Su contribución al estudio
de los combatientes británicos y argentinos en las campañas terrestres
Germán Soprano
Introducción
Salvo excepciones, los científicos sociales argentinos no se han interesado en las experiencias de combate de oficiales, suboficiales y soldados argentinos en la Guerra de Malvinas.[1] Sin embargo, dicha cuestión ha sido abordada en informes oficiales elaborados por las Fuerzas Armadas en la inmediata posguerra y, desde entonces, militares argentinos han escrito libros y artículos sobre el tema para revistas profesionales castrenses. Asimismo, algunos autores que no tienen membresía en instituciones académicas como el CONICET o las universidades nacionales y las principales universidades privadas del país han producido libros necesarios para comprender las campañas, batallas y combates de este conflicto bélico. También el periodismo ha dado cuenta de ello en incontables oportunidades, la literatura, el cine de ficción y documental, la dramaturgia y, por supuesto, los veteranos con sus testimonios. Y editoriales argentinas han publicado libros testimoniales y de análisis de argentinos y británicos.[2]
El presente capítulo tiene por objeto la producción historiográfica británica sobre las experiencias de combate en las campañas terrestres de las fuerzas militares británicas y argentinas en Guerra de Malvinas/“Falklands War”.[3] Propongo identificar qué cuestiones han suscitado su interés y desde qué enfoques y métodos las comprendieron. Tengo por presupuestos, por un lado, que la historiografía británica sobre esta guerra enlaza con una prolífica tradición intelectual que ha estudiado el combate y los combatientes desde la historia militar, la historia o los estudios de la guerra y los estudios estratégicos. Por otro lado, que esa producción historiográfica entiende esa guerra como un episodio de la historia bélica contemporánea del Reino Unido. Y, por último, que si bien esa historiografía no se sustrae al efecto de determinaciones y relaciones con las agendas políticas de su país, parece estar preparada por su enfoque y métodos para dar cuenta de la producción de conocimientos sobre las experiencias de combate con una relativa autonomía académica. Asimismo, en las conclusiones interpelo los resultados alcanzados procurando responder a la pregunta ¿qué tenemos que conocer los historiadores argentinos –y más ampliamente los científicos sociales– de la historiografía británica de la Guerra de Malvinas/“Falklands War” y, en especial, de sus estudios sobre las perspectivas y experiencias de sus combatientes, para profundizar o renovar nuestra agenda de investigación sobre esta guerra?
El corpus de textos comprende libros producidos por algunos de los más reconocidos especialistas británicos contemporáneos en historia militar y de la guerra (Max Hastings, Lawrence Freedman, Martin Middlebrook, Hugh Bicheno) y otros menos conocidos cuyas investigaciones comprenden aspectos, organizaciones o protagonistas específicos de las campañas terrestres (Julian Thompson, Nick van der Bijl y Helen Parr). El recorte es incompleto y no constituye un estado del arte sobre esta guerra ni sobre lo que los investigadores británicos han dicho sobre ella, pero ofrece un punto de partida desde el cual explorar respuestas a las preguntas planteadas y objetivos propuestos.[4]
Periodismo de guerra e historia militar
Si sucediera lo increíble, si tuviéramos que pelear, tengo que estar allí. Estaba seguro de que podía contar bien la historia. Vamos –no importa la historia, al diablo mi propio escepticismo sobre la causa– quería estar con estos hombres en esta aventura post-imperial única (mi traducción).
(Hastings 2000, 271).
Cuando Max Hastings acompañó a la Fuerza de Tareas británica hacia las Islas Malvinas como corresponsal de guerra –embarcando el 9 de abril en Southampton en el buque de transporte Canberra, navegando por casi seis semanas con los Royal Marines y los Paracaidistas, desembarcando con las tropas en San Carlos y luego marchando a pie hasta Puerto Argentino– ya había producido obras de historia militar, pero aún no era reconocido como uno de los más importantes historiadores militares contemporáneos a nivel mundial.[5] Su prestigio como corresponsal de guerra y editor periodístico en el Reino Unido alcanzó enorme repercusión desde entonces. Su obra es extensa y diversa; comprende libros fundamentales sobre historia de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, la Guerra de Vietnam y recientemente sobre la crisis de Estados Unidos y la Unión Soviética por la instalación de misiles en Cuba.[6]
Hastings se sintió un privilegiado por participar de los preparativos de guerra como corresponsal adscripto a la Fuerza de Tareas británica. Reconoció que en la prolongada navegación compartida con las tropas conoció y forjó un vínculo personal con oficiales, suboficiales y soldados como nunca antes le había sucedido como corresponsal de guerra y que esto fue un insumo indispensable en su análisis sobre las experiencias de guerra de aquellos hombres. Y a diferencia de lo que había vivido en Irlanda del Norte y en las Guerras de Vietnam y del Yom Kippur, esta vez él era un “apéndice autorizado de un ejército” (Hastings 2000, 302).[7] Antes de partir rumbo al Atlántico Sur, propuso a Simon Jenkins –editor de política del periódico The Economist– escribir juntos un libro sobre el conflicto de las “Falklands”. Jenkins se ocuparía de los aspectos políticos y él de los militares. La respuesta del colega fue afirmativa. De aquella propuesta resultó The Battle for the Falklands, publicado a principios de 1983.[8] En el “Prólogo”, sus autores afirmaban que ésta era la última “guerra colonial” del Reino Unido. Reconocían que no se proponían contarla desde las perspectivas y experiencias de los argentinos y que, aunque habían consultado fuentes de este último país, sus argumentos estaban definitivamente basados en documentos y testimonios –nominalizados u anónimos– de origen británico. Asimismo, para el desarrollo de la investigación y escritura del libro recibieron la colaboración de las Fuerzas Armadas de su país, que facilitaron el acceso a documentación y a entrevistas con personal militar e, incluso, el manuscrito fue leído por varios oficiales superiores que participaron de la Fuerza de Tareas, quienes aportaron observaciones adicionales y correcciones útiles para su publicación.
Los autores prestaron atención a cuestiones militares clave comenzando por la instrucción y el adiestramiento del personal, el nivel de aprestamiento de las unidades y la planificación de las operaciones.[9] La permanencia de Hastings con las tropas en la navegación desde el Reino Unido hacia las Islas Malvinas, en el desembarco anfibio en San Carlos, compartiendo la marcha de los infantes a través de la Isla Soledad y en los combates en los alrededores de Puerto Argentino y, finalmente, deambulando por esta localidad en la mañana del 14 de junio en vísperas de la rendición de los argentinos, permitió reunir e incorporar en el libro referencias –muchas veces nominalizadas– a las perspectivas y experiencias de los combatientes británicos. Una vez producida la operación anfibia de desembarco de la 3ª Brigada de Comando en San Carlos y alcanzada la victoria del 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas sobre las fuerzas militares argentinas en Darwin-Pradera del Ganso, el libro sigue el avance a través de la Isla Soledad hacia Puerto Argentino comprendiendo el desembarco de la 5ª Brigada de Infantería en Fitz Roy y los combates protagonizados la noche del 11 y 12 de junio por el 3º Batallón del Regimiento de Paracaidistas en Monte Longdon, el 45 Comando en Dos Hermanas y el 42 Comando en Monte Harriet; así como aquellos librados la noche del 13 al 14 de junio por la Guardia Escocesa en Monte Tumbledown, los Fusileros Gurkhas en Monte William y el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas en Wireless Ridge. En el libro, Hastings es incluido como protagonista de los hechos narrados aludiendo a sí mismo en tercera persona del singular; así, por ejemplo: “Hastings quiere expresar especial gratitud a los oficiales y tropa de la Fuerza de Tareas que soportaron su compañía estrecha no sólo en las Malvinas sino también en los meses que siguieron. También confía en que, con el tiempo, Chris Keeble (del 2 de Paracaidistas) se cansará de contar a quien quiera oírlo cómo este corresponsal se quedó dormido a su lado durante la batalla de Wireless Ridge” (Hastings y Jenkins 1983, 14).
Diferentemente y salvo en contadas excepciones, las unidades y elementos argentinos no siempre están identificados y menos aún lo están sus combatientes; estos últimos generalmente no tienen nombre, sus testimonios son escasos y vagamente referenciados, los británicos los enfrentan, eventualmente los abaten, ven morir, caer heridos y/o prisioneros. Y no es que con ello los autores pretendan deshumanizar a los enemigos del Reino Unido; sucede que esta investigación precursora sobre la “Falklands War” está construida casi unilateralmente desde bibliografía, fuentes documentales y testimonios británicos.
Historias de los combatientes británicos y argentinos
Una combinación de orgullo nacional, rechazo a aceptar el alcance de la derrota de 1982, y tal vez, una falta de familiaridad para examinar la historia militar reciente –lo cual los escritores británicos han tenido mucha más oportunidad–, parece de haber impedido a la mayoría de los escritores argentinos la búsqueda de la verdad, por más incómoda que resulte ser esa verdad. La dificultad de tratar con mitos de tiempos de guerra fue mi problema más grande, tanto al realizar las entrevistas en Argentina como en la subsiguiente redacción de este libro.
(Middlebrook 2017, 8).
Martin Middlebrook es un historiador militar británico con una reconocida obra centrada en la Primera y la Segunda Guerra Mundial.[10] En 1985 distrajo su atención respecto del estudio de aquellas guerras a las que dedicó toda su vida académica y publicó Operation Corporate: The Story of the Falklands War, 1982. En 1987 el libro fue revisado y reeditado con el título Task Force. The Falklands War. 1982.[11] Y poco después concretó una nueva investigación, esta vez sobre las perspectivas y experiencias de los argentinos: The Argentine Fight for the Falklands (1988).[12]
En la “Introducción” que escribió en abril de 1987 a su primer libro, Middlebrook (2012) situó la concepción del mismo el 4 de mayo de 1982 cuando el HMS Sheffield fue alcanzado por un misil Exocet argentino, esto es, decía, apenas dos días después que el ARA General Belgrano fuese hundido por el submarino británico HMS Conqueror. Aquellos eventos habían signado el pasaje de la “guerra diplomática” a la “guerra de los disparos”. No sintió ningún interés por abordar las dimensiones política y diplomática de esa guerra contemporánea, pero no pudo evitar –como le sucedió en sus pesquisas sobre las Guerras Mundiales– sentir una profunda atracción por aquellos “jóvenes decentes” de ambos bandos que morirían peleando por “patriotismo”, “principios” y por el “fracaso de la política”. Pero como entonces tenía compromisos previamente asumidos para terminar un libro y la mitad de otro, postergó el proyecto por un tiempo. Aquella decisión no le preocupó demasiado, pues prefería que “el polvo se asiente” para alcanzar algo de perspectiva histórica sobre los hechos y tampoco le apetecía entrevistar a los militares cuando acababan de regresar del combate.
Poco después solicitó una autorización al Ministerio de Defensa británico para visitar unidades militares y entrevistar veteranos. Hizo más de 200 entrevistas. También viajó a las Islas Malvinas –con autorización de dicho Ministerio– en septiembre de 1983 para conocer in situ los campos de batalla y poder situar mejor las experiencias de los combatientes y de los isleños. El libro estuvo escrito en lo fundamental en 1984 y –como sabemos– fue publicado en 1985. Middlebrook se ocupó en los siguientes dos años en otros asuntos, particularmente, recorriendo los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial durante los veranos y en los inviernos se dedicaba a preparar un libro sobre los bombardeos de la Real Fuerza Aérea en 1943-1944.
Ahora bien, según relata, cuando publicó su primer libro sobre la “Falklands War” no pudo cumplir con un objetivo clave que se autoimponía ordinariamente en sus investigaciones en historia militar: conocer las batallas desde los puntos de vista de ambos contendientes. Entonces el objetivo no fue alcanzado porque sus solicitudes de obtención de una visa argentina –hechas todavía durante el gobierno de facto– fueron “ignoradas”. Cuando asumió el gobierno electo democráticamente del presidente Raúl Alfonsín, el libro estaba “a medio escribir”, hizo nuevas solicitudes, pidió el envío de materiales por correo postal explicitando que estaba llevando a cabo una investigación “imparcial”, pero tampoco obtuvo respuestas favorables.
Aquel objetivo incumplido, no obstante, pudo concretarse poco después en 1987 cuando el gobierno argentino finalmente le otorgó la visa, viajó al país para realizar trabajo de campo y en 1988 publicó The Argentine Fight for the Falklands.[13] Según sostuvo, la Armada Argentina –gracias al capitán de navío Guillermo Montenegro– le prestó especial colaboración para concretar entrevistas con veteranos y habilitó una vista a la Base Naval de Puerto Belgrano. Reconoció que dispuso de “libertad para preguntar lo que quisiera” y recibió respuestas “honestas y “dadas libremente”. Respecto de la cuestión de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, relató que sus interlocutores no intentaron convencerlo de la legitimidad de la posición argentina; sólo en una reunión especial antes de finalizar el trabajo de campo, los mandos navales abordaron el tema, pero él les insistió que era un “historiador militar, no político” y que su libro se “limitaría a la historia militar” y adoptaría una “posición neutral sobre el tema de la soberanía”, aun cuando su posición era contraria –les dijo– a la de los argentinos.
El general de brigada (R) Oscar Luis Jofre, por su parte, lo puso en contacto con oficiales veteranos de “cada unidad importante” del Ejército Argentino; y también mantuvo reuniones con veteranos con los que pudo encontrarse a través de otros contactos. Por último, pese a sus reiterados pedidos, la Fuerza Aérea no le prestó colaboración institucional alguna. Esa “frustrante” y “decepcionante” actitud ofrecida por esta Fuerza, sin embargo, fue compensada echando mano a una abundante literatura referida a las operaciones aéreas argentinas en la guerra y con el recurso a los testimonios propios y de varios camaradas que un piloto argentino –presumiblemente Pablo Carballo– había reunido para un libro de su autoría y a los que generosamente le permitió acceder. En total, Middlebrook concretó 62 entrevistas en la Argentina; para realizarlas debió servirse de intérpretes, pues no hablaba castellano.
Si comparamos el análisis que este autor hizo en ambos libros sobre las campañas terrestres, constataremos que intentan construir un relato en espejo acerca de las perspectivas y experiencias de británicos y argentinos a partir del desembarco de los primeros en la operación anfibia del “Día D” –el 21 de mayo– en San Carlos, refiriendo a los enfrentamientos con los escasos elementos argentinos allí dispuestos, la consolidación de la cabeza de playa bajo el fuego de los pilotos argentinos, la decisión de los británicos de atacar Darwin-Pradera del Ganso y los combates allí librados. Luego ocupándose de la marcha hacia Puerto Argentino de la 3ª Brigada de Comando y la 5ª Brigada de Infantería –esta última tras recibir importantes bajas producidas por el ataque aéreo argentino durante la operación de desembarco en Fitz Roy– y la preparación de la defensa de Puerto Argentino por las fuerzas argentinas. Por último, la batalla por Puerto Argentino desplegada en los montes Kent, Challenger, Wall, Harriet, Dos Hermanas, Tumbledown, Longdon, William, Wireless Ridge y Sapper Hill comprende testimonios de británicos y argentinos. Finalmente, se refiere a la rendición argentina el 14 de junio. En suma, en la inmediata posguerra, Middlebrook produjo una interpretación que comprendió simultáneamente los puntos de vista de británicos y argentinos.[14]
Historia oficial
Si me hubiera inclinado a proporcionar una interpretación gubernamental aprobada del conflicto, y hubiera podido identificar la forma que podría tomar, la existencia de tantas otras historias independientes de la campaña pronto pondría a prueba la credibilidad de cualquier relato que divergiera notablemente de la amplia evidencia ya en el dominio público o eludiera las áreas obvias de controversia (mi traducción).
(Freedman 2007b, XXIII).
