difícil aplicar ejercicios prospectivos.

Reflexionar sobre las estrategias de seguridad humana implica encontrar puntos en común con la noción de Estado de bienestar, en el sentido de la protección o estrategia “desde arriba” que conecta con la gobernanza eficiente, las redes de protección social, la defensa del Estado de derecho. De todas formas, la seguridad humana va un poco más allá. En primer lugar porque involucra a múltiples actores, aunque recae mayormente en el Estado. Pero lo más importante es que la estrategia “desde abajo”, que abreva del empoderamiento y apunta a generar resiliencia, permea en la construcción de capacidades, respuestas a través de la acción que se refiere particularmente a los individuos y a las comunidades. Es decir, el cambio de enfoque es sustancial a esta consideración.

Es innegable que acontecimientos como la guerra en Ucrania y el renacer del conflicto en Medio Oriente han puesto nuevamente sobre la mesa la permanencia de asuntos inherentes a la seguridad y a la defensa, recostados en el enfoque tradicional. Fenómenos disruptivos como una guerra o una sindemia –como la recientemente vivida por covid-19– decantan en un primer momento en desconcierto e inacción. Luego vendrá la búsqueda de alternativas eventualmente coercitivas para recuperar los espacios de poder cuestionados. Esto da pie a reflexionar sobre las hegemonías en disputa en una sociedad internacional de aceleradas dinámicas, que no solo implica un azaroso ejercicio analítico, al que se suma la falta de certidumbre del enfoque de seguridad humana, cuya imprecisión dificulta definiciones y delimitaciones necesarias para entender las sinergias de poder. Más aún, promueve que lo que debiera estar cobijado bajo el trinomio paz/seguridad/desarrollo sostenible sea pasible de arbitraria seguritización. Esto se imbrica en el resurgimiento de proyecciones geopolíticas emanadas de proyecciones de seguridad nacional estrechamente vinculadas a la defensa militar, que inclinan la balanza hacia el estadocentrismo, y eventualmente a adoptar la forma de seguridad humana –como el ejemplo de Canadá en Serbia visto supra–. En este contexto, ¿cómo encontrar entonces la esencia de la seguridad humana?, ¿ofrecen la respuesta los que disputan la hegemonía?

Los énfasis en seguridad de Estados Unidos y de China se enmarcan en una competición hegemónica y estratégica basada en representaciones que contemplan simultáneamente un amplio abanico de amenazas y riesgos. En clave de seguridad humana y de identificación de sus parámetros, los instrumentos analizados indican que lo que debiera ser un enfoque concreto es más una especie de etiqueta intercambiable y multiuso. Hilando más fino, en las alternativas identificadas en los instrumentos destinados a proyectar seguridad por parte de los competidores hegemónicos, no destaca la jerarquización del individuo y la defensa de sus libertades por encima de los intereses del Estado.

La propuesta del “enfoque dual” de la ESN recupera la intención de mantener en un espacio de competencia la naturaleza de la “fragmegración” de Rosenau (1997). Si bien la perspectiva de un orden internacional multilateral basado en normas sobrevuela los tres instrumentos en observación, en el escenario internacional de conflictividad actual, no aparecen las coincidencias entre la acción efectiva y el orden internacional defendidos e invocados.

Se ha de notar que si bien en la ESN, el NCE y en la ISG afloran algunas aristas de la seguridad humana, el sesgo narrativo de la seguritización es algo más evidente en la ESN y el NCE. La ISG promueve un espíritu más tendiente al desarrollo como puntal de la seguridad, focalizándose en sus asuntos de seguridad regionales —por ende de amenaza y riesgo– más que en un enfoque global del riesgo, como plantean los mecanismos liderados por Estados Unidos. ¿Implica esta interpretación que la ISG promueve más llanamente la seguridad humana? No necesariamente, ya que faltan elementos de análisis y evidencia empírica para defender tal afirmación. De lo que se puede dar cuenta es de que las narrativas son diferentes, no así de que la intención sea distinta.

Con este panorama, es pertinente cuestionarse sobre la posibilidad de un compromiso de China y Estados Unidos con un multilateralismo sólido, que brinde garantías y un marco eficaz a los avatares de la política internacional, en clave de seguridad humana. Un apego a las normas internacionales es el mecanismo sine qua non para limitar tanto las posibilidades de competencia hegemónica como los sesgos de políticas exteriores seguritizadas.

