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2 Un acercamiento a la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en los programas de materias

En este capítulo vamos a identificar y analizar las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en los programas de materias que versan sobre lo gerontológico en la formación docente en Educación Física, en los doce países que delimitamos dentro de la región de América Latina y del Caribe. Para ello hicimos una lectura de los programas, identificamos cuáles son los componentes que se explicitan recurrentemente para facilitar ese análisis (título, fundamentación, contenidos, bibliografía). Esta lectura nos permitió establecer tres amplias categorías que organizan un nudo conceptual sobre la base de los términos vejez, envejecimiento y personas mayores. En el desarrollo de este capítulo nos posicionaremos en autorxs que provienen de distintas disciplinas en su perspectiva crítica y que se usan en el campo de la Gerontología actual o Gerontología del siglo XXI. Con esxs autorxs diferenciaremos las tres categorías que son objeto de reflexión y que se constituyen en la guía de este primer análisis. Bajo el epígrafe “concepciones sobre vejez, envejecimiento y personas mayores en los programas de materias de la formación docente en Educación Física en los doce países estudiados”, daremos cuenta de las concepciones que visualizamos acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores.

Categoría vejez

El concepto vejez incluye diversos criterios y facetas para delimitarla: cronológicos, subjetivos, fisiológicos, históricos, políticos, económicos; todos ellos son criterios relativos y cambiantes, según la cultura. La vejez, del mismo modo que otras etapas del curso de vida (niñez, adolescencia, juventud, adultez), son construcciones sociales que se tiñen de acuerdo al sistema de valores que una sociedad produce en cada periodo de la humanidad. Sabemos también que la concepción de vejez actual surge con fuerza en la modernidad.

A la hora de considerar la vejez en la sociedad del siglo XXI se impone una reflexión sobre la misma a través del espacio y del tiempo, con el fin de entender este complejo fenómeno en la vida del ser humano en su totalidad, como un hecho ligado a la cultura y no solo a lo biológico (Polo Luque y Martínez Ortega, 2001). La vejez se diferencia del proceso de envejecimiento que comienza desde el día en que nacemos y finaliza con la muerte. Dicho con más precisión, la vejez es un subconjunto de fenómenos y procesos que forman parte de un concepto más global: el envejecimiento. Nacemos envejeciendo, vivimos envejeciendo y así morimos. La vejez es la etapa de la vida en que los síntomas del envejecimiento se hacen más evidentes (Alvarado García y Salazar Maya, 2014).

En otro orden, la antropóloga chilena Huenchuán (2001) afirma que la vejez es un constructo referente a una realidad múltiple, que no solo se caracteriza por el paso del calendario, sino que en ella se distinguen tres aspectos diferentes entre los cuales se incluyen los fisiológicos, los sociales y los culturales.

La definición cronológica de la vejez se refiere a la edad en años. Es un asunto sociocultural y cada sociedad establece el límite de edad a partir del cual una persona pasa a ser mayor o de edad avanzada. De acuerdo a la edad cronológica, acontecen cambios en la posición de los sujetos en la sociedad, debido a responsabilidades y privilegios que dependen de la misma (Huenchuán, 2004, p. 160). Un concepto que se viene utilizando, asociado a la edad cronológica, es el de “adulto mayor”. Según la Organización de las Naciones Unidas, la vejez se iniciaría a partir de los 60 años. Esta idea podría complementarse con Roqué y Fassio (2009), agregando que para los países desarrollados la vejez se iniciaría a partir de los 65 años, mientras que, para los países en vías de desarrollo, a partir de los 60 años cronológicos.

Por otro lado, la edad social alude a actitudes y conductas sociales que se consideran adecuadas para una determinada edad cronológica y, a su vez, se relaciona transversalmente con el género (Huenchuán, 2001, p. 499). Un concepto asociado al de edad social es el de tercera edad, que puede ser entendido como un estereotipo amable para referirse a la vejez. Al respecto, Mauro Brigeiro (2005) sostiene que la expresión “tercera edad” se difundió en América Latina como la manera más apropiada para referirse a la vejez (lo hemos observado, por ejemplo, en los programas de México, 2012, pp. 1-3; República Dominicana, 2018, pp. 2-7; Chile, 2019, pp. 1-3; Panamá, 2018, pp. 1-10). Según Brigeiro, “tercera edad” tiende a oponerse a la concepción de vejez asociada a la decadencia y la declinación, al tiempo que refuerza la idea de progreso o avance. El término presupone un sentido continuo de etapas progresivas —primera, segunda, tercera— no necesariamente en descenso. La propuesta intenta proclamar una nueva concepción en la que el curso de la vida sigue un creciente sin fin, sirviendo al propósito de anular la estigmatización identificada sobre esta población. En este sentido Brigeiro sostiene que “la expresión tercera edad tendría su historia relacionada con las intenciones de cambiar las connotaciones negativas existentes en torno a la vejez, afirmando esta etapa como la más propicia para la autorrealización, dada por la supuesta ventaja de la experiencia de vida acumulada” (p.105).

Respecto de la edad fisiológica, Huenchuán (2004, p. 160) la define en relación con la edad cronológica y la correlaciona con la pérdida de ciertas capacidades instrumentales y funcionales necesarias para mantener la autonomía e independencia; lo cual, si bien es un asunto individual, tiene relación directa con las definiciones normativas que la cultura asigna a los cambios ocurridos en la corporalidad, es decir, la edad social.

Teniendo en cuenta los argumentos de lxs investigadorxs que hemos mencionado, nosotrxs nos quedamos con sus posiciones, ya que definen la vejez no desde una etapa de pérdidas ni como una categoría general y homogénea, sino que rescatan la particularidad de las trayectorias de los sujetos. Es significativo que estas cuestiones no se aprecian en los programas analizados. Descartamos que solo la edad cronológica signifique la vejez, porque conduce a estereotiparla y con ella se incurre en conductas discriminatorias hacia las personas mayores. Pensamos que esa edad funciona como un ordenador social que determina lo posible y lo permitido para quienes envejecen.

Categoría envejecimiento

El concepto de envejecimiento nos permite distinguir dos acepciones: por un lado, el envejecimiento que experimentan las personas, al que se le da tratamiento y justificación desde diferentes enfoques o teorías biológicas, psicológicas y sociales que a su vez se nutren de distintos posicionamientos teóricos que han constituido el saber gerontológico de los siglos XIX y XX (por ejemplo: teoría del desgaste natural, teoría del desarrollo de Erikson, teoría del ciclo vital, teoría de la actividad, teoría de la desvinculación,[1] etc.); por otro lado, el envejecimiento que experimenta la población de un país (Huenchuán, 2001).

El envejecimiento como un proceso que abarca la totalidad del curso de vida

implica cambios reconocibles en los organismos a medida que se incrementa su edad cronológica. Comprende, además, una reducción progresiva de la capacidad funcional del organismo, pero también mantenimiento y enriquecimientos posibles, particularmente desde el punto de vista psicológico y social. En parte, el envejecimiento está bajo el control de condiciones genéticas, como lo están todos los procesos relacionados con la vida, pero su forma de darse y expresarse, su velocidad y calidad, dependen de condiciones y estilos de vida asumidos (CEPSIGER, 2000, p. 25).

