La propuesta para la asimilación
de la alteridad indígena chaqueña
por parte de Enrique Lynch Arribálzaga
Ernesto Dimas García
Este capítulo se centra en las representaciones de la alteridad indígena chaqueña que pueden encontrarse en el Informe sobre la Reducción de Indios de Napalpí elevado a la Dirección General (1914) de Enrique Lynch Arribálzaga. Especialmente el trabajo observa la manera en que Lynch Arribálzaga, primer director de la Reducción de Indios de Napalpí, defiende una política que busca la integración de los indígenas chaqueños, en un “proyecto civilizatorio”, por medio del trabajo y de la educación, desde una mirada paternalista que se constituye en torno a las prácticas de tutelaje y vigilancia, como contrapuestas al exterminio. En esta dirección, este texto se pregunta qué particularidades tiene la intervención del autor en el conjunto de los discursos integracionistas de la época, y en qué sentido puede relacionarse con otras concepciones que intervienen en la discusión sobre el lugar de los pueblos indígenas en América.
Introducción
Luego de la autodenominada “Conquista del Desierto”, comandada por Julio A. Roca en la Pampa y la Patagonia en 1879, desde 1884 los esfuerzos militares del Estado argentino se dirigen a la planificación y ejecución de campañas militares en el Chaco Austral y Central. Entre 1884 y 1917, se mantiene en esta región la presencia de fuerzas militares regulares, desplegando campañas que expulsan a los pueblos indígenas de sus territorios. La política que se sigue con los indígenas chaqueños se diferencia respecto de la que se lleva a cabo en otras zonas del país como el NOA o la Patagonia. En el NOA, tanto el prestigio simbólico que se les atribuye a los pueblos indígenas de la región[1] (por considerarlos descendientes de los tiahuanacotas y/o de los incas), como la experiencia colonial de convivialidad con la sociedad hispanoeuropea, determinaron que el Estado argentino llevara a cabo una política represiva ante los conflictos, pero sin recurrir a campañas de exterminio ni a la reclusión forzosa de esas poblaciones. En la Patagonia, como muestra Mases (2002), la estrategia posterior a las campañas militares consistió en separar a las familias y trasladar a los indígenas a otras zonas del país, para utilizarlos como mano de obra, asesinando o encarcelando a sus jefes.
En el caso del Chaco, parte de la clase dominante regional advierte tempranamente la importancia “económica” del indígena en tanto mano de obra barata, lo cual redefine el “problema indígena” como la dificultad para “civilizar” a estas poblaciones, eufemismo que expresa la voluntad de disciplinarlas e integrarlas en los emprendimientos productivos, en condiciones de explotación.[2] En este contexto, reaparece la disputa por el tipo de estrategia más conveniente para lograr ese fin, emergiendo nuevamente las misiones religiosas como propuesta, las cuales compiten con las colonias militares y con la alternativa que postula Enrique Lynch Arribálzaga,[3] de reducciones civiles.
Las reducciones son espacios de concentración de indígenas, en donde éstos deben trabajar de acuerdo a lo establecido por la administración, la cual les emite un crédito para la compra de víveres, útiles o ropa en sus almacenes, y al final de la cosecha, les descuenta de su salario lo adelantado. Los indígenas deben vivir dentro de la reducción, requiriendo de un salvoconducto para poder circular fuera de ella, y sus deberes se encuentran detalladamente fijados. La administración de las reducciones determina el tipo de trabajo que realizan los indígenas, así como su pago y la venta de la producción.
Algunos autores y autoras (como Musante, Papazian y Pérez, 2014) consideran las reducciones como tecnologías de disciplinamiento que se inscriben dentro de un arco más amplio de prácticas sociales genocidas, aplicadas contra los pueblos indígenas por parte del Estado argentino, las cuales comienzan con las campañas de exterminio y continúan con la reclusión y explotación de los indígenas.
En este sentido, en 2022 el Poder Judicial de la Nación reconoce que el Estado argentino es culpable del delito de “genocidio” por los acontecimientos producidos en la Masacre de Napalpí, ocurrida en la reducción homónima en julio de 1924, cuando la policía del Chaco, la Gendarmería Nacional y civiles armados asesinan a más de 500 indígenas Qom y Moqoit, entre ellos niñas y niños, mujeres embarazadas, varones, ancianos y ancianas.[4][5]
En este contexto, nos parece importante examinar la figura de Lynch Arribálzaga, fundador de la Reducción de Napalpí en 1911,[6] y delegado del Ministerio del Interior para las reducciones laicas del Chaco y Formosa desde 1911 hasta su renuncia, en 1917.[7] Nos interesa preguntarnos cuál es la particularidad que aporta la mirada de este autor en el debate acerca de la “cuestión indígena”. ¿Cómo puede entenderse que una institución, creada a partir de una propuesta paternalista como la de Lynch Arribálzaga, sea la misma que da lugar a la sangrienta masacre de 1924? ¿Con qué otras experiencias de concentración indígena se referencia el autor, y de qué manera las pone a jugar en función de su propia propuesta? ¿Qué tensiones o ambigüedades encierra ese modelo, y sobre qué concepción de pueblos indígenas descansa?
