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X. Integración regional
y política cultural

La organización del Encuentro “Patagonia 94” en La Pampa

Paula Inés Laguarda

Entre abril y mayo de 1994, 18 localidades de La Pampa se sumaron al Encuentro Regional de Cultura “Patagonia 94”, que se desarrolló simultáneamente en las 6 provincias de la región y en 12 partidos del sur de la provincia de Buenos Aires, con actividades en más de 80 pueblos y ciudades.

La iniciativa se enmarcó en una política descentralizadora de la Secretaría de Cultura de la Nación, que ya desde el Encuentro Federal de Cultura de 1989 había avanzado en la delimitación de “regiones culturales”, impulsando encuentros de cultura en cada una de ellas, aunque, en la práctica, cada provincia y región tenía agendas, intereses y modalidades de trabajo propias. El encuentro analizado en este trabajo –que tuvo como precedente uno más acotado, realizado en 1993–[1] articuló distintas esferas de la administración cultural estatal: nacional, regional, provincial y municipal, e incluso con actores del sector privado. En La Pampa, la programación combinó espectáculos y muestras de artistas pampeanos, con actuaciones de contingentes de otras provincias patagónicas, y de artistas de Buenos Aires con reconocimiento nacional e internacional, además de contar con la presencia del entonces Secretario de Cultura de la Nación, José María Castiñeira de Dios.

Si bien los encuentros patagónicos de cultura continuaron realizándose en los años siguientes, el análisis del Encuentro “Patagonia 94” reviste particular interés para la historia cultural pampeana por tres razones principales. En primer lugar, porque formó parte de las acciones que cimentaron el proceso de incorporación de la provincia a la región patagónica, que terminaría de concretarse formalmente en 1996. En segundo lugar, porque fue una de las actividades realizadas en el marco de un proyecto que, como he analizado en otro trabajo (Laguarda, 2021), reorganizó el área de cultura provincial, buscando coordinar capacidades estatales con los municipios, e impulsar el desarrollo de las instituciones culturales locales y la participación social a nivel comunitario, en un proceso no exento de tensiones y limitaciones.[2] Y en tercer lugar –desde una óptica no circunscripta a la historia pampeana–, porque constituye un caso interesante para la indagación acerca de los modos concretos de articulación de la administración cultural, en diversos niveles de estatalidad, y por ende, de la implementación coordinada –o no– de políticas públicas culturales.

En Argentina, el estudio de las políticas culturales atravesó diversos periodos desde que en los años sesenta la UNESCO las reconoció como parte de las políticas públicas destinadas a potenciar el desarrollo de naciones y regiones (Bayardo García, 2008). Entre las décadas de 1970 y 1980 se produjeron investigaciones panorámicas sobre los distintos países de América Latina, en términos de su organización burocrático-administrativa, los paradigmas implícitos en sus políticas y las normativas referidas al área cultural (Harvey, 1977, y García Canclini, 1987). Posteriormente, desde fines de los años ochenta, y específicamente para el caso argentino, proliferaron estudios situados que analizaron el rol de la cultura en el proceso de democratización (Wortman, 1996 y 2001), el desarrollo del campo cultural (Wortman, 2002) y de las industrias culturales (Getino, 1995), así como también la implementación de programas específicos (País Andrade, 2008; Solano, 2016; Wortman, 2017, y Raggio, 2018), entre otros focos de interés. A mediados de la década del 2000, se sumó una línea centrada en el estudio de las políticas culturales de los gobiernos municipales.

Si en aquel momento era válido el diagnóstico realizado por algunos autores (Mendes Calado, 2012, y Tasat, 2014), acerca de la vacancia de investigaciones referidas al análisis de políticas culturales a nivel local, esta situación en gran medida ha sido revertida en las últimas dos décadas, pero no ha sucedido lo mismo con el estudio acerca de las provincias. Todavía son escasos los trabajos focalizados en las áreas gubernamentales de cultura de los diferentes Estados provinciales,[3] más allá de algún examen comparativo de sus estructuras organizativas (Bayardo, 2007), y tampoco son frecuentes aquellos que abordan la articulación de diversos niveles de estatalidad a partir de casos específicos.[4] De allí que resulte relevante indagar en torno a las relaciones entre diferentes órbitas de implementación de políticas culturales, en distintas regiones y provincias del país.

En este sentido, el presente trabajo pretende ser un aporte para esa área de estudios a partir del análisis del Encuentro “Patagonia 94”, en función de dos ejes de problematización: por un lado, su significado en el marco del proceso de integración patagónica que transitaba la provincia en aquel momento, y por otro, en relación con la coordinación de políticas públicas a escalas nacional, regional, provincial y municipal que su organización demandó.

La inclusión de La Pampa en la Patagonia, como marco del Encuentro

La incorporación de La Pampa a la Patagonia venía siendo propuesta por distintos sectores políticos y sociales desde la década del sesenta, especialmente en el marco del gobierno de Ismael Amit (1963-1965), de corte desarrollista.[5] En octubre de 1985, la sanción de la Ley Nacional n° 23.272 extendió a La Pampa la aplicación de los beneficios del régimen de promoción industrial vigente para las provincias patagónicas. Pero recién en 1996 el Parlamento Patagónico, reunido en la ciudad de Santa Rosa, firmó el Tratado mediante el cual la Región Patagónica pasó a estar conformada por La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.[6]

Ya desde los sesenta, pero en especial en los once años que mediaron entre una iniciativa legislativa y otra, fue frecuente la participación de La Pampa en actividades que convocaban a las provincias patagónicas, como eventos académicos, deportivos y culturales. En parte, este proceso puede ser comprendido como estratégico en relación con las iniciativas gubernamentales tendientes a promover la integración política y económica, pero a la vez se vincula con cambios en los imaginarios sobre la identidad provincial.