Por otro lado, en nuestro siglo el envejecimiento demográfico es un fenómeno que se observa en todos los países a nivel mundial. Se denomina envejecimiento demográfico al aumento de la proporción de las personas mayores sobre el conjunto total de una población. Se considera que un país tiene una sociedad o población envejecida cuando el porcentaje de las personas de 60 años y más es del siete por ciento o traspasa este porcentaje (Roqué y Fassio, 2012). Sobre esta base se identifican para América Latina y el Caribe cinco etapas de envejecimiento demográfico por la que transitan los países: envejecimiento incipiente, moderado, avanzado, moderadamente avanzado y muy avanzado (CEPAL, 2017, 2019).

Nos parece interesante recurrir a Mingorance (2018) para ahondar en la forma en que se desarrolló la transición demográfica a partir del siglo XX. Para este autor los cambios demográficos acontecidos también fueron acompañados por aumento de las concepciones negativas respecto de la edad, y considera que estas pueden interpretarse de dos maneras.

Una de esas concepciones indica que el grupo de personas mayores formó parte del conjunto de integrantes débiles de sociedades con organización social primitiva en las que se percibió el envejecimiento como una carga. A fines de siglo XIX y comienzos del XX, en los albores de la sociedad capitalista-industrial-burguesa, las personas mayores perdieron los roles económicos tradicionales. Ello implicó su devaluación social y cultural. Los intereses superpuestos entre personas jóvenes y viejas en el mercado de trabajo instauraron discrepancias intergeneracionales. Esas diferencias se justificaron en los estereotipos y discriminaciones ya existentes sobre las personas mayores desde fines del siglo XIX, y entonces la caracterización cultural que se hizo de las personas viejas cambió de favorable a desfavorable:

Ello favoreció a los intereses de los propietarios de los medios de producción interesados en tener una fuerza de trabajo maleable, constituida por trabajadores jóvenes, a menores costos. Se sostiene que la emergencia de actitudes contra las personas mayores fue de naturaleza ideológica para legitimar la discriminación en el mercado laboral. En este sentido, se plantea que las actitudes viejistas sirven al propósito ideológico del avance de los grupos dominantes para devaluar los méritos de los viejos y disminuir la legitimidad de sus demandas políticas e intereses sociales (Mingorance, 2018, p. 39).

Otra concepción que se coloca en línea con la anterior plantea que la existencia de estereotipos relacionados con la edad marcó una tendencia positiva desde 1810 hasta 1880. Pero en las décadas siguientes esta tendencia se negativiza cada vez más. Según Mingorance

los factores que contribuyeron al aumento de la connotación negativa del envejecimiento fueron su ferviente proceso de medicalización, la modernización de los estados que se realizó paralelo al proceso de industrialización, la urbanización de las ciudades y diversas situaciones sociales que reducen el número de niños que crecen cerca de modelos de personas de edad con las cuales pueden identificarse (p. 40).

En otro orden de ideas, también podemos caracterizar la noción de envejecimiento con los postulados de los científicos Rowe (médico) y Kahn (psicólogo), quienes entre 1987 y 1997 propusieron el concepto de envejecimiento exitoso o saludable para diferenciarlo del concepto de envejecimiento normal.

Por envejecimiento exitoso o saludable entienden aquel proceso que incluye baja probabilidad de padecer enfermedades o discapacidad; elevada capacidad funcional y cognitiva; y mantenimiento de una vida activa en la sociedad. Con esta distinción ellos pretendieron contrarrestar la tendencia creciente en Gerontología a marcar una distinción entre lo patológico (enfermo) y lo no patológico (saludable); es decir, entre las personas que padecen discapacidades, enfermedades, patologías, y aquellas que no las sufren o padecen.

Dentro del ámbito gerontológico, Rowe y Kahn (citadxs en Petretto et al., 2016) representan la tradición estadounidense que refiere al concepto envejecimiento con éxito, cuyas primeras referencias son de Havighurst en 1961.

Por otro lado, la referente europea de los modelos de envejecimiento activo es la psicóloga Fernández Ballesteros. De sus postulados se deriva el modelo de envejecimiento activo adoptado por la Organización Mundial de la Salud. Para esta reconocida psicóloga, “las condiciones de salud, el funcionamiento físico óptimo, el alto funcionamiento cognitivo, el afecto positivo y la participación social son los criterios generalmente aceptados entre los investigadores para identificar esta forma de envejecer” (citado en Petretto et al., 2016, p. 235).

Llegado este punto, tenemos que hacer un alto y explicar que los términos “envejecimiento exitoso, saludable, positivo o activo” (por ejemplo, encontrados en los programas de México, 2019, pp.1-17; y 2012, pp. 1-4; Argentina, 2019, pp.1-6; 2019, pp. 1-3; y 2018, pp. 2-13) han recibido varias críticas. Si bien destacamos el optimismo de dichas concepciones para contrariar el fuerte peso discriminatorio que acarrea el fenómeno del edaísmo,[2] se deja por fuera la consideración de que la vida es vivida como un proceso subjetivo en el curso del tiempo y a través de diversidad de contextos y relaciones (Petretto et al., 2016).

Nuevamente, justificaremos con Brigeiro dichas críticas, dado que para este autor los problemas asociados a la edad avanzada no son factibles de controlarse individualmente. Respecto del concepto de envejecimiento saludable, Brigeiro afirma que

los determinantes de la salud no deben concentrarse únicamente en el individuo, dado que envejecer con salud requiere otras condiciones durante el curso de la vida, como el acceso a la educación, al trabajo y al descanso, bienes materiales y culturales dignos, políticas públicas inclusivas (2005, p.106).

Las críticas que recaen sobre el concepto de envejecimiento exitoso se traducen en la estigmatización de aquellas personas que no alcanzarían ese ideal de buen envejecer y con calidad de vida. Dicho de otro modo, si el individuo es responsable por la gestión de su envejecimiento exitoso o saludable, también lo será cuando no alcance dicho ideal, dado que las elecciones individuales también están condicionadas y definidas socialmente. Es menester que recordemos que estos términos —envejecimiento exitoso o saludable— se originan en contextos ajenos a América Latina y el Caribe, donde la desigualdad social y la diversidad se acentúan. En los programas de materias que estudiamos, se enseñan estos conceptos como sinónimos (por ejemplo, en los programas de México, 2019, pp. 1-17; y 2012, pp. 1-4; Argentina, 2019, pp. 1-6; 2019, pp. 1-3; y 2018, pp. 2-13) cuando de hecho no lo son, ya que cada acepción remite a un contexto geográfico y temporal específico de producción.[3] En esos programas no aparecen desarrolladas reflexiones en torno al uso acrítico de ellos o su posible vinculación con aspectos más amplios del desarrollo humano que adquieren valor diferencial de acuerdo con el contexto, tampoco permiten enmarcar cada experiencia vital en términos de pluralidad.

