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7 El bienestar rural
en el sudeste bonaerense

Sofía Ares, Alejandra Auer, Matías Gordziejczuk, Camila Rodríguez, Alejandra Santiago y Claudia Mikkelsen

Luego de los debates presentados, y como parte del trabajo realizado a lo largo del tiempo, consideramos que la interacción conceptual y metodológica entre la ruralidad y el bienestar condiciona la labor de los investigadores en cuanto a la selección de los indicadores sociales que deben ser empleados en su caracterización. En tal sentido, este capítulo tiene como objetivo aunar el debate conceptual con nodo en la convivencia de diversas ruralidades y el bienestar, mediante la generación y presentación del IBR.

Evaluar el bienestar a través de un índice nos permite, mediante una visión multivariada, establecer diferenciaciones en los territorios rurales del sudeste bonaerense y proceder al estudio de las brechas o distancias entre las unidades espaciales.

Si adelantamos la trama, podemos expresar que el IBR nos muestra el predominio de situaciones intermedias y, a pesar de su direccionalidad positiva, expresa las dificultades presentes en el espacio rural del sudeste bonaerense. Tal como se reconoció en la primera sección del libro, el bienestar reúne el conjunto de demandas materiales que la sociedad necesita en pos de alcanzar una buena vida. Si el bienestar se analiza desde la ruralidad, dichas demandas poseen requisitos particulares asociados a las menores densidades poblacionales, cierto aislamiento geográfico, las distancias que se deben recorrer para aprovisionamiento de bienes, como para satisfacer cuestiones vinculadas a educación y salud, entre otras.

Índice de Bienestar de las Ruralidades

Argentina es un país con distintos niveles de bienestar en el que conviven diversas ruralidades. En este sentido, las particularidades constructivas de las viviendas, los diferentes modos de asentamiento de la población (dispersos y agrupados), las distintas formas de organizar la vida en familia, los variados sistemas productivos -presentes y pasados- y la disposición y posibilidad de acceso a infraestructuras diversas (agua potable, saneamiento, energía eléctrica, comunicaciones, entre otras), así como las diversas problemáticas socio-ambientales, han dejado sus huellas en el territorio rural actual, dando testimonio de diversas configuraciones territoriales (Mikkelsen et al., 2020). Tal como se destacó en el Capítulo 5, esta región se delimitó en Ares et al. (2020a) mediante la comparación de diferentes propuestas de regionalización, resultando un área compuesta por trece partidos.

El IBR del sudeste se calculó para los radios censales que integran la región, incluyendo población rural dispersa y aglomerada en localidades con 20.000 habitantes o menos (pueblos pequeños y grandes). Esta decisión se basa en la consideración de la definición de ruralidad ampliada, sostenida por autores como Castro y Reboratti (2007), y en la delimitación de la ruralidad propuesta en el Capítulo 6.

El IBR está conformado por información procedente de fuentes de datos secundarias, procesada con la metodología que se detalló en el Capítulo 4. A escala de radios censales se sistematizaron datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda (INDEC, 2022). Para la dimensión ambiental, se trabajó con información al nivel de los partidos, contenida en el Plan Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2018-2023 (Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo, SINAGIR) e información sobre plaguicidas del Defensor del Pueblo de la Nación (2010) (Tabla 1).

Tabla 1. Componentes del Índice de Bienestar de las Ruralidades, 2022
DimensiónVariableIndicador posible
EducaciónNivel secundario% Población de 20 a 59 años con secundario o polimodal completo
Nivel superior% Población de 25 a 59 años con superior no universitario o universitario completo
Saneamiento y ViviendaDisponibilidad de agua% Población en viviendas con conexión de agua en su interior
Calidad de la vivienda% Población en viviendas con INMAT 1
Espacio para la vida cotidiana% Población en viviendas con espacio suficiente para sus integrantes
Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC)Comunicación e información% Población en hogares con celular con internet, % Población en hogares con computadora, tablet, etc.
AmbienteInundacionesMenor recurrencia de inundaciones
PesticidasMenor incidencia del uso de pesticidas

Fuente: elaboración propia.

