Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

1 El elusivo deterioro de los términos de intercambio

En la literatura sobre la economía del desarrollo, uno de los temas controversiales ha sido, y en cierta medida continúa siéndolo, la cuestión sobre el deterioro de los términos de intercambio entre los países del Sur, exportadores de materias primas, y los países del Norte, exportadores de productos manufacturados[1]. En el año 1950, de manera paralela, R. Prebisch (1950) y H. Singer (1950) plantearon la tesis según la cual los términos netos de intercambio entre productos primarios y los productos manufacturados han estado sujetos a una tendencia que favorecía netamente a los segundos. En sentido estricto, no se trataba de una hipótesis, sino más bien de una visión común respecto a un supuesto deterioro en el largo plazo de los términos de intercambio Norte-Sur (Hallam, 2018). Sostenían estos autores que la especialización en productos primarios, combinada con un crecimiento relativamente débil del progreso técnico en el sector primario de la economía y con una tendencia adversa en los términos de intercambio, ha sido la causa del retraso de las economías de América Latina respecto al mundo industrializado.

Ya desde un inicio, la tesis Prebisch-Singer despertó controversias respecto a las premisas analíticas en las que se fundamentaba y, posteriormente, sobre la base empírica de la argumentación. La tesis de estos autores pudo haber tenido validez para el contexto y las circunstancias en las que fue formulada; sin embargo, su permanencia como una tendencia universal ha sido puesta en serio cuestionamiento. Sin lugar a dudas, el fenómeno del deterioro de los términos de intercambio tuvo lugar y aún es visible para ciertos casos y productos específicos, pero no puede generalizarse y, más aún, servir como evidencia para plantear modelos alternativos de desarrollo alejados de la explotación de los recursos naturales, en particular de los recursos energético-mineros. Un reexamen de los supuestos y contenido de la tesis sobre el deterioro de los términos de intercambio se revela oportuno.

La tesis Prebisch-Singer, en duda

Empecemos por señalar las controversias sobre el marco analítico-conceptual que sustenta la tesis de Prebisch-Singer. En primer lugar, el planteamiento de estos dos autores contradecía una larga tradición de la economía política según la cual son los términos de intercambio de los productos de la manufactura relativos a la agricultura los que debían mostrar una tendencia decreciente. Keynes sostenía que “la ventaja comparativa en el comercio internacional actúa de forma pronunciada contra los países industrializados debido a una persistente tendencia de una unidad dada de producto manufacturado de comprar cada año una cantidad cada vez menor de un producto primario”[2]. La lógica tras esta clásica hipótesis se sustentaba en la interacción de las leyes de los retornos económicos que, en estos dos casos, operaban en sentidos opuestos: la ley de los retornos decrecientes en la producción primaria debido al crecimiento demográfico y la explotación cada vez menos productiva de los recursos naturales debía resultar en un aumento gradual de los precios de estos productos, mientras que la ley de los retornos crecientes en la manufactura, debido al progreso técnico, empujaba los precios en sentido contrario (Sarkar, 2001; Toye y Toye, 2003). De acuerdo a esta argumentación, los países productores de materias primas no necesitaban industrializarse para beneficiarse de los avances del progreso técnico de la manufactura: el libre juego de las fuerzas internacionales del mercado se encargaría de distribuir las ganancias a través de los términos favorables de intercambio. Los planteamientos de Prebisch y Singer suponían un cuestionamiento frontal a esta visión del desarrollo.

Sobre la base de estadísticas de comercio exterior de Gran Bretaña para el período 1876-1947, Prebisch dedujo la existencia de una aguda caída en los términos de intercambio para los exportadores de materias primas a partir de los años 20, con una ligera recuperación a finales de los años 30. A pesar de esta leve inflexión de la tendencia, este autor asumió que los términos de intercambio continuarían su tendencia de deterioro y que los países exportadores de materias primas, debido a su especialización alrededor de ventajas comparativas estáticas, no podrían esperar los beneficios del progreso técnico que ha enriquecido a los países industrializados. Esto llevó a Prebisch a un cuestionamiento de la tesis del comercio sustentado en las ventajas comparativas y a avocar por la intervención del Estado para promover la industrialización de los países latinoamericanos.

Sostenía este autor que, mediante medidas proteccionistas y no proteccionistas, los países debían desincentivar el comercio internacional y no centrarse en la explotación de sus ventajas comparativas en los recursos naturales como lo prescriben las teorías tradicionales de libre comercio. Añadía que la industrialización no debía verse como un fin en sí mismo, sino como el principal mecanismo del que disponen los países para participar de los beneficios de la innovación tecnológica y progresivamente elevar el estándar de vida de sus poblaciones (Prebisch, 1950). Prebisch descartaba el avance tecnológico en la producción primaria como una alternativa a la industrialización debido a la inelasticidad de la demanda de sus exportaciones. Nace así la escuela estructuralista sobre la teoría del desarrollo y la tesis de una estrategia de desarrollo sustentada en la sustitución de importaciones, estrategia adoptada por la mayoría de los países latinoamericanos a partir de la década de los cincuenta y revertida luego a partir de los años ochenta [3].

En síntesis, la tesis Prebisch-Singer se sustenta en una generalización de tres hipótesis: primero, que los países desarrollados estaban altamente especializados en la producción y exportación de mercancías manufacturadas; segundo, que el progreso técnico estaba concentrado principalmente en la industria; y tercero, que los precios relativos de las mercancías primarias en términos de los productos manufacturados han estado deteriorándose desde finales del siglo xix. La conjunción de estos factores condujo a estos autores a postular la tesis según la cual, debido a su especialización en materias primas, los países en desarrollo han obtenido escaso beneficio del progreso tecnológico industrial, ya sea directamente a través de una más alta productividad o, indirectamente, a través de un mejoramiento de los términos de intercambio. Sin embargo, estas hipótesis han sido seriamente cuestionadas.