En las décadas precedentes, como han señalado distintos trabajos (Maristany et al., 1997; Salomón Tarquini y Laguarda, 2012, y Salomón Tarquini, Prina y Pérez, 2016), las ideas sobre la “pampeanidad” fueron mutando radicalmente. De una imagen condensada en la “pampa gringa” del este provincial (asociada a la agricultura, los inmigrantes y un espacio geográficamente similar al de la pampa húmeda del oeste bonaerense y del sur de Córdoba y Santa Fe), las representaciones de “lo pampeano” fueron desplazándose hacia el paisaje del oeste pampeano, un espacio agreste y “adverso”,[7] habitado por poblaciones indígenas y puesteros, sede de la flora y la fauna nativas, aquejado por la falta de agua (una problemática central hasta la actualidad, en función del conflicto con Mendoza por el corte del río Atuel, surgido a fines de los años cuarenta, y profundizado en las últimas décadas). Esta imagen del oeste como sinécdoque de la “pampeanidad” –la parte por el todo– comparte elementos con los imaginarios sobre la Patagonia, analizados por autores como Navarro Floria (2002 y 2007), Susana Bandieri (2009a y 2009b) y Laura Mombello (2011), entre otros. En La Pampa, el estudio de los discursos y representaciones que instalan, en el espacio público, la idea de que la provincia “pertenece” a la Patagonia, ha comenzado a ser abordado incipientemente,[8] por lo que se espera que, en los próximos años, crezcan las publicaciones sobre esta temática.

Además de ser espacios geográficos con rasgos ambientales similares –al menos en la comparación del oeste pampeano con la Patagonia norte–, en cuanto a suelos, clima, régimen de precipitaciones, flora y fauna, entre otros rasgos, tenían también una historia con puntos en común. Ambos habían sido caracterizados por las elites modernizadoras porteñas del siglo XIX como desiertos, aunque distaban de serlo. Según Navarro Floria (2002), la noción de “desierto” respondía, más que a la ausencia de población, a la no producción de las tierras según pautas capitalistas. Mombello (2011: 45) señala que, entre fines del siglo XIX y principios del XX, este “desierto” se presentaba como “un espacio doblemente vacío, porque se trataba de un espacio geográfico al que se consideraba pobre en recursos naturales, y al mismo tiempo se lo juzgaba como un espacio vacío desde el punto de vista cultural.

Además, La Pampa compartía con las provincias patagónicas su pasado como Territorio Nacional y el “mito fundacional” (Hall, 2010) que visualizaba la “Campaña del Desierto” (la avanzada militar del Estado argentino sobre las poblaciones indígenas de la región), como ariete contra la barbarie y como cruzada en pos de la civilización y el progreso. Al mismo tiempo, en períodos más recientes y desde un punto de vista político-administrativo, la mayor parte de las jurisdicciones habían atravesado similares procesos de provincialización en la década del cincuenta.[9] Como consecuencia de ello, y más allá de sus diferencias, en los años ochenta y noventa las provincias enfrentaban desafíos parecidos en cuanto a la vida político-institucional y al desarrollo económico y social.

En ese marco debe interpretarse la amplia visibilidad y difusión que tuvo la organización del Encuentro Regional de Cultura “Patagonia 94”. En la conferencia de prensa previa, a cargo del Ministro de Cultura y Educación de La Pampa, Luis Roldán, y de la subsecretaria de Cultura, Norma Durango, la funcionaria destacó que los encuentros de ese tipo tenían como objetivo “integrar la región a través de una movilización cultural que incluya a artistas, artesanos, pensadores y trabajadores de la cultura en general, tanto de las provincias patagónicas como de reconocida actuación nacional”.[10] En el mismo sentido, el Ministro señaló la importancia del intercambio de experiencias “en las jurisdicciones que componen la Patagonia”.[11]

Unos años antes, Roldán –contador público de profesión, educador y escritor– había sido autor de La Pan-Patagonia (1989), un texto que comparaba los recursos, la población y la producción de La Pampa y de las provincias patagónicas. Esos factores eran, en su opinión, los elementos que permitirían reunirlas en una misma región. El trabajo se expuso en las Primeras jornadas de ciencias sociales patagónicas, celebradas en Río Gallegos en 1987, y fue publicado por la Cámara de Diputados de la provincia dos años después. El texto daría letra a los futuros proyectos de integración, pero además contribuyó, desde entonces, a cimentar un camino para legitimar tal unión en la opinión pública.

En tanto, en el discurso inaugural del Encuentro, Roldán afirmó que “La Pampa siempre reivindicó la Patagonia como su región de pertenencia”, y enfatizó la existencia de lazos culturales comunes en relación a las poblaciones indígenas y a una historia compartida, por haber sido parte de la “Campaña al Desierto”.[12]

La organización de “Patagonia 94” formó parte de los programas presentados desde la provincia de La Pampa, en el marco del Plan Federal de Cultura para ese año, como veremos con mayor detalle en el próximo apartado. Específicamente, integraba el lineamiento “IV- Regionalización”, que impulsaba el intercambio nacional y regional en el marco del subprograma “Tierra Adentro” de la Secretaría de Cultura nacional. Asimismo, complementaba el lineamiento “II- Integración Nacional, Regional y Latinoamericana” que, en su programa 3, preveía el “Intercambio de expresiones artísticas de la Patagonia”, proponiéndose “Reforzar el conocimiento de la producción artística de la región” mediante la organización de “Semanas regionales” y la participación en distintas actividades.[13] Otra de las acciones culturales en favor de la integración regional fue la conformación de la “Orquesta Sinfónica Juvenil de la Patagonia”, que se creó a partir de un año de trabajo colaborativo entre las jurisdicciones nacional y provincial –la iniciativa fue de la Subsecretaria Durango–, y se concretó mediante un convenio entre la Secretaría de Cultura de Nación y el Ministerio de Cultura y Educación pampeano.[14]

