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“Estamos escribiendo el preámbulo de la historia de la tercera reconquista”[1]

La revista Figuritas
y la malvinización del ámbito escolar

María Inés Tato

Introducción

El 2 de abril de 1982, al conocerse el desembarco argentino en las Islas Malvinas, una multitud colmó la Plaza de Mayo celebrando la recuperación del archipiélago austral, en manos británicas desde 1833. Durante sus 74 días, la Guerra de Malvinas contó con un extenso respaldo social, expresado en manifestaciones espontáneas en calles y plazas de todo el país, donaciones en dinero y especie, envío de cartas de apoyo a los combatientes, enrolamiento de voluntarios. Sin dejar de lado las diferencias que en otros terrenos enfrentaban a diversos actores políticos y sociales con el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, se fue conformando una suerte de “unión sagrada” de la que participaron dirigentes políticos representativos de todo el espectro partidario, centrales sindicales, cámaras empresarias, productores rurales, intelectuales, deportistas y artistas. En cambio, fueron muy contadas las voces que se levantaron para condenar la guerra en disidencia con el consenso dominante.

La adhesión social a la guerra expresó la profundidad del arraigo en el imaginario social de una causa nacional más que centenaria, que reivindicaba la soberanía argentina sobre las Islas y la voluntad de restituirlas al patrimonio territorial nacional y que, en la coyuntura, reveló su enorme capacidad de interpelación social y de aglutinamiento de diferentes tradiciones partidarias e ideológicas.

La construcción de Malvinas como causa nacional fue un proceso de larga data, que antecedió por varias décadas a la guerra de 1982. A pesar de su relevancia para una comprensión más cabal de las reacciones sociales ante el Conflicto del Atlántico Sur, la historiografía aún no lo ha explorado sistemáticamente. Se han señalado algunas coyunturas en las que habría tomado forma o cristalizado, y algunos agentes que con sus acciones habrían contribuido a su construcción (Guber 2012: 65-106; Palermo 2007: 120-153; Lorenz 2014: 108-111, 117-120, 126-130; Tato 2020). Sin embargo, quedan por explicar los mecanismos y los dispositivos culturales que hicieron posible la conformación de la causa Malvinas, así como su devenir en otros tramos de su desarrollo a lo largo de los siglos XIX y XX.

A través de un estudio de caso, este trabajo aspira a efectuar un aporte al estudio de ese proceso, más específicamente a un momento de notorio avance de la causa Malvinas en términos cuantitativos y cualitativos: la segunda mitad de la década de 1930. Nos centraremos en el análisis de Figuritas. La revista argentina del escolar, publicada en Buenos Aires entre 1936 y 1946. Durante buena parte de su existencia, la revista se destacó por llevar adelante una infatigable y comprometida campaña de malvinización del ámbito escolar. Tras reseñar el contexto de aparición de la revista y su perfil, nos ocuparemos en detalle de la cruzada desplegada por ella para promover la causa Malvinas y de las repercusiones de su actividad en el corto y en el largo plazo. Por último, trazaremos un balance de los aportes de Figuritas a la construcción de Malvinas como causa nacional, que permitirá reevaluar algunos lugares comunes predominantes en la historiografía.

Figuritas, única revista en su género”[2]

La Argentina de las décadas de 1930 y 1940 fue testigo del exitoso resultado de las campañas alfabetizadoras desplegadas desde el Estado nacional desde fines del siglo XIX. Así, entre el tercer y el cuarto Censo Nacional, esto es, entre 1914 y 1947, el analfabetismo descendió de 35,9% a 13,6% (Presidencia de la Nación 1947: LXXX). En consecuencia, por entonces existía un amplio y ávido público lector, que contaba con una muy variada oferta de libros baratos (Romero 1995), que ponían a su alcance las grandes obras de la literatura universal, y con numerosas publicaciones periódicas. Entre ellas, diarios tradicionales como La Nación y La Prensa; periódicos de corte popular como Crítica o Noticias Gráficas; prensa política de diferente signo partidario; revistas de interés general como Caras y Caretas, El Hogar, Mundo Argentino y P.B.T. y otras destinadas a segmentos específicos de la población, como El Gráfico (inicialmente de interés general pero pronto volcada al público masculino con informaciones netamente deportivas), Billiken, dirigida al público infantil, y Para Ti, diseñada especialmente para la mujer.[3] La notable expansión de bibliotecas populares durante la entreguerra facilitó el encuentro de los lectores con esos variados materiales de lectura (Gutiérrez y Romero 1995).[4]

