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Introducción

Este libro es producto de una tesis doctoral, realizada en el Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, de la República Argentina.

El proceso de investigación inició en el año 2019 en la ciudad de La Plata. Por aquel entonces, nadie vislumbraba el escenario con el cual nos encontraríamos a nivel global a partir de marzo de 2020, dado por la irrupción de la pandemia por COVID-19. Durante ese año tan particular, la investigación continuó, por momentos, con interrupciones, y en otros, con promisorios avances. Estas líneas introductorias continuaron su escritura en 2021. En marzo de ese año nos acechó la segunda ola de la pandemia, se renovaron las preocupaciones y, más que nada, la incertidumbre. Quien quiera desoír estas palabras que lo haga, pero el advenimiento de esta nueva enfermedad es un punto de inflexión que se grabará en las trayectorias individuales de cada unx de nosotrxs y, sin dudas, constituye un hecho que marcará la impronta del siglo XXI.

Sin embargo, esta no es una investigación sobre el COVID-19, a sabiendas de que su huella quedará implícita. Aquí se indagó sobre las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en programas de materias de índole gerontológica en las carreras de Educación Física de países de América Latina y el Caribe. En este sentido, Pozo (2006), Lirio Castro (2008), Simarra Obeso y Cuartas López (2017), al definir concepción aluden a ideas, opiniones o maneras de entender cierto objeto (información, procesos, prácticas, sucesos, etc.). Tienen que ver con formas de transmitir, implícita o explícitamente, ciertas construcciones que realizamos sobre fenómenos de la cultura. Si entendemos que se trata de conceptos o ideas que se forman en la mente de las personas para comprender la realidad, estamos en condiciones de afirmar que la pandemia por COVID-19 puso nuevamente en circulación las más agudas miradas negativas acerca de las personas mayores, reforzadas con expresiones muy frecuentes como soledad y asistencia; fragilidad y carencia; pérdida y enfermedad; colocando a lxs viejxs en el lugar del descarte. Tampoco decimos que antes de la pandemia esas concepciones estaban ausentes en las sociedades actuales. No obstante, pese a los esfuerzos en materia de políticas públicas llevados adelante por los Estados, y de los avances académicos y científicos en temas de vejez y envejecimiento en las últimas décadas, los prejuicios en relación con la edad aún no han sido deconstruidos.

Entendemos que el saber gerontológico se construye culturalmente, y que la construcción de ese saber se tiñe en mayor o menor medida de los preconceptos que circulan en torno a los objetos que hace de su estudio la Gerontología.

En este último punto, articulamos con la propia investigación doctoral, mencionando que el objetivo general se encaminó a comprender las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en los programas de materias que versan sobre lo gerontológico en el ámbito de la formación docente en Educación Física de instituciones públicas de educación superior en doce países de América Latina y el Caribe, a partir del año 2010. En otras palabras, el eje del análisis se centró en las grandes formaciones discursivas cristalizadas en los programas, que tienden a naturalizarse y universalizarse.

A su vez, para contribuir al logro de ese objetivo nos propusimos identificar y analizar aquellas concepciones en dichos programas; distinguir y explicar sus tensiones paradigmáticas; identificar las perspectivas teóricas que configuran el campo de la Educación Física a partir de ellas; y, por último, enunciar ejes de discusión e intervención sobre estas temáticas para la formación docente en Educación Física, teniendo en cuenta la línea argumental de la Gerontología del siglo XXI.

La elección del tema de investigación se vincula con motivaciones intrínsecas, por hechos de nuestra propia historia personal que en un punto confluyen con el recorrido profesional y académico transitado desde hace treinta años, delimitado en un momento iniciático, cuando las clases de Educación Física empezaron a proyectarse con personas mayores.

Movilizadxs por nuestras inquietudes en torno a la formación y capacitación gerontológica, nos planteamos algunos interrogantes: ¿cuáles son las concepciones sobre la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en los programas de materias que versan sobre lo gerontológico en la formación de profesorxs y licenciadxs en Educación Física, en doce países de América Latina y del Caribe, en los últimos diez años? También es factible preguntarnos: ¿qué saberes circulan en torno a esas concepciones en la formación docente de profesorxs y licenciadxs en Educación Física y, en función de ello, qué sesgo es el que se imprime a ese trayecto formativo? Por otro lado: ¿de qué manera tuvieron pregnancia en la Educación Física los marcos teóricos que postula la Gerontología del siglo XXI para diseñar los programas de materias que versan sobre la temática?

Así, pues, en nuestras intervenciones docentes circulan sentidos y significados a partir de las propias creencias sobre lo gerontológico que se ponen en juego a la hora de imaginar qué sería esperable para aquellas personas que transitan su vejez.[1]

Por lo tanto, este estudio intentará ser un aporte modesto desde y para el campo de la Educación Física, disciplina en la que ponderamos su naturaleza pedagógica con una intencionalidad educativa (Bracht, 1996). Además, estimamos la importancia de que este estudio pueda sentar un precedente que articule Educación Física y Gerontología educativa, producto del paralelismo que en nuestra formación profesional asumimos en ambas áreas de conocimiento, desde una perspectiva socio-crítica y de derechos, que se condice con lo que denominamos a lo largo de las páginas como Gerontología del siglo XXI.[2]

Reconocemos en la Educación Física una práctica social comprometida desde la óptica de las ciencias humanas y sociales. En el mismo sentido, en varios pasajes del libro mencionaremos la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Este tratado se aplica en el contexto que elegimos para realizar la indagación; algunos países ya lo han incorporado a su normativa interna para garantizar los derechos de las personas de edad. Representa un valioso instrumento que permite revisar las maneras en que la sociedad y la comunidad científico-académica han conceptualizado la vejez. El texto de la Convención también nos permitió reflexionar sobre ciertas concepciones que se evidencian en los componentes de los programas de materias analizados, con el fin de interpelarlas. En ellas persiste una imagen geriatrizada de esta etapa del curso de la vida, reforzando la idea del cuerpo débil, deteriorado y que se enferma por el solo hecho de ser viejx (Chamorro García, 2020).