Napalpí, primera reducción civil de indígenas
En 1914 Lynch Arribálzaga envía al Ministerio del Interior su primer Informe sobre la Reducción de Indios de Napalpí, objeto principal de nuestro trabajo,[8] en donde, además de detallar la situación presente en la reducción, realiza observaciones y comentarios sobre las características de los pueblos indígenas, y compara los planes aplicados para “resolver” el “problema indígena” en Argentina con los utilizados en Estados Unidos, Brasil y Canadá.[9] El autor expresa que, entre su iniciativa de fundar la Sociedad Protectora de Indios (SPI) en 1907, y su nombramiento como delegado de las reducciones civiles en 1911, existe una mancomunidad de fines, ya que la SPI, en sus estatutos, se había propuesto
… atraer, amparar y civilizar a los indígenas de la República Argentina que se hallen aún en estado salvaje o de tribu’. Es decir, que no se refería precisamente a la raza, sino a su estado social […] el problema no consiste en formar una clase separada de los aborígenes, con prescindencia de su organización y su género de vida, sino de incorporar a la masa civilizada del país […] los indios que aún existen agrupados en distintos clanes, con su idioma, sus costumbres e instituciones propias (Lynch Arribálzaga, 1914: 39; bastardilla en el original).
Esta incorporación de los indígenas, al conjunto que Lynch Arribálzaga representa como “la masa civilizada del país”, solo es posible “por medio de la educación y el trabajo”, ya que hacerlo por la fuerza “no sólo es inhumano, sino impracticable” (39). En este sentido, el programa que Lynch Arribálzaga elabora para la reducción de Napalpí reviste características claramente paternalistas, ubicando al autor como un mediador privilegiado entre la cultura civilizada, urbana y científica, y la otredad indígena “salvaje”, a la vez que se presenta como un discurso que busca conferir legitimidad para dirigir un proceso gradual de “civilización” de estos pueblos, entendido fundamentalmente como el cambio de sus costumbres, aunque en los estatutos de la “Sociedad Protectora de Indios” se hable de incorporarlos a la masa civilizada “con su idioma, sus costumbres e instituciones propias”.
La alternativa defendida por el autor interviene en un debate de larga data sobre las posibles “soluciones” al “problema indígena”, que a finales del siglo XIX y comienzos del XX se reelabora como la pregunta acerca de qué hacer con los indios “mansos”.[10] El reconocimiento de la importancia económica de la mano de obra indígena para el desarrollo del Chaco hace cada vez más atractiva la alternativa “pacífica” frente a la del “exterminio”, sin que esta última posición desaparezca completamente, dado que es reactivada cada vez que ocurre algún tipo de reclamo indígena. Asimismo, como afirma Giordano (2003), desde 1911, con la finalización de la campaña militar comandada por Enrique Rostagno, se produce la desaparición paulatina del “discurso de la guerra”, y su reemplazo por el “discurso de la integración” (Giordano, 2003: 4).
Lynch Arribálzaga polemiza con quienes sostienen que la única solución para el problema indígena es la aniquilación. Estos sectores, “para apoyar sus criminales consejos invocan a menudo el ejemplo que nos han dado los Estados Unidos, según ellos, al exterminar a todos los naturales de su territorio” (1914: 28). Sin embargo, el autor busca invertir el sentido que se le atribuye a la experiencia de Estados Unidos, para convertirla en un apoyo a su propuesta de reducción pacífica,[11] afirmando que quienes relacionan este país con el exterminio de los indígenas cometen un grave error, ya que “el gobierno americano se preocupa seriamente de mejorar su condición económica, educarlos y civilizarlos, no de sacrificarlos” (1914: 29-30). El caso estadounidense es motivo de estudio, tanto por sus “buenas intenciones” como por los errores que derivan de ellas, pero fundamentalmente, porque tal y como lo representa Lynch Arribálzaga, el tratamiento del problema indígena en este país no involucra la violencia por parte del Estado.
La fundamentación que ofrece Lynch Arribálzaga, para el proyecto de reducciones indígenas, se constituye a partir de una valoración predominantemente positiva de la obra de los jesuitas (1914: 16, 22 y 27). En el Informe… se reiteran numerosos tópicos clásicos de escritores coloniales (Gerbi, 1978: 73), como la identificación de los indígenas del Gran Chaco con la vagancia, el alcoholismo y su estado de vida en una clase de “comunismo primitivo”, por carecer de la noción de propiedad individual,[12] junto con la imagen de bondad natural e inocencia, propios del estereotipo del “buen salvaje” (1914: 10-11 y 14). Estos tópicos son presentados por Lynch Arribálzaga como una condición agravada por la malicia y el aprovechamiento que los blancos han hecho de la ingenuidad indígena, incitándolos al consumo de alcohol, y estafándolos en la compra-venta de productos y en el pago por su trabajo. En ese sentido, advierte que los problemas de los indios no dependen de una base biológica sino que derivan de su situación social. Para el autor, la corrección del salvajismo en que se encuentran requiere tanto de acciones que los protejan de la malicia de los blancos, como de otras que, por medio del tutelaje, los conduzcan a modificar sus costumbres. En ambos casos, en la base de esta propuesta se encuentra una representación de la otredad indígena como incapaz de valerse autónomamente.
El autor fundamenta sus afirmaciones en “el largo tiempo que he pasado con los indios” y en la “observación directa” de sus costumbres y modos de vida (1914: 38). Además de la función civilizatoria que adjudica a las reducciones, Lynch Arribálzaga reafirma la importancia económica del trabajo de los indígenas del Chaco, y agrega que “nada prueba que no sea posible incorporar a los indígenas a la civilización, por medios puramente pacíficos, como ya lo han sido los de otras regiones del país” (1914: 42).