Tenemos que detenernos en la caracterización de la categoría envejecimiento e incluir el tratamiento del paradigma del envejecimiento activo, como una concepción más compleja, estructuradora y organizadora. Sin ánimo de contradecir lo que venimos argumentando respecto del término, y pensando en no contribuir con miradas que acentúen concepciones erróneas acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores, consideramos necesario ampliar aquella definición desde lineamientos teóricos autorizados.

En este punto, volvemos a las sociólogas argentinas Oddone y Pochintesta (2017, p.113), quienes definen el paradigma del envejecimiento activo como un marco normativo integral y flexible, que persigue el fin de mejorar la calidad de vida de las sociedades que atraviesan procesos de envejecimiento, conforme a lo que se observa, tanto en América Latina y el Caribe, como a nivel mundial. Este paradigma fue propuesto por la Organización Mundial de la Salud en el año 2002 y su objetivo era optimizar las oportunidades de salud, la participación social y la seguridad de las personas mayores a nivel global. Es el Centro Internacional de Longevidad de Brasil (2015, p. 42) el que agrega un cuarto componente a los tres anteriores: el aprendizaje a lo largo de toda la vida, en tanto recurso renovable que permite la condición de permanecer saludable, de adquirir y actualizar conocimientos y habilidades que permitan mantener las capacidades y mejorar la seguridad personal. Desde la perspectiva de políticas públicas, los componentes de salud, aprendizaje continuo a lo largo de la vida, participación y seguridad son los pilares políticos o áreas clave para la acción estratégica. El Marco político de la Organización Mundial de la Salud (2002) reconoce en el paradigma del envejecimiento activo seis tipos de determinantes clave que atañen tanto al individuo, como a su familia y a la sociedad: los económicos, los comportamentales, los personales, los relacionados con los sistemas sanitarios y sociales, y los relacionados con el entorno físico. A estos se agregan los determinantes transversales, como la cultura y el género. El mismo documento detalla una serie de principios que sintetizamos a continuación: ser activo no se restringe al concepto de actividad física o a la participación en el mercado laboral, sino que incluye el compromiso familiar, social, cultural, espiritual, voluntariado e intereses cívicos; el concepto de envejecimiento activo incluye a personas de todas las edades, con o sin discapacidad, frágiles y/o con necesidad de cuidados; las metas del envejecimiento activo son preventivas, restauradoras y paliativas (OMS, 2002); el envejecimiento activo está basado en reconocer a las personas mayores como sujetos de derechos[4] (ILCBR, 2015, p. 44); por último, estos principios comparten la responsabilidad mutua entre la sociedad y las personas. El paradigma del envejecimiento activo promociona la responsabilidad individual para aceptar las oportunidades que son posibles, dado que los derechos son reconocidos, pero no descuida que muchos individuos son excluidos sistemáticamente de la sociedad y que han perdido o pierden la posibilidad de realizar elecciones saludables a lo largo de la vida (ILC-BR, 2015, p. 44).

Entendiendo que este paradigma es un tópico estructurador-normativo que deben tener en cuenta todos los estados que prioricen trabajar en la planificación y ejecución de políticas públicas y sociales en pos del colectivo de personas mayores, queremos adherir a la aguda crítica de la socióloga Nélida Redondo.

Según su perspectiva, el envejecimiento activo es un

programa de la Organización Mundial de la Salud considerado elitista en los países en los que no existen sistemas de protección a la vejez. En lugar de ser una tercera edad placentera y creativa durante largos años, en algunos países la vejez implica el agotamiento de las capacidades físicas para ganar el sustento. Las personas adultas mayores continúan trabajando hasta edades extremas y el aumento de la esperanza de vida está caracterizado por la discapacidad, la fragilidad y la dependencia (2016, p. 6).

Si tenemos en cuenta el relevamiento del concepto que realizamos en los programas de materias, por ejemplo, en Argentina (2019,pp. 1-6; 2019, pp.1-3; 2018, pp. 2-13), Costa Rica (2018, pp. 1-16; 2018, pp. 1-18) y México (2019, pp. 1-17), vamos a coincidir con Redondo (2016), dado que percibimos una traslación natural y mecánica de este término a la muestra estudiada que corresponde a los países de América Latina y el Caribe seleccionados. De esto inferimos dos cuestiones: por un lado, que se lo usa como una tendencia o cliché, sin desarrollar sus fundamentos; y, por otro lado, que el concepto de envejecimiento activo se asocia acríticamente a la práctica de actividad física o realización de ejercicio físico. De este modo, se simplifica este concepto paradigmático. Tenemos que decir que la actividad física solo es un determinante conductual del envejecimiento activo. Un ejemplo de lo que venimos argumentando lo encontramos en un programa de México, donde en una actividad de aprendizaje se propone “realizar un listado de ideas principales sobre transición demográfica, variables del comportamiento poblacional, longevidad y envejecimiento activo” (2019, pp. 1-17). O, en el apartado presentación, se asevera que

la unidad de aprendizaje de Actividad Física y Salud para el Adulto Mayor, proporciona al estudiante los conocimientos teórico-prácticos necesarios para la promoción de la actividad física y el ejercicio para la población adulta mayor. La unidad se estructura en tres etapas que parten del conocimiento general relacionado a la salud, hasta la actividad física y el ejercicio físico en la población adulta mayor. La primera etapa contextualiza la situación internacional y nacional del envejecimiento poblacional; también se analizan de forma general aspectos relativos a la salud, la capacidad física, la actividad física y el ejercicio durante la vejez (2019, pp.1-17).

Advertimos en esta cita que los principios rectores o pilares del paradigma del envejecimiento activo están ausentes, y que su influencia en la construcción de políticas públicas de un país no adquiere relevancia. No se presenta una propuesta que articule la actividad de aprendizaje planteada en el programa con los pilares de salud, participación, seguridad y aprendizaje a lo largo de la vida. Tomamos ahora otro ejemplo para ampliar lo que venimos sosteniendo. En la presentación de un programa de Costa Rica se enfatiza en “la actividad física para la persona adulta mayor desde una perspectiva recreativa. Se utilizan diferentes técnicas para la enseñanza de ejercicios para incrementar la capacidad cardiorrespiratoria, además de la flexibilidad y el equilibrio, entre otros” (2018, pp. 1-16). Este programa también propone como contenido en el apartado “procesos bio-psico-sociales” (2018, pp. 1-16) el estudio del concepto de envejecimiento activo, pero cuando intentamos rastrear en el programa alguna evidencia que se relacione con este tópico, no la encontramos. Del mismo modo, uno de los objetivos generales del curso de Costa Rica propone “mostrar la importancia de la actividad física, el deporte y la recreación como uno de los componentes básicos para lograr el bienestar y calidad de vida en las personas adultas mayores” (2018, pp. 1-18). Volvemos a mencionar que la actividad física, cualesquiera sean sus formas —recreativa, deportiva, etc. —, por sí misma no es tendencial para el logro de un envejecimiento activo. Según nuestra perspectiva, en la particularidad de los pasajes de ambos programas que hemos mencionado se comparte una concepción de la actividad física destinada a la mejoría de la funcionalidad en las personas mayores por el simple hecho de ejercitarla. Consideramos que aún queda latente una real articulación de lo señalado en las propuestas con los nuevos marcos vigentes en la materia.