Los argumentos socio-demográficos que plasmamos en este estudio afirman que la transición demográfica y/o las transformaciones acontecidas en las estructuras poblacionales, tanto a nivel mundial, como en América Latina y el Caribe en particular, muestran un irreversible y significativo fenómeno de envejecimiento de las sociedades. Nos encontramos, entonces, ante la disminución de la natalidad y de la mortalidad, el incremento de la esperanza de vida, la disminución de la población joven y el aumento de la población mayor. Nuestra región viene transitando este proceso de manera acelerada, con diferenciaciones entre los países que la componen y con desarrollos que varían entre ellos.

No obstante, podemos adelantar que estas cuestiones que colocan en contexto la temática sobre la que avanzamos en este trabajo aún no han influido en la formación docente en Educación Física en lo que respecta a nuevas posibilidades de repensar el diseño de los programas. Consideramos que la impronta escolar tensiona el campo de la Educación Física cuando ésta desarrolla sus prácticas con personas mayores. La formación en asuntos de vejez y envejecimiento dentro de la disciplina se ubica en los márgenes, si lo comparamos con otros campos académicos de corte social y humanístico.

Estimamos que las conclusiones a las que arribamos con nuestra investigación intentan fortalecer un campo disciplinar que juzgamos un tanto endeble, dado que las producciones que se centran en temas de la vejez y de las personas mayores se ubican hasta el hartazgo en el campo de las actividades físicas, ponderando los beneficios orgánicos y fisiológicos de la práctica corporal en el proceso de envejecimiento. Esos estudios suelen reforzar estándares que intentan normalizar los cuerpos de las personas mayores, “gastados”[3] por el paso del tiempo, donde los aspectos sociales y culturales son subsidiarios. Lejos de centrarnos en enfoques y pesquisas biomédicas, colocamos este trabajo en diálogo con algunos antecedentes que provienen de distintos campos disciplinares, cuya perspectiva crítica nos permitió posicionarnos en un abordaje de las temáticas gerontológicas que puedan dar cuenta del envejecimiento como un proceso diferencial, universal, multidimensional; entendiendo que los seres humanos envejecemos de forma plural y diversa, y que la vejez es la etapa del curso de la vida con mayor heterogeneidad, lo cual nos permite significarla en la expresión vejeces, como lo propuso Lalive d´ Epinay (1983).

Es nuestra aspiración que este libro funde una contribución al campo de la Educación Física, con el anhelo de que provoque el acercamiento a diferentes lecturas e intercambios sobre la temática, en las instituciones formadoras de América Latina y el Caribe. De manera más general, también podrá hacer aportes al campo de la Gerontología educativa,[4] desde la particular óptica de nuestra disciplina.

El contexto: América Latina y el Caribe

A la hora de considerar la vejez en la sociedad del siglo XXI, se impone una reflexión sobre la misma, con el fin de entender esta diversa etapa en la vida del ser humano ligada a la cultura y no solo a la biología. Por otro lado, se asume que el envejecimiento es un proceso que implica cambios reconocibles en los organismos a medida que se incrementa su edad cronológica. En tal sentido, se trata de un proceso universal, aunque también diferencial, sujeto a la trayectoria vital de quien porta los años, que al mismo tiempo, responde a variables histórico-sociales-culturales más amplias.

A nivel mundial estamos asistiendo a un aumento sostenido del envejecimiento poblacional. Este proceso llamado transición demográfica implica transformaciones en las estructuras de la población, es decir que la proporción de personas de edad es cada vez mayor respecto de lxs niñxs y jóvenes. En esta transición se reducen las tasas de mortalidad y fecundidad. Paralelamente, este hecho es acompañado por los avances de la ciencia y la tecnología, el mayor acceso a la cultura, los hábitos higiénicos y la salud, factores que han suscitado una mejoría en la calidad de vida de las personas mayores. Esta transformación demográfica caracteriza el siglo XXI, ya que por primera vez en la historia se observa un paulatino crecimiento de la población vieja, sin marcadores que den cuenta de que este fenómeno empiece a detenerse.

Caracterizando el proceso de envejecimiento poblacional en la región

Existe una vasta cantidad de obras que se pueden citar para delimitar América Latina y el Caribe o Latinoamérica. En sí mismo este asunto ha motivado complejas discusiones teóricas y políticas, que en este punto son ajenas a nuestro estudio, ya que podrían constituirse en objeto de indagación para otros trabajos de la mano de otras disciplinas.[5] No obstante, consideramos que las sociedades latinoamericanas no pueden ser pensadas como un conjunto homogéneo; esta cuestión conllevaría a incurrir en un reduccionismo a la hora de pensar la región.

Realizada esta aclaración, haremos referencia al territorio en el cual ubicamos nuestro estudio. Nos interesa delimitarlo geográficamente y reconocerlo demográficamente, teniendo en cuenta la variable del envejecimiento poblacional.

América Latina y el Caribe es una región que, desde el punto de vista físico, se extiende desde el sur del Río Bravo que separa a Estados Unidos de Norteamérica de México, hasta el Cabo de Hornos en Chile. Geográficamente, incluye a México, América Central y el Caribe, y Sudamérica. En esta región existen cordones montañosos, volcanes y cuencas hidrográficas de origen similar. Se caracteriza por su enorme variedad de ecosistemas, que están determinados por la presencia de diversos relieves y climas que hacen de esta una región heterogénea en paisajes y formas de vida.

