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III. La disciplina filosófica en la revista Norte durante el primer peronismo en Tucumán

Paula Jimena Sosa

El escenario intelectual argentino, durante el primer peronismo, ha sido abordado por varios autores y desde diferentes perspectivas (Neiburg, 2002; Terán, 2008; Fiorucci, 2011, y Altamirano, 2001). En general, los estudios coinciden en mostrar un campo fuertemente polarizado entre intelectuales peronistas (laicos y católicos) y antiperonistas, basándose en la organización de los espacios de socialización intelectual, las redes editoriales, la construcción del pasado nacional y las inclinaciones en torno a la política internacional, entre otros elementos.

Con el propósito de complejizar el estudio de dicho campo, el presente trabajo se centra en la revista Norte,[1] editada en Tucumán entre 1951 y 1955 por profesores, artistas y figuras del espectro católico que se desempeñan en universidades nacionales en esta etapa.[2] En esta dirección, nos proponemos considerar Norte desde una doble perspectiva: por un lado, atendiendo a los condicionamientos materiales y sociales que posibilitan su emergencia; por otro, indagando en torno a la recepción de ideas que la revista despliega. En este último sentido, nos detendremos en la gravitación de las filosofías de la existencia que domina el debate de este período.

La revista Norte en Tucumán

Durante el primer peronismo, el lugar de las revistas editadas es comprendido, en general, como un espacio polarizado entre intelectuales nacionalistas, predominantemente provenientes del espectro católico, que apoyan al gobierno y cuyas instancias de edición corresponden a las revistas Hechos e ideas, Sexto continente o Mundo peronista–, e intelectuales liberales y cosmopolitas, cuyos órganos de expresión son publicaciones periódicas tales como Sur, Ver y estimar y Liberalis, entre otras.[3]

En torno a la disciplina filosófica, los proyectos editoriales pueden dividirse en revistas académicas laicas[4] (como Cuadernos de Filosofía –primera época, entre 1948 y 1955–, editada en la UBA bajo la dirección de Carlos Astrada), y otras en donde conviven intelectuales laicos y católicos (como Philosophia, publicada entre 1944 y 1955, en la UNCuyo, a cargo de Juan Ramón Sepich; Arqué. Revista de metafísica, editada entre 1952 y 1956, y Diálogo, que sale entre 1954 y 1955, ambas de la UNC, y dirigidas por Nimio de Anquín y Julio Meinville respectivamente). A su vez, entre las publicaciones periódicas católicas se encuentran aquellas impulsadas por instituciones privadas como Sapientia, impresa desde 1946 por la Sociedad Tomista Argentina, bajo la dirección de Nicolás Octavio Derisi. Paralelamente, se encuentran las revistas culturales publicadas por fuera de las universidades (como Realidad, editada entre 1947 y 1949, dirigida por Francisco Romero, e Imago Mundi, publicada entre 1953 y 1956, a cargo de José Luis Romero).

En Tucumán, antes de la aparición de Norte, se fundan Sustancia (impresa entre 1939 y 1943), cuyo director es Alfredo Coviello, y Notas y estudios de filosofía (que sale entre 1949 y 1954), bajo la dirección de Juan Adolfo Vázquez. En esta última participa un destacado grupo de profesores provenientes de las universidades rioplatenses (como Jorge Hernán Zucchi, Emilio Estiú y Luis María Ravagnan) y de exiliados europeos (como Rodolfo Mondolfo, Roger Labrousse, Werner Goldschmidt y Elisabeth Goguel), además de una enorme cantidad de intervenciones producidas por profesores pertenecientes a universidades de centros culturales, comprometidos probablemente por los exiliados residentes en Tucumán. Más allá de no registrar formalmente un apoyo institucional –en parte, debido a la voluntad de sus hacedores, que mantienen una relación compleja con el gobierno–, esta publicación se nutre del plantel docente universitario, con el propósito de profesionalizar la filosofía en la provincia, y para materializar su empresa, aprovecha los recursos que el gobierno destina a la casa de altos estudios (para el mejoramiento de las bibliotecas, el perfeccionamiento del plan de estudios, la participación en encuentros científicos prestigiosos, y el otorgamiento de becas, entre otros elementos)[5] (Sosa, 2022).

La primera época de la revista Norte –editada entre 1951 y 1955– cuenta con un total de ocho números y con el apoyo del gobierno de Tucumán a través de la Comisión Provincial de las Bellas Artes. Esta institución –creada en 1935– recibe un nuevo impulso en 1948, cuando se reactivan las exposiciones artísticas,[6] y funciona con ese nombre hasta 1952, año en que cambia de denominación a “Comisión Provincial de Cultura”.[7] Más tarde, Norte reaparece abriendo su segunda época –entre 1967 y 1970–, y por fin se publican dos números independientes en 1971 y 1975 (Martínez Zuccardi, 2017).

Durante la primera etapa de aparición, la calidad de la edición de Norte (visible en el tipo de papel de gran espesor y satinado, y en el volumen de páginas,[8] además de la calidad de las ilustraciones) revela el apoyo exclusivo del gobierno, sobre todo si se considera que esta publicación no cuenta con un espacio significativo para publicidad, que permita entrever los lazos de esta revista con otras instituciones, con otras revistas o con la propia elite socioeconómica de Tucumán.[9]

Entre sus objetivos explícitos, la revista apunta en una doble dirección: por un lado, promueve una alta “cultura” capaz de tender vínculos con la elite letrada tradicional, aunque a lo largo del editorial que abre la revista, como programa, se percibe un matiz en las valoraciones, intentando recuperar las bases de una cultura popular y democrática, y explicitando el vínculo con el gobierno de Perón.[10]

En este sentido, los usos del propio título remiten a las obsesiones geográficas que los letrados despliegan en esta etapa (si se piensan los nombres de revistas tales como Sur, Contorno o, en la propia provincia, Norte argentino, una revista previa impulsada por el integrismo católico), aludiendo a un doble sentido: la espacialidad en el propio país y en términos simbólicos, y la de “norte” como “rumbo”, destinado a conducir a la juventud argentina. En este sentido, las primeras páginas declaran que

Por eso esperamos, fundamentalmente, a los jóvenes. A los que tienen limpios los ojos y puro el corazón, aunque, a veces, su juventud no sea la de los años, sino la de la Sabiduría –que se refresca creciendo en el tiempo. Para todos ellos NORTE quiere ser lo que su nombre significa: un camino (Norte, 1951: 9).