Categoría personas mayores-personas adultas mayores

Siguiendo el hilo de nuestra argumentación recurriremos nuevamente al psicólogo argentino Mingorance para apoyar nuestra caracterización de la categoría. Este autor sostiene que “después de un siglo de su afirmación como gerontología persiste la vigencia de la discusión por la denominación del objeto, más específicamente el sujeto, al que dedica sus estudios” (2018, p. 38). Atendiendo a esta perspectiva, a partir del siglo XX el avance en el fenómeno del envejecimiento poblacional comenzó a interpelar los saberes existentes hasta el momento, y se asistió a una modificación de las condiciones de producción de conocimiento dentro de la ciencia gerontológica actual. En esa línea, viejo-vieja, adulto mayor-adulta mayor, anciano-anciana, geronte, jubilado-jubilada, persona de la tercera edad, persona de edad, personas adultas mayores o senil, son nominaciones utilizadas en distintas épocas para designar a quienes transitan su vejez (INADI, 2016, p. 5).

La Organización Mundial de la Salud estableció en el año 1984 el uso del término adulto mayor para referirse a las personas de 60 años y más (Roqué, 2013). Si recurrimos a lo resuelto por la Asamblea General de las Naciones Unidas por Resolución 50/141, en el año 1996, llamó a sustituir el término ancianos y estableció adoptar la denominación personas mayores o personas adultas mayores, en conformidad con los Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de Edad (1991), con lo cual las celebraciones del año[5] o del día[6] correspondientes deberán incorporar dicha expresión también.

Nuestro posicionamiento teórico nos remite a la consulta de la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos de las Personas Mayores (2015). Allí se entiende por persona mayor a aquella de 60 o más, salvo que la ley interna determine una edad base menor o mayor, siempre que esta no sea superior a los 65 años.

Este concepto incluye, entre otros, el de persona adulta mayor (art. 2). Teniendo en consideración las evidencias reconocidas en los programas, podríamos pensar que algunos conceptos invocan implícitamente concepciones viejistas, por ejemplo, “anciano o geronte” en los programas de Argentina (2015, pp. 1-3; 2019, pp. 2-6), México (2012, pp. 1-4; 2012, pp. 1-3) y República Dominicana (2018, pp. 2-7). Otros funcionan como eufemismos que pretenden limitar la carga negativa de los términos tradicionales para nominar al sujeto, por ejemplo, “anciano” se reemplaza por “adulto mayor”. El término adulto mayor se evidencia, por ejemplo, en programas de Cuba (2017-2018, pp. 2-9), Costa Rica (2018, pp.1-16; 2018, pp. 1-18) y Colombia (2014, pp. 2-17). Remarcamos también que la historia de estos conceptos va acompañada de una transformación del actor social y sus denominaciones, como así también del impacto de saberes provenientes de otras disciplinas dentro del campo gerontológico, que lo actualizan. Inferimos que cada selección terminológica puede instalar una reflexión que nos interpela con esta pregunta: ¿qué tipo de concepciones se asientan en las elecciones terminológicas de los programas estudiados? Intentaremos responder esta cuestión en el siguiente apartado.

Concepciones sobre vejez, envejecimiento y personas mayores en los programas de materias de la formación docente en Educación Física en los doce países estudiados

Un conjunto de términos rastreados en los programas de materias nos permiten reflexionar sobre las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en la formación docente en Educación Física en América Latina y el Caribe.

Volvemos a aclarar que para el estudio de esas concepciones usaremos marcos teóricos de gerontólogxs reconocidxs, que suelen no coincidir con los marcos teóricos referenciados en los programas.

Es así como Lozano Poveda (2011, p. 94) afirma que los términos o conceptos reúnen criterios de competencia y de saber que conforman diferentes discursos acerca de la vejez y el envejecimiento; también se encuentran condicionados por la posición y los intereses de los sujetos que los producen. De esta manera, los discursos sobre la vejez y el envejecimiento se legitiman como verdad en un sistema ordenado que regula a unos con mayor fuerza en detrimento de otros. Dicho de otro modo, es un conocimiento legitimado por la posición dominante y por los intereses de los sujetos que lo producen y que lo justifican como verdad en un contexto social determinado.

Atendiendo a esas premisas, en líneas generales podemos anunciar que mayormente conviven y coexisten concepciones obsoletas, en tanto se aprecian los contenidos “tercera edad o cuarta edad o senectud”, por ejemplo, en los programas de Argentina (2015, pp. 1-3), México (2012, pp. 1-4) o Brasil (2018, pp. 28-29); y en menor medida, nuevas concepciones, en tanto se nombran los contenidos “vejez como etapa, o envejecimiento como proceso o personas adultas mayores”, por ejemplo, en programas de Uruguay (2019, pp. 1-12), Argentina (2019, pp. 1-6; 2019, pp. 1-3; 2016, pp. 2-15) y Costa Rica (2018, pp. 1-16; 2018, pp. 1-18). También aparecen concepciones que, más allá de las inferencias que hemos realizado precedentemente, otorgan positividad a los objetos que estudia la Gerontología, por ejemplo, al referir al contenido “envejecimiento activo o envejecimiento pleno” en los programas de México (2019, pp. 1-17) y Argentina (2019, pp. 1-6; 2019, pp. 1-3; 2018, pp. 2-13). Prevalecen concepciones negativas como “inflamación senil o proceso involutivo”, ejemplificadas en los contenidos de los programas de Brasil (2016, pp. 1-2) y Argentina (2015, pp. 1-3).

Se evidencian concepciones mayoritariamente ausentes en los programas. Por ejemplo, la alusión a vejeces, enmarcada en la diversidad de la etapa y en el enfoque de curso de vida, solo fue hallada una vez en la fundamentación de un programa de Argentina: “por tal motivo, consideramos de mucho valor las propuestas orientadas a recrear la mirada sobre la vejez, como un modo de vehiculizar los procesos de construcción de vejeces saludables y disfrutables” (2019, pp. 1-3).

La polisemia que se advierte en los programas por cada expresión destaca la pluralidad de significados utilizados para referirse al mismo término, ya sea la vejez, el envejecimiento o las personas mayores. Pero, a su vez, esa polisemia resulta arriesgada, dado que homogeneiza estas categorías, suprime o desdibuja los rasgos distintivos que caracterizan a cada una de ellas, asumiendo la pretensión de una definición homóloga para todo el conjunto (Mingorance et al., 2018).

Categoría vejez

Si tenemos en cuenta la categoría vejez, recuperamos lo que señalamos párrafos más arriba. Para nosotros esta categoría señala una etapa del curso de vida y la entendemos en tanto construcción cultural, aunque este sentido no es el que se refleja en los programas.

