Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Introducción

Graciela Castro

A fines del 2019, mientras en Argentina comenzábamos a transitar un inaugurado ciclo político pleno de ilusiones, aunque no exento de temores por la situación económica del país, observábamos con cierto asombro las pantallas de los televisores que mostraban imágenes de una ciudad –desconocida por entonces para la mayoría de lxs argentinxs– en la cual cierto virus “raro” llevaba a sus habitantes –y a aquellos que circunstancialmente se hallaran en aquel sitio– a ser velozmente recluidos en sus hogares y en hoteles. Entonces, todo parecía quedar tan lejos que, por momentos, podía semejar imágenes de películas o novelas distópicas.

Ya en los primeros meses del 2020 y, sin tener aún demasiada conciencia del peligro, en la primera quincena de marzo, comenzó a circular un preaviso que introdujo una expresión tal vez no habitual para muchxs alejados del ámbito de la salud: “población de riesgo”. Reconocerse integrante de ese grupo para algunxs podría tornarse en un clivaje existencial y cronológico. No obstante, estaba en ello el inicio de un tiempo complejo que habría que aprender a transitar, con incertidumbres y angustias. Casi simultáneamente, a los pocos días, lxs argentinxs nos hallamos detenidos frente a cuanta pantalla tuviésemos cerca. El discurso del presidente de la nación colocaba en la agenda pública la relevancia de la salud. Lo que continuó fue una sucesión de aprendizajes que se entremezclaban con miedos, urgencias y, quizá, uno de los aspectos más apremiantes: la agudización de las desigualdades.

De manera veloz, todas aquellas actividades que pudiesen tornarse virtuales mutaron sus prácticas habituales. La educación –en todos sus niveles, sin preanuncios, ni prácticas previas– dejó las presencias áulicas y adaptó las tareas investigativas e incorporó palabras que, de modo rápido, se integraron al lenguaje diario: aquellas relacionadas a las plataformas de videollamadas como Google Meet y Zoom, solo por mencionar las de uso más recurrente. Las dificultades, las resistencias o la adaptación estaban en sintonía con las experiencias previas que cada unx contara. No obstante, la necesidad de continuar con la tarea sin demasiados altibajos no dejó tiempo para lograr primero una capacitación en el uso de los dispositivos y los recursos didácticos que demandaba la nueva situación.

Algunxs, tal vez en un intento de hallar respuestas que nos ayudaran a comprender la nueva realidad, iniciamos un largo recorrido por cuanto texto apareciera, ya fuese de autorxs archirreconocidxs o de aquellos ignotxs. Las preguntas aumentaban día a día; desde lo filosófico, la salud, la política, la subsistencia misma, todo urgía respuestas. En los primeros meses, aún circulaba la loca esperanza –en algunxs– de que, tras la superación de lo que la Organización Mundial de la Salud (oms) había identificado como una pandemia, las sociedades cambiarían. Hubo quien postuló el fin del capitalismo, y otrxs auguraban sociedades más inclusivas y solidarias.

A partir de aquella denominada “fase 1”, que implicaba el aislamiento social preventivo y obligatorio (aspo), cada unx comenzó a transitar los días con sus peculiaridades y rodeado de sus circunstancias. Algunxs, contando con los medios para afrontar el nuevo tiempo, y otrxs miles y miles, con dificultades socioeconómicas que demandaban respuestas urgentes.

Cuando el segundo semestre se anunciaba en el almanaque, detenido en un día de marzo de 2020, se fueron asomando ideas que necesitaban compañerxs para ese viaje de palabras y desafíos. El celular y el correo electrónico se volvieron los medios por donde las invitaciones se fueron sucediendo. La propuesta era muy sencilla: ¿qué podíamos decir desde el área de conocimiento y trabajo en el que cada unx desarrollábamos nuestras actividades académicas con relación al tiempo ocupado por la COVID-19? Desde ya, el tema no resultaba original, pero la apuesta era bucear más allá del mainstream que, por esos días, llenaba los anaqueles de las librerías, portales y hasta uno que otro periódico interesado en algo más que las cifras de contagiadxs y muertxs por el virus o las discusiones de lxs anticuarentena. Así se fueron sucediendo esas invitaciones que nos acercaban a investigadorxs con residencias federales. Ello, apostando a una antigua idea de descentralizar y visibilizar sus trabajos, como así también de convocar a investigadorxs jóvenes.

