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“Poner el cuerpo”

La contingencia del vínculo entre formatos de involucramiento y efectos en las formas de participación de la era digital

Rocío Annunziata[1]

Resumen

El presente trabajo se propone analizar los efectos de las formas de participación y control ciudadano que posibilitan las nuevas tecnologías en Argentina. El análisis se apoya en el estudio de dos experiencias recientes: la movilización #NiUnaMenos del 3 de junio de 2015 y la plataforma de peticiones Change.org que funciona en Argentina desde 2013. La primera experiencia fue una masiva movilización convocada por medio de las redes sociales por un grupo de periodistas ante el aumento de casos de femicidios y violencia contra las mujeres. En el segundo caso se trata de una plataforma online que ha logrado un significativo número de “victorias” (peticiones con respuesta positiva) a través de la identificación y presión sobre los decisores políticos por efecto de la viralización de peticiones. Luego de reseñar brevemente el contexto argentino, este capítulo relata ambas experiencias poniendo el énfasis en los rasgos de la participación y del control. En segundo lugar, aborda el tipo de actores que caracterizan a cada una de las experiencias. Finalmente, explora los efectos institucionales, políticos, sociales y sobre los propios actores. La observación de los efectos permite advertir que, en el marco de la era digital, no siempre “poner el cuerpo” offline y de manera sostenida produce los efectos más tangibles y completos; los efectos de la participación parecen mantener entonces una relación contingente con el formato de involucramiento ciudadano.

Introducción

Una de las grandes problemáticas que ha signado siempre las investigaciones sobre participación y control ciudadano ha sido la de los efectos, tanto de las instituciones participativas como de las protestas o movilizaciones ciudadanas. Sin embargo, pese a ser una preocupación constante de estos estudios: “…desde hace cuarenta años ahora, la observación de los procedimientos y el estudio de los dispositivos no dejan de mostrar que, en la inmensa mayoría de los casos, muy poco de lo que era esperado se produce” (Blondiaux y Fourniau, 2011: 22). También se ha demostrado que las movilizaciones generan efectos inesperados que no coinciden necesariamente con los objetivos iniciales de sus organizadores, que muchas veces los propios objetivos son difusos y que los mismos efectos pueden ser interpretados por algunos actores e investigadores como exitosos mientras son simultáneamente vistos como fracasos por otros (Gold, 2016). El análisis de los efectos de la participación ha sido y sigue siendo un terreno incierto.

Con el auge de las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) las formas de participación se han transformado y todo un nuevo campo de estudios e investigaciones se ha consagrado a evaluar sus efectos. En este contexto ha surgido y circulado el concepto de clickactivismo o slackactivism. La literatura sobre clickactivismo considera que la participación online constituye una forma superficial, no reflexiva y disminuida de participar y cuestiona la potencialidad que pueda tener este tipo de práctica (Christensen, 2011; Breuer y Farooq, 2012; Waisbord, 2015; Sorj, 2015). También llamado “activismo de sillón”, la noción remite peyorativamente “al apoyo de causas sociales que permiten que los individuos se sientan bien sin haber realizado el esfuerzo de la militancia. En numerosas ocasiones se describe que este tipo de activismo digital no produce efectos reales en las causas apoyadas” (Savazoni y Copello, 2016: 128). La literatura coincide entonces en que la participación online requiere la mayoría de las veces un mínimo esfuerzo personal y parece más importante la autosatisfacción que los objetivos políticos de la acción. El clickactivismo sería, en definitiva, “una forma perezosa de hacer política” (Sorj, 2016: 17).

Frente a esto, tanto investigadores como activistas suelen convocar a “poner el cuerpo”, reivindicando un compromiso más intenso con la acción, o un tipo de militancia más tradicional, organizada y “cara a cara”, que tendría a su vez mayores efectos[2]. Este es el presupuesto que inspira las preguntas del presente trabajo. Por un lado: ¿es la participación online efectivamente poco comprometida o perezosa y opuesta a un involucramiento más intenso en el que “se pone el cuerpo”?[3] Por otro lado, en lo que podemos llamar la era digital y una vez que las nuevas tecnologías han impactado de manera irreversible sobre las formas de participación: ¿es evidente que a mayor implicación se produzcan mayores efectos?

En lo que sigue intentaremos responder a estas preguntas mediante el análisis de dos experiencias de participación ciudadana atravesadas por las nuevas tecnologías de información y comunicación que tuvieron lugar recientemente en Argentina. Por un lado, la movilización contra la violencia machista #NiUnaMenos del 3 de junio de 2015; por otro lado, la plataforma de peticiones online Change.org que funciona en el país desde 2013. Estas experiencias fueron seleccionadas porque ambas pueden considerarse exitosas si nos enfocamos en los efectos de la participación ciudadana: la primera ha sido una de las movilizaciones más masivas de los últimos años en Argentina y ha tenido un impacto extraordinario incluso en el plano internacional; la segunda ha demostrado ser abundante en “victorias”, es decir, en el logro de los objetivos de las peticiones generadas, siendo Argentina el país con más victorias por usuarios activos. Es indudable que se trata de formas muy distintas de participación: la movilización #NiUnaMenos tiene el formato de una protesta callejera, en la que la convocatoria nacida en las redes sociales conduce a movilizarse en el espacio público offline; por su parte, Change.org es una plataforma online que, si bien muchas veces exige articulaciones con acciones y actores offline, permite observar en varios otros casos el impacto de un activismo puramente online, lo que se revela muy significativo para discutir los alcances del “clikactivismo”. El tratamiento de dos experiencias tan diversas[4] se justifica en el hecho de que puede mostrar un abanico de efectos variados[5] (inmediatos y de largo plazo, parciales y completos, individuales y colectivos) e ilustrar bien los posibles contrastes entre formas de involucramiento, en las que “poner el cuerpo” no adquiere una única significación.

Ambas experiencias se abordaron a través de técnicas de investigación cualitativas, particularmente entrevistas en profundidad y observaciones no participantes online y offline, realizadas entre agosto y noviembre de 2015[6]. El enfoque de la investigación tuvo en cuenta el imprescindible entrecruzamiento entre la información proveniente de los ámbitos online y offline, que delinea lo que puede considerarse una nueva y necesaria forma de “triangulación” (Mosca, 2014).

I. Experiencias recientes de participación ciudadana en Argentina

En Argentina han tenido lugar recientemente experiencias innovadoras de participación y control ciudadano ligadas a las nuevas tecnologías. Por un lado, se han producido manifestaciones ciudadanas surgidas de las redes sociales, las primeras de las cuales fueron el ciclo de los llamados “cacerolazos” en 2012-2013 que expresaron sobre todo un rechazo al oficialismo (Annunziata y Gold, 2017), y la más destacada por su impacto público y masividad fue la movilización #NiUnaMenos el 3 de junio de 2015. Por otro lado, han surgido plataformas para la deliberación sobre proyectos como Demos, impulsada por el Partido de la Red en el marco de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, o de control de la veracidad del discurso de los gobernantes como Chequeado.com; entre las plataformas participativas online, la más exitosa en el país ha sido la plataforma de peticiones mediante recolección de firmas Change.org (Annunziata, Arpini, Gold y Zeifer, 2016).

Es importante destacar algunos factores del contexto de estas dos experiencias. Por un lado, en un sentido general, ambas experiencias forman parte de la diversificación de formas de participación ciudadana no electoral que siguió a la crisis de 2001, en la que se puso de manifiesto un profundo rechazo ciudadano a los partidos y a la clase política en su conjunto. Si a fines del siglo xx dos actores habían caracterizado la especificidad de la participación ciudadana en Argentina, los movimientos de derechos humanos primero y los movimientos “piqueteros” después, a comienzos del siglo xxi se desplegaron los llamados “dispositivos participativos” en los gobiernos locales y tuvieron lugar protestas que reivindicaban la espontaneidad y la ausencia de organización por parte de actores políticos tradicionales, como las manifestaciones reclamando por seguridad convocadas por J. C. Blumberg. Las experiencias que analizamos aquí sobresalen en este contexto general por su novedad. La movilización #NiUnaMenos puede ser leída como un hito del movimiento feminista o de mujeres, pero al mismo tiene rasgos inéditos por su convocatoria desde las redes sociales y por la amplitud de la participación que superó muchísimo cualquier acción que pudiera planificar el movimiento social organizado. También fue novedosa respecto de otras movilizaciones nacidas en las redes, como los cacerolazos, en la medida en que, como veremos, no se caracterizó por un componente “antipolítico” o “antipolíticos”. Change.org recupera una práctica antigua en las democracias, la de peticionar ante las autoridades (Rosanvallon, 2015), pero la amplificación que produce su componente digital es completamente inédita, no solo por la difusión de las peticiones y la veloz acumulación de apoyos en la que puede redundar, sino también por la exposición pública de los decisores destinarios de las peticiones.