Como ya adelantáramos, el IBR para el sudeste bonaerense en 2022 nos muestra el predominio de situaciones intermedias (Figuras 1 y 2). Al respecto, es importante aludir a la continuidad respecto de mediciones realizadas precedentemente con datos del censo 2010, en las que ya observábamos la preeminencia de condiciones intermedias (Ares et al., 2024). En 2022, estas condiciones abarcan al 75 % de la población, con una brecha entre los valores mínimos y máximos que se incrementó levemente, pasando de 3.4 a 3.8 puntos. La composición del IBR 2022 muestra que no todas las dimensiones e indicadores tienen igual distribución, siendo estas disparidades las que más inciden en los valores finales de la medida sintética.

Figura 1. Distribución de la población según Índice de Bienestar de las Ruralidades, en porcentajes, 2022

Fuente: elaboración propia.

En lo concerniente a la distribución territorial del bienestar advertimos que las condiciones más adversas, es decir, con valores del IBR inferiores a -1.5, corresponden a radios de población dispersa en los partidos de Maipú y General Pueyrredon. En ambos casos, estos radios son linderos a las localidades de Maipú y Mar del Plata (Figura 2).

En algunos partidos, el IBR bajo muestra su presencia a escasa distancia –menos de 2 kilómetros– de los límites de las ciudades cabeceras de los partidos (Mar del Plata, Necochea, Miramar y Balcarce). Por el contrario, en el resto de los distritos observamos su distribución a mayor distancia de las ciudades y, por tanto, no estaría directamente asociada con el crecimiento urbano. En el caso de General Pueyrredon es notable el impacto que tiene este comportamiento del IBR especialmente en la zona noroeste, abarcando gran parte del cinturón hortícola, como también áreas de producción extensiva. Su alcance hacia zonas residenciales es mínimo.

El IBR alto caracteriza a escasas unidades espaciales de General Alvarado, Balcarce, Lobería y Necochea. Por su parte, algunos distritos (Ayacucho y San Cayetano) muestran como atributo destacado un IBR homogéneo con valores medios dominantes.

Figura 2. Índice de Bienestar de las Ruralidades, sudeste de la provincia de Buenos Aires, 2022

Fuente: elaboración propia.
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

En el territorio las distancias cuantitativas del bienestar expresan contrastes intra e interpartidos con brechas que no serían demasiado pronunciadas. En tal sentido, Velázquez et al. (2022) expresan que la Pampa Surera sería el recorte espacial mejor posicionado en el contexto regional mayor. Esta situación se responde desde las dimensiones educación, salud y vivienda, así como desde su dotación de recursos naturales vinculados con las playas y las sierras; cuestión que se condice con los resultados obtenidos en el IBR.

A continuación, profundizamos el análisis del IBR 2022 mediante el estudio de cada una de las dimensiones que lo componen.

Dimensión educación

La educación es central en el marco de los estudios de bienestar. Acceder a ella es un derecho orientado a empoderar y dar autonomía a los sujetos. Tal como se expresa en Lucero et al. (2016), la posesión de capital cultural incide en la reproducción social en tanto se vincula con la capacidad de inserción laboral, el control de condiciones sanitarias (asistencia médica preventiva, saneamiento, alimentación saludable, fecundidad) y de vivienda (aspiraciones en relación con la ubicación de la vivienda y sus condiciones estructurales). También, las posesiones en capital cultural se traducen en tenencias materiales e inmateriales en capital social y económico, fomentando una mejor integración de las personas en la sociedad.

La educación y las instituciones educativas tienen un rol clave en los entornos de ruralidad. Docentes y directivos son actores fundamentales en la organización intra y extrafamiliar y a su vez son centrales como reproductores de las dimensiones sociales de la ruralidad. En el espacio rural, las instituciones educativas no solo tienen la función elemental de impartir educación, sino que se constituyen en instituciones centrales dado que, en ocasiones, orientan la organización familiar y comunitaria (Gutiérrez, 2020). Por tanto, las escuelas rurales poseen un rol aglutinante, de participación, comunidad y encuentro. Son espacios de resolución de conflictos y de organización de diversas labores, muchas de las cuales exceden lo meramente educativo.

Las escuelas del espacio rural presentan características que las hacen particulares también en su organización interna. Generalmente son multigrados y algunas están definidas como de desfavorabilidad con grados de ruralidad. Respecto a su ubicación, algunas se emplazan en territorio de la ruralidad tradicional, o de la ruralidad que se desvanece o de la ruralidad de contacto, caracterizadas en el Capítulo 6.

