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Presentación

Paula Mascías

Este libro es el resultado de múltiples esfuerzos. Varios correos con invitaciones en español, inglés y portugués se enviaron a Argentina, Brasil, Canadá, Ecuador, España, Estados Unidos, México y Suiza. La pregunta central planteada a los autores era: ¿cómo pueden los estudios de imaginarios urbanos aportar a la planificación urbana y al diseño de los espacios públicos? Esta cuestión enmarcó nuestras invitaciones y dio inicio a un proceso de reflexión. Así, comenzaron a llegar las contribuciones de prestigiosos investigadores y colegas de diversas partes del mundo, quienes forman parte de la publicación que hoy presentamos.

Ha pasado mucha agua bajo el puente desde aquellas primeras observaciones en el campus de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, donde Armando Silva, movido por su curiosidad filosófica, se preguntaba por qué, a pesar de existir caminos trazados y organizados que conectaban las diferentes facultades y oficinas, los estudiantes creaban rutas informales con recorridos alternativos.

Esos caminos, que no respondían necesariamente a una lógica de uso para llegar más rápido de un lugar a otro, eran fácilmente reconocibles porque, tras tantas pisadas, el césped no volvía a crecer. Fueron bautizados con nombres como el “camino del árbol”, el “camino de los enamorados” o el “camino del miedo al examen”, entre otros. Hoy podemos decir que esos senderos surgieron como un primer acercamiento embrionario a lo que, años después, Silva definiría como croquis de percepción, un concepto que desde el inicio rompía con la lógica oficial del planeamiento.

Probablemente, esa primera curiosidad fue el motor que lo llevó a Europa y a Estados Unidos, donde estudió con figuras como Umberto Eco, y más tarde con Christian Metz y Jacques Derrida. Con su apoyo –que él mismo reconoce– desarrolló una perspectiva novedosa y efectiva para comprender, más allá de los edificios o su materialidad, las particularidades de las ciudades desde la percepción ciudadana.

Este nuevo enfoque para entender las ciudades desde sus habitantes, al que llamó urbanismo ciudadano, abrió la posibilidad de revelar dimensiones ignoradas de los espacios urbanos. Inicialmente, identificó que las percepciones ciudadanas construyen croquis afectivos a partir de emociones, como el amor, el miedo, el deseo, el odio o la memoria, y que, lejos de ser solo una cuestión mental, estos sentimientos se encarnan en la materialidad de las ciudades, guiando y dando forma a los recorridos cotidianos de quienes las habitan.

De allí Silva extrajo un principio, polémico en su momento, pero sustancial y novedoso: la ciudad imaginada precede a la real o física en su uso diario. Este factor imaginario no se sustenta necesariamente en estadísticas o mediciones oficiales, sino en el levantamiento de los croquis de percepción que los ciudadanos construyen. Precisamente, quienes estudiamos los imaginarios urbanos nos encargamos de relevar e identificar estas cartografías emocionales de la ciudad.

Estas primeras aproximaciones a las ciudades imaginadas se fueron llenando poco a poco de casos concretos que las hicieron comprobables. Por ejemplo, se demostró que, más allá de su existencia objetiva, los malos olores influían directamente en la elección de los recorridos urbanos. También se evidenció cómo se podía modificar la percepción del color de una ciudad con la llegada de nuevas migraciones o la apertura de vías peatonales y ciclovías. Estos son apenas algunos ejemplos que muestran el poder creador y transformador de la ciudad imaginada.

No se trató solo de un nuevo marco conceptual para comprender las formas en que se habitan las ciudades, sino también del desarrollo de una metodología innovadora. A diferencia de la sociología, la arquitectura o la antropología –disciplinas que ya habían hecho sus aportes–, esta nueva perspectiva busca relevar subjetividades y percepciones colectivas de manera cuantificable, basándose en principios lógicos, semióticos y psicoanalíticos, y para ello combina una base estadística con la construcción de archivos visuales y sonoros, lo que permite así un análisis más amplio y profundo de la experiencia urbana.