Está compuesta por los siguientes países: Antigua y Barbuda; Argentina; Bahamas; Barbados; Belice; Estado Plurinacional de Bolivia; Brasil; Chile; Colombia; Costa Rica; Cuba; Ecuador; El Salvador; Granada; Guatemala; Guyana; Haití; Honduras; Jamaica; México; Nicaragua; Panamá; Paraguay; Perú; República Dominicana; San Vicente y las Granadinas; Santa Lucía; Suriname; Trinidad y Tobago; Uruguay; República Bolivariana de Venezuela. Si bien geográficamente se encuentran en la región latinoamericana, no forman parte de ella —por considerarse territorios autónomos o islas con estatus de región— los siguientes países: Curaçao (Reino de los Países Bajos); Guadalupe (Francia); Guyana Francesa (Francia); Islas Vírgenes de los Estados Unidos (Estados Unidos); Martinica (Francia); Puerto Rico (Estados Unidos); Aruba (Reino de los Países Bajos).

Esquemáticamente, podemos decir que la región de América Latina y el Caribe comprende tres subregiones:

  • América Central o Centroamérica: Belice; Costa Rica; El Salvador; Guatemala; Honduras; México;[6] Nicaragua; Panamá.
  • El Caribe: Antigua y Barbuda; Bahamas; Barbados; Cuba; Granada; Haití; Jamaica; República Dominicana; San Vicente y las Granadinas; Santa Lucía; Trinidad y Tobago.
  • América del Sur o Sudamérica: Argentina; Estado Plurinacional de Bolivia; Brasil; Chile; Colombia; Ecuador; Guyana; Paraguay; Perú; Suriname; Uruguay; República Bolivariana de Venezuela (CEPAL, 2015, 2017, 2019)

Como hemos comentado anteriormente, en las últimas décadas el envejecimiento poblacional en la región presenta una etapa de progreso acelerado, tendencia que continuará en un futuro próximo. No obstante, en aquellos países más pobres del continente este proceso aún es incipiente (Arias, Soliverez, Bossi, 2020). A su vez, el grupo de personas mayores que vive en la región se diferencia por el envejecimiento interno de cada zona/país/ciudad. Los países que atraviesan fases más tempranas del envejecimiento presentan proporciones menores de personas de 75 años y más, ubicándose en su mayoría entre los 60 y 74 años de edad en su población total. Para el caso inverso, los países con procesos acelerados de envejecimiento, concentran un mayor porcentaje de personas de 75 años y más en el total de su población. En general, en todos los países de la región se observa un aumento de la esperanza de vida a los 60 años (promedio de 22,4 años), con diferencias según el género y la etapa de envejecimiento por la cual transitan. También se registra que, según avanza la edad, la proporción de personas mayores con discapacidad va aumentando. Sin embargo, el porcentaje no es excesivamente elevado en los países de América Latina y el Caribe, ya que oscila entre un 5 por ciento y un 24 por ciento. En cambio, la pobreza se presenta en porcentajes elevados en la mayoría de los países que integran el continente. Las personas mayores viven en zonas urbanas y, en menor medida, lo hacen en zonas rurales. En algunos estados la población urbana está más envejecida que en las zonas rurales; tal es el caso de Argentina, Costa Rica y Cuba. Y, en otros casos, la población rural está más envejecida que la urbana, por ejemplo, en Estado Plurinacional de Bolivia, Chile, México, Panamá y República Dominicana. O sea que, entre los distintos estados, se advierten diferencias (Arias, Soliverez, Bossi, 2020).

Respecto del nivel educativo, es manifiesta la disminución en el porcentaje de analfabetismo; dicho de otro modo, la población mayor posee mejores índices de formación, aunque existen brechas entre las áreas rurales y urbanas de los países, así como entre hombres y mujeres.

En lo que concierne a los pueblos indígenas en la región, se constata que estas poblaciones continúan siendo más jóvenes que las que no lo son. La población indígena más joven se encuentra en Colombia y Panamá. Los contrastes entre población indígena y no indígena se observan en Brasil y Panamá, debido al envejecimiento avanzado de esta última. En Costa Rica, Argentina y Uruguay, la población indígena presenta una estructura claramente envejecida, coincidiendo con la etapa muy avanzada de la transición demográfica que estos países se encuentran atravesando.

La población de personas afro-descendientes se halla en una etapa avanzada de su transición demográfica. Los países con una mayor proporción de personas de edad afro-descendientes son Argentina, Cuba, Panamá y Uruguay. En todos ellos esta cifra supera el 10 por ciento y en Cuba alcanza el 15,2 por ciento, mientras en el Estado Plurinacional de Bolivia su peso relativo no llega al 7 por ciento. No obstante, aunque este grupo se encuentre en un estadio avanzado de su transición demográfica, en la mayoría de los países es relativamente más joven que el resto de la población, como sucede, por ejemplo, en Cuba y Uruguay (Huenchuán, 2018, pp. 51-53).

En América Latina y el Caribe la población de personas mayores está conformada predominantemente por mujeres; del mismo modo acontece a nivel mundial. Este fenómeno se denomina feminización del envejecimiento. La población femenina presenta un proceso de envejecimiento interno, dado que se incrementa el grupo de mujeres mayores de 75 años y más, respecto del grupo de 60 a 75 años. Esto podría indicar la sobrevida que experimentan en la región las mujeres de más de 60 años. Las mujeres de edad tienen más probabilidades de quedarse viudas que los varones, dado que su esperanza de vida es mayor. En promedio, pueden esperar vivir como viudas entre 5 y 15 años, por lo cual transitan solas muchos años de vida (Roqué y Fassio, 2016, p. 18). En esta línea, las autoras explican que

el género y el envejecimiento se encuentran estrechamente ligados. Las mujeres envejecen en un contexto social, cultural, económico y político patriarcal que incide en el envejecimiento al configurar los roles que prevalecen a lo largo de sus vidas. Los roles de mujeres y varones son determinados socialmente y van cambiando con el transcurso de los años y los contextos (pp. 25-26).