La diferencia fundamental que permite trazar la frontera entre la civilización y el salvajismo de los indígenas, según el autor, no radica en una tendencia irracional a la violencia por parte de estos últimos, ni tampoco en una condición de inferioridad intelectual (1914: 11): el principal escollo es su visión del mundo, que incluye elementos incompatibles con un Estado-nación moderno que busca potenciar el desarrollo capitalista. Específicamente, Lynch Arribálzaga se refiere a la ausencia de la noción de propiedad individual, y a la concepción divergente del tiempo que tienen estos pueblos, lo cual los vuelve improductivos (1914: 11-12).
El autor postula la necesidad de conocer las características específicas de cada pueblo indígena, para asentar en ellas un “plan de atracción y domesticación del salvaje” que sea “realmente eficaz” (1914: 15). Propone entonces “estudiar sin preconceptos sus costumbres, instituciones sociales y de gobierno, sus supersticiones, su constitución física y el ambiente económico que lo rodea […], observando y experimentando como ante una cuestión histórico-natural”, para amoldar los procedimientos a las circunstancias y no ir abierta e imprudentemente contra sus costumbres, las cuales deben respetarse “para modificarlas luego por grados, valiéndose de los medios indirectos con preferencia” (1914: 16-17, bastardilla en el original). Este enfoque pretendidamente científico es una de las principales diferencias de la alternativa civil que sostiene el autor con respecto a las misiones religiosas y a las colonias militares, con las que polemiza.
La reducción como dispositivo pedagógico: en busca de indios ciudadanos y propietarios
El Informe… comienza con una caracterización de la situación indígena en Argentina, para luego enmarcar en ella las particularidades de los indígenas chaqueños. En este aspecto, como mencionamos, Lynch Arribálzaga reproduce la jerarquización que posiciona a los indios del Chaco como inferiores respecto de los del norte argentino o a los de la Patagonia,[13] debido a que se mantienen aún “en el período de la caza y la pesca”, aunque posteriormente matiza esta posición, afirmando que la incorporación de los indígenas a las principales industrias de la zona, en calidad de mano de obra, permite constatar un acercamiento de estos grupos hacia la civilización (1914: 10).
Aunque Lynch Arribálzaga lo presenta como un proceso natural, casi exento de violencia o confrontación, lo que relata son las estrategias de los indígenas para transformar sus modos de vida como respuesta al ecocidio (Rosenzvaig, 2011) practicado por los cristianos que, al expulsar a los nativos de las mejores regiones en las que practican la caza y la pesca, los fuerzan a la muerte por hambre, a la rendición o a la lucha en condiciones desiguales. El autor supone entonces que “el indio del Chaco es fuerte, sufrido, honrado y dispuesto a trabajar, […] es habitualmente pacífico[14] y de carácter humilde […], inclinado a la embriaguez, pero puede abstenerse cuando no se pone a su alcance la tentación de las bebidas alcohólicas”, mientras que las mujeres “son bastante laboriosas y aptas para todas las faenas domésticas” (1914: 13).
El modelo propuesto por Lynch Arribálzaga se reconoce heredero, fundamentalmente, de las experiencias de Estados Unidos y de Brasil. Con respecto a Estados Unidos, la fuente más citada en todo el Informe… (y siempre empleada como respaldo del propio punto de vista) es la del comisionado de la Oficina de Asuntos Indígenas de Estados Unidos, Francis E. Leupp.[15] A partir de las críticas que el autor estadounidense realiza a los anteriores modelos de concentración indígena en su país, Lynch Arribálzaga formula las bases de su propuesta de reducción. Por ejemplo, sostiene que el problema indígena no puede resolverse con una entrega rápida de la propiedad de la tierra, ya que los indígenas no están preparados para disponer de parcelas de manera eficiente en su propio beneficio; por ende, “entregar al indio un lote de terreno […] equivaldrá, como gráficamente dice Mr. Leupp, a atarle una piedra al cuello y arrojarle al mar” (1914: 48). De esta manera, al considerar que el indígena chaqueño se encuentra en una situación de “incapacidad relativa, semejante, pero no igual, a la del niño” –por lo que aún no puede convertirse en propietario–, afirma también que “es necesario determinar las reglas según las cuales se emancipe y adquiera la ciudadanía, relevarlo del servicio militar y de otras obligaciones”, a la vez que también se necesita crear un Patronato de Indios[16] que se encargue de su protección y representación legal. Con respecto a la propiedad de la tierra, Lynch Arribálzaga manifiesta que, en el caso argentino, debe obrarse de forma diferente al de Estados Unidos, otorgando pequeñas parcelas a los indígenas bajo “condiciones que estimulen su individualismo”; por ejemplo,
… que la cerquen, levanten en ella un rancho, según el modelo económico e higiénico que se les debe señalar, planten y cuiden los árboles que se les entregue y, sobre todo, que envíen a sus hijos a la escuela, gozando en cambio de la ventaja de recibir sin cargo los frutos que cosechen […]. Así, se disgregaría desde luego la toldería, falansterio siempre insalubre, y se fecundaría el germen del hogar familiar […] y, más tarde, cuando la escuela haya modelado una generación, será posible y justo distribuir definitivamente la tierra entre sus miembros (1914: 48; bastardilla en el original).