En 1997, el primer ministro laborista Tony Blair encomendó a sir Lawrence Freedman una “historia oficial” de la “Falklands War”.[15] Académico especializado en estudios estratégicos y de la guerra, por entonces Freedman contaba con un destacadísimo reconocimiento en el Reino Unido y en otros países.[16] Su conocimiento sobre la Guerra de Malvinas se remontaba a la década de 1980, cuando investigó sobre el tema y publicó Britain and the Falklands War en 1988 y poco después Signals of War. The Falkland´s Conflict of 1982 en 1990 en co-autoría con la especialista argentina –residente en el Reino Unido– Virginia Gamba-Stonehouse.[17] En su prolífica obra, sin embargo, la “Falklands War” ocupa un lugar acotado en sus investigaciones sobre diversos aspectos de la guerra nuclear durante y después de la Guerra Fría[18] y sus estudios más generales acerca de la guerra, estrategia y asuntos internacionales.[19]
En Signals of War… Freedman y Gamba-Stonehouse sostenían que no se proponían demostrar cuál de los dos países poseía derechos soberanos sobre las Islas, pues los argumentos de uno y otro –afirmaban– no eran “irrefutables” y en “la práctica, la propiedad de las islas desde el momento de su descubrimiento se ha resuelto mediante el uso de la fuerza” (Freedman y Gamba-Stonehouse 1992, 33). Uno de los motivos que Freedman y Gamba-Stonehouse invocaban para definir la originalidad de su libro era que habían trabajado con documentación oficial y testimonios de políticos y militares británicos y argentinos –incluso documentación de estos últimos que aún no era de dominio público–. Otro motivo era que el mismo había sido concebido y escrito por un británico y una argentina. El resultado fue –decían– “una desusada oportunidad de percibir el desarrollo de un conflicto desde ambos lados, y también de examinar las formas en que los enunciados y las declaraciones de cada parte influyeron en la otra” (1992, 34). Tales argumentos no faltaban a la verdad, pues –como se ha visto– Middlebrook había publicado un libro con las perspectivas y experiencias británicas en 1985 y otro con las argentinas, pero Signals of War… era el primero que abordaba ambas simultáneamente.[20] Asimismo, al evaluar la utilidad interpretativa de los testimonios y documentación argentina y del Reino Unido se impusieron como criterio metodológico evitar la “mitología alrededor de las guerras” que “exalta a los héroes y a los mártires” y donde se “critican e incluso se castiga los fracasos” y se “repiten las anécdotas emocionantes y se olvidan los episodios embarazosos” (Freedman y Stonehouse 1992, 34). Dicha “mitología” no era necesariamente malintencionada e inevitablemente afloraba en todas las guerras, dado que:
El ritmo y la confusión de la crisis y el conflicto por sí mismos originan buena proporción de problemas: no se llevan debidamente los registros, e incluso las memorias más honestas son falibles. Lo que ahora nos parece decisivo, merecería entonces el calificativo de trivial; las inquietudes apremiantes del momento son ignoradas después. La percepción retrospectiva determina que las decisiones razonables parezcan absurdas y asigna la virtud de una gran visión a ciertas jugadas temerarias. Como si todo esto no fuese suficiente, cuando aparecen las consideraciones relacionadas con el orgullo nacional y la reputación política, la separación entre la historia y la mitología llega a ser incluso más difícil (Freedman y Stonehouse 1992, 34).
El libro, no obstante su interés por comprender el conflicto bélico en sus dimensiones políticas, diplomáticas y militares, como bien advertían sus autores, aborda la guerra “mirando desde lo alto hacia abajo”, esto es, enfocándose en las decisiones fundamentales relativas a esas tres dimensiones y en cómo fueron implementadas, antes que dando cuenta de las perspectivas y experiencias de sus combatientes. Esta decisión se aprecia bien a la hora de describir y analizar las campañas terrestres de ambos contendientes desde el desembarco anfibio británico en San Carlos y el establecimiento de una cabeza de puente, en la batalla de Darwin-Pradera del Ganso, el desembarco en Fitz Roy, en la batalla por Puerto Argentino y la rendición.[21] Las perspectivas y experiencias de combate de oficiales, suboficiales y soldados no son objeto de atención, siquiera las de los británicos. Por supuesto, este comentario no implica un demérito para el libro; apenas destaca cuál fue su enfoque y objeto estudio: el conocimiento de los principales decisores y decisiones políticas, diplomáticas y militares.
Ahora bien, volvamos a los dos volúmenes de The Official History… En el Prefacio, Freedman sostiene que en esta ocasión dispuso de una ventaja que sólo podía alcanzar como hacedor de una “historia oficial”, cual es “hacer pleno uso de los archivos”. Ciertamente, se trata de los archivos británicos, pues el libro no se sirve de la documentación oficial argentina. Más aún, en los dos tomos, apenas se citan sólo dos textos de la amplísima literatura existente en la Argentina sobre la Guerra de Malvinas y, más ampliamente, sobre la “cuestión Malvinas”: un artículo del internacionalista Bruno Bologna y el precursor libro de los periodistas Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo van der Kooy, Malvinas. La trama secreta, ambos en ediciones en inglés publicadas en 1983. También que esta vez pudo conocer las “Falklands” en marzo de 2000, donde recibió la “hospitalidad” del gobernador y los isleños. El carácter “oficial” de su libro es definido del siguiente modo:
¿Qué puede añadir entonces una Historia Oficial? Lo que es más importante, proporciona un relato basado en el registro documental. Como historia oficial, he tenido acceso privilegiado a todo el material archivado, incluidas notas informativas y presentaciones oficiales, telegramas diplomáticos, cajas de señales militares e informes de inteligencia sin procesar. El privilegio es muy real, y esta oportunidad de explorar un evento tan importante en todas sus dimensiones ha sido maravillosa […] El resultado de este reporte es oficial en la medida en que ha sido construida a partir de fuentes primarias. Oficial en este contexto no significa una historia sancionada oficialmente, por lo que solo se expresan opiniones seguras o consensuadas. No se ha hecho ningún intento de dirigir mi relato de los acontecimientos en una dirección u otra” (mi traducción) (Freedman 2007b, XXII-XXIII).
Su historia no sería –según su definición– una “historia oficial” en el sentido de una historia gubernamental sino una producida a partir de un amplio y diverso corpus de fuentes oficiales hasta entonces no accesibles a los historiadores. Sin dudas, Freedman –que es un académico inteligente con una obra robusta y consistente– era y es consciente que esta historia sería y es de cualquier forma controversial en el Reino Unido y también más allá de sus fronteras.[22] Asimismo, si en Signals of War… sus autores decían que habían buscado poner en suspenso la disputa acerca de la soberanía sobre las Islas, en su “historia oficial” Freedman no podía desentenderse de este asunto. Como bien sostiene Darío Barriera, el historiador británico destaca los “tópicos por donde el Reino Unido quiere hacer pasar algunas posibilidades que encuentra en la historia para argumentar a partir de derechos algo que, en realidad, concretó usando la fuerza: anexar territorios (continentales o insulares) al imperio” (Barriera 2022, 37). En The Official History… es indudable que el foco de la interpretación del conflicto está puesto en la perspectiva británica, aun cuando, como el autor advierte en la Introducción al segundo volumen: “He intentado tratar la posición argentina de manera justa y reportar lo que se sabe relevante sobre las actitudes y el comportamiento de los argentinos para el objetivo principal de mi narrativa” (mi traducción) (Freedman 2007b, XXII). En este libro, por último, ofrece mayores detalles sobre las acciones bélicas de las unidades y sus elementos en el teatro de operaciones terrestre y nominaliza a algunos oficiales británicos protagonistas del desembarco en San Carlos y en los combates en Darwin-Pradera del Ganso –de los argentinos apenas refiere a algunos oficiales superiores–. Otro tanto hace en su relato del desembarco en Fitz Roy y los combates en el avance británico sobre Puerto Argentino en los montes Longdon, Dos Hermanas, Harriet, Tumbledown, William y Wireless Ridge.[23] En líneas generales, sin embargo, su análisis continúa distante de las perspectivas y experiencias de los combatientes, incluso de los británicos.
Historia (dicha) no oficial
Más allá de examinar el contexto más amplio de la guerra –casi siempre pasado por alto–, pretendo prestar la debida atención a quienes fueron enviados a redimir los fracasos de sus respectivas naciones políticas.
(Bicheno 2009, 40).
Razor’s Edge. The Unofficial History of the Falklands War fue publicada en 2006.[24] El eminente historiador militar británico Richard Holmes escribió el prólogo y presentó este libro como una “historia sumamente extraoficial”.[25] Holmes recordaba que Bicheno fue oficial de inteligencia del MI6 en la década de 1970 –tuvo destino en la Argentina entre 1974 y 1978– y consultor en asuntos de seguridad y negociación de secuestros en otros países de América Latina.[26] Desde su regreso al Reino Unido a fines de la década de 1990 se dedicó profesionalmente a la historia militar.[27] Una característica de sus investigaciones es la minuciosa atención que presta a la reconstrucción de los escenarios donde se despliegan las campañas y batallas y –como se anticipa en el epígrafe de este apartado– a las perspectivas y experiencias de sus combatientes.
Holmes decía que el análisis de Bicheno sobre las operaciones militares no expresaba ni un punto de vista británico ni argentino y que, para lograr esa mirada comprehensiva, se había servido de una diversidad de fuentes documentales, testimonios e investigaciones sobre el conflicto producidos por ambas partes. También destacaba el detallado estudio hecho en el terreno donde se desarrollaron las campañas y batallas terrestres de las fuerzas británicas y argentinas, de las acciones de las unidades –incluso de pequeños elementos– en los combates y su comprensión muy cercana del modo en que combatieron británicos y argentinos.[28] Holmes concluía que no siempre coincidía con las afirmaciones de Bicheno –decía que él no podía “arrojar por la borda” su “caparazón académico” para hacer un “análisis político descomprometido” como el de su colega–, pero consideraba que su libro era “valiente y decisivo” (Holmes en Bicheno 2009, 27).
Para Bicheno, la “invasión argentina” fue apenas el detonante de la guerra; en tanto que su causa había sido una determinación histórica más profunda y radical: un choque de culturas difícil de evitar. El enemigo que el Reino Unido enfrentó en el Atlántico Sur era un gobierno “nazi-fascista” –como la Alemania contra la cual combatió en la Segunda Guerra Mundial– que buscaba expiar la “culpa” de sus militares por su papel en la “guerra sucia” (Bicheno 2009, 33). Un enemigo que daba por descontado que la decadencia británica volvería improbable cualquier respuesta militar contundente. Sólo la decisión política de la primera ministra Margaret Thatcher, la presteza con que las Fuerzas Armadas británicas alistaron una enorme Fuerza de Tareas y la victoria alcanzada revirtieron la percepción de los británicos –atribuida o autopercibida– de ser una “nación derrotista” o en “decadencia”. En los años previos a la guerra, esa percepción –decía Bicheno– había motivado tentativas gubernamentales dispuestas a “arrojar” a los isleños bajo el control de un país como la Argentina gobernado por una dictadura.
Ahora bien, ¿por qué una historia “no oficial”? Es evidente que el subtítulo polemizaba con la “historia oficial” de Freedman. Así pues, si para Bicheno el libro de Hastings y Jenkins (1983) era una obra hecha por “periodistas” en la inmediata posguerra –hay cierta malicia en no reconocer a Hastings como historiador militar–, pero que fue apenas –decía– “una instantánea de una realidad parcialmente observada” (2009, 35); por su parte, el comentario sobre aquella “historia oficial” era definitivamente lapidario:
Cuando el partido laborista llegó al poder en 1997 encargó una historia “oficial” de los hechos y abrió los archivos confidenciales del gobierno exclusivamente al profesor Sir Lawrence Freedman, violando la regla de los treinta años: un presagio de lo que darían a su anémica Ley de Libertad de Información con el objeto de quebrantar la convención que impedía al gobierno entrante utilizar material de archivos clasificados para desacreditar a su predecesor. Presuntamente su intención fue desmitificar el “Factor Falklands” que, creían ellos, había impedido el acceso de los laboristas al poder durante los anteriores dieciocho años. Ahora, con tanto gato como tienen encerrado, seguramente lamentan su decisión de entonces… lo cual explicaría que la publicación del libro de Freedman se haya postergado hasta después de la elección general de 2005 (Bicheno 2009, 36).
Pero Bicheno no sólo polemizaba con Freedman, también se manifestaba crítico de “gran parte de la literatura” escrita en inglés, pues en ella no se profundizaba en el tema y se excluían las fuentes documentales y análisis argentinos, favoreciendo así una “opinión facilista de que la guerra había sido ‘innecesaria’” (2009, 36). Asimismo, la imposibilidad que tenían los historiadores británicos de salvar el desconocimiento del idioma castellano para realizar una investigación comprehensiva había provocado:
[…] un serio desequilibrio en las crónicas escritas en idioma inglés sobre las causas de la Guerra de Malvinas, demasiado centradas en los errores de cálculo más inmediatos y para nada de la matriz de la que surgieron […] Para los hombres que la ordenaron, la invasión –como la guerra sucia– no era sino un medio para alcanzar un fin […] tuvo el propósito de alcanzar la purificación del carácter nacional a través del sacrificio antes que el de la aplicación eficiente de la fuerza militar para la obtención de objetivos realistas (Bicheno 2009, 80).
A los efectos de nuestro foco de atención, sin embargo, la potencia de Razor’s Edge… no resulta de esta interpretación –ciertamente polémica– sobre las causas de la guerra sino de su bien lograda capacidad para reconstruir las campañas y batallas –las terrestres en particular– comprendiendo las perspectivas y experiencias de los combatientes británicos y argentinos y destacando el papel determinante impuesto por las características del “terreno” que operó –según su expresión– como un “tercer bando”. Si lo primero fue el resultado de su abordaje de fuentes documentales, testimonios y del diálogo con la literatura especializada británica y argentina; lo segundo es tributario de su análisis de la cartografía y fotografías, del diseño de útiles diagramas y de las observaciones que elaboró sirviéndose de su experiencia personal en el trabajo de campo –con apoyo de guías isleños– en los escenarios de la guerra y proponiéndose alcanzar algún grado de empatía con las vivencias de los combatientes.[29] Y realmente se esforzó por alcanzar una mirada comprehensiva. Por un lado, consideró que la campaña británica “sigue siendo un triunfo extraordinario sobre la adversidad natural y construidas por el hombre, y también una notable épica bélica”; y, por el otro, advirtió que “es ofensivo para ambos bandos retratar a las tropas argentinas como rebaños de ovejas rumbo al matadero”, pues “los soldados argentinos pelearon duramente cuando estuvieron bien liderados e incluso, a veces, cuando no lo estuvieron (Bicheno 2009, 40). También buscó que sus lectores se aproximen lo mejor posible y comprendan las vivencias de los combatientes. De los libros que hemos reseñado hasta aquí, en este sentido, considero que es el mejor logrado.
En el espacio que aquí disponemos, sin embargo, es imposible demostrar con ejemplos y hacer justicia a la maestría con que este autor describió en detalle y analizó las campañas terrestres, las batallas y acciones de los británicos y argentinos desde el desembarco en San Carlos hasta la rendición de Puerto Argentino. Por el contrario, sí haré referencia a su caracterización de los desiguales perfiles profesionales y desempeños de las fuerzas terrestres de ambos contendientes, pues los atributos sociales que asignó a los argentinos están marcadamente connotados por estereotipos. Veamos.
