Tierno pimpollo hermoso
que a pequeñez reduces
del prado los colores,
y del cielo las luces,
pues en tu rostro bello
unidos se confunden
de estrellas y de rosas
centellas y perfumes;
Cupido soberano,
a cuyas flechas dulces,
herido el viento silba,
flechado el viento cruje;
astro hermoso, que apenas
das la primera lumbre,
cuando en los pechos todos
dulce afición influyes;
bisagra que amorosa
dos corazones unes,
que siendo antes unión,
a identidad reduces;
oriente de arreboles,
porque sol más ilustre
en tu rostro amanezca
que en el cielo madrugue;
hijo de Marte y Venus,
porque uno y otro numen,
te infunda éste lo fuerte,
te dé aquélla lo dulce;
bello Josef amado,
que dueño te introduces
en comunes afectos
de efectos no comunes;
sol que naces, mudando
del otro la costumbre
en el ocaso, porque
adonde él muere, triunfes:
la cortedad admite,
pues las solicitudes
que aspiran a tu obsequio,
no es razón que se frustren.