En ese contexto de expansión constante de la cultura letrada, el 17 de julio de 1936 hizo su aparición Figuritas, con el subtítulo “La revista del escolar”, reemplazado por “La revista argentina del escolar” un año más tarde. Los responsables de la publicación fueron Miguel J. Tarallo, Roque Livieri y Ulises M. Peluffo.[5] Este último se desempeñó como director hasta diciembre de 1936;[6] a partir de entonces, dejó de explicitarse quién desempeñaba esa función, aunque indicios externos permiten establecer que hacia 1939 estaba a cargo de Luis A. Falcone.[7] Como recalcó la revista, esta iniciativa editorial “[s]urgió desde el ambiente más humilde y más modesto como es el del aula primaria”.[8] En tal sentido, los integrantes de su staff cuyos nombres trascendieron a los lectores fueron maestros y/o directivos de escuelas, algunos de ellos autores de libros educativos o de literatura infantil, con fuerte preponderancia femenina.[9] No obstante, entre sus colaboradores –permanentes u ocasionales– se contaron figuras reconocidas del mundo de la cultura de la época.[10]

Con oficinas en Avenida de Mayo 570, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, la revista aparecía semanalmente los viernes, con un costo de 20 centavos que se mantuvo prácticamente inalterado a lo largo de su existencia. Sus ediciones regulares oscilaban inicialmente entre las 56 y las 60 páginas, cifra que se incrementaba en los números especiales, habitualmente consagrados a las principales efemérides o a temas específicos. El tamaño de la revista experimentó varios cambios con el transcurso del tiempo (acompañados por un acortamiento del número de páginas), al igual que en la calidad de las ilustraciones y en la diagramación de las secciones.[11]

No disponemos de información acerca de su tirada ni de la cantidad de suscriptores con los que contaba. Sin embargo, a partir de ciertos indicadores aislados, podemos deducir que tuvo un alcance social y geográfico muy amplio. Algunos testimonios le atribuyen una “considerable difusión en el país” (Morello 1969: 133); un director de escuela entrerriano indicó que “De buenas a primeras, modestamente, pero con firmeza, entra y conquista el país. Nadie sabe quién la hace pero está realizando una hermosa obra.” (citado en Cacuri 1956: 84). Asimismo, datos proporcionados por la propia publicación dan cuenta de que algunas ediciones generaron un incremento de la demanda que sólo pudo ser parcialmente cubierta.[12] No obstante, un dato crucial procede de la red de correspondencia interescolar impulsada por Figuritas, que, como veremos más adelante, conectaba toda la geografía de la República e incluso a varios países latinoamericanos. En 1940 dicha red incluía a unos 20.000 alumnos de escuelas argentinas, en las que la revista circulaba y en numerosas ocasiones era utilizada como material de lectura en las clases.[13] También hay constancia de que Figuritas era consultada en bibliotecas populares, multiplicando así sus lectores.[14]

La revista se financiaba a través de las suscripciones de sus abonados y de la publicidad de diversas empresas: alimentos y bebidas,[15] medicamentos y productos de tocador,[16] libros y artículos escolares,[17] juguetes,[18] indumentaria y accesorios,[19] centros educativos,[20] radios, teatros y cines, artefactos para el hogar o la escuela,[21] entre otros anunciantes. Cabe destacar que a lo largo de su existencia Figuritas recibió escasísima publicidad oficial, excepción hecha de dependencias cuya labor guardaba relación con el público escolar, como la Caja Nacional de Ahorro Postal y la Biblioteca Nacional, que ocasionalmente publicaban avisos.

La principal peculiaridad de la revista fue la amplia audiencia a la que se dirigía. En lugar de apuntar exclusivamente al público infantil, se orientó también a los padres y, especialmente, a los maestros:

[…] millares de testimonios nos dicen que es eficaz para los niños, con el desarrollo semanal de los programas vigentes y con las ilustraciones adecuadas; para los padres, orientando la enseñanza del hogar en estrecha comunión con la Escuela; para los maestros, presentándoles los asuntos con la claridad y brevedad indispensable para tratarlos en los plazos establecidos; para todos, porque hace revivir conocimientos adquiridos, en forma amena y económica, evitando la compra de costosos libros de texto que no están al alcance de familias de medidos recursos.[22]