En el discurso de Lynch Arribálzaga, las reducciones son presentadas como instituciones o dispositivos de transición temporales, que deben llevar a la formación de pueblos y colonias mestizos, “donde se confundan las razas”. En este aspecto, la propuesta del autor retoma algunos puntos del modelo brasileño sostenido por el coronel Cándido M. da Silva Rondón, promotor del Servicio de Protección a los Indios y Localización de Trabajadores Nacionales, a quien presuntamente Lynch Arribálzaga conoce en un viaje de trabajo que realiza a Brasil en 1911.[17] Un aspecto muy relevante, para comparar la experiencia brasileña y la propuesta del autor argentino, es que luego de los primeros seis meses en los que las aldeas indígenas recibirían alimentos, atención médica y recursos, la condición de éstas cambiaría para pasar a ser consideradas “centros agrícolas para trabajadores nacionales”, con los indígenas incorporados al conjunto de la mano de obra campesina de Brasil. En ambos planes, la concentración de los indígenas, por separado respecto del resto de la población, es presentada como una etapa necesaria, que culmina con su “integración” a la comunidad nacional.
En el caso argentino, Lynch Arribálzaga considera que la falta de individualismo de los indígenas hace imposible comenzar directamente con la formación de pueblos, ya que primeramente los nativos deben aprender a desear el progreso y a trabajar para conseguirlo. La transformación definitiva de los “salvajes” depende de la educación laica en la infancia. La reducción es presentada como una suerte de dispositivo que conduce de una imagen del indígena como un “otro” radical e incapaz, a un nuevo tipo que ha sido incorporado a una comunidad nacional en pie de igualdad, con conciencia de sus derechos y obligaciones, y que ya no requiere de la tutela del Estado.
Para Lynch Arribálzaga, la educación de los niños indígenas debe revestir un carácter esencialmente práctico, buscando que apliquen sus conocimientos a la compra-venta, la cuenta de ganado y otros asuntos que serán claves en su vida adulta.[18] El autor afirma: “buenos obreros o cortesanos, no bachilleres, es lo que yo deseo, sin perjuicio de que todo joven indígena que revele vocación por estudios más altos sea protegido por el Estado, becándolo, para que continúe su instrucción elemental e ingrese después en instituciones especiales” (1914:49).[19] También es necesario que los indígenas aprendan “una somera idea del universo y del planeta que habitamos”, e inculcarle a cada uno “el amor a la patria y los derechos y deberes que le corresponderán, como miembro de la nacionalidad civilizada en la que va a ingresar” (1914: 49-50).
El autor sostiene que el tipo ideal de escuela para los indios es el conocido como Diurnal School en los Estados Unidos, que funciona en la misma reducción, con asistencia de externos,[20] “de manera que los alumnos no pierden el vínculo que los liga a la familia, en cuyo seno están destinados a influir, con su acentuado espíritu de imitación”[21] (1914: 50). Así, como podemos observar, el niño indígena no solo es un eslabón clave para romper con la reproducción del “salvajismo” en las futuras generaciones, sino que también ejerce una influencia positiva que puede llegar a “suavizar” las conductas de las generaciones previas en el presente.
En este contexto, la figura clave en la reducción –entendida como dispositivo pedagógico– es el maestro:
El maestro para las reducciones debe llenar condiciones singulares, es necesario que sea no sólo competente, sino también serio, ecuánime, sobrio, abnegado y sin miedo […]. El aislamiento social en que tendrá que vivir al principio […] requiere a mi juicio, que ese maestro haya alcanzado ya el apaciguamiento de las pasiones que trae consigo la madurez y aconseja que sea casado, tanto más cuanto que la esposa podrá ayudarlo con sus tareas pedagógicas (1914: 52).
La intervención de Lynch Arribálzaga en la disputa por la política indígena
La propuesta de Lynch Arribálzaga se consolida como la más sólida entre las que defienden un modelo de “integración pacífica” de los indígenas por medio de la educación. Entre otros antecedentes de esta propuesta, es importante mencionar la del explorador y funcionario del Territorio Nacional del Chaco Juan Mac Lean,[22] quien comparte el deseo de lograr “el sometimiento completo del indígena y su incorporación a la vida de trabajo” (Mac Lean, 1908: 245). Para alcanzar este objetivo, Mac Lean propone la formación de colonias ganaderas y de colonias agrícolas, en las cuales se adjudiquen parcelas a los indígenas, con la precaución de que
… en ningún caso deben estar esos lotes linderos los unos con los otros pues soy contrario a una población completamente indígena. Entre esos lotes deben mediar varios otros […], por el aislamiento más fácilmente perderían esas costumbres, y sus chicos concurriendo a las escuelas, en contacto diario con los niños del colono, las perderían casi por completo (Mac Lean, 1908: 258).