A diferencia de las revistas académicas de esta etapa, esta publicación se destaca por interpelar a un lectorado amplio. Esto se evidencia en la diversidad de géneros que concentra la publicación periódica. Mientras revistas como Cuadernos de filosofía y NEF adquieren relevancia por darle exclusividad a la disciplina filosófica, Norte cuenta con trabajos en torno a los estudios literarios, el mundo artístico, la poesía y el folklore local. Estos aspectos –pluralidad disciplinaria y búsqueda de un lectorado amplio– diferencian a la revista tucumana respecto de los espacios de edición antes mencionados, y la acercan a otras publicaciones culturales del período, como Sexto Continente, Hechos e ideas y Cultura, cuyo propósito –entre otros– es fortalecer la dimensión cultural para las capas medias, y proyectar visiones favorables en torno al gobierno de Perón.

Norte comienza a editarse en octubre de 1951 y continúa hasta junio de 1955, publicándose dos veces al año y contando con un total de 8 números.[11] Si bien esta publicación comparte objetivos con revistas culturales de esta etapa,[12] se diferencia de otras revistas afines al gobierno (como Sexto continente, Hechos e ideas o Capricornio) en la medida en que no cuenta, en su tapa, con un sumario que invite a los lectores capaces de reconocer el valor de sus contenidos, y tampoco ofrece elementos visuales atractivos (como las ilustraciones presentes en revistas como Cultura, editada entre 1949 y 1951 por la Oficina de Publicaciones del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires).

Para diagramar la estética de Norte, la agrupación parece tomar como referente las revistas académicas y especializadas del período (como Cuadernos de filosofía, Philosophia y la Revista de Filosofía), dejando entrever el aspecto institucional de la publicación más allá de la búsqueda de un lectorado amplio. Además, aunque la revista se presenta de forma independiente con respecto a la UNT, el proyecto de crear esta publicación cultural tiene como hacedores a importantes figuras que toman significativos cargos en la Universidad en esta etapa. Durante el primer gobierno de Perón, bajo el rectorado de Horacio Descole, entre 1946 y 1951, esa casa de altos estudios se encuentra en un proceso de expansión extraordinario, ya que alcanza un aumento descomunal de inscriptos, y diversifica su oferta educativa, abriendo nuevas facultades, institutos y escuelas, y creando la ciudad universitaria. Este modelo genera el ambiente propicio para la educación personalizada y para la investigación, pensadas ambas como paradigma de la excelencia académica.[13] Sin embargo, se diferencia de estas publicaciones académicas en la calidad del papel, la cantidad de páginas, la homogeneidad en el diseño de las tapas y del formato (de 22 x 15 cm) que se mantiene a lo largo de toda la edición.

Los intelectuales intervinientes en Norte

Si bien en la revista tucumana participa un heterogéneo grupo disciplinario –perteneciente a la Comisión provincial de Bellas Artes de Tucumán–, es notable el lugar destacado que le da a la filosofía, sobre todo si se consideran el espacio prioritario en sus índices y el elenco numeroso de profesores de filosofía que intervienen en la publicación. En efecto, entre los provenientes de esta disciplina se encuentran profesores de la Universidad de Tucumán –como Manuel Gonzalo Casas, Diego Pró, María Eugenia Valentié y Benjamín Aybar–, y un significativo número de intelectuales católicos invitados de otras universidades, como Nimio de Anquín, Manuel Juan Fossa, Ismael Quiles, Belisario D. Tello, Walter Brunning, Michelle Federico Sciacca y Alberto Caturelli. El grupo de intelectuales asociados a la filosofía revela la significativa presencia de lazos entre los profesores residentes en Tucumán y las figuras vinculadas al espectro católico en distintas provincias.[14]

Además, participa un importante grupo proveniente de los estudios literarios, como Jorge Washinton Ábalos, Marcelo Amsler, Emilio Carilla y Octavio Corvalán (profesor de letras con recorrido internacionalista), y jóvenes poetas y escritores tales como Emilio Rubio, Luis Cano, Rogelio Arana, Tomás Eloy Martínez Castro, Alicia Antonietta, Arturo Álvarez Sosa, Carola Briones, Raúl Galan, Alfredo A. Roggiano y Horacio Jorge Becco. A su vez, desde el campo artístico, participan los pintores Lino Eneas Spilimbergo, Oscar E. Sarrulle y el escultor Ángel Dato.

Solo en el último número, Norte explicita una jerarquía entre sus integrantes, destacando en la solapa una comisión directiva compuesta por el filósofo Manuel Gonzalo Casas, el historiador Manuel García Soriano[15] y el abogado Miguel Herrera Figueroa[16] (todos ellos, miembros de la Comisión Provincial de Cultura), y como secretario David Lagmanovich.[17] Asimismo, es posible pensar (debido a la cantidad de colaboraciones y a su permanencia) que la revista tiene como agentes más significativos –del área de filosofía– a Diego Pró,[18] Luis Farré[19] y Benjamín Aybar.[20]

Sin duda, la figura más significativa de la disciplina filosófica es Manuel Gonzalo Casas, quien proviene de una familia cordobesa. Aunque pasa buena parte de su formación primaria y secundaria en San Francisco, Casas lleva a cabo sus estudios superiores en Santa Fe, y obtiene el título de Licenciado en filosofía en el Instituto de Humanidades de los Padres Jesuitas. En este período, se vincula positivamente con Saúl Taborda y con Ángel Vasallo, y publica notas periodísticas en diarios y revistas tucumanas, estableciendo una relación con Alfredo Coviello, quien se desempeña como director de la revista Sustancia y de la página literaria del diario La Gaceta. Asimismo, participa en revistas rioplatenses en donde tiende lazos con intelectuales relacionados con Nosotros y Cursos y conferencias, y con figuras del espectro católico, como los hacedores de Sapientia, a cargo de Octavio Nicolás Derisi.