Tomamos los dos conceptos más representativos en los programas de las materias que, si bien se presentan como afines, son opuestos en sus concepciones; estos son tercera edad y vejez. Para el sentido común la tercera edad sería la expresión acertada, mientras que en el ámbito académico sería descabellado referenciar vejez como sinónimo de aquella. Esta última conceptualización es la que gana terreno en ámbitos científicos.

Ahora bien, entre los componentes de los programas de las materias hay una visible identificación del título del programa con el concepto tercera edad, por ejemplo, en México: “actividad física en la tercera edad” (2012, pp. 1-3); en República Dominicana: “actividad física para personas de la tercera edad” (2018, pp. 2-7); en Estado Plurinacional de Bolivia: “actividad física en la tercera edad” (2019, pp. 2-10); en Argentina: “Asignatura 1: educación física especial, actividad física y salud para el adulto y la tercera edad” (2015, pp.1-3); en Panamá: “actividades físicas para la tercera edad” (2018, pp. 1-10); y en Brasil: “corporeidad en la fase adulta y la tercera edad” (2018, pp. 28-29). Sin embargo, no podemos afirmar lo mismo para el concepto vejez, que no se evidencia en los títulos.

En lo que respecta al componente contenidos de los programas, el término tercera edad se utiliza, por ejemplo, en México, cuando se mencionan “características demográficas generales de la población de la tercera edad en México o mitos en la tercera edad” (2012, pp. 1-3); en República Dominicana: “valoración de la condición física en la tercera edad” (2018, pp. 2-7); en Panamá: “generalidades de la tercera edad” o “las actividades físicas en la tercera edad” (2018, pp. 1-10); para el caso de Chile, el programa de la materia se describe de esta manera: “el taller brinda a los estudiantes distinguir diferentes formas de entrenamiento físico para la tercera edad y planificar un programa de actividades para el mejoramiento de las distintas cualidades físicas” (2019, pp.1-3).

La alternancia con el término vejez se muestra en los contenidos de los programas. Por ejemplo, en México: “educación en la vejez” (2012, pp. 1-3); en Uruguay: “envejecimiento y vejez, ¿cómo son las personas mayores?” (2019, pp. 1-12); en Colombia: “demografía y epidemiología de la vejez”, “cambios cardiovasculares en la vejez” (2014, pp. 2-17); en Argentina: “el sentido de la vejez en el tiempo de hoy”, “cambios psicosomáticos en la vejez”, “envejecimiento y vejez. Nuevos aportes”, “el concepto de vejez”, “la vejez como fenómeno social: historia de la vejez; relaciones sociales y envejecimiento” (2019, pp. 2-8; 2019, pp. 2-10).

Podemos continuar ahora con el componente fundamentación de los programas, por ejemplo, en México: “la primera etapa contextualiza la situación internacional y nacional del envejecimiento poblacional; también se analizan de forma general aspectos relativos a la salud, la capacidad física, la actividad física y el ejercicio durante la vejez” (2019, pp. 1-17); en la presentación del programa de Uruguay: “el programa Educación Física para personas mayores pretende abordar y desarrollar los conocimientos teóricos conceptuales en los campos de envejecimiento y vejez a los futuros licenciados en Educación Física” (2019, pp. 1-12); en la introducción de un programa de Argentina: “desde esta perspectiva, se piensan elaboraciones positivas en la mediana edad y la vejez, que conducen a la generatividad e integridad, o negativas que conducen al estancamiento y la desesperación” (2019, pp. 2-10); en el marco teórico de otro programa de Argentina: “entre los términos envejecimiento y vejez suponen concepciones diversas, contradictorias entre sí, dinámicas en el tiempo, con sentidos variables, positivos o negativos, o aún más, son espacios en construcción” (2019, pp. 2-8); y en la fundamentación de otro programa de Argentina:

la conceptualización del término vejez y las valoraciones asociadas al mismo concepto plantea que uno de los factores que influyen negativamente en la aceptación de esta etapa de vida denominada adultos mayores, y en la falta de reconocimiento de las personas en cuanto tal, es decir, su pertenencia a este tramo etario es un fenómeno relacionado con la difusión de la identidad asociado a la pérdida del rol social de este grupo (2020, pp. 1-4).

Plantearemos que en los programas de materias estudiados se recuperan diferentes concepciones de vejez con sentidos construidos desde ejes yuxtapuestos y contradictorios que se colocan en tensión y que se desprenden de las diferentes acepciones que conservan su polisemia en el sentido común, antes que de la mirada gerontológica actual.

Notas que describen el componente bibliografía en la categoría vejez

Las concepciones que se asocian a la categoría vejez se sustentan en lxs siguientes autorxs que están presentados en los programas de las materias: Estrada Inda (médico, psiquiatra, psicoanalista, mexicano); Iacub (psicólogo, psicogerontólogo, argentino); Martínez, Morgante y Remorini (antropólogas, argentinas); de Beauvoir (filósofa, escritora, francesa); Castañeda García (psicólogo, español); Warner Schaie (psiquiatra, especialista en ciencias del comportamiento, estadounidense); Willis (psicóloga y especialista en ciencias del comportamiento, estadounidense); Salvador Carulla (médico psiquiatra, español); Cano Sánchez (médico obstetra, ginecólogo, español); Cabo Soler (bioquímico molecular, nutricionista, endocrinólogo, español).

En estxs autorxs observamos tres tendencias teóricas. Una de ellas mayoritaria, desarrollada por médicxs clínicos y psiquiatras; por otro lado, las apuntadas por psicólogxs (en su vertiente psicogerontológica); y en muy menor medida, una tercera tendencia teórica derivada de la socio-antropología.

Con respecto a las editoriales que avalan a estxs autorxs, se trata de compañías internacionales y multinacionales (alemanas, británicas, españolas) que editan libros en idioma español y cuentan con un sistema de distribución en los países de habla hispana, como Argentina, Colombia, España, México, pero también en Portugal y Estados Unidos. También se utilizan publicaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que incluye entre sus temas, dentro del área de trabajo “Población y desarrollo”, el de demografía del envejecimiento.

