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3 La diplomacia naval japonesa en México durante la década de los veinte y treinta

Introducción

Las visitas de los buques escuela de la Armada Imperial japonesa en México y en el mundo, en general, fueron parte de una estrategia no sólo para el adiestramiento de los jóvenes marinos, sino también para el despliegue de sus crecientes capacidades navales; además de ser un medio para la promoción de su imagen en el contexto de lo que ahora se denomina diplomacia pública, la cual es entendida como una expresión del “poder suave” que busca legitimar un proyecto político, económico o cultural de un actor estatal al interior de la opinión pública de terceros países, con el objetivo de generar empatía y una imagen positiva en convergencia con sus intereses y estrategias de su política internacional.[1]

Aunque hay referencias sobre la visita de un buque de guerra japonés ‒dos años antes de la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1888 entre México y Japón‒, en las costas mexicanas no hay todavía mucha claridad sobre ese hecho. El almirante Katō Hiroharu, jefe del Estado Mayor de la Armada Imperial de Japón, en 1929 refería que, en 1886, México había recibido “como mensajero de paz” al “Tukuba”. Es posible que haya sido una errata en su discurso debido a que el crucero acorazado Tsukuba (筑波) no fue botado al mar hasta 1907. Es posible, en dado caso, que se haya referido a la corbeta Tsukushi (筑紫) vendido por Chile a Japón en 1883,[2] pero no existen referencias fidedignas hasta el momento de su llegada a las costas mexicanas. Lo que sí está documentado es el viaje de la corbeta mexicana Zaragoza bajo el mando del vicealmirante Ángel Ortiz Monasterios, que arribó a Yokohama y Nagasaki durante el primer viaje de circunnavegación de la Armada de México realizado de 1896 a 1897.[3]

Durante el ocaso del gobierno de Porfirio Díaz Mori, el crucero acorazado Asama (浅間) y el crucero protegido Kasagi (笠置), bajo el mando del almirante Yashiro Rokuro, arribaron a los litorales mexicanos en diciembre de 1910. En medio del inicio de la insurrección, los visitantes japoneses fueron objeto de festejos públicos y recepciones oficiales, en reciprocidad se realizaron conciertos y exhibiciones de artes marciales que cautivaron la atención de la prensa y del pueblo mexicano.

Tres años después, el gobierno japonés enviaría el buque acorazado Izumo (出雲) en una misión especial a México: ayudar a la posible evacuación de miembros de la comunidad japonesa en medio del enfrentamiento contra el dictador Victoriano Huerta Márquez, que había usurpado el poder a través de un golpe de Estado, lo cual derivó en el asesinato del presidente Francisco I. Madero. La tripulación a cargo del capitán Moriyama Keizaburō estuvo en México por 10 meses, llevando a cabo actividades de inteligencia e incluso de ayuda humanitaria en el caso de asedio en el puerto de Mazatlán, Sinaloa, en 1914, junto a otros barcos extranjeros que auxiliaron a la población local frente a los ataques de Francisco Villa contra las tropas federales acantonadas en ese puerto.

En abril de 1918, los acorazados Iwate (磐手) y Asama visitarían de nuevo las costas mexicanas como parte de la escuadra de instrucción de la Armada Imperial japonesa.[4] De manera inicial se informó que llegaría a Ensenada, Baja California; pero luego, cambió el itinerario para hacer muy breves paradas en Manzanillo y Acapulco. Incluso por instrucciones de Otori Fujitaro, ministro de Japón en México, se desestimó el envío de una comitiva de recepción que ya había sido designada por el gobierno carrancista.[5] En ese sentido, su presencia en la prensa nacional fue casi desconocida.

Tabla 1. Visita de Buques de la Armada Imperial de Japón a México

Izumo

Asama

Yakumo

Kasagi

Iwate

Kamoi*

191319101920

1910

1927

1922

1925192719251929
192919331933
19361936

Fuente: elaboración propia.
*No fue un buque-escuela de instrucción, sino un barco de servicios especiales.

En el inicio de la tercera década del siglo XX llegó el crucero Yakumo (八雲), bajo el mando del comandante Usagawa Tomoyoshi, con 49 cadetes del área de ingeniería, lo cual despertó sospechas ante el hecho de las gestiones realizadas por el gobierno de Venustiano Carranza para obtener apoyo de Japón para la fabricación de rifles y municiones.[6] Igual que las visitas previas, fueron objeto de festejos y se realizaron verbenas que llamaron la atención de los habitantes de las ciudades visitadas.

