Lisbeth Rebollo Gonçalves
Introducción
El arte contemporáneo interactúa con la vida, hace de la vida su materia prima.
En la medida en que utiliza la realidad como “materia prima” para la producción, el artista contemporáneo asume la actitud como motor de su obra. Al hacer arte, este hacer se convierte en acto y el artista se convierte en activista.
El arte contemporáneo puede desplazar significados tradicionales, utilizar materiales banales y hacer uso de ideas presentes en el flujo de comunicación de información en la vida diaria de los ciudadanos. Al pasar a la escena urbana, sale del espacio de los museos, galerías y grandes colecciones y puede intervenir en la vida cotidiana de las personas.
El artista contemporáneo experimenta la realidad social a partir de su experiencia personal como ciudadano, y la interpreta y comenta.
Así, aborda temas y problemáticas de su tiempo, del lugar donde vive, y la ciudad no solo puede ser un tema a través del cual expresa una reflexión estética, sino que también puede convertirse en un espacio expositivo de su experiencia. En este caso, la ciudad es el espacio de acción del artista, funciona como soporte, como los lienzos solían funcionar. La ciudad se convierte en el lugar de exposición. Es decir: la ciudad puede ser como un museo o una galería de arte, el espacio físico para exponer. Es elegida por el artista como el lugar estratégico para comunicar su producción artística al público.
De esta manera, la calle, la plaza, los viaductos pueden convertirse en lugares donde la gente pueda ver el arte, el espacio físico y social de la experiencia estética. La ciudad se convierte entonces en el espacio donde opera el discurso estético, el discurso sobre el arte, un lugar para mostrar y experimentar el arte.
La ciudad, en este sentido, podría ser entendida como un teatro, donde los artistas/actores hablan, actúan; la ciudad sería un escenario para compartir y vivir experiencias, un lugar de cognición, construcción de significados y expresión. En cuanto al ciudadano común, al utilizar la ciudad, disfrutará y experimentará estéticamente la producción artística que allí se muestra.
En la discusión de los imaginarios urbanos, la ciudad es imaginada por el ciudadano a partir de su experiencia de habitarla. El ciudadano se relaciona con la ciudad “dentro de una condición de identidad” e identifica espontáneamente algunas de sus cualidades. Los imaginarios urbanos son una forma de percibir y sentir la ciudad.
Armando Silva, investigador y teórico de este tema, observa en el prólogo de la quinta edición de su libro Imaginarios urbanos, que lo urbano pasó a definir “una condición ciudadana independiente de su referencia material”. ¿Podríamos decir que empezó a enfatizar la dimensión estética?
El autor observa que la cultura se convierte en un factor clave, en gran medida debido a las transformaciones tecnológicas que afectan la vida cotidiana.
Al participar en la Documenta XI con el proyecto Culturas Urbanas, dice haber notado analogías entre el alcance de la importancia del arte público y los imaginarios sociales. El autor explica la correspondencia entre ambos, a partir de que exponen los deseos colectivos del ciudadano, deseos que emergen como formas sociales, perfilando el ser social, con una dimensión cultural.[1]
En este artículo buscaremos establecer algún punto de conexión entre los imaginarios urbanos y el arte contemporáneo, destacando: (1) el arte como actitud y el activismo como eje motor de la creación, que construye el problema artístico; (2) la ciudad como lugar o referente que mueve el proceso creativo del artista.[2]
Arte urbano
Se considera arte urbano las manifestaciones artísticas realizadas en la ciudad, en las calles, plazas, viaductos, túneles, muros de grandes edificios, las intervenciones como pinturas, grafitis, esculturas, estatuas vivientes, danza, teatro, espectáculos, presentaciones musicales. En las paredes se diferencia del vandalismo. Estas manifestaciones se desarrollan en ambientes de circulación pública e interactúan directamente con el público que pasa, con los ciudadanos.
En el arte urbano, el artista se presenta en el espacio de la ciudad, es su lugar de exposición. La ciudad puede ser considerada como el soporte de esta manifestación artística, como lo son los lienzos en la pintura.