Categoría envejecimiento

En otro orden, cuando estudiamos en los programas de asignaturas la categoría envejecimiento, advertimos que está fuertemente atravesada por concepciones organicistas que desguazan el cuerpo, factible de ser analizado por sus partes, en sistemas y órganos con características específicas. Esto se aprecia cuando se mencionan, entre los contenidos, “envejecimiento anatómico”, “envejecimiento patológico”, “envejecimiento anatómico y fisiológico y su efecto sobre la actividad física”, “aspecto anatómico y psicológico del envejecimiento”, por ejemplo, en programas de Argentina (2016, pp. 2-15; 2018, pp. 2-13; 2019, pp. 2-6) y Panamá (2018, pp. 1-10); “envejecimiento biológico”, por ejemplo, en programas Argentina (2015, pp. 1-3) y Perú (2018, pp. 60); “envejecimiento de sistemas corporales”, “envejecimiento físico”, por ejemplo, en programas de México (2012, pp. 1-4; 2012, pp. 1-3); “envejecimiento fisiológico y biológico”, por ejemplo, en programas de Argentina (2019, pp. 1-6); “envejecimiento psíquico, social y físico”, “envejecimiento, manifestaciones, modificaciones anatómicas y psicológicas”, por ejemplo, en programas de México (2012, pp. 1-3) y Panamá (2018, pp. 1-10). Esta concepción organicista no es suficiente para comprender el proceso/fenómeno del envejecimiento, tal como nosotrxs definimos esta categoría a lo largo de este capítulo. En parte, esta concepción tiene un correlato, cuando en los programas de asignaturas se estudian las teorías sobre el envejecimiento; queremos advertir, además, que las que adquieren mayor visibilidad para justificar el proceso son aquellas que lo hacen desde el punto de vista biológico, como por ejemplo, la teoría del desgaste, la teoría del error, la teoría de radicales libres. Podemos mencionar los programas en los cuales se da tratamiento bajo esta consideración: México (2012, pp. 1-3); República Dominicana (2018, pp. 2-7); Estado Plurinacional de Bolivia (2019, pp. 2-10); Colombia (2014, pp. 2-17); Argentina (2016, pp. 2-15; 2019, pp. 2-6).

En un texto de su autoría, Barbero González (1997) afirma que la premisa más decisiva que ha guiado las prácticas (y nosotros agregamos: también los discursos) de lxs profesorxs en Educación Física ha sido la de entender el cuerpo como una máquina compuesta por distintos sistemas en los que es posible efectuar sucesivas divisiones y subdivisiones de sus componentes en función de su complejidad. Sostiene que en “el modelo del cuerpo máquina se combinan los supuestos científicos del positivismo, la racionalidad instrumental que impregna la organización de las sociedades modernas y la cuota de docilidad-productividad de las poblaciones que requiere e impone el sistema productivo” (1997, p.11). En la misma línea argumental que venimos presentando, podemos evidenciar en los programas lo planteado por este autor, por ejemplo, en el programa de Colombia se presentan estos contenidos: “fisiología del envejecimiento: cambios cardiovasculares en la vejez; cambios mecánicos en el corazón; cambios eléctricos en el corazón; cambios en los vasos periféricos (arterias y venas). Cambios en el sistema respiratorio en la vejez: cambios en las capacidades pulmonares; cambios en la elasticidad de la caja torácica; cambios en los músculos respiratorios; cambios del centro respiratorio. Cambios renales en la vejez; el riñón como filtro; balance hídrico; balance electrolítico; irrigación sanguínea” (2014, pp. 2-17); para el caso de un programa de Argentina se proponen los temas “envejecimiento fisiológico y biológico: aparato locomotor, sistema cardiovascular, sistema respiratorio, sistema nervioso, sistema endocrino, los sentidos” (2019, pp. 1-3); en un programa de México los contenidos son “envejecimiento de sistemas corporales: aparato cardiovascular y respiratorio. Características. Aparato locomotor. Características” (2012, pp. 1-3).

De acuerdo con los razonamientos que venimos realizando, en los programas de asignaturas se asocia el estudio del envejecimiento con una concepción organicista y patológica: “inflamación senil o inmunosenescencia” (Brasil, 2016, pp. 1-2), como se rotula, por ejemplo, en los contenidos en un programa de Brasil que se centra especialmente en vincular este proceso con condiciones patológicas, y repara en sistemas biológicos que dejan de funcionar o que presentan declive.

Apoyamos nuestros postulados en un documento elaborado por el INADI (2016, 2017) para afirmar que el proceso/fenómeno de envejecimiento no solo debe ser analizado en sus aspectos biológicos o genéticos, sino que es necesario atender a los factores psicosociales, ambientales, culturales, en los cuales se conjugan una multiplicidad de factores, dentro de un proceso de cambios permanentes.

La alusión al envejecimiento como “proceso involutivo” en tanto contenido; o, también, “transmitir y difundir conocimientos sobre los procesos evolutivos y/o involutivos del ser humano y cómo se trabaja desde la Educación Física” (2015, pp. 1-3), en tanto objetivo general de la asignatura en dos programas de Argentina, envuelve una concepción que, en línea con las anteriores, lo asocia a un estado de degradación o deterioro. Tiene una carga peyorativa importante. Si lo explicamos desde la concepción de una Psicología negativa, la involución en el proceso de envejecimiento implicaría una regresión a etapas más primitivas de la estructura psíquica, en la cual las personas mayores comenzarían a replegarse en sí mismas, sintiéndose frustradas, resentidas, ocasionándoles depresión y senilidad. Si lo aclaramos desde la perspectiva biológica, la concepción involutiva postula que el desarrollo motor es inexistente en la vejez, ya que describe este proceso en términos de involución motora general.[7]

Finalmente, la presencia de estas concepciones en los programas de asignaturas connota negativamente la temática gerontológica en la formación docente en Educación Física (Di Domizio, 2007). No vamos a negar que los cambios biológicos acontecen en este proceso, pero nos apoyamos en la perspectiva de la Gerontología del siglo XXI, que concibe el envejecimiento construido culturalmente, tomando las características particulares de cada grupo humano y de su contexto, produciendo a su vez diferentes maneras de representarlo (Fensterseifer, 2009; Lalive d´ Epinay, Bickel, Cavalli y Spini, 2011; Mariluz, 2019; Villar, 2020; Valero y Morgante, 2020).

Notas que describen el componente bibliografía en la categoría envejecimiento

Las concepciones que se asocian a la categoría envejecimiento se apoyan en lxs siguientes autorxs anunciadxs en los programas de las materias: Pardo Andreu (especialista en evaluaciones biológicas y en procesos químicos y farmacéuticos, cubano); Bermejo García (especialista en Ciencias de la educación, gerontóloga y educadora social, española); Fernández Ballesteros (psicóloga, socióloga, española); Huenchuán (especialista en estudios latinoamericanos, antropóloga, chilena); Pérez Fernández (especialista en salud mental comunitaria, psicólogo, uruguayo); Iacub (psicólogo, psicogerontólogo, argentino); Becerril González (especialista en Pedagogía, educadora social, española); Salech (especialista en Ciencias biomédicas, chileno); Sánchez del Pino (gerontólogo, español); Hernando Ibeas (filósofa, especialista en Ciencias de la educación, española).

En estxs autorxs observamos, en primer lugar, tendencias teóricas de las ciencias sociales y humanas: Educación social, Pedagogía, Trabajo social, Filosofía, Antropología; en segundo lugar, desde las ciencias de la conducta como la Psicología de la salud de corte positivo y comunitario. Y solo dos casos desde las ciencias biomédicas y farmacéuticas.

En atención a las editoriales que avalan a estxs autorxs, se trata de compañías españolas, argentinas y uruguayas. También algunas referencias se corresponden con publicaciones científicas on line, como la Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas, la Revista Biomédica del Instituto Nacional de Salud de Colombia o libros de las editoriales universitarias como, por ejemplo, de la Universidad de La Rioja en España.