Un común denominador de la visita de Usagawa y de todas en general sería el despliegue de acciones de “propaganda”, las cuales estaban destinadas a generar percepciones positivas sobre el imperio japonés en la opinión pública de otros países. Es claro que el gobierno japonés trataba de proyectar que eran legítimos sus intereses, que implicaban su ascenso como una potencia emergente en el Pacífico en materia económica, pero sobre todo militar. En ese sentido, la diplomacia naval era otra ruta que permitía, de manera paralela, complementar las acciones de la diplomacia pública realizadas por las Legaciones o Embajadas a los respectivos países donde se encontraban acreditadas.

En ese contexto, entre las actividades realizadas por la Armada Imperial durante las visitas en México, pueden identificarse las siguientes:

  1. Exhibición de buques que habían participado en las principales guerras de Japón desde finales del siglo XIX. A su llegada a los puertos, era frecuente invitar a las autoridades locales y a miembros de la sociedad a comidas o veladas amenizadas con música y baile.
  2. Proyección de películas sobre Japón (por ejemplo, en 1927 en Mazatlán, en el Teatro Rubio, se utilizó el aparato de proyección del Iwate).[7]
  3. Concierto de la banda de música de los buques escuela, la cual tocaba una selección de música clásica, japonesa, marcial y algunas piezas mexicanas para sorpresa de sus anfitriones y júbilo del público asistente.
  4. Exhibiciones deportivas de jiu jitsu, judo, kendo y la organización de peleas de box. Para los mexicanos, las artes marciales eran consideradas como un “pintoresco espectáculo” y posteriormente fueron adoptadas para el uso de la instrucción militar (véase imagen 1).
  5. Donaciones en efectivo para causas sociales.
  6. Amplia cobertura en los medios de comunicación de la época, en los que se destacaba el extenso seguimiento de los periódicos locales sobre la visita de los marinos japoneses. En este sentido, los representantes diplomáticos tenían como consigna desde Tokio forjar relaciones cercanas con los editores de diarios locales y de difusión nacional. Lo anterior se puede comprobar a partir de la cobertura que realizaron los diarios, en la que se observa que la información previa a la llegada de los marinos se elaboraba con base en reportes muy detallados que eran preparados por los diplomáticos japoneses.

Esas acciones generaron una alta percepción positiva de Japón y de los japoneses en general, lo cual se refleja en la prensa, donde se hacía referencia al trato que tenían ellos a diferencia de otros visitantes o residentes de otros países, particularmente de China, que era objeto de expresiones xenofóbicas.

Al mismo tiempo, la diplomacia naval de Japón en México fue objeto de atención por parte de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, debido a que la llegada de los buques japoneses había coincidido con momentos críticos de la historia reciente del país, como la caída del porfirismo y el huertismo, además del final del gobierno constitucionalista. En la opinión pública nacional e internacional, se vaticinaba un enfrentamiento inevitable entre Tokio y Washington, que tenía como escenario de guerra el océano Pacífico, argumentos que prevalecieron con tonalidades diferenciadas en las tres primeras décadas del siglo XX.

Las visitas de los buques escuela realizadas a partir de 1925, durante la presidencia de Plutarco Elías Calles, hasta 1936, en el marco de la administración de Lázaro Cárdenas del Río, llegaron en un contexto político de México en el que los procesos de institucionalización estaban en marcha. En ese sentido, lo que se desea argumentar es el hecho de que el arribo a México de las posteriores visitas de los marinos japoneses estuvo enmarcado en lo interno por condiciones de mayor estabilidad política en el país: el inicio del proceso de industrialización, el crecimiento de las grandes urbes y la adopción de un gran nacionalismo que aglutinaba a la sociedad mexicana, reflejados también en lo político, lo social, la cultura y el arte.

No obstante, en el contexto internacional las demandas de Japón de ser reconocido como potencia emergente en el Pacífico derivarían, con mayor fuerza, en la década de los treinta en las fricciones con Estados Unidos. Además, estas se incrementarían frente al inicio del expansionismo japonés en China como parte de los procesos de avance imperial y una mayor militarización de la vida pública en Japón.

Los amargos 20: la diplomacia naval japonesa

Es un hecho que la marina imperial mantuvo como prioridad la instrucción de sus cadetes y el fortalecimiento de sus capacidades navales, a pesar de las restricciones impuestas en la Conferencia de Washington de 1921 y particularmente el Tratado de las Cinco potencias (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Japón e Italia), donde se establecían límites para sus armamentos y tonelaje de sus escuadras.

La flota naval de Japón de mediados de los años 20 no era, en su conjunto, la más nueva en el mundo, pero se encontraba en un rápido proceso de modernización. La mayoría había sido construida a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Todos los buques habían participado en las diferentes batallas claves dentro de la guerra ruso-japonesa de 1905 e incluso en la Primera Guerra Mundial.