Los temas utilizados por los artistas en el espacio urbano son diversos y muchas veces críticos de la vida cotidiana, con contenidos de carácter social o político.
Para ilustrar, traigo ejemplos de intervenciones en el campo de lo pictórico. Destacaría inicialmente a un artista que es un referente fundamental en Brasil, Alex Vallauri, considerado uno de los pioneros del grafiti en el país. Usó la ciudad como lugar para mostrar su práctica artística, llevando comentarios a los ciudadanos en un momento políticamente difícil, en un acto que quería ser de rebelión.
Los grafiteros utilizan información de las formas del lenguaje artístico de su tiempo y de la “contracultura: hip hop, skate, fanzine y otros movimientos urbanos” (Silva, 2006), defienden una postura crítica y el anonimato. Desean que no sepamos quién es el autor de las imágenes de las paredes.[3] Pero, en este contexto, hay artistas que por su estilo se vuelven identificables, como en Brasil, en los años 1980, el Grupo Aranha, que operaba en Fortaleza, capital del estado de Ceará, en el noreste brasileño, y que todavía, en ciertas ocasiones, vuelve a estar activo.
El Grupo Aranha fue un colectivo que por un tiempo marcó la vida del lugar. Creó murales que comentaban el acontecer local a través de la pintura, trabajos realizados en grupo en las paredes, en el espacio de la ciudad, que producían un relato crítico de su cotidianidad. Su estilo llegó a identificarlo. El nombre con el que fue bautizado proviene de una analogía con el personaje Spider-Man, que trepa paredes.
Actualmente, en São Paulo, podemos recordar el ejemplo de Os Gêmeos, Gustavo y Otávio Pandolfo, que ya adquirieron renombre internacional, reconocidos por su estilo y porque fueron absorbidos por el circuito artístico ingresando a galerías y museos.
Pensando en la presencia del arte pictórico en el espacio de la ciudad, podemos dar algunos ejemplos más importantes en São Paulo, una de las ciudades brasileñas donde la presencia del arte urbano es muy fuerte. Hay lugares llenos de grafitis como Beco do Batman, cerca de la Rua Medeiros de Albuquerque, en Vila Madalena, hoy incluso un lugar turístico para los amantes del arte.


Fotos: Gabriel Dib Daud De Vuono.

Foto: Cristiélen Ribeiro Marques.
Vale la pena señalar que muchos grafiteros tienen permiso para utilizar los espacios donde intervienen, otros interfieren sin tener este permiso, pero se hacen conocidos por su tipo de intromisión, en un lugar y por su estilo. Con o sin autorización, todas las manifestaciones en muros, plazas y otros espacios son recibidas como arte y hoy son parte integral de la vida en la metrópoli.
Arte Cidade es otro ejemplo de un evento interesante ocurrido en Brasil: es un proyecto expositivo colectivo de intervenciones urbanas con varias ediciones. Fueron eventos organizados en São Paulo por Nelson Brissac Peixoto, la primera edición en 1994, y luego en 1997 y 2002. El proyecto tuvo como objetivo desarrollar un repertorio técnico, estético e institucional para prácticas artísticas y urbanas. Su punto de partida fue la ciudad como un complejo dinámico, en permanente mutación. Problematizó el estatus del arte y la arquitectura.
En la Avenida Cruzeiro do Sul, en el norte de la ciudad de São Paulo, un grupo de 58 artistas produjo 66 paneles y se creó el Museo Abierto de Arte Urbano de São Paulo.[4]
Por mencionar ejemplos en otros países latinoamericanos, podemos hablar de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, donde el arte urbano está regulado desde 2009 por la Ley de Muralismo. El único requisito es la aprobación del propietario del área donde se realizará la intervención, si bien puede haber experiencias que no cumplan con este requisito.