Simultáneamente, y más allá de estos intercambios artísticos, la Subsecretaría de Cultura comenzó a participar formalmente de los encuentros patagónicos de funcionarios del área, no sin obstáculos. Según recuerda Durango, por entonces Subsecretaria,

Los primeros encuentros patagónicos fueron muy hostiles para La Pampa. Las provincias no querían que nos integráramos, y toda la mañana era mi discusión con las otras provincias, porque ponían en el acta: “las provincias patagónicas reunidas en… y la provincia de La Pampa como invitada…” Yo, imaginate, no dejaba avanzar la reunión del consejo hasta que no cambiaran eso. Bueno, así fueron por lo menos dos o tres años, hasta que lo entendieron […]

Nuestra pertenencia a la Patagonia fue muy dura de vender […] La directiva del gobierno era respetar y hacer cumplir la ley, esto era para el área de Cultura y todas las áreas de gobierno, todos tuvimos las mismas dificultades para lograr ser aceptadas. Pero, bueno, nuestra insistencia, nuestra presencia, nuestra permanencia logró que hoy, desde lo oficial al menos, no se discuta más esta ley.[15]

No obstante las intenciones expresadas por las autoridades con respecto al intercambio patagónico,[16] la mayoría de las actividades programadas en el Encuentro “Patagonia 94” estuvieron a cargo de artistas pampeanos, de Buenos Aires o de otras regiones del país.[17] Entre los patagónicos, un informe de la Subsecretaría de Cultura[18] mencionaba la actuación de un grupo teatral de Neuquén con una obra para niños, y de otro grupo de Río Negro con teatro para adultos, una muestra de cestería de Tierra del Fuego, una banda de rock de Río Negro y un curso de percusión a cargo de un músico de Chubut, además de un concierto brindado por la Camerata Bariloche (que, más allá del nombre, en esa época ya no tenía relación con el quehacer cultural rionegrino).[19] La falta de financiamiento nacional para la movilidad de los grupos y artistas –sobre la que volveremos más adelante–, y las resistencias a la integración pampeana por parte del resto de las provincias de la región, son elementos que contribuyen a explicar esa magra presencia.

Un aspecto importante a subrayar es que el itinerario de La Pampa, en pos de su incorporación a la región patagónica –marcado por intereses económico-políticos y por una agenda propia de desarrollo–, confluyó con una serie de acciones que marcaron las políticas de la Secretaría de Cultura de la Nación durante los primeros años del menemismo, tendientes –al menos discursivamente– a la federalización, y donde las regiones cumplían un rol clave.

La coordinación de políticas públicas a escalas nacional-regional-provincial-municipal

El segundo eje de análisis propuesto en este trabajo se relaciona con la coordinación de políticas públicas entre diferentes niveles de estatalidad, para la organización del Encuentro “Patagonia 94”, y las dificultades que eso entrañó.

En primer lugar, es preciso recordar que el evento se enmarcó en las políticas de “acción federal” de la Secretaría de Cultura de la Nación. Según Mendes Calado (2004), durante la primera presidencia de Carlos Menem (1989-1995), el federalismo fue una preocupación central, que se evidenció en los planes, proyectos y documentos del área de cultura nacional[20] de tres formas distintas: “intento de abarcar con las acciones de la secretaría todo el territorio nacional, revalorización de las manifestaciones culturales regionales y descentralización del poder político” (43-44).

En el Encuentro Federal de Cultura, realizado en agosto de 1989 en Buenos Aires, se introdujo el concepto de “región cultural”, estableciéndose las siguientes: Patagonia, Cuyo, Centro, Noreste y Noroeste. La Pampa integraba la región “Patagonia”, junto a las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén y Chubut. Si tenemos en cuenta que todavía faltaban siete años para la firma del Tratado de Santa Rosa, y para el ingreso formal de la provincia a la región, este precedente se convierte en un hecho relevante para la argumentación posterior, sumándose a los pasos que –como vimos– la provincia ya había comenzado a dar –no sin resistencias– en esa dirección, aunque en este caso se trataba de una decisión administrativa de orden nacional.

En ese marco, comenzaron a desarrollarse los Encuentros de Cultura (provinciales, regionales y federales), en los que se difundían distintas manifestaciones artísticas, a la vez que eran espacios de debate de políticas culturales, a veces junto con (o más frecuentemente, a través de) una agenda de reuniones específicas, como lo era también el Consejo Federal de Cultura. Según el Plan Federal de Cultura de 1990, en los primeros 150 días de gobierno del menemismo, se produjeron 25 de estos Encuentros (Mendes Calado, 2004: 44).

En un folleto titulado “Cultura”, con el que la Secretaría de Cultura de la Nación difundió su planificación anual para 1994 a las distintas jurisdicciones del país (Imagen 1), adelantó la realización de

Cinco Nuevos Encuentros Regionales de Cultura donde se reencontrarán creadores de todas las provincias con su público, en un intercambio nacional que se profundizará con las Semanas Regionales de Cultura –verdaderas embajadas culturales de una región en otra–, el Programa Tierra Adentro, que movilizará a pequeños y medianos municipios.[21]

En tanto, en un aviso publicitario publicado por el organismo nacional a página completa en El Diario de La Pampa (Imagen 2), se destacaba el despliegue regional del Encuentro “Patagonia 94”, detallando el listado de las localidades participantes en cada una de las provincias, la cantidad de actividades y artistas en escena –aunque solo se nombraba a los de mayor reconocimiento, en su mayoría no patagónicos– y la diversidad de disciplinas participantes. La región era caracterizada como “La Tierra Prometida”, una denominación a la que el organismo nacional recurrió en otras oportunidades en ese período.

Imagen 1 (izq.): Folleto de la Secretaría de Cultura de la Nación promocionando las líneas de acción previstas para 1994. Imagen 2 (der.): Anuncio de la Secretaría de Cultura de la Nación, publicado el 20/04/1994 en El Diario de La Pampa, p. 9. Fuente: Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.