Categoría personas mayores

Para el caso de la categoría personas mayores-personas adultas mayores encontramos en los programas de asignaturas una dimensión ambigua, dada por la presencia de términos que siguen plenamente presentes, pero que ya no son totalmente vigentes (Klein, 2009). En este punto, identificamos ciertas concepciones tradicionales en los programas que pueden ser generadoras de malestar o que promocionan prácticas viejistas, tal como lo mencionamos en párrafos más arriba: “anciano, ancianos, anciano frágil, añoso, paciente geriátrico, persona con dependencia o fragilidad”. Estos términos aparecen, por ejemplo, en los programas de Argentina (2015, 2016, 2018), México (2012), Brasil (2016), Colombia (2014), República Dominicana (2018), Costa Rica (2018) y Uruguay (2019). Respecto del concepto viejx/viejxs, es menester aclarar que entre lxs gerontólogxs es de uso habitual, y no se lo entiende como peyorativo; se alude a este término como se lo hace cuando se menciona la etapa niñez, la juventud o la adultez. El problema se presenta en el imaginario social, cuando el concepto adquiere una connotación muy negativa, asociándoselo a aquello que ya ha quedado en desuso.

Estas concepciones postulan posiciones adecuadas si se circunscriben a la modernidad pero, siguiendo a Klein (2009), son anacrónicas desde las nuevas realidades sociales, subjetivas y culturales que acontecen. Esas ideas las ejemplificamos de la siguiente manera: se pueden adoptar formas paternalistas, compasivas o asistencialistas, ya que históricamente ciertas concepciones hacia las personas mayores se han movido entre dos polos: el de la sabiduría, por un lado, y el de la enfermedad, por el otro, marcados por la tradición platónica y aristotélica, respectivamente (Méndez Gallo, 2007).

Además, queremos agregar que para los términos agrupados en la categoría personas mayores, tales como “adulto, adultos, adulto mayor, adultos mayores, anciano, ancianos, añoso, grupos de ancianos, paciente geriátrico, viejo, viejos”; subyace una concepción sexista, dado el uso preponderante del masculino, como aparecen por ejemplo, en los programas de Argentina (2018, 2019, 2020), México (2019), Chile (2019), Cuba (2017-2018), Costa Rica (2018), Colombia (2014), Perú (2017, 2018) y Brasil (2015, 2016).

Destacamos que estas denominaciones así presentadas invalidan una perspectiva de género.[8] En relación a ello podemos apreciar que en los programas de asignaturas se elude la incorporación del género como categoría analítica para reflexionar acerca de un fenómeno asociado al envejecimiento poblacional llamado feminización del envejecimiento.[9] De esta forma, se construye y se refuerza una concepción androcéntrica que no permite superar los estereotipos estigmatizantes que recaen sobre la vejez femenina.[10] En este orden de ideas, se puede afirmar que la vejez no se vive de la misma manera entre hombres y mujeres. Al respecto, en 1949 la obra El segundo sexo, de Beauvoir, pone de manifiesto que en la sociedad contemporánea las mujeres aparecen como propiedad del hombre:

el cuerpo de la mujer opera como signo de estatus social masculino. De este modo, las mujeres ancianas y pobres no sólo son desfavorecidas en términos materiales, sino que también se ven desprovistas de aquello que era su único bien: su cuerpo. La mujer reducida a su aspecto corporal es signo del poderío masculino, de status social (Citado en Suaya, 2015, p. 620).

Notas que describen el componente bibliografía en la categoría personas mayores-personas adultas mayores

Las concepciones que se asocian a la categoría personas mayores-personas adultas mayores se sustentan en lxs siguientes autorxs presentados en los programas de las materias: Amicco (licenciada en Trabajo social, argentina); Huenchuán (especialista en estudios latinoamericanos, antropóloga, chilena); Esquivel, Calleja Meza, Hernández Maldonado, Ortega Medellín, Hernández Paz (psicólogos sociales, psicólogos, mexicanos).

Esta bibliografía se corresponde con publicaciones como artículos y ponencias relevadas de la web, cuya trama argumental evidencia la problemática desarrollada. Se utiliza también el Informe mundial sobre el Envejecimiento y la Salud, (de la Organización Mundial de la Salud) que presenta un marco de acción para promover el envejecimiento saludable en torno a un nuevo concepto de capacidad funcional. En este Informe se propone cambiar el modelo curativo vigente en los sistemas de salud actuales por la prestación de cuidados integrales, centrados en las personas mayores.

Finalmente, advertimos que en relación a lxs autorxs señaladxs para las tres categorías anteriores, identificamos que algunxs de ellxs se corresponden con el discurso de la Gerontología del siglo XXI, como por ejemplo, Martínez, Morgante, Remorini; Iacub; de Beauvoir; Bermejo García; Fernández Ballesteros; Huenchuán; Pérez Fernández; Becerril González; Informe OMS. Teniendo en cuenta la temática por nosotrxs estudiada, estxs autorxs se pueden asociar a concepciones positivas acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores.

Ello nos permite decir que, a grandes rasgos, el discurso se permea de ciertos matices que pueden percibirse contradictorios en los modos de concebir las nociones gerontológicas estudiadas. Si hacemos un balance, esas concepciones son más bien negativas, antes que positivas. Nótese que utilizamos la expresión “a grandes rasgos”, puesto que los programas no detallan con precisión cuál es la bibliografía que se prioriza para el desarrollo de tal o cual contenido/tema a ser trabajado.

Conclusiones del capítulo: más cerca de la biología/naturaleza que de la cultura

Plantearse una concepción de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores implica reconocer la complejidad de su abordaje en tanto que exige contemplar un entramado de condicionamientos económicos, sociales, educativos, biológicos, junto a aspectos culturales, demográficos, históricos. Compromete considerar en ella su enorme heterogeneidad y diversidad que hace que sea imposible disponer de una concepción que la represente uniformemente. En los programas de materias de la formación docente en Educación Física identificamos y analizamos las concepciones de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores.

Consideramos que se las puede pensar entre la biología y la cultura. En el trayecto formativo del nivel superior en Educación Física aún se advierte un predominio que se ancla en una concepción biológica, cronológica, fisiológica, anatómica, organicista y psicológica (negativa), reconociendo que aquellas concepciones que incluyen la dimensión sociocultural —en tanto productos materiales y simbólicos construidos en una realidad particular connotada por múltiples factores— adquieren muy poca o escasa relevancia. Así, pues, inferimos que las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores presentadas en los programas derivan de datos biológicos que las naturalizan. A nuestro juicio, son pocos los argumentos críticos señalados para que las deconstruyan, ya que para la Gerontología del siglo XXI “cada grupo cultural promueve un tipo de envejecimiento, sus propios viejos y las cualidades que designan a este producto deberán ser leídas dentro del momento socio-histórico-político de su producción” (Salvarezza, 1987, citado por Mariluz, 2007, p. 6). Sin embargo, para las categorías vejez, envejecimiento y personas mayores esas cualidades aparecen homogeneizadas en los programas. Los términos agrupados por afinidad para las tres categorías estarían desconociendo una realidad que impone atender a diversos aspectos culturales.