En segundo lugar, es importante considerar el contexto coyuntural de las experiencias analizadas. 2015 fue un año electoral muy significativo en Argentina porque las elecciones generales que tuvieron lugar marcarían el fin del ciclo de gobiernos kirchneristas. #NiUnaMenos se vio atravesada por esta coyuntura porque los candidatos en campaña buscaron asociarse a una consigna que se revelaba como exitosa; sin que la lucha contra la violencia machista se transformara en un tema clave de los principales discursos de campaña y sin que entrara como eje de los debates presidenciales, el contexto electoral amplió sin dudas la visibilidad de la problemática. El contexto electoral también impactó en el caso de Change.org, en la medida en que permitió que algunas peticiones crecieran muy rápidamente, como la que pedía la boleta electrónica y que otras que ya habían sido lanzadas en otros contextos sin eco pasaran al centro de la escena, como la que pedía la obligatoriedad de los debates presidenciales.

Por último, es preciso mencionar las condiciones de acceso y uso de las nuevas tecnologías en el marco de las cuales ambas experiencias tuvieron lugar. Argentina ha venido achicando lo que se denomina como la “brecha digital” durante los últimos años y es uno de los países de la región menos afectado por las desiguales condiciones de acceso y uso de nuevas tecnologías. Según la Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación, entre 2011 y 2015 se elevó significativamente tanto el acceso a computadoras como el acceso a Internet en los hogares (pasando de 56,4% a 67,0% y de 41,0% a 61,8% respectivamente) para el total de 31 aglomerados urbanos relevados (ENTIC, 2015). No obstante, la concentración geográfica en las áreas urbanas y provincias más pobladas sigue siendo un factor a tener en cuenta: en septiembre de 2014, por ejemplo, se registraron 13 366 561 accesos residenciales a Internet, de los cuales un 77,7% estaba concentrado en la ciudad de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza (INDEC, 2014)[7].

Narremos ahora en qué consistieron las experiencias de #NiUnaMenos y Change.org.

La primera fue una masiva movilización que tuvo lugar el 3 de junio de 2015 contra los femicidios y la violencia machista, reuniendo alrededor de 200.000 personas en la Ciudad de Buenos Aires y de un millón de personas en todo el país. La convocatoria surgió por impulso de un grupo de periodistas en las redes sociales. El 11 de mayo de 2015 se hizo pública la noticia de un nuevo y conmocionante caso de femicidio en Argentina, frente a la cual la periodista Marcela Ojeda se preguntó en su cuenta de Twitter: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales… mujeres, todas, bah… no vamos a levantar la voz? NOS ESTÁN MATANDO”. Este fue el origen de la convocatoria a la movilización, a la que rápidamente respondieron un grupo de periodistas y comunicadoras en las redes y viralizaron la fecha del 3 de junio para salir a la calle bajo la consigna #NiUnaMenos. Al día siguiente, el 12 de mayo, los principales medios de prensa levantaron los datos y los testimonios que brindaba la asociación civil La Casa del Encuentro, que llevaba un registro de femicidios ante la ausencia de cifras oficiales. De este modo, circuló masivamente una información que hasta el momento no era visible: cada treinta horas, una mujer era asesinada en Argentina por el solo hecho de ser mujer.

Enseguida se sumaron a la convocatoria todo tipo de organizaciones sociales, colectivos de mujeres, agrupaciones feministas, y también políticos de los distintos partidos, candidatos y personalidades de la cultura y el espectáculo. La amplitud de las adhesiones que generó la convocatoria en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales produjo un debate sobre la legitimidad de la apropiación de la consigna por personajes que habían mantenido actitudes públicas misóginas o machistas. Se cuestionaba, por ejemplo, que mujeres famosas de la farándula que habían sostenido durante su vida discursos que profundizaban la desigualdad de género apoyaran la consigna, o que lo hicieran conductores de programas de televisión considerados sexistas[8]. Las periodistas impulsoras no habían previsto el impacto público que tendría la convocatoria ni podían controlar los sentidos que adquiría la consigna a medida que diferentes dirigentes políticos o celebridades “se sacaban la foto con el cartel”[9]. En un año de elecciones presidenciales en Argentina, ningún candidato quería permanecer al margen. Las impulsoras decidieron entonces acordar un documento de cinco puntos con reclamos concretos que sirvió para pedir el compromiso de los políticos de los diferentes partidos con el hashtag: #Delafotoalafirma.

Esta selección de los “5 puntos” de la demanda oficial procuró también darle a la convocatoria una significación precisa pero lo suficientemente amplia como para que la movilización fuera masiva. El documento de “5 puntos” solicitaba:

  • Implementar con todos los recursos necesarios y monitorear el Plan nacional de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la violencia contra las mujeres, tal como lo establece la ley 26 485.
  • Garantizar que las víctimas puedan acceder a la Justicia. En cada fiscalía y cada comisaría debe haber personal capacitado e idóneo para recibir las denuncias. Las causas de los fueros civil y penal deben unificarse; las víctimas deben tener acceso a patrocinio jurídico gratuito durante todo el proceso judicial.
  • Elaborar el Registro Oficial único de víctimas de la violencia contra las mujeres. Realizar estadísticas oficiales y actualizadas sobre femicidios. Solo dimensionar lo que sucede permitirá el diseño de políticas públicas efectivas.
  • Garantizar y profundizar la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos, para formar en la igualdad y para una vida libre de discriminación y violencia machista. Sensibilizar y capacitar a docentes y directivos.
  • Garantizar la protección de las víctimas de violencia. Implementar el monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que les impone la Justicia.

El 3 de junio la concentración más numerosa tuvo lugar frente al Congreso de la Nación en la Ciudad de Buenos Aires, pero hubo también manifestaciones en más de 120 ciudades del país, en las que se habían establecido previamente puntos de encuentro. En el acto oficial, a las 17 horas, los reconocidos actores J. Minujín y E. Rivas y la historietista M. Burundarena leyeron el manifiesto y los cinco puntos de reclamo inmediato pactados previamente por las impulsoras y la organización La Casa del Encuentro. Cerca del escenario y con un rol protagónico se encontraban los familiares de víctimas de femicidios. En la movilización participaron muchas organizaciones y colectivos feministas y de mujeres, así como ciudadanas y ciudadanos sin pertenencias organizativas. Asimismo, el día de la manifestación, el hashtag fue trending topic global a las 20 horas, con más de 13 400 menciones por minuto.

A diferencia de otras movilizaciones también surgidas en el ámbito de las redes sociales, #NiUnaMenos logró tener una impronta transpartidaria y no antipolítica, al mismo tiempo que vehiculizó una comprensión del problema de la violencia machista como una cuestión de Derechos Humanos y no de Seguridad. Pero fue sobre todo la negatividad de la consigna “#NiUnaMenos. Basta de Femicidios!” lo que permitió reunir a quienes repudiaban las muertes de las adolescentes como otros tantos casos de inseguridad y se indignaban con la ineficacia de la justicia para condenar a los culpables, con quienes veían en los femicidios el último eslabón posible de una cadena de violencias machistas en la que las mujeres eran tenidas por objeto de los varones y cuyo repudio implicaba tanto rechazar el acoso callejero como defender el derecho al aborto y la autonomía sobre el propio cuerpo.

Change.org constituye una experiencia diferente de participación y control ciudadano, más focalizada en sus acciones y más centrada en el activismo online. Se trata de una plataforma de peticiones mediante recolección de firmas online que funciona en Argentina desde enero de 2013 y que ha logrado hasta el presente muchas respuestas positivas y cambios institucionales significativos. En el mundo, Change.org tiene más de 110 millones de usuarios en 196 países. En Argentina la plataforma cuenta con 2 millones y medio de usuarios activos (2,9 millones de usuarios en total).

Desde que comenzó en el país, Change.org creció rápidamente porque se produjeron peticiones con gran resonancia pública y política[10]. Esto posicionó a Argentina como el país que más victorias tiene en relación a la cantidad de usuarios. El 38% de los ciudadanos activos experimentaron victorias a lo largo de tres meses en el mundo, mientras que en Argentina el promedio es del 66%. Entre 2013 y 2015 se habían producido más de 400 victorias.