La amplitud de lectores a los que se orientaba se manifestó en la variedad de contenidos ofrecidos. Los temas escolares que presentaba, profusamente ilustrados y ordenados por grados específicos, se correspondían con los programas del Consejo Nacional de Educación y se publicaban con una semana de antelación a las fechas oficiales previstas para su tratamiento en el aula.[23] Como se desprende de la cita precedente, la revista pretendía complementar e incluso reemplazar a los libros de texto. Figuritas incluía además notas de corte pedagógico destinadas a los maestros, referidas entre otras temáticas a la selección de obras literarias para su uso en el aula, la educación artística, el tono de los discursos patrios, el uso del cine como recurso didáctico, el fomento forestal, el uso escolar del fonopostal, entre otros múltiples temas, y sugería actividades concretas para llevar a la práctica en el aula. Otras notas tenían a los padres como destinatarios, enfocadas, por ejemplo, en las conductas a desalentar y en los valores a inculcar en los niños, la elección de los juguetes, recomendaciones para el uso del tiempo libre en vacaciones, etc. Asimismo, Figuritas exhortó constantemente al Estado a intervenir en diversas áreas ligadas a la educación: la creación de escuelas-hogares para los niños desvalidos, la construcción de edificios escolares propios, el estímulo a carreras ligadas a la actividad agraria, el incremento de la educación de adultos, la lucha contra la desnutrición infantil, la jerarquización salarial de los docentes, entre otras muchas cuestiones.

Sin embargo, en tanto los niños constituían su lector principal, predominaron diversos contenidos dirigidos a ellos: información textual y gráfica para sus clases escolares, adaptaciones de fábulas y cuentos de autores nacionales y extranjeros, poesías, crucigramas y acertijos, y abundantes historietas.[24]

En 1937, la revista contaba con un programa que se transmitía semanalmente los domingos de 9.30 a 10 hs. por LR3 Radio Belgrano, titulado “Suplemento de Figuritas”, conducido por Lola Piñeiro de Morales, en el que participaban algunos de sus colaboradores, educadores invitados y niños lectores de la publicación.[25] En ocasiones, las intervenciones radiales eran reproducidas en la sección titulada “Suplemento oral”. Cuatro años después, la revista anunció la inminente aparición del programa “’Figuritas’ en el éter”, a transmitirse diariamente por las tardes por LR 10 Radio Cultura bajo la conducción de su colaboradora Cristina Chaves.[26] La vinculación de Figuritas con la radio ilustra la creciente centralidad de esta industria cultural en la vida cotidiana argentina (Matallana 2018). La radio posibilitaba una mayor proyección social de la revista, que podía acceder a través de ella a una audiencia más extensa que la habitual e incluso incentivar el consumo de la publicación por parte de nuevos lectores.

La revista brindaba otros servicios complementarios. Por ejemplo, el “Consultorio Pedagógico de Figuritas” respondía consultas didácticas planteadas por los maestros.[27] En el verano de 1941 una oficina especial de Turismo, a cargo de Cristina Chaves, asesoraba a los docentes sobre “viajes, itinerarios, playas, sierras, termas, alojamientos”, programaba sus viajes, reservaba alojamiento y gestionaba créditos rápidos con fines turísticos.[28] Esta actividad era complementada con la venta de Cicerone. Primer anuario turístico de la República Argentina, de 500 páginas ilustradas.[29]

En lo que respecta al público escolar, Figuritas brindaba orientación vocacional en la sección “Guía de Estudios Secundarios”, a cargo del “Profesor Tar”, y en otras con nombre variable incluía una lista de carreras y oficios, lugares donde cursarlos, título y duración.[30] Estimulaba el aeromodelismo a través del Aero Club Figuritas, del que vendía el carnet, la insignia y varios modelos de aviones, y también alentaba la filatelia. Por otra parte, organizaba frecuentes concursos entre sus lectores: de coloreado de dibujos, resolución de problemas, cuentos, labores escolares, carpeta de recortes, aeromodelismo, composiciones sobre temas específicos, además de otros especiales como el “Gran Concurso de Figuritas”, en el que sorteaba numerosos premios, entregados en una ceremonia ampliamente difundida en números posteriores.

Figuritas distribuía asimismo diversos productos, dirigidos a docentes o alumnos: una colección de títulos clásicos de la literatura universal; juegos didácticos y de magia; moldes y diseños de bordados; mapas de la Argentina entelados, barnizados y con varillas; obras publicadas por sus colaboradores. En colaboración con otras empresas o instituciones, ofrecía diversos beneficios, como becas para el aprendizaje de oficios, descuentos en jugueterías para los alumnos que pasaban de grado o excursiones gratuitas a alumnos de la ciudad de Buenos Aires.

En suma, Figuritas constituyó una novedosa y dinámica iniciativa editorial que atendió los intereses de la comunidad escolar en su conjunto a través de sus páginas y de una amplia gama de recursos complementarios que abarcaban la experiencia en el aula y el tiempo libre. La revista llegó a los confines del territorio argentino y se convirtió en un referente para docentes y alumnos primarios. A lo largo de su década de existencia, Figuritas dirigió a ese extenso público lector variadas campañas. Sin dudas, la más intensa, prolongada y perdurable habría de ser la centrada en la reafirmación de los derechos argentinos sobre las Malvinas.