En efecto, la primera hipótesis asume como equivalentes los términos de intercambio y los precios relativos de los productos primarios, lo cual es inexacto (Cuddington y Urzúa, 1989). Al asumir que los países en desarrollo estaban especializados en mercancías primarias mientras que los países industrializados lo estaban en manufacturas, se daba por sentado que las exportaciones de estos grupos de países estaban limitadas a estos dos tipos de mercancías, respectivamente. Por supuesto que los países en desarrollo no exportaban únicamente productos primarios ni los países industrializados exportaban únicamente manufacturas; por lo tanto, los precios relativos de las mercancías primarias son diferentes de los términos de intercambio[4].

La segunda hipótesis, la débil incorporación del progreso técnico en los sectores primarios de la economía (en comparación con la acelerada tendencia en el sector manufactura), quizá pudo haber tenido una validez relativa para el contexto y las circunstancias en la que fue formulada; sin embargo, la experiencia ha demostrado que esta hipótesis no se puede generalizar. La tercera hipótesis, el deterioro de los precios relativos de los productos primarios respecto a los precios de los productos manufacturados, tiene que ver con las asimetrías en las estructuras de la fuerza de trabajo en los países en desarrollo (“la periferia”) y los países industrializados (“el centro”) (Ocampo J., 2017; Cuddington y Urzúa, 1989). Estas desigualdades se manifiestan en el hecho de que los salarios en el “centro” tienden a aumentar en la fase ascendente de los ciclos económicos y, por varias razones, se mantienen estables en la fase descendente, lo que determina un aumento del costo de las manufacturas. En los países en desarrollo, debido a la debilidad de las organizaciones sociales, los aumentos salariales son menores y tienden a disminuir en períodos de recesión, provocando una declinación continua en el costo de las mercancías primarias. Por consiguiente, el costo de los productos primarios aumenta en una menor proporción que el costo de las manufacturas durante las fases ascendentes y caen en una proporción mayor en los períodos de recesión, creando un deterioro en el costo relativo de los bienes primarios.

Esta última hipótesis se enfoca en el problema del deterioro de los precios desde el punto de vista de la demanda. Al respecto, cabe señalar que los mercados se caracterizan por una competencia imperfecta, y la disminución de los precios (debido al avance tecnológico) puede ser evitada básicamente por el poder de monopolio, mientras que la competencia entre los productores de materias primas tiende a reducir los precios de sus productos. Además, la tesis Prebisch-Singer asume que la demanda mundial de productos primarios es inelástica respecto al ingreso; es decir, por cada unidad de incremento en el ingreso, la demanda de materias primas aumenta en una proporción menor (se trataba de una extensión de la ley de Engel, según la cual los hogares dedican una menor fracción de su ingreso al gasto en alimentos y otras necesidades básicas a medida que su ingreso aumenta) (Peet y Hartwick, 2009). De todas maneras, estas hipótesis, aunque no del todo inexactas, no explican satisfactoriamente la tendencia de un deterioro ineludible de los términos de intercambio.

Las evidencias estadísticas en cuestionamiento

Un reexamen de las evidencias estadísticas de soporte ha llevado a cuestionar la validez empírica de la tesis sobre el deterioro histórico de los términos de intercambio. Empezamos señalando dos objeciones: la primera tiene que ver con la relevancia y validez de las estadísticas históricas utilizadas por Prebisch y Singer. Numerosos autores sostienen que las series históricas sobre el comercio de Gran Bretaña no pueden ser tomadas como evidencia empírica de un deterioro de los términos de intercambio[5]. La segunda, como lo señalan diversos estudios, muestra que tendencias diferentes pueden ser observadas dependiendo del período de tiempo analizado. Así, durante el período 1871-1938, es posible detectar una tendencia de deterioro de los términos de intercambio; sin embargo, cuando las observaciones se extienden hasta los años setenta, la tendencia se revela estadísticamente insignificante, lo que muestra que los parámetros del modelo simple de tendencia no permanecen constantes (Cuddington, Ludema y Jayasuriya, 2007; Hallam, 2018; Frankel, 2010)[6].

Las tempranas controversias alrededor de la tesis Prebisch-Singer quedaron temporalmente resueltas con el estudio seminal de Grilli y Yang (1988). Sobre la base de un índice de precios para una canasta de 24 productos primarios para el período 1900-1986, estos autores detectaron una tendencia acumulativa decreciente del 40 por ciento de los precios de las materias primas (excluido el petróleo) en relación con el precio de exportación de productos manufacturados de los países industrializados (Gráfico 1.1). Esta constatación llevó a estos autores a concluir que la tesis Prebisch-Singer se confirma. Sin embargo, los resultados de un número significativo de análisis permiten llegar a conclusiones diferentes dependiendo de las técnicas econométricas utilizadas, la especificación de los modelos, el período de tiempo analizado, las ponderaciones en la deflación de los precios y los niveles de agregación (Colman, 2010; Frankel, 2010).

Gráfico 1.1. Tendencia de los términos de intercambio de los países en desarrollo

Fuente: Grilli y Yang (1988).