En ese contexto, el buque petrolero Kamoi (神威) ‒posteriormente reconvertido en portahidroaviones‒, sin tener una función de instrucción para los cadetes de la Armada Imperial japonesa, visitó México, al cual arribó a través del Puerto de Veracruz el 16 octubre 1922 bajo el mando del capitán Murase Teijirō. Es importante su referencia ya que fue el primer viaje a escasos meses de ser botado al mar. Como se ha explicado, de acuerdo con el protocolo, se invitó a la población del puerto a una recepción en el buque como retribución a las atenciones recibidas.[8] De manera posterior, los marinos japoneses se dirigieron a la capital del país para entrevistarse con el presidente Álvaro Obregón y fueron objeto de recepciones tanto por la Cancillería mexicana, a cargo de Alberto J. Pani, como por la Legación de Japón.[9]

Dos años después, los buques Yakumo, Izumo y Asama, bajo el mando del almirante Hyakutake Saburō, fondearon en la bahía de Acapulco en diciembre de 1924,[10] para luego dirigirse a Panamá y regresar a las aguas territoriales de México el 12 de enero de 1925, cuando llegaron a Manzanillo, Colima. En la tripulación se incluían 321 cadetes en las áreas de administración, de guerra y de maquinaria. Después de su arribo a Guadalajara,[11] donde se concentró su visita, la prensa capturó la impresión de los marinos de esa ciudad, la que expresó de la siguiente manera:

Y entendemos que la impresión que nuestro Guadalajara causó a los nipones fue sobria en encantos, según expresión dicha por el vicealmirante a nuestras hermosas mujeres; gozaron con la perspectiva de una ciudad que hace esfuerzos por ganarse un lugar distinguido en el concierto de las poblaciones cultas, con sus edificios de ingeniería moderna, altivos, bellos, alabaron su movimiento comercial.[12]

Asimismo, el vicealmirante apuntó que después de su llegada a Manzanillo y de la recepción oficial de la que fue objeto, consideró que México no era “un país extraño”, opinión que, de acuerdo con él, la compartía también el resto de la tripulación. Asimismo, refirió que él había participado en tres guerras: la de China, la de Rusia y en la “Gran Guerra”, como la mayoría de los responsables de las escuadras de instrucción.[13]

En el otoño de 1927, el vicealmirante Nagano Osami comandó la flota naval integrada por los acorazados Asama e Iwate, con 207 cadetes y una tripulación total de 1,528 personas, que realizaron una travesía visitando la costa este y oeste de Estados Unidos, Cuba y México.

Después de su arribo al puerto de Manzanillo el 6 de noviembre, la comitiva de marinos japoneses se dirigió por tren a la ciudad de México. Como era costumbre, los recibimientos fueron tumultuosos, y participaban miembros de la comunidad japonesa, funcionarios y la prensa mexicana. A los periodistas inmediatamente les llamaron la atención los listones negros que portaban los cadetes como parte del luto por la muerte del emperador Yoshihito, que había fallecido el 25 de diciembre de 1926. En una entrevista realizada por los reporteros a un joven marino japonés le respondían lo siguiente:

Mientras no transcurra un año, y esto por tradición, pues hay cosas que jamás se olvidan y menos en nuestra Patria ‒nos dijo uno de los marineros‒ siempre llevaremos luto en recuerdo de nuestro Emperador. Por esta circunstancia nos verá usted con esta cinta negra.[14]

De hecho, Nagano, ya había visitado México previamente (posiblemente fue miembro del Yakumo en 1925) y afirmaba que tanto en esa ocasión como en la actual habían sido objeto de atenciones por el gobierno y el pueblo mexicano, por lo cual estaban muy agradecidos ya que podían constatar “el verdadero cariño que en el Japón se siente por México, (el cual) es correspondido”.[15]

Imagen 1. Itinerario del Asama y el Iwate

Fuente: AHDGE, Vistas de barcos a México_III-P-3672 1 al 47- Caja 858- Exp.47.

Después de encuentros de cortesía en diferentes secretarías y en la jefatura del Distrito Federal, Nagano se entrevistó con el presidente Plutarco Elías Calles, quien expresó que las buenas relaciones entre México y Japón eran demostradas por las constantes visitas de los miembros de la Armada Imperial al país.[16] Por su parte el vicealmirante Nagano obsequió al presidente mexicano una miniatura del barco Asama.

El 11 de noviembre salieron de la ciudad de México con destino a Manzanillo vía Guadalajara.[17] Cuatro días después, los buques japoneses fondearon en la bahía de Mazatlán, y allí fueron objeto de una cálida recepción por parte de las autoridades locales, que organizaron festejos y recepciones para agasajar a sus invitados.

