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Agradecimientos

Agradezco a Francisco Vázquez García, catedrático de Filosofía de la Universidad de Cádiz y presidente de la Asociación Centro Iberoamericano de Estudios sobre Sexualidad, por el prólogo con que ha enriquecido este libro; sus impresiones me animan a seguir avanzando por un camino comenzado hace décadas. Hago extensiva esta gratitud a los miembros de la mencionada asociación, cuya sede en Mérida no constituye obstáculo alguno para su enérgica expansión a diversos países, y que se ha convertido en bastión de los estudios sobre sexualidad; institución de la cual me siento honrada de formar parte.

A Richard Cleminson, profesor de la Universidad de Leeds, cuyas exploraciones sobre las variopintas intromisiones del poder en la sexualidad me han iluminado profundamente; a Jean Louis Guereña, catedrático de la Universidad François-Rabelais de Tours, quien, a partir de su historización de imágenes y representaciones del erotismo, me ha permitido otra lectura de un tema apasionante; a Ramón Castejón Bolea, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad Miguel Hernández, Alicante, cuyos textos sobre prostitución y moral sexual han sido claves para el desarrollo de mis ideas. Los momentos compartidos con todos ellos permanecerán imborrables en mi memoria.

Destaco, a su vez, la colaboración –de una u otra manera y quizás aún sin saberlo– en la organización de las ideas aquí publicadas de los maestros, colegas y amigos de siempre: Raquel Álvarez Peláez, Rafael Huertas, Ricardo Campos y demás excompañeros del Departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid). Todos ellos, dándome el abrigo necesario durante los torrentosos años de inicios del milenio, siguen demostrándome que están ahí, pero también acá.

Mi reconocimiento alcanza al grupo de investigadores de la Red Internacional de Historia de la Biología y la Evolución, y, en particular, a Miguel Ángel Puig Samper, por los fructíferos intercambios de ideas, imprescindibles para pensar (y repensar) pasado y presente.

A Álvaro Girón Sierra y Oliver Hochadel, del Instituto Milá i Fontanals (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Barcelona), por los proyectos y desafíos, pasados y por venir.

A Sandra Caponi, compatriota asentada en Brasil con quien recientemente codirigimos un proyecto CONICET-CAPES, del que guardo muy gratos recuerdos.

A Dora Barrancos y Hugo Biagini, de quienes nunca se termina de aprender.

Al Posdoctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires; y a Mario Pecheny, por no dudar en aceptar mi propuesta para ser desarrollada en el marco de su proyecto, radicado en el Instituto Gino Germani.

Al CONICET, organismo de excelencia en materia de investigación científica y del cual me siento orgullosa de integrar.

Al Instituto de Cultura Jurídica, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata y a su directora, Manuela Graciela González. Allí, la calidez de mis compañeros genera un hermoso ámbito de labor del cual tengo el placer de ser subdirectora y de coordinar el Área de Estudios Culturales de la Ciencia; destaco también que en él establecí, desde hace cinco años, mi sede de trabajo del CONICET.

A Olga Salanueva, mi directora de tesis doctoral defendida hace casi dos décadas, por su constante apoyo y reconocimiento.

A aquellos colegas cuyas lecturas y comentarios de los textos preliminares a este libro me permitieron poner a prueba las ideas fundamentales aquí planteadas.

Finalmente, agradezco a los alumnos de grado, posgrado, becarios y colegas investigadores, cuyas preguntas siempre me generan nuevos desafíos.

Y a mi compañero, Gustavo, por supuesto.



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