Hay instituciones que cuentan con nivel inicial y primario y otras que cubren todo el ciclo educativo obligatorio, ofreciendo instrucción secundaria e incluso varias de ellas con formación técnica orientada hacia la ruralidad. Allí ocurren,

[…] campañas de vacunación, de entrega de documentos, cursos del [Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria] INTA –entre otras actividades– [que] suelen tener por teatro a la escuela rural, a la vez que reuniones de vecinos con las más diversas motivaciones, desde organizar reclamos, consorcios camineros hasta festejos, bailes o fiestas camperas (Gutiérrez, 2020, p. 62).

Para el estudio de esta dimensión se construyeron dos indicadores. Uno de ellos alude al nivel educativo secundario, específicamente evalúa el porcentaje de población de 20 a 59 años que cuenta con ese nivel completo. El otro indicador refiere a la educación superior. En él se mide el porcentaje de población de 25 a 59 años con nivel superior no universitario (conocido como terciario) o universitario completo.

La selección de estos indicadores tiene como finalidad cubrir la parte media y superior de la pirámide de los diferentes niveles educativos, considerando que estos son los que permiten alcanzar mejores niveles de bienestar, en unidad con otras dimensiones.

Al pormenorizar el análisis en función de los indicadores seleccionados, encontramos que el 23,6 % de la población de 20 a 59 años cuenta con secundario o polimodal completo. En cuanto al nivel superior universitario y no universitario, el 13,3 % de la población del sudeste bonaerense posee este nivel educativo.

La Figura 3 muestra la distribución de los porcentuales en relación con los rangos del IBR. Conforme se incrementa la posibilidad de contar con mayor bienestar, la proporción de personas con los niveles de instrucción obligatoria y universitaria también lo hace. Sin embargo, esta situación se acrecienta en referencia a los niveles superiores, mostrando brechas entre las categorías IBR bajo/medio/alto. La diferencia de 26 puntos porcentuales entre el IBR muy bajo y el alto expresa que en las categorías superiores el peso de los capitales disponibles (económico, cultural y social) facilita el acceso, permanencia y graduación dentro de los grupos que tienen un nivel de IBR alto.

Figura 3. Distribución relativa de la población, según nivel educativo alcanzado e Índice de Bienestar de las Ruralidades, 2022

Fuente: elaboración propia.

La Figura 4 da cuenta de la representación espacial de los datos que venimos analizando. Los valores bajos y muy bajos del IBR reúnen al 4,6 % de la población. Llaman la atención los partidos de Necochea, Lobería y General Alvarado, ya que exhiben radios con las peores situaciones educativas, lo que se condice con malas condiciones en cuanto a la calidad constructiva de las viviendas, el acceso a computadoras con conexión a internet y dificultades de acceso de agua en las viviendas. Los valores medios se llevan la mayor representatividad, y reúnen al 69,8 % de la población, con predominio destacado –por ejemplo– en Ayacucho, General Madariaga y San Cayetano.

Figura 4. Dimensión educación, sudeste de la provincia de Buenos Aires, 2022

Fuente: elaboración propia.
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

Dimensión saneamiento y vivienda

Estas cuestiones se abordan de manera conjunta porque constituyen condiciones materiales básicas de habitabilidad (Lucca y Taborda, 2010), cuyo déficit repercute directamente en la salud y la calidad de vida de la población.

En particular, el saneamiento alude a la provisión de instalaciones y servicios para la satisfacción de necesidades básicas. Dentro del IBR, su variable representativa se vincula con un derecho humano reconocido por la Asamblea General de las Naciones Unidas: la disponibilidad de agua, medida a través del indicador definido como porcentaje de población en viviendas con conexión de agua en su interior. La provisión de agua influye en factores clave para la salud, como la inocuidad de los alimentos y la eliminación segura de la orina y las heces humanas, contribuyendo a prevenir enfermedades transmisibles (Organización Mundial de la Salud –OMS–, 2018; Banco Mundial, s/f). En este sentido, el saneamiento puede generar “efectos multiplicadores sobre la educación, la alimentación y la salud” (Rozas Balbontín, 2011, p. 2).