A la incertidumbre por una posible vacuna en los primeros meses de 2020, casi al finalizar el año, cierta ilusión comenzó a atravesar nuestras vidas. Los anuncios de vacunas capaces de enfrentar al virus incorporaron esperanzas, aunque los daños y heridas que dejaba la pandemia no estaban resueltas. Quienes habían aceptado la invitación llevaban meses vivenciando, en cada ámbito, circunstancias propias de su métier y podían aportar análisis y propuestas al debate.

Se fueron sucediendo semanas, meses mediados por las historias de cada unx que en ocasiones ralentizaban los plazos originales. Sin embargo, llegó el día de la puesta en escena, con las palabras urgentes que con el tiempo habían ido recorriendo teclados en distintos lugares geográficos con un mismo fin: objetivar en un texto colectivo análisis surgidos de experiencias y formaciones que nos enmarcaran a todxs quienes nos unimos a esa voz coral. El desafío demandaba a todxs dedicar tiempos extras a las actividades habituales, que en ningún momento se habían detenido; pero la propuesta invitaba a demostrarnos que podíamos aunar ideas, plantear análisis y proponer debates. Con esa premisa, fueron transcurriendo los meses.

En el mundo se anunciaban posibles vacunas y en algunos países pudieron despedir el 2020 imaginando posibles mejores tiempos en el 2021. Sin duda alguna, aunque la humanidad pudiese entrever cercana la posibilidad científica de enfrentar la COVID-19, quedaban aspectos que demandaban su análisis y discusión: los intereses económicos de los laboratorios y la obtención de las vacunas en el tiempo preciso y en la cantidad necesaria, mientras que otros tantos países quedaban alejados de la posibilidad inmediata de contar con ellas por los costos que demandaba su obtención.

Para lxs cientistas sociales, analizar situaciones en las cuales somos testigos directos no resulta una actividad exenta de riesgos. Sin embargo, una primera cuestión básica es comprender la necesidad de dejar de vivenciar los hechos y reflexionar en ellos y con ellos.

Ya transcurrido el primer semestre del 2021, la pandemia aún persiste. En Argentina, de acuerdo al Monitor Público de Vacunación (bit.ly/2VTHlwB), a pocos días de iniciado el mes de julio de 2021 (10/07/2021) la cantidad de dosis distribuidas es de 27.612.544, mientras que las aplicadas son 24.616.918. Quienes cuentan con la primera dosis suman 19.594.624 personas, y los que ya cuentan con las dos dosis, 5.022.294 personas. Aún falta mucho por recorrer. Sin embargo, si nos diésemos un momento para mirar hacia atrás en el tiempo, quizá recordaríamos que un año atrás solo la angustia, los miedos y la incertidumbre habitaban el mundo.

La pandemia puso de relieve el papel protagónico del desarrollo científico, junto a la necesidad de contar con un Estado presente en sus políticas. Argentina y el gobierno que asumió en diciembre de 2019 decidieron volver a colocar en el nivel de ministerio a la ciencia, que había sido devaluada a secretaría durante la gestión macrista. En ese ámbito, ya declarada la pandemia, se creó la Unidad Coronavirus y velozmente lxs científicxs se abocaron a buscar estrategias para enfrentar el virus. “En el escenario planteado por la pandemia logramos sumarnos como colectividad científica y este es un aprendizaje importante que esperamos que se generalice más allá de esta experiencia”, afirmaba el científico Geffner (bit.ly/37HihLK).