Durante los diferentes actos protocolarios, estuvo presente el vicecónsul japonés en Mazatlán, Yodogawa Masaki, y los capitanes del Asama (Fujiyoshi, Akira) e Iwate (Kizō Isumi). Durante su encuentro con el presidente municipal, Juan José Siordia, Nagano le entregó un donativo equivalente a 300 pesos destinados para los 75 enfermos del Hospital Municipal de esa ciudad portuaria.[18]

A su regreso a Tokio, durante una recepción en la Legación de México en Japón, los funcionarios japoneses se referían al hecho de que

Todavía guardamos muy vivo recuerdo de la extraordinaria hospitalidad prodigada en México a la última Escuadra Escuela que, bajo el mando del vicealmirante Hyakutake, hizo análoga visita, y ahora se presenta otra nueva oportunidad de expresar nuestra gratitud por la sincera y profunda amistad del Gobierno y pueblo mexicano hacia nosotros, siendo esto motivo tanto de orgullo como de satisfacción.[19]

La respuesta estuvo a cargo del ministro José Vázquez Schiaffino, responsable de la Legación de México en Japón, quien expresó lo siguiente:

México, repito, al agasajar a los jefes, oficiales y cadetes de la Escuadra-Escuela Japonesa, cuando recientemente arribaron a sus playas y pisaron su suelo; no ha hecho sino demostrar una vez más, la simpatía, la estimación y el afecto que siente por el noble, patriota y heroico pueblo japonés, representado en esa ocasión por tan selecto grupo de sus hijos, y rendir, al mismo tiempo, modesto, pero muy justo homenaje, a sus grandes cualidades y virtudes.[20]

El 31 de octubre de 1929, de nuevo el Asama, bajo el mando del capitán Hibino Masaharu, y el Iwate, con el capitán Suzuki Giichi, visitaron México, ahora bajo la responsabilidad del vicealmirante Nomura Kishisaburō. Durante su arribo al puerto de Manzanillo, después de su visita a Nueva York cruzando el canal de Panamá, se realizaron las ordenanzas que marcaba el protocolo naval a los dos buques acorazados que, en conjunto, tenían una tripulación de 1,572 marinos, los cuales se dirigieron a la capital mexicana haciendo breves paradas en Colima y Guadalajara. Es de hacer notar que dentro de las actividades programadas se exhibieron películas sobre Japón en una escuela preparatoria, además de la visita a funcionarios públicos y al presidente Emilio Portes Gil.[21]

No obstante, las actividades tuvieron que limitarse debido al retraso de su llegada a la Ciudad de México a causa de la interrupción del tráfico ferroviario en la ruta Guadalajara-Irapuato por el descarrilamiento del tren que los trasladaba,[22] lo cual hizo que su estancia en la capital del país fuera de escasas 8 horas.[23]

En la narrativa de los discursos oficiales entre funcionarios japoneses y mexicanos, el tema de las visitas de los buques escuela a México fue un tópico de constante referencia como símbolo de los nexos de amistad. Lo anterior se refrendó en la recepción del nuevo ministro mexicano en Japón, Miguel Alonzo Romero; el almirante Katō Hiroharu, jefe del Estado Mayor de la Armada Imperial de Japón, agradeció a las autoridades mexicanas por el constante recibimiento de los buques escuela en los siguienter términos:

… las aguas de vuestra patria han dado acogida en frecuentes ocasiones a unidades de nuestra Armada, habiéndose tributado en cada ocasión recibimientos y atenciones más entusiastas y calurosas por parte de las Autoridades y por el pueblo mexicano; y últimamente, a principios del mes próximo pasado, cuando la escuadrilla escuela Imperial, bajo el mando del vicealmirante Nomura tuvo el honor de anclar en Manzanillo, a pesar del tiempo limitado de su estancia.[24]

Imagen 2. Recepción en la residencia oficial del Ministerio de Marina
a cargo del vicealmirante Yamanashi Katsunoshin
al ministro Miguel Alonzo Romero

Fuente: AGN, III-P-3672 1 – Caja 858- Exp.47.

En suma, de las cuatro visitas de las escuadras de instrucción de la Armada Imperial japonesa durante la década de los veinte se desplegaron de manera nítida las estrategias de la diplomacia naval para fortalecer la visibilidad de Japón como potencia naval en el Pacífico, acompañado de acciones para intensificar la instrucción de sus cadetes, además de proyectar a Japón como una nación moderna que demandaba espacios de influencia dentro de la estructura geopolítica controlada por las potencias europeas y Estados Unidos en el Pacífico. Ese “legítimo reclamo” buscaba ser reconocido en el mundo a pesar de las reticencias de Washington.