Empezando por mostrar las claras diferencias entre el comportamiento de los índices de precios de una canasta de productos y los precios de los productos individuales, Cuddington (2007), mediante la aplicación de avanzadas técnicas econométricas, demuestra el carácter sesgado de las regresiones del modelo de Grilles y Yang y, por lo tanto, concluye que no existe una evidencia confiable de la existencia de una tendencia decreciente de largo plazo de los términos de intercambio de las materias primas. Más aún, este autor prueba la idoneidad de la tendencia u otras formas estacionarias para cada una de las 26 materias primas del modelo de Grilli y Yang y comprueba que cada forma resulta apropiada únicamente para 13 de las 26 series. Para las series que revelaban un comportamiento estacionario, solamente cinco mostraron una tendencia negativa, cuatro tenían una tendencia positiva y los cuatro restantes no mostraban ninguna tendencia. Esta constatación lleva a la conclusión de que, a pesar de cincuenta años de comprobaciones empíricas sobre la tesis de Prebisch-Singer, “una tendencia negativa a largo plazo de los precios de las materias primas continúa siendo, en el mejor de los casos, elusiva” (Cuddington, Ludema y Jayasuriya, 2007).

Una conclusión similar ha sido corroborada por un importante número de estudios (Hallam, 2018; Cuddington y Urzúa, 1989) que muestran una alta sensibilidad de las tendencias de los términos de intercambio (i) al período de tiempo analizado; (ii) a la incorporación o no de saltos estructurales observados en las series temporales, (iii) a la especificación del modelo estadístico, (iv) al estudio agregado de índices de precios o al examen de materias primas individuales. Los avances en las técnicas econométricas utilizadas aumentan aún más el escepticismo antes que la confirmación de la idea de un deterioro gradual de los términos de intercambio. Por último, “la inherente volatilidad de los precios de las materias primas hace muy difícil detectar la existencia de tendencias” (Hallam, 2018, pág. 11).

Como lo señala Frankel (2010), los estudios realizados luego del incremento de los precios de los recursos naturales en la década de los 70 encuentran una tendencia hacia arriba; sin embargo, aquellos elaborados luego de la década de los 80 encuentran una tendencia contraria. Los análisis que incorporan información de los últimos años (especialmente hasta el 2010) encuentran nuevamente una tendencia a largo plazo positiva. Este fenómeno es menos inusual de lo que parece. Cuando un precio real experimenta ciclos de una década alrededor de una tendencia, las estimaciones de la tendencia son muy sensibles a la longitud precisa del período analizado (2010, pág. 8). Con argumentos a favor y en contra, la tendencia de los precios de los recursos parecería tratarse más de un problema de carácter empírico. Aunque los resultados dependen de mediciones específicas, según este autor, es posible generalizar algunas tendencias. Los términos de intercambio para los exportadores experimentaron una ligera tendencia al alza desde 1870 hasta la Primera Guerra Mundial, una tendencia hacia la baja en el intermedio entre las dos guerras; un crecimiento en la década de los setenta; decreciente en las décadas de los 80 y 90 y hacia arriba en la primera década de este siglo. ¿Cuál es la tendencia estadística en el largo plazo? Algunos autores advierten una ligera tendencia hacia arriba; otros, una ligera tendencia hacia la baja. La respuesta parece depender, más que ningún otro factor, del año final de la muestra que se analiza.

Los superciclos de las materias primas

Los efectos de la abundancia de recursos de ninguna manera se traducen en tendencias monótonas crecientes o decrecientes de la economía y el bienestar; estos tienen que ver más con la variación de los precios (Peretto, 2008). Pero, a pesar de la volatilidad del precio, es posible detectar patrones de comportamiento que, aun considerando saltos contingentes, se ven reflejados, en períodos relativamente cortos, en las oscilaciones de variables o indicadores económicos afectados por la inestabilidad de los ingresos de exportación. Esto no significa que los impactos se presentan de manera uniforme, como una constante determinística o aleatoria, sino que existe un significativo margen de maniobra por parte de los gobiernos para modular o atenuar los efectos de las oscilaciones y ciclos (Erten y Ocampo, 2012).

En el quinquenio 2003-2008, los precios de la energía y los minerales se duplicaron debido, entre otros, al acelerado crecimiento económico de la China, la India y otras economías emergentes, sin desconocer que factores ligados a la oferta (agotamiento de reservas y falta de inversión en nuevas capacidades) tuvieron también una influencia importante. En círculos financieros y económicos, este aumento de los precios se ha considerado como la señal de que los precios de las materias primas entraron en un nuevo superciclo. Este término fue acuñado por A. Heap (2005) para definir “una tendencia prolongada (una década o más) en el alza de los precios reales de las materias primas impulsados por la industrialización y urbanización de una economía o grupo de economías de peso significativo a escala mundial”. El tema de los superciclos de los precios de las materias primas ha concitado una creciente atención en los últimos años y provee una interpretación alternativa a la tesis de Prebisch-Singer al mostrar que la tendencia de deterioro de los precios de las materias primas respecto a los productos manufacturados no es un efecto persistente inevitable, sino una dinámica cambiante que depende de las tendencias de la demanda global y de los efectos de la innovación tecnológica (Ocampo J., 2017; Erten y Ocampo, 2012).

Utilizando las técnicas de la teoría del análisis espectral[7], Erten y Ocampo (2012) identifican tres cíclicos de diferente periodicidad o frecuencias en la trayectoria de los precios de las materias primas (excluido el petróleo) a partir de 1890 (Gráfico 1.2).

Gráfico 1.2. Tendencias y superciclos de los precios de las materias primas

Fuente: Erten y Ocampo (2012).

