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Palabras introductorias

Este libro lleva en su título el nombre de una mujer, pero no de cualquier mujer: el de Leticia Cossettini. La decisión que provoca nombrar en femenino el resultado de una investigación cristalizada hoy en libro responde a un criterio metodológico pero también a la necesidad de visibilizar a las mujeres y sus prácticas cotidianas en la historia en general y de la educación en particular. Así, las herramientas teóricas, conceptuales y metodológicas escogidas encuentran coordinación en el enfoque de la historia de la educación de/con mujeres en perspectiva de género y desde un registro sociocultural. Sin duda, es esta una línea historiográfica incipiente que cuestiona el sustantivo universal genérico, “maestros”, con el que se pronunció hasta no hace muchos años y a veces sigue pronunciándose la historia de la educación. Hasta la década del 90 del siglo XX, en Argentina, ríos de tinta impregnaron las páginas de libros, papers y artículos científicos que interpretaban el pasado de la educación en clave masculina y androcéntrica, sin siquiera cuestionar ese universal genérico. Estas interpretaciones solaparon que las prácticas educativas escolarizadas se distinguieron por un alto protagonismo femenino. Es esta una deuda contraída por generaciones de historiadoras e historiadores que imposibilitó el diálogo pasado-presente y la formulación de preguntas que desentrañen las hebras femeninas que entraman la historia de la educación. Con el aporte de este libro se intenta contribuir a la cancelación de esa carencia recuperando la historia de Leticia Cossettini a partir de una herramienta metodológica que puede ser replicada a la vida de otras maestras. Se hace alusión aquí a la trama analítica que pondera nombrar las trayectorias de educacionistas a partir del ejercicio metodológico antibiografía/biografía. En tal caso, se entiende a la antibiografía como un recurso apropiado para recuperar los sujetos que, por su condición de género, clase, etnia, no son posibles de biografiar dentro de los parámetros de la biografía tradicional (más completas y sugerentes). Por lo cual se requiere la reconstrucción de los vacíos sociales, las estructuras dominantes y los esquemas rígidos de una sociedad patriarcal que imposibilita rescatar la vida de una persona.

Tal vez para los lectores y lectoras de este libro resulte extraño pensar a Leticia Cossettini bajo términos antibiográficos, puesto que sobre ella se cuenta con un significativo acopio de investigaciones[1]. Se sabe que fue una maestra nacida en la ciudad santafesina San Jorge durante los primeros años del siglo XX y que falleció en otra ciudad de la misma provincia (Rosario) en los primeros años del siglo XXI. Durante el período 1930-1950 se desempeñó como educacionista en dos experiencias escolanovistas denominadas, en ambas ocasiones, Escuela Serena. Primero en Rafaela (1930-1935) y luego en Rosario (1935-1950), Leticia desarrolló un laboratorio pedagógico en el cual pudo concretar una propuesta pedagógica con sello propio: una educación atravesada por el señuelo del arte (Pellegrini, 2016). La perspectiva estética fue la estrategia didáctica y marca personal que Leticia utilizó para desafiar los lineamientos de la pedagogía normalista. Esta singularidad le otorgó un significativo reconocimiento en el campo de la educación de su tiempo, pero también de nuestro presente. En tal sentido, el nombre propio Leticia Cossettini resuena con vehemencia dentro del campo de la historia de la educación santafesina en particular y argentina en general.

No obstante, luego de una profusa pesquisa prolongada durante una década en torno a su experiencia, se ha advertido que su reconocimiento se inscribe en una maraña de hipótesis, supuestos, preconceptos y prejuicios que arrojan sobre ella en particular, pero sobre las maestras en general, efectos antibiográficos cuyo conocimiento provoca preguntar: ¿qué hay detrás de su rol docente?, ¿qué sabemos sobre su identidad?, ¿cómo fue su infancia?, ¿qué gustos, costumbres, prácticas desarrollaba Leticia?, ¿por qué existen aspectos de su vida que perduraron a lo largo del tiempo y otros no? Siguiendo a Ignaci Terreadas (1992), “la antibiografía nos rebela el silencio, el vacío y el caos que una civilización ha proyectado sobre una persona, haciéndola convencionalmente insignificante(p. 13).En tal caso, mientras que Leticia Cossettini fue una mujer cuyo desempeño en el aula le dio visibilidad, es posible percibir cómo también ha sido su condición de mujer primero y su profesión docente después lo que ha colaborado como mecanismo de ocultamiento en aspectos puntuales de su vida.

