Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

5 Claves analíticas y conceptuales para el estudio de las organizaciones sociales y su politicidad desde la perspectiva de los cuidados

El caso de la economía popular en Argentina

Carla Zibecchi[1] y Julieta Campana[2]

1. Introducción

Los estudios sobre los cuidados son un campo de conocimiento de conformación relativamente reciente. El tema comienza a ganar relevancia a partir de la década del setenta del siglo XX por medio del estudio del trabajo doméstico, y luego, con acento en el trabajo reproductivo. Más cercanos en el tiempo se han elaborado nuevos marcos conceptuales que han trasladado el análisis hacia los cuidados como concepto más amplio (Vega y Gutiérrez Rodríguez, 2014). Una de las ventajas de este pasaje es que permitió separar dicho campo de lo “doméstico”, en tanto los cuidados como categoría de análisis tienen la ventaja teórica de que nos permiten retener sus similitudes con el trabajo doméstico (invisibilidad, asociación con habilidades femeninas, relación con la división sexual del trabajo), pero se distinguen por el componente relacional (Carrasco et al., 2011). De este modo, nos habilita la posibilidad de incluir los aspectos intangibles de las actividades involucradas (Gardiner, 1997) como interacción, comunicación y capacidad de escucha (Soares, 2012). En ese devenir del debate, y en el caso de Argentina, a partir de la centralidad que adquieren los movimientos sociales en el contexto de la crisis económica, política y social de inicios del nuevo milenio, el estudio del modo en que las organizaciones se vinculan con las actividades de mantenimiento y reproducción de la vida se vuelve un campo fértil para el abordaje de la intervención social y la acción política.

En este capítulo buscamos elaborar una propuesta analítica para el estudio de las organizaciones sociales, su accionar político y su relación con los modos de provisión de cuidado comunitario. En función de esta propuesta analizaremos un estudio de caso vinculado a las organizaciones sociales de la economía popular[3]. Esta línea de investigación se inscribe en el creciente protagonismo que la cuestión de los cuidados y de la economía popular ha adquirido tanto en el campo académico como de las políticas públicas, buscando contribuir al análisis integrado de dichos fenómenos.

En función de estos objetivos, el capítulo se organiza en tres secciones. En el primer apartado, nos introducimos en el modo en que la literatura específica ha estudiado a los movimientos sociales y su accionar político, y las experiencias de cuidado comunitario. En este recorrido nos nutrimos de diversos marcos conceptuales, tradiciones teóricas y líneas de trabajo, recuperando aportes analíticos y antecedentes empíricos vinculados a los cuidados, los movimientos sociales y la acción colectiva, la economía popular y el Estado, desde diversas disciplinas (la sociología, la antropología, la economía). Como veremos, el abordaje de la intersección entre el accionar de las organizaciones, la provisión de los cuidados y los procesos de politización –emergente entre ambos– son de más reciente desarrollo. Por tal motivo, en la segunda sección, nos proponemos presentar y desarrollar algunas claves conceptuales y analíticas para el estudio de las organizaciones sociales y su politicidad desde la perspectiva de los cuidados. En el tercer apartado realizamos un análisis empírico sobre los cuidados en la economía popular en Argentina en función de nuestra apuesta analítica. Como veremos más adelante, el estudio de caso de la economía popular se basa en algunos rasgos que lo vuelven pertinente para nuestro propósito. Como elementos importantes podemos mencionar la particularidad de sus formas organizativas, de su repertorio de acción política, su innegable protagonismo en el campo de los movimientos sociales en Argentina, sus estrategias específicas vinculadas con el cuidado comunitario de las infancias, entre otros aspectos que se desprenderán del análisis. En el último apartado ofrecemos algunas reflexiones finales en torno a las dimensiones y las características de este proceso emergente de politización de los cuidados como una “hoja de ruta” que seguir explorando a partir del prisma analítico propuesto.

La metodología utilizada es de tipo cualitativa. Por una parte, nos basamos en una sistematización bibliográfica de investigaciones y estudios sobre el tema. Por otra parte, el análisis empírico se apoya en una triangulación de entrevistas en profundidad, observaciones, fuentes documentales y declaraciones públicas producidas por las organizaciones sociales y actores estatales, entre otros insumos. Las entrevistas fueron realizadas entre los años 2020 y 2022 a referentes de organizaciones sociales que integran la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), responsables de las ramas sociocomunitarias, de las áreas de niñez e infancias, referentas de géneros y coordinadoras de espacios de cuidados gestionados por las organizaciones.

2. Discusión de la literatura: de la protesta a la politicidad de los cuidados[4]

En América Latina las iniciativas asociadas al trabajo comunitario han estado fuertemente vinculadas a la lucha por el sostenimiento de la vida frente al ajuste social y reformas estructurales de las políticas neoliberales que atravesaron la región. Esto ha dado lugar a concepciones que algunas autoras consideran como “paradójicas” (Vega y Buján, 2017) ya que si bien muchas mujeres lideraron movimientos políticos que amortiguaron los efectos de las políticas de ajuste estructural y se registró una mayor participación de las mujeres en el espacio público, de manera convergente se produjo una delegación de responsabilidades de los cuidados y del trabajo reproductivo desde los estados hacia ellas. En este contexto, diversos trabajos documentan experiencias como la creación de nuevas redes de apoyo entre mujeres para atender necesidades de cuidado a nivel barrial que han sido inseparables de otras iniciativas comunitarias (ollas populares, comedores comunitarios, guarderías) (Molyneux, 2001). Muchas de estas formas de participación fueron creadas desde el Estado o bien cooptadas por medio de programas, como es el caso de las madres comunitarias de Colombia (Buchely, 2015) y las “barriadas” de Lima en Perú –sostenidas mayoritariamente por mujeres– que fueron institucionalizadas mediante el Estado (Rosseau, 2012); al igual que el proceso de captación de las mujeres que participaban como voluntarias en los comedores de Perú durante el gobierno de Fujimori (Molyneux, 2007); entre otras experiencias.

En Argentina este fenómeno tuvo algunas particularidades que es preciso atender. En un primer momento, el estudio de la participación de las mujeres en los movimientos sociales estuvo fuertemente signado por los fenómenos de protesta (Paura y Zibecchi, 2014). La visualización de este fenómeno dio lugar al reconocimiento de la posición que las mujeres habían ocupado en los cortes de ruta y en las protestas populares. Por ejemplo, el encuentro entre biografías femeninas y los dos episodios más importantes de la protesta popular en los noventa: el Santiagueñazo y el movimiento de vecinos que se produjo en Cutral-Có.[5] En la intersección entre el itinerario femenino de las dos mujeres –en sus búsquedas de reconocimiento– y la protesta colectiva, la participación femenina pudo ser comprendida en ese contexto. Así, se visibiliza que los modos de experimentar y dar sentido a las protestas están moldeados por las biografías, que a su vez están inscriptas en la historia local y el contexto en que transcurren. En los itinerarios de las mujeres que participan en la protesta colectiva se observa que las demandas iban más allá del reclamo material (trabajo, salarios) e incluían la búsqueda de reconocimiento y de respeto. Esa búsqueda imperiosa se explicaba, a su vez, por la situación de sumisión y de sufrimiento ocasionada por la opresión sexista que marcaron sus biografías (Auyero, 2004).

Otras líneas de análisis propusieron no reducir el universo de sentido de las organizaciones de desocupados a la protesta para dar cuenta del despliegue de un conjunto de acciones hacia el interior de las organizaciones en los barrios. En este sentido, estas investigaciones, empíricamente orientadas, han efectuado importantes aportes conceptuales y reconocimiento de las múltiples relaciones entre la acción colectiva de los movimientos, la politicidad y la sociabilidad local (Manzano, 2004; D’Amico, 2009; Vommaro, 2016; Seman y Ferraudi Curto, 2013; Quiros, 2006). En la Argentina, los procesos de politicidad de los sectores populares han sido definidos como un “conjunto de sus prácticas, su socialización y su cultura política” (Merklen, 2010, p. 42), evitando los preconceptos que suelen preponderar en los análisis políticos, como que los sectores populares “acceden a la política” o “entran en contacto con la política”. Por el contrario, sostiene Merklen (2010), pensar en términos de politicidad exige admitir que todo sujeto es per se un sujeto político y que “lo político” no puede aislarse de otras esferas de la vida social. La clave para abordar estos interrogantes estuvo planteada, en su comienzo, por premisas teóricas en las que los/as especialistas parecen coincidir. En primer lugar, un lugar clave lo ocupa el concepto de inscripción territorial, donde el centro organizativo es el barrio y se constituye en el sustento de acciones colectivas (Merklen, 2010), permitiendo comprender las prácticas cotidianas de las organizaciones como parte de entramados locales más amplios (Ferraudi Curto, 2011). En segundo lugar, mostraron que la noción de trabajo resulta productiva para pensar la participación en tanto permite dar cuenta de una actividad que es regulada por tiempos de tareas realizadas de manera colectiva en merenderos, huertas, comedores, que producen bienes –tanto políticos y sociales como materiales– y que ayudan no sólo a reproducir la organización cotidiana sino también la movilización de las organizaciones. En tercer lugar, nos prevenían de una cuestión central: lo que se visibilizaba en la ruta (el corte, la protesta) debía ser comprendido a partir de una sociabilidad que se construía en y desde los barrios (Svampa y Pereyra, 2003).

De este modo, investigaciones etnográficas efectuaron un desplazamiento de la protesta, que tenía frecuentemente como foco de observación el corte de ruta, para comenzar a producir etnografías en los barrios, observándose cómo los espacios en las casas se configuraban como lugares para “contraprestar[6] y los ritmos y tiempos domésticos comenzaban a estar pautados no sólo por los cortes de ruta sino además por las contraprestaciones impuestas por los programas sociales (Manzano, 2004).[7] Los aportes de estas investigaciones fueron invalorables. Como destaca Vomma­ro (2016), los trabajos sobre acción colectiva y protesta permitieron resaltar la dimensión activa de la política de los sectores populares. Por otro lado, los estudios sobre vínculos políticos territoriales se ocuparon de analizar tanto la dimensión conflictiva como la creativa que la categoría de “clientelismo” tendía a soslayar. En consecuencia, la productividad en torno a los planes (qué se produce y se hace con las contraprestaciones y condicionalidades) comenzó a ocupar un lugar clave en las investigaciones sobre el tema.

De manera convergente a las indagaciones sobre el fenómeno de los movimientos sociales en la Argentina, comenzó a documentarse el lugar de las mujeres en la trama de los emprendimientos colectivos (Di Marco, 2003), sus redes y acciones específicas (Causa y Ojam, 2008), entre otros aspectos que permitieron el reconocimiento de la participación femenina y sus actividades de sostenimiento en los barrios. Lejos de la dicotomía que en un principio parecía plantearse (las mujeres en los barrios cuidando y los varones en el corte de ruta), la literatura mostró que mujeres y jóvenes también participaban en los “episodios” de protesta, al mismo tiempo que las mujeres comenzaban a coordinar espacios de producción o toma de decisión que pronto implicaron reconfiguraciones en cada organización (Cross y Freytes Frey, 2007; Bidaseca, 2003).