Rozas Balbontín (2011) aporta a la fundamentación del indicador seleccionado, al destacar la importancia de considerar indicadores restrictivos, como, por ejemplo, “al acceso mediante conexión por cañerías dentro de la vivienda, la parcela o el patio” (2011, p. 11). No obstante, se debe expresar que la disponibilidad del servicio no garantiza que el agua sea necesariamente segura o potable. Asimismo, problemáticas como la baja presión o la intermitencia en el abastecimiento constituyen limitaciones que resultan difíciles de incorporar en la medición del IBR.

Por su parte, la vivienda representa el espacio central de la vida cotidiana, fundamental para la reproducción social y el bienestar de la población. Esta debe proteger a sus habitantes de la intemperie y ofrecer confort térmico y resguardo frente a sustancias o vectores que constituyan riesgos para la salud. Además de proporcionar abrigo frente a factores climáticos y contaminantes, debe promover la privacidad y la intimidad, permitiendo el desarrollo de las actividades cotidianas.

Según Cerdá y Salomón (2017) y Torres Veytia, Vega Díaz e Higuera Meneses (2011), persisten hasta estos tiempos problemas vinculados con la desatención pública y la ausencia de políticas específicas orientadas a la vivienda rural.

Para el análisis de esta dimensión se consideraron dos variables vinculadas con las condiciones habitacionales: la calidad de la vivienda y el espacio para la vida cotidiana. Siguiendo el Modelo de Calidad de Vida para la Vivienda Rural desarrollado por Sánchez Quintanar y Jiménez Rosas (2010), los indicadores seleccionados pertenecen a un microsistema centrado en evaluar aspectos relacionados con la persona, su interacción con el núcleo familiar u hogar, las características constructivas y la utilización de los espacios que la integran.

En primer lugar, el indicador definido como porcentaje de población en viviendas con Índice de Calidad de los Materiales (INMAT) 1 mide la calidad edilicia en base a los materiales predominantes en pisos y techos. Esta categoría, que representa el nivel más alto dentro del índice de calidad de los materiales elaborado por el INDEC, corresponde a las viviendas con mayor capacidad de aislamiento térmico y acústico. En segundo lugar, el porcentaje de población en viviendas con espacio suficiente para sus integrantes posibilita evaluar el nivel de hacinamiento, desde una perspectiva o direccionalidad positiva, acorde al concepto de bienestar. El análisis del hacinamiento deviene de la relación entre la cantidad de personas que habitan la vivienda y el número de cuartos disponibles, considerando que valores superiores a dos personas por cuarto pueden impactar negativamente en diversos ítems (privacidad, descanso, concentración y vínculos intrafamiliares, entre otras posibilidades).

La Figura 5 muestra los porcentajes de población que cumple con cada indicador, clasificado según su nivel de bienestar. Entre ellos, la conexión de agua dentro de la vivienda es el indicador que presenta mayor amplitud. Mientras que solo un 40 % de la población con muy bajo nivel de bienestar accede a este servicio desde el interior de la vivienda, en las demás categorías el porcentaje supera el 90 %. Esto refleja el grado de vulnerabilidad que atraviesan los hogares con muy bajo bienestar y la distancia que los separa del resto. Por su parte, los dos indicadores relacionados con la vivienda adquieren un comportamiento similar, aunque las brechas son menores. Respecto del espacio suficiente para los integrantes del hogar, se debe considerar que las viviendas en general no presentan inconvenientes, sobre todo si se relaciona esta situación con la dinámica demográfica que muestra, desde hace décadas, cierto estancamiento o incluso retroceso.

En lo que respecta a la distribución espacial del subíndice de saneamiento y vivienda (Figura 6), se observa que los radios con valores en el rango extremadamente bajo, aunque de escasa población, se localizan en los partidos de General Pueyrredon, General Alvarado, Pinamar y Maipú. En contraste, la categoría que muestra mejores condiciones se distribuye de manera más amplia en todos los distritos de la región. Esta distribución espacial refleja las brechas en el acceso a dos componentes esenciales del bienestar social.

Figura 5: Distribución relativa de la población, según disponibilidad de agua, calidad de la vivienda, espacio para la vida cotidiana e Índice de Bienestar de las Ruralidades, 2022

Fuente: elaboración propia.