En su juventud, Casas se desempeña como docente en distintas instituciones. Se asienta luego en Tucumán, en donde comienza a construir un espacio de sociabilidad nuevo, favorecido por un campo intelectual emergente que por entonces cuenta con figuras provenientes de universidades rioplatenses e intelectuales europeos exiliados. Ya instalado en la provincia, da clases en el Colegio Universitario Gymnasium, y en la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento. Durante el primer peronismo, el profesor cordobés construye una sólida red de sociabilidad con figuras ligadas al catolicismo, y con juristas locales, todos congregados por sensibilidades e intereses filosóficos comunes ya desde el Primer Congreso Nacional de Filosofía, promovido por Perón en 1949 (Ruvituso, 2015, y Yoshida, 1963). Esta sensibilidad tiende a cristalizarse en los cursos dictados en el Convento Santo Domingo de Tucumán, donde se abordan temas de filosofía tomista. Estos encuentros adquieren sistematicidad, y se institucionalizan bajo el título “Cursos de Filosofía Tomista”, generando las condiciones para que, en 1957, se produzca la creación del Instituto Universitario Santo Tomás (IUSTA).[21]

Poco tiempo después, el profesor cordobés se ve beneficiado por las transformaciones que experimenta el plantel docente de filosofía en la UNT. Durante el segundo gobierno de Perón, se producen modificaciones en el Departamento de Filosofía, generándose algunas vacantes. Estos episodios facilitan el ingreso de Casas como profesor universitario –en la asignatura “Introducción a la Filosofía”, de la Licenciatura y el Profesorado en filosofía–, y luego como Director del Instituto de Filosofía, al tiempo que se incorpora a la Comisión Provincial de Bellas Artes desde donde impulsa la creación de Norte, posicionándose explícitamente en favor del peronismo.

La correspondencia indica que los hacedores de NEF y de Norte son adversarios entre sí. Los antagonismos entre ambos grupos se observan en los juicios con respecto al gobierno peronista, en el tipo de instituciones en donde socializan, en la relación con intelectuales católicos de otros puntos del país (y con las instituciones religiosas locales), e incluso en el canon filosófico que forja cada revista.

Un punto central en la oposición de estas agrupaciones es la concepción del fenómeno religioso: mientras en NEF este aspecto es estudiado desde una perspectiva filosófica, histórica y social, los miembros de Norte comprenden la religión desde la perspectiva del creyente que –alejado de una comprensión filosófica o racional del fenómeno religioso– se enfoca en el acrecentamiento de la cultura católica en la provincia.[22]

Sin embargo, durante la edición de ambas publicaciones, la tensión no es total, quizá como estrategia de supervivencia en un medio cultural todavía reducido, que puja en conjunto por la profesionalización filosófica. De hecho, existe un número limitado de contribuciones de Valentié en Norte, y de Pró, Casas y García Estrada en NEF, probablemente como prueba de la cooperación entre ambas revistas, en favor de la consolidación disciplinar, junto con –y más allá de– la confrontación política.

Las revistas culturales suelen buscar un reconocimiento que no se mide por su éxito comercial; sin embargo, para sostenerse, necesitan recursos económicos. Detengámonos en indagar entonces en torno a los vínculos con el gobierno, para descifrar las estrategias de supervivencia de Norte, y consideremos el intercambio con revistas de otros países, para definir el alcance de su circulación.

Desde su primer número, la revista se posiciona con un claro perfil peronista. Así, sus hacedores intentan reforzar este carácter de profesional comprometido con la política, haciendo alusión a sus modos de comprender la actividad intelectual y su relación con la “realidad”, al subrayar que

No quisiéramos ser calificados de intelectuales, en el sentido que se da a esta palabra desde cierta actitud ilustrada. El intelectual que ha cerrado sus poros al mensaje tenso y sugestivo que la realidad pone en sus ojos cada mañana, para refugiarse en un mundo de abstracciones no reales, sino lógicas, nada tiene que ver con este intento –con esta empresa que queremos llevar adelante– (Norte, 1951: 8).

Es claro que los miembros de esta publicación pretenden distanciarse de la imagen de intelectual apolítico que se encuentra circulando en revistas como NEF. A diferencia de esta publicación, cuyo objetivo es profesionalizar la disciplina filosófica –remitiendo a un lectorado académico o a la oligarquía local–, los propósitos de Norte son más modestos, en sintonía con el capital simbólico de sus hacedores. En este sentido, la revista se propone –de cara a los posibles lectores locales– exaltar el valor de la funcionalidad social de la publicación, como así también apelar a la idea de “autenticidad” y de “lealtad”.