Según Erten y Ocampo, el primer ciclo empieza a finales del siglo xix, alcanza su mayor amplitud alrededor de la Primera Guerra Mundial y termina en la década de los años treinta, registrando altos y bajos pronunciados a lo largo de este período. El segundo superciclo despega en la década de los treinta, alcanza el tope en el período de reconstrucción de posguerra y se desvanece en la década de los sesenta. La década de los años setenta muestra el inicio de un tercer ciclo que termina a finales de los noventa. Este ciclo muestra una débil fase de despegue seguida de una pronunciada fase descendente. Todo parece indicar que, con la escalada de los precios de las materias primas a inicios del presente siglo (aumento inducido por los acelerados procesos de industrialización y urbanización, de la China en particular), los precios de las materias primas habrían entrado en la dinámica de un nuevo ciclo cuya fase descendente podría haber empezado en el año 2013. Uno de los hallazgos importantes en el estudio de los superciclos consiste en la constatación de que la media de cada ciclo muestra una tendencia decreciente, observación que sugeriría un deterioro de los precios dentro del período de estudio. Sin embargo, el comportamiento de los precios de los minerales (y por supuesto del petróleo) escapan a esta regla en el actual ciclo, en el que la media es superior a las precedentes (Erten y Ocampo, 2012, pág. 23). Así, según Ocampo (2017), en términos de los patrones de comercio, los países de América Latina exportadores de petróleo y minerales se beneficiaron de un mejoramiento significativo de los términos de comercio que, en el caso del Ecuador, representó una ganancia del cincuenta por ciento en los términos de intercambio (pág. 63).

El análisis de los superciclos es un tema de relevancia para países exportadores de energía y minerales por la sencilla razón de que la tendencia de los precios de estos bienes ha sido y es considerada un elemento fundamental de política y gobernanza. Aun aceptando una tendencia decreciente de los precios, esta no se presenta de manera uniforme, sino que permite analizar cambios graduales bajo una perspectiva de largo plazo. Por ejemplo, si definimos un índice de dependencia de la economía ecuatoriana respecto a las exportaciones de petróleo como el promedio de los porcentajes de las contribuciones de la exportación de petróleo al PIB y al total de las exportaciones, el comportamiento de este indicador, representado como un diagrama de fases[8] (Gráfico 1.3), permite visualizar tres ciclos o atractores alrededor de los cuales la economía parece haber oscilado desde inicios de la explotación de petróleo en el año 1972.

Gráfico 1.3. Ciclos de dependencia petrolera en el Ecuador

Fuente: elaboración propia.

En el gráfico se puede identificar un ciclo de crisis intermitentes reflejadas por una incidencia relativamente menor de las exportaciones petroleras en la economía (A); un ciclo caracterizado por una dependencia relativamente elevada de la renta petrolera (B); y ciclos excepcionales de un boom de los precios de las materias primas como el experimentado en el período 2005-2013 (C). Ocampo (2017) señala que el impacto del salto de los precios de las materias primas fue extraordinario para las economías de los países de América del Sur al aumentar el índice promedio (simple) de los términos de intercambio cerca del 65% entre 2002 y 2012, con efectos políticos y sociales más allá de la esfera puramente económica.

Existen otros argumentos persuasivos para esperar, en el mediano y largo plazo, un aumento sostenido de los precios de los recursos mineros y energéticos (recursos no renovables) por lo menos en línea o con una tendencia superior a las tendencias de los productos manufacturados. La teoría de Hotelling sostiene que, en el largo plazo, la renta marginal de la explotación de los recursos no renovables (promediando las fluctuaciones inesperadas de corto plazo) debe aumentar a una tasa igual a la tasa de interés del mercado (De La Granville, 1977). En línea con este razonamiento, la hipótesis de un aumento sostenido de los precios a medida del agotamiento de un stock finito de recursos naturales se refuerza por las conclusiones de King Hubbert sobre el peak oil, en particular en el caso de los Estados Unidos (este autor predijo que las tasas de extracción de petróleo en los Estados Unidos alcanzarían un nivel máximo en 1960 y luego empezarían a declinar). Muchos autores han extrapolado los modelos e ideas de Hubbert y esperan que la extracción a nivel mundial seguirá el mismo patrón. El reporte del Club de Roma, Límites del Crecimiento (Meadows y Randers, 2005), con su tesis de la eminente escasez de los recursos naturales y el aumento consiguiente de sus precios, implícitamente asume una mejora de los términos de intercambio para los países exportadores de minerales y energía. El aumento de los precios durante 2000-2008 ha sido visto como una evidente señal en esa dirección (Frankel, 2010, pág. 7). En conclusión, los límites de la disponibilidad de recursos naturales van a convertirse en una fuerza clave para moldear los mercados y las tecnologías relacionadas con la energía, los materiales, el agua y los alimentos. Esto lleva a pensar que la escasez tenderá a elevar los precios de los productos naturales, convirtiendo su posesión en una ventaja aún mayor.

Los recursos naturales: una ventana de oportunidad

El desafío que enfrentan las economías extractivas va más allá de la simple extracción de la renta a partir de la explotación de un recurso natural. El problema consiste en concebir maneras en las que alrededor de actividades extractivas pueda articularse un modelo de crecimiento sin destruir los entornos humanos y naturales. Ya Prebisch argumentaba que el deterioro de los términos de intercambio tiene que ver más con las características de las economías de los países en desarrollo que con los productos que ellos exportan y son esos problemas estructurales los que requieren atención antes que la selección de productos (Hallam, 2018). Más aún, el deterioro neto de los términos de intercambio no necesariamente es perjudicial si la caída gradual del precio de un producto es acompañada de un aumento de productividad. Sin embargo, la tesis de superar el subdesarrollo a través de una salida del extractivismo pretende dar la espalda a una de las mayores ventajas que disponen los países: los recursos naturales. Esta actitud es largamente motivada por los prejuicios acerca de una supuesta superioridad de la manufactura en relación con las industrias basadas en la explotación y procesamiento de los recursos naturales (Ferranti, Perry, Lederman y Maloney, 2002).