Figura 6. Dimensión saneamiento y vivienda, sudeste de la provincia de Buenos Aires, 2022

Fuente: elaboración propia.
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

Dimensión Tecnologías de la Información y Comunicación

Las TIC se encuentran en directa vinculación con otros dominios del bienestar ya que proporcionan acceso a la información y la comunicación, situación que a su vez puede crear oportunidades laborales y mejorar el acceso a servicios básicos como la salud y la educación (Mikkelsen et al., 2020). Esto fue central en los tiempos de Aislamiento/Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio por la aparición del COVID-19, donde la necesidad de mantener la conectividad entre las personas, así como solventar en el tiempo prácticas educativas y sanitarias, impactaron en el bienestar de la población (Blanco y Blanco, 2021).

Sevilla Caro et al. (2015) definen a las TIC como el conjunto de tecnologías desarrolladas para gestionar información y tener celeridad e inmediatez de envío. Dentro de las TIC se incluyen aquellas tecnologías que permiten almacenar información y recuperarla después (por ejemplo, los discos duros de las computadoras), enviar y recibir información de un sitio a otro (tales son los casos de los teléfonos y computadoras) o procesar información para obtener resultados y elaborar cualquier tipo de trabajo o informe (principalmente mediante las computadoras, pero también en los dispositivos móviles). Por ello, las TIC podrían ser facilitadoras de muchas situaciones, tales como contribuir a reducir distancias y permitir la continua comunicación. Sin duda, su impacto resulta positivo, no obstante, se debe tener en cuenta quiénes pueden efectivamente acceder a las mismas, no sólo por una cuestión de saberes, sino también por las características y distribución de la infraestructura necesaria para la conectividad (Rivoir et al., 2019). Sobre el particular, Sevilla Caro et al. (2015) afirman la existencia de una brecha digital, como evidencia de la separación entre las poblaciones con y sin acceso a esta clase de tecnologías.

Ya en 1996, Castells escribía sobre la creciente influencia de las tecnologías digitales en la vida cotidiana, la cultura y la economía, lo cual influiría en cualquier persona o grupo social que no pudiera acceder a las mismas (Castells, 1996, citado por Rivoir et al., 2019). Asimismo, el término brecha digital se utiliza para establecer las diferencias entre los distintos grupos sociales a la hora de utilizar las TIC, en función de los diferentes niveles de alfabetización y la capacidad tecnológica. Las TIC constituyen herramientas para mantener y fortalecer las relaciones sociales, reducir el aislamiento, fomentar un mayor involucramiento en actividades sociales, ampliar oportunidades informativas, transaccionales y de ocio y entretenimiento. De esta manera, las TIC pueden aumentar la sensación de autonomía y control sobre la vida diaria, al tiempo que favorecen la integración social, las oportunidades culturales y de aprendizaje y los niveles de actividad, contribuyendo al bienestar de las personas (Ramírez Pupo, 2023; Rivoir et al., 2019). Sin embargo, se distingue un desigual acceso a las TIC entre los espacios rurales y los espacios urbanos (Sili et al., 2015; Mikkelsen et al., 2018; Rivoir et al., 2019; Mikkelsen et al., 2020).

Para operacionalizar esta dimensión se han estudiado y sistematizado dos indicadores. El primero alude al porcentaje de población en hogares con tenencia de computadoras o tablet. El segundo es el porcentaje de población en hogares con celular con internet.

El acceso a telefonía y a computadora/tablet implica facilidades para el desarrollo de la vida moderna y ejemplifica la posibilidad de acceso, en relación con el poder adquisitivo, más aún con la infraestructura en comunicación que se encuentra disponible para el medio rural. Esta suele ser acotada, por una cuestión de eficiencia económica para las empresas que ofrecen el servicio de telefonía celular. Y, en función de la distancia a las antenas dispuestas en el territorio rural, será el nivel de señal al cual accederán los teléfonos celulares de la población. Cuanto más lejos, menor intensidad de esta y mayor dificultad para hacer llamadas, como así también para utilizar los datos móviles que permiten el acceso a internet.

La inclusión del indicador tenencia de computadora o tablet responde a que, en la actualidad, es una herramienta que permite realizar variedad de trámites, actividades de interacción y de educación, gestiones médicas, recreativas, uso de programas y aplicaciones de diversa índole (Mikkelsen et al., 2020). Esta situación, sin embargo, no garantiza la conexión a internet y, mucho menos, la calidad de este servicio, lo cual resulta fundamental para el acceso a varias de las funciones mencionadas.