“La cruzada malviniana a través de la escuela”[31]

A mediados de 1937, los alumnos de 3º grado de un establecimiento de La Matanza (provincia de Buenos Aires) le comunicaron a la revista su decisión de bautizar como “Biblioteca Figuritas” la que modestamente habían formado en el aula a instancias de su maestra, a partir de la colección de la revista y de varios libros.[32] Otros lectores de Figuritas llevaron a su conocimiento iniciativas similares y requirieron su auspicio para incrementar su catálogo, por lo cual uno de los principales colaboradores de la revista, el Profesor Plin, solicitó al presidente de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, Juan Pablo Echagüe (colaborador ocasional de Figuritas), la donación de algún material:

Va a ser motivo de verdadero regocijo para las nacientes bibliotecas de las Escuelas, recibir aunque sea un libro donado por la institución que Vd. preside. Algunas escuelitas lejanas donde luchan con la hostilidad del ambiente, la pobreza en todas sus formas, la indiferencia en todas sus manifestaciones, realizan un esfuerzo digno de ese premio al demostrar la preocupación de obtener por medio del libro un mejoramiento cultural que ha de incidir sobre el progreso.[33]

Echagüe accedió al pedido y donó a cada una de esas bibliotecas dos ejemplares de Las Islas Malvinas, de Paul Groussac, uno de la versión abreviada y otro de la completa. Fundamentó la elección de esa obra en que “podía prestar servicios más oportunos y más útiles en las bibliotecas para niños […] [porque] pone de manifiesto nuestro derecho a las Islas Malvinas […] conviene inculcar profundamente desde ahora esa idea en las generaciones de mañana, a las cuales les corresponderá, probablemente, hacer valer nuestros derechos”.[34] En 1934 la Ley 11904, iniciativa del senador socialista Alfredo Palacios, sancionada por el voto unánime del Congreso, había ordenado a la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares la traducción de ese libro –publicado en francés en 1910 por el entonces director de la Biblioteca Nacional– y la elaboración de un compendio para su distribución gratuita en todos los institutos de enseñanza y bibliotecas del país y del exterior. Su objetivo era contribuir a que “todos los habitantes de la República sepan que las Islas Malvinas son argentinas y que Gran Bretaña, sin título de soberanía, se apoderó de ellas por un abuso de fuerza.” (citada en Palacios 1984, 15) Esta medida entrañó la difusión masiva de los argumentos sobre los que se sustentaba el reclamo argentino y, en tal sentido, constituyó un hito fundamental en la construcción de Malvinas como causa nacional.

La donación de Echagüe despertó un intenso interés en otras escuelas, por lo cual la Comisión delegó en Figuritas la distribución de ejemplares a nuevos solicitantes.[35] La respuesta positiva que obtuvo fue el puntapié inicial de una campaña de reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas que la revista desplegaría, con ritmo e intensidad variables, en los años siguientes. La campaña de la revista incluyó sucesivas iniciativas que se fueron superponiendo a lo largo del tiempo, con el consiguiente efecto acumulativo, y que sobrepasaron ampliamente sus expectativas iniciales. De ellas nos ocuparemos en las páginas que siguen.

El hombre detrás del seudónimo

Aunque se trató de una empresa colectiva, el alma mater y promotor más perseverante de la campaña de malvinización de Figuritas fue “El Profesor Plin”. Su identidad constituyó un misterio para los lectores, que en algunos casos especularon con la posibilidad de que, tras ese seudónimo, se escondiera un pedagogo de renombre, como Pablo Pizzurno o José J. Berrutti. Sin embargo, el Profesor Plin

No es maestro, ni siquiera fue a la escuela. En esa revista destinada al aula ha encontrado su camino para encauzar en la forma de la palabra escrita sus viejos sueños de amor a la Patria que quiere ver grande, en clima de paz y de libertad. Cree que para que arraiguen esos generosos idealismos no hay surcos más propicios que las almas puras e ingenuas de los niños. (Cacuri 1956, 84)

En efecto, a diferencia de otros miembros del staff de Figuritas, que se dedicaban a la docencia o a la gestión escolar, el Profesor Plin era un autodidacta, un hombre que, desde orígenes muy humildes, había emprendido con esfuerzo la vía del ascenso social y que valoraba la educación como herramienta fundamental para el progreso: Vicente P. Cacuri (1886-1960). Nacido en Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires) en el seno de una familia de inmigrantes italianos analfabetos, había recibido una educación elemental cuando, por un accidente laboral de su padre, debió hacerse cargo del sostén de su hogar:

[…] me he educado en la calle… En modesta escuela rural aprendí ‘La Cartilla’[36] y ‘El Lector Americano’.[37] Con ese único bagaje me inicié en la dura lucha por la vida a los ocho años, lejos del calor del hogar y de los beneficios del aula. […] Leí cuanto papel escrito, en forma de libro, folleto o revista cayese en mis manos.[38]

Como parte de su afán por instruirse y superarse, en 1905 participó de la creación de la Biblioteca de la Sociedad de Empleados de Comercio de Tres Arroyos, que en la actualidad continúa funcionando y lleva su nombre.