De allí que no haya un interés por la especialización disciplinaria, visible en contactos con el mundo editorial. La carencia de anuncios deja entrever que Norte conserva el vínculo exclusivo con el gobierno, y con instituciones gubernamentales como la Comisión Provincial de Bellas Artes, funcionando como vitrina cultural del gobierno en espacios bien definidos (como la sección “Síntesis de su actuación”).[23]

Estableciendo claras alianzas con el gobierno, Norte cuenta con anuncios que legitiman las medidas del oficialismo en artículos sociohistóricos,[24] así como también celebra las transformaciones impulsadas por el gobierno.[25]

Desde el punto de vista económico, solo contamos con la información publicada en el n° 6, de abril de 1954, en donde se indica que la revista cuesta 8 $ argentinos. El hecho de que el valor de esta publicación se encuentre en moneda local, a diferencia de NEF (que lo presenta también en moneda extranjera), permite inferir que Norte no cuenta con un lectorado fuera del país. Además, en relación a las revistas de la época, tiene un costo superior al de algunos espacios vinculados a la izquierda, como las revistas Centro y Contorno,[26] pero significativamente inferior al de las revistas liberales[27] y académicas[28] de esta etapa. Esta comparación, sumada a las consideraciones previas, refuerza la idea de que Norte apunta a un lectorado de masas y no a las elites letradas.

Desde el n° 4, Norte cuenta con la sección “Revista de revistas”, central para ahondar en la trama de vínculos que traza la publicación. Aunque no hemos encontrado fuentes que permitan determinar si las publicaciones reseñadas provienen de instancias de donación, de canje o eventualmente de compra, esta sección puede dividirse tres tipos de revistas que –ordenadas por jerarquía y cantidad– se agrupan en revistas de centros culturales (especialmente de España, y en menor medida de Francia, Italia y EE.UU.), de países latinoamericanos, y publicaciones argentinas laicas y católicas. Asimismo, crece la sección de “Noticias” que da cuenta de recepciones especiales de libros y revistas, como también de noticias de jornadas, aniversarios de bibliotecas, celebración de colecciones editoriales, muestras de arte, conciertos, conferencias y congresos.

Los posicionamientos filosóficos en Norte

A diferencia de NEF, los editores de Norte parecen estar más interesados en captar un lectorado amplio que exceda el estrictamente académico. No obstante, más allá de no buscar una especificidad, no pierden de vista la posibilidad de traccionar, en sus páginas, hacia las investigaciones filosóficas centrales para el grupo, orientando el análisis filosófico hacia áreas específicas tales como la estética, la metafísica y la axiología, al mismo tiempo que se producen espacios para intervenir en el debate filosófico que domina esta etapa en torno a los existencialismos.

En este sentido, Ruvituso (2015) señala la importancia de Martin Heidegger entre la intelectualidad argentina de esta etapa, y su gravitación especialmente en el “Primer Congreso Nacional de Filosofía”, en donde el pensamiento heideggeriano se convierte en hegemónico, dividiendo el campo de recepciones en dos claves, laicas (liberales e izquierdistas) y católicas. Estas lecturas también gravitan en revistas académicas como Cuadernos de filosofía y Revista de filosofía, en donde se renueva el esfuerzo por introducir, en la agenda filosófica, a figuras consagradas del pensamiento filosófico europeo. Además, en este congreso –aunque en menor medida–, se presenta una línea de lectores de Jean-Paul Sartre,[29] así como también se encuentran referencias a la filosofía sartreana en revistas como Realidad, publicada en general por intelectuales liberales y extranjeros exiliados, y en Centro y en Contorno, editadas por la juventud de izquierda asociada a la UBA.[30]

Entre los trabajos sobre filosofías de la existencia editados en Norte, pueden mencionarse tres posiciones diferentes: la de Manuel Gonzalo Casas –un agente clave en la revista– y las de dos profesores que no forman parte de su staff: María Eugenia Valentié y Ángel Jorge Casares. En sus contribuciones para Norte, Casas interviene en la discusión entre tomistas y existencialistas con tres trabajos.[31] El autor cordobés conoce la polémica iniciada por sus colegas en torno a Heidegger, ya que asiste al congreso de 1949 junto a un grupo de intelectuales residentes en Tucumán. Allí se despliegan diferentes lecturas de la obra heideggeriana, amén de difundirse la reciente traducción al español de su obra ‎Sein und Zeit. En su texto “Un problema metafísico en Martin Heidegger” (1951), el profesor cordobés reabre la discusión con la filosofía heideggeriana, participando así del debate que se despliega por entonces en varias publicaciones periódicas que prolongan los temas discutidos en el congreso de 1949 (como Cuadernos de filosofía –dirigida por Carlos Astrada–, en donde se concentran las perspectivas de un existencialismo ateo, NEF –dirigida por Vázquez–, que prolonga el existencialismo cristiano, y Sapientia –bajo la conducción de Nicolás Derisi–, en donde participan intelectuales católicos).[32]

En línea con algunas figuras de la vertiente católica, Casas describe los argumentos de la filosofía heideggeriana –atendiendo especialmente a su forma de comprender el conocimiento, la “existencia”, el “ser” y la “nada”–, y al mismo tiempo despliega una crítica a dicha filosofía. Desde su perspectiva, la concepción del Dasein de Heidegger exalta la condición de “hombre” como “creatura”, como ser contingente, incapaz de existir por sí mismo, al manifestar que

Nosotros decimos que los entes extentivos, existentes, son dependientes porque carecen de una razón suficiente de existencia en sí mismos. No son seres a se, sino ab alio. Si fueran necesarios tendrían su razón de existir en sí mismos y no en otro, (se entiende, su razón extrínseca), pero si tal cosa ocurriera; es decir, si tuvieran su razón de ser desde sí mismos resultaría imposible toda conclusión y todo advenimiento. De hecho, todo ser que tuviera, ya, ahora su razón de ser desde sí mismo, resultaría infinito (1951: 25-26).

Ya en sus Tesis de licenciatura –publicada en 1948 con el título “Santo Tomás y la filosofía existencial”–, Casas construye una perspectiva sobre la causalidad del “existir”, partiendo de una matriz aristotélico-tomista.[33] Allí prolonga las posiciones de los intelectuales católicos franceses –como Étienne Gilson y Jacques Maritain– quienes defienden que el tomismo es la única filosofía de la existencia, en la medida en que se pregunta por las causas de la substancia, a saber, el qué y el por qué. Esta búsqueda le permite a los intelectuales católicos fundamentar una jerarquía metafísica que justifica la existencia de Dios como causa de un ser “dependiente”.