En síntesis, a pesar de la gran incertidumbre en el escenario de competencia hegemónica, proyectar cooperación entre competidores no redirecciona a la confusión extrema, sino que puede verse como opción alentadora. ¿En qué contexto?, siempre que el interés/necesidad de cooperar predomine sobre la competición, como la mejor alternativa para minimizar las hipótesis de conflicto.

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  1. Ampliar en Barbé, E. (2020). Relaciones Internacionales. 4a. ed. Tecnos; Calduch Cervera, R. (1991). Relaciones Internacionales. Ed. Estudios Sociales. Universidad Complutense de Madrid.
  2. Entre otras cosas, su holgado corolario ha desatado discusiones sobre la transdisciplinariedad, multidisciplinariedad o interdisciplinariedad de las Relaciones Internacionales. A pesar de entenderlas como sustanciales, para este análisis se asume una posición sin incurrir en profundizaciones que desbordarían el objetivo general planteado. Es decir, se parte de la idea de que es imprescindible nutrir el análisis de la seguridad con el aporte de otras disciplinas, en tanto la seguridad humana es multidimensional.
  3. Ampliar en Salimena, G. (2022). Teoría de las relaciones internacionales y lo global en un mundo interdependiente y anárquico. En Salimena, G. (comp.), Repensar las Relaciones Internacionales. Enfoques contemporáneos en torno a las teorías internacionales, la geopolítica y el mundo globalizado. Buenos Aires, Teseo, pp. 89-134.
  4. Se ha de notar que en el texto de referencia de Waever, el autor utiliza como sinónimos “estudios de seguridad” y “estudios estratégicos”.
  5. Esto se justifica a razón de que la expresión ve la luz por primera vez en un informe anual del Programa de las Naciones Unidas (PNUD) en 1994, y en años subsiguientes se dan múltiples cumbres y conferencias internacionales específicas en el marco del sistema de Naciones Unidas.
  6. Entre otros a través del PNUD, la Comisión de Seguridad Humana, la Comisión sobre Intervención y Seguridad de los Estados (Grasa, 2007).
  7. Este concepto será explicado en el siguiente apartado. Para este trabajo se adoptará la expresión “seguritización”, como sinónimo de la alocución “securitización”.
  8. En línea con asumir premisas consideradas laudadas, esta pieza se apropia de la idea de que las Relaciones Internacionales son una disciplina autónoma de las ciencias sociales, a la vez que la Filosofía Política, el Derecho Internacional y la Historia han sido disciplinas que le antecedieron para el estudio de las relaciones internacionales.
  9. Sigue a la “primera modernidad”, la que enraizada en el Estado-nación amarra sus interacciones a la territorialidad.
  10. “Desde la década de 1980, pero más rápidamente después de 1989, los Estudios Estratégicos y la Investigación para la Paz se habían ido desviando hacia el terreno común de la seguridad y la etiqueta global de Estudios de Seguridad Internacional (ISS)”. Traducción propia.
  11. Con respecto a la Escuela de Copenhague, Salimena puntualiza que su estrategia de investigación la distinguió de “las principales cosmovisiones norteamericanas” (2022: 128).
  12. Por su parte, Wæver (2009) propone que el nexo entre paz y seguridad se visibiliza en la conexión entre las agendas de estudio.
  13. Las estrategias de la seguridad humana serán abordadas en el próximo apartado.
  14. En un informe sobre los resultados de la reunión que daría nacimiento a la Organización de Naciones Unidas.
  15. Dirigida por el primer ministro sueco Olof Palme, que en 1982 desarrolló la idea de seguridad común en torno a la cooperación como alternativa a la competencia militar en contexto de disuasión nuclear.
  16. Entre ellos el Common Security Forum, patrocinado por el Centre for History and Economics de Cambridge, y el Harvard Centre for Population and Development Studies (Rodríguez-Alcázar, 2005)
  17. Ver Kaldor, M. (1999). New and Old Wars: Organized Violence in a Global Era. Cambridge: Polity.
  18. Ver: Theorozing Security, State Formation and the Third World in the Post-cold war world. Review of Internacional Studies, Published for the British International Studies Association, 1995, p. 126.
  19. Ver en Rothschild, E. (1995). What is Security? The Quest for Order. Daedalus. Journal of the American Academy of Arts and Sciences, p. 53.
  20. “Presidida por el ex Primer Ministro de Suecia, Ingvar Carlsson, y el ex Secretario de la Commonwealth, Shridath Ramphal” (Rosas, 2022: 32).
  21. Destacada por considerarse el auge de la agenda de seguridad humana.