Paralelamente al trabajo en diversos comercios de su ciudad natal y luego de Buenos Aires, Cacuri desarrolló inquietudes intelectuales que lo llevaron a incursionar en la prensa local y nacional, y a ser autor de varios libros.[39] Sin embargo, su profesión no fue el periodismo ni la literatura: desde 1910 Cacuri se desempeñó como martillero y su compañía se contó entre las líderes de la actividad inmobiliaria en Buenos Aires, destacándose por la implementación del sistema de permutas de propiedades y por la originalidad de los avisos publicitarios de sus remates (Cacuri 1959, 84, 129, 132, 192-202, 356).

Como señalara Ángel Rivera en un homenaje a sus treinta años de labor profesional, Cacuri

Hace periodismo, a ratos perdidos, como ha hecho, también a ratos perdidos, su cultura; como hace ahora sus proficuas y entonadas páginas del Profesor Plin, sus artículos, sus charlas radiotelefónicas,[40] y toda su entusiasta, su incansable obra social. Los ‘ratos perdidos’ de Cacuri son quizás lo más noble y generoso de su biografía […] los negocios, cada día más prósperos, no le impiden […] cultivar esa inquietud social que viene atenaceándolo con imperio desde la adolescencia. Ella lo convertirá en un fervoroso propagandista de las más nobles causas, lo impulsará a predicar y a obrar en favor de las escuelas, de las bibliotecas populares, de los buenos caminos, de las instituciones democráticas, del conocimiento del país, de los próceres olvidados (citado en Cacuri 1941, 12-13).

Cacuri fue redactor permanente de Figuritas desde sus comienzos. Sin embargo, no se trató de un vínculo remunerado, sino que la revista le sirvió para canalizar su vocación de servicio:

Tenemos medios de vida propios. Financieramente no tenemos nada que ver con la Revista. Debido a esa situación y compenetrada del desinterés y buena fe de nuestros propósitos, la Revista nos permite la más amplia y libre autonomía.[41]

Mi prolongada e intensa actuación en la Revista fue sólo movida por razones patrióticas y afanes de cultura. (Cacuri 1941: 29)

Esporádicamente publicó artículos con su nombre real, pero por lo general sus colaboraciones fueron firmadas con el seudónimo de “El Profesor Plin”. Además de la página con ese nombre, el alter ego de Cacuri era autor de la sección “Problemas mínimos”, en la que planteaba diversas cuestiones de orden ético o práctico para la reflexión de los lectores en edad escolar. Ambas secciones coexistieron y se alternaron, pero finalmente “La Página del Profesor Plin” tuvo mayor continuidad en el tiempo y fue el eje de la campaña malvinizadora de la revista. Como reconociera Luis A. Falcone,

[…] nadie como nuestro noble amigo despertó en el ambiente público la conciencia de nuestro derecho incuestionable a la soberanía de las Islas Malvinas. El historiador documentó ese derecho con profunda erudición, el legislador lo llevó al Parlamento con patrióticos afanes, el diplomático defendió esta legítima posesión territorial con singular talento, pero el Profesor Plin, señores, supo sembrar como nadie en el alma de los escolares la semilla de esa reivindicación argentinista. […] para ella [Figuritas] el Profesor Plin ha constituido y constituirá siempre su blasón de honor. (citado en Cacuri 1941, 17, 19)

“Las Malvinas son argentinas”

En adhesión a la donación del libro de Groussac por la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, la revista lanzó una “encuesta” invitando a los lectores a enviar colaboraciones que reflexionaran sobre el tema “Las Malvinas son argentinas”.[42] Aquellos respondieron masivamente con un inesperado apasionamiento que llevó al Profesor Plin a afirmar la existencia de “un movimiento nacional de reivindicación”,[43] de “un acto plebiscitario nacional”.[44] Hacia el final del ciclo lectivo, constató que la campaña había adquirido “la sorprendente progresión de la bola de nieve […] más que sumar, se multiplicaron las adhesiones de los más diversos actores de todas las condiciones sociales”.[45]