En sintonía con el filósofo católico Juan Ramón Sepich, Casas vuelve sobre la necesidad de pensar a Dios, al señalar que toda existencia tiene una dimensión inteligible, y por lo tanto en su origen, se encuentra una “intencionalidad creadora del existir” (1948: 38). Frente a la filosofía de Heidegger –conceptualizada como filosofía “irracional”, anclada en la preocupación por la “nada”–, Casas se posiciona en favor del “ser”, en donde la “inteligencia” avanza hacia el “ser absoluto” (1948: 42).

Así, para algunos tomistas, el pensamiento de Heidegger no sería una auténtica filosofía de la existencia, sino por el contrario, un filosofar que se detiene en la trascendencia como “mundo”, mientras que Santo Tomás busca una trascendencia “más allá” del mundo. De allí que, coincidiendo con los católicos franceses, Casas exprese que

… en el sentido dado por Gilson y Maritain a la filosofía tomista, su sentido fuerte y sabroso porque en última instancia –y esto vaya de paso como último acendramiento de la cuestión– ella pone su propio fundamento y el fundamento del mundo no en un qué, sino en un quién, el pensamiento de Heidegger sería más bien la negación de un auténtico pensamiento existencial (1948: 42).

Además, la revista incluye un texto de María Eugenia Valentié –una figura vinculada al proyecto de NEF–, desde donde se promueve el existencialismo cristiano que funciona como una tercera vía en la polémica entre heideggerianos y sartreanos, sin confrontar de forma directa con el pensamiento de Heidegger. De hecho, el artículo enviado a Norte –titulado “Ser y misterio en el pensamiento de Marcel”– se encuentra en línea con esta perspectiva del existencialismo.

En su contribución, Valentié[34] reivindica elementos tanto gnoseológicos como éticos en la respuesta de Gabriel Marcel a la crisis occidental de la posguerra, al manifestar que

Un mundo cassé es la sociedad en que vivimos, en guerra consigo misma y con la nueva posibilidad de destruirse a sí misma, puesto que la técnica unida a los poderes de estatificación ha logrado que el suicidio rebase sus límites de tentación individual. Un mundo dominado por la voluntad de poder, por el temor, por la burocratización creciente y una pérdida cada vez más acentuada de la vida interior no es sin duda el más apto para desarrollar el espíritu crítico (1952: 51).

Frente a este diagnóstico, la autora retoma la definición de la filosofía propuesta por Marcel, como “recherche”, es decir, como “tarea”, “búsqueda” o “investigación”. Por oposición a los grandes sistemas, según Valentié, el filósofo francés formula una propuesta filosófica en una clave no sistemática, ni abstracta, que se orienta hacia las situaciones vividas, o hacia las experiencias concretas, más que a una dialéctica de juicios universales.

Asimismo, Marcel repiensa temas propicios para afrontar la coyuntura de la posguerra, atendiendo a una resignificación positiva del cuerpo, a la apertura del sujeto a la intersubjetividad, y a una búsqueda de trascendencia o una “exigencia de Dios”. Sin embargo, esta última no se centra en el Dios del cristianismo, como lo hacen algunos representantes del tomismo, porque aquí la trascendencia funciona como orientación de valores que el autor francés cree ver compartidos en todas las religiones, a saber, la búsqueda de comunidad a partir la caridad y la esperanza.[35] Sobre la amplitud con respecto a la cuestión religiosa, Valentié celebra la apertura de este pensador, expresando que “su catolicismo, por otra parte, afirma la coincidencia profunda de todas las grandes religiones, y condena el anatema como la tentación más peligrosa de los teólogos” (1952: 54).

Según Valentié, Le mystère de l’être (1951) condensa positivamente ideas presentes en trabajos previos de Macel, posicionándolo como uno de los pensadores más significativos de su tiempo, al manifestar que “las referencias a sus libros anteriores o a su producción dramática son numerosas, y el lector se siente en presencia de uno de los pensadores más profundos y originales de nuestra época” (1952: 54). De esta forma, frente a la crisis de la época, la autora tucumana reafirma la búsqueda de una resignificación religiosa, sin caer en dogmatismos católicos, pero tampoco subsumiéndose al binarismo ateo en el que se debaten por entonces sartreanos y heideggerianos.

Por último, Norte cuenta un trabajo de Ángel Jorge Casares, profesor de filosofía de la UBA, quien publica allí el artículo “El problema gnoseológico en una filosofía existencial”, en 1952. Prolongando la posición de algunos intelectuales laicos de esta etapa –como la de Carlos Astrada–, Casares cuestiona el tomismo,[36] al tiempo que despliega una defensa de los posicionamientos filosóficos de Heidegger en torno al problema del conocimiento.[37]

En un extenso trabajo, Casares analiza la historia de la filosofía, atendiendo al debate gnoseológico en torno a la “verdad”, desde la Grecia Antigua hasta el mundo moderno, y en un segundo momento se detiene en los planteos del existencialismo. Contra el supuesto de que las filosofías de la existencia no se ocupan del problema de la verdad –implícito en algunos colegas tomistas–, Casares argumenta, siguiendo las contribuciones de Heidegger, que dicho descuido no es tal.[38] Para justificar sus argumentos, analiza las nociones de “tiempo”, “nada”, “patencia del ente” y “angustia”, presentando un modelo gnoseológico en donde la “verdad” es comprendida como “desocultamiento”.