Todo esto se ha puesto a prueba en diversas ciudades y comunidades urbanas del mundo, formando y acompañando a numerosos equipos locales a lo largo de los años. Estos procesos han demostrado la pertinencia y el potencial de esta metodología para estudiar los espacios urbanos, y han permitido, además, establecer comparaciones entre distintas urbes. Hoy en día son miles los integrantes de equipos locales que han aplicado esta metodología en diferentes partes del mundo, especialmente desde universidades y espacios culturales, desempeñándose como coordinadores, recopiladores de información, analistas, fotógrafos o creadores de archivos audiovisuales.

Hasta el momento el programa de Imaginarios Urbanos ha atravesado dos grandes hitos de investigación colectiva: uno tuvo lugar en los primeros años de la década de 2000, cuando se estudiaron simultáneamente, con el apoyo del Convenio Andrés Bello y la Universidad Nacional de Colombia, los imaginarios urbanos en trece ciudades capitales de América Latina y España; el otro, denominado Ciudades, Comunidades y Fronteras Latinas Imaginadas en el Mundo (CyCLI), es un proyecto que estamos concluyendo bajo la coordinación de FLACSO Argentina. En esta fase se han estudiado los imaginarios urbanos en veinticinco ciudades y urbes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, México y Perú, así como en dos fronteras: Estados Unidos-México y Ecuador-Colombia. Este esfuerzo ha sido posible gracias al compromiso invaluable de equipos pertenecientes a prestigiosas universidades e instituciones de todos estos países, cuyos aportes profesionales destacados nos honran profundamente.

Este libro, que tengo el honor de presentar, acompaña esta segunda fase de investigación, la cual incluye, además, dos importantes iniciativas: por un lado, la publicación de la primera Enciclopedia de latinidades[1], una edición transmedia construida a partir de ensayos elaborados en algunas de las ciudades de los países mencionados, y, por otro, una plataforma que alberga la colección de archivos locales de esas ciudades.

Esa plataforma, de acceso público y gratuito, reúne todos los materiales, publicaciones y recursos generados a lo largo de la investigación sobre imaginarios urbanos, de modo que ofrece un acervo invaluable para futuros estudios y reflexiones[2].

Un desafío y un deseo (o muchos)

Al convocar a los autores, les propusimos explorar las relaciones entre sus objetos y temas de investigación y los imaginarios urbanos, con el propósito de comprender de qué manera los estudios sobre los imaginarios pueden contribuir a la planificación y sostenibilidad de los espacios públicos. Al mismo tiempo, se buscó ensayar posibilidades hacia nuevas formas de convivencia que fortalezcan los procesos identitarios y que promuevan un mayor bienestar colectivo.

Comprender los imaginarios y sus productos, como las Ciudades imaginadas, revela la densa red simbólica que atraviesa los espacios urbanos a partir de las coincidencias entre los deseos colectivos y las percepciones ciudadanas sobre la ciudad física. Esta red influye y guía el uso social del espacio, y de esa manera transforma, a la vez, su propia concepción a través del habitar cotidiano.

Un rumor, el diseño de una vitrina, una ocurrencia, el nombre de un almacén o una exhibición de grafitis en un sector de la ciudad se pueden convertir en expresiones visibles de una forma de ser urbano. Así, lo imaginario se materializa en múltiples metáforas narrativas que desembocan en lo que Armando Silva denomina fantasmas sociales: entidades de evocación y proyección de designios colectivos cuya presencia y significado se desentrañan en las investigaciones sobre los imaginarios urbanos.

Foto: María Adelaida López.

Según Silva, una ciudad imaginada es la suma de sus croquis de percepción, por lo que no hay dos ciudades imaginadas iguales, pues sus fantasmas sociales son diversos y constituyen identidades únicas, que funcionan más bien como una huella dactilar.

Desde las coordinaciones de las distintas urbes de CyCLI estamos convencidos de que el estudio de los imaginarios urbanos puede abrir nuevas conexiones para repensar los espacios urbanos y generar oportunidades que permitan desarrollar formas de convivencia más inclusivas en la diversidad. Creemos que esta metodología, aún poco conocida, puede arrojar resultados inesperados, capaces de inspirar nuevas posibilidades y despertar nuestra sensibilidad ante el desconcierto, los miedos y las angustias sobre el futuro, tan característicos de nuestro mundo contemporáneo.