El objetivo de Mac Lean es transformar al indio en colono, idea que este autor presenta de manera original, al reclamar que se siga con los nativos la misma política que se implementó previamente con los inmigrantes, de ofrecer condiciones ventajosas para su radicación, ya que “son los nativos, expertos en las idiosincrasias de la vida argentina, los que deben conquistar el Desierto”.[23] Para Mac Lean, la educación es un factor secundario, ya que el principal elemento civilizador es la correcta distribución espacial de la población como forma de determinar las relaciones sociales posibles de adoptar, favoreciendo la separación de los indígenas entre sí y su mezcla forzosa con los inmigrantes. Tanto Mac Lean como Lynch Arribálzaga reproducen dos tópicos comunes de los discursos integracionistas en la época: la centralidad de la incorporación del indígena al trabajo en condiciones de igualdad con el resto de los obreros chaqueños, y la condena del nomadismo y de la vida comunitaria indígena (definida como “tribu” o “toldería”) como elementos que deben ser eliminados.[24]
Por otro lado, la intervención de Lynch Arribálzaga se diferencia de las opciones integracionistas autoritarias, como la que a fines del siglo XIX propone Amadeo Baldrich,[25] un ingeniero y coronel del Ejército que considera el sometimiento final de los indígenas como algo que “vendrá solamente impuesto por la ocupación total del territorio, que haga imposible la vida nómada”, y que “la desaparición de la raza indígena chaqueña” debe producirse solo por la asimilación con los criollos e inmigrantes, mestizaje que “dará lugar a un tipo especial semejante al gaucho” (Baldrich, 1890: 211-212, bastardilla en el original).
En estos fragmentos, encontramos los mismos elementos que se presentan en la propuesta de Lynch Arribálzaga, con la diferencia de que Baldrich los ordena desde una mirada que se afirma como si no hubiera alternativas, donde la “transformación del indígena” depende del contacto con criollos o inmigrantes, y de la compulsión forzada para que se sometan al trabajo. El proyecto de Baldrich implica la formación de centros mixtos, en donde los indígenas convivan con pobladores nacionales o extranjeros; esos centros deben tener “un carácter semi-militar, vale decir que estarían guarnecidos por tropas del ejército” (Baldrich, 1890: 212-213). A diferencia de la propuesta de Lynch Arribálzaga, en la formulación de Baldrich, la condición de ciudadanos (futuros) de los indígenas no contempla el elemento educativo ni la propiedad de la tierra, sino que se articula únicamente en base a un contacto “beneficioso” con las costumbres de la población, que ya se asume como “civilizada” y exponente del “progreso”, y con la presencia adyacente del poder militar, aspecto del que explícitamente toma distancia Lynch Arribálzaga.
El modelo de reducciones civiles sostenido en el Informe… tiene fundamentalmente dos contrincantes: por un lado, las colonias militarizadas, defendidas por Baldrich entre otros autores, y por otro las misiones religiosas, que cuentan para el momento con una larga trayectoria en América. El discurso misional, en términos generales, está marcado por una autopercepción de la labor como desinteresada y abnegada, en función de los propios indígenas, que debe confrontar con los intereses mezquinos de los criollos y con las limitaciones que le impone el Estado. El fraile franciscano Joaquín Remedi, Prefecto de misiones antes de las campañas militares de la década de 1880, proyecta una mirada de la actividad misional, poniendo el foco en estos elementos (Remedi, 1870). El fraile Pedro Iturralde, primer Prefecto de misiones del siglo XX,[26] defiende la tutela de modo semejante a Lynch Arribálzaga, al considerar que
… el indio, en sus actuales condiciones, […] necesita que se le proteja y se le defienda […] Defenderlo y tutelarlo, primero; instruirlo y favorecerlo y, finalmente, radicarlo facilitándole medios de trabajo, y la adquisición de terrenos en propiedad, para que, de este modo, entre a formar parte de la familia argentina (Iturralde, 1911: 25).
Entre las reducciones civiles al estilo del Informe…, y una propuesta como la de Iturralde, solo encontramos una diferencia de matiz con respecto al tipo de educación que debe darse a los indígenas (laica o religiosa), con respecto a quién está a cargo de los establecimientos (funcionarios del Estado o misioneros), y con respecto al peso asignado a la religión cristiana (como un elemento instrumental en el caso de Lynch Arribálzaga, y como algo fundamental en el caso de Iturralde). Por fuera de estas diferencias, ambas miradas se distancian respecto del poder militar desde una óptica paternalista, infantilizando a los indígenas, y considerando su trabajo como un momento necesario en el pasaje del indígena salvaje al civilizado, tránsito que solo puede darse con la mediación de la población blanca.
Consideraciones finales
El Informe… se enmarca en una polémica acerca de qué política seguir con los pueblos indígenas chaqueños en la etapa posterior a la conquista militar de sus territorios. En el debate argentino de la época, Lynch Arribálzaga realiza una intervención con características paternalistas que expresa los intereses de algunos intelectuales y científicos, como también los de la oligarquía regional ligada a la explotación de la madera y el algodón, para las cuales las reservas garantizan la disponibilidad de mano de obra barata.