La aparición de la telefonía móvil supuso un cambio beneficioso para los espacios rurales, en comparación con la telefonía fija, la cual –si bien ya existía de antemano– resulta más costosa en su instalación y uso en los espacios rurales (Sili et al., 2015). El celular con internet es un “dispositivo inalámbrico electrónico que permite tener acceso a la red de telefonía celular o móvil, con conexión a internet” (INDEC 2022, p.18). Con este dispositivo se pueden efectuar y recibir llamadas, acceder a internet y a aplicaciones móviles, incrementando las posibilidades de desenvolvimiento personal. No obstante, su funcionamiento depende de la cobertura de señal, al tiempo que hay funciones, propias de las computadoras, que el celular todavía no ha podido alcanzar o son más difíciles de lograr (Sili et al., 2015). La cobertura de señal para la telefonía celular, por parte de las empresas dedicadas a este servicio, evidencia una clara concentración en los núcleos urbanos, razón por la cual los pobladores rurales deben aplicar diversas estrategias para obtener cobertura (Mikkelsen et al., 2020).

En el sudeste bonaerense, los indicadores de la dimensión TIC muestran la segunda brecha más amplia, luego de la dimensión saneamiento y vivienda. Al puntualizar sobre cada uno de los indicadores, se evidencia que las mayores diferencias se encuentran en el porcentaje de población en hogares con computadora o tablet ya que el 51,3 % de la población cuenta con acceso a estos equipos electrónicos. Por su parte, el 87,6 % de la población de la región posee celular con acceso a internet.

La Figura 7 evidencia esta brecha mediante la distribución porcentual de los indicadores en relación con los rangos del IBR. Mientras que prácticamente no existe participación de la población con muy bajo nivel de bienestar en el acceso a computadora, tablet u otros dispositivos electrónicos, poco más del 30 % de la población con bajo nivel de bienestar cuenta con estos equipos. El porcentaje aumenta a más del 50 % entre quienes tienen un nivel medio y supera el 70 % en el rango alto del IBR. Esto refleja la distancia que los separa hacia el interior del indicador, y entre este y el porcentaje de población en hogares con celular con internet. En este otro indicador, solo un 50 % de la población con muy bajo nivel de bienestar accede a esta TIC, mientras que en las demás categorías el porcentaje supera el 70 %. Igualmente, cabe destacar que, en ambos indicadores y acorde al incremento del bienestar, la proporción de personas con acceso a estas TIC aumenta.

Figura 7. Distribución relativa de la población, según posesión de computadoras y celulares con internet e Índice de Bienestar de las Ruralidades, 2022

Fuente: elaboración propia.

Figura 8. Dimensión Tecnologías de Información y Comunicación, sudeste de la provincia de Buenos Aires, 2022

Fuente: elaboración propia.
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

En la Figura 8 observamos la distribución territorial del subíndice TIC. Los niveles bajo y medio son los que predominan territorialmente, aunque no aglutinan tanto porcentaje de población como los niveles medio y alto. Los niveles extremadamente bajo y muy bajo representan al 0,1 y 0,3 % de la población, respectivamente, y se localizan en los partidos de Balcarce, General Alvarado, General Pueyrredon, Necochea, Maipú, Mar Chiquita, Tandil y Villa Gesell. Por su parte, los rangos bajo y medio se ubican en todos los partidos (a excepción de Pinamar), concentrando al 9,7 y 70,3 % de los habitantes, respectivamente. Por su parte, el grupo con nivel más alto de la dimensión TIC alberga al 18,5 % de la población total de la región, estando presente en varios de los partidos: Balcarce, General Alvarado, General Juan Madariaga, General Pueyrredon, Lobería, Mar Chiquita, Maipú, Necochea, San Cayetano, Tandil y Villa Gesell.

Dimensión ambiente

La dimensión ambiente, en el conjunto de dominios empleados, es la de más reciente incorporación en el análisis multidimensional del bienestar (Capítulo 3). La misma permite reconocer un aspecto fundamental que sostiene la vida rural, el entorno natural y, al mismo tiempo, dar cuenta de ciertas especificidades del territorio rural.