Sin embargo, el abordaje de la intersección del accionar de las organizaciones territoriales, la provisión de los cuidados y los procesos de politización –emergentes– son más recientes. Algunos aportes pueden registrarse desde los trabajos que abordan la provisión de cuidado en espacios comunitarios. Fournier (2017) destaca que en la genealogía de las organizaciones y de quienes las conforman e impulsan aparecen entrecruces de vecinas, familiares, amigos, parroquias, luchas previas, reuniones y madrinazgos y que se trata de iniciativas creadas “desde abajo” con un fuerte impulso colectivizante (Fournier, 2017), que proveen de relaciones de cuidado en territorios urbanos empobrecidos. Por su parte, Zibecchi (2015) muestra que las nociones de cuidados y de cultura de trabajo tienen vínculos estrechos que se manifiestan fenomenológicamente de diversas formas: a) la construcción y el mantenimiento de la infraestructura de cuidado (por ejemplo, “hacer el jardincito”, “sostener la cultura de trabajo”); b) la creación de estos espacios, que permite que muchas mujeres participen desempeñando diversos roles y funciones (coordinadoras, cuidadoras, educadoras populares, cocineras, entre otras) generando trabajo; c) la posibilidad de que los y las niñas estén cuidados mientras que sus progenitores o familiares a cargo realizan diversos trabajos vinculados a la economía popular o a proyectos gestionados desde los movimientos; d) la transmisión de valores y visiones del mundo propia del movimiento y que formaría parte de su moralidad[8].

Estudios etnográficos más recientes conectan y enmarcan estas iniciativas de cuidado a procesos más amplios que se producen en las organizaciones sociales vinculadas a la economía popular, desde perspectivas novedosas. Las mujeres cuidadoras frecuentemente se identifican con este “hacer juntos o juntas” que se define y se negocia en el día a día bajo formas creativas y también disputadas (Fernández Álvarez, 2016), generando cooperativas de cuidado (Sciortino, 2018); mostrando una estrecha relación entre las iniciativas de cuidado colectivo y “la política” (Pacífico, 2017) y la centralidad que adquieren las necesidades de cuidados en los procesos de formalización del trabajo en la economía popular (Campana, 2021).

Como puede observarse, existe un amplio corpus de investigaciones que, por un lado, abordan el accionar de los movimientos sociales, su sociabilidad y politización; por otro lado, encontramos trabajos que estudian el fenómeno de los cuidados comunitarios. Sin embargo, la confluencia entre ambas líneas de trabajo es más reciente. Esta zona menos explorada abona nuestro argumento analítico en torno a la relevancia de observar el proceso de politización y su vínculo con las iniciativas de cuidado colectivas a nivel comunitario. Ahora bien ¿cómo abordarlo? ¿Qué relaciones teóricas y analíticas pueden establecerse entre los procesos de politicidad popular y las iniciativas de cuidado comunitario llevadas adelante por las organizaciones? ¿El/los Estado/s[9] participa/n en los procesos de politización de los cuidados? Si es así, ¿cómo se actualiza la relación entre el/los Estado/s y la economía popular en la provisión de cuidados? ¿Sobre qué elementos se sustenta esta politicidad popular?

3. Argumento analítico

En este apartado se desarrollan algunas claves conceptuales y analíticas para el estudio de los movimientos sociales y, en particular, del fenómeno más bien reciente de las organizaciones sociales y gremiales de la economía popular, desde la perspectiva de los cuidados. Para ello estructuramos un conjunto de ejes analíticos que consideramos relevantes para un abordaje que –desde una perspectiva relacional– busque dar cuenta de la complejidad de las prácticas y las estrategias que estas organizaciones despliegan y que permita captar los procesos de politicidad popular que se van moldeando.

3.1. Una mirada ampliada sobre los cuidados: supervivencia y sostenibilidad de la vida

En tanto se busca abordar la forma bajo la cual las organizaciones sociales se conectan con las actividades de mantenimiento y reproducción de la vida, resulta central no circunscribir las estrategias de las organizaciones a la supervivencia y reproducción biológica (aun cuando surjan originalmente con ese objetivo). Esta mirada ampliada de las actividades que desarrollan los actores busca identificar prácticas vinculadas a la construcción de vida social y una heterogeneidad de estrategias que incluyen actividades productivas, prácticas sociales, subjetividades e infraestructuras (Castronovo, 2018) que trascienden los espacios laborales y dan lugar a una diversidad de formas colectivas para sostener la vida (Señorans, 2020).

Para comprender estos fenómenos más allá de la mera supervivencia se propone recuperar una definición amplia de cuidados, vinculándolos a todas aquellas actividades que buscan “entretejer una compleja red del sostenimiento de la vida” (Fisher y Tronto, 1990, citado en Aguirre et al., 2014) y contribuir al bienestar de las personas. Así, desde una perspectiva relacional, los cuidados se conectan con la sostenibilidad de la vida (Carrasco y Díaz Corral, 2017), a la vez que las organizaciones sociales se vinculan con estas actividades de reproducción social y producción de bienestar. La perspectiva de la sostenibilidad de la vida habilita a pensar la interacción entre el cuidado de las personas y el cuidado del entorno y de la comunidad, entre el cuidado de niños y niñas y el de las familias, entre el cuidado de las infancias y el de los trabajadores y trabajadoras de manera interdependiente.

Los cuidados son una necesidad multidimensional ya que trascienden la búsqueda de la mera reproducción para constituirse como un pilar fundamental hacia el sostenimiento de la vida en un sentido ampliado. Esta primera consideración implica reconocer la contribución social de estas prácticas al bienestar y al sistema económico. Los cuidados incluyen de este modo una dimensión material –un trabajo–, una dimensión económica –un costo–, y una psicológica –un vínculo afectivo-emotivo– (Aguirre et al., 2014). Asimismo, es posible desagregar los cuidados en tareas específicas que contienen estas dimensiones material-económica-afectiva mencionadas. Primero, aquellas que ponen las precondiciones materiales del cuidado, y que serían más fácilmente reconocibles con el término de trabajo doméstico (cocinar, limpiar). En segundo lugar, los cuidados directos que involucran interacción concreta con personas, la atención específica a los cuerpos y las emociones. Y, finalmente, las tareas de gestión mental, que implican el control, la evaluación o supervisión del proceso de provisión de cuidados y su planificación (Pérez Orozco, 2014). Visibilizar el rol de los movimientos y las organizaciones sociales en esta compleja articulación de tareas se vuelve central para comprender el modo en que los sectores populares y de la economía popular buscan resolver estas necesidades de cuidados.

Desde el enfoque analítico propuesto, nos interesa también recuperar ciertos postulados de la economía feminista y la economía del cuidado (Pérez Orozco, 2006, 2014; Carrasco, 2013) y de los estudios etnográficos (Fernández Álvarez, 2016; Pacífico, 2017; Señorans, 2020; Magliano, 2013), que proponen suprimir las dicotomías con que se construyen ciertas categorías tales como productivo/reproductivo, trabajo/cuidados, público/privado, formal/informal. La propuesta analítica, entonces, plantea la importancia de poner en suspenso algunas dicotomías propias de las formas de pensamiento dominantes (“público/privado”; “trabajo/necesidad”) para el estudio de las experiencias y de los sentidos que adquieren los cuidados comunitarios impulsados por y desde las organizaciones sociales.

3.2. El análisis relacional: el ámbito comunitario como un actor social proveedor de bienestar

El concepto de organización social del cuidado (Rodríguez Enríquez y Pautassi, 2014) alude al modo en que los cuidados se producen y distribuyen socialmente entre diferentes actores y espacios sociales: familias, Estado, mercado y organizaciones comunitarias. Cabe destacar que el espacio comunitario ha sido estudiado en menor medida –y más recientemente– en relación con otros actores que integran la organización de los cuidados. Sin embargo, ha sido una esfera con un protagonismo creciente en el sostenimiento de la vida y un actor fundamental para habilitar procesos de colectivización de la reproducción social en los territorios y en relación con el trabajo en la economía popular, tal como lo ha demostrado la literatura del tema.

A un nivel social, el concepto de organización social del cuidado nos permite analizar conexiones entre espacios de cuidado desde un enfoque relacional que incluye a los diversos actores que accionan en las formas de provisión de cuidados, pero también desde una perspectiva de las relaciones de poder y las tensiones que se generan. Por medio de este concepto, la vida cotidiana se transforma en escenario y espacio social de relevancia para analizar los modos y las tensiones en que estos cuidados se proveen, gestionan y distribuyen. Adicionalmente, los cuatro actores mencionados guardan vinculaciones específicas con respecto a la provisión de los cuidados que varían según el momento histórico, la disponibilidad de recursos, el modelo de desarrollo imperante, el modelo de bienestar priorizado, y los sectores socioeconómicos a los que van dirigidos dichos cuidados, entre otras variables, lo que construye en cada momento una estructura relacional diferente.

Otra premisa central en el análisis es efectuar un estudio situado y contextualizado en el cual las organizaciones territoriales de cuidado se desenvuelven. Por caso, para los sectores de la economía popular existe habitualmente una imposibilidad de comprar servicios de cuidados por medio del mercado, dados su situación de desventaja en la jerarquía social (Roig, 2017) y sus bajos ingresos (Chena, 2017), entre otras dimensiones de desigualdad (Cappa y Bertelotti, 2021). Esta vinculación entre el acceso a los cuidados y la posición socioeconómica de diferentes grupos sociales implica, en la práctica, que los grupos de menores ingresos y en situación de vulneración social encuentran mayores obstáculos para organizar su vida cotidiana garantizando los cuidados necesarios por fuera de las familias como ámbito principal de dicha provisión, toda vez que la oferta estatal de cuidados se presenta como deficiente en relación con la demanda existente. Es preciso tener siempre presente, entonces, que la organización social del cuidado existente genera en mayor medida una reproducción de las desigualdades y una profundización de estas, tanto en términos de ingresos como desde una perspectiva de género (las mujeres son las principales cuidadoras del ámbito familiar)[10].

