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Parte I.
Las patologías del extractivismo

El discurso sobre el extractivismo gira alrededor de cinco patologías originadas por la dependencia de una economía de la exportación de recursos: i) el deterioro de los términos de intercambio; ii) la inhibición del crecimiento; iii) la enfermedad holandesa; iv) el efecto enclave; y v) el debilitamiento de los procesos democráticos. La esencia de esta argumentación es como sigue:

  1. El deterioro de los términos de intercambio es presentado como uno de los argumentos más evidentes de los efectos negativos de la especialización de una economía en la exportación de recursos primarios. El razonamiento es simple: por diversas causas, los precios de los productos primarios han experimentado una tendencia histórica descendente, mientras que la tendencia de los precios de los productos manufacturados ha ido siempre en sentido opuesto. Esto determina que los términos de intercambio en el comercio internacional jueguen en contra de los países en desarrollo. Como corolario de esta asimetría, los países deben abandonar su especialización en productos primarios y emprender un proceso de industrialización que les permita competir en el mercado internacional en igualdad de condiciones. Esta es en esencia la tesis de la estrategia de sustitución de importaciones que de una u otra manera persiste en el discurso sobre el desarrollo (Senplades, 2017; 2009).
  2. La maldición de los recursos es un término acuñado para sintetizar la tesis según la cual los países especializados en la explotación de recursos naturales experimentan un crecimiento menor que países con condiciones sociales y económicas similares, pero con economías cuyo motor de crecimiento no se sustenta en la exportación de recursos primarios. Sobre la base de argumentos empíricos, el mensaje es claro: la dotación de recursos naturales inhibe el crecimiento económico.
  3. La enfermedad holandesa es la denominación dada al fenómeno según el cual el ingreso súbito y masivo de divisas de las rentas provenientes de la explotación de un recurso natural provoca un desplazamiento de los factores de producción (capital y trabajo) que perjudica a los sectores de productos transables de la economía (agricultura y manufactura). Este fenómeno da lugar a una sobrevaluación de la moneda local, restando competitividad a las exportaciones de otros productos, con una tendencia a la contracción de la economía.
  4. El efecto enclave se refiere a la idea ampliamente difundida y aceptada según la cual las actividades extractivas generan escasas o nulas sinergias con el resto de la economía. Se trata de actividades aisladas, sin encadenamientos productivos, con muy limitadas posibilidades de desencadenar procesos de innovación y aprendizaje que permitan incorporar el conocimiento y desarrollo tecnológico para promover economías con mayores niveles de diversificación, una división más eficiente del trabajo y, por lo tanto, con estándares más elevados de productividad.
  5. La gobernabilidad democrática es debilitada por la dependencia de las economías de los recursos naturales, ya que la riqueza generada promueve Estados distributivos en los que la asignación arbitraria de las rentas favorece el clientelismo y la corrupción. La carga impositiva a los ciudadanos tiende a disminuir al mismo tiempo que disminuye la rendición de cuentas de los gobernantes, con lo que las demandas sociales por representación política y responsabilidad gubernamental pueden ser controladas a discreción. En definitiva, los recursos naturales debilitan peligrosamente los procesos de una gobernanza democrática.

Estas serían, en resumen, las patologías de un sistema de acumulación que ha conducido a los países a una situación de pobreza, marginalidad y deterioro ambiental. La superación de estos males no acepta paliativos o correctivos: el virus de la enfermedad exige su erradicación y la única forma de eliminarlo es substituyéndolo por otro modelo de acumulación económica que allane el camino hacia una supuesta sociedad del buen vivir. De ahí la propuesta de salir del modelo extractivista como la condición indispensable para lograr sociedades más justas y amigables con el entorno natural. Las trayectorias que se proponen para alcanzar estas metas son múltiples y van desde aquella curiosa propuesta oficial según la cual para salir del extractivismo hay que intensificarlo[1] hasta aquella que propugna “un decrecimiento planificado del extractivismo”.