Se entiende al ambiente como una “totalidad compleja diversa en permanente transformación y autoorganización, cuya configuración surge de la interacción de procesos físicos, químicos, biológicos, tecnológicos, socioeconómicos, políticos y culturales, que hacen emerger sus diversas expresiones territoriales y temporales” (Gazzano Santos y Achkar Borras, 2013). En palabras de Reboratti, el ambiente “engloba a todos los elementos y relaciones que se encuentran dentro de la biosfera, tanto los que son estrictamente naturales como los que han sido producto, en mayor o menor grado, de la intervención humana” (2000, p. 8). Por lo tanto, es importante remarcar que el ambiente es un sistema complejo donde interactúan elementos naturales con los creados o modificados por la sociedad, y donde la interrelación entre ambos es fundamental.

Según la OMS, se vincula con todos los factores físicos, químicos y biológicos externos de una persona que podrían incidir en la salud y en la vida en sentido extenso. Según esta organización, se estima que en 2012 casi una cuarta parte del total mundial de muertes se debieron a vivir o trabajar en ambientes poco saludables, siendo los principales factores de riesgo ambiental la contaminación del aire, el agua y el suelo, la exposición a los productos químicos, la crisis climática y la radiación ultravioleta.

En los territorios rurales, el ambiente es tanto el contexto, como también un activo fundamental que condiciona el bienestar y las oportunidades productivas, siendo importante lograr la sostenibilidad del desarrollo. En este sentido, como señala Ramírez Mocarro (1998), la dinámica entre la pobreza rural y el deterioro ambiental es una de las tensiones más críticas en América Latina, especialmente en áreas marginadas donde el capital natural es el principal sustento de la población más vulnerable. Poder medir y visibilizar las desigualdades ambientales en relación con la exposición a agroquímicos, la pérdida de biodiversidad, entre otras variables, es relevante para lograr políticas públicas que mejoren el bienestar de la población y redefinir las prioridades de desarrollo rural.

El término calidad ambiental se relaciona con las condiciones de habitabilidad, lo cual implica el mantenimiento de una estructura y función similar a la que se encuentra en los ecosistemas naturales equivalentes (Burgui Burgui, 2008). La misma es parte fundamental del bienestar, particularmente en áreas rurales, donde se presume que la conexión con la naturaleza y el entorno es mayor. Los indicadores ambientales son valores o parámetros que buscan reflejar de modo sintético y cuantitativo la calidad del ambiente. Constituyen un sistema de señales claras y oportunas sobre un determinado proceso ambiental, que eventualmente permitiría a los tomadores de decisión (como por ejemplo los Estados y las comunidades) evaluar su progreso, sea en comparación con una meta específica propuesta o respecto de niveles observados en un año base (Quiroga Martínez, 2009).

En función de las características del territorio analizado y la disponibilidad de datos, que en esta dimensión representa un desafío importante, se tomaron como indicadores la menor incidencia del uso de pesticidas y la menor recurrencia de inundaciones. Esta última impacta en la población rural de manera directa, tanto en la salud humana y ambiental, como en el acceso a los caminos, la vulnerabilidad habitacional y el sustento de vida.

Al analizar los valores de esta dimensión, reconocemos que aquellos partidos con IBR bajo tienen valores altos en el indicador relativo a la menor incidencia en uso de pesticidas, pudiendo explicar esta situación la menor actividad agrícola y situaciones más vulnerables de habitabilidad (Figura 9). Por el contrario, partidos con valores altos de IBR tienen menor valor en el indicador –es decir, condiciones menos propicias para el bienestar–, pudiendo estar asociado a sitios con actividad productiva intensiva, como los cinturones frutihortícolas, con mayor presencia de empleo de pesticidas. Por su parte, aquellos partidos con IBR bajo tienen valores más altos en el indicador de menor recurrencia de inundaciones, decreciendo a medida que aumenta el IBR, cuestión que se explica por la geomorfología o naturaleza del terreno.

Figura 9. Distribución relativa de la población, según menor incidencia de pesticidas y recurrencia de inundaciones e Índice de Bienestar de las Ruralidades, 2022

 

Fuente: elaboración propia.