El Reino Unido –decía– históricamente dispuso de una Armada fuerte que garantizaba la defensa marítima y la proyección en los asuntos globales del imperio sin involucrarse demasiado en los asuntos internos y de un Ejército pequeño y profesional adiestrado en los estándares de la OTAN que en los años previos a la Guerra de Malvinas combatió el terrorismo en Irlanda del Norte. En cambio, la “cultura ítalo-española” de los argentinos convirtió la ausencia de una amenaza de invasión sobre su territorio en una maldición, pues sus Fuerzas Armadas devinieron en una “guardia pretoriana” que “creía encarnar las más elevadas aspiraciones de la nación”. Asimismo, la exaltación del “patriotismo” y la “virilidad” no compensaban entre los oficiales y suboficiales argentinos el necesario cultivo de la “pericia y experiencia militar” y tampoco la disponibilidad de armamento, materiales y equipos podían reemplazar el desarrollo profesional de los cuadros ni la instrucción y adiestramiento de los soldados conscriptos. Estos últimos –reconocía– podían ser buenos combatientes si hubieran cumplimentado ejercicios físicos y prácticas de tiro de combate hasta que estos llegaran a formar parte de su “segunda naturaleza”. Los conscriptos eran “jóvenes decididos”, “en el esplendor de la edad”, y entendía que había sido “una vergüenza desperdiciar su potencial preparándolos tan malamente”, ni hacerlos rotar y regresar a Puerto Argentino para descansos periódicos desde las “posiciones frías y húmedas que ocupaban en las colinas” de los alrededores de la localidad. Los mandos argentinos, además, solían ejercer la disciplina con “castigos decimonónicos que incluían estaquear a los hombres en las laderas de los cerros y palizas colectivas”, antes que aplicar una conveniente conjunción de “repetición, desafío físico y mental, y castigo”. Esta falta de una genuina disciplina era tenida por el historiador británico como un atributo de la “cultura argentina”. Los argentinos –continuaba– tampoco habían probado sus armas mientras aguardaban el enfrentamiento con los británicos, no diseñaron sus planes de fuego ni calcularon la distancia hasta los potenciales blancos en cada posición defensiva; tampoco se habían ocupado convenientemente de cuestiones básicas como la adecuada alimentación de sus tropas, pues consideraban la comida sólo como un combustible proveedor de energía y desatendían su función en la cohesión de “grupos primarios” de “guerreros” –clásicamente grupos de diez hombres– que desde “tiempos inmemoriales” “comen y cocinan juntos” (Bicheno 2009, 126-127).
Ahora bien, aún con todas estas serias dificultades a cuestas, Bicheno sostuvo que la cohesión de los combatientes fue alcanzada en algunos elementos del Ejército Argentino. Así, por ejemplo, ponderó positivamente el desempeño de los “subtenientes recién graduados” que “estuvieron admirablemente a la altura del desafío”, “se ganaron la devoción de sus hombres” y “algunos demostraron ser notables jefes de combate”; pero advertía que cuando esos jóvenes oficiales eran heridos o muertos “sus hombres casi siempre perdían la fe”. Por el contrario, estos problemas no habrían afectado tanto a los británicos porque “los soldados eran mucho más autosuficientes y había un liderazgo en profundidad” que daba protagonismo al ejercicio del mando por parte de los suboficiales; diferentemente “hubo muy poco combate en la guerra sucia argentina y las cualidades que tendió a propiciar eran patológicas”. Por ello, no dudó en definir a los suboficiales argentinos –especialmente los de mayor jerarquía– como “corpulentos, burocráticos y corruptos”, que “abusaron de su autoridad hasta la víspera de la batalla” y rehuyeron el combate (Bicheno 2009, 127-128). Esta comparación entre los suboficiales británicos y los argentinos arrojaba un contrapunto inequívocamente favorable a los primeros:
[…] en líneas generales los suboficiales británicos debían sus franjas al respeto de sus hombres, para nada fáciles de impresionar. El culto a la rudeza era más pronunciado entre los Paras y los infantes de Marina que en los regimientos de línea. Pero, aunque el estilo brutal era un importante ingrediente, no alcanzaba por sí mismo para ganarse la obediencia de las tropas. Los jóvenes son jueces inmisericordes del carácter humano, y aunque la promoción de los soldados dependía de las recomendaciones de los oficiales, los oficiales comisionados eran plenamente conscientes de que su autoridad dependía de los buenos suboficiales. En la infantería argentina los oficiales de carrera y suboficiales eran un “nosotros” contra “ellos” –los conscriptos–, mientras que entre los británicos el “nosotros” eran los soldados y los suboficiales y el “ellos” los oficiales observados con frío escepticismo por sus hombres hasta que también pasaran la prueba. Se esperaba que los oficiales más jóvenes dieran el ejemplo, pero estaban lejos de ser indispensables. Podría decirse que el énfasis en el liderazgo personal tuvo el costo de las cualidades de gerenciamiento que requieren los rangos más altos; pero la autoridad se ganaba a través de una feroz meritocracia, a diferencia de lo que ocurría en el resto de la sociedad británica (Bicheno 2009, 128-129).
Estas notables cualidades militares atribuidas a la infantería británica –tanto las unidades de los Royal Marines como las del Ejército– habrían asegurado la victoria del Reino Unido en la campaña terrestre; es decir, una vez sopesada la incidencia que en dicha campaña ejercieron la disponibilidad de ciertos armamentos, materiales y equipos y la topografía, en última instancia, prevaleció la capacidad de combate y la mayor voluntad de dominio de los británicos sobre los argentinos. Tal era su conclusión. El entrenamiento no sólo había permitido a los británicos aprovechar al máximo a sus hombres y sus equipos –“todo se reduce a entrenamiento, entrenamiento… y más entrenamiento”–; también llevó a los argentinos a creer que como ellos no podían realizar ciertas tareas, pues el enemigo tampoco lo conseguiría (Bicheno 2009, 142). Ciertamente, en estas afirmaciones estereotipadas sobre los argentinos es dado reconocer comportamientos, atributos sociales e historias que bien podrían constituir presupuestos o hipótesis para el desarrollo de investigaciones que arrojen resultados menos homogéneos y excluyentes; pero el modo esquemático con el que caracteriza en forma tan genérica, contundente y negativa la susodicha cultura argentina o hispana en contraposición con la positivamente ponderada cultura anglosajona –y sus correspondientes culturas castrenses– acaba malogrando su interpretación, aunque creo que no su minuciosa reconstrucción de los hechos y protagonistas en los combates en las campañas terrestres de británicos y argentinos.
Por último, Bicheno también planteaba una desigual ponderación respecto de las capacidades de combate de las fuerzas militares británicas que protagonizaron la campaña terrestre. Por un lado, el destacado desempeño de la 3° Brigada Comandos y, por el otro, el más problemático de la 5° Brigada de Infantería. Esas desiguales capacidades también fueron consecuencia de (malas) decisiones tomadas por los líderes políticos del gobierno y por los altos mandos militares británicos en el curso de la guerra.[30] Las diferentes perspectivas y experiencias acerca del desempeño de esas dos brigadas será el objeto del siguiente apartado.
Historias de la 3ª Brigada de Comando y de la 5ª Brigada de Infantería
Pero había transcurrido mucho tiempo desde que Gran Bretaña combatiera en una contienda de esta clase y eran muy pocos los oficiales en servicio activo, incluso en las jerarquías más altas en guarniciones de nuestro país, que contaran con alguna experiencia respecto de alguna campaña de este tipo.
(Thompson 1990, 31).
La recriminación no es la esencia de este libro, si bien nos hemos permitido el privilegio de un breve examen, ciertamente, en retrospectiva. La distribución de la responsabilidad y la culpabilidad se deja para que los futuros historiadores elijan y saquen sus propias conclusiones, pero con un defecto, no estaban allí –cansados, hambrientos, fríos, mojados y teniendo que tomar decisiones rápidas en el calor del momento, no en la comodidad de algún escritorio en cálida oficina (mi traducción).
(van der Bijl y Aldea 2003, 4).
La campaña terrestre británica fue protagonizada por la 3º Brigada de Comando y de la 5ª Brigada de Infantería. La historia de la primera fue objeto de un libro escrito por quien fuera su comandante en la guerra, el general de división Julian Thompson, y publicada en 1985 como No picnic: 3 Commando Brigade in the South Atlantic, 1982;[31] en tanto que, de la historia de la segunda, se ocuparon Nick van der Bijl y David Aldea en Fifth Infantry Brigade in the Falklands, publicada en 2003.
Julian Thompson se incorporó a los Royal Marines en 1952. En la década de 1960 estuvo desplegado en Borneo a raíz de la intervención británica en el conflicto entre Indonesia y Malasia.[32] A mediados de la década de 1970 fue designado comandante de 40 Comando y en 1981 comandante de la 3ª Brigada de Comando de los Royal Marines. En este último cargo lo encontró, con el grado de general de brigada, el inicio del conflicto en el Atlántico Sur entre el Reino Unido y la Argentina. Tras la guerra fue nombrado comandante de Instrucción de las Fuerzas de Reserva y de las Fuerzas Especiales entre 1983-1986, año en que pasó a situación de retiro. Mientras desempeñaba aquel comando publicó en 1985 No picnic… Entre 1987 y 1997 fue profesor-investigador en temas de logística y conflicto armado en el King’s College de la University of London y desde entonces publicó libros de historia militar sobre la Primera y Segunda Guerra Mundial y, además, sobre la Royal Navy, Royal Marines y los Paracaidistas.[33]
No picnic… es un libro centrado en la experiencia y perspectiva que tuvo Thompson como comandante de la 3ª Brigada de Comando, pero que por sus descripciones y análisis de las experiencias de los combatientes que protagonizaron la campaña terrestre en las unidades británicas que componían dicha Brigada –también a la luz de la obra posterior de este autor– puede considerarse como una historia más comprehensiva acerca de esta última. Sólo excepcionalmente Thompson explicita sistemáticamente con qué fuentes documentales y con base en qué testimonios produjo su investigación; en este sentido, pues, la calidad historiográfica de su libro se ve resentida.[34]
La cuestión del alistamiento, obviamente, constituye el primer aspecto analizado por Thompson en el capítulo uno. El 2 de abril por la madrugada, el comandante de las Fuerzas de Comandos de los Royal Marines, el general de división Jeremy Moore, ordenó al general de brigada Thompson alistar la 3ª Brigada de Comando para ser movilizada hacia el Atlántico Sur. Dicha Brigada componía la Fuerza Combinada de Desembarco del Reino Unido/Países Bajos en la OTAN y estaba conformada por el 40 Comando, el 42 Comando y el 45 Comando. La Brigada también contaba con las siguientes unidades y elementos: Regimiento 29 de la Real Artillería (cuyos vínculos con los infantes de marina habían sido puestos a prueba en combate en Brunei y Aden, Irlanda del Norte y en ejercicios en el Lejano Oriente y en Noruega), el Escuadrón Real de Ingenieros 59 de Comando, el Regimiento de Logística del Comando (con sus cinco batallones: sanidad, transporte, talleres, artillería y cuartel general), el Escuadrón de Comunicaciones, el Escuadrón Aéreo (con helicópteros Gazelle y Scout), el Escuadrón de Asalto (con botes inflables y embarcaciones de asalto rígidas) y el Grupo de Combate en Montaña y el Ártico (adiestrado en Noruega). Para su movilización al Atlántico Sur se agregaron a la Brigada el 3º Batallón del Regimiento de Paracaidistas y el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas (este último desde el 17 de abril con algunos elementos de artillería, ingenieros y de aviación de Ejército), la Batería T de la Real Artillería (denominada Shah Sujah’s Troop equipada con lanzamisiles Rapier tierra-aire), dos Secciones de los “Blues and Royals” con dos tanques livianos Scimitar y otros dos Scorpion y vehículos de recuperación Samson) y elementos del SBS-Special Boat Squadron y el SAS-Special Air Service.[35]
Thompson ponderaba el profesionalismo, las capacidades de combate y la integración orgánica funcional y a nivel de su identidad de las unidades y elementos de la Brigada. Pero también advertía que en aquella ocasión el alistamiento y movilización de los Royal Marines hacia el Atlántico Sur estaban siendo resentidos por los recortes presupuestarios en defensa y, en particular, aquellos destinados a la infantería de marina. Así pues, en 1982 sólo el 42 Comando y elementos de apoyo de combate de la Brigada habían hecho su entrenamiento invernal en Noruega. El 45 Comando realizó su entrenamiento de montaña en Escocia después de haber pasado la segunda mitad de 1981 en Belfast y una de sus compañías había estado destinada a Brunei para su adiestramiento en el ambiente de selva. En tanto que el 40 Comando hizo todo su entrenamiento en Gran Bretaña. Por tal motivo, Thompson sostenía críticamente:
La acción en tierra se inició con la fase de guerra que se considera potencialmente como la más azarosa: una operación anfibia. Desde la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte del equipo especializado en operaciones anfibias se había desmembrado sin que se procediera a ningún tipo de reemplazos. Teníamos que desarrollar una misión así sin contar con las formaciones de tanques anfibios, transportes blindados anfibios para desplazamiento del personal y embarcaciones de desembarco equipadas con cañones, comunes en la segunda mitad de la última guerra mundial y que aún pueden encontrarse en el arsenal de algunos países. La experiencia referida a la planificación y conducción de operaciones anfibias estaba en 1982, y sigue estando hoy, en manos de un pequeño número de oficiales de la Marina Real y la Infantería de Marina Real, y no tardó en hacerse evidente que muchos de los imperativos de una operación anfibia no se comprendían fuera de ese círculo de cognoscenti (Thompson 1990, 31-32).
A pesar de ello, los oficiales, suboficiales y soldados de la Brigada habían acumulado una enorme experiencia en operaciones en el invierno y verano noruego en los últimos diez años y, conforme apreciaba Thompson, esto se verificaría en su desempeño en la operación anfibia en San Carlos y en la campaña terrestre en la “Falklands War”.
El 2 de abril estaba previsto que el 45 Comando –que regresaba de su entrenamiento en Escocia– saliera de licencia por las Pascuas, el 40 Comando regresaba de un entrenamiento en el uso de armas personales en Liverpool y el 42 Comando regresaba de la licencia que había obtenido a su regreso de operaciones en Noruega. El resto de la Brigada estaba en Plymouth lista para entrar en licencia, con excepción de una compañía que regresaba de ejercicios en Brunei y los oficiales del Estado Mayor en Dinamarca efectuando un reconocimiento como parte de una maniobra de la OTAN. En teoría, la Brigada debía estar condiciones de movilizarse en siete días, sin embargo, conforme la decisión política del gobierno británico, el tiempo apremiaba y dichos plazos debían acortarse. No es posible aquí entrar en consideraciones, pero Thompson detalla la complejidad y las dificultades que su Estado Mayor debió enfrentar en la planificación y ejecución de la movilización y embarque de su Brigada en coordinación con su superior –el general de división Moore y su Estado Mayor– y el responsable por la Royal Navy de las Operaciones Anfibias –el comodoro Michael Clapp–, así como los esfuerzos empeñados para adquirir información relevante sobre el terreno.
El 9 de abril partieron los últimos buques con tropas y pertrechos y desde el 13 de abril la Brigada comenzó a arribar por mar y por aire a la Isla Ascensión. Aquí comienza el capítulo dos. Desde un punto de vista militar, la escala en Ascensión fue clave en la ejecución de las tareas de planificación y adiestramiento para el ulterior desarrollo de la operación anfibia de desembarco y la campaña terrestre. Una vez más, nada resultó sencillo:
La secuencia normal en toda operación anfibia es la siguiente: identificar las tareas (la misión), averiguar todo lo posible con referencia al enemigo (inteligencia), elaborar plan, cargar los barcos de modo tal que los hombres y sus pertrechos puedan salir de ellos siguiendo la secuencia deseada para cumplir el plan y luego desembarcar. No habíamos dispuesto de tiempo ni de inteligencia como para elaborar un plan o embarcar adecuadamente al personal antes de zarpar del Reino Unido, de modo que se hacía indispensable volver a cumplir esa tarea en forma masiva (Thompson 1990, 58-59).