A un nivel microsociológico, nos interesa también recuperar la categoría analítica de estrategias de cuidados. El concepto de “estrategia” ha sido ampliamente utilizado como un recurso heurístico privilegiado por las ciencias sociales. Si es acompañado con algunas prevenciones epistemológicas, es adecuado para investigar las prácticas sociales de los/as protagonistas en su vida cotidiana, en especial en lo que respecta a la “articulación” de responsabilidades familiares y laborales, en la medida que articula la agencia –en el sentido de acción de los agentes– sin perder de vista factores estructurales (Tobío, 2002) vinculados a sus condiciones de existencia. Más específicamente, se denominan como estrategias de cuidados los arreglos resultado de factores estructurales, culturales, y de agencia individual-familiar (Batthyány et al., 2017) mediante los cuales las familias combinan recursos de tiempo, espacio, dinero y distribuyen –o no– las responsabilidades de cuidados entre sus propios miembros y los diferentes actores (Estado, mercado y organizaciones comunitarias). Como ya anticipamos, son las mujeres quienes articulan y se responsabilizan de llevar estas estrategias adelante (entre el espacio comunitario, laboral y familiar). El modo en que combinan estos recursos configura estrategias de cuidados específicas que permiten –o no– su acceso al mercado laboral. Creemos que tal concepto –generalmente utilizado a nivel individual o familiar– puede extrapolarse a un nivel más amplio de agregación social y observar las estrategias de cuidados impulsadas desde y por la economía popular.

3.3. Porosidad y capilaridad de las relaciones con el/los Estado/s

Además, nuestro argumento analítico se sustenta en la concepción teórica de que las organizaciones territoriales ocupan un lugar central en la capilaridad social del Estado. Este planteo nos habilita a observar los procesos interpretativos del Estado y a no perder de vista el nivel de la interacción y de los efectos concretos de sus políticas en el terreno con los actores no estatales (Zibecchi et al., 2022). En continuidad con esta propuesta, Morgan y Orloff (2017) proponen la metáfora de las “muchas manos” del Estado para dar cuenta de la complejidad y la multiplicidad de actores e instituciones dentro de él, la relevancia de mirar a los actores no estatales, la existencia permanente de disputas sobre el significado, el propósito y los recursos del Estado, y su fuerza de estratificación social. Estas propuestas complejizan la mirada de la acción estatal alejándonos de ciertos enfoques más tradicionales que suelen mirar por un lado al Estado, y por otro a la sociedad civil. En la provisión de cuidados comunitarios estos límites se borran permanentemente y resulta posible observar la complejidad de los entramados que se tejen entre los espacios de cuidados y una multiplicidad de actores estatales y dispositivos de intervención estatal (instituciones, programas, políticas).

Para mirar esta interacción entre Estado y organizaciones en relación con los cuidados, la reproducción social y el sostenimiento de la vida, proponemos retomar también los aportes de Das y Poole (2008) para pensar en “los márgenes” como espacios de creatividad donde se instituyen formas de acción económica y política alternativas. En este punto destacamos los aportes de Shore (2010) al reflexionar sobre que las políticas públicas habilitan nuevas subjetividades y construyen nuevos sujetos políticos. Además, recuperamos los argumentos de Gupta (1995) que concibe que la construcción del Estado y el modo en que llega a ser imaginado es producto de relaciones y procesos contradictorios que no se reducen a una dicotomía colaboración/resistencia y que no pueden subsumirse a posiciones estrictamente “dentro” o “fuera” del Estado.

Esta propuesta nos habilita, entonces, a dejar en suspenso la dicotomía “sociedad civil-Estado” para pensar que tanto la acción colectiva de las organizaciones como el Estado no pueden plantearse como bloques separados, sino que se van constituyendo mutuamente y de manera dialógica. De este modo, las formas de intervención estatal –por medio de programas, políticas– son de alguna manera respuesta a las demandas del movimiento, pero, al mismo tiempo, van modelando la vida cotidiana y la organización colectiva (Manzano, 2004), su sociabilidad y politicidad. Es decir, que nos abre un intersticio, una “puerta de entrada” para observar la acción colectiva, las estrategias de cuidado y los procesos de politicidad emergentes o latentes.

4. Estrategias de cuidados y politicidad en la economía popular

En este apartado proponemos un abordaje empírico a partir de las categorías propuestas, con énfasis en tres dimensiones que, en la práctica, se dan de forma conjunta: a) las estrategias de cuidados desplegadas por la economía popular organizada; b) las estrategias políticas articuladas en relación con los cuidados (vinculación con el Estado; estructuración orgánica[11] de estas actividades de cuidados; roles estatales de quienes integran estas organizaciones, vinculados a las políticas públicas en este campo; discursos sobre los cuidados y reivindicación del derecho a los cuidados); c) el proyecto político (la construcción de una renovada agenda de demandas sobre los cuidados en la economía popular y su articulación con la agenda más amplia de dichas organizaciones).

4.1. La economía popular como categoría económica y política

Siguiendo la definición propuesta por el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP, 2021), dos aspectos centrales definen las actividades que se desarrollan en el marco de la economía popular: i) inexistencia de relación laboral asalariada; ii) actividad trabajo-intensiva con bajo nivel de productividad. Se trata de trabajadores sin patrón, excluidos del mercado de trabajo tanto formal como informal, que realizan actividades intensivas en mano de obra en condiciones precarias y excluidos de una cobertura plena por parte del sistema de seguridad social, es decir, sin derechos laborales. Estos trabajos fueron, en sus orígenes, una reacción defensiva y una estrategia de supervivencia frente a la exclusión impuesta por contextos de avance del neoliberalismo y de crisis (ilustrada en el conocido caso de los cartoneros[12]). Sin embargo, esta situación se ha vuelto persistente en el tiempo, y el sector de la economía popular se constituyó en un rasgo estructural del mercado de trabajo argentino[13].

En complemento o como contrapartida de esta definición económica en tanto categoría ocupacional perteneciente al mundo del trabajo, una novedad del fenómeno de la economía popular es la conformación de organizaciones sociales con características gremiales que luchan por que estos trabajos precarios se transformen en trabajos con derechos. Los trabajadores de la economía popular se han organizado bajo formas novedosas que combinan características de los movimientos sociales, por una parte, y de las organizaciones sindicales y gremiales, por el otro, tal como es el caso de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP). Fernández Álvarez (2018) refiere en este sentido a una “conceptualización de economía popular como categoría política reivindicativa” (p. 31).

Si bien el análisis del surgimiento y las características de estas organizaciones no es el objeto del capítulo, estas conceptualizaciones –que coinciden en mayor medida con las definiciones que realizan los propios protagonistas (Grabois y Pérsico, 2014)– resultan relevantes para comprender el actor que proponemos para el análisis. La economía popular se ha presentado mayormente dispersa en actividades de carácter individual-familiar. Si bien esta tendencia se mantiene, los procesos organizativos demostraron ser centrales para la conquista de derechos, la formalización del trabajo y la mejora de las condiciones de vida de esta población. En la cuestión de los cuidados, esta organización colectiva es fundamental.

4.2. Estrategias de cuidados en la economía popular

Las características del trabajo en la economía popular (precario, sin derechos laborales básicos como licencias, desarticulado de las prestaciones del sistema de seguridad social, muchas veces con jornadas extensas o en horarios no habituales) y la posición socioeconómica de quienes componen ese universo (reducidos ingresos, con mayor incidencia de la pobreza, imposibilidad de pagar por cuidados privados en el mercado, situaciones de déficit habitacional y de acceso a bienes e infraestructuras sociales básicas) genera necesidades de cuidados específicas. Esto explica en parte el hecho de que la economía popular sea una economía mayormente feminizada en la que las mujeres adquieren protagonismo en aquellas actividades vinculadas a los cuidados, no solo en el trabajo doméstico sino también en la multiplicidad de espacios sociocomunitarios existentes en los territorios: merenderos, comedores, ollas populares, centros de cuidado infantil, entre otros. Según los datos del último informe del Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular[14] (ReNaTEP, 2022), el 58% de las personas inscriptas en dicho registro son mujeres. A la vez, en el sector de servicios sociocomunitarios[15] se inserta el 27,7% de las personas registradas, ubicándose como la segunda rama de actividad según cantidad de trabajadores/as.

Estos datos ejemplifican el hecho de que la economía popular no se reduce a la esfera económica y del trabajo de producción de mercancías, ni a estrategias de subsistencia y reproducción biológica sino que, como señala Señorans (2020), sus prácticas trascienden esos espacios laborales y construyen una diversidad de formas colectivas de sostenimiento de la vida, donde los trabajos sociocomunitarios y de cuidados son centrales. El estudio de la economía popular desde una perspectiva que integre el trabajo de producción de mercancías con la cuestión de los cuidados y cómo estos se resuelven se torna relevante toda vez que estas estrategias de cuidados desplegadas desde las organizaciones son en mayor medida condición de posibilidad para la formalización del trabajo en el sector (Campana, 2021, 2022).

El enfoque relacional que hemos propuesto, visibilizando las desigualdades existentes en el acceso a servicios e infraestructuras de cuidados, y con foco en los actores que intervienen en la provisión de estos, nos lleva a visualizar que las estrategias de cuidados que despliegan las organizaciones de la economía popular se sitúan en una organización social del cuidado específica que genera nuevas dimensiones de exclusión. En primer lugar, se trata de una población que no posee habitualmente los ingresos suficientes para pagar por cuidados privados en el mercado. Esto se combina con un déficit en la oferta pública estatal de cuidados, fundamentalmente en la primera infancia, pero también en las propuestas educativas de doble jornada y para el contraturno de la jornada escolar para las infancias y adolescencias en edad de escolarización obligatoria. Por lo tanto, en mayor medida, esta población desarrolla estrategias de cuidados de tipo familiarista que recaen principalmente sobre las mujeres, articuladas con diversas acciones complementarias frente a la ausencia de estrategias principales que brinden una respuesta integral a las necesidades de cuidados existentes.

La familiarización de los cuidados en estos sectores socioeconómicamente relegados se constituye como un nudo crítico que profundiza las desigualdades existentes. Por ejemplo, cuando las mujeres no logran insertarse en actividades laborales –en tanto deben garantizar las responsabilidades de cuidados en los hogares–, reduce la posibilidad de obtención de ingresos de las familias; o cuando los niños y niñas asisten a los espacios de trabajo de los adultos, o bien permanecen solos en las casas de modo que los adultos puedan realizar actividades laborales, impactando en sus derechos en situaciones de pobreza infantil, entre otros tantos casos que podrían mencionarse. Por otra parte, las necesidades de cuidados en la economía popular varían según la rama de actividad en la que se inserten las familias. Por ejemplo, en la rama cartonera se trabaja generalmente por la tarde y la noche, en horarios en los que no hay oferta estatal de cuidados para las infancias; en la rama textil se trabaja en jornadas muy extensas, incluyendo feriados y fines de semana; entre otros casos posibles. En síntesis, existen necesidades específicas vinculadas con las formas de trabajo en la economía popular, que requieren respuestas también específicas.