En el caso de esta dimensión, trabajamos con datos publicados a escala de partido (Figura 10). De esta forma, la dimensión ambiental tiene un comportamiento con valores bajos en el centro del área de estudio (Maipú, Ayacucho, Balcarce, Tandil, Necochea y San Cayetano) y muy bajos en General Pueyrredon, mientras que el resto de los partidos costeros o próximos a la costa (Pinamar, Villa Gesell, General Juan Madariaga, Mar Chiquita, General Alvarado, Lobería) presentan cifras más altas, es decir, se encuentran en las mejores condiciones. Estos últimos tienen generalmente valores medios en el indicador referido a la incidencia de inundaciones y una menor incidencia en el uso de pesticidas. Por su parte, respecto de aquellos partidos con valores medios en la dimensión, ello se debe principalmente a la recurrencia de inundaciones, mientras que General Pueyrredon tiene valores bajos en todos los indicadores.

Figura 10. Dimensión Ambiente, sudeste de la provincia de Buenos Aires, 2022

Fuente: elaboración propia.
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

El tratamiento de las dos variables consideradas ha mostrado que el indicador de menor incidencia en el uso de pesticidas, pese a estar a escala de partidos, permite diferenciar de manera notable a las unidades espaciales, particularmente en partidos como General Pueyrredon, debido a su extenso cinturón frutihortícola, segundo en importancia a nivel de la provincia de Buenos Aires. En cambio, el indicador referido a recurrencia de inundaciones tiene menor capacidad de discriminación territorial para esta región, debido a su homogeneidad en cuanto a relieve y condiciones climáticas.

El índice construido expresa un entramado que, a través de las dimensiones seleccionadas y la medición obtenida, muestra la situación del bienestar en las ruralidades del sudeste bonaerense. El análisis estadístico de los resultados y su representación mediante cartografía temática han permitido identificar qué dimensiones requieren mayor atención y en qué unidades espaciales se concentran.

Entendemos que ofrece una aproximación a las condiciones que definen dificultades concretas en el bienestar de los espacios de ruralidad, tanto en una perspectiva vertical u ordinal como en una aproximación horizontal, observando los resultados en su contexto y en relación con otras unidades espaciales.

Se trata de una tarea de construcción, aún en debate, que en primera instancia recupera el recorrido metodológico realizado por otros autores para identificar aquellas dimensiones que ya han sido empleadas en el estudio del bienestar. De la mano de esas propuestas iniciales se reflexionó en torno de su replicabilidad para la ruralidad del sudeste bonaerense. Superada dicha instancia, se procedió a la revisión de fuentes de datos secundarios que reunieran los indicadores seleccionados. Este tránsito de lo deseable a lo posible nos llevó a lo real, es decir, efectivamente con qué datos contamos para elaborar el IBR y, en tal caso, descartar dimensiones o indicadores, o unirlos, como concretamente sucedió con vivienda y saneamiento.

El IBR 2022 se constituye en una medida síntesis de análisis espacial que, a nuestro entender, permite, en una visión multivariada, establecer diferenciaciones en las configuraciones territoriales rurales del sudeste bonaerense y proceder al estudio de las brechas entre las unidades espaciales (partidos, fracciones y radios censales como implantación cartográfica zonal, y de espacios con población rural como implantación cartográfica areal y puntual). El índice hace observable un predominio de las situaciones intermedias y, a pesar de su direccionalidad positiva, expresa dificultades presentes en cuanto al bienestar. La medición del IBR a través de indicadores sociales ha permitido observar la situación de la población y a su vez posibilitó avizorar que, en la trayectoria seguida entre 2010-2022, podrían haber sucedido mejoras en algunos aspectos. De este modo, incrementar las opciones de comunicación, optimizar las viviendas y sus condiciones de acceso al agua y reconocer la necesidad de reducir el riesgo de contaminación por pesticidas son elementos centrales que se podrán seguir estudiando mediante fuentes de datos conocidas o de otras que puedan publicarse a futuro.

En síntesis, se espera que la ejecución de esta propuesta metodológica permita, de aquí a futuro, complejizar el análisis con las dimensiones e indicadores deseados, plantear el estudio pormenorizado de cada una de las dimensiones, e identificar recortes territoriales para la realización de trabajo de campo que permita traspasar el estudio del bienestar rural y arribar al conocimiento sobre la calidad de vida rural.



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