En tal sentido, las siguientes páginas se comprometen a dar luz sobre los mecanismos culturales, sociales e institucionales que participaron en el proceso de ocultamiento de aspectos importantes de la vida de Leticia, preguntándose cuánto de su biografía está cercenada por los efectos antibiográficos de su profesión. Para ello, resultan de utilidad los estudios de François Dubet (2010), quien analiza el modo en que las instituciones modernas (entre ellas las escuelas) ordenaron a los sujetos a partir de mecanismos homogeneizadores cuyo respaldo y reconocimiento colectivo fue en detrimento de las identidades singulares. Por ejemplo, la escuela fue entendida como un santuario laico incuestionable y transmisor de valores y conocimientos jerarquizados y jerarquizantes. La razón de ser de la labor de maestros y maestras encontró sus fundamentos en ese orden escolar. Pero ese mismo orden por un lado fagocitó las marcas singulares de los trayectos con el colectivo “maestros”, y por otro, para el caso de las mujeres, solapó también las particularidades del género femenino. Es decir, los rasgos identitarios que hicieron a la personalidad de las maestras fueron desdibujados bajo la estructura del proyecto pedagógico oficializado (Billorou, 2016). Tal es así que toda la riqueza experiencial de Leticia quedó reducida a partir del calificativo “señorita Leticia”. En otras palabras, el orden escolar y el “ser maestra” generalizado ejercieron efectos antibiográficos sobre la trayectoria específica de las maestras en general y de Leticia en particular. Los saberes y valores transmitidos, la vestimenta obligatoria, la caligrafía, el porte corporal, las relaciones jerárquicas escolares, entre otros, oficiaron como los elementos que en su enumeración permiten construir la antibiografía de la hermana menor de las Cossettini en coincidencia con el estereotipo de maestra (Terradas, 1992), al tiempo que ocultan las marcas específicas de la mujer que habitó en Leticia.

En este marco, desde este libro se aportarán los fragmentos de una potencial antibiografía de Leticia Cossettini que cristaliza las operaciones patriarcales de una sociedad que permite iluminar solo una parte de la mujer: la de maestra, para luego aventurarse a reconstruir parte de su biografía (aquella que su condición de mujer y maestra permite). En concreto, desde estas páginas se propone correr el efecto antibiográfico en la vida de Leticia, para luego exponer su biografía reconstruyendo sus primeros años de vida, su juventud y adultez. Este ejercicio metodológico cuenta con fuentes de inspiración específicas, entre ellas se encuentran los estudios de la historiadora Natalie Zemon Davis, representante de la apuesta biográfica que permite mirar a sujetos de la historia hasta el momento, considerados como inusuales. Tal es el caso de su libro León el Africano (2008), desde el cual Davis, a partir del estudio de personajes particulares, incorpora extrañezas, desigualdades, estrategias y disputas. En pocas palabras, su enfoque historiográfico permite que las biografías de los “grandes hombres” les den lugar a los sectores subalternos. En esta misma senda de análisis, se encuentra otro libro de su autoría: El regreso de Martin Guerre (2013 [1983]), que le permitió a la autora “volver a situar una práctica cultural o una forma de comportamiento en el marco de las prácticas culturales que son las de las vidas del siglo XVI” (Zemon Davis, 1983: 590). También, la historiadora emplea las biografías como ejercicio para explorar prácticas, representaciones y conductas de las mujeres del pasado. En esta lógica se encuentra el libro Mujeres de los márgenes: tres vidas del siglo XVII (1999), ensayo que habilita a pensar una historia con protagonistas mujeres, pero desconocidas, que dejaron escritos y memorias donde reflejaron los albores del contexto en el que vivieron, a menudo excluidos por la “historia oficial”.

En esta línea de análisis, también citamos a la española Mónica Bolufer Peruga y María del Mar del Pozo Andrés, cuyos estudios resultaron importantes para pensar metodológicamente la biografía de mujeres en general: La vida y la escritura en el siglo XVIII: Inés Joyes: Apología de las mujeres (Bolufer Peruga, 2008) y Justa Freire o la pasión de educar. Biografía de una maestra atrapada en la historia de España (1896-1965) (Pozo Andrés, M. del Mar, 2013). Ambas advierten que el rescate de las vidas singulares de muchas niñas, jovencitas y señoras en su particularidad ayuda a completar el mapa de las diferentes trayectorias femeninas en el tiempo:

El conocimiento de las vidas individuales puede contribuir a evitar una visión simplista de los modelos culturales, entre ellos los patrones de feminidad, en términos de valores hegemónicos, impuestos, que solo pueden suscitar bien una aquiescencia pasiva, bien una resistencia abierta por parte de los sujetos históricos (Bolufer, 2008: 20).

A partir del juego pendular antibiografía-biografía, este libro se pregunta sobre la experiencia de vida de Leticia, no solo para reconstruir su trayectoria sino también manteniendo la convicción de que, por medio de este doble ejercicio metodológico, podremos advertir las características de la sociedad de su época: las lógicas del patriarcado, las estructuras jerárquicas de las instituciones educativas, las estructuras simbólicas y demás órdenes que atraviesan la vida de una mujer del siglo XX, como el de tantas otras.