Sin embargo, quienes abogan por la solución de superar el extractivismo ignoran que no únicamente los productos básicos pueden experimentar un deterioro relativo de los precios. La dinámica de los precios de los productos manufacturados experimenta también tendencias cíclicas determinadas en última instancia por los procesos de innovación tecnológica. C. Pérez (2004) nos recuerda que las revoluciones y cambios de paradigmas tecnológicos siguen más o menos el tipo de “curva epidémica” característica de cualquier innovación. Así, una primera fase empieza con un período de un crecimiento explosivo y rápida innovación en las industrias recién creadas alrededor de un nuevo paradigma tecnológico. Sigue un ciclo de rápida difusión, con el florecimiento de nuevas industrias y sistemas tecnológicos con enormes inversiones y agrandamiento de los mercados, y este rápido crecimiento continúa con una fase de despliegue total del paradigma tecnológico a lo largo y ancho de toda la estructura productiva. Finalmente, llega una etapa de madurez, fase en la cual la revolución tecnológica empieza a encontrar límites. Se siguen introduciendo nuevos productos, creando nuevas industrias, con ciclos de vida cada vez más cortos, pero cada vez menos numerosas y de menor importancia. Una gama de productos manufacturados comienza a enfrentar la saturación del mercado y retornos decrecientes a la inversión. La productividad, el crecimiento y los beneficios se ven seriamente amenazados. Una de las salidas para atenuar la pérdida de rentabilidad ha sido la migración de estas industrias a los países en desarrollo aprovechando sus ventajas comparativas: mano de obra barata y acceso directo a los recursos naturales y a los mercados de esos países.

En estas circunstancias, “la noción de producto básico (commodity) se aplica ahora a muchos productos manufacturados, desde los teléfonos celulares y las computadoras de mesa hasta las franelas y los refrigeradores” (Pérez, 2010, pág. 132). El margen de beneficio de muchos commodities industriales es muy exiguo y la producción con “ventajas comparativas” (precarización de la mano de obra y flexibilización de estándares ambientales, en particular) es absolutamente indispensable para alcanzar el éxito. Entonces, la idea convencional de deterioro de los términos de intercambio entre productos básicos y productos manufacturados pierde significado. Por el contrario, se abre una “ventana de oportunidad” para los países productores de materias primas que pueden, en las condiciones actuales y posiblemente por unos cuantos años, convertir sus recursos en una plataforma para el desarrollo no ya de la manufactura convencional, sino de “industrias de procesos” desencadenantes de un círculo virtuoso de desarrollo[9]. No se trata, entonces, de aquella “ilusión desarrollista” (Arrighi, 1990; Zapata y Benzi, 2021) según la cual los países de la “periferia” pueden alcanzar los estándares de riqueza y consumo de los países avanzados únicamente sobre la base del desarrollo de la manufactura o industrialización convencional de sus economías. El desafío consiste en aprovechar las “ventanas de oportunidad” que ofrece un nuevo paradigma tecnológico para asegurar las necesidades básicas y alcanzar niveles de bienestar para toda la población.

Muchos mercados de materias primas tienen espacios superiores cuyas calidades especiales les confieren un valor adicional en el mercado, llegando en algunos casos a convertirse en semimonopolios de precios elevados y relativamente estables. La estrategia para aprovechar esta oportunidad implicaría el escalamiento tecnológico constante de las actividades basadas en recursos naturales y la mejora gradual del perfil de las exportaciones mediante innovaciones continuas en productos, procesos y actividades auxiliares, sobre todo con la visión de crear nichos de alto valor diferenciados de los tradicionales mercados de productos básicos. En este caso, el problema tradicional de la monoexportación de materias primas podría transformarse en un futuro exitoso de tecnologías complejas, variado perfil exportador y elevado crecimiento si se aprovecharan de manera inteligente las ventajas de poseer recursos naturales. J. Ramos (1998, pág. 106) expresa este desafío en los siguientes términos:

El desarrollo rápido de América Latina, una región rica en recursos naturales, dependerá de la velocidad a la que la región aprenda a procesar sus recursos naturales y desarrollar las actividades necesarias para proveer insumos y equipos para ello. Este será un tipo de desarrollo, no basado tanto en la extracción de recursos naturales, como lo es en la actualidad, si no en el uso de estos recursos y las actividades que naturalmente tienden a crecer alrededor de ellas.

C. Pérez es más enfática al insistir en

… la necesidad de no desperdiciar la ventana de oportunidad existente en la actualidad que es particularmente adecuada para la dotación en recursos naturales y la experiencia histórica en América Latina. Esta ventana consiste en el aprovechamiento de la hipersegmentación de los mercados, las actividades y tecnologías típica del paradigma de las TIC y su aplicación más profunda en las industrias de procesos basadas en recursos naturales (2010, pág. 143).

De todas maneras, si algo está claro es que, si el aumento del ingreso por exportaciones de recursos naturales termina por convertirse en una fuente de crecimiento superficial y de incremento de las importaciones para el consumo, se habrá malgastado una oportunidad muy valiosa (Pérez, 2010, pág. 141). Lamentablemente, debemos reconocer que este fue el caso del Ecuador a lo largo de los años 2006-2015 y, por consiguiente, resulta sumamente sesgado atribuir a un supuesto deterioro de los términos de intercambio una de las causas de un desarrollo atrofiado incapaz de aprovechar una coyuntura única que se presentó.