Ejemplos de arte en el espacio de la Ciudad de Buenos Aires son: las intervenciones en el barrio de Colegiales, Chacarita, Palermo y en la región del Mercado de las Pulgas, que hablan de la actualidad, de la vida en la ciudad.
Otro ejemplo es Caminito, una calle del barrio de La Boca, con su color, escenario para la memoria del tango, danza argentina por excelencia, de fuerte presencia en el lugar. Una calle museo, con 23 paneles realizados por artistas, un espacio tradicional de la ciudad. La calle se hizo famosa por su colorido e inspiró el tango del mismo nombre, compuesto por Juan de Dios Filiberto, en 1926. El lugar fue recuperado por un grupo de vecinos del barrio, entre ellos el artista del grupo La Boca, Benito Quinquela Martín. Habría sido idea suya pintar todas las casas con tonos fuertes, haciendo una “calle alegre y hermosa”, “un camino colorido”.[5]
En América Latina, Bogotá es otra ciudad recordada por su arte urbano. Desde 2011, se ha prestado mayor atención a los espacios públicos abiertos a esta modalidad de arte. Un ejemplo para mencionar: los alrededores de la Plaza Chorro de Quevedo, en el barrio de Candelaria. Hay murales pintados con spray, en los que se puede ver cómo se unen el arte y la política. Otro ejemplo es el corredor cultural Calle 26 (entre el aeropuerto El Dorado y el centro de Bogotá). Tenemos otro ejemplo de un espacio de Arte en la Calle, donde se llevan a cabo proyectos de colectivos artísticos, un lugar donde la creatividad puede convivir y puede haber diálogo social y político. Esta zona se ha convertido en un espacio de manifestación cultural y revitalización urbana. Allí hay un auténtico museo al aire libre.


Caminito, La Boca, Buenos Aires, Argentina. Fotos: Paula Mascías (2023).


Bogotá, Colombia. Fotos: Esteban Wilches (2025).
En estas ciudades que nos sirvieron de ejemplo, el arte urbano convive con los ciudadanos en su vida cotidiana, de forma democrática.
El arte que dialoga con la ciudad y sus habitantes también aparece en proyectos artísticos en bienales internacionales, como la reciente Bienal de Venecia (60.ª Bienal), y en exposiciones, como la Documenta de Kassel, además de en museos y galerías. Ahora puede considerarse un proceso consolidado de institucionalización, al incluirse incluso en itinerarios turísticos.
Imaginarios urbanos
Siempre que se habla de imaginarios urbanos, es necesario hacer referencia a los libros de Armando Silva, quien teorizó sobre este tema. Desde el enfoque de la comunicación ciudadana, desarrolló la tesis de que existe un “urbanismo ciudadano”, independiente de su referencia material inmediata.
En los tiempos actuales, este autor señala la presencia de ciudadanos cada vez más emancipados de sus espacios físicos para realizar sus actividades cotidianas, frente a las transformaciones provocadas por la tecnología, los medios de comunicación, la ciencia y el arte público, que proyecta acciones de carácter estético, como dice en el prólogo de la quinta edición de su libro Imaginarios urbanos.[6] Allí señala la analogía entre el alcance y la importancia del arte público y los imaginarios sociales. Los imaginarios corresponderían a la última manifestación del arte público, una antropología del deseo ciudadano, con una dimensión estética.
Según el autor, las formas de ver el espacio urbano cambian con el tiempo, trayendo consigo la dimensión contemporánea. En los imaginarios hay una dimensión de temporalidad, de mutabilidad, como ocurre con el arte. Los imaginarios producen proyecciones fantasiosas de la ciudad.
La imaginación es una materia prima tanto en el urbanismo ciudadano como en el activismo artístico contemporáneo. En ambos casos, lo imaginado surge de la internalización de una experiencia vivida en la ciudad, así como el arte resulta de una experiencia vivida en un tiempo y lugar específicos, que podría ser la ciudad. Ambos están incesantemente en proceso de reconstrucción en modos de expresión.