El potencial de Change.org para conseguir “victorias” (resultados positivos en los efectos buscados) reside en su forma de ejercer presión sobre los decisores políticos, y se alimenta de la producción de indignación y empatía en los potenciales firmantes, a partir de la narración de historias singulares de situaciones injustas. Los peticionantes son los usuarios que crean las peticiones, siempre dirigidas a un destinario (uno o varios) bien identificado como el responsable capaz de dar solución al problema planteado, y buscan el apoyo de los firmantes a través de la propia plataforma y difundiendo su petición en las redes sociales. La dinámica de la plataforma para ejercer presión sobre los destinarios es parte importante de su éxito. Cada vez que un usuario firma una petición llega un e-mail a la casilla de correo electrónico pública del gobernante o funcionario al que se dirige; no solo es público el pedido dirigido al destinatario con nombre y apellido, sino que además su casilla se inunda con correos electrónicos. La presión se potencia por medio de las redes sociales, mediante las menciones del funcionario o gobernante, que puede ser por ejemplo, “arrobado” en Twitter.

La mayor herramienta de difusión de las peticiones originadas en esta plataforma son las propias redes sociales, pero la resonancia que fue adquiriendo desde su lanzamiento hizo que muchos de los temas tratados fueran recuperados también en los medios de comunicación tradicionales. Incluso muchas veces los medios tradicionales han ido “en busca de historias” a la plataforma, en la medida en que el registro predominante es la narrativa y el testimonio.

Change.org no tiene una agenda específica[11], es decir, no se posiciona institucionalmente sobre las peticiones y tampoco inicia por sí misma peticiones; su objetivo es que sean los mismos usuarios los que tengan la iniciativa y la plataforma solo colabora en la difusión de aquellas peticiones que logran reunir una cantidad de firmas considerable y parecen mostrar potencial de obtener la “victoria”. Este aspecto “metademocrático” de la plataforma (Annunziata, Arpini, Gold y Zeifer, 2016), en la medida en que trabaja sobre el funcionamiento de la propia democracia más que sobre políticas concretas, conduce incluso a que puedan convivir en la plataforma peticiones opuestas. Para mencionar solo un ejemplo, el caso de las peticiones sobre el Centro Cultural Kirchner es ilustrativo en este sentido. El nombre del centro cultural inaugurado en 2015 había sido objeto de controversia en la opinión pública. Así, Roberto López, creó el 13/07/2015 la petición titulada “Cambiar el nombre del Centro Cultural Kirchner. (Palacio de Correos)”; y Fabián Cherny creó el 08/08/2015 la petición titulada “Mantener el nombre Néstor Kirchner al Centro Cultural”.

II. Nuevos actores de la participación

Las experiencias que acabamos de reseñar son reveladoras de nuevas configuraciones de actores de la participación y el control ciudadano. No se trata de organizaciones tradicionales como partidos, sindicatos o grupos de interés, tampoco de organizaciones de la sociedad civil ni de movimientos sociales en el sentido que le suele dar la literatura al concepto (Diani, 2015). Los actores o sujetos protagonistas de estas experiencias participativas no tienen los rasgos de los actores tradicionales de la acción colectiva: identidad, ideología, organización (Bennett y Segerberg, 2013).

En el caso de #NiUnaMenos, las periodistas impulsoras de la movilización no eran un grupo organizado. Antes de que surgiera la convocatoria en Twitter, la mayoría de ellas no se conocía siquiera personalmente, y varias se encontraron por primera vez en la propia movilización. Existía previamente un grupo de Facebook del que participaban algunas de las periodistas y comunicadoras, y desde el cual se había organizado en el mes de marzo de 2015 una maratón de lectura sobre el problema de la violencia machista y los femicidios bajo el título de “Ni una menos”. La consigna de la movilización del 3 de junio sería recuperada de estos encuentros literarios, pero la viralización de la convocatoria y por lo tanto la creación del acontecimiento se dio sobre todo a través de Twitter. Solo algunas del grupo inicial de twitteras participaban también del grupo de Facebook y de las actividades previas. Como reconocían las protagonistas, la creación de esta suerte de colectivo en Twitter fue a la vista de todo el mundo y casi azarosa, en la medida en que dependió de quién estaba conectada en el momento en que la periodista Marcela Ojeda lanzó su comentario en su cuenta personal.

No obstante, el hecho de que fueran periodistas y comunicadoras reconocidas impactó en el modo en que se desarrolló el acontecimiento. En primer lugar, impactó en la difusión de la convocatoria, dado que muchas de ellas tenían gran cantidad de seguidores en las redes y seguidores muy influyentes. Del mismo modo, algunas de las periodistas tenían acceso privilegiado a los medios de comunicación tradicionales, así como una agenda de contactos con políticos y funcionarios y una destacada expertise en la puesta en marcha de campañas de marketing, diseño de flyers, estrategias de comunicación, etc. Las periodistas no eran en efecto dirigentes de una organización que convocaba a una movilización, pero a medida que se viralizaba la convocatoria, fueron asumiendo un liderazgo inesperado y tratando de imprimir un límite a la significación de la manifestación. Al igual que en otras acciones surgidas en las redes sociales, las impulsoras iniciales no eran dueñas de los sentidos que podía adquirir ni estaba en sus manos controlarlos, pero sí buscaron deliberadamente que la movilización no se transformara en un reclamo de seguridad ni en una marcha antioficialista, y que los políticos que “se sacaban la foto” con el cartel de #NiUnaMenos se comprometieran también con una agenda de medidas.

Ahora bien, #NiUnaMenos sirvió como acontecimiento de confluencia de organizaciones sociales, multisectoriales, espacios culturales e incluso sectores sindicales y partidarios que sí sostenían una existencia y acción continuadas con anterioridad al 3J. Esto no significa que la enorme variedad de grupos mencionados “organizara” la movilización, que en la práctica no hubiera sido posible si la convocatoria surgía de manera institucional. El movimiento que apareció con la proximidad del 3J fue en los hechos un sujeto completamente nuevo; pero la existencia de muchas organizaciones diversas, de mujeres y feministas, grandes y pequeñas, favoreció la masividad de la manifestación en las calles.

En cuanto a los partidos políticos, se hicieron presentes y visibles agrupaciones oficialistas (como Unidos y Organizados, La Cámpora, Nuevo Encuentro, Socialistas para la Victoria) y agrupaciones opositoras, fundamentalmente de izquierda (como el Partido de Trabajadores Socialistas, el Partido Obrero, el Movimiento Socialista de los Trabajadores, Izquierda Socialista, Nuevo Más, Frente de Izquierda, Autodeterminación y Libertad); movimientos sociales organizados como Libres del Sur o el Movimiento Evita también se hicieron presentes. Dentro de los muchos partidos políticos, predominaron sus organizaciones de mujeres o comisiones de género (como Pan y Rosas o Las Rojas, asociadas a partidos de izquierda). Lo mismo ocurrió con los sindicatos, cuya presencia fue muy significativa. Las agrupaciones políticas oficialistas decidieron marchar también a Tribunales, para mostrar la responsabilidad compartida del Poder Judicial. Estas y las organizaciones políticas de izquierda fueron las más visibles en la movilización; el resto de los líderes se presentó individualmente y no como parte de un colectivo, tomándose selfis en la movilización y subiéndolas inmediatamente a Twitter para dejar constancia de su presencia[12]. Pero los partidos políticos y sindicatos –o la Iglesia católica– no fueron los únicos actores organizados que se mostraron como tales en la movilización. Grandes organizaciones de la sociedad civil como La Casa del Encuentro o la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito estuvieron al lado de una infinidad de organizaciones civiles más pequeñas, algunas en defensa de víctimas de femicidios, otras en defensa de los intereses LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) y otras agrupaciones como Centros de Estudiantes, la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), centros culturales, grupos de actores de teatro, colectivos de mujeres de diversas localidades, etc. Este rasgo que diferencia la experiencia de #NiUnaMenos de otras movilizaciones surgidas de las redes en Argentina (Annunziata y Gold, 2017) se cristalizó también en el modo de mostrarse de los actores participantes en la manifestación: estos no disimularon las pertenencias a organizaciones de distinto tipo, y hubo presencia de banderas de agrupaciones políticas, colectivos, multisectoriales, etc. Los colectivos en defensa de víctimas de femicidios, portando carteles con fotografías y nombres de las mujeres asesinadas, tuvieron un protagonismo en la movilización, lo que estuvo orientado también por las impulsoras. Por otra parte, si bien se visibilizaron los actores organizados, muchos ciudadanos autoconvocados o independientes participaron de la movilización portando sus propias consignas y creativas pancartas caseras.