Literalmente, en los programas de las materias analizados aparecen modelos de envejecimiento a priori, como podrían ser “envejecimiento activo o envejecimiento exitoso o envejecimiento saludable”, cuya aceptación acrítica, de una u otra manera, puede generar concepciones ideales, unánimes y estandarizadas para las trayectorias de vida de las personas mayores (Dulcey Ruiz, 2013, p. 193).

Relacionada con los modelos de envejecimiento activo, exitoso y saludable se ubica una creencia que se posiciona en la dimensión instrumental de la actividad física, el ejercicio físico y/o las prácticas corporales[11] para que las personas mayores se transformen en hiperactivas, a partir de adherir y sostener modelos normativos tendientes a cumplir con un deber ser o con una aspiración, tal como lo destacamos, citando a Brigeiro (2005), en párrafos precedentes.

Consideramos que los cambios acelerados en materia de envejecimiento poblacional en América Latina y el Caribe convocan a pensar la vejez y las trayectorias de las personas mayores de manera diferencial, incorporando amplias dimensiones en su abordaje: género, nivel socioeconómico, nivel de dependencia o autonomía, residencia urbana o rural, nivel educativo, etnia, condición de migrante; dado que, como venimos sosteniendo, no puede concebirse este grupo etario con generalizaciones.


  1. Excede a los propósitos de este estudio abordar todas las teorías. Ninguna de ellas por sí sola da cuenta de lo multicausal de este proceso. Se puede consultar la tesis doctoral de Satorres Pons, E. (2013). Bienestar psicológico en la vejez y su relación con la capacidad funcional y la satisfacción vital. Universidad de Valencia, España. Recuperado de https://cutt.ly/7Ag9wlx
  2. Según la OMS, el edadismo o edaísmo es la discriminación por motivos de edad que abarca los estereotipos y la discriminación contra personas o grupos de personas debido a su edad. Puede tomar muchas formas, como actitudes prejuiciosas, prácticas discriminatorias o políticas y prácticas institucionales que perpetúan estas creencias estereotipadas.
  3. Nuestro trabajo excede el tratamiento particularizado de los mismos. Ello podría constituirse en motivo de otra indagación. Al respecto, se pueden consultar trabajos de Rowe y Kahn (1987); Fernández Ballesteros (1998); Fundación MacArthur; OMS (2002); Carmona Valdés (2011); Oddone (2013).
  4. En la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (OEA, 2015), se expresa un cambio de paradigma respecto de la vejez, pues comprende a las personas mayores como sujetos de derechos y como ciudadanas y ciudadanos activos que tienen un papel valioso en la sociedad y contribuyen a su desarrollo. La ratificación de un instrumento de estas características supone la asunción de obligaciones jurídicas frente a la población, y los Estados tendrán grandes desafíos para cumplir con las normas que están establecidas en este tratado. La Convención posibilita la interpretación de los derechos humanos en el proceso de envejecimiento, desarrollando un marco jurídico que busca promover, proteger y asegurar el pleno goce y ejercicio de los derechos en la vejez, y para ello establece protecciones frente a prácticas discriminatorias y situaciones de violencia, al tiempo que favorece condiciones para que las personas mayores gocen de un nivel de vida adecuado, con autonomía e independencia (IPPDH, 2016, pp. 28-30).
  5. 1999: Año Internacional de las Personas de Edad.
  6. 1. º de octubre: Día Internacional de las Personas de Edad.
  7. El clásico libro de Meinel y Schnabel (1988). Teoría del movimiento. Motricidad deportiva, de Editorial Stadium, pertenece a una perspectiva teórica que va en esa línea y con la que no acordamos. Este libro cuenta ya con varias ediciones y es de consulta habitual en la disciplina.
  8. El género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. Las diferentes funciones y comportamientos pueden generar desigualdades de género, es decir, diferencias entre los hombres y las mujeres, que favorecen sistemáticamente a uno de los dos grupos. A su vez, esas desigualdades pueden crear inequidades entre los hombres y las mujeres, tanto con respecto a su estado de salud, como a su acceso a la atención sanitaria (OMS). En la importante obra de Simone de Beauvoir es factible advertir el tratamiento que realiza la autora de la temática de la vejez y del género. Podemos mencionar sus clásicos El segundo sexo (1949), La mujer rota (1968) y La vejez (1970).
  9. El alto grado de predominancia de mujeres dentro de la población envejecida a nivel global es lo que hace que surja tal designación, la de feminización del envejecimiento.
  10. Al respecto, en la Carta sobre Género y Envejecimiento: Equidad de Género en un Mundo que Envejece, se pone de manifiesto que las construcciones sociales de género refieren a todos los aspectos del envejecimiento en cada contexto socioeconómico, cultural e institucional. El envejecimiento poblacional y otros cambios demográficos profundos indican que los roles rígidos de género ya no puedan sostenerse. La revolución de la longevidad necesita de la evolución de un nuevo paradigma —uno que incluya un nuevo contrato social entre los hombres y las mujeres. Hay amplias diferencias en la arquitectura social de género, dentro de y entre las regiones. Estas diferencias deben indicar los enfoques para abordar desde las políticas públicas esas disparidades. Se debe brindar una especial atención a los efectos acumulados por las desventajas basadas en género en todos los campos. Es particularmente crucial la inversión en políticas que respondan a las necesidades de las actuales y de las futuras mujeres ancianas. De todas formas, brindar servicios a la llamada “feminización del envejecimiento” no debe descuidar las necesidades específicas de los actuales y futuros hombres ancianos. La Carta sobre Género y Envejecimiento fue adoptada en el 2º Foro Internacional sobre Longevidad (Río de Janeiro, 16-17 de octubre de 2014), una iniciativa del Centro Internacional de Longevidad de Brasil (ILC-BR).
  11. Recuperamos los términos de los programas analizados. Sus acepciones son bien distintas. Según la Organización Mundial de la Salud, se considera actividad física cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía. La actividad física no debe confundirse con el ejercicio. Este es una variedad de actividad física planificada, estructurada, repetitiva y realizada con un objetivo relacionado con la mejora o el mantenimiento de uno o más componentes de la aptitud física. La actividad física abarca el ejercicio, pero también otras actividades que entrañan movimiento corporal y que se realizan como parte de los momentos de juego, del trabajo, de formas de transporte activas, de las tareas domésticas y de actividades recreativas. Las investigaciones en el campo de la Educación Física que se vinculan con una concepción tradicional-positivista de la ciencia acuden recurrentemente a los términos señalados, centrados en una dimensión anátomo-fisiológica, en el cual el movimiento queda desprovisto de sus dimensiones subjetivas. El sintagma prácticas corporales se puede definir como el resultado de las acciones de los sujetos que se expresan en el cuerpo y con el cuerpo, se modifican, se construyen y cambian según las épocas, teniendo en cuenta los contextos que están sellados por cuestiones sociales económicas, políticas, culturales, biológicas, y que influyen en la construcción de subjetividades específicas entre los sujetos que las desarrollan (Lazzarotti, Silva et al., 2010).


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