La idea de federalismo sostenida desde el gobierno menemista apuntaba a otorgar a las provincias mayor participación en los espacios y organismos vinculados a las políticas culturales nacionales. Sin embargo, en su análisis sobre la Secretaría de Cultura de la Nación en esa etapa, Mendes Calado (2015) da cuenta de las pujas que se venían registrando en distintos encuentros y documentos por parte de las provincias, en función de concentrar mayor poder en el proceso de descentralización: “la sensación que deja la lectura del Plan Federal de 1990 en relación al problema de la federalización es el de corresponder no a un gobierno central con vocación de justicia para con todo el territorio, sino el de un gobierno nacional de las Provincias” (Mendes Calado, 2015: 136).

En el caso de La Pampa, como ya hemos analizado (Laguarda, 2021), se produjeron importantes tensiones con la jurisdicción central. Por ejemplo, en una reunión del Consejo Federal de Cultura, realizada unos meses después del Encuentro “Patagonia 94” en la ciudad de Buenos Aires, la Subsecretaria Durango criticó a la Secretaría de Cultura nacional, por entonces a cargo de Mario “Pacho” O’Donnell (habían pasado tres Secretarios en un lapso de seis meses), dando a entender que en la práctica existía un corrimiento del rol del Estado nacional en la gestión de políticas públicas, bajo la pantalla del federalismo:

Usted, que es un hombre de la cultura, que viene con experiencia previa, sabrá, señor O’Donnell, que las provincias seguiremos funcionando lo mismo con o sin organización y ayuda de la Secretaría de Cultura de la Nación. Tanto, que podríamos decir que Nación ha sido profundamente descentralizadora y pido a mis colegas que no se asombren, pero debo decirlo así, si entendemos que el régimen que hemos tenido que aplicar a la fuerza ha sido fortalecernos regionalmente (por lo menos la Patagonia así lo ha hecho), con total autonomía por no tener ninguna línea de acción, sin apoyo nacional y a expensas de nuestros propios recursos y criterios.[22]

Casi treinta años más tarde, Durango mantiene su mirada crítica hacia aquel período de la gestión cultural nacional, especialmente en cuanto a su indiferencia hacia las necesidades de las provincias:

La valoración de la Secretaría de Cultura de Nación en aquella época, mi valoración, no es buena. Hubo épocas mejores y otras en las que solo se financiaban asistencias técnicas y nada más. Yo era conocida porque tenía un texto que a cada secretario de Cultura que ascendía se lo leía, y le decía “mire, esto yo se lo leí a tal, se lo leí a tal, se lo leí a tal, y todavía no tenemos respuesta”.[23]

La falta de financiamiento específico desde Nación hacía que, en la práctica, las políticas de federalización y regionalización se ejecutaran según la buena voluntad y los intereses de los propios Estados provinciales. Y en el caso de la integración de La Pampa a la Patagonia, según señalamos antes, el interés en aquel momento era más bien unilateral, como se advierte en el escaso número de artistas patagónicos que participaron del Encuentro de 1994. Durango afirma que Nación solo financiaba los pasajes para la asistencia de funcionarios provinciales a las reuniones regionales y nacionales, para la definición de políticas conjuntas, inherentes al funcionamiento del Consejo Federal de Cultura, mientras que cada provincia se hacía cargo de los viáticos. No recuerda que se enviaran fondos para el financiamiento de artistas, excepto para quienes a veces concurrían a las salas de Santa Rosa y General Pico, en el marco de la programación de los teatros nacionales. Los intercambios, por lo general, salían de los presupuestos de cada provincia, como por ejemplo se advierte en los lineamientos de la política cultural pampeana enmarcada en el Plan Federal de Cultura 1994, en donde se dispuso que, en el marco del programa “3. Intercambio de expresiones artísticas de la Patagonia”, se financiarían honorarios y pasajes a “intérpretes de La Pampa” para que difundieran su producción en la región.[24]

Descentralización provincial y articulación con los municipios

En cuanto al ámbito interno de la provincia, es necesario tener en cuenta que la organización del Encuentro “Patagonia 94” se inscribió en el mencionado proceso de reorganización y jerarquización del área cultural, en el organigrama del Estado pampeano, que buscó articular sus políticas con las de los municipios, también en el marco de un plan de descentralización propio.[25] Para ello, estimuló la formación de comisiones municipales de cultura, integradas por referentes de distintas agrupaciones e instituciones locales, y puso en marcha el Consejo Provincial de Cultura como espacio de coordinación inter-jurisdiccional (Laguarda, 2021).

La organización del Encuentro “Patagonia 94” fue justamente uno de los temas debatidos en el Consejo,[26] en donde estaban representadas las distintas localidades pampeanas. En el informe de gestión de la Subsecretaría de Cultura, correspondiente a 1994, se consignó lo siguiente en cuanto a las actividades de ese organismo, entre el 15 de abril y el 7 de mayo:

Se desarrolla el Encuentro de Cultura “Patagonia 94”. Se coordinan actividades con las Comisiones y Direcciones de Cultura de Santa Rosa, General Pico, General Acha, Intendente Alvear, Victorica, 25 de Mayo, Macachín Miguel Riglos, Toay, Eduardo Castex, Realicó, Alpachiri, Ingeniero Luiggi, Winifreda, Colonia Barón, Doblas, Guatraché y Bernasconi (Ver anexo Area Espectáculos).

En el marco de esta fiesta de la Patagonia, se inauguró la Casa de la Cultura en Winifreda.[27]

En el anexo mencionado en la fuente, se agregaba que la organización del Encuentro había correspondido, además de la Secretaría nacional y la Subsecretaría provincial, a “las Comisiones Municipales de Cultura de algunas localidades pampeanas”.[28] No obstante, esta “organización conjunta”, repetidamente enfatizada, en la práctica revelaba omisiones y desajustes.