En ese orden de ideas, todos los cuidados de salud prestados en el hogar son casi siempre realizados por mujeres. La mayor parte de ese trabajo no recibe apoyo, no se reconoce y no está remunerado. Roqué y Fassio también afirman que, si bien las mujeres viven más años que los varones, lo hacen en mayor condición de discapacidad y con más patologías crónicas, relacionadas con factores de riesgo que aparecen en la adolescencia y en la edad adulta, como el consumo de tabaco, el sedentarismo y las dietas inadecuadas. Otros problemas de salud que aquejan a las mujeres de edad avanzada son la pérdida de audición y de visión, artritis, depresión, demencia y patologías cardiovasculares.

Por otra parte, en relación a las personas mayores gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales, esta cuestión es abordada por lxs especialistas Roqué y Fassio (2016), el INADI (2017), la CIDH (2020) y Rada Schultze (2021). Para Roqué y Fassio (2016, p. 159) el número de gays y lesbianas mayores se incrementará en los próximos años, del mismo modo en que, paralelamente, acontece el aumento de las personas mayores en las sociedades actuales. Se estima que entre el 8 y el 10 por ciento de la población mayor declara ser gay o lesbiana. No obstante, parecería que este no es el número real, porque debido a la doble discriminación —viejista y homofóbica— que recae sobre las personas mayores, muchas lo ocultan. Se espera que para las nuevas generaciones esta situación cambie y que se atiendan las necesidades de una población que se acrecienta. En la misma línea, para el INADI (2017, p. 26) la desatención y la invisibilidad han marcado esta temática en la vejez. Y pone como ejemplo que, en el documento de la Segunda Asamblea Mundial (Madrid, 2002), cuando se insiste en la perspectiva de género, es más bien entendida como una realidad en perspectiva femenina, sin menciones al colectivo de personas gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales.

Recientemente, en la proyección de políticas públicas, se está tomando en cuenta al grupo de personas adultas mayores gays y lesbianas.

En el documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2020, p. 50) se señala que el promedio de vida de las mujeres trans en América Latina se encuentra entre los 35 y 41 años, a diferencia de la expectativa de vida general de la región, que es de 75 años.

Rada Schultze afirma que

el descubrimiento de su identidad derivó en prácticas discriminatorias en los espacios familiares y educativos, lo cual las llevó al abandono de sus hogares y estudios. Así, muchas de ellas al encontrarse en las calles solas, no hallaron mayor posibilidad de subsistencia que la prostitución. De ese modo, sus cursos de vida están signados por una violencia que se inicia a temprana edad y las acompaña a lo largo de sus vidas. Esto imposibilita hablar de una adultez mayor trans, ya que gran parte de ellas muere en su mediana edad (2021, p. 103).

Finalmente, en los artículos 4 y 5 de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (2015) se prohíbe toda discriminación e, incluso, se hace especial referencia a la relacionada con la identidad de género. Es importante aclarar que, en algunos contextos, las personas trans envejecen siendo objeto de maltrato, padeciendo abusos y/o situaciones de violencia.

Después de realizar esta caracterización preliminar y no exhaustiva, afirmamos que las personas mayores transitan su vejez y envejecimiento en caminos diferenciales y con formatos bien diversos que suceden en su acontecer. Estas caracterizaciones nos interpelan para reflexionar en términos de vejeces en plural —como lo designa Lalive d` Epinay— y no en singular, ya que ello conlleva a encasillar en una concepción unívoca un proceso complejo que no es posible reducir a una dimensión cronológica, como usualmente se lo define. Más bien todo lo contrario: en contextos tan marcados por la desigualdad, el imperativo de comprender la vejez, en tanto construcción social y cultural, se recrea y se reelabora signada por acontecimientos que irrumpen en nuestras biografías, atribuyendo peculiaridades al curso de vida.

Existen contrastes en un continente que no es posible definir como una totalidad; por el contrario, advertimos sus matices, así como también sabemos que la singularidad de esta región, se encuentra dada por la convergencia hacia el proceso de envejecimiento poblacional.

Por otra parte, las expresiones del envejecimiento demográfico que se aprecian en América Latina y el Caribe serán distinguidas a continuación a partir de clasificar los países según la etapa del envejecimiento poblacional que se encuentran atravesando, sobre la base de dos indicadores nominados: tasa global de fecundidad e índice de envejecimiento (Huenchuán, 2018). La tasa global de fecundidad es el número de hijos que, en promedio, tendrían las mujeres durante su vida fértil o reproductiva. El índice de envejecimiento expresa un porcentaje que relaciona la cantidad de población de 60 años y más con respecto a la población de menos de 15 años, en el conjunto de la población total de un país.[7]

Tomando las explicaciones precedentes, pudimos avanzar en el siguiente ordenamiento con datos aportados por la CEPAL (2017, 2019) y la UNFPA (2017).[8]

Envejecimiento incipiente: tasas globales de fecundidad que superan los 2,7 hijos por mujer y porcentajes de personas mayores inferiores al 10 por ciento de la población total. Tal es el caso del Estado Plurinacional de Bolivia.

Envejecimiento moderado: tasas globales de fecundidad que oscilan entre el nivel de reemplazo y 2,5 hijos por mujer, con porcentajes de personas mayores entre el 6 por ciento y el 11,5 por ciento. Se encuentran México, Panamá, Perú y República Dominicana.

Envejecimiento moderadamente avanzado: tasas globales de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo (20,8 y 1,7 hijos por mujer) y porcentajes de personas mayores que oscilan entre el 10 por ciento y el 14 por ciento. Ubicamos a Brasil, Costa Rica y Colombia.