Figuritas comenzó a incluir en sus páginas “este cartel como proclama y como afirmación: Las Malvinas son argentinas”, e instó a maestros y alumnos a emularla, colocando el lema “en lugar visible del aula y, especialmente, en los lugares de lectura”.[46] La propuesta de incluir ese lema en los establecimientos escolares fue extendida luego al conjunto de los lectores, acompañada de la leyenda “Coopere a la cruzada moral de Figuritas. Diga, escriba y difunda en todas partes y en toda forma: ‘las Malvinas son argentinas’”, inserta en diversas páginas de la publicación. La iniciativa obtuvo el beneplácito de los lectores, que a través de la correspondencia enviada a la revista dejaron testimonio de sus acciones en sintonía con ella. Por ejemplo, la revista reprodujo fotografías de una pintada con esa leyenda en la base de un puente del ferrocarril y de una tienda de lanas que ostentaba el nombre “Las Malvinas”, ambas en la ciudad de Buenos Aires.[47]

Asimismo, exhortó a otras instituciones, tanto públicas como privadas, a sumarse a esta “cruzada patriótica”:

[…] alcanzaría a hacerlo en forma muy amplia si saliendo del marco de figuritas el caso fuera auspiciado por los poderes públicos y, tomado a cargo de instituciones que alientan finalidades de nacionalismo verdadero, propiciaran un movimiento nacional con ramificaciones en todo el territorio de la República. Los grandes y poderosos medios de divulgación: la prensa y la radiotelefonía, cooperarían para que en las importantes capitales como asimismo en todas las ciudades y hasta en el pueblo más pequeño del más lejano confín de nuestra tierra se levantara un gigantesco y vibrante coro para pronunciar en una afirmación de inalienable derecho esta proclama de auténtica argentinidad: las Malvinas son argentinas. Nos felicitamos por haber actualizado tan justa aspiración.[48]

A lo largo de los años, la revista insistió constantemente en ese lema y en variaciones del mismo, insertos en pequeños recuadros o en diferentes ubicaciones en sus páginas: “¡Las Islas Malvinas son argentinas!”, “Recuerden y Repitan: ¡las Malvinas son argentinas!”, “Las Malvinas fueron, son y serán argentinas”, “Sólo la razón de la fuerza puede avasallar esta razón: las Malvinas fueron, son y serán argentinas!”, “La voz en coro de la Nación entera lo dirá a todos los vientos: las Malvinas son argentinas” (imagen 1):

Imagen 1: Eslóganes varios

Texto, Carta  Descripción generada automáticamente

Fuente: Figuritas n.º 158, 21/7/1939.

Además de la repetición frecuente de estos lemas, Figuritas apeló a una suerte de publicidad subliminal al incluir la leyenda “Las Malvinas son argentinas” en dos de sus principales historietas: “Alelí”, de Manuel Martínez Parma, en 1937 y 1938, y “La Pluma Cucharita”, de Carlos A. Linares Quintana, en 1940 y 1941. Sin embargo, este recurso fue empleado de manera ocasional, predominando la referencia explícita a Malvinas por medio de recuadros con los eslóganes mencionados.

Del ámbito escolar afluyeron cartas, redacciones, poesías y dibujos, tanto de alumnos a título individual como de cursos completos (de 3º a 6º grado), al igual que mensajes de maestros y directivos de establecimientos de todas las provincias y territorios nacionales, de escuelas urbanas y rurales, de capitales de provincia y de localidades remotas. Malvinas se incorporó de hecho a los contenidos trabajados en el aula: “En las escuelas del país se multiplican las leyendas: Las Malvinas son argentinas. Los niños escuchan clases especiales alusivas, hacen composiciones, dibujan, pintan, interrogan, discuten y aprenden para toda la vida” los derechos soberanos argentinos sobre las islas.[49] Las producciones de los alumnos remitidas a Figuritas se elaboraban por fuera de la currícula escolar, por lo que el Profesor Plin los felicitó, ya que “a sus tareas habituales agregan la de esta gentil colaboración, a la que se aplican con tan admirable dedicación”,[50] e hizo extensivo el elogio a los maestros, “esos abnegados y beneméritos forjadores de la cultura popular.”[51]

En efecto, por entonces Malvinas no formaba parte de los programas de Historia de la escuela primaria ni de los textos escolares destinados a ese nivel, aunque sí aparecía en los manuales de Geografía y, de la mano de los cultores de la Nueva Escuela Histórica, en algunos de Historia del secundario (Santos La Rosa 2019, 24-25, 30). Esta ausencia resulta doblemente paradójica. Por un lado, porque la escuela primaria conformaba la instancia nacionalizadora por excelencia –obligatoria por añadidura– y Malvinas constituía un tema estrechamente asociado a la identidad nacional. Por otro lado, porque en tanto alrededor del 70% de los niños en edad escolar se hallaba matriculado en la escuela primaria, el porcentaje que cursaba estudios secundarios era mucho menor.[52] En consecuencia, la enseñanza de la cuestión Malvinas alcanzaba a una fracción muy reducida de la población escolar. En tal sentido, la campaña de Figuritas cubría un vacío significativo en la educación histórica y patriótica oficial, y contribuía a reducir la brecha que se registraba entre la escuela primaria y la secundaria en lo que respecta a la enseñanza de Malvinas.