En definitiva, los actores protagonistas de la movilización #NiUnaMenos no resultan fácilmente catalogables y no corresponden sin dudas a la imagen de los actores tradicionales de la sociedad civil organizada. Cabe sintetizar una caracterización del siguiente modo: #NiUnaMenos surgió por la convocatoria de un grupo de “impulsoras” que no fueron “organizadoras” ni pertenecían a una organización, pero que permitieron la confluencia de un conjunto muy grande y heterogéneo de actores sí organizados que no hubieran podido por sus propios medios o por sí solos producir un acontecimiento como el del 3 de junio de 2015.

La experiencia de Change.org nos muestra otro aspecto de la novedad en los actores o sujetos contemporáneos: la singularidad. En la era digital los participantes movilizan el registro de las historias singulares, los testimonios y las voces personales frente a las institucionales. En la plataforma Change.org, en efecto, las peticiones iniciadas por peticionarios individuales, en tanto que “ciudadanos comunes” y sin ninguna pertenencia institucional, son más exitosas. Las peticiones institucionales o de organizaciones tienen muchas menos chances de viralizarse y de conseguir firmas. Aun en los casos en que los peticionantes formen parte de alguna organización y se encuentren articulando acciones con la sociedad civil o con algunos actores políticos, la tendencia que se observa, más exitosa y recomendada también por la plataforma, es la presentación de las peticiones como ligadas a historias de vida o experiencias singulares. De acuerdo con el responsable de la plataforma en Argentina, los peticionantes individuales representan, en efecto, el 95% frente al 5% de peticionantes organizados en asociaciones civiles. Si consideramos el total de victorias que tuvieron lugar durante el año 2015, vemos que, de 199 peticiones victoriosas, solo 21 fueron iniciadas por peticionantes colectivos como organizaciones o asociaciones, mientras que 178 correspondieron a peticionantes individuales (lo que equivale a un 90% frente a un 10%).

El tipo de peticionante privilegiado y predominante está vinculado al registro también privilegiado: el storytelling. La plataforma misma aconseja que las peticiones narren historias y que vayan acompañadas de fotografías. No es recomendable un registro formal, experto, institucional, sino el testimonio de los sufrimientos, dolencias e injusticias singulares, con los que potenciales peticionantes se pueden identificar. En efecto, Change.org apela a generar empatía. Es en este sentido que las organizaciones no gubernamentales o asociaciones de la sociedad no son exitosas.

Mientras que la empatía es lo que moviliza a los firmantes, y la amenaza sobre su reputación pública a los destinatarios, los peticionantes suelen decidir iniciar las peticiones movidos por la indignación o la necesidad de desahogo. Tal es, por ejemplo, el caso de la petición iniciada por María Pazo, exigiendo la reparación del desagüe de una esquina de su barrio en un día de mucha lluvia. María decidió iniciar la petición luego de indignarse por el peligro que implicaba cruzar la avenida inundada y apenas llegó a su casa, todavía mojada por la lluvia, la escribió y publicó. También es el caso de la petición que inició Natalia Luque, luego de volver de votar en una jornada electoral y de indignarse frente a lo engorroso que le resultó el sistema llamado de “lista sábana”, para pedir que se instaurara la boleta electrónica como sistema de votación.

Hay que señalar que, en algunas situaciones, cuando la demanda o reclamo vehiculizado por medio de la plataforma supone la reforma o creación de nueva legislación, los peticionantes suelen realizar acciones por fuera de Change.org en acuerdo con asociaciones u organizaciones. Este es el caso de la Ley de Diabetes, de la Ley de Protección Integral para Personas Trasplantadas o de la prohibición de las carreras de galgos. Por ejemplo, en este último caso, la asociación Proyecto Galgo Argentina tuvo un rol muy significativo en el proceso.

III. Efectos de la participación en la era digital

En el caso de la movilización #NiUnaMenos, la evaluación de los efectos buscados de la participación puede parecer facilitada por la existencia del documento de los cinco puntos que mencionamos anteriormente. Las demandas contenidas en ese documento no se han satisfecho al día de hoy, pero es posible distinguir diversos efectos parciales y también efectos que van más allá de los cinco puntos.

1. Efectos institucionales

Luego de la movilización se produjeron rápidas respuestas institucionales a nivel nacional y provincial y anuncios de medidas cuyo resultado sigue siendo incierto en la mayor parte de los casos. La Corte Suprema de Justicia de la Nación anunció la creación del Registro Nacional de Femicidios en coordinación con las cortes provinciales, consistente en un sistema online de carga sistemática de casos que sea fácilmente accesible. También se hizo pública la existencia de una unidad del Gobierno nacional que funcionaba desde hacía meses, pero no se había dado a conocer: la Unidad de Registro, Sistematización y Seguimiento de Femicidios y de Homicidios Agravados por el Género, dependiente de la Secretaría de DD. HH. de la Nación. Por su parte, el Ministerio de Salud de la Nación actualizó y publicó una nueva versión del “Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”, obligando al sistema público y privado a cumplir con todos los abortos de mujeres víctimas de una violación o cuya vida o salud corra riesgo. Se creó la Unidad Fiscal Especializada en Violencia Contra las Mujeres (UFEM) en el marco de la Procuración General de la Nación con el objetivo de potenciar las estrategias de investigación y persecución de delitos específicos contra las mujeres.

A nivel provincial se produjeron asimismo reacciones institucionales diversas. Por ejemplo, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la creación de Unidades Fiscales especializadas en violencia doméstica, a partir de un proyecto de Cristian Ritondo (legislador del PRO)[13] y la creación de “La semana de la eliminación de la violencia contra las mujeres” (del 25 de noviembre al 1 de diciembre), a partir de un proyecto de Gabriela Cerruti (legisladora del partido Nuevo Encuentro); en la provincia de Buenos Aires se envió un proyecto de ley a la Legislatura para la realización obligatoria de un curso sobre violencia de género antes de los casamientos civiles apoyado por el ministro de Justicia de la Provincia, Ricardo Casal; varias otras provincias anunciaron creaciones de registros de violencia de género, patrocinios jurídicos gratuitos para las víctima, centros de atención y refugios y programas de concientización[14].

A cinco meses de la movilización, la Cámara de Diputados convirtió en ley el proyecto para la creación de un cuerpo de abogadas y abogados gratuito para las víctimas de violencia machista, presentado por el senador Juan Manuel Abal Medina. Se trata de la Ley 27 2010. Pero ni esta ni en general la Ley Nacional 26 485 han sido reglamentadas por el Poder Ejecutivo, y las provincias que no habían adherido formalmente a la ley continúan sin hacerlo (Córdoba, Salta, San Juan y Misiones)[15].

2. Efectos político-electorales

Pese a ser un año de elecciones presidenciales, en 2015 los principales candidatos no incluyeron el problema de la violencia machista en los debates televisivos como habían pedido las periodistas impulsoras. Podría considerarse como un efecto electoral menor de la movilización la derrota del candidato del PRO en la provincia de Santa Fe, Miguel Del Sel, a quien las encuestas pronosticaban ganador pocos días antes de los comicios. El humorista Del Sel había sido criticado por las expresiones machistas contenidas en su spot principal de campaña. Sin embargo, la misma fuerza política que sostenía a este candidato en Santa Fe, el PRO, terminaría por ganar la presidencia de la nación unos meses más tarde.

Al asumir Mauricio Macri la presidencia en 2016, un gesto político de reacción al acontecimiento del 3J y su impacto público y social fue la designación por parte del PE de Fabiana Tuñez como directora del Consejo Nacional de las Mujeres. Fabiana Tuñez había sido dirigente de La Casa del Encuentro, la principal organización de la sociedad civil en el contexto de la movilización y la única entidad que llevaba estadísticas de los femicidios. El Consejo Nacional de las Mujeres elaboró un Plan Nacional de Acción, Asistencia y Erradicación de la violencia contra las mujeres, uno de los reclamos de la movilización del 3J, presentado por el presidente Mauricio Macri en julio de 2016. Pero este plan no solo no se puso en marcha, sino que en enero de 2017 el CNM y el Plan Nacional sufrieron un recorte presupuestario de 67 millones de pesos, decisión sobre la que el gobierno tendría que dar marcha atrás por la presión de organizaciones de la sociedad civil.