Envejecimiento avanzado: tasas globales de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo (1,73 hijos por mujer) y porcentaje de personas mayores entre el 15 por ciento y el 17 por ciento. Se encuentran Argentina y Chile.

Envejecimiento muy avanzado: países como Uruguay y Cuba, que si bien siguen la tendencia del grupo anterior respecto de las tasas globales de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo (1,73 hijos por mujer), lo más significativo es que en su caso la proporción de personas mayores es superior al 20 por ciento.

Para Huenchuán y Rovira la característica más importante del proceso de envejecimiento en América Latina y el Caribe es su rapidez. Así es que

en 2017, 17 países se encontraban en una etapa de envejecimiento incipiente, 10 en una etapa moderadamente avanzada, 3 en una etapa avanzada y 3 en una muy avanzada. Se prevé que en 2030 la situación cambie y ningún país se ubique en la primera etapa, puesto que todos habrán transitado hacia posiciones más adelantadas en su proceso de envejecimiento demográfico (2019, p. 50).

Estos datos instalan el fenómeno de transformación demográfica como irreversible, la cual responde a la confluencia de factores tales como la caída de la fecundidad, el descenso de la mortalidad, el aumento de la esperanza de vida y la sobrevida de las personas mayores. Estos convierten la región en un territorio en el que confluye lo diverso y lo diferencial del envejecimiento en su dimensión estructural, pero también individual (Oddone, 2014).

Actualmente, las publicaciones que abordan la cuestión gerontológica no eluden considerar en sus justificaciones lo que sucede en materia de envejecimiento demográfico en contextos específicos. Focalizar sobre las particularidades de cada país donde las instituciones se encuentran insertas, podrá ayudarnos a esclarecer cuestiones que, quizás, nos muestren diferencias entre los países.

Teniendo en cuenta estas premisas, podremos preguntarnos si en los programas de materias de la formación docente en Educación Física se aprecian características distintivas o, asimismo, si el fenómeno demográfico permea la planificación de los programas de asignaturas que corresponden a la región estudiada. O, dicho de otro modo, si las características diferenciales que implica todo proceso demográfico conllevan una manera particular de organizar la formación en temáticas de índole gerontológica para el colectivo de profesionales de la Educación Física en América Latina y el Caribe.

Respecto de la etapa del proceso de envejecimiento por la cual atraviesan, el panorama reúne diferencias: uno de los países, Estado Plurinacional de Bolivia, se encuentra en una etapa de envejecimiento incipiente; cuatro países, tales como México, Panamá, República Dominicana y Perú, se encuentran transitando una etapa de envejecimiento moderado; tres de los países, Brasil, Colombia y Costa Rica, transitan por un envejecimiento moderadamente avanzado; dos países, Argentina y Chile, se encuentran en un momento de envejecimiento avanzado y otros dos países, Uruguay y Cuba, son los que se encuentran transitando la etapa de envejecimiento muy avanzado en la región. Si tenemos en cuenta la cantidad de programas por país y la etapa del envejecimiento, encontramos que diez programas de materias se localizan en países cuya etapa es de envejecimiento avanzado; un programa se localiza en un país cuya etapa es de envejecimiento incipiente; seis programas se localizan en países cuya etapa es de envejecimiento moderadamente avanzado; siete programas se localizan en países cuya etapa es de envejecimiento moderado y, finalmente, dos programas se localizan en países cuya etapa es de envejecimiento muy avanzado. Así es que disponemos de un total de dieciocho programas, identificados en países con un envejecimiento demográfico concreto e irreversible. Finalmente es mayor la proporción de países que se encuentran en estadios avanzados de envejecimiento demográfico, en línea con lo que plantean lxs autorxs consultadxs respecto del desarrollo de este proceso, reflejado en las tres subregiones de este continente.

Cuestiones teórico-metodológicas

La elección metodológica para avanzar en este estudio ha sido de tipo descriptiva, cualitativa e interpretativa. Para Hernández Sampieri (2014), “los estudios descriptivos buscan especificar propiedades, características y rasgos importantes de cualquier fenómeno que se analice. Son útiles para mostrar con precisión los ángulos y dimensiones de un suceso, comunidad, contexto o situación” (pp. 102-103). Complementariamente, Yuni y Urbano (2006, p. 16) añaden que la investigación descriptiva se usa cuando se quiere precisar la información existente y/o verificar la exactitud de descripciones anteriores. En tal sentido, consideramos que la información disponible sobre formación docente en Educación Física, por un lado; y sobre vejez, envejecimiento y personas mayores, por el otro, ofrece la posibilidad de realizar algún tipo de inferencia, aunque su carácter sea incipiente y provisorio, dado que nuevas investigaciones que surjan podrán ponerse en diálogo con la presente o, de lo contrario, tensionarla. También al posicionarnos en una lógica cualitativa el análisis principal fue de carácter interpretativo. Dentro de esta lógica, lxs investigadorxs “interpelan y construyen el objeto desde la significación otorgada por los propios agentes sociales, puesta en interacción con las propias significaciones” (Yuni y Urbano, 2006, p.14). Con este enfoque realizamos un ejercicio de reflexión, indagación y síntesis de los componentes básicos que se encuentran enunciados y que organizan los programas de las materias.

En este punto, es preciso definir qué es un programa. Para Davini, un programa de asignaturas o un programa de la materia[9]

constituye la primera construcción que realiza un docente pensada para las distintas áreas y disciplinas (materias) y para los ciclos o años específicos en las que se encuentran. Tiene cierta estabilidad e implica un proceso de análisis de los componentes curriculares y el establecimiento de pactos o acuerdos. En el programa lxs docentes definen coordenadas en las que se enmarcan sus ideas acerca de la enseñanza y la formulación de las unidades de contenidos. Suelen incluir como componentes básicos: los propósitos educativos generales, la selección y organización en unidades de los contenidos, una toma de posición respecto de cómo entiende la enseñanza de esa materia y fundamentos epistemológicos y metodológicos (2009, p. 169).