Esta configuración de la organización social del cuidado y su impacto diferencial en las mujeres y familias en contextos de pobreza genera estrategias colectivas por parte de los trabajadores y trabajadoras, y de las organizaciones sociales en las que se nuclean. Una respuesta colectiva a estas necesidades de cuidados es la génesis de un creciente número de espacios de cuidados comunitarios gestionados por estas organizaciones. Estos espacios se conforman intentando dar respuesta a las problemáticas del sector: proponiendo una oferta en horarios en los que no hay oferta escolar, adaptando su funcionamiento a las características de otras ramas de producción, situándose en las cercanías de los polos productivos y de los puntos de encuentro de las cooperativas, o en las zonas en las que residen mayormente los trabajadores, ofreciendo propuestas de cuidados para el contraturno del horario escolar como complemento de la educación formal, entre otras cuestiones. Cabe recordar que si la economía popular se encuentra mayormente dispersa en actividades de carácter individual/familiar (el 60,4% de las personas registradas en el ReNaTEP indican trabajar de este modo), en el caso del trabajo sociocomunitario esta relación se invierte, primando el carácter colectivo de ese trabajo (según el ReNaTEP, el 76,2% de los/as trabajadores/as de servicios sociocomunitarios declara trabajar de manera colectiva frente a apenas un 23,8% que lo hace de manera individual). Esto muestra el carácter colectivo de los cuidados, como hemos destacado en el marco analítico propuesto.

La génesis y el desarrollo de estrategias de cuidados comunitarias en la economía popular tiene diversos impactos. Como señalamos en un trabajo previo (Campana y Rossi Lashayas, 2022), estos espacios permiten: i) que los trabajadores y trabajadoras de la economía popular puedan salir a trabajar y generar un ingreso al tener garantizada la atención de demandas de cuidados, principalmente en el caso de las mujeres que son las que mayormente se quedan en los hogares a cargo de las responsabilidades de cuidados sin remuneración; ii) aumentar los ingresos de las familias, en tanto todos los miembros adultos pueden desplazarse a la actividad laboral; iii) disminuir situaciones de trabajo infantil; iv) garantizar a los niños, niñas y adolescentes lugares dignos para el desarrollo pleno de la niñez; v) generar nuevos trabajos para las familias de la economía popular, mayormente para las mujeres, que se insertan como trabajadoras en estos espacios de cuidados (en diferentes tareas: educadoras populares, limpieza, cocina, entre otras).

Algunos de estos espacios de cuidados se enmarcan en políticas públicas como los Espacios de Primera Infancia (EPI, política del Ministerio de Desarrollo Social de Nación); otros no lo hacen, aunque se vinculan con múltiples políticas para su sostenimiento cotidiano. Existen espacios con una inscripción barrial o territorial, y otros vinculados a ciertas ramas de trabajo (espacios de cuidados específicos para hijos e hijas de familias cartoneras, por ejemplo, con horarios adaptados a ese trabajo). Sin embargo, más allá de las variantes, lo que se visualiza es una creciente estructuración como estrategias colectivas y orgánicas[16]. Con esto nos referimos a que la génesis en el marco de una organización social de la economía popular les otorga a los espacios características específicas vinculadas con el trabajo en el sector, con sus luchas y sus reivindicaciones, y también, como veremos, con sus formas organizativas. Las caracterizamos como “colectivas”, porque estas estrategias surgen de un proceso de organización de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular en la búsqueda de garantizar sus derechos y los de los niños y niñas. Por medio de prácticas colectivas y comunitarias generan desplazamientos desde estrategias familiaristas-complementarias e insuficientes para mejorar las condiciones de precariedad del sector y avanzar en procesos de formalización del trabajo, hacia estrategias colectivas que permiten compatibilizar el trabajo y los cuidados en la vida cotidiana. Con “orgánicas” buscamos destacar que la inscripción de estos espacios de cuidados en organizaciones sociales de la economía popular no se presenta como una mera formalidad sino como un rasgo relevante de estas experiencias. La importancia de esta pertenencia orgánica se advierte, por ejemplo, en los diagnósticos que se formulan, en que las necesidades de cuidados aparecen en relación directa con las formas específicas de trabajo y de vida en el sector de la economía popular. También se observa en las características y en los modos de funcionamiento de los espacios de cuidados, tanto en términos de la operatoria cotidiana como de la construcción de una identidad atravesada por los procesos de organización y de luchas llevados adelante por los trabajadores/as y las cooperativas. Otros ejemplos de la centralidad que adquiere esta pertenencia orgánica la encontramos en el relevante rol que asume “la organización” en la disputa con el Estado por los recursos para el funcionamiento de estos espacios de cuidados, así como también en la participación de “la militancia” para el sostenimiento de estas estrategias.

4.3. Estrategias políticas en relación con los cuidados

En las estrategias políticas articuladas en relación con los cuidados se destaca, en primer lugar, la centralidad que adquiere la vinculación con el Estado para el sostenimiento cotidiano de estas experiencias. La génesis y el desarrollo de estrategias colectivas y orgánicas de trabajo y de cuidados en la economía popular se articula de modos diversos con el Estado (en sus diferentes niveles, instituciones, dispositivos, actores y programas). Desde estos espacios de cuidados surgen motivaciones específicas para estas articulaciones. En primer lugar, en función de la necesidad de obtener recursos para el funcionamiento de estas estrategias, tales como equipamiento, infraestructura, materiales lúdicos y pedagógicos, alimentos, recursos para remunerar a quienes allí trabajan, entre otros. Una característica de estos espacios de cuidados es que no se financian por medio de una fuente única, sino que realizan de forma permanente una búsqueda activa de políticas, programas, convenios, convocatorias específicas para proyectos. De este modo, desde las organizaciones se articula un conjunto de políticas mayormente dispersas (y muchas veces superpuestas) para lograr este sostenimiento: convenios con los gobiernos locales; políticas y programas para la apertura de nuevos espacios o el fortalecimiento de los existentes (a veces en modalidad de transferencia monetaria por proyecto para un período determinado –como en el caso de los Espacios de Primera Infancia o EPI–; o en forma de becas por niño/a –un ejemplo son las Unidades de Desarrollo Infantil o UDI–; entre otros); la presentación de proyectos específicos en convocatorias del Estado en sus diferentes niveles; la negociación permanente de convenios para la provisión de alimentos para estos espacios de cuidados. “Para sostener un solo espacio tenés que tocar muchísimas puertas para buscar recursos”, afirmaba en una entrevista una referente de las construcciones de niñez y sociocomunitarias de una organización social que integra la UTEP. Por su parte, una compañera referenta de los trabajos sociocomunitarios y de cuidados destacaba:

No hay nada que se financie únicamente con un programa, todos tienen como un poquito de cada lado. Y lo que cuesta más es obviamente el sueldo, que no es digno, para ninguna compañera que realiza la tarea a comparación de todo lo que hace. Y después todo lo que es el material didáctico es carísimo y no se puede comprar.

En el marco de las relaciones con programas, podemos mencionar el cobro por parte de algunas trabajadoras de los espacios de cuidados del Salario Social Complementario (Programa Potenciar Trabajo[17]). En relación con este punto, cabe destacar que una particularidad del trabajo de cuidados y sociocomunitario en la economía popular es que –a diferencia de otras ramas, como la textil, la cartonera, etc.–, no se generan mercancías o servicios para vender (se producen cuidados, bienestar y acceso a derechos). En consecuencia, quienes allí trabajan (fundamentalmente mujeres) no cuentan, frecuentemente, con otro ingreso más que el Salario Social Complementario (SSC) por el trabajo que realizan. De allí la centralidad de esta transferencia de ingresos para las cuidadoras y educadoras de la economía popular.

Asimismo, las organizaciones establecen desde estos espacios de cuidados vínculos con la institucionalidad estatal como “puente” para el acceso a derechos y para la resolución de problemáticas sociales emergentes en las familias. Siguiendo la perspectiva ampliada y de la sostenibilidad de la vida que hemos propuesto como marco analítico, se destaca que el rol de las organizaciones sociales en las actividades de reproducción social alcanza a los niños y niñas, pero también a las familias y a la comunidad de la economía popular. Más allá de la alimentación –que se brinda por medio de las distintas comidas que se ofrecen–, de los cuidados directos y de las propuestas socioeducativas, lúdicas y de recreación, estos espacios de cuidados se enfrentan a una amplia diversidad de problemáticas, tales como violencia de género, violencia intrafamiliar, desnutrición, problemas de aprendizaje, situaciones de abuso, consumos problemáticos. A su vez, se acompaña a las familias en la realización de trámites para la solicitud de programas, subsidios y becas, se brinda asesoría legal, se ayuda en la gestión de turnos, entre otras tantas tareas que dan cuenta de cuidados integrales y ampliados como característica del sector. Mediante esta labor, las organizaciones sociales y los espacios de cuidados se vinculan con instituciones y programas estatales: centros de salud barriales para la atención de la salud y la solicitud de turnos médicos; la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES) con el propósito de ayudar a las familias en trámites vinculados con diferentes programas (la Asignación Universal por Hijo o pensiones por discapacidad); el Ministerio de Desarrollo Social, para acompañarlos en trámites de programas como el Potenciar Trabajo o subsidios habitacionales; el Ministerio de Educación, con el objeto de solicitar becas y vacantes; entre otras. De este modo, se tejen articulaciones de manera cotidiana que colocan a las organizaciones y a estos espacios de cuidados como “puente” para el acceso a derechos.

Más allá de ser un espacio de cuidados también atiende otras urgencias que tienen que ver con la comunidad de los trabajadores y trabajadoras y con la comunidad de todas las familias. (Entrevista a una integrante del equipo de coordinación de un centro infantil de una organización perteneciente a la UTEP)

   

Yo no sé si exceda a la tarea de cuidado. Creo que en nuestro caso la incluye, que es parte de nuestra tarea del cuidado. No quiero que suene muy paternalista, pero en cierto sentido, como extender nuestras tareas de cuidado hacia la comunidad o hacia las familias, en el sentido de que esto, muchas veces somos puentes con las escuelas, puentes con el CESAC, puente con ANSES. Tenemos un equipo técnico que tiene una psicóloga, una psicopedagoga, y una trabajadora social, y desde ese espacio hemos tramitado subsidios habitacionales, DNI, AUH, como que son todas cuestiones que quizás no responden a la idea clásica de cuidar, pero que para nosotras siempre fueron parte de nuestra tarea más cotidiana. (Entrevista a la coordinadora de un centro infantil de una organización perteneciente a la UTEP)

Además de las múltiples articulaciones con actores estatales y programas, otro elemento por destacar en relación con las estrategias políticas es la integración reciente de las actividades de cuidados como un sector específico en las estructuras de las organizaciones. Esta estructuración orgánica se da en diversas modalidades. Por ejemplo, el Movimiento de Trabajadorxs Excluidxs articuló una “rama sociocomunitaria” al interior de su orgánica, con una instancia de coordinación específica para los diferentes Centros Infantiles de Recreación y Aprendizaje (CIRA), como denominan a sus espacios de cuidados. El Movimiento Evita, por otra parte, optó por articular una Red de Infancias Libres, donde se nuclean los espacios de cuidados de la organización distribuidos por todo el país. Esta incorporación de los cuidados en las orgánicas muestra una jerarquización de dichos trabajos al interior de las organizaciones, de las compañeras que los coordinan y que los impulsan, y de las propias trabajadoras que los llevan adelante.