Los frenéticos 30: hacia Pearl Harbor

El inicio de la década de los treinta estuvo marcado por un esfuerzo diplomático de Japón de atenuar las restricciones para el desarrollo de su poderío naval, que había aceptado desde los acuerdos de Washington en 1921. En la capital de Gran Bretaña, se organizó del 21 de enero al 22 de abril de 1930, la Conferencia Naval de Londres para el Desarme, cuyos participantes fueron el país huésped, Estados Unidos, Francia, Italia y Japón.[25]

Después de la entrada en vigor de lo negociado en Washington, se evidenció una virtual carrera naval para la construcción de “buques auxiliares” ya que las regulaciones acordadas sólo incluían las embarcaciones ya existentes en ese momento. Bajo esa realidad, se convocó a esa nueva conferencia internacional, (después del fracaso de los esfuerzos realizados en Ginebra en 1927), en la que se acordaron la extensión del Acuerdo Naval de Washington con respecto al tonelaje de la fuerza naval de 5:5:3, lo que significaba que en la proporción del peso de 5 toneladas de los buques de guerra estadounidenses y británicos, a Japón solamente le era autorizado tener 3 toneladas.

No obstante, los diplomáticos japoneses, encabezados por el embajador Matsudaira Tsuneo, lograron ampliar ese rango a casi 3.5. Asimismo, se limitaba la construcción de cruceros, destructores y submarinos, intercalando moratorias en periodos determinados. Bajo la perspectiva de los negociadores se consideró un resultado exitoso para Tokio aunque para los sectores militares en Japón esa idea no fue compartida, de modo que calificaron el acuerdo como indigno y violatorio a las prerrogativas constitucionales en las que se disponía que sólo los militares tenían que atender los temas concernientes a la seguridad nacional del imperio. Una de esas voces que demandaban denunciar el tratado fue la del influyente almirante Katō Kanji.[26]

Era claro tanto para Estados Unidos como para Japón que ante cualquier escenario de guerra entre ambos países, el control del Pacífico sería clave desde una perspectiva de la talasopolítica, como aspecto clave en las estrategias geopolíticas para el ejercicio de poder en el control hegemónico del espacio marítimo como parte de una política de Estado.[27]

En efecto, la Armada Imperial reconocía el hecho de que al desafiar el dominio de Estados Unidos en el Pacífico no se debían desestimar sus capacidades, opinión que no fue compartida cabalmente por el resto de las fuerzas militares. Una gran parte de la élite del sector naval de Japón había estudiado en Estados Unidos, o habían sido agregados diplomáticos, o incluso en las visitas de los buques escuela tuvieron la experiencia de conocer ese país, pero también a sus contrapartes, con algunos de los cuales se tuvieron que enfrentar en batallas navales decisivas después del ataque de Pearl Harbor en 1941.

El “incidente” de Manchuria de 1931, la formación del estado “títere” de Manchukuo y el posterior avance del expansionismo militar de Japón en China, que marcaría la denominada “Guerra de los 15 años”, llevó a Tokio a transitar un sendero accidentado dentro del ámbito internacional, que derivó en su retiro el 27 de marzo de 1933 de la Liga de Naciones.

Esa misma tendencia se observó en la Segunda Conferencia Naval en Londres de 1935-1936, dado que las disposiciones del anterior tratado (que sólo había sido ratificado por Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón, por la abstención de Francia e Italia) tenían una vigencia de cinco años y se debían renegociar. En el marco del control de los militares del gobierno japonés, se despachó como embajador plenipotenciario para asistir a la reunión al almirante Nagano Osami (algunos años después de su visita a México), con la consigna de no ceder un ápice y demandar una irrestricta paridad de sus capacidades navales con Londres y Washington. En las reuniones preparatorias fue claro lo complejo que era construir un acuerdo, y sucedió lo ya esperado: Nagano se retiró de la mesa de negociaciones denunciando la poca voluntad de eliminar el principio de inferioridad impuesto a Tokio. El representante japonés refrendaba que no significaba que su país se embarcaría en una carrera armamentista, ya que estaba abocado a preservar la paz mundial.[28] Los hechos históricos evidenciaron que se transitó el camino opuesto.