Los cinco capítulos a continuación cuestionan estas hipótesis. Sobre la base de una extensa literatura y un examen detallado de los supuestos y modelos que las sustentan, se muestra que las patologías señaladas, en el mejor de los casos, son una excepción y que las modalidades de crecimiento que han adoptado los países ricos en recursos no tienen nada que ver con los recursos en sí, sino con las decisiones adoptadas por los gobiernos, estas sí condicionadas por factores históricos, políticos y culturales. Un resumen de la argumentación desarrollada es como sigue.

El capítulo 1 aborda la tesis controversial, ampliamente difundida, sobre el deterioro de los términos de intercambio entre los países exportadores de materias primas y los países productores de manufacturas. Conocida como la tesis Prebisch-Singer, esta visión negativa de los recursos naturales condujo a Prebisch a lanzar su propuesta sobre la necesidad de la intervención de los gobiernos para desestimular un comercio internacional basado en el aprovechamiento de ventajas comparativas que ofrecen los recursos naturales, como prescriben las teorías tradicionales de libre comercio y, en su lugar, promover la industrialización de los países. Estas ideas, que quizá pudieron haber tenido vigencia en el contexto y circunstancias en las que fueron formuladas, no se sostienen en la actualidad.

El capítulo empieza con un resumen de las hipótesis que fundamentan esta tesis y señala las limitaciones metodológicas (consistencia de las series estadísticas de soporte, el período de tiempo analizado, la especificación y tratamiento del modelo econométrico) que ponen en duda la validez de la base empírica de la tesis de deterioro de los términos de intercambio. Se argumenta a continuación que el concepto de superciclos es un enfoque más apropiado para explicar las tendencias crecientes y decrecientes de los precios de los recursos naturales que afectan las economías dependientes de actividades extractivas. El capítulo incluye una breve reflexión sobre la visión de los recursos naturales como una “ventana de oportunidad” para desencadenar procesos productivos con un mayor valor agregado. Finaliza el tema con una corta exposición sobre el significado del intercambio desigual cuando se tiene en cuenta que el valor fundamental de los recursos naturales extractivos está incrustado en los recursos mismos en lugar de en el trabajo incorporado en ellos.

La paradoja de la maldición de los recursos, según la cual los países ricos en recursos naturales son propensos a un crecimiento menor en relación con economías similares, pero con escasos recursos, es un argumento persistente en la literatura sobre el extractivismo. Este es el tema analizado en el capítulo 2. La tesis sobre la maldición de los recursos se afianzó y adquirió notoriedad a partir del estudio de Sachs y Warner (1997), quienes mediante regresiones estadísticas para un conjunto de noventa y cinco países demostraron una correlación negativa entre crecimiento económico y abundancia de recursos naturales. De las ficciones construidas alrededor de los supuestos efectos nocivos de los recursos naturales sobre el desarrollo, quizá sea esta la más difundida y aceptada. El capítulo muestra las serias debilidades metodológicas del trabajo de estos dos autores; evidencias suficientes para descartar su tesis. Más aún, la evidencia estadística sobre las tendencias de crecimiento de los países dependientes de la exportación de minerales y petróleo durante el período analizado en el estudio citado (1970-1990) estaría más relacionada con un problema de sobreendeudamiento externo antes que con la abundancia de recursos.

El capítulo 3 aborda el tema de la enfermedad holandesa, que supuestamente explica los mecanismos a través de los cuales las rentas provenientes de la explotación de recursos afectan negativamente el crecimiento económico de los países. Quizá por su connotación esotérica, la enfermedad holandesa se ha convertido en el más persistente de los argumentos para quienes abogan por un abandono de un régimen económico de corte extractivista. Empezando por señalar que no se trata de una enfermedad y que no es holandesa, esta sección examina los supuestos teóricos del modelo y cómo se manifiesta esta patología a través de los circuitos económicos. Se demuestra que las hipótesis que sustentan el modelo de la enfermedad no solamente son restrictivas, sino que están muy alejadas de la realidad. A continuación, la exposición se centra en el uso y abuso de esta tesis como herramienta de análisis para explicar empíricamente cómo esta enfermedad ha afectado a las economías de algunos países de la región. Tomando como ejemplo los casos de Noruega y Bolivia, se muestra cómo un uso equilibrado de las rentas provenientes de la exportación de recursos ha sido el motor de ciclos de crecimiento económico, lo que permite concluir el carácter erróneo del modelo de la enfermedad holandesa como argumento para negar el potencial aporte de los recursos naturales al crecimiento económico. El capítulo concluye con una corta referencia al proceso de desindustrialización, supuestamente uno de los efectos de la enfermedad holandesa, y muestra que se trata de un fenómeno que ha afectado a todos los países latinoamericanos y no únicamente a las economías extractactivistas, y que el fenómeno está más ligado a los procesos de globalización y, en particular, a la competencia de la manufactura china que a la exportación de los recursos.