Este libro, entonces, tiene una intención clara: aportar algunas claves sobre cómo el estudio y la comprensión de los imaginarios en cada espacio urbano pueden servir de insumos para crear transformaciones públicas.

Lo hemos organizado en tres apartados precedidos por una introducción.

La introducción es una conversación entre Armando Silva y Hubert Klumpner en torno al tema que le da título a este texto: Los imaginarios como hecho público. Hubert, arquitecto y artista de la ETH de Zúrich, Suiza, ha sido un gran aliado en el desarrollo de la metodología de imaginarios urbanos. Su aporte ha consistido en incorporar tecnologías digitales, el uso de drones e inteligencia artificial, que suman capas de información que enriquecen aún más un proceso que, hasta ahora, se había desarrollado de manera análoga.

Esta conversación comienza con una pregunta provocadora: ¿quién está haciendo los espacios públicos? A lo que Hubert responde: “Sin uso no hay espacio público”, es decir, los ciudadanos mismos lo construyen a través de sus formas de habitarlo en la cotidianeidad.

La conversación gira en torno a cinco temas principales: i) la relación entre imaginarios y espacio público; ii) la diferencia entre el urbanismo arquitectónico y el urbanismo ciudadano propuesto desde la perspectiva de los imaginarios urbanos; iii) su vínculo con el arte y su presencia en grandes exhibiciones internacionales; iv) el proyecto experimental desarrollado en Barrio Abajo (Barranquilla, Colombia), y, por último, v) los imaginarios y las perspectivas de proyectos futuros.

No adelantaremos más detalles y los invitamos a leer la introducción.

Los tres apartados siguientes que estructuran el libro siguen la lógica triádica de los imaginarios urbanos basada en los fundamentos de la semiótica de Peirce y el psicoanálisis en su revisión lacaniana.

La primera sección, titulada “Los imaginarios y la filosofía”, cuenta con la participación de destacados académicos: Juliet Flower, de la Universidad de California; Jorge Blasco, colaborador y curador de Fundación Tàpies en Barcelona, España, y Lisbeth Rebollo, del PROLAM en la Universidad de São Paulo, Brasil.

El texto de Juliet Flower, “El amor y los imaginarios del otro”, reflexiona en torno a una pregunta fundamental: ¿cómo es posible que las personas convivan y cuál es la “materia” inmaterial que mantiene unida a la ciudad?

La autora relaciona investigaciones y referencias artísticas que evidencian cómo se construyen las metáforas narrativas que nos permiten vivir colectivamente, ya sea a pesar de o en favor de las diferencias históricas, étnicas, sociales y culturales que coexisten en los entornos urbanos.

En el siguiente texto, Jorge Blasco comparte una serie de reflexiones sobre la construcción de archivos, a propósito de la exposición de imaginarios urbanos organizada en 2008 en la Fundación Antoni Tàpies[3] y los desafíos que ello implica. El autor señala: “Otrora los gabinetistas teníamos que pensar, ordenar y construir un espacio tanto material como intelectual con base en las ‘maravillas’ contenidas en las cajas”.

Y esas maravillas son precisamente las que producen los propios ciudadanos al incorporar lo imaginado en lo material, un proceso que, como investigadores de los imaginarios urbanos, nos corresponde relevar y documentar a través de la construcción de archivos.

Para cerrar el primer apartado, Lisbeth Rebollo nos invita a explorar los puntos de encuentro entre los imaginarios urbanos y el arte contemporáneo, con un especial enfoque en el arte urbano. A través de la dimensión estética, propone claves para provocar la reflexión sobre dichos vínculos.

Rebollo establece una diferenciación entre el arte moderno y el arte contemporáneo. En este último, la importancia ya no recae en las virtudes matéricas o técnicas, para dar paso al gesto, la intervención y el discurso, siempre en una temporalidad anclada en el presente. Es en este aspecto donde la autora encuentra (o al menos vislumbra) coincidencias con los imaginarios, donde lo temporal y lo local geográfico resultan determinantes.

En el segundo apartado, titulado “Los imaginarios y el fantasma urbano”, participan Alicia Lindón, de la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa (México); Dean MacCannell, de la Universidad de California (Estados Unidos); Daniel Hiernaux, de la Universidad Autónoma de Querétaro (México), y Eloy Méndez, de la Universidad Autónoma de Puebla (México).