Pero ¿cómo proceder a esas tareas? Thompson reconoce que no tenían respuestas precisas sobre cómo proceder en tales circunstancias; las respuestas las fueron identificando en los siguientes días y no sin marchas y contramarchas. Todo ello es detallado en este capítulo.
La Brigada se abocó a tareas de adiestramiento durante la navegación y en la Isla Ascensión, aun cuando jamás tuvieron condiciones materiales para ejercitar la operación anfibia de desembarco que preveían –aun sin certeza dónde específicamente– en las Islas Malvinas:
En momento alguno del entrenamiento figuró un adecuado ensayo de toda la Brigada procediendo a desembarcar en la oscuridad, algo que parece como “ineludible” en todos los manuales que se basan en la amarga experiencia de dos guerras mundiales. De haber hecho un ensayo general de ese tipo, muchas de las fallas que salieron a relucir el Día D podrían haberse descubierto antes. De todos modos, no había otro remedio, no se disponía de playas adecuadas en Ascensión, no había sectores para entrenamiento ni zonas para aterrizajes de helicóptero (con excepción del aeródromo) y, lo más crítico de todo, faltaron lanchas y helicópteros para reembarcar y proceder a ese ensayo, aun en caso de que hubiéramos dispuesto de tiempo, lo que tampoco ocurrió (Thompson 1990, 60).
El 7 de mayo, el grueso de la fuerza de tareas anfibia partió desde la Isla Ascensión rumbo al sur y el 13 de mayo los oficiales recibieron la orden que desembarcarían en San Carlos. La preparación de la operación anfibia en este lugar al oeste de la Isla Soledad es el objeto del capítulo cuatro.[36] Thompson recuerda que en pocos días debieron reunir información de inteligencia sobre ese lugar y las fuerzas enemigas que demandó meses conseguir antes del desembarco en Normandía en 1944. Las fuerzas especiales del SBS y el SAS desplegadas en forma anticipada en terreno cumplieron una tarea fundamental en la producción de dicha información de inteligencia, aun cuando no toda la información indispensable pudo ser reunida y, sobre todo, Thompson puso en cuestión sus caracterizaciones del enemigo como “militarmente inepto, chapucero, desinteresado y adormecido”, pues asumía que “únicamente el contacto directo entre las principales fuerzas de ambos bandos podría demostrar lo bueno, o lo malo, que era verdaderamente el enemigo” (Thompson 1990, 81).
No dispongo de espacio para detenerme en cuáles fueron las órdenes impartidas por Thompson a sus oficiales, pero sí considero importante mencionar cuál fue la apreciación efectuada en el Prólogo para la edición argentina por quien o quienes firmaron como “Editorial Atlántida”: “los objetivos impuestos a los subordinados se expresan en forma amplia y sin detalles, dejándole un margen adecuado para que los interprete y ponga en acción las medidas conducentes a su logro” (Editorial Atlántida en Thompson 1990, 23).[37] En términos de Thompson, esa concepción quedó plasmada en la impartición de la orden de operaciones:
Dejé bien en claro ante la oficialidad que el desembarco no constituía un fin en sí mismo, sino simplemente el comienzo, y que ese punto de vista tenía que ser perfectamente entendido por todos. Todo el mundo tenía que estar completamente seguro de cuál era la tarea encomendada a la Brigada en esa fase, con el fin de que, en caso de que hubiera bajas entre los jefes de cualquier nivel, compañías, secciones y grupos tuviesen iniciativa propia y mantuvieran la presión sobre los objetivos a menos que recibieran ordenes específicamente en contrario. Los soldados, y en especial los de infantería, cuando se trata de operaciones tan complicadas como puede ser una anfibia necesitan estar enterados del plan hasta conocer detalles que, por ejemplo, los oficiales subalternos y la suboficialidad de un buque de guerra pueden no conocer. Los líderes de bajo nivel pueden, eventualmente, ser requeridos para tomar el mando cuando mueren o resultan heridos los superiores y estar en condiciones de seguir las acciones en busca del objetivo propuesto (Thompson 1990, 84).
Esta concepción flexible del ejercicio del mando a partir de la interpretación de la orden impartida a los subordinados que son quienes, efectivamente, se encuentran en el terreno, es ponderada positivamente también por Thompson y, posteriormente, dará cuenta de cómo los jefes de unidades y de sus respectivas subunidades pondrán en práctica dicha concepción no sólo en la operación anfibia de desembarco en San Carlos sino en la planificación y ejecución de los combates en los últimos días de la campaña terrestre en alrededores de Puerto Argentino.
La sustanciación del desembarco anfibio de la Brigada el 21 de mayo en San Carlos es el objeto del capítulo cinco y la batalla de Darwin-Pradera del Ganso el del capítulo seis. En ambos casos, los enfrentamientos con las fuerzas militares argentinas fueron enfocados desde la perspectiva de los británicos. La victoria alcanzada por el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas en Darwin-Pradera del Ganso –un objetivo militar no previsto por Thompson pero decidido por el gobierno británico que buscaba un primer e inmediato triunfo en la guerra terrestre– se produjo simultáneamente con el despliegue de otras unidades de la Brigada en el interior de la Isla Soledad. Esto es tratado en el capítulo siete. Una vez instalados en los Montes Estancia, Kent y Challenger, los británicos desplegaron una intensa labor de exploración y producción de inteligencia sobre el terreno y el enemigo apostado en los Montes Longdon, Dos Hermanas y Harriet –tal es el objeto del capítulo ocho–.[38] Seguidamente, en el capítulo nueve se ocupa de los combates librados desde la noche del 11 al 12 de junio por las unidades de la 3° Brigada de Comando para hacerse de objetivos en dirección a Puerto Argentino: el 3º Batallón del Regimiento de Paracaidistas sobre Monte Longdon, el 45 Comando sobre el Monte Dos Hermanas y el 42 Comando sobre Monte Harriet. Estos objetivos habían sido conquistados en la mañana del 12 de junio. A cada unidad se le había impuesto un objetivo, pero –conforme a esa concepción flexible del ejercicio del mando anteriormente mencionada– cómo alcanzar ese objetivo era una cuestión definida por el jefe de cada unidad de acuerdo a su conocimiento del terreno y del enemigo y con arreglo a su mejor criterio o parecer.
El último capítulo, el diez, aborda los combates en los alrededores de Puerto Argentino. La 5º Brigada de Infantería tenía como objetivos a alcanzar en la noche del 13 al 14 de junio los Montes Tumbledown –los Guardias Escoceses– y William –los Fusileros Gurkhas–. Simultáneamente, el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas –reintegrado a la 3ª Brigada de Comando tras unos días agregado a la otra Brigada por decisión de Moore– debía conquistar Wireless Ridge. Una vez obtenidos esos objetivos, en la mañana del 14 de junio, el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas fue la primera unidad británica que ingresó en Puerto Argentino. Entre el desembarco anfibio de las fuerzas británicas en San Carlos el 21 de mayo y la rendición de los argentinos el 14 de junio mediaron 25 días.
Para dar cuenta de los combates protagonizados por los hombres de la 3ª Brigada de Comando en los últimos días de la guerra, Thompson reunió información y algunos testimonios significativos sobre las experiencias no sólo de los jefes de unidad y subunidad sino de oficiales subalternos, suboficiales y soldados británicos. Asimismo, como en los libros de otros autores mencionados –con excepción de Middlebrook y Bicheno–, las perspectivas de los combatientes argentinos no fueron comprehendidas. Excepcionalmente, Thompson introdujo referencias genéricas a estas últimas señalando que la artillería de campaña batía eficazmente sobre los británicos, o bien desmintiendo las versiones que aludían a soldados argentinos abandonados por sus mandos, pues, contrariamente a esos dichos, por ejemplo, sus fuerzas encontraron una fuerte oposición de las tropas del Regimiento de Infantería 4 cuyos oficiales y suboficiales “combatieron duro y en ocasiones hasta muy cerca de la definición del combate trataron de impedir la rendición de sus hombres disparando sobre ellos” (Thompson 1990, 235). Esta ponderación positiva de las fuerzas argentinas coexiste con críticas a su profesionalismo: “Por todas partes podían verse montañas de equipos, armas, municiones, alimentos y suciedad. Las instalaciones sanitarias por lo visto no habían sido el punto fuerte del Ejército Argentino, y sus soldados defecaban allí donde les venía la gana” (Thompson 1990, 234).
Finalmente ¿Por qué No picnic? Thompson relata que concluyó la reunión en la cual impartió la orden de operaciones del desembarco anfibio a sus oficiales diciéndoles que la campaña no iba a ser un picnic (Thompson 1990, 89). Es en este sentido que el contenido de cada capítulo de su libro problematiza las importantes dificultades y desafíos militares que afrontaron los británicos en el curso de la campaña. Entre esas dificultades y desafíos estaban también la voluntad de lucha ofrecida por los combatientes argentinos cuyas capacidades no fueron desmerecidas –aunque, sí, en ocasiones criticadas– por Thompson en su doble condición de comandante de la 3ª Brigada de Comando e historiador de la “Falklands War”.
Veamos a continuación el otro autor comprendido en este apartado. Nicholas “Nick” van der Bijl prestó servicios como oficial en el Ejército Británico entre 1970 y 1989, especializándose en inteligencia. Cumplió destinos operativos en Irlanda del Norte antes de la Guerra de Malvinas y en esta última fue oficial de inteligencia en la 3º de Brigada Comando. Desde su retiro desarrolló una carrera como gestor en asuntos de seguridad en la industria de defensa y ha publicado numerosos libros sobre historia de la inteligencia militar y conflictos internacionales en los que participó el Reino Unido desde la Segunda posguerra Mundial en ámbitos que formaron parte de sus dominios coloniales como Brunei, Kenya, Aden y Radfan.[39] Es coautor de la historia de la 5ª Brigada de Infantería con David Aldea, un australiano que en ocasión de la Guerra de Malvinas se encontraba en Chile y que se ocupó de proveer información sobre el “lado argentino” para la elaboración de la investigación que dio lugar a este libro. Aldea también cumplió similar tarea –pero ya no como coautor– en la pesquisa para otro libro de van der Bijl: Nine Battles to Stanley (1999) –con prólogo de Julian Thompson–.
En el año 2003 publicaron van der Bijl y Aldea 5th Infantry Brigade in the Falklands. Hacía más de una década que la historiografía británica contaba con la sólida historia de la 3ª Brigada de Comando hecha por Thompson. Más aún –reconocían ambos– la historia de esta última había eclipsado la de la primera. Para su investigación, van der Bijl y Aldea recibieron la colaboración de veteranos británicos entre los que se cuentan el comodoro Michael Clapp por la Armada Real, el general de división Julian Thompson por los Royal Marines y el general de división Jeremy Moore del Ejército, entre muchos otros. Una notable ausencia –como la denominan los autores– es la declinación del general de división Anthony Wilson –que fuera comandante de la 5ª Brigada de Infantería– a dar su contribución para el libro. Los agradecimientos dedicados a quienes contribuyeron a desarrollar los aspectos de la campaña terrestre desde la perspectiva argentina comprenden al coronel Alberto González por el Servicio Histórico del Ejército, el historiador militar Isidoro Ruiz Moreno y el coronel Félix Roberto Aguiar.[40]
Cuando el Ministro de Defensa británico decidió movilizar la 5ª Brigada de Infantería del Ejército hacia el Atlántico Sur, ésta ya había sido despojada de dos batallones, estaba conformada por unidades que no habían trabajado juntas y, además, carecía de las capacidades anfibias que poseía la 3ª Brigada de Comando de los Royal Marines. Por tanto, después de un ejercicio de preparación en Gales existían razonables dudas de que la Brigada estuviera en condiciones de ser movilizada para ser empeñada en el conflicto. Como bien señalan los autores, el objetivo del libro no fue formular cualquier recriminación sobre el desempeño de la 5ª Brigada de Infantería, sin embargo, como dice el epígrafe de este apartado, su análisis ofrece la oportunidad de examinar en detalle su experiencia en la “Falklands War”.
Las tropas del 3º Batallón del Regimiento de Paracaidistas y el 2º Batallón del Regimiento Paracaidista del Ejército –como hemos visto– habían sido agregadas a la 3ª Brigada de Comando de los Royal Marines. Al igual que las unidades propias de esta última Brigada, las capacidades operativas desarrolladas por los paracaidistas británicos desde la Segunda Mundial estaban en 1982 afectadas por los recortes presupuestarios y reorganizaciones que el gobierno del Reino Unido había impuesto en el área de defensa desde la segunda mitad de la década de 1970.[41]
La 5ª Brigada de Infantería participó de la campaña terrestre con el 1º Batallón de Guardias Galeses y el 2º Batallón de Guardias Escoceses, el 1º y 7º Batallones de Fusileros Gurkhas, 4º Regimiento de la Real Artillería, el 63 Escuadrón Aéreo y elementos de los “Blues and Royals”, de inteligencia, comunicaciones, sanidad, logística y arsenales.[42] La Brigada arribó a San Carlos el 1 de junio –a tres días de la victoria del 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas en Darwin-Pradera del Ganso– y poco después se decidió su traslado embarcada en buques hacia Bahía Agradable para desembarcar en Fitz Roy y desde allí avanzar sobre Puerto Argentino desde la dirección sudoeste.[43] Esta última opción estaba motivada en decisiones políticas y en rivalidades inter-servicios entre el Ejército y los Royal Marines antes que fundada en consideraciones relativas a su mejor conveniencia y factibilidad militar y, en este sentido, contrariaba la alternativa elegida por Thompson de avanzar sobre Puerto Argentino desde el norte y oeste empeñando principalmente las unidades de la 3ª Brigada de Comando. Se trataba, pues, de una elección problemática en varios sentidos. Desde el hundimiento del buque de transporte Atlantic Conveyor –el 28 de mayo por un ataque aeronaval argentino– los británicos no poseían suficientes helicópteros para trasladar a la 5ª Brigada de Infantería hasta su destino. De modo que sólo el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas fue helitransportado hasta Fitz Roy para asegurar el lugar antes del arribo de la Brigada. Esta última arribó el 8 de junio por mar a Bahía Agradable. Como sospechaba el comodoro Michael Clapp, el sitio no era adecuado para un desembarco anfibio y, tras cartón, se produjeron demoras imprevistas, algunas motivadas por desinteligencias entre los servicios de las fuerzas de desembarco de la Royal Navy y las de la 5ª Brigada de Infantería. Entre tanto, la operación había sido advertida por los argentinos y cinco aviones Skyhawk A-4 de la Fuerza Aérea procedentes del continente atacaron e hicieron blanco en los buques logísticos de desembarco sir Galahad y sir Tristram mientras la tropa aguardaba para desembarcar en medio de materiales, equipos y municiones. El caos desencadenado –dicen van der Bijl y Aldea– sólo pudo ser reencauzado gracias a la disciplina militar y el entrenamiento de los soldados y el liderazgo de los oficiales y suboficiales, que consiguieron reestablecer el orden y –con enormes dificultades– concretar el desembarco en medio de la “carnicería” desatada a bordo de los buques. Aquel escenario catastrófico para los británicos, además, estaba siendo filmado y fotografiado por un equipo de periodistas que el general de brigada Wilson había llevado para registrar la operación dejando uno de los más dramáticos testimonios de la guerra. De acuerdo con estos autores, el ataque costó la vida de 48 hombres –32 Guardias Galeses, 11 de otros elementos del Ejército, 5 de la dotación del sir Galahad y 2 marineros chinos de Hong Kong– y al menos otros 170 hombres fueron heridos, algunos con horribles quemaduras. Posteriormente, otros cuatro Skyhawk atacaron e impactaron sobre el buque anfibio Foxtrot Four que navegaba en el Estrecho de Choiseul, ocasionando otros seis muertos.