De estas hipótesis, supuestos, pesquisas, nace este libro en cuyo cuerpo se materializan dos capítulos. El primero se dedica a dar luz sobre los efectos antibiográficos de la trayectoria de Leticia Cossettini. Concretamente, analiza cómo operaron las lógicas institucionales modernas de la Escuela Serena (sus exigencias socioculturales, su organización piramidal, el lugar que les otorgó a las docentes, el ordenamiento de los documentos oficiales, entre otros) en el recuerdo que se tiene de su vida. El segundo enfatiza en reconstruir la bios de Leticia con la finalidad de pesquisarla ya no como una maestra excepcional, sino como una mujer del siglo XX que, al igual que otras mujeres, fue quebrantada por las instancias sociales y de coyuntura.

Por su parte, la mayoría de la materia prima que dio forma a este libro se encuentra en el Archivo Pedagógico Cossettini (desde ahora en adelante APC), el cual está protegido por el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IRICE) con dependencia del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En este archivo fue posible hallar valiosas fuentes institucionales que, en su mayoría, por su carácter formal y público permitieron reconstruir los elementos antibiográficos de Leticia Cossettini. Por otro lado, el contacto con los exalumnos y exalumnas de Leticia y las entrevistas semiestructuradas mantenidas durante largas tardes significaron una usina de información para reconstruir la biografía de quien hoy protagoniza este libro. Desandar la identidad de la menor de las Cossettini más allá de su rol docente fue posible gracias a la enorme colaboración de sus vecinas nucleadas en el Centro Amigos del Paraná. Posteriormente, la triangulación de las fuentes fue realizada con la información recogida en las instituciones y por familiares que habitan en las localidades donde Leticia dejó huellas: Rafaela y San Jorge.

Finalmente, resta realizar algunas evocaciones personales. Este libro es producto de varios años de investigación que inicialmente cristalizó en tesis de doctorado bajo el título: “Cuerpos, géneros, sensibilidades y emociones. La propuesta pedagógica de Leticia Cossettini. Rosario, 1935-1950”, financiada con una beca doctoral otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas y dirigida por la Dra. Paula Caldo. La tesis fue defendida en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires durante marzo de 2020 bajo un tribunal conformado por la Dra. Ángela Aisenstein, la Dra. Sabina Florio y la Dra. Graciela Morgade.


  1. En primer lugar, a Leticia la podemos encontrar en las investigaciones de corte pedagógico que se preguntan sobre la experiencia escuela nueva. Entre el grupo de estos estudios se hallan los producidos por Marcela Pelanda (1995), quien se encarga de revisar la variedad de sustentos teóricos que posee el escolanovismo para situar así la singularidad de esta propuesta. Los de Sandra Carli (2002) y Pablo Colotta (2002), quienes ubican este proyecto escolanovista en el plano de la historia de la educación nacional, registrando los alcances en clave de época y de contexto de este tipo de experiencias. En esta clave, también se ubican los trabajos de Adriana Puiggrós (1993), Edgardo Ossanna (1993), María del Carmen Castells (2008) y Adriana Puiggrós y Roberto Marengo (2013). A su vez, existe una línea de investigación que recupera la experiencia de Escuela Serena desde una perspectiva regional y como parte de la agenda de la historia social y la historia cultural propia del clima del cambio de siglo. Es preciso aclarar que estos trabajos, en su mayoría, se dedican a estudiar exclusivamente a Olga como una mujer intelectual y como parte de una trama de sociabilidad que, en cierto sentido, dialogó con su accionar como educacionista (Fernández, Welti, Biselli y Guida, 2014; Fernández y Caldo, 2013; Díaz y Serra, 2009; Caldo, 2018; Serra y Welti, 2018). Finalmente, se encuentran los estudios que se dedicaron a investigar a Leticia Cossettini en específico, no obstante, teniendo como único cometido resaltar la vida de esta docente en tanto maestra excepcional (Travadelo y Martínez Trucco, 2005 y Escobar, 2020). En esta misma lógica se alista el libro Leti la andariega y otros cuentos cossettinianos, escrito por Elena Fuster (2016), vecina y amiga de la educacionista. Entonces, a medida que se adentra en la lectura de los numerosos textos alusivos a Leticia va acentuándose una reiteración que la ubica como una maestra, como parte de un proyecto que al tiempo que permite reconocer su nombre propio reduce sus prácticas a las prescripciones de la Escuela Serena. Es así como se empieza a indagar en el vínculo de las hermanas Cossettini en carácter de “hermanas” y no ya de maestra-directora. Producto de esta inquietud surgió: “Entre hermanas-entre mujeres: la vida cotidiana de Olga y Leticia Cossettini, Argentina, 1950 y 1980” (Pellegrini y Mosso, 2017) y el libro El manuscrito culinario de Leticia Cossettini. Enseñanzas, recuerdos, reflexiones y recetas (Caldo y Pellegrini, 2019). Estas aproximaciones a la vida cotidiana de Leticia permitieron reconocer la singularidad creativa de la mujer, dejando aún más clara la invitación a estudiar sus aportaciones personales a las prácticas pedagógicas recurrentemente condensadas en un relato oficial que las reduce a la forma del proyecto del que fue parte.


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