La noción del cuidado como un trabajo se extiende en las organizaciones de la economía popular y habilita nuevos debates, por ejemplo, sobre las condiciones en las que se realiza dicho trabajo, la necesidad de que este sea remunerado y con derechos, y también sobre el modo en que estas tareas se priorizan en las propias organizaciones:

Que el cuidado es trabajo sí es algo que la organización me parece que labura, mismo estos espacios [de cuidados infantiles] necesariamente tienen que trabajarlo, porque las compañeras que son educadoras populares y que son cuidadoras de niños y niñas son pensadas como trabajadoras, reciben una remuneración, tienen horarios de trabajo, digamos es una tarea como estar en un Polo [cooperativa textil] y ser costurera. Eso me parece que es algo que la organización construyó y que estos espacios digamos refuerzan y contribuyen a esa idea de que se piense que el cuidado es trabajo (…) hay una fuerte… una tarea y una dedicación y un compromiso sobre todo de las áreas de mujeres del movimiento y de las compañeras mujeres, de que eso sea reconocido como un trabajo. (Entrevista a la coordinadora de un centro infantil de una organización perteneciente a la UTEP)

   

(…) hace un tiempo la prioridad es que las compañeras que están en cuidados tengan doble salario [hace referencia al Salario Social Complementario y, en particular, al complemento recibido por medio del programa “Nexo”]. Hace un tiempo que la prioridad son las trabajadoras de cuidados, todas las trabajadoras del cuidado tienen que tener doble salario. Se pudo hacer un gran avance en un montón de espacios con eso. Pero bueno, nunca es suficiente. Como las tareas de cuidados siempre son relegadas al corazón, al amor… ¡Somos trabajadoras! (Entrevista a la coordinadora de un centro infantil y referente de la mesa de niñez de una organización perteneciente a la UTEP)
   
Son trabajos que tienen que ver con la reproducción de la vida y que en momentos extremos es lo más importante. A veces uno se pierde en los ritmos y el sistema en el que estamos, pero son tareas fundamentales. Si no existen estas tareas de reproducción de la vida, dar de comer, cuidar, no existe nada. (Entrevista a referente de las construcciones de niñez y sociocomunitarias de una organización perteneciente a la UTEP)

Como señalan Paura et al. (2022), se destaca la importancia adquirida por la economía popular como área de intervención de la acción estatal, reflejado en la composición de los organigramas, el presupuesto y el propio diseño de los programas.[18] Esta creciente institucionalización de la economía popular en las estructuras estatales es acompañada con una creciente participación de estos actores en los organigramas. Por ejemplo, la creación de una Dirección de Cuidados Integrales en el Ministerio de Desarrollo Social y la participación de referentes e integrantes de las organizaciones sociales desde roles estatales vinculados al diseño y la implementación de políticas públicas para el sector. Desde estas nuevas áreas estatales se implementó un conjunto de políticas que articulan las dimensiones del trabajo y los cuidados, tales como el Potenciar Trabajo (y una línea específica de este para las trabajadoras sociocomunitarias[19]); el pago de un adicional a las trabajadoras sociocomunitarias en el difícil contexto de pandemia; iniciativas de capacitación y certificación de saberes vinculados al cuidado; el Registro Nacional de Trabajadores/as de la Economía Popular (ReNaTEP), que permitió la construcción de información pública sobre el trabajo sociocomunitario y de cuidados en la economía popular.

El análisis expuesto no agota las complejas relaciones que se establecen con el Estado a partir de estas estrategias colectivas de cuidados. Sin embargo, da cuenta del modo en que estas construcciones no se encuentran estrictamente “por fuera” o “por dentro” del Estado, sino que las fronteras se manifiestan en su porosidad, tienden a borrarse, o bien a correrse, a transformarse, por medio de las acciones colectivas en la economía popular y de la capilaridad existente en las relaciones con el Estado y con las políticas y programas.

4.4. Los cuidados en el proyecto político y la agenda de demandas

Por último, interesa destacar la dimensión del “proyecto político” en torno a los cuidados, es decir, la construcción de una renovada agenda de demandas vinculada a ellos y su articulación con la agenda más amplia de las organizaciones. La multiplicación de las experiencias de espacios de cuidados, la estructuración orgánica de dichas actividades y su visibilización y jerarquización al interior de las organizaciones han tenido como correlato la reciente construcción de una agenda de demandas específica sobre los cuidados. Un primer análisis de este proceso nos permite identificar demandas relativas a: a) los espacios de cuidados y los recursos y condiciones materiales con los que allí se cuida; b) el cuidado como un trabajo y, en este sentido, las condiciones laborales en que se cuida; c) las necesidades de cuidados en relación con el trabajo en la economía popular, las características de ese trabajo y su vínculo (o alejamiento) con el sistema de protección social; d) un Estado que garantice la cobertura integral de cuidados (ampliando la oferta pública y fortaleciendo los espacios comunitarios).

En relación con las demandas específicas relativas a los espacios de cuidados y a los recursos y condiciones materiales con los que allí se cuida, la coordinadora de un espacio de cuidados destaca que

hoy en la actualidad no hay ninguna política pública que abarque las infancias de la economía popular, creo que de ninguna infancia, pero sobre todo de la economía popular no hay ni un convenio que abarque infraestructura, que tenga insumos… porque cuidar a pibes no es solo “lo tiro ahí, le doy de comer y un par de juguetes”, tiene que tener un lugar adecuado […] No hay una política que incluya la infraestructura, el insumo, el material, y sobre todo sueldos dignos, porque sino las compañeras… siempre las tareas de cuidados son muy relegadas […] Los programas que hay más allá de la beca te dan financiamiento solo al principio y para empezar, y es re poca plata […] Y sobre todo que todo los lugares tienen el problema de no tener espacio físico propio, o son alquilados, o son prestados o son conveniados.

En los relatos se destaca la demanda de propuestas de cuidados que contemplen las características particulares del trabajo en la economía popular (horarios nocturnos de trabajo, jornadas extensas, entre otras):

La necesidad de pensar en espacios de cuidados para el sector amerita que se piense de forma integral, que se puedan reforzar las edades de niños de 45 días hasta los 17 o 18 años, porque cuando las familias salen a trabajar necesitan resolver el cuidado de todos, no solamente de los niños más chiquitos, y muchas veces eso implica que no sean horarios de colegio o escuelas, ya sea porque el trabajo que desarrollan las familias tiene un horario particular como el turno noche en cartoneros, o ya sea porque la producción textil lleva por lo menos 8 horas y en muchos casos no existen escuelas de jornada completa entonces los niños necesitan ir al contraturno del colegio… pensar un poco de manera más integral las edades.

La cuestión de pensar los cuidados “de forma integral” se expresa también en el cuestionamiento a la existencia de una multiplicidad de políticas dispersas que, desde las organizaciones, intentan articular de forma creativa para el sostenimiento de los espacios:

Lo que todos pensamos que hay que hacer es agrupar lo existente para que haya una única ventanilla, una única fuente de financiamiento y no cositas chiquitas por separado.

Se necesita un programa que sea integral y que pueda realmente tener un presupuesto digno para las trabajadoras de los espacios que siguen quedando muy atrás. Que haya programas integrales nacionales que puedan dar respuesta a salarios dignos, a equipamientos, a insumos, y que se vaya visibilizando cada vez más este tipo de experiencias.

Respecto de las demandas vinculadas con el cuidado como un trabajo y con las condiciones laborales en que se cuida, la mayor preocupación es la necesidad de reconocimiento salarial de estas tareas:

Algo que siempre se reclama desde las trabajadoras de los centros infantiles es que pueda existir un reconocimiento específico para las trabajadoras del cuidado por esta diferencia que existe con otros actores de la economía popular que es, bueno, nosotros promovemos el Salario Social Complementario, entonces, por ejemplo, un cartonero puede vender su material, aun así no llega, y necesita un complemento. En el caso del trabajo de cuidados, de servicios, no hay nada que complementar. El salario social debería ser un salario integral y debería haber un piso de ingreso económico por todo ese trabajo que es muy importante, muy valioso, muy productivo en términos sociales, pero que no se mide en plata y debería haber algún plus de reconocimiento por ese trabajo de cuidados que permita llegar a un ingreso digno.

Este reclamo de reconocimiento salarial de las trabajadoras sociocomunitarias y del cuidado aparece vinculado a los desafíos de aquellas compañeras que se insertan en espacios institucionales de gestión estatal de políticas públicas para el sector:

De hecho la Dirección (de cuidados del MDSN) tiene el desafío de no solo hacer reconocimiento simbólico, que es algo que pasa mucho en las instituciones que trabajan con esta temática, que se hacen formaciones, conversatorios para discutir la importancia de las tareas de cuidados, y se hace un reconocimiento simbólico que está buenísimo, pero falta la parte del reconocimiento económico, poder realmente pensar en reconocer el sueldo de las compañeras, invertir plata en sus condiciones de trabajo, esa es para mí la mayor dificultad.

El pedido de reconocimiento y remuneración se refleja en múltiples propuestas de las organizaciones. En algunos casos, la demanda de un “Salario Básico Universal” es apropiada por estas trabajadoras desde una perspectiva de los cuidados, como una política que podría garantizarles un piso de ingresos, dada la especificidad de la actividad que realizan. Un hito ha sido que, en el marco del Paro Internacional Feminista del 8 de marzo del 2022, desde la rama sociocomunitaria del Movimiento de Trabajadorxs Excluidxs se sostuvo como consigna la demanda de un “Salario Básico Universal para garantizar una remuneración al trabajo doméstico y de cuidados para todas, no solo para las que estamos organizadas”. Por su parte, desde la organización Barrios de Pie se desarrolló durante el año 2023 una campaña titulada “Cuidar es Trabajo”. Por medio de ella se ha visibilizado el cuidado comunitario como un trabajo, a partir de la elaboración del informe “Estado de situación de los espacios comunitarios y el trabajo de cuidado en los Barrios Populares del AMBA” realizado por la Universidad Popular de Barrios de Pie. Este informe acompaña un proyecto de ley presentado en el Congreso Nacional por una diputada que integra esa organización social y propone, entre otros puntos, la creación de un salario básico para trabajadoras/es del cuidado comunitario.