  22. Inspirados en las ideas del secretario general de Naciones Unidas en ese momento, Kofi Annan.
  23. A cargo de los Estados, organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales, entidades privadas, etc.
  24. Ampliar en https://dle.rae.es/concepto.
  25. Ampliar en https://dle.rae.es/enfoque?m=form.
  26. Ver número 76: https://www.cidob.org/es/publicaciones/serie_de_publicacion/revista_cidob_d_afers_internacionals/seguridad_humana_conceptos_experiencias_y_propuestas.
  27. Presidida por Amartya Sen y Sadako Ogata (Grasa, 2007).
  28. Apadrinada por la Alta Comisionada de ACNUR en esos momentos, Sadako Ogata. Fueron invitados: Austria, Chile, Jordania, Países Bajos, Eslovenia, Sudáfrica, Suiza y Tailandia.
  29. Vale puntualizar que la ISG y el NCE son instrumentos multilaterales, no así la ESN. Su inclusión se justifica en la relevancia de la política exterior de Estados Unidos en las dinámicas de la política internacional.
  30. Iniciada con la invasión de Rusia a Ucrania el 24 de febrero de 2022.
  31. Fustigado por la incidencia de la sindemia (Horton, setiembre 2020; Singer, 2009) por covid-19, o múltiples crisis en que se retroalimentan riesgos, amenazas y nuevas crisis, o policrisis (Godin, 2024), donde se encastran distintas crisis que desconocen un fenómeno original.
  32. Previamente, en marzo de 2021 el gobierno de Estados Unidos difundió el documento Interim National Security Strategic Guidance, como una especie de preámbulo a la ESN (García Encina, 2022).
  33. Durante la administración Trump se evadió todo multilateralismo considerado limitante a su margen de acción internacional.
  34. A raíz de esto, no han faltado las críticas y cuestionamientos de quienes aceptan el argumento como movilizador social fundamental, aunque puede también adquirir una posición maniquea e incongruente a la vista de los alineamientos actuales.
  35. Más aún, se subraya que China “representa el único competidor que tiene la intención y, cada vez más, la capacidad de redefinir el orden internacional, y al mismo tiempo contener a una Rusia peligrosa”.
  36. Ha de destacarse que sobre el eje de los intereses norteamericanos y del sistema de aliados y socios, la ESN 2022 recupera la noción de “disuasión” en clave geopolítica (The White House, 2022).
  37. Alocución brindada durante el Consejo del Atlántico Norte en la XXX Cumbre de la OTAN.
  38. “The deepening strategic partnership between the People’s Republic of China and the Russian Federation and their mutually reinforcing attempts to undercut the rules-based international order run counter to our values and interests”.
  39. “The Parties agree that an armed attack against one or more of them in Europe or North America shall be considered an attack against them all and consequently they agree that, if such an armed attack occurs, each of them, in exercise of the right of individual or collective self-defence recognised by Article 51 of the Charter of the United Nations, will assist the Party oraking forthwith, individually and in concert with the other Parties, such action as it deems necessary, including the use of armed force, to restore and maintain the security of the North Atlantic area. Any such armed attack and all measures taken as a result thereof shall immediately be reported to the Security Council. Such measures shall be terminated when the Security Council has taken the measures necessary to restore and maintain international peace and security” (NATO, abril 2019).
  40. Específicamente a partir del Tratado de Cooperación “4+1” entre Rusia, China, Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán.
  41. A modo de ejemplo, en febrero de 2022 una declaración conjunta de China y Rusia confirmaba su amistad “sin límites”, y la consecuente proyección en cooperación en distintas áreas. Sumaba el apoyo mutuo en problemas de seguridad territorial: a Rusia en lo que se refiere a las demandas previas a la guerra en Ucrania realizadas a Estados Unidos y a la OTAN, y a la seguridad transfronteriza en Ucrania y Europa oriental. Asimismo manifiesta el respaldo a China en Taiwán y frente al bloque AUKUS (Australia, Reino Unido y Estados Unidos, por sus siglas en inglés).
  42. Es destacable que alrededor de un centenar de Estados han apoyado la IDG, y más de 50 conforman su “Grupo de Amigos”, lo que la ha propulsado en el ámbito de Naciones Unidas.
  43. El discurso fue pronunciado en la Cumbre del Consejo de Jefes de Estado de la OCS de septiembre de 2022 en la ciudad de Samarcanda, Uzbekistán.


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