En ese contexto, en los cambios convulsos del cuarto decenio del siglo XX, se desarrollaron las dos últimas visitas a México, en la década de los treinta, de los buques escuela de la Armada Imperial japonesa. El 30 de abril de 1933, el Yakumo (capitán Niimi Masaichi) y el Iwate (capitán Suzuki Kasuke) anclaron en el puerto de Acapulco bajo el mando del vicealmirante Hyakutake Gengo (hermano de Hyakutake Saburō, que ya había estado en México en 1925), con una tripulación total de 1,527, incluyendo a 206 cadetes. La escuadra japonesa zarpó el 6 de mayo para regresar a aguas territoriales mexicanas el 27 de mayo.[29] Como parte del protocolo se dirigieron a la capital de la república para visitar a funcionarios mexicanos y al presidente Abelardo L. Rodríguez.[30] Como era costumbre, se realizaron diversas reuniones y convivios para la atención de los distinguidos huéspedes y de igual manera se llevaron a cabo actividades culturales y deportivas, así como recepciones en los buques para el público e invitados distinguidos. Sin embargo, hubo una excepción respecto de lo que se hizo en otras ocasiones: los festejos no se realizaron en el Yakumo ni en el Iwate, sino en el barco mercante Keiyu Maru, que también había fondeado en la bahía de Manzanillo.[31]

En suma, se organizaron actividades de proselitismo y promoción de la imagen de un Japón vigoroso en camino a su transformación en una potencia militar. El entorno había cambiado, por lo que las estrategias de la diplomacia pública desplegadas por la Armada Imperial buscaban dar señales de que sus acciones de avance en el territorio chino y el reconocimiento del estado de Manchukuo eran justas a pesar de las conclusiones de la Comisión Lytton ante la Asamblea General de la Sociedad de Naciones, que derivó en la aprobación de la moción de presentar una condena a Japón como país agresor hacia China. Lo anterior determinó la ya citada decisión del retiro de Japón de ese organismo internacional.

Un aspecto de interés fue que, a pesar de que México apoyó la resolución, dejaba claro que esa posición en la Liga de Naciones ‒a la cual recién se había incorporado‒ no afectaría los nexos bilaterales con Japón. En ese sentido, la cobertura de la prensa ante la llegada de la tripulación a cargo del vicealmirante Hyakutake evitó hacer mención sobre ese hecho, y se concentró en resaltar que era parte de frecuentes visitas que realizaban los buques escuela japoneses al país como expresión de los lazos de amistad.

Pueden plantearse de esto dos razones. Por un lado, la Legación japonesa en México realizó cabildeos, como era costumbre, con los principales editores de los diarios mexicanos (un ejemplo es la relación cercana con Rafael Heliodoro Valle, editor del Excelsior) para evitar referencias sobre la existencia de algún diferendo diplomático en relación con las políticas expansionistas japonesas en China. Por el otro, quizá el mismo gobierno mexicano también se orientó a evitar que hubiera una impresión de desencuentro con Tokio en su política internacional, lo que mermaría los “tradicionales sentimientos de fraternidad internacional”[32] entre los dos países.

Un suceso anecdótico fue que durante el viaje realizado por el agregado naval de la Legación de Japón en México, Ochi Kōhei, para recibir a los marinos japoneses en el puerto de Acapulco, éste fue objeto de un robo por parte del chofer del servicio de transportación que habían contratado durante un descanso en la zona de Tierra Colorada, Guerrero. Ante la denuncia presentada a las autoridades locales y federales, se logró detener al presunto ladrón y recuperar parte de lo substraído.[33]

El vicealmirante Yoshida Zengo fue el último comandante de una escuadra de instrucción que visitó México en 1936. Una vez más, el Yakumo y el Iwate, ambos bajo el mando, de manera respectiva, de Nakamura Toshihisa y Kakuda Kakuji, arribaron al puerto de Manzanillo el 21 de septiembre. Los marinos fueron recibidos por funcionarios mexicanos, por el teniente coronel Hamanaka Kyoho, agregado naval de la Legación, así como por numerosos miembros de la comunidad japonesa.

Como ya era algo establecido, en las diversas recepciones de que fueron objeto, también se organizaron conciertos, exhibiciones de artes marciales, lucha y box, todo lo cual era un deleite para el público asistente, así como un ejercicio para mostrar sus técnicas de combate.[34] A su llegada a la ciudad de México, la comitiva de los marinos se entrevistó con el secretario de Relaciones Exteriores, Eduardo Hay, y se expresaron de manera mutua los respectivos saludos a sus gobiernos y pueblos.[35]

Es de remarcar dos hechos que estuvieron presentes durante la visita de los miembros de la Armada Imperial. En primer lugar, el deceso de tres marinos, que durante la realización de maniobras para llevar provisiones a los buques japoneses, debido a fuertes vientos voltearon sus lanchas de manera intempestiva y cayeron en el mar junto a la carga que llevaban. Segundo, que durante su retorno a Manzanillo desde la ciudad de México, el vicealmirante Yoshida se encontró en Ciudad Guzmán con una parte de su tripulación, ya que estaban varados debido a un derrumbe que afectaba la vía férrea. Después de hacer consultas, ante la urgencia de zarpar rumbo a Hawai a tiempo, con funcionarios locales de los ferrocarriles nacionales, propuso que los 330 marinos japoneses (entre ellos oficiales, la tripulación y cadetes) ayudaran a quitar las rocas y la tierra hasta lograr despejar el camino. Lo anterior fue objeto de atención de la prensa, la cual calificó ese incidente como una muestra de su disciplina y el respeto a su itinerario para cruzar las aguas del Pacífico.[36]