El tratamiento de esta temática en las clases a pesar de su ausencia en los programas oficiales evidencia la importancia del compromiso individual de los docentes –compartido por las autoridades de las escuelas, que lo autorizaban– y su centralidad en la malvinización del ámbito escolar. Algunas de las producciones escolares reproducidas por Figuritas evidencian el diálogo con materiales publicados en la revista e incluso con la obra de Groussac. Así, por ejemplo, una de las composiciones ganadoras de la encuesta de la revista (premiada con un trimestre de suscripción gratuita) fue elaborada por una alumna de 6º grado de la escuela rural de Orense (provincia de Buenos Aires) que había recibido uno de los primeros libros donados por la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares. La composición había sido escrita tras una clase especial de la maestra, mostrando así la circulación en el aula de los argumentos de la obra acerca de los derechos argentinos.

En líneas generales, las colaboraciones escolares reafirmaban la soberanía argentina sobre las Islas apelando a los factores históricos, jurídicos y geográficos esgrimidos por Groussac y rechazaban el hecho de fuerza que estaba en la base de la ocupación británica. En algunos casos, describían las riquezas naturales, la importancia estratégica del archipiélago y/o las reclamaciones infructuosas de la Argentina. Expresaban la convicción en la justicia del reclamo argentino y, en su mayoría, en la futura recuperación de las Islas por la vía pacífica, dado que la razón y el derecho debían prevalecer sobre la fuerza (uno de los argumentos principales del Profesor Plin). En tal sentido, algunas voces depositaban sus esperanzas en un gesto de grandeza de Gran Bretaña conducente a la restitución de las Malvinas a la Argentina. Las cartas escritas por algunos maestros también otorgaban una cuota de responsabilidad a la política exterior del gobierno argentino desde 1833, que “no ha encarado el asunto con firmeza y seriedad”[53] y, por lo tanto, exigían que “las autoridades nacionales no desmayen en la reclamación ante el gobierno y pueblo inglés”.[54]

Otro rasgo común a esas producciones era la fuerte emocionalidad que rodeaba la reafirmación de la soberanía argentina: “Somos muy niños aún para comprender las cuestiones de Estado, en virtud de las cuales Inglaterra se titula dueña de una pequeña parte de nuestro territorio, que legítimamente nos corresponde, pero a pesar de nuestra juventud, el corazón nos dice –y el corazón de los niños no se equivoca jamás– que las Malvinas son argentinas”. Esos mismos alumnos también recurrieron al principio de autoridad para justificar su posicionamiento frente al tema: “nuestros maestros así nos lo han enseñado, y cuando ellos nos enseñan que las Malvinas son argentinas, sus poderosas razones tendrán.”[55]

La participación de los lectores en la cruzada de la revista no se limitó a la respuesta a la encuesta, sino que también se concretó en la propuesta o comunicación de iniciativas espontáneas propias en torno a la cuestión, que constituían “[u]na demostración elocuente de la difusión y arraigo que en el alma popular tiene esta cruzada patriótica de Figuritas”.[56] Entre las propuestas recibidas de los lectores, se contó la de componer una Marcha de las Malvinas, que precedió varios años al concurso lanzado con ese fin por la Junta de Recuperación de las Islas Malvinas; colocar la leyenda “Las Malvinas son argentinas” en los sobres de las casas comerciales y al principio y al final de la proyección de películas; solicitar a la Dirección de Correos y Telégrafos el uso de un matasellos con el lema “Las Malvinas son y serán argentinas”.[57] La revista difundió también algunas de las acciones emprendidas por sus lectores. A título ilustrativo, el Inspector General de Escuelas de la Provincia de Santa Fe promovió un proyecto, que logró la aprobación del Consejo General de Educación, para denominar “Islas Malvinas” a una escuela de la ciudad de Rosario.[58] La “Asociación Ex Alumnos Islas Malvinas”, de la Escuela 24 de Buenos Aires, organizó un reparto de volantes con la inscripción “La voz en coro de la Nación entera dirá a todos los vientos: Las Malvinas son argentinas” en el desfile del 9 de julio.[59] Un grupo de alumnos de la Escuela Normal de Venado Tuerto (Santa Fe) creó un equipo de fútbol denominado “Las Islas Malvinas son argentinas”, a cuyos integrantes el Profesor Plin denominó “Malvineros”. Poco después, alumnos de esa misma institución solicitaron al municipio que bautizara con el nombre de “Islas Malvinas” el Parque Infantil de la ciudad.[60] Los casos citados son apenas una muestra del activismo social que desató la campaña de Figuritas e ilustran las dinámicas interacciones entre ella y sus lectores.