3. Efectos sociales y culturales

Los efectos sociales y culturales, más imprecisos que los institucionales, fueron sin embargo los más fuertes y los más inmediatos de la movilización. Fue impactante, en primer lugar, el aumento de las denuncias de violencia de género en la sociedad. La línea telefónica 144 de atención nacional pasó de 1000 consultas diarias a 13 700, y la línea gratuita (0800) de la Ciudad de Buenos Aires triplicó la cantidad de llamados. La Oficina de Violencia Doméstica de la CSJN presentó también un incremento de llamados con pedidos de información, incluso de dependencias judiciales provinciales que no encontraban acceso a ciertos casos de femicidios o antecedentes penales. El impacto social del acompañamiento ciudadano que significó la movilización para muchas mujeres sufriendo violencia y la posibilidad de hablar de un problema que estaba invisibilizado fueron quizá el mayor potencial del 3J y probablemente el efecto de más largo plazo. Muchas mujeres se animaron a contar sus historias y salir del silencio el mismo día de la manifestación. Tal como lo relata Ada Rico, presidenta de la Asociación Civil La Casa del Encuentro:

Una mujer se me acercó, del otro lado de la valla. Me preguntó si podía entrar. Le expliqué que allí solo estaban los familiares, y le pregunte: ‘¿Vos estás pasando por una situación de violencia?’ Y me dijo que sí. La volví a ver en un grupo de acompañamiento hace poco. Me dijo: ‘¿Te acordás de mí? Yo estuve con vos en la plaza, el 3’. Se animó ese día. (Rodríguez, 2015: 168)[16]

Las periodistas impulsoras de la movilización comenzaron a dar charlas en ámbitos educativos y observaban poco tiempo después del acontecimiento que la mayor influencia se daba en las nuevas generaciones. Tal como lo expresaban en un manifiesto publicado en la revista Anfibia a un mes de la movilización: “En principio, hubo un efecto social, evanescente pero perceptible en la vida cotidiana, en las conversaciones en las escuelas, en la calle, en los lugares de trabajo: charlas y reflexiones sobre el tema, el ensayo de nuevas prácticas”. Para las impulsoras, la significación que instaló el #NiUnaMenos fue la de un nuevo “Nunca más”[17]. Los medios de comunicación, por su parte, comenzaron a enmarcar las noticias de violencia contra las mujeres en términos de “femicidios” y no ya como acostumbraban anteriormente en tanto que “crímenes pasionales”.

Paradójicamente, este impacto social y cultural no redundó en un descenso de los femicidios ni en una disminución de la violencia machista. Desde esa movilización, los femicidios se siguieron sucediendo y en 2017 una mujer muere cada 18 horas por el hecho de ser mujer.

4. Efectos en los actores

Además del impacto social en el plano psicológico que ya hemos mencionado, es posible pensar que la movilización produjo un nuevo sujeto colectivo o una nueva identidad. La sucesión de movilizaciones en torno a la misma consigna consolidó la emergencia de este sujeto difuso. El 3 de junio de 2016, volvió a realizarse una movilización con la consigna #NiUnaMenos al cumplirse un año del primer acontecimiento. El 19 de octubre del mismo año se convocó a un paro de mujeres, con cese de actividades, “ruidazo” en los lugares de trabajo y movilización. El 8 de marzo de 2017 el colectivo #NiUnaMenos convocó al Paro Internacional de Mujeres, con una movilización que reunió cerca de 300 000 personas en la Ciudad de Buenos Aires. Como describimos más arriba, existían previamente muchas organizaciones, colectivos de mujeres, agrupaciones, centros culturales, que actuaban en torno a la lucha contra la violencia machista, pero la movilización dio resonancia pública a todo este conjunto de actores y al mismo tiempo desdibujó su heterogeneidad en función de una identidad más amplia. El eco internacional de las movilizaciones que tuvieron lugar en Argentina y el hecho de que muchos otros países retomaran las consignas[18] configuraron también la imagen de un sujeto con cierta continuidad, identidad y organización que no preexistía al 3J.

En el caso de la plataforma de Change.org, los efectos buscados positivos son identificados con “victorias”. Como mencionamos más arriba, Argentina es uno de los países en los que la plataforma produce más “victorias”, es decir, en los que logra los efectos institucionales buscados. Comparada con otras formas de participación online, la especificidad y la direccionalidad de la demanda parecen volverla especialmente efectiva. No obstante, es importante tener en cuenta que lo que se gana en efectividad se pierde en generalidad de las respuestas o soluciones. Como se reconoce desde la propia plataforma, Change.org no aspira a transformar toda la democracia, ni a poner en cuestión la relación entre representantes y representados, ni a cuestionar otro tipo de desigualdades estructurales[19], sino que se propone alcanzar cambios desde la perspectiva del individuo. Es también por esta razón que sus mayores efectos son institucionales, en la medida en que se trata de demandas muy focalizadas con respuestas puntuales, aunque la plataforma puede producir también algunos efectos sociales y en los propios actores, que no son su objetivo buscado deliberadamente.

1. Efectos institucionales

En cuanto a los efectos institucionales de Change.org, es posible distinguir dos escenarios. El primero es aquel en el que la petición constituye un reclamo o demanda específica, dirigida a un destinatario único, generalmente, funcionario del poder ejecutivo y del nivel del gobierno local. En estas situaciones, la plataforma puede reemplazar los canales institucionales ordinarios de reclamo. Es el caso de la petición sobre el arreglo del desagüe que mencionamos más arriba. La peticionaria podría haber ido a presentar un reclamo formal en el gobierno de la comuna, pero eso habría sido más costoso y lento, y su pedido podría haberse acumulado con tantos otros en una pila de expedientes. Con Change.org hizo la petición en cinco minutos. Al mismo tiempo, se aseguró de que su mensaje llegara directamente al destinatario responsable de darle solución, y para el destinario también resultó más fácil leerla desde su celular.

En estas situaciones también puede darse un contraefecto, o un efecto no deseado de la participación. La presión que ejerce la plataforma sobre los decisores genera un desordenamiento de la planificación de las acciones de gobierno, una alteración en el orden de prioridades de la gestión, un desvío de recursos de otros programas que quizá respondían a necesidades más urgentes. Desde la perspectiva del funcionario que recibe la demanda, Change.org produce ciudadanos que tienen la actitud de “colarse en la fila”. La efectividad que muestra la plataforma en el tratamiento de problemas caso por caso no se traduce después en una solución general para quienes sufren el mismo tipo de injusticias, es decir, no se traduce en respuestas más sistémicas, ni se produce un pasaje de la solución puntual para uno al derecho para todos los eventuales afectados. No porque la petición exigiendo el arreglo de un desagüe se transforme en victoria, se repararán todos los desagües de la ciudad[20].

El segundo escenario corresponde a las peticiones que suponen la creación de una nueva normativa o legislación o la reforma de normativa existente[21], y que, por lo general, necesitan del consenso entre varios actores políticos para materializarse en decisiones. En un presidencialismo bicameral y federal como el argentino, esta situación puede darse cuando se requiere el acuerdo entre distintos bloques o entre decisores multinivel. En estos casos, el rol de Change.org es más bien el de “acelerar” que el de reemplazar los procesos institucionales y gran parte de las acciones tienen que tener lugar por fuera de la plataforma.

En contraste con la respuesta inmediata que puede dar el destinario de un reclamo puntual y particular, en estos casos, luego de la petición se requiere de la acción conjunta offline de varios actores: trabajo en comisiones legislativas, debate de proyectos de ley, acuerdos con el poder ejecutivo, etc. Además, es frecuente que este tipo de peticiones sucedan a otras formas de activismo en las que intervienen organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles y ciudadanos, como campañas en medios de comunicación tradicionales, marchas, cartas formales o audiencias con funcionarios. Muchas veces, al revés, las peticiones son un momento de procesos institucionales ya en curso, coronando una estrategia que se venía desarrollando desde el ámbito político, como cuando existe un proyecto de ley ya presentado en el poder legislativo y algún legislador respalda una petición que logra los apoyos suficientes para aumentar la visibilidad y la legitimidad de su propuesta. Es el caso de la ley de diabetes que fue motorizada por el legislador Ernesto Sanz (UCR). En síntesis, cuando la decisión requerirá del consenso o negociación entre varios actores, las peticiones en Change.org tienen más probabilidades de convertirse en victorias si forman parte de una estrategia más integral, en la que antes y/o después, suceden acciones diversas por fuera de la plataforma.

Change.org puede ser vista entonces como alternativa o como complemento de los canales institucionales para la resolución de demandas y reclamos ciudadanos. En el primer escenario se vuelve una vía ágil y poco costosa de obtener respuestas, pero se trata de respuestas focalizadas y fragmentadas. En el segundo escenario, la plataforma proporciona el empuje de la presión sobre los decisores y el apoyo ciudadano, pero no es garantía por sí sola de que se satisfaga la demanda.