Algunos indicios para argumentarlo pueden rastrearse a través del análisis de la prensa gráfica pampeana. Cabe destacar que el Encuentro tuvo una amplia cobertura en los medios de comunicación provinciales, con conferencias de prensa de las que participaron los artistas invitados, en especial los procedentes de Buenos Aires, y artículos publicados antes y después de cada actividad, tanto en las secciones centrales de los principales diarios (La Arena y La Reforma, respectivamente en las imágenes 3 y 4), como en las correspondientes a las noticias del interior provincial, además de difundirse en otros semanarios y periódicos de alcance local.

Imagen 3 (izq.): “Encuentro Regional ‘Patagonia ‘94’: Comenzó en Santa Rosa la ‘movida’ cultural”, La Arena, sábado 16 de abril de 1994: 14. Imagen 4 (der.): “Inauguración de ‘Patagonia ’94’: Mañana, en el Teatro Español, con Osvaldo Piro y Ensamble Nueve”, La Reforma, 14/04/1994. Fuente: Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.

Un aspecto interesante de la cobertura periodística del Encuentro se vincula con el desarrollo de cada actividad en las distintas comunidades, a través de notas enviadas a los diarios desde las corresponsalías locales. El seguimiento de las publicaciones permite advertir que, en los primeros días, se presentaba la información de modo tal que quedaba en un segundo o tercer plano la inscripción de lo informado en el marco del Encuentro Patagónico.[29] Idéntica circunstancia se advertía en la cobertura de conferencias de prensa en las localidades y en las gacetillas enviadas a las corresponsalías desde los municipios: el foco estaba puesto en la organización local, y se minimizaba la coordinación provincial y el programa nacional en el que se enmarcaba.[30] Sin embargo, a partir de la segunda semana de desarrollo de las actividades, comenzó a advertirse un cambio, y gran parte de la información procedente de las localidades pasó a remarcar el papel de la Secretaría de Nación y de la Subsecretaría provincial en la organización, especialmente en el caso del diario La Reforma,[31] por lo que es probable que se haya producido alguna indicación o precisión desde la órbita provincial acerca de la forma de comunicar. De hecho, era una práctica habitual de la Subsecretaría de Cultura realizar un seguimiento de qué y cómo se informaba en los distintos medios de prensa sobre las acciones del área, para lo cual confeccionaba mensualmente un cuaderno de recortes de artículos. En el cuaderno de abril de 1994, de un total de 338 publicaciones registradas, 150 corresponden al Encuentro “Patagonia 94”, lo que da cuenta de la relevancia y despliegue de la cobertura periodística y de la atención prestada a ésta desde la propia Subsecretaría.[32]

Pese a las dificultades marcadas, el hecho de que la organización del Encuentro se haya definido en el ámbito del Consejo Provincial de Cultura revela la existencia de canales institucionalizados de comunicación y de coordinación de tareas entre provincia y municipios. Así lo consideró también la Subsecretaria Durango en una entrevista que le realizó el diario La Reforma en la segunda semana del Encuentro: “el Patagonia ’94 ha sido una prueba de fuego que no hubiéramos podido hacer años anteriores, sin la comunicación y modelo de trabajo no solo de los municipios, sino de las entidades intermedias”.[33] No obstante, el informe de gestión de la Subsecretaría de 1994 también aclaraba, con respecto al funcionamiento del Consejo, que ese año su actividad se había desarrollado “de manera asistemática, respondiendo a la demanda y coordinando acciones con cada una de las áreas de esta Subsecretaría”.[34]

Tamayo Sáez (1997) advierte que las políticas públicas surgen como resultado de un proceso que muchas veces no responde a un intento deliberado de formulación por parte del Estado, para intervenir en el territorio y dar solución a problemas existentes, ni siguen en forma lineal las distintas fases de su ciclo de implementación, sino que se dan en el marco de un proceso social y político, con actores e intereses diversos, que configuran un campo en disputa permanente.

En el caso analizado, si bien la relación entre provincia y municipios sí se enmarcó en un plan deliberado de reorganización de la actividad cultural, aun así revela disputas e intereses divergentes. En este sentido, la ex Subsecretaria Durango, al revisar el funcionamiento del Consejo Provincial de Cultura en retrospectiva, considera que su puesta en marcha “no fue fácil, porque a algunos intendentes no les interesaba para nada esta área, y mucho menos impulsar la organización comunitaria. A muchos le interesaban obras, asfalto, cordón cuneta, pero no les interesaba el área de cultura”.[35] Esas tensiones se expresaban en la práctica no solo obstaculizando la articulación con las comunidades que no se integraban, o que se integraban parcialmente al organismo, sino también en la falta de colaboración para la organización, convocatoria y difusión de actividades específicas en dichas localidades.

Un modelo de gestión cultural

Además de los apoyos oficiales (parciales) de nación, provincias y municipios, el Encuentro “Patagonia 94” contó también con colaboraciones económicas de una serie de organizaciones estatales, no gubernamentales y de empresas.[36] Este modelo de implementación de políticas públicas, que daba cabida a organismos de carácter privado, contaba con el beneplácito del gobierno nacional, en un contexto de reducción del Estado y aplicación de recetas económicas neoliberales, que también impactaba en el ámbito de la cultura.[37] El Secretario Castiñeira de Dios lo manifestó de forma explícita en la inauguración del Encuentro:

Estos encuentros regionales de cultura no quieren agotar toda la problemática artística y cultural del país […], pero quieren ser el modelo de la manera en que todos los protagonistas de la actividad cultural, los oficiales y privados, deberíamos asociarnos para constituir circuitos culturales que se multipliquen en todo el país.[38]

Por otra parte, y en referencia a la articulación entre nación y provincias, el Secretario consideró que el modelo regional no debía restringirse solo a las tres semanas que duraban los encuentros, sino extenderse a todo el año. Asimismo, defendió el trabajo conjunto en la elaboración del Plan Federal de Cultura, como “síntesis de los programas de las provincias coordinados con el programa de la nación […]. Ninguna de las acciones que se hacen entre la nación y las provincias son fruto del azar o las circunstancias, sino que responde a una planificación nacional”.[39]