Más allá de (o junto con) las intenciones tutelares de Lynch Arribálzaga, las reducciones de indígenas funcionan como tecnologías de disciplinamiento que dan cuenta de la política seguida con los indígenas en la región chaqueña, la cual coloca a estos pueblos en situaciones de profunda vulnerabilidad. En este sentido, y sin que podamos extendernos aquí acerca de las contradicciones con las que se topa la política de Lynch Arribálzaga cuando es llevada a la práctica, los elementos paternalistas de su propuesta configuran un tipo de indígena completamente desvalido, necesitado de la protección estatal para poder convertirse en ciudadano. Algunos mecanismos de control que Lynch Arribálzaga considera necesarios para la “civilización” de los indígenas (como por ejemplo la prohibición de que los indígenas se muevan libremente por el territorio) reaparecerán acentuados en 1924, y ayudan a agravar el conflicto que desemboca en el reclamo indígena y en la masacre perpetrada por el Estado.[27]
Lynch Arribálzaga interviene en las disputas que se dan en torno a la representación y definición de las reducciones de indios y de la política indígena, fundamentalmente en el marco de los discursos “integracionistas”. En contraste con otras figuras de la época, la obra de este autor pone en evidencia las torsiones de sentido a las que está sometida la noción de “salvajismo”, aproximándose respecto de la de “barbarie”, al contrario de lo que acontece a mediados del siglo XIX en propuestas como la de Domingo F. Sarmiento en Facundo, en donde implícitamente ambas categorías se diferencian. Si bien, como ha sostenido Foucault (1998: 160), la barbarie no se proyecta sobre un fondo de naturaleza del cual forma parte, sino que se recorta sobre un fondo de civilización contra el que choca, la voluntad de que una construcción como “el salvajismo indígena” pueda llegar a ser “civilizada” somete el concepto de “salvaje” a una adaptación forzada que intenta alejarlo de una determinación natural, llevándolo más cerca de una perspectiva que lo define exclusivamente en base a los rasgos culturales. Parte de estos esfuerzos pueden observarse en la propuesta de Lynch Arribálzaga.
Asimismo, en la inflexión particular que el autor da a las ideas tomadas de Estados Unidos y de Brasil, pueden entreverse las dificultades que provoca, en este discurso, la tensión “protección” / “aculturación”. Lynch Arribálzaga propone un tipo de institución que cumpla ambas funciones de manera integrada, a tal punto que el objetivo de su modelo de reducciones puede resumirse en la idea de proteger para integrar (entendiendo “integrar” como “aculturar”). En este sentido, nos preguntamos qué tipo de apoyos locales puede disparar una propuesta como la del autor, que entre sus objetivos incluye –en un segundo momento– la entrega de la tierra en propiedad definitiva a los indígenas. En términos concretos, si bien la aplicación del proyecto de Lynch Arribálzaga favorece parcialmente a la oligarquía regional (al “ordenar” la mano de obra y mantenerla disponible para su demanda), también la perjudica, porque la reducción compite directamente con los productores locales (por ejemplo, en la industria de la madera), con condiciones ventajosas. De la misma manera, de haberse aplicado, la idea de garantizar condiciones dignas de trabajo y de salario para los indígenas encarecería notoriamente, para la oligarquía chaqueña, los costos de mano de obra. Por último, la mediación del Estado, en la firma de contratos en representación de los indígenas, significa también una política de dos caras, favoreciendo o perjudicando a las oligarquías según qué funcionario se encargue de esta tarea. Sin embargo, estos elementos tienen en común que suponen la completa subordinación de los indígenas, privados de voz propia, como meros objetos de las disputas que se producen entre sectores económicos, científicos e intelectuales que se arrogan la potestad de definir el presente y el futuro de estas comunidades.
Si bien los acontecimientos que llevan del proyecto de Napalpí en 1911, a la masacre de 1924, deben ser analizados en profundidad, atendiendo a las disputas concretas que se dieron en la reducción –y en las cuales Lynch Arribálzaga interviene hasta 1917–, este análisis del Informe… permite definir las tensiones que anidan en ese paternalismo. La intervención de Lynch Arribálzaga es un caso particular, contrapuesto las visiones religiosas y militares, en el conjunto de los discursos integracionistas, todos ellos de un limitado alcance en el campo intelectual argentino de la época. Profundizar en el análisis del fracaso de las reducciones civiles desarrolladas en Chaco y en Formosa –que continúan hasta principios de la década del cuarenta– permite complejizar tanto la política seguida por el Estado con respecto a los pueblos indígenas de otras regiones del país, como así también las disputas en torno al lugar que “lo indígena” ocupa en la definición de la argentinidad y de las identidades regionales.
Bibliografía
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Wright, P. (1998). “El desierto del Chaco. Geografías de la alteridad y el Estado” en Teruel, A. y Jerez, O. (comps.). Pasado y presente de un mundo postergado, Jujuy: Universidad Nacional de Jujuy.