R. Thorp (1998) es enfática al respecto y plantea con claridad el dilema que tiene que enfrentar América Latina:

La década de los noventa vio el retorno de América Latina al papel de exportador de materias primas. Todas las señales muestran que en el nuevo siglo la economía mundial empujará a América Latina aún más fuerte en esta dirección, especialmente en los campos del petróleo y la minería. Nos corresponde mirar fríamente la economía política y las dimensiones sociales de este modelo, con la mitad de la mirada puesta en el pasado. Debemos estar alertas sobre lo que es necesario cambiar si deseamos un crecimiento sustentado en los recursos primarios compatible con un crecimiento económico y social de largo plazo.

Recursos naturales e intercambio desigual

Cerramos esta breve discusión sobre el deterioro de los términos de intercambio en el comercio materias primas-manufactura con una reflexión más amplia sobre el significado del intercambio desigual en el contexto de la división internacional del trabajo. Las ideas resumidas a continuación abren nuevas perspectivas para entender el fenómeno extractivista, resituarlo en un contexto más englobante y visualizar los posibles cursos de acción alternativos en los procesos de desarrollo.

En un trabajo seminal, The Developmentalist Illusion: A Reconceptualization of the Semipheriphery, G. Arrighi (1990) nos recuerda que la mayoría de los estudios sobre el desarrollo asumen una estructura núcleo-periferia consistente en redes de intercambio desigual a través de las cuales algunos países (identificados como industrializados) se apropian de una fracción desproporcionada de los beneficios de la división internacional del trabajo, mientras que otros cosechan únicamente los beneficios necesarios para mantenerse en una relación de intercambio desigual. Los primeros constituyen el núcleo de la economía capitalista mundial y los segundos constituyen su periferia. Los Estados semiperiféricos (referidos a menudo como semiindustrializados) son aquellos que ocupan una posición intermedia en la red de intercambios desiguales: en los intercambios con los países del núcleo, ellos cosechan beneficios marginales, pero cosechan la mayor parte de los beneficios netos cuando intercambian con los países periféricos.

Sostiene acertadamente Arrighi que esta conceptualización se basa en un número de hipótesis altamente cuestionables. En primer lugar, el intercambio desigual no es el único mecanismo, menos aún el más importante, en el proceso de polarización núcleo-periferia. Por lo menos de igual importancia han sido dos otros mecanismos que este autor los denomina “transferencias unilaterales de trabajo y de capital”. Estas transferencias unilaterales no presuponen la existencia de relaciones de intercambio o de una red de intercambios y, por consiguiente, las transferencias unilaterales entre Estados o territorios son compatibles con la ausencia de intercambios desiguales. El intercambio desigual es entonces solamente uno de los varios mecanismos a través de los cuales la estructura núcleo-periferia ha sido creada, reproducida y profundizada.

En segundo término, los efectos del intercambio desigual en la estructura núcleo-periferia de la economía-mundo son mucho más contradictorios de lo que normalmente se supone. Un país que vende commodities con un trabajo incorporado altamente remunerado a cambio de commodities que incorporan un trabajo remunerado con bajos salarios puede hacerlo en la medida que la relación producción-consumo entre las commodities sea una relación de complementariedad y no de competencia. Si por alguna razón la complementariedad se debilita y la competencia aumenta, el intercambio desigual en este sentido se convierte en el arma del país “explotado”, que gana riqueza, poder y bienestar posiblemente a expensas del país “explotador”. Este fue el caso de países como Japón, Corea del Sur y Taiwán, cuya movilidad hacia arriba fue posible gracias al intercambio inicial de mercancías con un pronunciado diferencial de salarios incorporados. Por consiguiente, el intercambio desigual puede actuar en ambas direcciones: hacia la polarización y hacia la despolarización y, por lo tanto, la hipótesis de una identidad fundamental entre las relaciones núcleo-periferia y las relaciones de intercambio desigual es injustificada. Sin embargo, aclara Arrighi, la experiencia histórica de los mencionados países no puede extrapolarse a todos los países periféricos o semiperiféricos. Las oportunidades para el avance económico que se presentan a los países no constituyen una igualdad de oportunidades para todos. En este sentido, el desarrollo se convierte en una ilusión, de ahí el concepto de “ilusión desarrollista” (Arrighi, 1990; Wallerstein, 1988)[10].

A las dos observaciones anteriores, añadimos una tercera que nos parece esencial cuando el intercambio desigual involucra los recursos extractivos mineros y energéticos: la tesis según la cual los marcados niveles de productividad en los diferentes modos (extractivo-productivo) de producción ha perpetuado el error de usar el trabajo como estándar de valor y como la base de comparación para el intercambio de todos los bienes, aun para los bienes que son extraídos relativamente con un mínimo de trabajo o cuando las relaciones sociales de producción no involucran salarios (Bunker, 1988; Coronil, 2011). El problema consiste en que el valor fundamental de los recursos naturales extractivos está incrustado en los recursos mismos en lugar del trabajo incorporado en ellos. “Las cualidades especiales de los recursos naturales del tercer mundo, antes que la mano de obra barata, son las que en definitiva aseguran un papel en la división internacional del trabajo de esta región como un todo” (Coronil, 1997, pág. 29). Aunque este autor no especifica estas cualidades especiales, es el bajo contenido entrópico la característica esencial de los recursos mineros y energéticos y su fuente de valor. Bajo esta perspectiva, el “valor de la naturaleza” (baja entropía) incorporado en los recursos y las economías que dependen de la explotación de ese valor han sido sistemáticamente subvaluados, mientras que el trabajo humano, el consumo y la reproducción han sido correspondientemente sobrevaluados (Bunker, 1988, pág. 31). Al respecto, J. Moore (2015, pág. 52) va aún más allá al calificar de “ceguera de la teoría marxista del valor” el no reconocer el valor de dos tipos de trabajo incorporados en la producción: el trabajo no remunerado de la reproducción diaria e intergeneracional de la vida humana (llevado a cabo por las mujeres) y el trabajo (en forma del aporte de baja entropía) de la naturaleza.