Como hemos analizado, desde la economía popular y sus organizaciones se crean y hacen políticas. Estas se vinculan con el Estado no solo en tanto cubren espacios que deja vacíos o vacantes, sino en la enorme potencialidad de estas para ser replicadas desde la política pública. Las estrategias comunitarias y colectivas se presentan desde la mirada de sus protagonistas como posibles soluciones o respuestas a sus necesidades, y en este sentido buscan ser reconocidas por el Estado. Para las organizaciones no son alternativas transitorias, por lo tanto el objetivo no es reemplazar estas estrategias por la acción del Estado, sino fortalecerlas y multiplicarlas. De este modo, se pone en juego el “proyecto político” vinculado a los cuidados en la economía popular.

Por último, la creciente politización de los cuidados en la economía popular puede analizarse a partir de su inclusión en la agenda más amplia de demandas del movimiento. En ese sentido, la “Ley General de Tierra, Techo y Trabajo”, nombre con el que las organizaciones sociales han denominado al pliego con las reivindicaciones más urgentes para el sector, incluye entre sus diez capítulos uno dedicado específicamente a los “espacios sociocomunitarios y educativos, tareas de cuidado y promotoras de género”, en el que se incluyen como demandas el reconocimiento de trabajadoras de cuidados y promotoras de género, la creación de espacios comunitarios para niños, niñas y adolescentes, y el reconocimiento a la educación cooperativa, comunitaria y de gestión social. Este pedido en relación con los cuidados forma parte de los diez ejes planteados en el marco de la Marcha de San Cayetano cada año desde el 2021, en declaraciones de la UTEP con motivo del Día del Trabajador y la Trabajadora el 1º de mayo, y se sintetiza en la propuesta de una “Ley Integral de Cuidados Comunitarios”. En relación con esta última, diputados y diputadas que integran diversas organizaciones sociales de la economía popular han acompañado como firmantes el Proyecto de Ley “Sistema Integral de Protección del Trabajo de Cuidado Comunitario” presentado en el Congreso Nacional.

Además, la cuestión de los cuidados aparece como una demanda específica vinculada a las ramas de producción de mercancías. Por ejemplo, en la siguiente declaración del 10 de agosto de 2021, la rama textil del MTE-UTEP incorpora la demanda de espacios de cuidados como parte de los reclamos vinculados con los derechos laborales en el sector textil, un proceso que comienza a visualizarse en otras actividades:

Marcha de San Cayetano por Tierra, Techo y Trabajo. El sábado 7 de agosto fuimos parte de la contundente y masiva movilización de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular por nuestra agenda de Tierra, Techo y Trabajo. Como Rama Textil del MTE llevamos nuestra consigna “La Casa para habitar el Polo para trabajar”, así como la demanda de espacios de cuidado para las infancias de las familias trabajadoras textiles, y también nos sumamos a los reclamos de vivienda digna y trabajo para todas y todos. Caminamos desde Liniers hasta Plaza de Mayo para gritar que necesitamos un salario básico universal, el fortalecimiento de la economía popular a través de créditos y trabajo con derechos. Que la economía se ponga al servicio del pueblo, empezando por los últimos, ¡que somos nosotras y nosotros!

En una publicación en redes titulada “El hambre y las niñeces no pueden esperar”, en noviembre del 2022, la UTEP reclama políticas públicas para el sostenimiento de los espacios de cuidados:

En reunión nacional del secretariado de la UTEP quedó manifiesto el estado de preocupación frente a la falta de respuestas del Estado ante la grave situación alimentaria y el desfinanciamiento en espacios de niñez en los barrios populares de todo el país. […] Nuestras organizaciones vienen luchando hace tiempo contra el hambre, el trabajo infantil y por espacios adecuados para los niños y las niñas mientras sus padres y sus madres trabajan en las diferentes ramas de la Economía Popular. Pero es urgente que el estado profundice con políticas públicas estas experiencias.

Cabe destacar que el Plan de Desarrollo Humano Integral que impulsaron organizaciones de la economía popular junto a organizaciones sindicales y otros actores desde el año 2020 comprende, entre otras cuestiones, un conjunto de propuestas de políticas públicas y programas estatales relativos a los cuidados y a los espacios sociocomunitarios.

5. Reflexiones finales

Como vimos, la perspectiva de los cuidados en diálogo con los estudios sobre politicidad popular permite reconocer conceptualizaciones y formas de abordaje para el análisis del accionar colectivo de los movimientos sociales que es preciso atender. El recorrido efectuado nos lleva a la afirmación de que la politicidad de los cuidados se presenta como un fenómeno complejo, contingente y emergente. A un nivel analítico, desde nuestro estudio pudimos identificar algunas dimensiones y características de este proceso como una “hoja de ruta” que debemos seguir explorando:

  • La mirada ampliada de los cuidados es fundamental para advertir que los espacios de cuidados colectivos y comunitarios no se vinculan únicamente con las infancias, con los niños y niñas que allí asisten, sino que cumplen un rol fundamental para las familias en contextos de importante precariedad y vulneración de derechos. Dejar en suspenso las dicotomías público/privado, trabajo/cuidados, remunerado/no remunerado, entre otras, permite registrar que los cuidados son una actividad central para el sostenimiento de la vida, a la vez que forman parte de proyectos colectivos más amplios vinculados con el mundo del trabajo, la economía y lo político. A la vez, esta propuesta analítica habilita a estudiar conjuntamente la producción y reproducción (o, mejor dicho, la producción de mercancías y los cuidados) como procesos fuertemente articulados en el marco de la economía popular y sus organizaciones, donde la sostenibilidad de la vida se torna, como hemos visto, inescindible de las formas de trabajo y de las condiciones –de desprotección– en que ese trabajo de realiza en el sector.
  • La ubicación a nivel social de las organizaciones comunitarias –por caso, de la economía popular– como parte de la organización social del cuidado y en un plano microsociológico las estrategias de cuidado colectivas que sus actores despliegan nos habilitaron reconocer vínculos entre cuidado y política en ambos niveles. Por un lado, visualizar la relación permanente del sector sociocomunitario con el/los Estado/s y las familias. Por otro lado, registrar estrategias de cuidado colectivas y relaciones que construyen con actores estatales y diversos mecanismos de intervención estatal. El saber práctico que las organizaciones y quienes allí trabajan construyen sobre los actores estatales, las políticas y programas, y la propia burocracia es central para la comunidad de la economía popular (acceder a turnos médicos, solicitar vacantes en las escuelas, tramitar un subsidio habitacional, darse de alta en un programa de transferencia de ingresos, denunciar casos de violencia de género, o de abuso infantil, entre otros múltiples ejemplos).
  • La reivindicación de los “derechos al cuidado” o del reconocimiento de que “cuidar es trabajar” politiza relaciones sociales consideradas privadas o naturales, poniendo en cuestión los límites instituidos entre lo privado y lo público, y entre lo natural y lo social. Como destacan Pecheny y Petracci (2006, p. 44): “La politización pasa entonces por mostrar que relaciones consideradas privadas están en realidad atravesadas por una dimensión política y que relaciones percibidas como naturales son en realidad construidas social e históricamente. Dicho de otra manera, la politización implica reconocer la contingencia de un conjunto de relaciones sociales que son ideológicamente construidas como necesarias – i.e., que no pueden ser de otra manera”. Al mismo tiempo, la conjugación de criterios individuales y colectivos para construir soluciones a las situaciones problemáticas que se les presenta en el marco de dichas relaciones, configuran así subjetividades colectivas y proyectos en común (D’Amico, 2009). Esta conjugación es particularmente importante en materia de resignificar experiencias de cuidado –siempre abiertas a procesos de politización–, en tanto las protagonistas tienen la posibilidad de inscribir la experiencia individual en un proyecto colectivo mayor y otorgar un nuevo sentido. De manera recursiva, se destaca también el protagonismo que adquieren estas formas colectivas y comunitarias de resolución de los cuidados para la consolidación de procesos organizativos en torno a la producción y para un accionar político más amplio, un proyecto político mayor.
  • Se trata de una politicidad anclada en la experiencia de cuidar que también genera una sociabilidad popular específica en torno al cuidado. Nuestro caso nos habilita iluminar algunas cuestiones vinculadas a ciertas regulaciones morales –la responsabilidad de cuidar[20] a las infancias– que ordenan las relaciones dentro de las organizaciones (por ejemplo, la responsabilidad de cuidar mientras los progenitores trabajan). Entonces, es precisamente en la trama cotidiana en donde se pueden rastrear relaciones de cuidados en las cuales se observa una sociabilidad específica vinculada a los cuidados donde circulan ayuda, bienes, servicios fuertemente marcados por valores propios de la organización.
  • Por medio de nuestro prisma analítico observamos los modos en que cierta semántica de los cuidados permea y atraviesan las prácticas y estructuras de las organizaciones, sus discursos y demandas como el “derecho de las infancias a ser cuidadas”, “el cuidado como trabajo”. Esta semántica de los cuidados acompaña prácticas, incluso va ganando grados de institucionalidad creciente: está dejando de tener un papel secundario o relegado para constituirse en una “rama” de actividad, en una “red”, con espacios de coordinación específicos, configurando agendas y demandas involucradas. La cuestión de los cuidados comienza a atravesar los discursos y la agenda reivindicativa más general del movimiento (es uno de los 10 ejes del programa “Ley General de Tierra, Techo y Trabajo” de la UTEP; aparecen presentes en los discursos de fechas centrales del movimiento como la Marcha de San Cayetano en la que confluyen estas organizaciones; sus referentes impulsan y acompañan proyectos de ley vinculados con los cuidados comunitarios; etcétera).

En relación con el último punto de nuestra “hoja de ruta”, cabe señalar algunos hallazgos. Abordar los modos en que se resuelven los cuidados en las organizaciones y cómo se imbrican con la política y los procesos de politicidad desde una perspectiva relacional resultó ser un punto de vista estratégico en dos aspectos. Por un lado, porque permite registrar que las formas de intervención estatal son, de alguna manera, respuesta a las demandas históricas de los movimientos y que, a su vez y de manera dialógica, van modelando la vida cotidiana en los barrios. A fines de los noventa o comienzos del siglo XXI, la contraprestación laboral de los programas de empleo de emergencia o de transferencias condicionada confluyeron en una transformación de los espacios barriales liderados por mujeres (guardarropa comunitario, copa de leche, guarderías y jardines comunitarios) donde los cuidados estuvieron siempre presentes, aunque menos visualizados (Zibecchi, 2013). Actualmente, en cambio, nos encontramos con una forma de intervención estatal distinta que ha dado un lugar específico a la economía popular como un principio orientador. Por tratarse de un fenómeno totalmente actual, queda abierta para futuras líneas de investigación la configuración específica de estos dispositivos estatales en los territorios y en la vida cotidiana.