En ambos casos, gran parte de la efectividad de Change.org está dada por la correcta identificación de los responsables, que deben ser aquellos con las atribuciones y capacidad para resolver el problema en cuestión. Una vez identificados los destinarios, un tramo importante del camino está recorrido. Aunque podría pensarse que existe una relación entre cantidad de firmas obtenidas por las peticiones y victorias, lo cierto es que no se verifica una relación directa en este sentido. Muchas veces se transforman en victorias peticiones que no llegan a sumar tantos apoyos porque se han resuelto en un plazo breve[22]; en cambio, hay peticiones que permanecen abiertas durante mucho tiempo y juntan firmas a lo largo del tiempo, pero no se convierten nunca en victorias.

2. Efectos político-electorales

La plataforma puede producir también efectos políticos de acuerdo al modo en que los destinarios reciben las peticiones que se les dirigen, es decir, de acuerdo a cómo reaccionan a la presión sobre su reputación pública. Los destinarios no suelen responder a los peticionantes en la misma plataforma, pero muchas veces lo hacen en las redes sociales o por medio de otros canales; también intentan a veces, por vías menos públicas, contactar a los peticionantes para lograr que la petición sea retirada rápidamente. Pero Change.org puede ser asimismo “usada estratégicamente” por los decisores cuando estos comprenden su alcance y repercusión. Para los actores políticos, el hecho de que los ciudadanos utilicen la herramienta dirigiéndoles peticiones que pueden satisfacer en su ámbito de responsabilidad de manera sencilla, (como en el poder ejecutivo local o municipal, por ejemplo), puede redundar a su favor si saben reaccionar. Puede citarse el caso del show de pirotecnia cerca de zoo de Buenos Aires, en el que los funcionarios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires comprendieron este posible uso estratégico de la plataforma. A raíz de una petición iniciada por el grupo “Derecho Animal en Argentina”, que buscaba “concientizar e informar sobre los avances del derecho animal en Argentina” el entonces jefe de Gobierno electo de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, se manifestó en sus cuentas de Facebook y Twitter a favor del cuidado de los animales y anunció que el show reprobado por los peticionantes había sido cancelado. En este sentido, es posible pensar que la plataforma no es “intrínsecamente antioficialista”.

Como mencionamos anteriormente, en algunas oportunidades los actores políticos pueden ser quienes “desde arriba” se encuentren interesados en promover apoyos concretos para determinados proyectos junto con los ciudadanos. Es posible en esos casos que las peticiones busquen reforzar procesos ya iniciados en arenas legislativas. En este sentido, Change.org puede funcionar como una fuente de legitimación ciudadana para algunos actores políticos y sus proyectos.

Es interesante observar que en algunas ocasiones la coyuntura política cambia los efectos posibles de la plataforma. Tenemos por ejemplo la petición iniciada por Diego Muzio pidiendo la obligatoriedad de los debates presidenciales. El peticionante ya había iniciado una petición sobre el tema sin mayores repercusiones, pero cuando la volvió a iniciar en 2015, en un contexto en el que podía suponer una mayor presión sobre los actores por tratarse de un año electoral y en el que ya existía un proyecto presentado para una ley de debates en la Cámara de Diputados, obtuvo rápidamente una gran cantidad de firmas y Change.org le propuso organizar una estrategia de prensa.

Si bien a priori la plataforma no puede asociarse a una agenda en particular, y por lo tanto mucho menos a un color político en particular, puede notarse un cambio en el contenido de las peticiones a partir de la asunción del nuevo gobierno en diciembre de 2015. Entre 2013 y 2015 muchas peticiones eran dirigidas a funcionarios gubernamentales, y en 2016 y lo que va de 2017 se ha observado un predominio de peticiones dirigidas a obras sociales y prestadores médicos. Resulta apresurado sacar conclusiones de esta observación, pero es una tendencia que podría ser interesante seguir para comprender las fluctuaciones de la plataforma y sus usuarios ante la alternancia política.

3. Efectos sociales y culturales

Change.org se propone el cambio social como acumulación del compromiso individual. No busca producir tal o cual transformación cultural o social concreta, pero es innegable que sus campañas han tenido el efecto no esperado de concientizar sobre algunos problemas, como el maltrato animal en Argentina. Muchas de las peticiones de Change.org están relacionadas con las causas ecologistas y animalistas, como también ocurre con las acciones de la plataforma en otros países. En estas situaciones, y sobre todo por su estrecha conexión con las redes sociales, Change.org puede funcionar como una caja de resonancia para problematizar temas sociales.

Otro ejemplo es el de la petición que narraba la experiencia de discriminación y homofobia sufrida por Ezequiel y Gustavo en un hospital público de la Ciudad de Buenos Aires. Al presentarse uno de ellos a donar sangre para su pareja luego de un accidente, se había encontrado con un cuestionario que señalaba que no estaba permitido realizar donaciones de sangre a quienes hubieran tenido un contacto sexual con otros hombres. La pareja dirigió una petición a la ministra de Salud de la Ciudad de Buenos Aires que se convirtió en victoria a los pocos meses, cuando la Legislatura Porteña decidió modificar el contenido homofóbico del cuestionario. La petición apuntó a crear conciencia sobre las situaciones cotidianas de discriminación por orientación sexual a partir del testimonio de la experiencia vivida por la pareja.

4. Efectos en los actores

Los efectos que es posible identificar en los propios actores protagonistas (los peticionantes), son también efectos no buscados de la plataforma. En ocasiones la dinámica generada por una petición que consigue apoyos rápidamente posiciona a los peticionantes como “expertos” en la problemática y los obliga a manejar información desde el punto de vista técnico, científico y legal, que no era necesario que dispusieran al momento de crear la petición. Es, por ejemplo, el caso mencionado más arriba de Germán Montenegro, impulsor de la petición victoriosa por la ley de trasplantados. Esta expertise se va desarrollando en la medida en que el peticionante se transforma públicamente en un referente sobre el tema de la petición y comienza a ser solicitado para entrevistas en medios, charlas y consultas de otros ciudadanos[23].

IV. ¿“Poner el cuerpo”? La contingencia del involucramiento en los efectos

Hemos visto hasta ahora que cada una de estas formas de participación y control ciudadano tiene diversos efectos, y también distintos efectos cuando se las compara. A grandes rasgos podemos decir que los efectos de una movilización como #NiUnaMenos son más sociales y culturales y de mediano plazo que institucionales e inmediatos. En cambio, los efectos de una plataforma de peticiones online basada en la presión sobre la reputación de los decisores, son mayormente institucionales e inmediatos, pero también focalizados. Evaluar la medida en que se logran los efectos buscados por estas formas de participación y control es más sencillo cuando los objetivos declarados son específicos y direccionados. Change.org cumple más esta condición que #NiUnaMenos, pero hay que tener en cuenta, de todos modos, que esta última movilización se distingue de otras manifestaciones contemporáneas similares en las que a la negatividad estructural no se le añade una agenda positiva de políticas y medidas a tomar como sí ocurrió con el documento de los cinco puntos (Annunziata y Gold, 2017).

Esta heterogeneidad en los efectos permite al menos matizar la división tajante que establece la literatura del clickactivismo entre “poner el cuerpo” como una forma efectiva de participar y “hacer click desde el sillón” como una forma infectiva. Pero también las prácticas que se desarrollan en la era digital permiten que nos interroguemos sobre otra división, la que separa el “poner el cuerpo” como prueba del esfuerzo comprometido, del activismo online como perezoso y poco comprometido de parte de los ciudadanos. Las protagonistas de #NiUnaMenos subrayaban como virtud del acontecimiento el paso de las redes a las calles. Desde ya, para esa forma de participación, no alcanzaba con “sacarse una foto con el cartel” y subirla a las redes o con compartir el evento en Facebook. Su intención, como ellas mismas lo vieron, no era “ser un trending topic”. En el caso de Change.org, su responsable en Argentina señalaba que narrar una historia personal con nombre y apellido, ofrecer la propia imagen, la identidad y el testimonio de una experiencia íntima a la viralización pública no era menos “poner el cuerpo” que otras acciones de activismo contemporáneo offline. Los peticionantes muestran y comprometen mucho de sí, pero también los firmantes exponen su identidad al apoyar con nombre y apellido. También es cierto que puede implicar un compromiso mayor la creación de contenido y los comentarios de posteos en las redes que el anonimato de la movilización.

Si en ambos casos los actores protagonistas coinciden en que las nuevas tecnologías “bajan los costos” de la participación, todavía los estudios no han reflexionado sobre cómo “suben” los costos, o cómo pueden ordenarse en la era digital los formatos de compromiso ciudadano. La literatura se ha enfocado también en los beneficios de las tecnologías para abaratar la participación y disminuir el compromiso necesario sin que este sea verdaderamente repensado. Por ejemplo, Earl y Kimport (2011) enfatizan en el hecho de que las nuevas tecnologías permiten la asincronía y disminuyen los costos de la participación, lográndose así prescindir de los niveles de organización que eran necesarios en el pasado para los movimientos sociales; González Vaillant et al. (2015) asumen por su parte que la movilización online reduce los costos de la participación en cuanto a recursos invertidos y riesgos tomados, presupone un menor esfuerzo y no lleva al compromiso de seguir participando como sí lo hace la intensa participación cara a cara.