Sin embargo, sobre la base de la teoría clásica del valor-trabajo, numerosos investigadores han formulado varias hipótesis para explicar el subdesarrollo de la periferia en términos de la explotación del trabajo. Las teorías del intercambio desigual plantean que los bienes producidos en la periferia tienen un componente notablemente mayor de trabajo incorporado en ellos que los bienes obtenidos a cambio. Si a esto se suma la idea de que la naturaleza no tienen ningún rol en la creación de valor, se entiende que los teóricos ocupados en el análisis de los términos de intercambio ignoren el papel de los recursos naturales en la organización y reproducción de las sociedades periféricas[11]. Así, los seguidores de la teoría del valor-trabajo tienden a enfocarse en la extracción del excedente e ignorar el papel de la naturaleza en la creación de valor. Ya Marx insistía en que la creación de riqueza no resulta solamente del valor creado socialmente sino también de la riqueza naturalmente disponible (Coronil, 31). Por consiguiente, la división internacional del trabajo no sería solamente una división social, sino también una división global de la naturaleza. Entonces, lo que puede llamarse “división internacional de la naturaleza” provee los fundamentos materiales para la división internacional del trabajo: ambas constituyen dos dimensiones de un proceso unitario.

Bajo esta perspectiva, el problema con el uso del trabajo incorporado como estándar de valor en la determinación de un intercambio desigual ignora que el intercambio de desigualdades se produce por el hecho de que el valor de la naturaleza (baja entropía) es apropiado en una región y el valor del trabajo es incorporado en otra. Los efectos de la explotación del trabajo y de la explotación de los recursos naturales son dos fenómenos separados pero complementarios (Bunker, pág. 45). Esta separación permite distinguir múltiples desigualdades en el intercambio internacional. Una, ciertamente resulta del diferencial de salarios del trabajo; otra, sin embargo, se debe a la transferencia del valor natural de los recursos naturales desde la periferia hacia el centro; otra es la realización total del valor de los recursos y de su relación consumo-producción en el centro, en lugar de en la periferia, la fuente de las mercancías materiales; finalmente, el carácter no renovable de los recursos determina una intensificación de la desigualdad del intercambio por el agotamiento de los recursos y por la alteración de los flujos naturales de energía y materiales en la periferia misma.

El análisis de los flujos energéticos entre regiones y de los diferentes usos de la energía en las diferentes formaciones sociales provee una explicación más completa del desarrollo desigual que las explicaciones sustentadas en los modelos económicos. Si la energía y materia necesariamente fluyen desde las economías extractivas a las productivas, se deduce que los procesos sociales y económicos se intensifican y se aceleran en las economías productivas y son más difusos y eventualmente se desaceleran en las economías extractivas. El flujo de recursos de baja entropía hacia las sociedades productivas permite un aumento de la sustitución de energía humana por energía no humana; permite el aumento de escalas, complejidad y coordinación de las actividades sociales; estimula el aumento de la división del trabajo y expande los campos especializados de información que esto implica[12]. Por otro lado, el flujo de recursos de baja entropía desde las economías extractivas tiene como efecto una pérdida de energía e información y un aumento de entropía y, por lo tanto, estas economías se vuelven social y económicamente más simples, menos diversificadas y sujetas a cambios tecnológicamente determinados por los mercados de demanda que las sociedades productivas generan. En la medida que entendamos estos procesos podemos entender que mientras el flujo actual de mercancías entre las regiones puede ser explicado en términos de mercados y costos del trabajo, el consecuente desarrollo desigual de las diferentes regiones del mundo puede ser completamente entendido solamente considerando los efectos de flujos desiguales de energía y minerales tanto en los entornos físicos y sociales de diferentes formaciones sociales y en la subordinación progresiva de sociedades simplificadas y perdedoras de energía a sociedades cada vez más complejas y ganadoras de energía (47)[13].

La exposición anterior nos conduce a cuatro conclusiones:

  1. Los términos de un intercambio desigual no es el único mecanismo para explicar la brecha de desarrollo núcleo-periferia. Las transferencias unilaterales de trabajo y capital, que no necesariamente implican relaciones de intercambio, son quizá más importantes en la creación y reproducción de las estructuras núcleo-periferia.
  2. El intercambio desigual puede actuar en dos sentidos: ya sea hacia la polarización de las estructuras núcleo-periferia cuando las relaciones de intercambio se complementan o hacia la despolarización cuando estas relaciones entran en competencia. Sin embargo, este último proceso no puede generalizarse (la ilusión desarrollista) y, es más, sería una excepción. En lugar de competir, una estrategia consistiría en aprovechar las “ventanas de oportunidad” que ofrecen la explotación de los recursos naturales en nuevos contextos de innovación y desarrollo tecnológico.
  3. La teoría del valor-trabajo que explica un deterioro persistente de los términos de intercambio entre los países del núcleo y la periferia no se aplica por lo menos cuando el intercambio involucra los recursos minerales y energéticos. Estos bienes tienen un valor intrínseco (baja entropía) y por lo tanto es un error considerar el trabajo incorporado en la extracción de estos bienes como una métrica para evaluar el intercambio desigual.
  4. El flujo de materia y energía que se origina desde la periferia hacia el núcleo da lugar a un intercambio desigual por el hecho de que el valor de la naturaleza es apropiado en una región y el trabajo es incorporado en otra. En otras palabras, mientras en esta última los procesos de complejización social se intensifican, en las primeras tienden a simplificarse, haciéndolas más vulnerables y dependientes.