En los siguientes tres capítulos, van der Bijl y Aldea se enfocan en las batallas libradas por la 3ª Brigada de Comando y la 5ª Brigada de Infantería en su avance hacia Puerto Argentino entre el 10 y 14 de junio. Pero antes de esos tres capítulos se detienen en un breve capítulo –el capítulo 9– para caracterizar una unidad de la Armada Argentina que se interponía en el avance de esta última: el Batallón de Infantería de Marina 5 que –destacan los autores– contaba con un riguroso entrenamiento y tuvo un buen desempeño, más aún si se considera –decían– que estaba conformado enteramente por conscriptos y conducidos por jóvenes oficiales subalternos sin experiencia de combate. Seguidamente se ocupan de los combates protagonizados por las unidades y elementos de la 5ª Brigada de Infantería: el capítulo 10 de la Batalla de Monte Tumbledown entre el 12 y 14 de junio y el capítulo 11 de la Batalla de Monte William y Sapper Hill entre el 13 y 14 de junio. No nos detendremos en el relato sobre los hechos ni en los testimonios expuestos en estos capítulos que, en definitiva, demuestran que la 5ª Brigada de Infantería acabó teniendo una buena performance en la guerra. Cerraremos este apartado, sí, con una referencia a la conclusión que –algo abruptamente– se presenta al final del capítulo 11, según la cual, la carencia de experiencia anfibia por parte de las unidades y elementos de la 5ª Brigada de Infantería tuvo trágicas consecuencias –más allá de las cualidades de los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina– en la operación de desembarco en Fitz Roy e, inevitablemente, esto signó su protagonismo en la guerra y las evaluaciones que sobre el mismo se produjeron en la posguerra. De modo que:
Mientras que pocos se permiten olvidar que la 3º Brigada de Comando participó en la campaña de las Malvinas, los recuerdos acerca de la 5º Brigada de Infantería se limitan a lo sucedido frente a Fitz Roy. En comparación con el empeñamiento inútil pero muy estudiado en Goose Green, Tumbledown y Sapper Hill apenas reciben una mención (mi traducción) (van der Bijl y Aldea 2003, 254).
Historia social de los paracaidistas británicos
¿Quiénes eran los hombres que vestían las boinas rojas del Regimiento de Paracaidistas? Esta es una pregunta que normalmente se responde de una o de dos formas. La mayoría de los escritores sobre temas militares siguen la original evaluación del mariscal de campo Montgomery sobre los hombres que condujo en Arnhem en 1944. Los Paras, dijo Montgomery, eran “hombres aparte, cada hombre un emperador”. Su afán, valentía y disciplina, su voluntad de cumplir con su deber en la “batalla” los convirtió en ejemplos para otros soldados como si no fueran personas. Por otro lado, los críticos de los militares a veces escriben sobre los soldados como si no fueran personas, sino sólo símbolos: “avatares de la violencia sancionada por una nación”. Los paracaidistas, que se enorgullecían de su capacidad para soportar condiciones extremas, eran designados como “hombres peligrosos”, incluso “psicópatas uniformados”. Ninguno de estos puntos de partida me fue particularmente satisfactorio (mi traducción).
(Parr 2018, 3).
Helen Parr es una historiadora británica que se define como especialista en política británica contemporánea e historia social.[44] Ha llevado a cabo investigaciones sobre las relaciones entre el Reino Unido y Francia, el Reino Unido y la Unión Europea, el Partido Laborista británico y la integración europea, la Guerra Fría y las políticas de armas nucleares.[45] En 2018 publicó un libro sobre la “Falklands War”: Our Boys. The Story of a Paratrooper. Lo define como una “historia social” del Regimiento de Paracaidistas. Una historia social que comprende las perspectivas y experiencias de guerra y posguerra de oficiales, suboficiales y soldados y sus familias –padres, madres, hermanas y hermanos, esposas, viudas y, cuando fue posible, hijas e hijos–. Esa historia social, además, no fue sólo el resultado de sus intereses historiográficos; un soldado de 19 años, su tío Dave, fue uno de los muertos que tuvo el 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas en los combates en Wireless Ridge la noche del 13 al 14 de junio. A pesar de ese vínculo de parentesco cercano y a diferencia de los anteriores autores abordados en este capítulo, la mentalidad y el mundo militar –reconoce Parr– le resultaban personal y académicamente ajenos antes de esta pesquisa.[46]
Parr fundamenta sus argumentos en interpretaciones de entrevistas producidas por ella y de otras éditas o que forman parte de los acervos relacionados con la “Falklands War”. También consultó fuentes documentales oficiales británicas y estableció diversos diálogos con literatura testimonial e historiográfica sobre esta guerra y, de modo general, sobre las guerras y el combate. Ese notable trabajo de relevamiento y análisis testimonial, documental y bibliográfico está directamente relacionado con el objeto de su historia: las historias de los paracaidistas y, más ampliamente, las relaciones entre la guerra, las Fuerzas Armadas y la sociedad británica contemporánea. Es por ello que los dos únicos textos de análisis, testimonios o fuentes documentales producidas en la Argentina citados en el libro fueron: la edición inglesa de 1983 de “Los Chicos de la Guerra”. The Argentine Conscript´s Own Moving Accounts of Their Falklands War, de Daniel Kon, y un artículo de Eduardo C. Gerdin –oficial naval argentino que sirvió entre 1987 y 1990 en el Batallón de Infantería de Marina de Comando y Apoyo Logístico– publicado en un libro editado por Diego F. García Quiroga y Mike Seear, Hors de Combat. The Falklands Malvinas Conflict in Retrospective (2009).
La primera parte del libro cuenta la historia de los paracaidistas desde la creación de este cuerpo en 1940. Si se piensa en la extensa historia de muchas unidades del Ejército británico, esta es la historia de un “joven regimiento” que se destacó en septiembre de 1944 en la batalla del Puente de Arnhem y en la segunda posguerra mundial participó en varias guerras en el proceso de descolonización en el final del Imperio Británico (Suez, Chipre, Radfan y Aden, Malasia, Brunei). Los paracaidistas conformaron un “ethos independiente” dentro del Ejército, que dio lugar a una reputación y una poderosa tradición asociada con dos atributos: “[…] primero, eran capaces de llegar a extremos, dispuestos a aceptar tareas que otros regimientos no aceptarían; y segundo, que eran meritocráticos, un grupo único de hermanos, cuyo espíritu se extendía a través de las filas” (mi traducción) (Parr 2018, 7). Ese “ethos” contribuyó a formar una representación de los paracaidistas como cuerpo de elite. En la década de 1970, los paracaidistas cumplieron un “difícil rol” en Irlanda del Norte; el 1º Batallón disparó contra civiles y asesinaron a 13 de ellos en una movilización en Londonderry el 30 de enero de 1972, hecho internacionalmente conocido como el “Bloody Sunday”. Posteriormente, el 2º y 3º Regimiento del Batallón de Paracaidistas –como sabemos– fueron agregados a la 3ª Brigada de Comando en la campaña terrestre de la Guerra de Malvinas. Este último combatió en Monte Longdon y el primero fue la única unidad británica empeñada en dos oportunidades en dicha campaña: una vez en Darwin-Pradera del Ganso y otra en Wireless Ridge. De los 255 muertos británicos en la Guerra de Malvinas, los paracaidistas tuvieron 15 en Darwin-Pradera del Ganso, 21 en Monte Longdon y 3 en Wireless Ridge. Dos paracaidistas que murieron en combate recibieron la condecoración militar más importante del Reino Unido, la “Victoria Cross”: el comandante del 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas, el teniente coronel Herbert Jones, y el sargento Ian McKay. La historia de McKay –señalaba Parr– es bien expresiva de lo mucho que la “Falklands War” transformó la reputación pública de los paracaidistas en la sociedad británica. En 1972 el soldado McKay –mencionado como “Private T.” en los “Widgery and Saville Reports”– había efectuado dos disparos desde un estacionamiento durante la represión del “Bloody Sunday”.
La segunda parte del libro tiene por objeto las perspectivas y experiencias de los paracaidistas en y acerca de la “Falklands War”. Una cuestión destacada aquí –entre otras– es la experiencia del combate cuerpo a cuerpo, pues, como dice la autora: “El combate en las Malvinas no duró mucho, pero fue brutal” (mi traducción) (Parr 2018, 5). Las batallas de Darwin-Pradera del Ganso y de Monte Longdon fueron breves pero intensas, en las que se alcanzó en muchas oportunidades –particularmente en la última– el combate cuerpo a cuerpo con el enemigo. En Monte Longdon también sufrieron duramente el fuego de la artillería argentina. La instrucción y el adiestramiento –decía la autora– habían dado a los paracaidistas capacidad de combate, un formidable “espíritu de cuerpo” y una determinación para darlo todo de sí en cualquier circunstancia; hicieron que hombres corrientes demostraran en las batallas un espíritu agresivo y disposición para soportar la adversidad y arriesgar la vida en cumplimiento del deber. Parr describe las batallas en las que intervinieron los paracaidistas –Darwin-Goose Green, Longdon y Wireless Ridge– sin los detalles con que las reconstruyeron otros autores que hemos visto precedentemente. Sin embargo, su relato comprende vívidamente los testimonios de los paracaidistas en relación con los sentidos dados a la camaradería, el miedo, el matar al enemigo y la posibilidad de morir y ver morir a otros en combate.
En la tercera parte del libro, Parr profundiza en las consecuencias políticas y en las secuelas personales de la “Falklands War” en la posguerra. ¿En cuáles? En las conmemoraciones a los caídos en combate y reconocimientos públicos a los veteranos –sobre esto último hay que tener presente que los paracaidistas no regresaron en buques sino en aviones que los trasladaron hasta Brize Norton en Oxfordshire y, por tanto, no participaron de la recepción triunfal hecha en Portsmouth a los Royal Marines–. También estaba la cuestión de la “repatriación” –el término es de Parr– de los cuerpos de los muertos. Esto supuso cambios en las previsiones castrenses, pues la mayoría de los servicios que participaron de la guerra habían previsto enterrar los cuerpos en el teatro donde cayeron –tal como se hizo tras la batalla de Darwin-Pradera del Ganso–. Ni bien terminó el conflicto algunas familias solicitaron al gobierno que los cuerpos fuesen “llevados a casa” –la familia Parr estaba entre éstas–; pero la “repatriación” no sucedió porque la mayoría de las familias militares lo desearan sino porque en la opinión pública se extendió la idea de que los caídos podían haber sido enterrados en las “Falklands” sin una debida ceremonia. Asimismo, las familias de los ciento setenta y cuatro británicos muertos en el mar cuyos cuerpos no pudieron ser recuperados afrontaban una situación diferente; en estos casos, el gobierno se comprometió a solventar los gastos del viaje a las Islas para homenajear a sus muertos. En definitiva, sesenta y cuatro cuerpos regresaron al Reino Unido, dos familias optaron porque permanecieran donde cayeron, uno fue “repatriado” un año después y catorce fueron reubicados en el nuevo cementerio militar en las “Falklands”. De los treinta y nueve cuerpos de los paracaidistas, cuatro fueron re-enterrados en las Islas, dieciocho enterrados de nuevo (incluida una cremación) en tumbas individuales en un área del cementerio militar de Aldershot destinado a los muertos en la “Falklands War” y diecisiete en cementerios locales. Casi todas las familias eligieron que sus muertos recibieran un funeral con honores militares.
Parr también se ocupó en la tercera parte del libro de cómo los deudos procesaron en la posguerra la pérdida de sus seres queridos. En este sentido, para quienes el servicio en una Fuerza Armada era una “tradición familiar”, afrontaron la muerte de sus hijos, esposos, hermanos, considerando que aquello era una consecuencia de la guerra y que, en cierto modo, se trataba de un “precio a pagar” en la vida de un oficial, suboficial o soldado. La muerte, además, conllevaba no sólo efectos afectivos y psíquicos sino materiales en sus proyectos de vida, aun cuando las viudas e hijos de hombres que cayeron combatiendo en la “Falklands War” fueron comparativamente mejor compensados materialmente por sus pérdidas que quienes murieron en la Segunda Guerra Mundial: las viudas percibieron por tres meses el salario de su esposo o por seis meses si tenían hijos y por los mismos seis meses recibían el monto correspondiente a la seguridad social standard pagado a cualquier viuda; después de esos seis meses, recibían una pensión de guerra como viudas. Asimismo, estas últimas podían solicitar un subsidio para solventar el alquiler de su vivienda o realizar estudios e incluso un subsidio por desempleo. Eventualmente, los padres podían reclamar una pensión si podían demostrar que el hijo fallecido contribuía financieramente con su sustento y/o si los padres estaban incapacitados o eran inhábiles para trabajar en el largo plazo. A su vez, en la inmediata posguerra, espontáneamente se hicieron donaciones de fondos públicos que en 1986 conformaron el Fondo del Atlántico Sur. Parr también dio cuenta de otras cuestiones significativas sobre las experiencias de los combatientes británicos y sus familias en la posguerra: el papel de la religión en duelo de los familiares de los muertos; los sentimientos de afinidad de algunos padres y madres que se identificaban con las pérdidas de los padres y madres argentinos; los traumas padecidos por los veteranos como consecuencia de las secuelas físicas y psíquicas de la guerra; los empleos –especialmente en el área de seguridad– que encontraron aquellos que se reintegraron a la vida civil; y la constatación –al menos considerando los entrevistados– que, a la larga, la mayoría de las personas habían dejado de sentir enojo hacia la guerra.[47]
Por último, ¿por qué “Our boys”? El título del libro refiere a la expresión con que la primera ministra Margaret Thatcher aludía a los miembros de la Fuerza de Tareas desplegada en el Atlántico Sur empleando términos “familiares” que reducían la distancia que existía entre los militares profesionales y la sociedad civil británica a principios de los años 1980, esto es, en una época posterior a la movilización social total de las guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX y en las cuales combatieron los abuelos y padres de muchos de aquellos jóvenes paracaidistas. La “Falklands War” fue un momento de transición hacia una nueva configuración de las relaciones entre la sociedad británica y sus Fuerzas Armadas:
En 1982 aún estaba cerca el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial, y en la década de 1970 la sociedad británica era similar a la que creó el ejército de masas de 1939-45. Apenas comenzaba a adaptarse a la inmigración de las antiguas colonias, su política y ocupaciones aún estaban dominadas por hombres; solo una pequeña proporción de su población fue a la universidad; y todavía estaba muy dividida en clases sociales tradicionales. Los hombres que componían el Regimiento de Paracaidistas de principios de la década de 1980 reflejan esto. Los oficiales comenzaban a llegar en mayor número de escuelas públicas y universidades, pero el entrenamiento de oficiales en Sandhurst aún no había adoptado cambios que pudieran acelerar un ejército completamente meritocrático, y todavía querían hombres con fibra moral impresa en su carácter. En la tropa, los paracaidistas generalmente tenían poca educación pero eran ingeniosos y, a veces, provenían de entornos de extrema pobreza, ya aclimatados a las dificultades y la violencia. Otros se unieron porque no querían la monotonía del trabajo industrial repetitivo o no calificado. Buscaban aventuras en una sociedad británica que se estaba volviendo más próspera y que ofrecía una mayor variedad de experiencias a más jóvenes. Eran una generación para quienes el servicio militar y la masculinidad a menudo iban de la mano. Los hombres que buscaban convertirse en oficiales solían ver el servicio como su vocación, un deber. A otros les encantaba el desafío físico de los deportes y la competencia. Todos querían probarse a sí mismos como hombres, unos contra otros, contra los altos estándares del pasado. Los hombres que se unían a las filas a menudo querían enorgullecerse a sí mismos y a sus familias al demostrar también que estaban preparados para el trabajo. Tenían la disciplina, la reserva emocional, el coraje moral para hacer lo necesario para ser un paracaidista. Los hombres frecuentemente veían el matrimonio y la paternidad, las responsabilidades de mantener una familia y convertirse en cabeza de familia, como parte de su progreso hacia la edad adulta. Al mismo tiempo, la historia del Regimiento de Paracaidistas de servir en una variedad de circunstancias extremas, y el hecho de que se les permitió matar en combate, podría animar a los hombres a verse a sí mismos como agresivos y autosuficientes y muy ocasionalmente como endurecidos, rebeldes o inconformistas (mi traducción) (Parr 2018, 357).