Las escalas de participación en la literatura se han inspirado sobre todo en Arnstein (1969), pero han sido pensadas generalmente desde el punto de vista de cuánto poder se le da al ciudadano y no de cuánto se involucra o se compromete el ciudadano por su parte. Desde enfoques de psicología social y educacional se han desarrollado escalas de compromiso, pero en el plano de la conciencia del individuo (compromiso afectivo y cognitivo) y no de sus prácticas (PytlikZilling et al., 2013).

En la era digital los niveles o formatos de involucramiento ciudadano se multiplican y se superponen con distintas significaciones. Distinguirlos y ordenarlos es una de las tareas pendientes más desafiantes de las investigaciones sobre participación ciudadana contemporánea. De la investigación que hemos recogido en estas páginas surge que el trabajo o la inversión de recursos (tiempo, dinero, expertise, organización) no es lo único que se compromete en la participación de la era digital, sino que adquiere creciente importancia la exposición de sí, la publicitación de las posturas y la propia identidad, que muchas veces el cara a cara puede dejar en el anonimato. En base a estos hallazgos podemos sugerir una clasificación de los formatos del involucramiento ciudadano en la era digital combinando las variables de “trabajo” y “exposición de sí”.

Formatos de involucramiento en la era digital




Trabajo

Exposición de sí

+

+

Involucramiento alto

Involucramiento medio

Involucramiento medio

Involucramiento bajo

De este modo, podemos acercarnos a un ordenamiento básico de los niveles de involucramiento por la combinación de ambos factores. Cuando es alta la inversión de recursos y la exposición de sí, puede considerarse que nos encontramos frente a un involucramiento ciudadano alto. En esta categoría habría que incluir la creación de contenido en las redes sociales para expresar posiciones en polémicas públicas, la convocatoria a movilizaciones offline o su difusión combinadas con la asistencia, la creación de una petición en una plataforma de recolección de firmas narrando la propia historia e incluyendo una fotografía. Dos casos pueden ser considerados como de involucramiento medio, aquellos en los que uno de los factores es bajo mientras que el otro es alto, es decir: significativa inversión de trabajo, pero poca exposición de sí; o alta exposición, pero con poco esfuerzo. En esta categoría se incluirían tanto el asistir a una movilización de manera anónima sin haber expuesto ningún apoyo previo, como firmar peticiones creadas por otros en sitios o plataformas que requieren un registro de usuario específico, difundir peticiones con el objetivo de colaborar en la recolección de más firmas, crear contenido en redes sociales porosas como Facebook o Twitter. Por último, cuando el trabajo es mínimo y también lo es la exposición de sí, podemos considerar que el involucramiento ciudadano es bajo. En esta categoría cabría incluir especialmente el likear, compartir o retuitear contenido creado por otros en las redes sociales porosas que no exigen tampoco una cuenta de usuario con un registro específico para esa tarea (sino que suelen combinar en el mismo ámbito actividades de esparcimiento, ocio, información y vida privada). Si la literatura sobre clickactivismo tiene razón en parte de lo que sostiene, parece ser particularmente en lo que hace a esta última categoría de involucramiento, que combina poco esfuerzo y con una muy baja puesta en juego de la propia identidad.

Respondiendo a los dos interrogantes que nos planteábamos al comienzo, tenemos que reconocer, en primer lugar, que los niveles de involucramiento online pueden ser muy variados, y que una campaña de peticiones o de difusión y convocatoria a una movilización, con creación de contenido y mostración explícita de la identidad puede suponer un involucramiento mayor que la asistencia anónima y por única vez a una movilización. La frontera entre lo online y lo offline debe ser relativizada al tiempo que no todo activismo online se revela como “perezoso”.

En segundo lugar, pueden producirse efectos de diverso alcance. Según lo que se desprende de la comparación entre las experiencias de #NiUnaMenos y Change.org, los efectos pueden ser completos o incompletos, inmediatos o de largo plazo, puntuales o generales. Un involucramiento de medio a bajo como sería la firma de una petición en Change.org puede producir efectos completos, inmediatos y puntuales. Un involucramiento alto como puede ser convocar a una movilización por las redes, crear flyers, posteos, subir una foto con una consigna y asistir a la movilización puede producir efectos incompletos, de largo plazo, pero generales. Es cierto que esta lectura solo puede realizarse desde el punto de vista del involucramiento individual. Y, desde el punto de vista individual, ya la ciencia política de mediados del siglo xx mostró que con un compromiso tendiente a cero era posible obtener los mayores efectos (Olson, 1965). El desafío es entonces encontrar las formas de analizar los efectos de la participación en la era digital desde una óptica colectiva, algo que tampoco ha intentado por el momento el enfoque del clickactivismo.

Mientras este nuevo terreno para la investigación continúa desarrollándose y se acumulan los análisis de diversas experiencias, lo que podemos observar hasta el presente, y a partir de los casos que hemos descripto aquí, es que el vínculo entre los niveles de involucramiento y los efectos del activismo ciudadano solo puede entenderse en los términos de un desajuste, una desconexión o, al menos, de una profunda contingencia.