Reiteramos el doble interés de estos temas: por una parte, proveen un conjunto de elementos para trascender los márgenes estrechos del debate a los que ha llevado una visión reduccionista y sesgada de las relaciones recursos naturales-desarrollo; por otra, una reflexión abierta y sustentada nos aleja de un dogmatismo y nos permite explorar y visualizar nuevos cursos de acción.


    1. Definimos aquí términos de intercambio como “el precio (valor unitario) de las exportaciones del Sur hacia el Norte como porcentaje del precio (valor unitario) de las exportaciones del Norte hacia el Sur” (Sarkar, 2001, pág. 323).
    2. Citado en Sarkar (2001, pág. 310).
    3. Sostiene C. Pérez (2010): “El modelo de sustitución de importaciones fue una estrategia de suma positiva brillante y efectiva para los países en desarrollo empeñados en industrializarse, cuando las tecnologías de esta revolución [la era del automóvil, la producción en masa y la petroquímica] se acercaban a la madurez”.
    4. La participación de los países en desarrollo en el total de exportaciones de productos primarios descendió del 40 por ciento en 1955 al 30 por ciento en 1983 (2007, pág. 107).
    5. Cuddington et al. (2007, pág. 115) y las numerosas referencias citadas por estos autores señalan los siguientes problemas: i) los términos de intercambio de Gran Bretaña no eran representativos de los términos de intercambio de los países industrializados; ii) los países industrializados también eran exportadores de materias primas; por consiguiente, la relación inversa de sus términos de intercambio no es una medida apropiada de los precios relativos de las mercancías; iii) los costos de transporte fueron ignorados en el valor de las exportaciones británicas, no así en las importaciones, de tal manera que los costos decrecientes del transporte mejoraban los términos de intercambio para este país y sobreenfatizaban la caída de los precios de las materias primas; y iv) la introducción de nuevos productos manufacturados así como el mejoramiento de la calidad de los existentes presionaba el aumento del índice de precios de la manufactura, dando la impresión de un descenso de los precios relativos de las materias primas.
    6. Diferentes enfoques estadísticos/econométricos han sido aplicados en el análisis y test de la tesis de Prebisch-Singer. El más simple de estos consiste en la regresión de una ecuación de tendencia determinística tipo Pt = α + δt + εt, donde p es el precio real de las materias primas, t es el tiempo y ε es una perturbación aleatoria con media y varianza constantes y covarianza cero. El parámetro δ define la tendencia. De acuerdo a la hipótesis de Prebisch- Singer, este parámetro debe ser negativo y estadísticamente significante. Si no es significativamente diferente de cero, no existe tendencia. Este fue el enfoque más utilizado hasta el advenimiento de métodos estadísticos más sofisticados a finales de los ochenta que han permitido la verificación de diferentes modalidades de tendencias.
    7. Se trata de un conjunto de técnicas que permiten identificar los componentes de periodicidad (si es que existen) en una serie estadística. Mediante la transformación de una serie [Yt] del dominio temporal al dominio de frecuencias [Yt = R cos (wt + T) + Et], el método posibilita descubrir períodos y frecuencias en el comportamiento de una serie de datos.
    8. Se trata de un diagrama de dispersión (diagrama de fases) en el plano XY en el que cada punto tiene por coordenadas (Yt, Yt-1). La representación de una serie de tiempo bajo esta forma tiene varias ventajas al mostrar la posible existencia de ciclos, el valor promedio alrededor del cual las series fluctúan (si existen fluctuaciones regulares razonables) y la magnitud de los ciclos alrededor de este punto de atracción (atractor) (Ormerod, 1998).
    9. “El concepto ‘industria de fabricación’ se usa para referirse a la manufactura de productos mediante el ensamblaje de partes diferentes (automóviles, equipos mecánicos, eléctricos y electrónicos, ropa y otros) generalmente en talleres y líneas de ensamblaje usando mano de obra. El concepto “industria de procesos” se refiere a la transformación directa de materias primas mediante métodos químicos, eléctricos, calor u otros (acero, papel, salsa de tomate, gasolina, plásticos), y servicios como las telecomunicaciones. La diferencia principal reside en que el proceso de producción tiene lugar “dentro” del sistema de equipamiento y el personal supervisa y apoya el proceso en lugar de ejecutarlo” (Pérez, 2010).
    10. Para una profundización sobre el tema, remitimos al lector a estos dos autores.
    11. La economía neoclásica define el valor de los recursos naturales de la misma manera que ella define el valor de cualquier commodity: por la utilidad de los consumidores, utilidad medida a través de las preferencias de los consumidores en el mercado.
    12. Una de las “leyes” más importantes que gobiernan los sistemas naturales es la segunda ley de la termodinámica o la ley de la entropía. De acuerdo a la ley de la entropía, cualquier sistema cerrado se mueve espontáneamente en la dirección de un desorden mayor. Pero este concepto no está limitado a un simple aumento de desorden, sino que describe la disminución de la energía útil disponible. En el universo, la cantidad de energía y materia son fijas y, por consiguiente, no pueden ser creadas ni destruidas (primera ley de la termodinámica). Sin embargo, la cantidad de energía útil, es decir, la energía que puede realizar un trabajo, se reduce cuando la materia y energía son utilizadas (segunda ley de la termodinámica). La entropía es el aumento de materia y energía inutilizables. De ahí que el concepto de entropía es cada vez más utilizado para el estudio de los problemas sociales y ecológicos que confronta el mundo en la actualidad.
    13. Bajo este enfoque, el proceso de desarrollo puede verse como un proceso de aumento de complejidad de los sistemas sociales. Este tema es abordado en el trabajo de próxima publicación: Recursos naturales, entropía y desarrollo (A. Villavicencio).


    Deja un comentario