Por su parte, Barco sostiene que:

el documento curricular que organiza, secuencia y distribuye los contenidos dispuestos para cada asignatura por el plan de estudios, proporcionando los fundamentos adecuados a la selección propuesta, planteando propósitos a la adquisición de los mismos; estipulando las formas de evaluación y acreditación dispuestas para el cursado de la asignatura y la bibliografía apropiada al desarrollo temático. Suele acompañarse con un cronograma de actividades, fechas de exámenes y/o pruebas (Barco, 2001, pp. 1-2).

Teniendo en cuenta el objetivo general de esta investigación, nos abocamos a la recolección y análisis de programas de asignaturas o programas de materias que incluyen en sus propuestas de enseñanza temáticas gerontológicas.[10]

Si atendemos a los trabajos realizados por Bolívar Boitia, hay un campo de estudios del currículum o también de la teoría del currículum,

que se ha constituido como una disciplina con un conjunto de conceptos, de teorías explicativas y con un discurso legitimador de la enseñanza y de las prácticas curriculares, al mismo tiempo, en una estructura e instrumento de racionalización de la propia práctica […]. La teoría del currículum tiene como objeto no sólo el diseño y construcción curricular, sino también los procesos a través de los cuales se desarrolla, modifica y reconstruye en relación con diversas ideologías, condiciones, contextos y estrategias que moldean, facilitan o impiden su desarrollo (Bolívar Boitia, 1999, p. 28).

Este autor también explica que los estudios del currículum sitúan su análisis en diferentes dimensiones, “entre una concepción restringida —contenidos, planes o materias que son enseñadas en las escuelas— y una definición ampliada -propuestas sobre cómo la educación deba estar organizada, propósitos a los que sirva” (p. 30).

Situándonos en nuestra investigación, ésta se centró en una de esas dimensiones señaladas, es decir, en una concepción restringida de los estudios del currículum o, en otras palabras, una indagación acotada a los programas de las materias o programas de asignaturas, en los que es factible poder estudiar las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores. Estas concepciones “se instituyen, se problematizan, se interpelan, conquistan significados y adquieren sentido en la cultura; afectan un espacio y un tiempo contingente, influyen sobre las subjetividades y los contextos” (Portela Guarín, Taborda Chaurra, Loaiza Zuluaga, 2017, p. 22). La descripción y análisis de los hallazgos, en términos cualitativos, nos permitió conocer la construcción conceptual de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores presente en los programas de materias de las instituciones formadoras del nivel superior.

Empezamos con nuestro análisis en la medida en que obteníamos los programas. Para ello, graficamos una matriz donde incluimos los componentes básicos, tomando como referencia los que se presentaron comúnmente en todos ellos: el nombre del programa; la fundamentación; los contenidos temáticos; la bibliografía obligatoria y la bibliografía complementaria; añadimos, además, una columna para agregar nuestros comentarios u observaciones.

En la matriz transcribimos idénticamente lo señalado por lxs docentes que elaboraron los programas. Aclaramos que resolvimos tomar los componentes básicos y comunes especificados, dado que el formato de cada documento analizado se nos presentó muy variado. No obstante, en aquellos componentes no comunes, donde pudimos identificar evidencia gerontológica (por ejemplo: objetivos, expectativas, propósitos, competencias, perfil del egresado, evaluación, según la nominación que cada país les otorga) hicimos uso de ellos para enriquecer este estudio. A su vez, precisamos de antemano que el peso de dos componentes básicos, los contenidos y la bibliografía, adquieren especial relevancia como componentes comunes a los veintiséis programas de materias que forman parte de la selección de este estudio. La confección de la matriz tuvo por objeto disponer en forma explícita de todas las evidencias que nos permitieran avanzar con el cumplimiento de nuestros objetivos. Con cada lectura realizamos un ejercicio de registro, análisis, contraste, comparando lo común y lo diverso, o aquello que los distingue, los diferencia o los complementa.

Por otro lado, esta investigación consistió en un trabajo de tipo documental que supuso la búsqueda y recopilación de los programas de materias de índole gerontológica. El trabajo de campo se concretó entre los años 2017 y 2020; más precisamente, a principios del año 2020 ya contábamos con los programas definitivos.

Finalmente, la selección de los programas de asignaturas se concentró en un subconjunto de doce países que representa a los mayores estados, y se corresponde con una muestra que estimamos valioso analizar para alcanzar los objetivos de la investigación. La cantidad de los programas recopilados son veintiséis y se distribuyen de la siguiente manera: nueve son los programas de Argentina; uno del Estado Plurinacional de Bolivia; tres de Brasil; uno de Chile; uno de Colombia; dos de Costa Rica; uno de Cuba; tres de México; uno de Panamá; uno de República Dominicana; uno de Uruguay; y dos de Perú.

Doce de ellos corresponden a profesorados en la República Argentina, Costa Rica, y Perú; tres, a bacharelado en Brasil; y once, a licenciaturas en República Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Estado Plurinacional de Bolivia, México, Panamá, República Dominicana y Uruguay. El bacharelado, el profesorado y la licenciatura se corresponden con el nivel de grado, ya sea superior universitario o superior no universitario. En esa línea, diecinueve de los programas de asignaturas se inscriben en instituciones de nivel universitario en la República Argentina, Estado Plurinacional de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Panamá, Perú, Uruguay; y siete, en institutos superiores no universitarios de formación docente en los casos de República Argentina y República Dominicana. Esta disparidad no responde a criterios cuantitativos, pero sí a cuestiones de accesibilidad y de relevancia.