Alicia Lindón nos invita a reflexionar sobre cómo se construyen las texturas urbanas que dan identidad a las ciudades más allá de sus características materiales, y explora la relación entre imaginarios urbanos y afectos, destacando cómo las prácticas cotidianas de los ciudadanos en los espacios públicos operan como actantes, habilitando o inhibiendo ciertos usos en contraposición a otros.

La autora nos propone pensar en el encuadre escénico del afecto como una referencia clave en la construcción de lugares particulares, aquellos que los estudios de imaginarios urbanos buscan captar. En sus palabras: “La circulación de la afectividad entre los cuerpos genera performatividades o dramatizaciones de lo social que está en juego en cada lugar-tiempo, y que son materializaciones efímeras de esa afectación”.

Y ahí nos deja cavilando.

Por su parte, Dean MacCannell contrasta las propuestas narrativas de Las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino, con la guía 36 Hours Around the World, desarrollada por The New York Times. La primera es una colección de descripciones de ciudades fantásticas relatadas por el viajero Marco Polo al rey de los tártaros Kublai Kan. Aunque imaginarias, esas ciudades podrían representar una aproximación metodológica cercana a los imaginarios urbanos, según plantea el autor. La segunda, en cambio, es una guía que prescribe qué hacer, dónde comer y qué visitar en distintas ciudades, con una agenda cronometrada en 36 horas para conocer un lugar (¡como si eso fuera posible!).

El autor reflexiona desde la perspectiva de los imaginarios urbanos: “Tenemos la hipótesis de que, cuando se viaja como turista a un lugar, la felicidad o el bienestar que se experimentan son bienes tan importantes para las ciudades como la puesta en valor de la catedral X”. Plantea esta idea como una propuesta para repensar el diseño de los espacios públicos.

En el siguiente texto, Daniel Hiernaux nos invita a reflexionar sobre los centros históricos. Para ello, en primer lugar, hace un recorrido por las distintas perspectivas que han orientado nuestra relación con esos espacios, abordando la dimensión imaginaria de la ciudad en general y de los centros en particular. Es decir, explora cómo se construyen a lo largo del tiempo los imaginarios sobre los centros históricos en su especificidad local y a partir de las relaciones que establecen los distintos grupos sociales. Así, se superponen diferentes temporalidades, usos y valoraciones que muestran una gran carga de subjetividad.

A continuación, Eloy Méndez reflexiona sobre los imaginarios y el turismo, analizando un programa específico de su país, México, denominado Pueblos Mágicos, que, desde su propio nombre, encierra una enorme carga de imaginarios. Y si bien reconoce el potencial de este programa para aprovechar los ricos imaginarios –henchidos de metáforas y narrativas que lo han convertido en el país más querido de América Latina, según las investigaciones de imaginarios urbanos–, también señala ciertas diferencias en cuanto a su gestión. Méndez propone que, al no considerar la participación comunitaria en los imaginarios locales, se genera una estetización de la imagen que termina avasallándolos, privilegiando su faceta más consumista y convirtiéndolos en un espectáculo basado en una visión tradicional y folklórica, orientada únicamente al beneficio del consumo privado.

En la tercera y última parte, “Los imaginarios y sus escenas”, invitamos a Fernando Carrión y a Sebastián Rodríguez, de FLACSO Ecuador; a Will Straw, de la Universidad de McGill en Montreal (Canadá), y a Mario Carlón, de la Universidad de Buenos Aires (Argentina).

Fernando Carrión y Sebastián Rodríguez nos proponen reflexionar sobre los imaginarios urbanos y los miedos, y cómo estos se convierten en fantasmas reguladores de la vida cotidiana. Es decir, nos guían respecto de por dónde transitar o evitar la ciudad, dónde vivir y de qué manera relacionarnos con los demás, otorgando un papel central a la percepción de la inseguridad en la redefinición de nuestras relaciones con las personas y los entornos.