Los imaginarios son expresiones colectivas, un lugar donde se produce la fantasía y la producción de significado a partir de una experiencia de la ciudad, que puede entenderse como su experiencia estética.
Ambos reflejan comportamientos colectivos basados en matrices del mundo real percibido por el ciudadano.
Puntos de encuentro entre el arte urbano y el imaginario
Uno de los puntos de contacto entre arte e imaginario estaría en la dimensión estética. En ambos se produce un proceso de recepción estética de la ciudad.
En la práctica artística está el trabajo creativo del artista con su obra y el público receptor que interactúa con él. La recepción estética está permeada por la dimensión histórica: en este caso, el proceso artístico y la situación actual de la ciudad percibida en un momento determinado.
En la construcción de imaginarios está el ciudadano inserto en el espacio de la ciudad, en un tiempo histórico y social determinado.
El estudio de la recepción estética se centra en la dimensión teórica del proceso artístico y la situación actual de la producción en un momento determinado. Siempre hay valores en la formulación teórica del arte.
Ver, sentir, vivir con la ciudad significa interactuar con ella y, en este proceso, queda claro que las condiciones para crear significado, en el arte y en los imaginarios, son plurales. En ambos casos, las interpretaciones se relativizan, lo que muestra que se ajustan a situaciones históricamente determinadas, es decir, hay una dimensión social que las involucra. En este sentido, hay puntos de convergencia.
La recepción estética comienza con la experiencia primera del efecto de la ciudad sobre el ciudadano, artista o no: sus observadores y habitantes. Comienza en la contemplación, en el primer disfrute, en el placer. La interpretación que comunica la experiencia llegaría en un momento posterior al efecto, cuando se activa la cosmovisión del sujeto. La recepción estética se produce con cierto grado de autonomía. Es lo que se revela en la manera de imaginar la ciudad o de configurar la expresión en el arte urbano.
Los imaginarios y el arte urbano podrían entenderse a través de este acto de recepción, que puede, por lo tanto, ser transgresor con relación a cosmovisiones consolidadas. Hay un espacio de libertad en el arte y en las imágenes.
Referencias
Bulhões, Maria Amélia. Arte Contemporânea no Brasil. Belo Horizonte, ed. C/Arte, 2019.
Fonseca, Claudia (coordenação). Arte Urbana – Urban Art. São Paulo, Mester Fotografia e Comunicação, 2022.
Gonçalves, Lisbeth Rebollo. Entre Cenografias – O Museu e a Exposição de Arte no Século XX. São Paulo, Editora da Universidade de São Paulo/FAPESP, 2004.
Muñoz, André. A Vida de Quinquela Martín. Buenos Aires, 4.ª edição, edición del autor, 1968.
Silva, Armando. Imaginarios urbanos. Bogotá, 5.ª edição corregida y ampliada, Arango Editores, 2006.
Silva, Armando. Urban Imaginaries from Latin America. Documenta 11. Editor Armando Silva. Hatje Cantz Publishers, Ostfildern-Ruit, Germany.
- Silva, Armando. Imaginarios urbanos, 5.ª edición corregida y ampliada, Bogotá, Arango Editores, 2006, pp. 5-8.↵
- Tener siempre presente que el arte contemporáneo se entiende como una actitud y no como una forma.↵
- Bulhões, María Amelia. Arte Contemporânea no Brasil, Belo Horizonte, ed. Calle Arte, 2019.↵
- Muchas cosas no resistieron al proyecto de ciudad limpia que surgió en el Ayuntamiento, cuando el entonces alcalde Gilberto Kassab sancionó la Ley de Ciudad Limpia en diciembre de 2006, que entró en vigor en enero de 2007. Muchas veces el arte público puede estar en conflicto con las políticas urbanas.↵
- Muñoz, André. La vida de Quinquela Martín, Buenos Aires, 4.ª edición. Edición del autor, 1968.↵
- Silva, Armando. Imaginarios urbanos, 5.ª edición corregida y ampliada. Bogotá, Arango Editores, 2006, pp. 5-8.↵