El Regimiento de Paracaidistas salió entonces “renacido” de la “Falklands War”. No sólo porque –como hemos visto– la experiencia de la guerra cambió las vidas de sus hombres y de sus familias y las representaciones que la sociedad tenía sobre los militares sino, también, porque la propia sociedad británica estaba transformándose radicalmente en los años 1980:
Desde la década de 1980, la vida nacional británica –y el ejército británico– han cambiado significativamente. La clase obrera se redujo a medida que el trabajo industrial casi desapareció, y en su lugar surgió una sociedad que todavía estaba dividida y desigual, pero en la que una mayor proporción de la población se encontraba en una clase “media”. Las mujeres se unieron a la fuerza laboral en mayor número y continuaron trabajando después del matrimonio y la maternidad. La idea de que un hombre debía hacerse cargo exclusivamente de los asuntos fuera del hogar y actuar como cabeza patriarcal de esta familia se volvió menos generalizada. Muchas más personas permanecieron en la escuela hasta la edad de dieciocho años y luego, en la década siguiente, buscaron educación superior. La aristocracia se derrumbó y una gran parte de la sociedad comenzó a poseer propiedades y tierras. El servicio en una Fuerza Armada pasó a ser considerado como una ocupación profesional más. Muchos más oficiales tenían educación universitaria y mujeres casadas que querían mantener sus propias carreras. Con el tiempo, el Ejército se vio obligado a adaptarse. Ya no podía asumir que las esposas de cualquier rango simplemente “seguirían el tambor” y, de hecho, comenzó a permitir que las mujeres se alistaran en algunos roles. Los hombres en la tropa a menudo aún procedían de entornos marginados, y con el aumento de la globalización proporcionalmente más de las antiguas colonias de Gran Bretaña, en particular Fiji, Ghana, Sudáfrica, Jamaica y Zimbabwe. En estos lugares, una carrera en el ejército británico podría impulsar significativamente el estatus y las perspectivas. Pero la posición del Ejército en la vida nacional continua como siempre: fundamental pero no central (mi traducción) (Parr 2018, 357-358).
En definitiva, las relaciones entre las Fuerzas Armadas y la sociedad británica contemporánea constituyen el asunto más general (y quizá el más importante) sobre el que indaga este libro a través de ese particular prisma que es una historia social de los paracaidistas y de sus familias, sus experiencias de guerra y en la posguerra.
Conclusiones
Los historiadores británicos de los que nos hemos ocupado no se definen a sí mismos invocando un término en inglés similar a aquel empleado en castellano en Argentina para referir a los especialistas en la Guerra de Malvinas como “malvinólogos”; no existe siquiera un neologismo cuya traducción pueda derivarse en inglés de “Falklands”. Ellos se reconocen y son reconocidos como especialistas en historia militar o de la guerra, estudios estratégicos o asuntos internacionales con un amplio y diverso conocimiento histórico y experiencias de investigación.[48] En consecuencia, sus análisis sobre esta guerra en particular se inscriben en proyectos de más largo alcance e incluso pueden representar un breve paréntesis en sus pesquisas sobre las guerras de un determinado período histórico: la guerra de las Dos Rosas en Inglaterra medieval, la guerra civil inglesa, la guerra naval entre la Monarquía Hispánica e Inglaterra en la génesis de modernidad y la guerra de independencia norteamericana en el caso de Bicheno; la Primera Guerra Mundial en Hastings, Middlebrook, Thompson y van der Bijl; la Segunda Guerra Mundial en Hastings, Middlebrook, Thompson y van der Bijl; las guerras de Corea y Vietnam en Hastings; los conflictos en Brunei, Kenya, Aden y Radfan en van der Bijl; la guerra nuclear para Hastings, Parr y sobre todo para Freedman; y recientemente la guerra entre la Federación Rusa y Ucrania para este último.
La “Falklands War” tampoco fue la única guerra que protagonizó el Reino Unido en el siglo XX: también lo fueron la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Guerra de Corea (1950-1953), la guerra civil rusa (1918-1922) y la griega (1946-1949), las guerras imperiales en sus colonias como la segunda Guerra Anglo-Bóer (1899-1902), Irlanda (1919-1921) y Palestina (1936-1939). En la Segunda posguerra Mundial, el Reino Unido fue un actor internacional clave en escenario de guerra nuclear de la Guerra Fría e interviniendo en conflictos en diversas partes del mundo en el contexto de descolonización: Palestina (1945-1948), Malasia (1948-1960), Suez (1951-1954 y 1956), Kenya (1952-1956), Chipre (1956-1958 y 1963), Jordania (1958), Kuwait (1961), Aden y Radfan en Yemen (1964-1967), Brunei (1962-1966), Guayana Británica e isla Anguila en las Antillas Menores (1964-1969). Y buena parte de las tropas que combatieron en la campaña terrestre en la Guerra de Malvinas cumplieron servicios en operaciones contra el terrorismo en Ulster, Irlanda del Norte desde la década de 1970. Es por ello que, en la inmediata posguerra de Malvinas, Hastings y Jenkins (1983) –que no dudaban en situar el origen de la guerra en lo que denominaban como la “invasión argentina”– definía la “Falklands War” como la última “guerra colonial”.[49] Aquellas guerras y conflictos internacionales constituían referencias indispensables para los militares británicos. Así pues, el general Julian Thompson –comandante de la 3º Brigada de Comando– consideraba que la planificación del desembarco anfibio en San Carlos tenía como precedentes las operaciones protagonizadas en la crisis de Suez en 1956 y antes de este episodio debían remontarse a la Segunda Guerra Mundial para encontrar un caso de desembarco anfibio a gran escala (Thompson 1985, 83). Los historiadores británicos de quienes nos hemos ocupado aquí investigaron y publicaron libros sobre la mayoría de estas guerras y conflictos internacionales en los que el Reino Unido se involucró en el siglo XX.
Hemos visto que la historiografía británica sobre la Guerra de Malvinas/“Falklands War” no es ajena a determinaciones políticas domésticas del Reino Unido o a aquellas resultantes de sus posicionamientos en relación con la soberanía sobre las Islas. Pero sus historiadores –al menos aquellos referidos en estas páginas– no parecen reconocerse como defensores de una “causa”; no hay entre ellos un equivalente británico a los autodenominados “malvineros” argentinos, aun cuando, por cierto, tengan por válida la soberanía británica sobre las Islas o puedan acompañar las reivindicaciones de los isleños en favor de su autonomía. Podría decirse que se trata de una historiografía y de unos historiadores que no se sustraen al efecto de las determinaciones, posicionamientos y relaciones con las agendas políticas de su país, pero su formación y trayectorias académicas e inscripciones institucionales en campos de estudio consolidados como la historia militar, historia o estudios de la guerra, estratégicos y asuntos internacionales parecen prepararlos razonablemente bien para producir conocimientos sobre las campañas militares con una relativa autonomía académica. Y subrayo lo de relativa, pues aun así sus sesgos políticos o ideológicos se aprecian significativamente en el modo en que han abordado las perspectivas y experiencias de guerra de los combatientes argentinos en un abanico de opciones que comprende desde su desconocimiento o desatención casi total, su interpretación estereotipada y sólo más excepcionalmente ofreciendo un conocimiento construido a partir de fuentes documentales, testimonios y literatura especializada civil o castrense argentina.
Otro atributo de la historiografía británica de la “Falklands War” es que ha sido producida tanto por historiadores militares civiles y como por historiadores militares que son militares (si se me permite la redundancia) y que, al parecer, tienen por referencia los resultados y publicaciones de sus respectivas investigaciones. Y si bien es cierto que, como decía John Keegan (2013), la historia militar hecha por militares suele estar en cualquier parte del mundo puesta al servicio –y de forma institucionalmente razonable– de la formación de conductores de guerra o de líderes militares, asumiendo a menudo interpretaciones más pedagógicas, instrumentales y de pretendido valor universal antes que procurando producir un saber académico históricamente situado de los hechos, el pensamiento, las decisiones y las acciones de sus protagonistas; al menos en los casos aquí considerados, los militares que se ocuparon de la Guerra de Malvinas como Julian Thompson o Nick van der Bijl son autores de historias sobre las campañas terrestres cuyo aporte no pretende circunscribirse al primer objetivo sino alcanzar el segundo.
Por último, decía en la introducción a este capítulo que en estas conclusiones trataría de poner en relación los resultados alcanzados en estas reflexiones sobre la historiografía británica de la Guerra de Malvinas/“Falklands War” con la producción de conocimientos acerca de las perspectivas y experiencias de los combatientes que hasta este momento hemos efectuado en las ciencias sociales producidas en la Argentina en el ámbito del CONICET y de las universidades nacionales y algunas de las principales universidades privadas con vistas a profundizar o renovar nuestra agenda de investigación sobre este conflicto bélico. Veamos esto sin pretensiones de exhaustividad.
Una primera cuestión que los académicos argentinos que investigamos sobre la Guerra de Malvinas y, más ampliamente, sobre la historia de los militares y de la guerra en la Argentina podemos advertir a partir de esta lectura es: cuán extensa es la agenda de temas potencialmente a desarrollar en relación con la historia del combate y de los combatientes en esa guerra convencional en el Atlántico Sur si la pusiéramos decididamente en diálogo con la historia de la guerra e historia militar de diversas guerras contemporáneas tal como viene siendo cultivada desde hace décadas por la historiografía británica y de otros países metropolitanos. O, en otros términos, resultaría imposible no repensar la producción de investigaciones sobre la historia de la Guerra de Malvinas si la abordásemos en interlocución, en relación, en forma comparada y/o conectada con los enfoques, métodos y agendas temáticas con que la historiografía se ha ocupado de otras guerras convencionales del siglo XX alrededor del mundo. Ciertamente, desde las perspectivas dominantes en la historiografía académica hecha actualmente en la Argentina en el ámbito del CONICET o de las universidades, esto es, para un campo disciplinar cuyos productores nos ocupamos de temáticas ancladas en delimitaciones claramente circunscriptas a determinados marcos espaciales y temporales (particularmente esto es válido en relación con los estudios sobre historia argentina moderna y contemporánea), los proyectos e investigaciones de los historiadores británicos aquí considerados pueden desconcertarnos e incluso podrían ser negativamente evaluados en la medida en que no se adecuan bien a los parámetros de especialización predominantes entre nosotros. Sin embargo, la historia militar y de la guerra británica tiene exponentes como Michael Howard, John Keegan y Antony Beevor –por mencionar tres autores “clásicos”– cuyas obras han hecho significativas contribuciones al estudio de diferentes guerras y, más ampliamente, respecto de la comprensión de la guerra como fenómeno político, social y cultural en la historia de la humanidad.
Otra cuestión está asociada con el desafío de producir una interpretación totalizadora de las perspectivas y experiencias de los combatientes británicos y argentinos de la Guerra de Malvinas/“Falklands War”, o bien con la producción de un análisis simétrico –como propone el historiador argentino Darío Barriera (2022) respecto de la historia de las Islas Malvinas/“Falkland Islands”–. Hemos visto que esta ausencia de simetría, de un enfoque genuinamente comprehensivo y no estereotipado de los combatientes de ambas partes también es un déficit de la historiografía británica.[50] En Argentina apenas un puñado de investigadores han avanzado en este sentido.[51] Dichas iniciativas no sólo deberían superar las dificultades materiales propias del acceso a los testimonios de veteranos británicos que residen fuera del país y a los acervos de fuentes documentales extranjeros –si bien últimamente muchas fuentes están disponibles online en repositorios virtuales británicos y estadounidenses–, sino sobreponerse a las limitaciones y/o autolimitaciones epistémicas y/o políticas y aún a formas de censura o autocensura que operan de facto en nuestros medios académicos.[52]
Y una tercera cuestión. Si en la historiografía británica cabe reconocer los aportes en diálogo de los historiadores militares civiles y militares (valga la redundancia) conformando un campo de estudios acerca de la “Falklands War”, por el contrario, las percepciones y realidades argentinas demuestran que las fronteras entre académicos, militares y militares/académicos constituyen –salvo excepciones– obstáculos epistémicos y también político-ideológicos mayormente infranqueables y que delimitan membresías institucionales excluyentes.[53]
En suma, en este capítulo he querido ofrece una lectura y análisis de libros fundamentales de la historiografía británica de la “Falklands War”, comprendiéndolos desde un abordaje que supere la mera búsqueda de información en los mismos y que, por tanto, procure reconocer los problemas y enfoques desde los cuales sus autores construyeron sus interpretaciones acerca de las campañas terrestres durante este conflicto bélico. El cumplimiento de ese objetivo, asimismo, ha tenido un módico resultado adicional en estas conclusiones: en el desarrollo de esa iniciativa por conocer a esos “otros” productores de conocimientos acerca de la Guerra de Malvinas, también ha sido posible identificar algunos atributos e interpelar el modo en que los académicos argentinos problematizamos y enfocamos el estudio de las perspectivas y experiencias de los combatientes que protagonizaron dicha guerra, la única guerra convencional librada por la Argentina en el siglo XX.
Referencias bibliográficas
Barriera, Darío (2022). “Una materia escasa. Discursos históricos anglófonos sobre la temprana historia del archipiélago malvinense (1748-2021)”. Pasado Abierto, 15, 7-49.
Barrutia, Alejandra (2020). Vivir en el mar. Experiencias de los buques auxiliares menores de la Armada Argentina en la Guerra de Malvinas (Tesis de Maestría en Ciencias Sociales). Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.
Berasategui, Vicente E. (2011). Malvinas. Diplomacia y conflicto armado. Comentarios a la historia oficial británica. Buenos Aires: American Editores.
Bicheno, Hugh (2009) [2006]. Al filo de la navaja. La historia no oficial de la Guerra de Malvinas. Buenos Aires: Sudamericana.
Bologna, Bruno (1983). “Argentinian Claims to the Malvinas under International Law.” Millennium. Journal of International Studies, 12 (1), 39-49.
Cardoso, Oscar, Kirschbaum, Ricardo y van der Kooy, Eduardo (1983). Falklands: The Secret Plot. London. Preston Editions.
Cisilino, Juan, García Larocca, Manuela y Garriga Olmos, Santiago (2020). “Si quieres saber cómo fue la guerra, pregúntale a tu enemigo. Aportes británicos para repensar la guerra de Malvinas”. Cuadernos de Marte. Revista Latinoamericana de Sociología de la Guerra, 11 (18), 424-456.
Corbacho, Alejandro (2003). “Factores organizacionales y desempeño en combate: la experiencia de la IMARA en Malvinas”. Serie Documentos de Trabajo, 255, 1-24.
Dufour, Ernesto, Trejo, César y Vassallo, María Sofía (2022). “Campo Minado” y las sutiles formas de la dominación británica. Desmontaje de la obra teatral de Lola Arias protagonizada por veteranos argentinos y británicos de la Guerra de Malvinas. Lanús: Universidad Nacional de Lanús.
Ferguson, Gregor (2009). Los paracaidistas británicos. Barcelona: Osprey.
Freedman, Lawrence (2007a) [2005]. The Official History of the Falklands Campaign. The Origins of the Falklands War. London and New York: Routledge. Vol.1.
Freedman, Lawrence (2007b) [2005]. The Official History of the Falklands Campaign. War and Diplomacy. London and New York: Routledge. Vol.2.