Es de hacer notar que Yoshida fue nombrado ministro de Marina en agosto de 1939 en el gobierno de Abe Nobuyuki, cargo en el que continuó hasta la gestión de Konoe Fuminaro. Desde allí fue un gran opositor en la negociación del Pacto Tripartito con Alemania e Italia, a raíz de lo cual fue forzado a renunciar alegando razones de “salud”.[37] Esto permitió eliminar los obstáculos para la conclusión de la negociación y firma del documento el 27 de septiembre de 1940. Incluso, mostró su oposición a abrir un frente de guerra contra los Estados Unidos, al igual que Hyakutake Gengo. Sin embargo, tuvo que aceptar la decisión para después participar en diferentes responsabilidades dentro del frente bélico.

Reflexión final

La diplomacia naval japonesa, de manera indudable, fue un instrumento que acompañó, con ciertos disensos, las estrategias de la política internacional del imperio japonés. El adiestramiento de los nuevos cadetes no sólo se concentró en su instrucción básica sino también en el conocimiento de las rutas marítimas y su contacto con otras culturas, lo cual fue clave para forjar su visión del mundo con un acendrado patriotismo y veneración al mandato imperial.

Al mismo tiempo, la proyección de la imagen de Japón a través de la diplomacia pública era sustancial para mostrar a un país moderno, disciplinado y emprendedor. La reutilización de los acorazados y cruceros protegidos, la mayoría de los cuales había participado en la guerra con China y Rusia, para los fines de la formación de los nuevos miembros de la Armada Imperial, generaban el deleite de las personas que los visitaban, e incluso tener la oportunidad de ser invitado a una recepción en esos “gigantes de acero” sin lugar a duda era una experiencia inolvidable. Los conciertos de la banda de música en las plazas y parques provocaban la algarabía del público, al igual que las exhibiciones de artes marciales, sin dejar atrás la lucha y el boxeo, en donde en ocasiones se enfrentaban marinos mexicanos.

La práctica de las visitas recíprocas de los buques escuela de las fuerzas navales se mantiene hasta hoy día casi con los mismos protocolos, y al igual que antaño, genera atención entre los pobladores de los puertos en los que anclan los buques.

El Yakumo y el Iwate, seguidos por el Asama y el Izumo, fueron los que más veces tocaron aguas mexicanas. Algunos de ellos fueron reutilizados durante la Segunda Guerra Mundial en apoyo logístico ya que no eran aptos para el combate. Por su parte, algunos de los oficiales de la Armada Imperial que comandaron esos buques llegaron a ser ministros de la Marina (Nagano y Yoshida) o de Asuntos Exteriores (Nomura) y otros, incluso algunos que ya estaban en retiro, participaron en la conflagración en el Pacífico. Muchos de los comandantes de las escuadras de instrucción (los hermanos Hyakutake, Nomura, Yoshida) que visitaron México sobrevivieron a la derrota de Japón y fueron testigos del fin del sueño imperial y del nacimiento de una potencia económica en la década de los sesenta y setenta.