- El prestigio simbólico atribuido a los pueblos indígenas del NOA está presente en intervenciones intelectuales como las de Joaquín V. González, Ricardo Rojas y Ernesto Quesada, que entre fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX intentan recuperar este sustrato cultural para pensar la identidad argentina. Para un análisis detallado de este tema, ver Mailhe (2020).↵
- El inspector de colonias Alejo Peyret afirma que “dueños de ingenios, en Formosa y Resistencia […] dicen que sin ellos [en referencia a los indios] no podrían explotar sus cañaverales y tendrían que abandonar sus ingenios por falta de peones” (Peyret, 1889a: 330). En el mismo sentido se expresa el funcionario del Departamento Nacional del Trabajo, Juan Bialet Massé: “Me fijo en primer término en el indio porque es el elemento más eficiente del progreso e importante en el Chaco: sin él no hay ingenio azucarero, ni algodonal, ni maní, ni nada importante” (Bialet Massé, 1904: 31).↵
- Enrique Lynch Arribálzaga (1865-1935) es un ornitólogo y entomólogo. Junto a Eduardo L. Holmberg funda la revista El naturalista argentino, en donde publica sus primeros trabajos en 1878. En 1881 participa de la expedición al Chaco comandada por Luis Jorge Fontana. Entre 1897 y 1898 es secretario de Francisco P. Moreno cuando éste realiza la demarcación de los límites argentino-chilenos. Lynch Arribálzaga se preocupa por fortalecer la producción algodonera del Chaco, actividad económica a la cual se dedica a tiempo parcial. Con este fin estudia las langostas y la forma de combatir las plagas en las plantaciones, tema que profundiza en 1911, cuando realiza un viaje a Brasil como delegado del Ministerio de Agricultura de la Nación. Al mismo tiempo, desarrolla una labor de estudio y vinculación con los indígenas, algunos de los cuales trabajan en sus propias plantaciones. En 1907 funda la Sociedad Protectora de Indios de Resistencia, y en 1911 se le encomienda organizar la Reducción de Indios de Napalpí. En 1931 es designado presidente del Concejo Municipal en calidad de interventor. Para mayores detalles, consultar López Piacentini (1956) y Viyerio (1999).↵
- Es posible acceder a la sentencia del Juicio por la Verdad/Masacre de Napalpí en bit.ly/3Yd5iun.↵
- En 1924, Lynch Arribálzaga le comenta a Robert Lehmann-Nitsche, por carta, que está al corriente de la masacre indígena perpetrada en Napalpí, pero que no hace declaraciones públicas por el temor que le genera la persecución de la policía chaqueña. Para una reconstrucción detallada de este intercambio epistolar entre ambos autores en ocasión de la masacre, ver Dávila da Rosa (2016).↵
- La Reducción de Napalpí, primera reducción civil, se crea por un decreto del 27/10/1911, emitido por el Ministerio de Agricultura, en el que a la vez se designa a Enrique Lynch Arribálzaga como Delegado de este mismo Ministerio. Ubicada en el entonces Territorio Nacional del Chaco, la reducción de Napalpí es organizada bajo el esquema de explotación forestal-agrícola, y depende en sus inicios del Ministerio de Agricultura (1911-1912), y posteriormente del Ministerio del Interior, en donde queda a cargo de la Comisión Financiera Honoraria de Reducciones Indígenas (CFHRI).↵
- Posteriormente, por decreto del 21/09/1916 se suprime la CFHRI y la Delegación del Ministerio del Interior, cuyas atribuciones y deberes pasan a la –renombrada– Comisión Honoraria de Reducciones de Indios (CHRI), la cual queda encargada de supervisar el trato con los indígenas y el funcionamiento de misiones y reducciones (Beck, 2022: 68). Al año siguiente Lynch Arribálzaga presenta su renuncia al puesto de Delegado, entendiendo que, con el nuevo esquema organizativo, no se garantizan las condiciones para ejercicio de su tarea (López Piacentini, 1956: 17). ↵
- Consideramos el segundo Informe… (1915) como una bibliografía complementaria porque reviste características predominantemente administrativas, y es de una extensión mucho menor que el primero. ↵
- La experiencia de los británicos en Canadá es mencionada por el autor, pero no es analizada en profundidad, por lo que no nos extenderemos sobre este aspecto. ↵
- Como resultado de las campañas de exterminio y expansión territorial desplegadas en el Chaco, principalmente la que llevó adelante en 1884 Benjamín Victorica, se consolida una forma de clasificación de los indígenas entre “mansos” y “salvajes”. Si bien esta división puede rastrearse desde los primeros tiempos de la administración colonial (Gerbi, 1978), su consolidación como representativa de los indios chaqueños varía notablemente luego de esta campaña, que supone eliminados a los indios “salvajes”, quedando pendiente de resolución el problema de cómo tratar con aquellos que se acercan a las ciudades con fines laborales o comerciales, es decir, con los indios “mansos”. Para ver algunas características de esta polémica en la etapa previa a la campaña de Victorica, consultar García (2022). ↵
- En ese mismo sentido se expresa el antropólogo Robert Lehmann-Nitsche, en el Congreso Científico Internacional Americano de 1910, al sostener que “la República Argentina debe seguir el ejemplo dado por los Estados Unidos de Norte América, reservando grandes territorios para la población autóctona donde puedan vivir según sus costumbres, sin ser sometida a la llamada civilización de una raza distinta que para ella es algo incomprensible” (Lehmann-Nitsche, 1915). Al igual que Lynch Arribálzaga, Lehmann-Nitsche afirma que una de las razones de mayor peso para tomar medidas proteccionistas con los indígenas es su importancia económica. Para un análisis más profundo de este aspecto de Lehmann-Nitsche, ver Dávila da Rosa (2011 y 2016). ↵
- En este aspecto, el autor reproduce ideas vigentes en la antropología de la época, que considera los estadíos de salvajismo, barbarie y civilización como etapas que debían cumplirse, necesariamente en ese orden, en todos los pueblos (ya que, como afirma Morgan, “la historia de la raza humana es una en su origen, una en su experiencia, una en su progreso”; Morgan 1987 [1877]: 90). ↵