Freedman, Lawrence (2017). “Force and the international community: Blair’s Chicago speech and the criteria for intervention.” International Relations, 31 (2), 107-124.
Freedman, Lawrence y Gamba-Stonehouse, Virginia (1992) [1990]. Señales de guerra. El conflicto de las Islas Malvinas de 1982. Buenos Aires: Vergara.
Gándara, Florencia (2020). “Empezar a contar: testimonios escritos de oficiales y suboficiales argentinos en la inmediata posguerra de Malvinas”. Contemporánea, 11 (13), 75-90.
Gándara, Florencia (2021). “Malvinas: diseño y experiencias de un regreso. El Centro de Recuperación del Personal de la Fuerza (junio-julio de 1982)”. Quinto Sol. Revista de Historia, 25 (2), 1-20.
Guber, Rosana (2013). “Como un cierre. Igualdad, honor y amistad entre contendientes directos, después de Malvinas”. Tabula Rasa, 19, 11-27.
Guber, Rosana (2016). Experiencia de halcón. Ni héroes ni kamikazes: pilotos de A4B. Buenos Aires: Sudamericana.
Guber, Rosana (dir.) (2022). Mar de guerra. La Armada de la república Argentina y sus formas de habitar el Atlántico Sur en la Guerra de Malvinas. 1982. Buenos Aires: SB.
Hastings, Max y Jenkins, Simon (1983). The Battle for the Falklands. London: Michael Joseph.
Hastings, Max (2000). Going to the wars. London: Macmillan.
Keegan, John (2013) [1976]. El rostro de la batalla. Madrid: Turner.
Leoni, Juan (2020). “Combates simbólicos en los campos de batalla de Malvinas: prácticas conmemorativas británicas y argentinas en la guerra de 1982”. Cuadernos de Marte. Revista Latinoamericana de Sociología de la Guerra, 11 (19), 100-137.
Lorenz, Federico (2014). “Gran Malvina. Una mirada a la experiencia bélica desde los testimonios de sus oficiales”. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 41 (2), 225-257.
Melara, Pablo (2010). 80 días en Malvinas. El accionar de la Agrupación de Buzos Tácticos durante el conflicto bélico del Atlántico Sur (Tesina Licenciatura en Historia). Mar del Plata: Universidad Nacional de Mar del Plata.
Middlebrook, Martin (1989). The Argentine Fight for the Falklands. South Yorkshire: Pen & Sword.
Middlebrook, Martin (2012) [1985/1987]. The Falklands War. Yorkshire: Pen and Sword.
Middlebrook, Martin (2017) [1988]. La gesta argentina por Malvinas. Buenos Aires: Alejandro J. Amendolara Bourdette.
Parr, Helen (2018). Our Boys. The Story of a Paratrooper. London: Penguin Random House.
Perera, Verónica (2017). “Testimonios vivos, dramaturgia abierta: la Guerra de Malvinas en Campo Minado de Lola Arias”. Anagnórisis. Revista de Investigación Teatral, 16, 299-323.
Pozzio, María (2015). “La experiencia de las mujeres en Malvinas: de la Sanidad Militar al reconocimiento”. Cuadernos de Marte. Revista Latinoamericana de Sociología de la Guerra, 6 (8), 129-157.
Rodríguez, Andrea Belén (2020). Batallas contra los silencios. La posguerra de los ex–combatientes del Apostadero Naval Malvinas (1982-2013). La Plata: Universidad Nacional de La Plata, Universidad Nacional de General Sarmiento, Universidad Nacional de Misiones.
Soprano, Germán (2019). Martín Balza. Un general argentino entre la república y la democracia. Prohistoria: Rosario. Tomo I y II.
Soprano, Germán (2022). “Hay una guerra para cada hombre. Tres experiencias de combate de oficiales subalternos del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino en la Guerra de Malvinas”. Pasado Abierto, 15, 186-224.
Thompson, Julian (1990) [1985]. No picnic. Buenos Aires: Atlántida.
Van der Bijl, Nick (2014) [1999]. Nine Battles to Stanley. South Yorkshire: Pen & Sword.
Van der Bijl, Nick y Aldea, David (2003). Fifth Infantry Brigade in the Falklands 1982. London: Leo Cooper.
- Rosana Guber (2016) produjo una etnografía sobre las experiencias de combate aeronaval de los pilotos de aviones A4B Skyhawk de la Fuerza Aérea. El historiador Federico Lorenz (2014) se ocupó de las experiencias de los oficiales del Ejército destinados en la Isla Gran Malvina –Regimiento de Infantería 5, compañías del Regimiento de Infantería 8 y de la Compañía de Ingenieros 9-; Florencia Gándara (2020 y 2021) de oficiales y suboficiales del Regimiento de Infantería 3 y Germán Soprano (2019) de oficiales, suboficiales y soldados del Grupo de Artillería 3 y oficiales subalternos del Regimiento de Infantería 25 (Soprano, 2022). En tanto que el politólogo Alejandro Corbacho (2003) y los historiadores Pablo Melara (2010), Andrea Belén Rodríguez (2020) y Alejandra Barrutia (2020) abordaron experiencias del personal de la Armada: el Batallón de Infantería de Marina 5, la Agrupación de Buzos Tácticos, el Apostadero Naval Malvinas y los buques auxiliares, respectivamente. Recientemente, Guber (2022) dirigió un libro colectivo enfocado en las experiencias de guerra del personal de diversas unidades y elementos de la Armada. Por su parte, la antropóloga María Pozzio (2015) estudió las mujeres enfermeras (debido a limitaciones de espacio, menciono al menos una publicación de cada uno de estos autores).↵
- Si de este sucinto panorama acerca del modo en que las experiencias de combate de la Guerra de Malvinas fueron abordadas en la Argentina sólo he nominalizado en la anterior cita a pie las correspondientes a las producciones académicas, es porque asumo que este trabajo tiene por principales interlocutores a los científicos sociales.↵
- Me centro en las campañas terrestres porque este texto es parte de una investigación que tiene por objeto una biografía colectiva de la Promoción 113 del Colegio Militar de la Nación, comprendiendo las perspectivas y experiencias de combate de 49 miembros de la misma que, como subtenientes “en comisión”, fueron “agregados” a diferentes unidades y elementos del Ejército Argentino destinados en las Islas Malvinas durante la guerra.↵
- Salvo cuando cito textualmente a los autores británicos, he adoptado la toponimia malvinense conforme a las denominaciones aceptadas por la Argentina. También señalo que consulté las ediciones en inglés del corpus bibliográfico objeto de este trabajo, excepto en algunos casos –que consigno- en que no tuve acceso a las mismas. Queda pendiente para otro trabajo una revisión exhaustiva y análisis del tratamiento que las campañas terrestres recibieron por parte de la historiografía británica en las revistas académicas especializadas del Reino Unido.↵
- Sobre el final de la navegación por el Atlántico Sur, Hastings hizo transbordo a otro buque, al igual que buena parte de las tropas para no desembarcar todos desde el mismo buque y quedar más fácilmente expuestos al fuego de las fuerzas argentinas.↵
- Hastings nació en 1948 en el Reino Unido. Su padre y su madre eran periodistas y su padre también corresponsal de guerra. Inició su carrera como corresponsal en el exterior a fines de la década de 1960. Fue corresponsal para el programa 24 Hours de la BBC y el periódico Evening Standard de Londres cubriendo acontecimientos en más de sesenta países. Entre 1986-1996 fue editor y editor en jefe del periódico The Daily Telegraph y entre 1996-2002 editor en el Evening Standard. Refirió a sus experiencias como corresponsal de guerra en Going to the Wars (2000). En 2002 se le otorgó el título de “Sir”. Entre sus libros se cuentan: Bomber Command (1979), Battle of Britain (1980), Yoni: Hero of Entebbe. Life of Yonatan Netanyahu (1980), Das Reich. Resistance and the March of the Second SS Panzer Division Through France, June 1944 (1981), The Battle for the Falklands (1983), Overlord. D-Day and the Battle for Normandy (1984), Victory in Europe (1985), The Korean War (1987), Armageddon. The Battle for Germany. 1944-1945 (2004), Warriors. Exceptional Tales from the Battlefield (2005), Nemesis. The Battle for Japan. 1944-45 (2007), Finest Years. Churchill as Warlord 1940-45 (2009), All Hell Let Loose. The World at War 1939-1945 (2011), Catastrophe 1914. Europe goes to War (2013), The Secret War. Spies, Codes and Guerrillas. 1939-45 (2015), Vietnam. An Epic Tragedy. 1945-1975 (2018), Chastise. The Dambusters Story, 1943 (2015), Operation Pedestal. The Fleet that Battled to Malta, 1942 (2021), Abbys. Nuclear Crisis Cuba 1962 (2022). Varios de estos títulos han sido publicados en castellano.↵
- La Armada británica se rehusaba a embarcar periodistas con la Fuerza de Tareas, pero luego cedió ante reclamos de la prensa, el Ministerio de Defensa y del personal de la primera ministra. Las complejas relaciones entre prensa, gobierno y Fuerzas Armadas británicas en el curso de la guerra fueron analizadas por Hastings y Jenkins (1983) en el último capítulo y por el primero en su libro autobiográfico como corresponsal de guerra (Hastings 2000). ↵
- El libro tuvo una edición en castellano publicada por Emecé Editores en Buenos Aires y con traducción de Fernando Estrada.↵
- El libro posee un apéndice con la composición de la Fuerza de Tareas británica. También siete mapas, una cronología de hechos políticos y militares y otro apéndice con el “Informe Franks”.↵
- Nació en 1932. Su obra comprende libros como The First Day on the Somme (1971), The Nuremberg Raid. 30-31 March 1944 (1973), The Sinking of the Prince of Wales & Repulse (con Patrick Mahoney, 1977), Kaiser’s Battle: 21 March 1918. The First Day of the German Spring Offensive (1978), The Battle of Hamburg. Allied Bomber Forces against a German City in 1943 (1980), The Peenemunde Raid: The Night of 17-18 August 1943 (1982), The Schweinfurt-Regensburg Mission. American Raids on 17 August 1943 (1983), The Bomber Command War Diaries. An Operational Reference Book. 1939-1945 (con Chris Everitt, 1985), Operation Corporate: The Story of the Falklands War, 1982 (1985), Convoy SC122 & HX229. Climax of the Battle of the Atlantic. March 1943 (1986), Task Force. The Falklands War, 1982 (1987), The Argentine Fight for the Falklands (1988), The Middlebrook Guide to the Somme Battlefields: A Comprehensive Coverage from Crecy to the World Wars (con Mary Middlebrook, 1991), Arnhem 1944. The Airborne Battle, 17-26 September (1994), Your Country Needs You. Expansion of British Army Infantry Divisions. 1914-1918 (1999), Captain Staniland’s Journey: The North Midland Territorials go to War (2003), The Firestorm Hamburg. The Facts Surrounding the Destruction of the German City. 1943 (2012). ↵
- El cambio en el título que llevó el libro en esa edición revisada se debió –según escribió Middlebrook en 1987– a que pocas personas recordaban que “Operation Corporate” era el nombre-código que recibió en 1982 la operación de “recuperación de las Falklands”. ↵
- Ambos libros poseen un apéndice con el orden de batalla de las fuerzas militares británicas –el primero– y argentinas –el segundo– en la Guerra de Malvinas. En este último, además, agradece a quienes colaboraron con su investigación en la Argentina y en el Reino Unido.↵
- Los comentarios sobre este libro se efectúan a partir de una lectura y análisis de su edición en castellano, traducida por Alejandro J. Amendolara Bourdette de la edición inglesa de 2016 de Pen & Sword, pues no he tenido acceso a sus ediciones en inglés.↵
- Veremos que similar enfoque holístico se propuso años después Hugh Bicheno (2009).↵
- Como recientemente recordó Darío Barriera (2022), el Reino Unido tiene una prolongada historia de producción de “historias oficiales” sobre su participación bélica en el siglo XX. Este historiador ha señalado además la inexistencia de una política pública similar en la Argentina y –conforme lo dicho por Federico Lorenz- sospecha cuán políticamente problemática sería instalar una cuestión semejante, esto es, producir una “historia oficial” de la Guerra de Malvinas en la agenda pública argentina contemporánea.↵
- Freedman nació en 1948. En su destacada trayectoria académica se desempeñó en el International Institute for Strategic Studies, el Royal Institute of International Affairs, el King’s College London y la University of Oxford, entre otras instituciones. Es miembro de la British Academy. En 1999 desarrolló para el primer ministro Tony Blair los fundamentos de la denominada “doctrina Blair” o “discurso de Chicago”, por la cual el líder británico justificó la intervención militar internacional por motivos humanitarios como las efectuadas en Kosovo e Irak (Freedman 2017). También integró la comisión de la “Irak Inquiry” –encomendada en 2009 por el primer ministro laborista Gordon Brown- que investigó los preparativos y participación británica en la Guerra de Irak 2001-2009. https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/535407/The_Report_of_the_Iraq_Inquiry_-_Executive_Summary.pdf Consultado en línea el 18 de mayo de 2022.↵
- La Fundación Rockefeller otorgó un subsidio a los autores que posibilitó la publicación del mismo. Signals of War… fue publicado en la Argentina en 1992 como Señales de guerra. El conflicto de las Islas Malvinas de 1982 por Javier Vergara Editor. Mis comentarios se basan en la edición en castellano traducida por Aníbal Leal.↵
- La cuestión de la guerra nuclear fue tempranamente objeto de su interés al enfocarla en su tesis de doctorado defendida en 1975: The definition of the Soviet threat in strategic arms decisions of the United States: 1961–1974.↵
- Entre sus publicaciones se cuentan: US Intelligence and the Soviet Strategic Threat (1977), Arms Production in the United Kingdom (1978), The West and the Modernization of China (1979), Britain and Nuclear Weapons (1980), The Evolution of Nuclear Strategy (1981, con Jeffrey Michaels), Atlas of Global Strategy (1985), The Price of Peace: Living with Nuclear Dilemma (1986), Arms Control Strategic Defence in the Nuclear Age (1987), Peace and Security: A Guide to Independent Groups and Founding Sources (1988), Britain and the Falklands War (1988), Why is Arms Control So Boring (1989), Signals of War: The Falkland’s Conflict of 1982 (1990, con Virginia Gamba), The Gulf Conflict, 1990-1991 (1993), The Revolution in Strategic Affairs (1998), Kennedy’s War: Berlin, Cuba, Laos, and Vietnam (2000), The Cold War (2001), Deterrence (2004), The Official History of the Falklands Campaign (2005), The Transformation of Strategic Affairs (2006), A Choice of Enemies: America Confronts the Middle East (2008), Strategy: A history (2013), The Future of War (2017), A Nuclear Deterrence: A Ladybird Expert Book (2018), Ukraine and the Art of Strategy (2019), Command: The Politics of Military Operations from Corea to Ukraine (2022).↵
- Es llamativo, no obstante, que el libro de Middlebrook de 1988, The Argentine Fight for the Falklands, no fuera citado por Freedman y Gamba-Stonehouse.↵
- El libro de Freedman y Gamba-Stonehouse posee un anexo con el orden de batalla de las fuerzas militares de ambos contendientes.↵
- Incluso asumiendo esta definición sobre el sentido “oficial” de su historia, la misma es cuanto menos una historia oficiosa en cualquiera de las definiciones atribuibles a este adjetivo: 1. Que no tiene carácter oficial a pesar de proceder de una fuente autorizada. 2. Que presenta opiniones de una autoridad de forma extraoficial. El exembajador argentino en el Reino Unido, el diplomático Vicente E. Berasategui, ha dicho al respecto que esta “historia oficial” fue objeto de una cuidadosa revisión por parte del Foreign and Commonwealth Office y del Ministerio de Defensa británico antes de su publicación a fin de verificar que no tuviera afirmaciones que pusieran en duda los reclamos británicos en la disputa por la soberanía en el Atlántico Sur o consideraciones que afectaran la versión oficial de episodios diplomáticos o militares acaecidos durante el conflicto (Berasategui 2011). ↵