A diferencia de los enfoques de Astrada, quien reelabora la temporalidad heideggeriana como estrategia para poner en diálogo la filosofía con el contexto histórico, y exaltar así la historicidad del “hombre”, Casares parece ser más respetuoso de los pactos de lectura internalista propuestos por el pensador de Friburgo (Bourdieu, 1991, y Ruvituso, 2015). En este sentido, Casares despliega todo un entramado de estados por los cuales debe pasar el sujeto para conocer. Entre dichos estados –que garantizan la verdad como “desocultamiento”–, el profesor menciona el “estar atento”, la “no indiferencia” o la vigilia; la comprensión como “apuntar hacia” aquello que se quiere conocer;[39] la preocupación[40] y finalmente la articulación discursiva. De esta forma, defiende los estados anímicos y las disposiciones cognitivas que, ante la coyuntura y la consecuente crítica a la cultura occidental, resultan objeto de ataque tanto de los tomistas como de los existencialistas cristianos.

Consideraciones finales

A lo largo de este trabajo consideramos cómo los hacedores de Norte se presentan como peronistas, y desarrollan una serie de actividades que contradicen la idea de que el campo académico se encuentra en decadencia, arrasado por agentes cuyos principios se oponen al reformismo universitario. Por el contrario, la revista deja entrever que, entre de las publicaciones oficiales, conviven voces en pugna que intentan, por diferentes vías, consolidar un campo intelectual con debates propios, más allá de las oposiciones políticas, filosóficas y religiosas.

Desde la sociología de los intelectuales, analizamos algunos rasgos de los integrantes de este grupo, teniendo en cuenta sus condicionamientos sociales y materiales, en el marco de un proceso de circulación intelectual complejo a nivel nacional; además, mostramos que esta revista cuenta con un escenario favorable, gracias a los recursos destinados al área educativa, para mejorar tanto la docencia como la investigación.

Con respecto al contenido filosófico difundido por Norte, abordamos la recepción de algunos modelos centrales, en el marco del debate entre tomistas y existencialistas (católicos y laicos). Como vimos, esta publicación periódica recupera la polémica –ya presente en el “Primer congreso nacional de filosofía”– en torno a la filosofía contemporánea, al igual que Cuadernos de filosofía y NEF.

Teniendo en cuenta estas contribuciones, cabe pensar que en Norte conviven diferentes recepciones filosófico-políticas y religiosas del existencialismo. Entre ellas, una de las dominantes implica un rechazo de la figura de Heidegger, en sintonía con algunas interpretaciones de intelectuales católicos de esta etapa, que perciben la filosofía heideggeriana como una propuesta anclada en una metafísica cuyo eje vertebrador es la pregunta por la “nada”, y por el estado anímico de la “angustia”. Frente a esta filosofía, reivindican la metafísica de Santo Tomás, apelando a la presencia allí de un “ser absoluto” o Dios, como radicalmente distinto respecto del ser “contingente”.

Un segundo caso, en una posición más matizada que no confronta de forma directa con Heidegger, es el de Valentié, quien –al igual que los miembros de NEF– opta por el existencialismo cristiano, en la medida en que supone que se trata de una vía superadora de las limitaciones presentes en el binomio hegemónico (entre heideggerianos y sartreanos) que por entonces divide el campo intelectual argentino. Este enfoque intenta imaginar la reunión del “hombre” con un principio trascendente que –a diferencia del tomismo– exceda la religión católica, al mismo tiempo que reivindique las relaciones intersubjetivas y el vínculo con el propio cuerpo.

Por último, la propuesta de Casares retoma el posicionamiento más radical de los intelectuales laicos, cercanos al núcleo de Astrada, apuntando a la resignificación de Heidegger –no en clave histórica, sino gnoseológica– y a los reclamos que –desde diferentes perspectivas de la escolástica– le hacen a su filosofía.

Más allá de la coincidencia en la búsqueda de un “ser trascendente” frente a la conciencia de la muerte –que motiva las filosofías de la posguerra–, las soluciones tomadas por los tres enfoques pueden ser pensadas en relación a los diferentes modos de vinculación con el gobierno, al modo de organización de la praxis intelectual y de gestión de las sensibilidades religiosas, disputando así diferentes estrategias frente a los binomios filosóficos, políticos y religiosos que atraviesan esta etapa.

Bibliografía

Fuentes primarias

Fuentes inéditas

Archivo privado de María Eugenia Valentié, San Miguel de Tucumán.

Revistas

Centro (UBA, 1951–1959).

Contorno (Buenos Aires, 1953–1959).

Cuadernos de filosofía (UBA, 1948–1955).

Norte (San Miguel de Tucumán, 1951–1955).

Notas y estudios de filosofía (San Miguel de Tucumán, 1948–1954).

Philosophia (Mendoza, 1944–1955).

Realidad (Buenos Aires, 1947–1949).

Revista de filosofía (UNLP, 1950–1954).

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades (Universidad Nacional de Córdoba, 1949–1954).

Fuentes secundarias

Altamirano, C. (2001). Bajo el signo de las masas, 19431973, Buenos Aires: Ariel.

Belloro, L. (2021). Intellectuels et philosophes dans l’Argentine péroniste, París: Chrysalides.

Bourdieu, P. (1991). La ontología política de Martin Heidegger, Barcelona: Paidós.

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—- (2017). “El campo de la literatura entre los proyectos oficiales y los independientes: órganos de difusión, un certamen poético y una antología, la emergente crítica literaria local” en Vignoli, M. (coord.). La cultura en Tucumán. Artistas, instituciones, prácticas, Buenos Aires: Imago Mundi.