- En este aspecto se aleja de la clasificación de Fontana, para quien “los indios del Chaco son más inteligentes, más dispuestos y, sobre todo, mucho más observadores que los indios de la Pampa y la Patagonia” (Fontana [1884] 2009: 120). Para un estudio más detallado de la perspectiva de Fontana, ver García (2020). ↵
- Los episodios de rebelión o violencia indígena ocupan un lugar marginal en el Informe…; se ubican siempre en el pasado lejano, y cuando son recientes están justificados o matizados al contrastarlos con episodios de subordinación pacífica y eficaz disciplina para el trabajo. Por ejemplo, al tratar de la rebelión indígena de 1887, en la Colonia San Antonio de Obligado, Lynch Arribálzaga sostiene que “los tobas no hicieron más, en esa ocasión, y tal vez menos, que cualquier otro grupo de hombres arbitrariamente arrancados de su terruño y sus hogares, para destinarlos al servicio militar o cualquier otro género de servidumbre forzosa; deseaban vehementemente reconquistar su libertad, como era natural, y no encontraron otro camino que el de la violencia” (1914: 62).↵
- Francis Ellington Leupp (Nueva York, 1849-Washington, 1918) integra la Junta de Comisionados Indios de los Estados Unidos desde 1862 hasta 1895. Entre 1905 y 1909 se desempeña como Comisionado de Asuntos Indígenas. Fuente t.ly/nd4q.↵
- La propuesta de creación de un Patronato Nacional de Indios, como parte de una política paternalista, ya es adelantada por Bialet Massé (1904: 93). ↵
- Para un análisis detallado de las posiciones del indigenismo estatal brasileño, a comienzos del siglo XX, ver Pacheco de Oliveira (2019).↵
- Incluso la enseñanza del idioma nacional o del cristianismo son postuladas por el autor como necesarias, debido a su capacidad para garantizar la homogeneidad de la sociedad, no como intrínsecamente superiores a la lengua o religión indígena (1914: 48 y 53).↵
- Esta postura expresa la mirada progresista de Lynch Arribálzaga, al no condenar a los indígenas por su origen social, a una enseñanza exclusivamente práctica, y reconocer la necesidad de que un sistema de becas apoye a aquellos que tengan vocación para realizar estudios más elevados. ↵
- Lynch Arribálzaga considera que el contacto entre niños indígenas y blancos es beneficioso, al contrario del de los adultos. ↵
- El plan de enseñanza de los niños indígenas no cumple con el mínimo de instrucción obligatoria fijado por la Ley n° 1420 (Artieda, 2015), aunque la formación en oficios y en actividades rurales, por medio de la escuela pública, les corresponde a los inspectores escolares en los territorios nacionales, y no es un tema reservado a la infancia indígena (Rosso, 2007). ↵
- Juan Samuel Mac Lean (1852-1950) es un explorador, funcionario y Jefe de la Comisión Exploradora que en 1907 se encarga de estudiar el camino entre Barranqueras y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), con fines comerciales. En 1918 funda y es el primer presidente de la “Asociación de fomento de los Territorios de Chaco y Formosa” (Miranda, 1955). Entre 1931 y 1932 es Gobernador del Chaco. ↵
- Es muy interesante la manera en que se utiliza el término “desierto” en esta propuesta de Mac Lean. Mientras que previamente el ideologema “desierto” estaba asociado a la idea de “salvajismo indígena”, opuesto a la idea de “civilización” o progreso (Wright, 1998, y Rodríguez, 2010), Mac Lean confronta ambos términos, reubicando a los indígenas en un lugar de privilegio, para ser los “conquistadores” de este desierto, en una situación incluso más ventajosa que la de criollos e inmigrantes. Al menos momentáneamente, este autor establece una disonancia en un relato dualista que contrapone “desierto” a “progreso”, e “indígenas” a “inmigrantes”, “criollos” y “población nacional”.↵
- La organización “tribal”, como obstáculo para la civilización del indígena, está presente en numerosos decretos y proyectos de ley, al menos desde las últimas décadas del siglo XIX. Por ejemplo, un proyecto de colonias indígenas, enviado por Poder Ejecutivo al Congreso en 1885, considera central “suprimir la tribu, y para ello debe dársele al individuo educación, tratando que al mismo tiempo labre su independencia económica” (Secretaría de Trabajo y Previsión, 1945: 224).↵
- Amadeo Baldrich (1865-1917) es un ingeniero, militar y escritor argentino que participa de la autodenominada “Conquista del Desierto”, y de al menos tres campañas al Gran Chaco, en 1881, 1883 y 1884. ↵
- Luego de que en el siglo XIX no prosperaran los intentos de fundar misiones religiosas en el Chaco, en 1900 se fundan tres nuevas misiones: en el Territorio Nacional del Chaco, Nuestra Señora de Nueva Pompeya, y en el Territorio Nacional de Misiones, San Francisco de Laishí y San Francisco Solano de Tacaaglé. ↵
- Desde la década de 1920, se acentúa la competencia por la mano de obra indígena entre los algodonales chaqueños y los ingenios azucareros de Salta y Jujuy, que ofrecen mejor paga. Esta situación genera la migración de los indígenas, frente a lo cual en 1924 el Estado nacional, respondiendo a la solicitud de los propietarios de algodonales, prohíbe contratar indígenas fuera del lugar de residencia. Esta medida perjudica directamente a los pobladores de Napalpí, quienes quedan limitados a trabajar en los algodonales y en la propia reducción, la cual paga por la producción un valor menor al del mercado, y en ese mismo año, agrega un nuevo impuesto del 15%. Las nuevas obligaciones provocan un profundo malestar entre los indígenas, quienes se congregan en las afueras de Napalpí, estableciendo un campamento, en un movimiento que reviste tanto características religiosas como de reivindicación económica. Luego de varios meses de actividades interrumpidas y promesas incumplidas por el gobernador Centeno, el 19 de julio de 1924 se lleva a cabo la represión estatal con la que comienza la masacre (Dávila da Rosa, 2016: 219-220). ↵