La tesis del efecto enclave de los recursos naturales se sustenta en tres ideas complementarias. La primera corresponde a aquella visión generalizada según la cual la manufactura sería la única actividad económica caracterizada por retornos económicos crecientes, al contrario de las actividades económicas extractivas, que son presentadas como actividades estáticas sin posibilidades de incorporación de valor agregado. La segunda idea tiene que ver con la ausencia de enlaces dinámicos e integradores con el resto de la economía, lo que determina que las actividades extractivas sean actividades económicas aisladas, sin capacidad de generar externalidades positivas. La tercera idea se refiere a aquella percepción de las actividades extractivas como sectores económicos prácticamente aislados de los procesos de innovación y desarrollo tecnológico, aislamiento que los condena a escasos o nulos aumentos de productividad. Estos son los temas discutidos en el capítulo 4. Esta perspectiva pesimista sobre los recursos naturales es, en parte, el resultado de una confusión persistente de dos conceptos diferentes: enclave físico y enclave económico. Sobre el examen de algunos casos emblemáticos, el capítulo muestra que la explotación de recursos naturales puede convertirse en una actividad portadora y generadora de conocimiento con un potencial prometedor de desarrollo tecnológico.

Las patologías de la maldición de los recursos no son únicamente hipótesis circunscritas a la esfera económica, sino que trascienden a otros sectores de la sociedad en su conjunto. En efecto, además de la afectación perniciosa sobre la economía, la dependencia de los países de los recursos naturales debilita la democracia, socava las instituciones, fomenta la corrupción y da lugar a formas autoritarias de gobierno. En el centro de esta perspectiva, subyace la tesis del Estado rentista, tesis que asume la formación de instituciones y la política como endógenas a un tipo de gobernanza que emerge en contextos de un flujo importante de rentas provenientes de la explotación de un recurso natural. El capítulo 5 aborda este tema y cuestiona la validez de esta tesis, como lo muestran un número de constataciones empíricas. A este cuestionamiento se agrega otro argumento que consiste en el uso y abuso de las técnicas de regresión estadística, mediante las cuales la compleja realidad social es reducida a índices arbitrarios que resultan de la agregación de información sesgada y subjetiva.

El capítulo cierra con una reflexión sobre un tema prácticamente ignorado en el debate y discusión sobre el extractivismo: el papel que desempeñan las corporaciones transnacionales en el debilitamiento de la institucionalidad de los países con abundantes recursos. En efecto, la literatura sobre los efectos negativos de las actividades extractivas en la gobernanza de los países subdesarrollados (casi toda originada en instituciones y centros de investigación de los países del Norte) centra su atención en la corrupción (mal supuestamente endémico en los países del Sur) y presta escasa o nula atención a su reverso: el soborno practicado por las corporaciones del Norte. La sección concluye con la posibilidad de que la inclusión de esta variable en los ejercicios de regresión estadística pueda resultar en conclusiones muy diferentes a aquellas que se desprenden del análisis convencional.


  1. La idea de intensificar el extractivismo para salir del extractivismo nos recuerda aquella reflexión del homos sovieticus, quien frente a la avasalladora propaganda oficial de lucha por la paz en las postrimerías del sistema socialista decía: “Nosotros lucharemos por la paz, si es necesario, hasta que no quede piedra sobre piedra”.


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