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  1. En adelante nos referiremos a Notas y estudios de filosofía con la sigla NEF.
  2. En sintonía con las contribuciones de Buchbinder (2005), Ruvituso (2015), Martínez Zuccardi (2017), Belloro (2021) y otros.
  3. Ver Fiorucci (2011).
  4. En adelante, la Universidad de Buenos Aires será referenciada con la sigla UBA, la Universidad Nacional de La Plata con la sigla UNLP, la de Tucumán con la sigla UNT, la de Córdoba con la sigla UNC, y la de Cuyo con la sigla UNCuyo.
  5. Para profundizar, ver Bravo y Hillen (2011).
  6. Fasce (2019) destaca, en esta etapa, la creación del Instituto de Superior de Artes, llevada a cabo al interior de la Universidad.
  7. Por vía de la Ley 2520, el 13-11-1952 se promulga el cambio de denominación de la “Comisión provincial de Bellas Artes” a “Comisión Provincial de Cultura” –dependiente del Ministerio de Gobierno, Justicia e Instrucción Pública–.
  8. Solo el primer número cuenta con 190 páginas. La cifra varía a lo largo de los años, pero conservando siempre un rango de alrededor de 160 páginas, a excepción del último número que solo cuenta con 96 páginas.
  9. La única publicidad encontrada es en el n° 6, donde se promociona de forma aislada la editorial Richardet de Tucumán.
  10. Las primeras palabras, escritas probablemente por Manuel Gonzalo Casas, presentan los objetivos de la revista. Entre ellos expresa:“ Servir al alto nivel que una cultura superior exige, la causa del pueblo profundo, del pueblo histórico, consubstancial a la revolución de la Argentina presente; la Argentina de Perón” (Norte, 1951: 7).
  11. Los meses en los que sale impresa la revista son variables. No obstante, en general se edita entre octubre-noviembre y entre abril y junio.
  12. En la tapa, el título se encuentra impreso en negro, con letras grandes en el margen superior, y los subtítulos se anuncian con letra más pequeña, en blanco con fondo de color, en el margen inferior.
  13. Ver Bravo (2012).
  14. La presencia del sector católico se refuerza si se tiene en cuenta la participación de figuras relacionadas de forma directa con la Iglesia católica, como Fray Mario José Petit de Murat y Alberto García Vieyra.
  15. García Soriano proviene de una familia de inmigrantes españoles que se traslada a la Argentina en 1910, instalándose en Tucumán. Durante su formación, asiste a la Escuela de Comercio N° 1 General Belgrano, y más tarde obtiene el título de Profesor en Historia y Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras (UNT). En dicha institución, da clases en las cátedras de “Introducción a la Historia” e “Historia de América”, además de asumir cargos administrativos como Vicedecano de la Facultad (entre 1952 y 1955), y como vocal de la Comisión Provincial de Turismo y de la Comisión Provincial de Bellas Artes.
  16. Miguel Herrera Figueroa, de origen salteño, obtiene el título de Abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (UBA). Durante el primer peronismo, se desempeña como profesor de “Derecho penal” y “Filosofía del Derecho” en la UNT, y como vocal de la Comisión Provincial de Bellas Artes. Más tarde asume funciones como Juez federal en Tucumán, y luego como Juez de la Cámara de Apelaciones de la Capital Federal, y se dedica a la investigación, publicando trabajos sobre temas relacionados con la sociología, la filosofía, la psicología y la criminología.
  17. David Lagmanovich proviene de una familia de inmigrantes rusos exiliados a causa de la Revolución Bolchevique, y asentados primero en Córdoba y luego en Tucumán en 1936. Lagmanovich realiza sus estudios superiores en la UNT y se desempeña como crítico literario en periódicos como La Gaceta; más tarde inicia un itinerario por EE.UU., asistiendo a la Universidad de Columbia y a la Universidad de Georgetown. A su regreso al país, da clases en la UBA, en la UNT y en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.
  18. Diego Pró proviene de una familia de ascendencia española. Durante su formación, asiste a la Escuela de Varones nº 1 “Benjamín Zorrilla”, y a la Escuela Normal de Resistencia, y luego se inscribe en el profesorado en Filosofía y Pedagogía del Instituto Nacional de Profesorado en Paraná, vinculándose positivamente con profesores tales como Carlos María Onetti, César B. Pérez Colman y Jordán B. Genta (Jalif de Bertranou, 2000). En un recorrido por universidades nacionales, Pró asume en 1944 la dirección del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo y participa de la revista Philosophia, trasladándose luego a Tucumán. Allí funda la revista universitaria Humanitas –con la cooperación de Casas– en 1952, y se desempeña como Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, al tiempo que colabora activamente en el proyecto de Norte.
  19. De origen español, Luis Farré se forma en instituciones primarias y medias franciscanas. Durante sus estudios superiores, asiste a las Universidades de Barcelona y de Madrid. Al arribar a la Argentina, se instala primeramente en Córdoba, entrando en contacto con Rodolfo Mondolfo, con quien construye lazos que le permiten obtener su título de Doctor en filosofía. Más tarde se traslada a Tucumán, en donde dicta clases de “Filosofía Antigua” y “Medieval”, durante el primer peronismo (Gabrielides de Luna, 1980).
  20. Benjamín Aybar nace en Tucumán, en el seno de una familia de la oligarquía local (Rego, 1983). Durante su formación realiza sus estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, obteniendo el título de Doctor en Filosofía. Luego de su regreso a Tucumán, se desempeña como profesor del Colegio Nacional y da clases como profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT, en asignaturas tales como “Introducción a la Filosofía” y “Filosofía del Derecho”, y en la Facultad de Filosofía y Letras. Asimismo, realiza tareas de gestión institucional, desempeñándose como miembro del Consejo Directivo, como Director del Instituto de Filosofía, y como fundador del Instituto de Psicotecnia.