Por otra parte, puede registrarse la creatividad de los actores de la economía popular que se manifiesta en las estrategias de cuidados colectivas y comunitarias, y en el modo en que estas buscan adaptarse a las formas de trabajo en el sector (sus horarios, su localización, sus dinámicas, sus características diferenciadas según rama de actividad). Además, esta creatividad se observa en la articulación con un amplio abanico de instituciones, actores estatales (ubicados en diferentes niveles) y políticas –mayormente dispersas y muchas veces superpuestas– con las que las organizaciones sociales (y principalmente las mujeres que impulsan, coordinan y trabajan en los espacios sociocomunitarios de cuidados) se vinculan para su sostenimiento cotidiano. Lejos de una búsqueda de romantizar esas experiencias, muestran cómo el uso creativo y los sentidos que se les otorgan a las políticas y los programas permiten construir nuevas categorías de demandas y nuevos sujetos políticos.

Finalmente, el análisis de las actividades y estrategias de cuidados en relación con la dimensión de las estrategias políticas y del proyecto político implicó indagar en una diversidad de iniciativas y concepciones de los actores que si bien no agotan el creciente repertorio de acciones y posicionamientos vinculados con los cuidados en la economía popular, sirven de ejemplo para visualizar cómo la dimensión de los cuidados y el sostenimiento de la vida ya no se circunscribe a las experiencias específicas, o a quienes las llevan adelante (principalmente mujeres), sino que comienza a atravesar la agenda más amplia del movimiento. En este sentido nos referimos a una creciente politicidad de los cuidados y a una construcción de agendas renovadas, procesos en los que interesa en particular continuar indagando en el marco de investigaciones más amplias en curso.

Referencias bibliográficas

Aguirre, R., Batthyány, B., Genta, N. y Perrotta, V. (2014). Los cuidados en la agenda de investigación y en las políticas públicas en Uruguay. Íconos, 50, 43-60.

Auyero, J. (2004). Vidas beligerantes. Universidad Nacional de Quilmes editorial.

Batthyány, K., Genta, N. y Scavino, S. (2017). Análisis de género de las estrategias de cuidado infantil en Uruguay. Cadernos de Pesquisa, 47(163), 292-319.

Bidaseca, K. (2003). Piqueteras: identidad, política y resistencia, VII Jornadas de Historia de las Mujeres. II Congreso Iberoamericano de Estudios de Género. IADE.

Borgeaud-Garciandía, N. (2020). Cuidado y responsabilidad. Estudos avançados, 34, 41-56.

Brown, W. (1995). States of Injury: Power and Freedom in Late Modernity. Princeton University Press.

Buchely Ibarra, L. F. (2015). El activismo burocrático y la vida mundana del estado. Las madres comunitarias como burócratas callejeras y el programa de cuidado de niños Hogares Comunitarios de Bienestar. Revista Colombiana de Antropología, 51(1), 137-159.

Campana, J. (2022). Trabajo y cuidados en la economía popular: desigualdad, estrategias colectivas y disputas políticas en torno a lo común. Argumentos, (26), 155-185.

Campana, J. (2021). Estrategias de cuidados en la economía popular: el caso del Centro Infantil de Recreación y Aprendizaje del Movimiento de Trabajadores Excluidos. Tesis de Maestría en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social, FLACSO.

Campana, J. y Rossi Lashayas, A. (2022). Organización Social del Cuidado en la Economía Popular: El trabajo sociocomunitario y su vinculación con políticas públicas en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Argentina. Fundación Friedrich Ebert Argentina.

Cappa, A. y Bertelotti, A. (2021). Recuperación de residuos sólidos urbanos. La rama “cartonera” de la economía popular. Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung.

Carrasco, C. y Díaz Corral, C. (2017). Economía feminista: desafíos, propuestas, alianzas. Madreselva.

Carrasco, C. (2013). El cuidado como eje vertebrador de una nueva economía. Cuadernos de Relaciones Laborales, 31(1), 39-56.

Carrasco, C., Borderías, C. y Torns, T. (2011). El trabajo de cuidados: historia, teoría y políticas. Catarata.

Castronovo, A. (2018). ¡Costureros carajo! Trayectorias de lucha y autogestión en las economías populares argentinas. Íconos, (62),119-139.

Causa, A. y Ojam, J. (2008). Mujeres Piqueteras: Trayectorias, identidades, participación y redes. Baobab.

Chena, P. (2017). La economía popular y sus relaciones fundantes. En E. Pérsico (Ed.), Economía popular. Los desafíos del trabajo sin patrón. Colihue, Encrucijadas.

Crenshaw, K. (1995). Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence Against Women of Color. En Critical Race Theory. The New Press.

Cross, C. y Freytes Frey, A. (2007). Movimientos piqueteros: Tensiones de género en la definición del liderazgo, Argumentos, 20(55), pp. 77-94.

D’amico, M. V. (2009). “Todo por los chicos” o las disputas en torno de los sentidos de la política: Nociones legitimadoras, planes de empleo y proyecto colectivo en un espacio de sociabilidad local. Cuestiones de Sociología (5-6), 55-78.

Das, V. y Poole, D. (2008). El estado y sus márgenes. Etnografías comparadas. Cuadernos de Antropología Social, (27), pp. 19-52.

Di Marco, G. (2003). Movimientos sociales emergentes en la sociedad argentina y protagonismo de las mujeres. La Aljaba. Segunda época, 8, 15-36.

Fernández Álvarez, M. I. (2018). Más allá de la precariedad: prácticas colectivas y subjetividades políticas desde la economía popular argentina. Íconos, (62), 21-38.

Fernández Álvarez, M. I. (2016). Introducción: El desafío de hacer juntos(as). En M. I. Fernández Álvarez, Hacer juntos (as). Contornos, relieves y dinámicas de las prácticas políticas colectivas en sectores subalternos. Biblos.

Ferraudi Curto, M. C. (2011). (Des) encuentros en torno a los sentidos de la política: devolución de la tesis en una organización piquetera. Nueva antropología, 24(75), 111-134.

Fisher, B. y Tronto, J. (1990). Toward a Feminist Theory of Caring. En Circles of care: work and identity in women’s lives. Suny PRESS.

Fournier, M. (2017). La labor de las trabajadoras comunitarias de cuidado infantil en el conurbano bonaerense. ¿Una forma de subsidio de abajo hacia arriba’? Trabajo y Sociedad, (28), pp. 83-108.

Gardiner, J. (1997). Gender, Care and Economics. Palgrave Macmillan.

Gilligan, C. (2013). La ética del cuidado. Fundación Víctor Grífols i Lucas.

Grabois, J. y Pérsico, E. (2014). Organización y economía popular. CTEP, Asociación Civil de los Trabajadores de la Economía Popular.

Gupta, A. (1995). Blurred Boundaries: The Discourse of Corruption, the Culture of Politics, and the Imagined State. American Ethnologists, 22(2), pp. 375-402.

Magliano, M. J. (2013). Los significados de vivir múltiples presencias: Mujeres bolivianas en Argentina. Migraciones Internacionales, 7(1), 165-195.

Maldovan Bonelli, J. (2014). De la autonomía a la asociatividad: la organización del trabajo cartonero “en calle” en cooperativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Revista del Centro de Estudios de Sociología del Trabajo, (6), 73-109.

Manzano, V. (2004). Tradiciones asociativas, políticas estatales y modalidades de acción colectiva: análisis de una organización piquetera. Intersecciones en antropología, (5), 153-166.

Merklen, D. (2010). Pobres ciudadanos. Las clases populares en la era democrática. Argentina 1983-2003. Editorial Gorla.

Molyneux, M. (2007). Change and Continuity in Social Protection in Latin America. Mothers at the service of the State? United Nations Research Institute for Social Development, Gender and Development Programme.

Molyneux, M. (2001). Género y ciudadanía en América Latina: cuestiones históricas y contemporáneas. Debate Feminista, 23, 3-66.

Morgan, K. y Orloff, A. (2017). Many Hands of the State: Theorizing Political Authority and Social Control. Cambridge University Press.

OCEPP (2021). La economía popular. Total de trabajadorxs, ingresos y transiciones laborales. Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas.

Pacífico, F. (2017). Entre lo productivo y lo reproductivo. Un análisis etnográfico del trabajo de mujeres en cooperativas y programas sociales. Fazendo Género, (11), 1-13.

Paura, V. y Zibecchi, C. (2014). Dinámicas institucionales, lógicas de los actores y territorio en el estudio de la política social. Veinte años de investigación en la Argentina. En L. Pautassi (Ed.). Marginaciones sociales en el área metropolitana de Buenos Aires. Acceso a la justicia, capacidades estatales y movilización legal. Biblos.

Paura, V., Zibecchi, C. y Delgado Williams, S. (2022). Economía social y popular: institucionalización y centralidad en el Ministerio de Desarrollo Social, Argentina. Conciencia Social, 5(10), 27-47.

Pecheny, M. y Petracci, M. (2006). Derechos humanos y sexualidad en la Argentina. Horizontes antropológicos, (12), 43-69.

Pérez Orozco, A. (2006). Amenaza tormenta: la crisis de los cuidados y la reorganización del sistema económico. Revista de Economía Crítica, (5), 7-37.

Pérez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Traficantes de Sueños.

Quirós, J. (2006). Movimientos piqueteros, formas de trabajo y circulación de valor en el sur del Gran Buenos Aires. Anuario de Estudios en Antropología Social, 1(1).

ReNaTEP (2022). Principales características de la economía popular registrada. Informe Noviembre 2022.

Rodríguez Enríquez, C. y Pautassi, L. (2014). La organización social del cuidado de niños y niñas. Elementos para la construcción de una agenda de cuidados en Argentina. ELA.

Roig, A. (2017). Financierización y derechos de los trabajadores de la economía popular. En E. Pérsico (Ed.), Economía popular. Los desafíos del trabajo sin patrón. Colihue, Encrucijadas.

Rousseau, S. (2012). Mujeres y ciudadanía. Las paradojas del neopopulismo en el Perú de los noventa. Instituto de Estudios Peruanos.

Santillán, L. (2009). La crianza y educación infantil como cuestión social, política y cotidiana: una etnografía en barrios populares del Gran Buenos Aires. Anthropologica, 27(27), 47-74.

Sciortino, S. (2018). Una etnografía sobre arreglos familiares, leonas y mujeres superpoderosas. Prácticas compartidas de cuidado entre las titulares del Ellas Hacen. Cuadernos de Antropología Social (48), 55-71.

Seman, P. y Ferraudi Curto, C. (2013). La politicidad de los sectores populares desde la etnografía: ¿más acá del dualismo? Laboratorio 25(6), 151-165.