Como indicaron Oscar Oszlak y Guillermo O’Donnell, en un trabajo clásico publicado por primera vez en 1981, las políticas públicas no constituyen ni un acto reflejo ni una respuesta aislada desde una sola área u organismo estatal frente a un tema determinado, sino más bien “un conjunto de iniciativas y respuestas, manifiestas o implícitas, que observadas en un momento histórico y en un contexto determinados permiten inferir la posición –agregaríamos, predominante– del Estado frente a una cuestión que atañe a sectores significativos de la sociedad” (Oszlak y O’Donnell, 1995: 113). Pero al mismo tiempo, según los autores, tal posición no es homogénea entre las diversas unidades y aparatos estatales que intervienen potencial y materialmente en su fijación, por lo que “las predisposiciones o decisiones de las diversas instancias intervinientes resultarán a menudo inconsistentes o conflictivas entre sí” (113).

En este caso, las visiones sobre la implementación de las políticas de federalización y de regionalización eran bastante diferentes, según se enfocaran desde la óptica de la Nación o de las provincias, ya que estas últimas resentían el corrimiento del Estado nacional en el financiamiento de las acciones planificadas.

Reflexiones finales

A partir de lo analizado en este capítulo, podemos señalar, en primer lugar, que la participación de la provincia de La Pampa como coorganizadora del Encuentro Regional “Patagonia 94” (visible a través del convenio suscripto con la Secretaría de Cultura nacional, y por la presencia de su titular en la inauguración), representó un hecho simbólico importante para legitimar, en la opinión pública, la integración pampeano-patagónica, aun antes de la firma formal del Tratado de la Región Patagónica. Su concreción en el terreno político y económico estaba en ciernes, mientras que, en el plano cultural y discursivo, se asentaba en una historia compartida, así como en tramas comunes entre los imaginarios patagónicos y aquellos vinculados a la “pampeanidad”. La amplia difusión pública –en especial, en materiales distribuidos a la prensa por parte de la Nación y la provincia–, y la cobertura periodística de todas las actividades, permiten abonar esta hipótesis.

No obstante, y a pesar de la referencia a la Patagonia en la denominación del Encuentro, la participación de artistas de otras provincias de la región fue baja, en comparación con los pampeanos, los de Buenos Aires y los del resto del país. La incorporación de La Pampa a la región era un proceso que encontraba resistencia en las demás provincias patagónicas, tanto en referencia a las “regiones culturales” definidas desde 1989, como a las conversaciones y acciones que se venían dando en la órbita política, y que derivarían en la firma del Tratado en 1996.

Como vimos, los Encuentros Culturales respondían a una política de federalización de la Secretaría de Cultura de la Nación, plasmada en el Plan Federal de Cultura de 1990 –entre otros documentos–, que pretendía incrementar la participación de las provincias en los organismos nacionales y en las actividades, pero que en la práctica era percibida como un corrimiento del Estado nacional en el sostenimiento de acciones y programas, en un contexto neoliberal que también sometía a la cultura a criterios de ajuste. Y aunque unos meses después la Subsecretaria Durango haría oír fuertes críticas sobre la falta de apoyo del gobierno nacional, bajo la pantalla de la descentralización, lo cierto es que la organización del Encuentro en La Pampa tuvo un gran despliegue. No obstante, ello debe ser entendido en función de lo señalado en las páginas precedentes. En este sentido, entendemos que el Encuentro sirvió más para apuntalar la apuesta de una construcción regional, y para fortalecer un modelo de funcionamiento de la administración cultural provincial, que para sustentar una política nacional.

Con respecto a este último elemento, la participación de casi una veintena de localidades pampeanas como sedes debe interpretarse en el marco del proyecto “Propuestas para la participación organizada de la comunidad”, iniciado en 1989, que estimuló la creación de comisiones y áreas de cultura locales y la articulación provincia-municipios en el ámbito del Consejo Provincial de Cultura. A través de ese organismo, la Secretaría de Cultura provincial delegó en cada municipio –con la colaboración de organizaciones de la sociedad civil– la logística de las actividades programadas a nivel local, lo que en ocasiones invisibilizó la red compleja de una política cultural articulada entre cuatro niveles de estatalidad, especialmente al anunciar a la prensa los espectáculos en la localidad.

En definitiva, el estudio de la organización del Encuentro Regional de Cultura “Patagonia 94”, en la provincia de La Pampa, permitió correlacionar distintas escalas de análisis, a nivel nacional, regional, provincial y municipal. Ampliamos el foco para entender esta acción puntual en el marco de una política nacional de federalización, defendida desde la órbita de la Secretaría de Cultura de Nación como un modelo de trabajo a expandir y sistematizar, pero que, en la práctica, implicaba el retiro del Estado de áreas clave en la vida social y cultural, trasladando responsabilidades a las provincias, insertas en regiones, pero sin acompañar ese proceso con un financiamiento acorde.

No obstante, al reducir la escala, pudimos advertir que la implementación de políticas públicas, en los territorios concretos, persigue también objetivos propios y se inserta en tramas sociales, culturales y políticas que establecen lógicas diferentes y, en ocasiones, contradictorias.