  21. El Instituto se crea en 1957, y funciona como institución satélite de la Universidad Católica de Córdoba hasta 1965, año en que se aprueba la creación de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Yoshida, 1963).
  22. Desde Córdoba, Vázquez expresa a Valentié la posición del grupo frente a este tema, partiendo de un artículo de esta última, para La Gaceta, que aborda los estudios sobre demonología: “Pero vuelvo sobre ‘El príncipe de este mundo’ et ses retentissements sociologiques [y sus repercusiones sociológicas]. Si Tucumán no es enteramente paquidérmica, ese estímulo es suficiente y sobra para que te anatematicen definitivamente. ¿Qué dijo la gente del Instituto Santo Tomás de Aquino? Y habrá que seguir, porque eso no puede quedar solo. Cuenta conmigo. Seremos francotiradores. No podemos ser otra cosa. No debemos ser otra cosa” (Vázquez a Valentié, 1 de octubre de 1957, Santa Catalina, Córdoba; Archivo Valentié).
  23. Entre sus actividades se destacan, por ejemplo, el “Primer congreso de historia de los pueblos”, el “Primer certamen de teatro vocacional”, el “XII Salón de artes plásticas de Tucumán”, la Escuela Infantil de Artes plásticas, el “Primer certamen de cuentos y narraciones de Tucumán”, la primera antología poética de Tucumán, la habilitación del Museo Provincial de Bellas Artes, el “Concurso de teatros no profesionales”, el “Concurso coral y de bandas rítmicas” y el “Primer certamen de lectura teatral de Tucumán”.
  24. Por ejemplo, los trabajos “Contenido sociológico de la tercera posición” (1951) de Francisco J. Andrés Mulet y “Los fundamentos jurídicos del justicialismo” de Norberto Antoni (1951); los comentarios favorables de Adolfo Luis Valle a los libros La razón de mi vida (1951) de Eva Perón, y el de Adolfo Luis Valle sobre Labor parlamentaria (1951) de Luis Cruz (Gobernador de Tucumán).
  25. Por ejemplo, la ciudad universitaria “Eva Perón”, emplazada en el cerro San Javier (Fasce, 2019).
  26. Contorno tiene inicialmente un valor de 2 $ por ejemplar, y crece paulatinamente hasta el n° 5/6, cuando la revista comienza a publicar números dobles.
  27. Por entonces NEF tiene un valor de 15 $ el ejemplar, es decir, prácticamente el doble del valor de Norte.
  28. Mientras Humanitas tiene un valor de 25 $ por número, la Revista de la Facultad de Derecho vale 20 $ cada una.
  29. Por ejemplo, la contribución de Marie-Madeleine Davy titulada “La notion de curiosité du point de vue de l’existentialisme (Heidegger-Sartre)” y la de Ludwig Landgrebe titulada “Sartre’s Existenzialismus und seine geschichtliche Herkunft”, presentadas en el “Primer congreso nacional de filosofía” de 1949.
  30. Por ejemplo, en Realidad, Miguel Ángel Virasoro escribe “La filosofía de Jean-Paul Sartre”, y allí se publica “¿Que es la literatura? Entre burguesía y proletariado” del propio Sartre, además del artículo titulado “El caso Sartre en Italia” escrito por Renato Treves. Para profundizar, ver Terán (2004).
  31. Los tres trabajos más importantes producidos por Casas, para Norte, son “Un problema metafísico en Martin Heidegger” (1951), “Apuntes sobre el fundamento de la sociedad” (1953) y “Rosmini y la filosofía existencial” (1955).
  32. Para profundizar, ver Ruvituso (2015).
  33. En torno a la noción de “existencia”, Casas sostiene una indagación aristotélica relacionada con la causa eficiente y la causa final, e interpretada a través de la lente de una metafísica cristiana (Casas, 1948: 23).
  34. María Eugenia Valentié es una de las primeras egresadas de la carrera de Filosofía de la UNT. Nacida en esta provincia, la joven profesora pertenece a una familia burguesa descendiente de franceses, de modo que, al finalizar la carrera de Filosofía y Pedagogía en 1942, ya conoce la lengua francesa, hecho que le permite efectuar traducciones para NEF. Como docente se incorpora a la cátedra de “Metafísica y Gnoseología”, cuyo titular es Juan Adolfo Vázquez.
  35. En este sentido, Valentié relaciona la esperanza con la fe, al expresar que esta última “supone siempre –aunque no de forma explícita– la esperanza, que no es espera en un futuro bienestar individual sino confianza en la salvación de todos” (1952: 53).
  36. Por ejemplo, en la primera parte del artículo en donde reconstruye la historia de la filosofía, enfatizando el tratamiento del conocimiento, reconoce que en la escolástica “poco es lo que de nuevo aparece, por cuanto el tomismo –el racionalista– y hasta el misticismo agustiniano se mueven con un ritmo aristotélico, que fue lo mayor y casi lo único resucitado por Ibn Roch, Ibn Sina y la filosofía –tal vez mal llamada así– árabe, pasaremos sobre ella para detenernos en los albores del Renacimiento” (1952: 15).
  37. Casares coincide en su texto con interpretaciones astradianas de la filosofía de Heidegger, al manifestar que “se ha ganado ya desde el principio, por así decir, en un doble sentido: en la distinción –de necesidad radical, como acertadamente sugiere Astrada– entre ente y ser, y en el acceso seguro al ser, que se hallará solo en las cosas que son, es decir en los entes” (1952: 30).
  38. Es posible pensar que este trabajo funciona, de algún modo, como respuesta a algunas ideas trazadas por Casas, quien deslegitima el modo en que Heidegger construye su aproximación a la metafísica, reivindicando la matriz aristotélico-tomista basada en el principio de causalidad, que da como resultado la idea de Dios como justificación de la existencia del “hombre”.
  39. De acuerdo con Casares, “Lo encubierto fuera por siempre encubierto y jamás des-cubrible si lo descubridor no apuntara hacia ello para develarlo, exponerlo y sacarlo a la luz” (Casares, 1952: 42).
  40. Otra forma de expresar la idea de “preocupación” es la “decadencia”. Según el autor, la intencionalidad –que supone todo acto de conocer– implica que quien conoce se transforma a sí mismo, a través de ese acto. A esta transformación la denomina “decadencia” (Casares, 1952: 43).


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