- El tomo I contiene cuatro mapas (Atlántico Sur, Islas Malvinas, Islas Sandwich e Islas Georgias) y un cuadro comparativo del comercio británico con la Argentina y las “Falklands”. El Tomo II posee dieciséis mapas referidos a la Guerra de Malvinas, dos ilustraciones y once cuadros. ↵
- No he podido consultar la edición en inglés. Mis argumentos están construidos a partir de la edición en castellano traducida por Teresa Arijón y publicada en 2009 en Buenos Aires por Editorial Sudamericana.↵
- Richard Holmes (fallecido en 2011) es autor de numerosos libros de historia militar entre los que se cuentan The English Civil War. A Military History of the Three Civil Wars 1642-1651 (1974, en coautoría con Peter Young), su trilogía sobre los soldados británicos Redcoats (2001), Tommy. The British Soldier on the Western Front. 1914-1918 (2004), Sahib. The British Soldier in India (2005) y sus historias sobre grandes conductores militares Wellington. The Iron Duke (2002) y Marlborough. England’s Fragile Genius (2008). Desarrolló simultáneamente una carrera académica y como oficial de infantería de la reserva del Ejército británico en actividad entre 1964 y 1986. Fue profesor en la Royal Military Academy Sandhurst entre 1969 y 1985 y posteriormente en la Cranfield University y en el Royal Military College of Science. Fue editor de The Oxford Companion to Military History. También desarrolló una activa labor de divulgación de conocimientos en historia militar en televisión y otros medios de comunicación. En su monumental libro Battlefields. Decisive Conflicts in History (2006), Holmes recomendó leer la “historia oficial” de Lawrence Freedman sobre la Guerra de Malvinas y, en paralelo, el libro de Hugh Bicheno que se encuentra “en las antípodas de la versión oficial”.↵
- Bicheno es hijo de británicos, nacido en Cuba en 1948. Es hispano hablante y adquirió ciudadanía norteamericana. En Razor’s Edge… contó que su esposa era anglo-argentina y que cuando estalló la Guerra de Malvinas él se encontraba en San Salvador (El Salvador) y vivían en Guatemala.↵
- Bicheno es autor de Midway (2001), Gettysburg (2001), Rebels and Redcoats. The American Revolutionary War (2003), Crescent and Cross. The Battle of Lepanto, 1571 (2003), Vendetta: High Art and Low Cunning at the Birth of Renaissance (2008), Elizabeth’s Sea Dog: How England’s Marines Became the Scourge of the Seas (2012), Battle Royal. The War of the Roses. 1440-1462 (2015), Blood Royal. The War of the Roses. 1462-1485 (2016), The Wars of the Roses. The Bloody Struggle for England’s Throne (2019).↵
- Por este motivo es que, en términos relativos, dedicaré más espacio en el capítulo al análisis efectuado por Bicheno sobre los combates y los combatientes en la Guerra de Malvinas que el otorgado a los otros autores –excepto Thompson.↵
- Su búsqueda de empatía con los combatientes británicos y argentinos se explicita –entre otros- en los siguientes pasajes. Respecto de los primeros: “Mientras zigzagueaba como una cabra exangüe por las empinadas laderas de los montes donde se combatió, no podía menos que maravillarme ante la fortaleza de los hombres que los habían tomado por asalto cargados de peso hasta la médula, con las botas empapadas y con correas de combate imposiblemente incómodas, bajo una lluvia de granadas y poniéndole el pecho al fuego de los rifles, ametralladoras, los morteros y las bazukas” (Bicheno 2009, 41). Y en relación con los segundos: “Cuando me refugié en un hueco que se había formado naturalmente entre las rocas, comprendí por qué la artillería británica no había sido tan mortífera aquí como en todas las otras guerras del siglo XX […] El otro motivo del relativamente bajo número de víctimas de la artillería fue la densa turba que cubre la roca y estrato de arcilla, cosa que dio un nuevo significado al término ‘agua subterránea’” (Bicheno 2009, 41).↵
- “Los británicos deben la victoria a la ferocidad de su infantería, que entró en combate bajo estrés intenso –presionada más allá del punto en que hasta las tropas mejor entrenadas pueden ser presionadas. El miedo a la muerte o a resultar herido puede ser la gota que rebalsa el vaso, pero las víctimas psiquiátricas se multiplican bajo condiciones de no combate estresantes, entre ellas el frío, la mala alimentación, la incertidumbre y la fatiga prolongada. Todas estas condiciones les fueron infligidas gratuitamente a los Paras e infantes de Marina en el período comprendido entre el desembarco en San Carlos el 21 de mayo y las batallas por las colinas de Puerto Argentino dieciséis días más tarde […] La insensatez de abrir un segundo frente –cuando apenas había suficientes recursos de transporte para sostener uno- se fundamentó en las siguientes razones: el deseo tardío del Ejército de parecer estar en paridad con la Armada, y la preocupación porque nadie viera a los guardias siguiendo las huellas de regimientos menos augustos” (Bicheno, 2009, 137-138).↵
- El libro fue publicado en 1985 en el Reino Unido por la editorial Leo Cooper, Secker & Warburg. No he podido consultar la edición en inglés y por ello me he servido aquí de aquella publicada en castellano por Editorial Atlántida y traducida por Luis F. Coco. La edición en castellano está precedida por un “Prólogo para la edición argentina” escrito por un autor o autores no identificados que firmaron con “Editorial Atlántida”. En dicho prólogo se define acertadamente el libro como un “relato de la acción vívido y honesto, aunque unilateral” (Editorial Atlántida en Thompson 1990, 21) y se formula una sintética evaluación de la campaña terrestre de las fuerzas británicas comprendida desde el punto de vista argentino. ↵
- Thompson nació en 1934.↵
- Ready for Anything: The Parachute Regiment at War, 1940–1982 (1990), The Imperial War Museum Book of the War in Burma, 1942–45: A Vital Contribution to Victory in the Far East (2002), Royal Marines: From Sea Soldiers to a Special Force (2003), The 1916 Experience: Verdun and the Somme (2006), Call to Arms: The Great Military Speeches (2009), Dunkirk: Retreat to Victory (2011), The Second World War in 100 Objects (co-autoría con Allan Millet, 2012), The Royal Navy.100 Years of Modern Warfare (2016).↵
- El libro posee mapas, cartas con el diseño de los combates de la campaña terrestre de la 3ª Brigada de Comando y fotografías. ↵
- La estructura orgánica de la 3ª Brigada de Comando con arreglo a su movilización y despliegue en la campaña terrestre de la Guerra de Malvinas es algo más compleja, pero he presentado aquí sus unidades y elementos más representativos. Thompson sostiene que, más allá de las históricas y naturales rivalidades existentes entre los servicios de las Fuerzas Armadas británicas y, en particular, entre los infantes de marina y la infantería del Ejército, el desarrollo de la campaña terrestre de la 3ª Brigada de Comando en la Guerra de Malvinas demostró que sin importar el uniforme ni el color de su boina “verdes, rojas, azules, arena o caqui” y “cualquiera haya sido el distintivo de su gorra”, las unidades propias y agregadas tuvieron muy buenos niveles de coordinación e integración bajo su mando (Thompson 1990, 3). ↵
- Omito aquí el breve capítulo tres referido a las operaciones británicas de recuperación de las Georgias del Sur.↵
- Quien o quienes firman como Editorial Atlántida sostienen que similar concepción flexible del ejercicio del mando existía entre los militares argentinos. Esta cuestión merece una atención particular, pues considero que dicha concepción puede reconocerse en el curso de la Guerra de Malvinas en algunas unidades y subunidades del Ejército Argentino, por ejemplo, en el Regimiento de Infantería 25 (Soprano 2022), pero en modo alguno estuvo generalizada en forma efectiva en las unidades tácticas y menos aún lo fue a nivel de la conducción estratégica militar de la guerra. ↵
- El ataque aéreo argentino en Fitz Roy sobre los buques sir Galahad y sir Tristram que transportaban tropas de la 5ª Brigada de Infantería ocupa apenas unas pocas líneas del capítulo ocho, quizá no tanto porque es un hecho que no refiere a la 3ª Brigada de Comando sino porque –especulo- Thompson omitió aludir a los problemas y errores implicados en la operación de desembarco de la fuerza al mando del general de brigada Anthony Wilson. ↵
- Nine Battles to Stanley (con prólogo de Julian Thompson, 1999), Victory in the Falklands (2007), The Brunei Revolt. 1962-1963 (2012), Sharing the Secret. A History of the Intelligence Corps. 1940-2010 (2013), British Military Operations in Aden & Radfan. 100 Years of British Colonial Rule (2014), Confrontation. The War with Indonesia. 1962-1966 (2014), To Complete the Jigsaw. The British Military Intelligence in the First World War (2015), Mau Mau Rebellion. The Emergency in Kenya. 1952-1956 (2017), British Military Intelligence. Objects From the Military Intelligence Museum (2017), My Friends, The Enemy: Life in Military Intelligence During the Falklands War (con prólogo de Julian Thompson, 2020) y Unseen Falklands War (2022). Asimismo, en la editorial Osprey publicó obras de divulgación: Argentine Forces in the Falklands (1992), The Royal Marines, 1939-93 (1995) e Inter-Allied Commando.1942-45. British Secret Commando (2006).↵
- Van der Bijl y Aldea buscan incorporar perspectivas y experiencias, sobre todo, de los mandos militares argentinos apoyándose en algunos libros publicados en la Argentina: Comandos en acción de Isidoro Ruiz Moreno (1986), Así lucharon, de Carlos Túrolo (1986), La X Brigada de Infantería Mecanizada “General Nicolás Levalle” en acción en Malvinas de Oscar Jofre y Félix Aguiar (1992), Malvinas: a sangre y fuego de Nicolás Kasanzew (1982), Malvinas. Testimonio de su Gobernador de Mario Menéndez y Carlos Túrolo (1983). También aparecen consignados en las “fuentes argentinas” los denominados “Informe Calvi” e “Informe Rattenbach”. ↵
- Con excepción del empeñamiento en la crisis de Suez en 1956, las tropas paracaidistas británicas no habían vuelto a realizar saltos en combate desde finales de la Segunda Guerra Mundial.↵
- También el caso de la 5ª Brigada de Infantería en su movilización y despliegue en la campaña terrestre de la Guerra de Malvinas posee una composición algo más compleja, pero lo presentado da cuenta de sus principales unidades.↵
- El 2º Batallón del Regimiento de Paracaidistas fue incorporado a la 5ª Brigada de Infantería y permanecería en ella hasta que fue reintegrado a la 3ª Brigada de Comando para la batalla final sobre Puerto Argentino.↵
- Parr se ha desempeñado en el Departamento de Historia Internacional de la London School of Economics y desde 2003 en la Keele University.↵
- Helen Parr nació en 1974, es autora de Britain’s Policy towards the European Community. Harold Wilson and Britain’s World Role, 1964-1967 (2004).↵
- En 2012 Helen Parr viajó con su padre a conocer las “Falkland Islands”. El libro incluye fotografías del tío Dave y de la familia Parr, de los paracaidistas –Dave entre ellos- en la campaña de la “Falklands War”, de los funerales de los caídos en la posguerra y de su viaje a las Islas en octubre de 2012. También un apéndice con las unidades del Ejército británico y su composición.↵
- Entre los esfuerzos emprendidos por los veteranos británicos por superar los traumas psíquicos heredados de la guerra, Parr comprende aquellos de quienes buscaron algún consuelo en el encuentro con veteranos argentinos y/o viajando a la Argentina para conocerlos personalmente, pues, al igual que ellos, entendían, eran “hombres justos” que en la guerra “hacían su trabajo”. Otros emprendieron viajes a las Islas Malvinas para reencontrarse con los campos de batalla en los que combatieron o bien publicaron testimonios sobre sus experiencias en la guerra.↵
- El perfil y la trayectoria de Parr, en este sentido, constituye una excepción, pues su producción académica no exhibe una diversidad de pesquisas sobre diferentes guerras, sino que se concentra en el estudio de cuestiones relativas a asuntos de política internacional del Reino Unido y de la Unión Europea.↵
- Poco después de la Guerra de Malvinas, el Reino Unido participó en la primera Guerra del Golfo. La literatura académica argentina prácticamente no ha prestado atención a la participación de la Argentina en la coalición de 34 países liderada por Estados Unidos que enfrentó a Irak en primera Guerra del Golfo (1990-1991) y el envío de unidades y personal de la Armada Argentina –destructor ARA Almirante Brown, las corbetas ARA Spiro y ARA Rosales y el transporte ARA Bahía San Blas-.↵
- En correspondencia con este déficit, la historiografía británica sobre la “Falklands War” ha sido hecha –entre los autores aquí abordados con la sola excepción de Bicheno– por historiadores que desconocen o no dominan el castellano y que apenas han consultado algunos textos publicados en este idioma y escritos por protagonistas o bien especialistas argentinos que abordaron este conflicto bélico o, más ampliamente, la así denominada en Argentina “cuestión Malvinas”.↵
- De aquellos pocos científicos sociales que hemos investigado acerca de las experiencias de combate en la Guerra de Malvinas, sólo Rosana Guber (2013) abordó las perspectivas de los combatientes británicos vis-a-vis con las de los argentinos en los reencuentros producidos entre veteranos de ambos países en la posguerra. A su vez, Juan Leoni (2020) estudió las prácticas conmemorativas argentinas y británicas en la posguerra. También las experiencias de guerra y el reencuentro entre veteranos argentinos y británicos en obra teatral Campo minado (2016) y el film Teatro de Guerra (2018) de Lola Arias han sido objeto de análisis desde las ciencias sociales (Perera, 2017; Dufour, Trejo y Vassallo, 2022). Y Juan Cisilino, Manuela García Larocca y Santiago Garriga Olmo (2020) refirieron a las memorias del general de división Julian Thompson y del almirante John Woodward.↵
- La difusión de un evento académico por las redes sociales cuya realización se concretó en la Universidad de Buenos Aires entre el 6 y 8 de abril de 2022 con la co-organización del Grupo de Estudios sobre Arte, Cultura y Política en la Argentina Reciente del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de dicha Universidad y la School of Modern Languages de la Cardiff University, fue agresivamente criticado por “cipayismo” debido a que llevaba por título “(Re)pensado Malvinas –(Re)thinking Falklands. Visiones y versiones en las culturas argentina y británica/Visions and Versions in Argentinian and British Cultures”. Recordemos que el término “cipayo” se utiliza en forma coloquial y despectiva en la Argentina para referir a los nativos considerados al servicio de un poder extranjero. Tales críticas evidenciaron la nula tolerancia ante el disenso y el pobre apego por el debate académico y político, más aún si tenemos en cuenta que los organizadores argentinos poseían una reconocida trayectoria “progresista” y seguramente “antimperialista”. No obstante, cabe señalar que los organizadores argentinos también recibieron apoyos por las redes sociales y de las autoridades de su Instituto –en este caso con la aclaración de que el evento era entera responsabilidad de sus organizadores, puesto que no era una actividad oficial de este último–.↵
- Por supuesto hay excepciones como sucede en el ámbito de la Maestría en Historia de la Guerra de la Escuela Superior de Guerra, Facultad de Ejército, Universidad de la Defensa Nacional, o bien en algunos eventos y publicaciones académicas y proyectos de investigación, tal como procuramos estimular desde este PIP-11220200100119 de CONICET: “Argentina y las guerras del siglo XX. Una historia social y cultural de perspectivas y experiencias de civiles y militares argentinos sobre las Guerras Mundiales y la Guerra de Malvinas”.↵