Referencias bibliográficas

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  1. Investigadora del CONICET y profesora de la UNSAM-UBA.
  2. Por ejemplo: “Para producir consecuencias efectivas, las demandas virtuales deben encarnarse en individuos que se vuelcan a la calle y posteriormente por organizaciones offline capaces de dar continuidad a las movilizaciones virtuales y callejeras” (Sorj, 2015: 58).
  3. Es posible extender este interrogante a la calidad o las condiciones de la deliberación cuando se compara una asamblea “cara a cara” con un foro deliberativo online. Es pertinente al menos relativizar el supuesto de que el “cara a cara” produce en términos absolutos una mejor deliberación (Annunziata, 2016).
  4. Ambas experiencias de participación pueden ser consideradas asimismo formas de control ciudadano, en la medida en que van acompañadas de diagnósticos precisos sobre las situaciones que las disparan (violencia machista en el primer caso y estados de cosas injustos en múltiples terrenos y temas en el segundo caso) y vehiculizan reclamos o demandas concretas a las autoridades políticas que identifican como responsables.
  5. Este capítulo se pregunta, no por los efectos de las nuevas tecnologías, sino por los efectos de la participación. Sobre el tema de los efectos de las nuevas tecnologías en la participación se está desarrollando una abundante literatura actualmente, que reúne a los trabajos optimistas sobre el rol de las TIC –atribuyéndoles efectos fuertes o determinantes (Ghonim, 2013; Castells, 2012)– y a los pesimistas, que las consideran solo como un nuevo dispositivo en el que tienen lugar los fenómenos o prácticas políticas tradicionales, o que subrayan incluso efectos nocivos (Diani, 2011; Weyland, 2012; Welp y Breuer, 2014; Welp, 2015; Waisbord, 2015).
  6. En el caso de la movilización se entrevistaron a algunas de las periodistas impulsoras y a dirigentes de organizaciones sociales que intervinieron. El día de la movilización se realizó una observación participante en el punto de encuentro más importante, la Ciudad de Buenos Aires. En paralelo se confeccionó un dossier de prensa de los principales diarios nacionales (Clarín, La Nación y Página/12), de medios alternativos (Mu, Anfibia, La Izquierda Diario) y de materiales producidos por los actores, y se realizó un seguimiento de los perfiles de redes sociales de las impulsoras y de la cuenta NiUnaMenos. En el caso de Change.org se realizaron entrevistas el director de la plataforma en Argentina, con peticionantes y con un funcionario destinatario de petición que respondió. También pudo realizarse una observación participante de la reunión entre los directivos de la plataforma y una peticionante para organizar una entrega de firmas en el Congreso. En el caso de Change.org también se realizó un análisis específico, cuantitativo descriptivo, de las “victorias” que tuvieron lugar durante 2015. La investigación recibió el apoyo de Plataforma Democrática, Sao Paulo.
  7. Dos políticas públicas lanzadas en 2010 pueden haber impactado en la reducción de la brecha digital, aunque aún no se ha realizado una evaluación completa de sus efectos. Por un lado, el Programa Conectar Igualdad se propuso ampliar el acceso a recursos tecnológicos, distribuyendo netbooks a alumnos y docentes de las escuelas secundarias, de educación especial y de los institutos de formación docente de gestión estatal, para su uso en establecimientos educativos y en hogares. Por otro lado, el Plan Nacional de Telecomunicaciones Argentina Conectada se propuso ampliar la red de fibra óptica mediante la construcción de infraestructura y la provisión de equipamiento, pensándose como una estrategia integral de conectividad enfocada particularmente en localidades alejadas de los grandes centros urbanos (“no rentables” para las empresas de telecomunicaciones).
  8. En las redes sociales se multiplicaron los flyers con leyendas como: “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de ver a Tinelli”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de decirle ‘piropo’ al acoso callejero”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de ir ‘de putas’ fomentando la trata”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de criar princesas indefensas y machitos violentos”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que legalizar el aborto”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de preguntar qué tan corta era la pollera de Melina”.
  9. Según la consultora Es Viral 687 políticos se retrataron con el cartel #NiUnaMenos: 99 diputados, 34 senadores, 180 intendentes, 11 gobernadores. Además, los seis principales candidatos a presidente se mostraron apoyando la marcha.
  10. Una de las peticiones que aumentó la visibilidad de la plataforma desde su lanzamiento fue la que pedía la reincorporación del fiscal José Campagnoli, suspendido en el ejercicio de su labor mientras se encontraba investigando un caso de corrupción asociada al poder político. La petición contó con más de 340 000 firmas y finalmente Campagnoli fue restituido y él mismo agradeció a través de un video a las personas que lo habían apoyado en Change.org.
  11. En este sentido, Change.org se distingue de otras plataformas online de peticiones globales como Avaaz.
  12. Los principales dirigentes políticos que lo hicieron fueron, por el FPV: Florencio Randazzo (ministro del Interior), Julián Domínguez (presidente de la Cámara de Diputados Nacional), Juan Manuel Abal Medina (senador nacional), Juliana Di Tullio (diputada nacional), Agustín Rossi (ministro de Defensa), Carlos Tomada (ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social), Cecilia Rodríguez (ministra de Seguridad), Alberto Sileoni (ministro de Educación), Martín Sabbatella (presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual de Argentina), Daniel Filmus (senador nacional), Jorge Taiana (legislador por la CABA), Carlos Kunkel (diputado nacional); por el Frente Renovador: Mirta Tundis (diputada nacional); por la UCR: Ernesto Sanz (senador nacional y presidente del Comité Nacional del partido), Ricardo Alfonsín (diputado nacional), Ricardo Gil Lavedra (diputado nacional), Roy Cortina (diputado Nacional), Alfredo Martínez (senador nacional), Mario Cimadevilla (senador nacional); por ECO: Martín Lousteau (diputado nacional), Fernando Sánchez (diputado nacional), Graciela Ocaña (legisladora CABA); por SUR: Fernando “Pino” Solanas (senador nacional); por el FAP: Victoria Donda (diputada nacional); por el PRO: Gabriela Michetti (senadora nacional), Hernán Lombardi (ministro de Cultura CABA); por el PTS: Myriam Bregman (diputada nacional), Nicolás del Caño (diputado nacional), Christian Castillo (diputado provincial de Buenos Aires).
  13. Con la aprobación de dicha ley, los fiscales podrían disponer de “medidas urgentes” y expeditivas para proteger a las víctimas denunciantes.
  14. En la provincia de Mendoza se instrumentó el Patrocinio Jurídico Gratuito para las víctimas de violencia machista, se implementaron pulseras magnéticas para monitorear a sujetos violentos y se presentó un paquete legislativo de medidas para crear una Fiscalía y un Observatorio de Género; en Chaco se anunció la creación de un Registro Único para casos de violencia de género, con la puesta en funcionamiento de un sistema de seguimiento de expedientes bajo órbita judicial; en Neuquén se anunció la puesta en funcionamiento de un refugio para víctimas de violencia de género; en Salta se creó una comisión legislativa para rever la situación judicial de los casos de violencia de género en base a la Ley 26 485; en Tucumán se creó y articuló conjuntamente con la CSJN un registro de femicidios y casos de violencia; en Mar del Plata se inauguró La Casa de la Mujer para coordinar todas las acciones tendientes a prevenir crímenes de género y presentar asistencia a mujeres víctimas y se abrió la nueva sede de la Comisaría de la Mujer, especializada en violencia de género; en Santa Fe se anunció la creación de un Centro de Atención a las Víctimas, que entró inmediatamente en funcionamiento.
  15. En 2017 se ha constatado una desfinanciación y desjerarquización del Programa Nacional de Educación Sexual Integral (Ley 26 150). Por otra parte, se han comenzado pruebas piloto de pulseras electrónicas de geolocalización de victimarios de violencia machista en algunas provincias (Córdoba, Salta, Chubut, Buenos Aires y Mendoza).
  16. Este efecto también incluyó a dirigentes políticos y sociales y personalidades de la cultura. Por ejemplo: en Tierra del Fuego la gobernadora recién electa (Fabiana Ríos, del FPV) reveló en una entrevista radial que fue víctima de abuso infantil.
  17. Ver: https://bit.ly/2NBT8Ha.
  18. Ya en noviembre de 2015 tendría lugar en Madrid una multitudinaria movilización contra la violencia contra las mujeres, que recuperaría la consigna #NiUnaMenos; más tarde tendría lugar el Paro de Mujeres en Polonia (octubre de 2016) como reacción a un proyecto de legislación prohibitiva y punitiva del aborto, y más recientemente ocurriría la movilización conocida como Women’s March (enero de 2017) contra el machismo y la misoginia en el contexto de la asunción de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, que reunió un millón de personas en Washington DC y alrededor de 5 millones en el mundo. El Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo de 2017 tuvo lugar en más de 50 países, y el 3J argentino funcionó como inspirador y acontecimiento fundacional de este ciclo de protestas protagonizadas por las mujeres.
  19. Es interesante comparar el funcionamiento de una movilización surgida de las redes como fue #NiUnaMenos con una plataforma exclusivamente online como Change.org sobre la misma problemática: la violencia de género. Mientras que en el primer caso la demanda ciudadana fue global y social, del mismo modo que los efectos, en Change.org encontramos algunas peticiones puntuales sobre casos singulares de violencia machista. Estas peticiones reclaman, por ejemplo, justicia por una víctima de femicidio en cuya causa no hay imputados, la captura de un hombre que atacó a su pareja, la no reducción de pena a un violento, el no otorgamiento de libertad condicional a un violador, juicio político y destitución a un juez que liberó a un femicida. Unas pocas peticiones piden que no se desmantele un refugio para víctimas de violencia o que se otorgue cadena perpetua a los violadores. Es significativo que varias de estas peticiones sean posteriores al 3 de junio de 2015 y que busquen referenciarse en el acontecimiento: 37 peticiones de la plataforma –a nivel internacional– contienen en el título la etiqueta #NiUnaMenos. Pero las peticiones en Change.org no pueden ni aspiran a transformar estructuralmente la desigualdad entre varones y mujeres propia del machismo, y los efectos logrados por la movilización no podrían haberse logrado por una sumatoria de peticiones orientadas a casos particulares.
  20. Algo similar ocurre con las peticiones, muy habituales en Change.org, dirigidas a obras sociales o responsables de los sistemas de salud, que exigen garantizar coberturas de medicamentos, tratamientos o recursos especiales. Estas peticiones suelen transformarse en victorias. Así el peticionante logra la prótesis o la silla de ruedas que estaba necesitando, pero esto no se hace extensivo a todos los casos en los que las obras sociales actúan de manera injusta con sus beneficiarios.
  21. Del total de 199 victorias de 2015, sin embargo, solo 2 peticiones lograron cambios en la legislación vigente. Con respecto a los destinatarios, 9 peticiones fueron dirigidas al Congreso de la Nación en su conjunto, a legisladores nacionales o a alguna comisión legislativa. Este segundo escenario es entonces mucho menos habitual que el primero.
  22. Entre las 199 victorias del año 2015, el rango de firmas obtenidas por las peticiones hasta lograr su objetivo varió entre un mínimo de 3 y un máximo de 188 014.
  23. El saber que desarrolló Germán en la cuestión específica que lo movilizaba, pero también la experiencia de la empresa que llevó adelante condujo a que le ofrecieran integrar como independiente una lista de concejales en la ciudad de Corrientes. Muchos ciudadanos comunes comenzaron a tomarlo con un referente en la cuestión y a enviarle mensajes privados consultándole cómo cambiar de obra social, y algunos médicos le dan su contacto a los pacientes para que les informe sobre los aspectos legales de los derechos de los trasplantados.


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