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  1. Una versión preliminar y más acotada de este trabajo fue presentada con el título de “El Encuentro ‘Patagonia 94’ en La Pampa: coordinación de política cultural entre municipios, provincia, región y nación”, en las IX Jornadas de investigación en Humanidades, realizadas en diciembre de 2022 en la Universidad Nacional del Sur (mimeo).
  2. Se trató del proyecto “Propuestas para la participación organizada de la comunidad”, implementado por el Estado provincial pampeano en el período 1989-1995, que puso en marcha el Consejo Provincial de Cultura, y que promovió la creación de comisiones y casas de cultura municipales.
  3. Una excepción es la tesis doctoral de María Ytatí Valle (2017), que aborda las políticas culturales de la provincia de Río Negro entre 1973-1983.
  4. La compilación de Prato y Segura (2018), por ejemplo, analiza la relación Estado-sociedad civil, a partir de diversos procesos recientes de aprobación e implementación de leyes nacionales (como las de servicios de comunicación audiovisual, del libro, de danza, de música, de teatro comunitario o la Ley Federal de Culturas), que promovieron articulaciones entre colectivos culturales autogestivos de base territorial y los distintos niveles del Estado. Algunos de los capítulos de ese libro se centran en el estudio de esos procesos en ciudades como Córdoba y Mendoza, y en municipios más pequeños. Por su parte, Cardini (2015) ha analizado las políticas culturales en Rosario, articulando con el nivel provincial y nacional.
  5. Por ejemplo, a partir de 1964 La Pampa comenzó a participar de las Conferencias de Gobernadores Patagónicos, para analizar temas vinculados con la producción y el desarrollo económico y político de la región, que continuaron en las décadas siguientes.
  6. Ley Provincial nº 1702 (4 de octubre de 1996): “Aprobación del Tratado Fundacional de la Región de la Patagonia”. Boletín Oficial de La Pampa, vol. XLIII, 2182, Archivo Histórico Provincial de La Pampa (AHP).
  7. Maristany et al. (1997) caracterizan el imaginario construido en torno al oeste pampeano, especialmente en la literatura, como “una cultura de la adversidad”.
  8. Cristina Colombatti se encuentra trabajando sobre este tema, en su proyecto de tesis de Maestría en Estudios Sociales y Culturales, delineado en una versión preliminar como trabajo final del seminario de tesis (Colombatti, 2018, mimeo).
  9. La Pampa dejó de ser Territorio Nacional mediante la Ley Nacional n° 14.037 en 1951. Neuquén, Río Negro y Chubut se convirtieron en provincias en 1955, mediante la Ley Nacional n° 14.408 y el Decreto n° 11.429 del mismo año, que fijó su denominación, en tanto Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur quedaron englobadas transitoriamente en esa norma como “Provincia Patagonia”, hasta que en 1956 Santa Cruz se conformó con su nombre y delimitación actuales, mediante el Decreto-Ley n° 21.178. En el caso de Tierra del Fuego, continuó como Territorio Nacional hasta 1990, cuando se promulgó la Ley n° 23.775. Sobre el proceso de transición de Territorios Nacionales a provincias en la Patagonia y sus contratiempos, puede consultarse el trabajo de Ruffini y Blacha (2013).
  10. “Vendrán Víctor Heredia y Juan Carlos Baglietto: El viernes comenzará el ‘Patagonia ‘94’”, La Arena, miércoles 13 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. Archivo de la Secretaría de Cultura de La Pampa (ASC).
  11. “En La Pampa: ‘Encuentro Cultural Patagonia ‘94”, Semanario Región, 15 al 21 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  12. “Inauguraron ayer en Santa Rosa el Encuentro Regional ‘Patagonia ‘94’: ‘Buscamos crear espacios culturales en todo el país’, dijo Castiñeira de Dios”, La Reforma, sábado 16 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  13. Por ejemplo, a través de la realización de un “estudio integral de la poesía patagónica”, la asistencia a un encuentro de escritores en Puerto Madryn, la participación del salón nacional de pintura y escultura en Río Negro, y del de arte textil en Neuquén, así como también de una exposición regional en Buenos Aires. “Programas para el Plan Federal de Cultura 1994”. Form. n° 85.049/0 – 1.500 – VI-93. En carpeta con papeles varios período 1995-2001. ASC.
  14. El acuerdo fue suscripto durante la visita realizada a La Pampa por el secretario Castiñeira de Dios, por la inauguración del Encuentro, en donde también firmó otro convenio con el entonces gobernador Rubén Marín, para la propia realización de esa actividad. Ver Pomerantz, S. “Orquesta Sinfónica Juvenil de la Patagonia: Castiñeira de Dios firmó ayer el convenio con la provincia”, El Diario de La Pampa, viernes 15 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  15. Norma Durango, entrevista telefónica. 28 de diciembre de 2023.
  16. Además de lo ya señalado sobre los funcionarios provinciales, en el acto de apertura de este Encuentro, el Secretario de Cultura nacional también destacó la importancia de ese tipo de iniciativas para promover la integración regional y el desarrollo cultural, a la vez que para propiciar “el arraigo de los jóvenes en sus comunidades”. “Inauguraron ayer en Santa Rosa el Encuentro Regional ‘Patagonia ‘94’: ‘Buscamos crear espacios culturales en todo el país’, dijo Castiñeira de Dios”, La Reforma, sábado 16 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  17. Por ejemplo, en la muestra “Huachi-Coya-Pampa”, inaugurada en General Pico en la primera jornada del Encuentro, se exhibieron piezas artesanales de cerámica, madera y hueso, procedentes en su mayoría del norte del país, a través del Mercado Nacional de Artesanías Argentinas. “Artesanías argentinas de gran calidad en la muestra regional ‘Patagonia ‘94’”, La Reforma, sábado 16 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  18. Subsecretaría de Cultura de La Pampa (1994). Todos los días, un poco… Imprenta del Ministerio de Cultura y Educación, Gobierno de La Pampa, s/p.