  1. Véase Pedro Iacobelli D. y Nicolás Camino V. “Diplomacia pública japonesa en la prensa chilena durante la Segunda Guerra Mundial”, Cuaderno de Historia 49, diciembre 2018, pp. 73-97.
  2. John Rodríguez Asti. “El buque construido para combatir al Huáscar y la Unión”, Revista de Marina, núm. 3, 2007, pp. 127-145.
  3. Carlos Glass. “Apuntes sobre el viaje alrededor del mundo de la corbeta Zaragoza recogidos por el doctor Carlos Glass, Médico de la Marina mexicana. 37,000 millas sobre los mares”, Revista Estudios de Asia y África, vol. XXIX, núm. 2, 1994, pp. 323-357.
  4. AHDGE. “Comunicación de Otori Fujitaro a Cándido Aguilar”, 15 de abril de 1918, Expediente 18-1-91, folio s/n.
  5. AHDGE. “Comunicación de Otori Fujitaro a Vicealmirante Suzuki, comandante del Iwate”, 17 de abril de 1918, Legajo 18-1-91, folio s/n.
  6. Véase Carlos Uscanga. “La Armada Imperial japonesa en México: ¿búsqueda de una alianza militar o despliegue de estrategias geopolíticas?”. Estudios de Asia y África 56 (3), 2021, pp. 545-76. https://doi.org/10.24201/eaa.v56i3.2697.
  7. “Función de cine, gratis en el Teatro Rubio, de visitas japonesas”, El Demócrata, 17 de noviembre de 1927.
  8. “Hoy arribaron los marinos nipones a Ver.”, El Mundo, 21 de octubre de 1922, p. 1.
  9. “Fueron recibidos en la estación por las comisiones de las Secretarías de Relaciones y Guerra. Hoy dará ministro de Relaciones una gran recepción en su honor”, El Decrata, 18 de octubre de 1922, p. 5.
  10. Archivo Histórico Diplomático Genaro Estrada (AHDGE). “Oficio del Jefe de Protocolo de la Secretaría de Relaciones Exteriores al ministro Furuya Shigetsuma”, 14 de diciembre de 1924, III-P-3672 1 al 47 – Caja 858 – Exp.47, s/f.
  11. AHDGE. “Oficio del ministro Furuya Shigetsuma al Secretario Aarón Saénz”, 29 de diciembre de 1924, III-P-3672 1 al 47 – Caja 858 – Exp.47, s/f.
  12. “México está llamado a desempeñar un gran papel en los asuntos internacionales”, El Informador, 14 de enero de 1925.
  13. Ibidem.
  14. “El heroico Japón, por conducto de sus bravos marinos, saluda a México”, Excélsior, 9 de noviembre de 1927.
  15. “El Contralmirante Nagano, declara que en su patria se siente un grande cariño para México y los Mexicanos”, Excélsior, 9 de noviembre de 1927.
  16. “Los marinos japoneses fueron recibidos ayer por el general Calles en Chapultepec”, Excélsior, 1 de noviembre de 1927.
  17. “Programa de Festejos en honor de los marinos de la Escuadra de Instrucción de Japón”, El Demócrata, 15 de noviembre de 1927.
  18. “La recepción de Ayer en el Palacio Municipal estuvo solemne”, El Demócrata, 19 de noviembre de 1927.
  19. AHDGE. “Discurso del Almirante Okada Keitsuke, Ministro de la Armada Imperial de Japón”, 20 de enero de 1928, III-P-3672 1 al 47- Caja 858- Exp.47, s/f.
  20. AHDGE. “Discurso del Ministro José Vázquez Schiaffino”, 20 de enero de 1928, III-P-3672 1 al 47- Caja 858- Exp.47, s/f.
  21. “Los barcos nipones en Manzanillo. Llegaron ayer por la tarde”, Excélsior, 1 de noviembre de 1929.
  22. “Descarriló el tren de Guadalajara en que venían los marinos japoneses”, Excélsior, 4 de noviembre de 1929.
  23. “Solo 8 horas estuvieron los marinos japoneses en la capital”, El Universal, 5 de noviembre de 1929.
  24. AHDGE. “Discurso de Ministro Katō en la Legación de México en Japón”, 20 de diciembre de 1929, expediente III/313,1(52)/1 1929.
  25. Ryuji Hattori. Japan at war and peace. Shidehara Kijuro and the making of modern Diplomacy, Australian National University press, 2021, pp. 178-181.
  26. F. J. Bradley. He Gave the order. The Life and Times of Admiral Osami Nagano, Merriam Press, 2014, p. 57.
  27. Mónica Velasco Molina (coordinadora). Reflexiones geopolíticas. Homenaje al doctor Leopoldo González Aguayo, UNAM, 2024, p. 110.
  28. F. J. Bradley, op. cit., pp. 57-58.
  29. AHDGE. “Oficio del Ministro mexicano al Secretario de Relaciones Exteriores, José Manuel Puig Casauranc”, 24 de enero de 1933, Exp. III-278-17, folio 1.
  30. “Visitarán al Sr. Presidente los marinos nipones”, El Informador, 20 de abril de 1933, p. 1.
  31. “Regresó a C. Guzmán la excursión que estuvo en Manzanillo a la llegada de los barcos escuela japoneses”, El Informador, 31 de mayo de 1933, p. 3.
  32. AHDGE. “Oficio del Ministro Hori Yoshiatsu al Secretario de Relaciones Exteriores, José Manuel Puig Casauranc”, 30 de mayo de 1933, Exp. III-278-17, folios 1, 65.
  33. AHDGE. “Declaración de Ochi Kōhei”, 9 de mayo de 1933, Exp. III-278-17, folios 1, 38-40.
  34. “El Yakumo y el Iwate el lunes llegan a Manzanillo”, El Informador, 19 de septiembre de 1936, pp. 1 y 2.
  35. “Banquete de despedida”, El Informador, 25 de septiembre de 1936, p. 1.
  36. “El Yakumo y el Iwate salieron de Manzanillo”, El Informador, 27 de septiembre de 1936, p. 1.
  37. F. J. Bradley, op. cit., p. 90.


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