Los autores afirman: “Por la vía del temor las ciudades reducen el uso y apropiación del espacio público, constriñen la jornada diaria, destruyen el tejido social y erosionan la ciudadanía. En otras palabras, se contraen el espacio, el tiempo y la sociedad de la ciudad”. Y a partir de ejemplos concretos, observables en nuestras ciudades, muestran cómo dichos imaginarios urbanos, centrados en el miedo, se convierten en un principio que no solo influye en las experiencias urbanas, sino que también redefine las materialidades de las ciudades.

En el siguiente texto, Will Straw nos invita a reflexionar sobre los imaginarios nocturnos a partir de la pregunta: ¿qué tiene la noche para enseñarle al día? El autor nos propone pensar la noche no solo desde su temporalidad, sino también desde su espacialidad, analizando cómo se construyen “otros” espacios que funcionan como refugio y protección, pero que también se convierten en territorios sociales donde emergen y se amplían identidades diversas que durante el día permanecen ocultas. Esa protección que brinda la oscuridad, con sus propias reglas y valores, permite la aparición de formas de vida alternativas y nuevas maneras de construir comunidad.

En el último texto, y para cerrar esta publicación, Mario Carlón nos presenta la relación fundamental entre los medios de comunicación y los imaginarios, destacando su carácter productivo. Al respecto, centra sus reflexiones en el caso @IAbuelas, una cuenta de la red social Instagram que utiliza la inteligencia artificial como mecanismo para “hacer aparecer” la imagen de un bebé desaparecido durante la última dictadura en Argentina. A través de la combinación de fotografías de sus progenitores, la IA genera una imagen de cómo sería hoy esa persona después de cuarenta o cincuenta años.

A partir de este caso, Carlón nos invita a reflexionar sobre cómo la circulación del sentido, entendida como una sucesión de procesos de producción y reconocimiento, puede generar flujos intersistémicos. Además, analiza el papel determinante de los medios de comunicación en la producción del sentido, al configurar nuevas formas de imaginar y representar la realidad.

Con este recorrido creemos haber transitado algunos de los temas más relevantes para reflexionar sobre cómo los imaginarios urbanos inciden en el diseño de los espacios públicos y la planificación urbana. Sin embargo, en los discursos más difundidos aún prevalecen los enfoques que abordan las ciudades desde una perspectiva material propia de disciplinas como la arquitectura y la ingeniería.

Con esta publicación invitamos a reflexionar sobre las otras capas que se integran en las materialidades urbanas y que, al ser reconocidas, pueden abrir nuevas posibilidades para construir nuestros espacios urbanos. Esto nos lleva a iluminar la pregunta-pájaro:

¿Cómo reactivar, en la actualidad, la potencia política inherente a la acción poética y su capacidad de instaurar nuevas narrativas que nos despierten ante la indiferencia y la tolerancia de lo intolerable?

Desencadenar procesos culturales a partir de los resultados de las investigaciones sobre los imaginarios urbanos puede habilitar nuevas formas de convivencia que promuevan un mayor bienestar y reconocimiento mutuo, destacando la diversidad que nos define como humanidad, con sus múltiples expresiones y ricas localidades.

El futuro no es lo que va a pasar –ese no existe–, sino lo que vamos a hacer.

Y eso que vamos a hacer espero que nos permita construir un futuro mejor y nos impulse a ser persistentes en ese camino que emprendemos, convencidos de que podemos hacerlo mejor que hasta ahora.


  1. Al momento de esta publicación se encuentra en edición por parte de la Universidad Nacioanl Abierta y a Distancia de Colombia (UNAD). https://www.unad.edu.co/.
  2. Toda la información está disponible en el siguiente enlace: http://iu.imaginariosurbanos.net/.
  3. En 2008, bajo la curaduría de Nuria Enguita y Jorge Blasco, la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona presentó la primera gran retrospectiva de la obra colectiva dirigida por Armando Silva. La exposición exhibió archivos urbanos digitalizados en vitrinas, muros y pantallas, ofreciendo una visión amplia del proyecto. Como parte de esta iniciativa se publicó el libro-catálogo trilingüe Imaginarios urbanos en América Latina: urbanismos ciudadanos (Barcelona, Fundación Antoni Tàpies). Para más información se puede acceder al siguiente enlace: http://iu.imaginariosurbanos.net/linea-de-tiempo/.


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