  19. Este importante conjunto de música de cámara había surgido en 1967 en Bariloche, en el marco de campings de perfeccionamiento musical que se realizaban, en esa ciudad del sur del país, para músicos procedentes en su mayoría de Buenos Aires, financiados e impulsados por la Fundación Bariloche. Pero para la época de realización del Encuentro “Patagonia 94”, la Camerata desarrollaba una carrera con proyección internacional, más allá de la Fundación. Ver http://cameratabariloche.com.ar/ y https://fundacionbariloche.org.ar/.
  20. Entre otros documentos, para ese período el autor analiza el Plan Federal de Cultura 1990, el Plan Nacional 1994, las Memorias de la Secretaría de Cultura de 1992 y 1994, y los mensajes presidenciales ante el Congreso Nacional (1989, 1990, 1991, 1992, 1995).
  21. “Cultura”. Folleto de la Secretaría de Cultura de Nación. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  22. La cultura en La Pampa. Subsecretaría de Cultura de La Pampa (1995: 106).
  23. Norma Durango, entrevista telefónica. 28 de diciembre de 2023.
  24. Específicamente, se detallaba que el financiamiento sería para “un elenco teatral, un cuerpo de danzas folklóricas, un grupo de rock, un pintor, un escritor”. “Programas para el Plan Federal de Cultura 1994”. Form. n° 85.049/0 – 1.500 – VI-93. En carpeta con papeles varios periodos 1995-2001. ASC.
  25. Desde 1989, la flamante Subsecretaría de Cultura provincial (hasta 1987, el área había sido una Dirección) puso en marcha el proyecto “Propuestas para la participación organizada de la comunidad”, que se extendió hasta 1995. Basándose en un diagnóstico participativo, el organismo estatal buscó integrar las diferentes localidades de La Pampa en el diseño y la ejecución de un proyecto político-cultural con base territorial. Sobre el tema, ver Laguarda (2021).
  26. Subsecretaría de Cultura de La Pampa (1994). Todos los días, un poco…, Imprenta del Ministerio de Cultura y Educación, Gobierno de La Pampa, s/p.
  27. Subsecretaría de Cultura de La Pampa (1994). Todos los días, un poco…, Imprenta del Ministerio de Cultura y Educación, Gobierno de La Pampa, s/p.
  28. Subsecretaría de Cultura de La Pampa (1994). Todos los días, un poco…, Imprenta del Ministerio de Cultura y Educación, Gobierno de La Pampa, s/p.
  29. Por ejemplo, en la nota que anunciaba el recital de “Los Chasquis” en Realicó, suscripta por la corresponsalía del El Diario de La Pampa en esa localidad, el Encuentro recién era mencionado en el tercer párrafo, mientras que en el primero se destacaba la organización local del Realicó Ballet y de la cooperadora del hospital Virgilio Tedín Uriburu, “con el fin de recaudar fondos para la adquisición de un grupo electrógeno para el nosocomio”. “Realicó: ‘Los Chasquis’, a beneficio”, El Diario de La Pampa, jueves 14 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  30. Un caso extremo fue el anuncio de la “Fiesta de la Manzana” desde la corresponsalía de 25 de Mayo de El Diario, donde el encuadre de las actuaciones artísticas de Suna Rocha y Los Carabajal como parte de la programación del Encuentro, ni siquiera fue mencionado.“25 de Mayo: Comienza mañana la Fiesta de la Manzana”. El Diario de La Pampa, jueves 14 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  31. En el anuncio del recital de Víctor Heredia en General Pico, por ejemplo, la nota del diario La Reforma de esa ciudad publicaba una gacetilla de la Dirección Municipal de Cultura que, en el segundo párrafo, indicaba: “Gracias al convenio, suscripto por la Secretaría de Cultura de la Nación; la Subsecretaría de Cultura y Educación [sic] de la provincia; y municipalidades de distintas localidades pampeanas, que han dado vida al ‘Encuentro Regional de Cultura -Patagonia 94’ […] una de las grandes figuras de nuestro cancionero: Víctor Heredia, se presentará en General Pico”. “Dirección de Cultura y Educación: Recital de Víctor Heredia”, La Reforma, sábado 22 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  32. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  33. “Patagonia ’94: Una movida cultural que perdurará en el tiempo”, La Reforma, miércoles 27 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  34. Subsecretaría de Cultura de La Pampa (1994). Todos los días, un poco…, Imprenta del Ministerio de Cultura y Educación, Gobierno de La Pampa, s/p.
  35. Norma Durango, entrevista telefónica. 28 de diciembre de 2023.
  36. Por ejemplo, realizaron aportes el Banco de La Pampa, el Instituto de Seguridad Social de la provincia, la Compañía de seguros Ibero Platense, el Banco Local Cooperativo, la Asociación Amigos de la Música (ADELMA), y la Liga Pampeana de Ayuda al Diabético (LIPADI). “Vendrán Víctor Heredia y Juan Carlos Baglietto: El viernes comenzará el ‘Patagonia ‘94’”, La Arena, miércoles 13 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  37. A principios de la década del noventa, en el ámbito nacional se iniciaba un proceso de reducción del Estado durante la primera Presidencia de Carlos Menem (1989-1995), a la par que el pensamiento neoliberal se expandía en América Latina, dando lugar a una nueva configuración cultural (Grimson, 2014). Se desarrollaron procesos de privatización de empresas públicas, tercerización de servicios y limitación de ingresos a la planta estatal, al mismo tiempo que el Estado reducía sus funciones y dejaba en manos del mercado áreas clave de la salud, la educación y las políticas sociales y culturales. Se produjo asimismo una profunda modificación de los consumos culturales, influenciada por la globalización, y se avanzó en la determinación de la cultura por la economía (Wortman, 1997).
  38. “Encuentro Regional ‘Patagonia ‘94’: Comenzó en Santa Rosa la ‘movida’ cultural”, La Arena, sábado 16 de abril de 1994: 14. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.
  39. Pomerantz, S. “Orquesta Sinfónica Juvenil de la Patagonia: Castiñeira de Dios firmó ayer el convenio con la provincia”, El Diario de La Pampa, viernes 15 de abril de 1994. Carpeta rotulada como “Subsecretaría de Cultura. Prensa. Año: 1994. Meses: abril”, sin foliar. ASC.


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