A partir de la evidencia explicitada por quienes los diseñaron, quisimos conocer y analizar cuáles son las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y personas mayores. Para concretarlo, con un diseño flexible nos propusimos identificar en los programas de las materias aquellos términos, conceptos, expresiones o enunciados que nos permitieran comprender los sentidos o significados; en nuestro caso, los modos de conceptualizar la vejez, el envejecimiento y las personas mayores que proyectan, imaginan y se materializan en los programas de materias recolectados. Las concepciones muestran y evidencian perspectivas, intereses y tradiciones. En esa línea, a primera vista pudimos detectar que los mismos objetos (vejez, envejecimiento y personas mayores) se nominan con una polisemia de términos o expresiones, al punto que se pueden advertir controversias y contradicciones.

En nuestro caso, la evidencia empírica fue agrupada en enfoques que delimitan concepciones, y fue al mismo tiempo problematizada, atendiendo a disciplinas que gravitan y disputan el campo gerontológico. Por otra parte, para el desarrollo de las distintas concepciones y de su análisis, nos basamos en las ideas de autorxs y académicxs relevantes en este campo temático, con los cuales coincidimos, ya que promueven la línea de la Gerontología del siglo XXI. Este constructo remite a aquellas perspectivas teóricas que adoptan los argumentos de la gerontología social crítica, de la gerontología feminista, de la gerontología comunitaria y desde una perspectiva de derechos para discutir los objetos que estudia la gerontología. En estas, se aboga por la inclusión de múltiples dimensiones para el análisis, tales como género, etnia, clase social, nivel educativo, funcionalidad, edad, cohorte, etc. Del mismo modo, con nuestra adscripción a los postulados de una Educación Física crítica, intentamos promover nuevas interpretaciones acerca de la vejez y el envejecimiento para la disciplina.

La selección de los programas estudiados

La selección de los programas se condice con una muestra originada por un recorte intencional en la región, que no respondió a exigencias estadísticas ni tampoco es representativa. Consideramos que estudiar esta foto[11] nos ofreció un marco de conocimiento adecuadamente significativo para dar cuenta de las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores, que circulan (y, por ende, se transmiten) en los programas estudiados.

Estos pertenecen a instituciones de formación docente en las carreras de profesorado y licenciatura en Educación Física, atendiendo a las nominaciones particulares que reciben dichas carreras en cada país. Un aspecto singular que es necesario mencionar, atendiendo a lo investigado por Márcia Silva y Molina Bedoya (2015, p. 293), es que en América Latina y el Caribe los términos con los que se identifica y nomina al campo de la formación remiten a un conjunto muy variado de expresiones o palabras. Así es que, por ejemplo, en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, la acepción Educación Física es la más significativa y tradicional. En cambio, en otros países, la carrera, el campo académico y el campo profesional poseen diferentes nombres, entre los cuales podemos mencionar los de “actividad física” (Estado Plurinacional de Bolivia), “cultura física” (Cuba), “ciencias del ejercicio” (México) o “ciencias del deporte”, entre otros. Las instituciones formadoras son universidades e institutos universitarios estatales (públicos) y los institutos de educación superior de gestión estatal (institutos superiores de formación docente o institutos superiores de Educación Física).

Si atendemos a los aspectos demográficos desarrollados, los programas de materias seleccionados representan las subregiones de América Latina y el Caribe: Centroamérica, el Caribe y Sudamérica. De este modo, quedan comprendidos en un subconjunto de países, en los cuales el proceso de envejecimiento poblacional se manifiesta en sus distintas etapas: envejecimiento incipiente; moderado; moderadamente avanzado; avanzado y muy avanzado. Otro dato demográfico interesante, y que articula con el anterior, es que en esos países la esperanza de vida al nacer supera los 70 años y más.[12]

Los programas de materias seleccionados de las subregiones de América Latina y el Caribe se corresponden con los países signatarios de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. En ese punto, algunos países ya han firmado el tratado; otros lo han ratificado; y otros han adherido, según los respectivos procedimientos constitucionales que se establecen en cada Estado. El 15 de junio del año 2015 la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos aprobó la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, convirtiéndose en el primer instrumento jurídico internacional vinculante en esta materia. El objeto de la Convención es

promover, proteger y asegurar el reconocimiento y el pleno goce y ejercicio, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de la persona mayor, a fin de contribuir a su plena inclusión, integración y participación en la sociedad (2015, art. 1).

Al respecto, queremos agregar que el artículo 2 de la Convención incluye algunas definiciones concretas acerca de discriminación por edad en la vejez; envejecimiento; envejecimiento activo y saludable; persona mayor; vejez. Estas se emplearán como insumo teórico para analizar las concepciones gerontológicas de los programas de asignaturas relevados. Llegado este punto, podemos preguntarnos si este instrumento habilitó en la formación docente en Educación Física las formas que en ese tratado se proponen para conceptuar la vejez, el envejecimiento y las personas mayores.

Con el objeto de encauzar nuestro análisis, el recorte temporal abarca programas de asignaturas a partir del año 2010. Tomamos esta fecha porque fue en diciembre de ese año que las Naciones Unidas habilita grupos de trabajo sobre envejecimiento y vejez de composición abierta, donde pueden participar todos los estados miembros de las Naciones Unidas con el propósito de trabajar en el logro de una convención universal que proteja los derechos humanos de las personas de edad[13]. También señalaremos que, en el año 2014, la Organización de las Naciones Unidas creó el cargo de experta independiente,[14] “sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas de edad, cuya misión principal consiste en auditar el grado de reconocimiento y eficacia de los derechos de este colectivo” (Dabove, 2018, p.99).

Por otro lado, consideramos apropiado aclarar que, desde el año 2010 a la fecha, otros sucesos muy fructíferos abordan temas de vejez, envejecimiento y personas mayores en el contexto de América Latina y el Caribe. Es por ello que se solicita a los estados que asuman un papel más activo para que las personas mayores puedan ejercer sus derechos, en condiciones de igualdad, con integración y participación en la sociedad (Ministerio Público Fiscal, 2017).