Junto al trabajo de lxs científicxs de todas las disciplinas, las tareas del personal de salud y demás trabajadores esenciales parecían invitarnos a pensar que otra humanidad se estaba construyendo. No obstante, a la par de gestos de solidaridad, se mostraron otros plagados de egoísmo y de odio. Tal vez podríamos parafrasear aquella película de la década de 1970 Nunca te prometí un jardín de rosas y así comprender que –de modo contrario a los primeros meses de la pandemia–, de la crisis sanitaria, no surgiría una humanidad con sentimientos de nobleza y empatía, aunque sus implicancias se introdujeran en las partículas más pequeñas de todos los cuerpos.

Por ahora, sería el momento de reflexionar apelando a voces corales y diversas que construyeran partituras con sus propias notaciones y buscando una melodía compartida.

De aquella reunión de palabras, surge el presente libro. Cada unx de quienes nos sumamos a la propuesta venimos de distintas formaciones disciplinares e investigativas y hasta de diferentes modos de vida. La ubicación geográfica, en muchxs de nosotrxs, no es compartida. No obstante, lo común fue ser parte de un diálogo federal e intergeneracional y animarnos a pensar críticamente la situación que a todxs nos atravesaba.

El libro se conforma de cuatro ejes de análisis. El primero es: “Los interrogantes de la política y la economía”. En este apartado se incluye el artículo de Carlos La Serna “Estado y democracia en tiempos de pandemia. A propósito de Argentina” y el de Alberto PérezEl rol de la economía social y solidaria en tiempos de pospandemia. ¿Un sendero de transición hacia un cambio estructural?”.

En el segundo eje, se propone analizar “Las políticas sociales y sus actores”. Los artículos que lo integran corresponden a Cynthia Ferrari Mango y Julieta Campana, “Estado y sociedad en el marco de la pandemia. Una mirada desde el accionar de las organizaciones sociales y su vinculación con políticas públicas territoriales”, y a Yussef Becher, “Las condiciones juveniles a través del prisma de las desigualdades generacionales y de género”.

El tercer eje aborda “La educación atravesada por la crisis sanitaria”. Las autoras de los textos incluidos son Elizabeth Theiler, “Gestión universitaria en contextos urgentes y emergentes. La pandemia de la COVID-19 y la capacidad de generar respuestas”, y Soledad Vercellino, “Educación y COVID-19: viejos y nuevos problemas ante la escolarización alterada”.

Finalmente, el cuarto eje se denomina “La resignificación de la subjetividad y la vida cotidiana”. Los textos incluidos corresponden a Graciela Castro, “Bullicios internos y silencios ensordecedores. Cuando la crisis inundó el mundo”, y a Andrea Rocha, quien, desde el Movimiento Campesino de Córdoba, tuvo la generosidad de compartir sus experiencias vivenciadas desde el norte cordobés con su texto “Cuando hablan las mujeres”.

A diferencia de aquellas sinfonías que mi padre me enseñaba de niña a entender y disfrutar, la propuesta de este texto no tiene un final similar al allegro. Sin embargo, procura dejar un estímulo para pensar, para disentir y tal vez para debatir. Son tan solo reflexiones surgidas de un tiempo inesperado que nos condujo a no quedar reducidos en individualidades, con urgencias de respuestas, con ilusiones y con la misma intensidad en trabajos de cada ámbito que habitamos.

Mi agradecimiento profundo a lxs amigxs que respondieron a la convocatoria, que soportaron mi molesta insistencia por cumplir con los plazos editoriales. A la propia editorial, que siempre nos acompaña cordialmente y con gran responsabilidad en sus tareas.

El particular agradecimiento a mi querida amiga Violeta Guyot, quien generosamente aceptó escribir el prólogo. La pandemia no alejó nuestros diálogos y el placer de escuchar sus conocimientos, que siempre son una maravillosa ocasión para ejercitar el pensamiento y los análisis.

Gracias a la ciencia, que nos ha permitido estar aún en el mundo, y a los afectos que jamás me abandonaron.

 

Julio 2021

Villa Mercedes (SL)



Deja un comentario