Señorans, D. (2020). Economías populares, economías plurales. Sobre la organización gremial de los trabajadores costureros en Buenos Aires, Argentina. Cuadernos de Antropología Social, (51), 189-206.

Shore, C. (2010). La antropología y el estudio de la política pública. Reflexiones sobre la “formulación” de políticas. Revista de Antropología y Arqueología, (10), 21-49.

Soares, A. (2012). As emoções do care. En H. Hirata, N. A. Guimaraes (Eds.), Cuidado e cuidadoras: as várias faces do trabalho do care (pp. 44-59). Atlas.

Sorroche, S. (2015). Gubernamentalidad global y vernaculización en la gestión de residuos. Análisis etnográfico desde la experiencia de cooperativas de cartoneros en el Gran Buenos Aires. Tesis Doctoral, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Svampa, M. y Pereyra, S. (2003). Entre la Ruta y el Barrio. Biblos.

Tobío, C. (2002). Conciliación o contradicción: cómo hacen las madres trabajadoras. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 97(2), 155-186.

Vega, C. y Buján, R. (2017). Explorando el lugar de lo comunitario en los estudios de género sobre sostenibilidad, reproducción y cuidados. QUADERNS-E, 22(2), 65-81.

Vega, C. y Gutiérrez Rodríguez, E. (2014). Nuevas aproximaciones a la organización social del cuidado. Íconos, (50), 9-26.

Vommaro, G. (2016). La participación política de los sectores populares en la Argentina reciente: Transformaciones históricas y nuevos desafíos conceptuales. En A. Rofman (Ed.), Participación, políticas públicas y territorio: aportes para la construcción de una perspectiva integral (pp. 137-156). UNGS, Prometeo.

Zibecchi, C. (2015). Cuidando en el territorio: El espacio comunitario como proveedor de cuidado. Serie de Documentos de Trabajo Políticas Públicas y Derecho al Cuidado Nº 3. ELA, CIEPP, ADC.

Zibecchi, C., Paura, V., Campana, J., Del Campo, N. y Ceballos Alabisi, L. (2022). Hacia una noción desagregada de la acción estatal para el análisis de la gestión de programas sociales: actores, intercambios y mediaciones. En Actas Publicadas de las XI Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata.

Zibecchi, C. (2013). Trayectorias asistidas. Un abordaje de los programas sociales en Argentina desde el enfoque de género. EUDEBA-Colección de Tesis de Sociales: Buenos Aires.

Zibecchi, C. (2021). ¿Nuevas formas de sociabilidad y politicidad en torno a los cuidados? Los movimientos sociales desde la perspectiva de los cuidados. La Ventana (55), 370-400.

Zibecchi, C. (2022). El cuidado comunitario en Argentina en tiempos de Covid-19: prácticas preexistentes y respuestas emergentes. Investigaciones feministas, 13(1), 103-114.


  1. Zibecchi, Carla: CONICET. Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Tres de Febrero. czibecchi@untref.edu.ar.
  2. Campana, Julieta: CONICET. Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Tres de Febrero. jcampana@untref.edu.ar/julicampana@gmail.com.
  3. Como desarrollaremos posteriormente en el tercer apartado referido al estudio empírico de este actor, con el término “economía popular” nos referimos al sector de trabajadores y trabajadoras sin patrón, excluidos del mercado de trabajo tanto formal como informal, que realizan actividades intensivas de mano de obra, en condiciones precarias y excluidos de derechos laborales fundamentales. En Argentina, estos trabajadores y trabajadoras se han organizado crecientemente, construyendo organizaciones sociales y gremiales que luchan por transformar estos trabajos precarios en trabajos con derechos. Las organizaciones de la economía popular se han constituido así en un actor económico, social y político relevante en la arena pública.
  4. En este apartado se sigue de manera sintética lo desarrollado en Zibecchi (2022 y 2021).
  5. El “Santiagueñazo” se produjo en 1993 y se trató de un levantamiento popular que logró la renuncia del gobernador en un contexto de crisis política, social y económica sin precedentes, que incluyó el cese de pago de salarios a los trabajadores estatales. Se considera que fue un importante antecedente como método de lucha de los piquetes y cortes de ruta. La protesta de Cutral Có sucedió en 1996 en Neuquén, por los despidos masivos producidos por la privatización de la empresa estatal Yacimiento Petrolíferos Fiscales y Gas del Estado (YPF), se la considera el inicio del movimiento piquetero en Argentina.
  6. Más allá de las particularidades de su diseño, los programas sociales y los nuevos modos de intervención estatal en el mundo popular promueven un tipo de sociabilidad política asociada al trabajo, las contraprestaciones y las condicionalidades que articula la participación política y las tareas sociales reguladas de múltiples formas (Vommaro, 2016).
  7. En la Argentina, durante los años noventa se implementaron programas sociales focalizados para varones y mujeres “desocupados/as”, tales fueron los casos del Programa Trabajar, Servicios Comunitarios, Programa de Empleo Laboral, entre otros. Se caracterizaron por imponer contraprestaciones laborales de mano de obra intensiva y con una fuerte división genérica. Los programas para varones planteaban contraprestaciones como actividades de zanjeo, saneamiento y construcción, y en el caso de las mujeres atención en organizaciones sociales comunitarias (por ejemplo, merenderos, comedores, jardines comunitarios).
  8. Siguiendo a Santillán (2009), la premisa analítica es que todo cuidado, proceso de crianza y educación de los/as niños/as –en particular, de aquellos presentes en los sectores subalternos– es una cuestión en creciente politización. De este modo, referentes barriales de diversa índole (cuidadoras, educadores populares, representantes de la Iglesia) recuperan nociones del cuidado infantil que pueden coincidir con las dominantes pero que son capaces de reformularse por medio de lo local y de manera intersticial, no necesariamente formal ni oficial.
  9. La decisión de referir a “el/los Estado/s” en plural se fundamenta en dos sentidos. Por una parte, en Argentina existen diferentes niveles de gobierno con competencias nacionales y subnacionales (provinciales, locales). Por otra parte, como mencionaremos a continuación, se busca dar cuenta de la multiplicidad de actores e instituciones que existen al interior del Estado.
  10. En este punto la perspectiva de la interseccionalidad nos habilita a reflexionar sobre el modo en que el género, la clase social y la nacionalidad articulan experiencias de vidas específicas, respuestas y estrategias bien diferenciadas. Para un mayor desarrollo de este tema, véase: Crenshaw (1995); Brown, (1995); entre otros.
  11. Con “estructuración orgánica” nos referimos al modo en que las actividades de cuidados comienzan a ocupar espacios específicos y formalizados en la estructura de las organizaciones sociales (como una “rama” de actividad, como un “área” sociocomunitaria o de cuidados, con la constitución de “mesas” de articulación e instancias de coordinación de los espacios vinculados a estas actividades, la construcción de “redes”, entre otras formas que adquiere esta estructuración).
  12. Como señala Sorroche (2015) para el caso argentino en el contexto de la crisis de inicios del nuevo milenio, los niveles de desocupación llevaron a que la recuperación de materiales de la “basura” para generar un ingreso a partir de su venta se configurara como una práctica recurrente entre los sectores de desocupados, señalando que, adicionalmente, este no fue un fenómeno restringido a Argentina sino que puede verificarse en otros países de la región latinoamericana con otros nombres (catadores, pepenadores, chamberos, cachureros, recicladores). Sobre este fenómeno en Argentina, Maldovan Bonelli (2014) destaca que “la presencia masiva de los cartoneros en las calles se presentaba, a inicios de la década pasada, como una de las principales expresiones de la crisis económica y social por la que el país estaba atravesando” (p.74).
  13. La economía popular abarca actualmente un conjunto amplio de actividades: cartoneros, carreros y recicladores, textiles, trabajadores rurales y de la tierra, construcción, vendedores de la vía pública, sociocomunitario, entre otras.
  14. El Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (ReNaTEP) se implementó desde la Secretaría de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Secretaría conformada por diversos referentes e integrantes de organizaciones sociales de la Economía Popular. Tiene como objetivo principal “registrar a quienes trabajan en el sector de la economía popular en su conjunto y generar datos unificados que permitan dar cuenta de las características de la población, las formas de organización de las unidades productivas, la distribución territorial y las ramas de actividad en las cuales desarrollan sus tareas para poder pensar, planificar y desarrollar políticas públicas destinadas a este sector”.
  15. En la rama de servicios socio-comunitarios pueden inscribirse aquellas personas que se reconocen como trabajadores/as en comedores y merenderos comunitarios, promotor/as de género de salud, acompañantes en la reinserción de liberados/as o recuperados/a, cuidadores/as, trabajadores/as en ámbitos socio-educativos, de cultura comunitaria, vinculados al deporte y la recreación, como así también quienes se desempeñan en medios de comunicación comunitaria (ReNaTEP, 2021).
  16. Para un mayor desarrollo, véase Campana (2021).
  17. Dicho programa tiene como objetivo contribuir a mejorar el empleo y generar nuevas propuestas productivas, con el fin de promover la inclusión social plena para personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad social y económica. Los y las titulares del programa pueden optar por cumplir su contraprestación con su participación en proyectos socio-productivos, socio-laborales y/o socio-comunitarios. Se implementa a través de una transferencia de ingresos (Salario Social Complementario) a trabajadores y trabajadoras destinatarias del programa, transferencia que es directa y personalizada a través de la puesta en disponibilidad de una tarjeta bancaria. El monto de la transferencia equivale al 50% del Salario Mínimo Vital y Móvil.
  18. Se observa un sostenido proceso de institucionalidad social de la economía social, solidaria y popular que puede ser abordado desde ciertas expresiones programáticas enfocadas en promover al sector (medidas específicas, programas, registros); mutaciones de los organigramas que ha dado lugar a áreas y oficinas que promocionan la economía social y solidaria en su conjunto; y desde sus burocracias especializadas en el marco de un proceso en el cual sus principales referentes comienzan a ser responsables de secretarías y áreas de coordinación de la administración nacional y subnacional (Paura, et al., 2022).
  19. El “Potenciar Trabajo” presenta la novedad de reconocer el trabajo sociocomunitario de cuidados como una de las formas posibles de contraprestación para la inserción en el programa.
  20. Carol Gilligan (2013) desarrolla los primeros análisis que darán paso a las teorías del cuidado destacando el rol de la responsabilidad, no desde la óptica liberal de la justicia, sino como un elemento que desarrollan los actores morales insertos en relaciones concretas de interdependencia y que constituye una dimensión central de la ética del cuidado. Como destaca Borgeaud Garciandía (2020), esta responsabilidad no es un concepto abstracto sino que se integra a los vínculos que tenemos con los demás. De este modo, las relaciones de cuidado implican obligaciones morales que se asumen, ignoran, delegan, olvidan, priorizan, descuidan etc., y que pueden entrar en tensión.


Deja un comentario