  1. En junio de 2021 se ha desatado una polémica paradoja, al conocerse que la Organización Mundial de la Salud tiene la intención de catalogar la vejez como una enfermedad y de incluirla en la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD), dentro de la 11a revisión que se publicará en enero de 2022. Consideramos que, si así fuera, dicho organismo incurriría en un grave retroceso lleno de contradicciones, cuando últimamente la OMS ha promovido diversidad de publicaciones sobre envejecimiento y salud, en un sentido que convoca a revisar la misma cuestión que hoy patologiza. Este libro propone reflexionar sobre estos argumentos que se han puesto en circulación en la sociedad y rechaza toda postura que incurra en discriminación o destrato por cuestiones de edad.
  2. Constructo que elaboramos para señalar aquellas perspectivas que no se condicen con la gerontología tradicional o geriatrizada.
  3. Utilizamos este adjetivo con un sentido irónico.
  4. Estudio y práctica de iniciativas educativas para y acerca de las personas de edad y del envejecimiento.
  5. Solo por mencionar algunxs autorxs, nombramos a Renato Ortiz con “América Latina: de la modernidad incompleta a la modernidad-mundo” (2000). Nueva sociedad, 166, 44-61; Alain Rouquié en Extremo occidente. Introducción a América Latina (1990). México: Siglo XXI editores; Patricia Funes con Historia mínima de las ideas políticas en América Latina (2014). México: Colegio de México y Turner publicaciones; y Pablo Ortemberg en “Panamericanismo, hispanoamericanismo y nacionalismo en los festejos identitarios de América Latina, 1880-1920. Performances y encrucijadas de diplomáticos e intelectuales” (2017). Anuario del Instituto de estudios histórico-sociales, 32(1), 99-110.
    Para estxs autorxs América Latina representa un asunto que requiere precaución, ya que no se la puede comprender como una idea de globalidad, dado que entre sus países se reconocen diferencias étnicas, lingüísticas, sociales, culturales, políticas, económicas y geo-territoriales. Definirla es problemático, puesto que los vocablos que aluden a esta realidad no son instrumentos precisos de delimitación. A primera vista podría pensarse que, tratándose de un concepto cultural, conduciría a pensar que abarca a las naciones americanas de cultura latina, aunque reúne identidades diversas. Por lo tanto, predominan las lenguas españolas y portuguesas, a pesar de la floreciente cultura precolombina y de las recientes oleadas migratorias. A su vez, las comunidades indígenas o grupos étnicos están presentes y participan de la fisonomía nacional. De esto se deduce que el término no es plenamente cultural ni tan solo geográfico. El término es usado por comodidad, pero tiene límites y ambigüedades (Rouquié, 1990). Funes expresa que la reflexión sobre el objeto Latinoamérica es problemática, dado que persiste una “tensión entre particularismo y universalismo que se cuela en cada aproximación, constituyéndose en un problema recurrente y siempre visitado” (2014, p. 9). Renato Ortiz manifiesta en su exposición que este continente geográfico no encierra una totalidad única y que sería prudente referir a Américas latinas (2000, p. 1). Ortemberg (2017, pp. 100-101) explica la dinámica de las ideas y los proyectos panamericanistas-hispanoamericanistas-nacionalistas a partir del estudio de las conferencias y exposiciones vinculadas a las conmemoraciones de los centenarios patrios latinoamericanos. Estos dispositivos surgen en oposición dialéctica al panamericanismo emergente; oposición que se acrecentó y complicó durante las primeras décadas del siglo XX, con el auge antiimperialista dentro del mundo intelectual que resultó vertebrador de nuevas corrientes políticas dinamizadas. En esta interacción entre panamericanismo y latinoamericanismo, en sus variantes indigenistas o hispanistas, se pusieron en juego proyectos e identidades transnacionales de signo contrapuesto que se articularon de diferentes modos en la búsqueda de la identidad nacional en cada país, en función de la construcción estatal y, también, por la preocupación de los gobiernos latinoamericanos que demostraron no ser agentes pasivos del panamericanismo estadounidense, sino agentes muy activos en procura de sus propios intereses.
  6. La CEPAL (2018) ubica a los Estados Unidos Mexicanos en América Central o Centroamérica.
  7. Gran parte de las investigaciones actuales en el campo gerontológico se sustentan en las dos variables mencionadas.
  8. Nos circunscribimos a los países que integran nuestra muestra.
  9. Los utilizaremos como sinónimos.
  10. Las temáticas de índole gerontológica son aquellas centradas en el estudio de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores.
  11. Hacemos alusión a una expresión metafórica. La foto da cuenta de ese momento, de ese instante, de lxs implicadxs, de un espacio y un tiempo puntual. No abarca una totalidad. En términos coloquiales, sacar una foto involucra tomar decisiones sobre dónde “poner el foco” para que, con posterioridad, quien la observe pueda apreciar en ella un determinado paisaje o momento. Aquello que queda fuera será, o bien fotografiado en otra ocasión, o bien realizado por otrxs.
  12. Según datos de la CEPAL (2019), la esperanza de vida en la región se observa de la siguiente manera: Argentina, 76.4 años; Estado Plurinacional de Bolivia, 71.1 años; Brasil, 75.6 años; Chile, 80 años; Colombia, 77 años; Costa Rica, 80 años; Cuba, 78.7 años; México, 75 años; Panamá, 78.2 años; Perú, 76.4 años; República Dominicana, 73.8 años; Uruguay, 77.7 años.
  13. Nos referimos a la Convención Interamericana Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.
  14. Las expertas independientes son Rosa Kornfeld-Matte (representante de Chile, entre 2014 y 2020) y Claudia Mahler (representante de Austria, desde mayo del 2020).


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