En 1938, Figuritas acometió una nueva misión: la propuesta de instituir el 10 de junio como Día de las Malvinas en recuerdo de la creación de la Comandancia Política y Militar a cargo de Luis Vernet en esa fecha de 1829, a fin de “consolidar nuestra posición en el espíritu de las Universidades, colegios y escuelas de la República” hasta tanto se concretara la recuperación de las Islas. “Ejerciendo el derecho de petición”, Figuritas solicitó al ministro de Educación, Jorge Eduardo Coll, el establecimiento de esa efeméride y su conmemoración a través del dictado de una clase alusiva en los establecimientos educativos de todos los niveles.[61] Al mismo tiempo, la revista instó a los docentes a adoptar de hecho la conmemoración del Día de las Malvinas (“mientras no se decrete oficialmente, se invita a instituirlo en todas las escuelas del país, haciendo oír una clase al respecto”) y reiteró el ofrecimiento del envío gratuito del compendio de la obra de Groussac para fundamentarla.[62] La propuesta de la revista halló eco en “un considerable número de escuelas de toda la República” que en ese año y en el siguiente celebraron actos conmemorativos del 10 de junio. Aunque la conmemoración oficial de la fecha recién se concretaría en 1973,[63] la campaña de la revista constituyó un valioso precedente que derivó en su instauración de facto en las aulas de varias escuelas con décadas de antelación.

Otra de las iniciativas encaradas por Figuritas fue la emisión de estampillas con el mapa de la Argentina y la leyenda “Las Malvinas son argentinas”. Este original “recurso de divulgación a favor de nuestra patriótica cruzada” fue ideado por Lucio Morel, seudónimo de Beatriz Josefina Morelli, colaboradora de Figuritas.[64] Aunque las estampillas carecían de carácter oficial y de valor nominal, ostentaban una importancia simbólica, como señalaban sus impulsores:

este pregón de nuestra causa recorrerá el mundo proclamando el derecho argentino sobre nuestras, ¡muy nuestras!, Islas Malvinas. Quienes deseen cooperar a la difusión de nuestra campaña pueden solicitar esas estampillas, su tamaño es adecuado para agregarla a la correspondencia, en los cuadros de deberes, pupitre, pizarrón, etc.[65]

Imagen 2: Estampilla

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Fuente: Figuritas n.º 151, 02/6/1939.

Figuritas solicitó al director general de Correos y Telégrafos que las adoptara como sello oficial “probando ante el mundo que no damos por perdidos nuestros derechos” e instó “a todos los escolares de la República, sus padres y familiares, maestros y amigos y a todos los que se sientan verdaderamente argentinos” a apoyar su pedido, que no obtuvo un resultado favorable de las autoridades.[66] La revista ofreció reiteradamente el envío de sus estampillas a los lectores que se lo requirieran, con anuncios como éste: “Si quiere cooperar a la cruzada que el Profesor Plin viene sosteniendo desde su página en ‘Figuritas’ pro-Malvinas Argentinas, solicite las estampillas alusivas. ‘Figuritas’ las envía gratis.” La revista consignó en varias ocasiones sucesivas reimpresiones de estampillas y la recepción de numerosos pedidos institucionales e individuales, que demostraban el éxito que acompañaba a este proyecto. Algunas de las solicitudes procedían de lectores que, como parte de su pertenencia a determinados ámbitos de sociabilidad, contaban con contactos internacionales que permitían darle un alcance mayor a la campaña: filatelistas, scouts, esperantistas.

La difusión de la causa Malvinas por intermedio de las estampillas se benefició de otra campaña emprendida por la revista: la promoción de la correspondencia interescolar.[67] Figuritas estimuló desde sus páginas la vinculación epistolar de alumnos de escuelas primarias de todo el país y de América con varios objetivos: fomentar la expresión escrita, establecer “vínculos de solidaridad y de cooperación en sus tareas escolares”, “conocer la patria” y estimular la “educación pacifista”.[68] A tal fin, abrió un registro de escuelas dispuestas a sumarse a esa red de correspondencia. En el término de un año, 457 escuelas se habían sumado a la Guía de Correspondencia Interescolar de Figuritas, 355 de ellas localizadas en Argentina, que congregaban a alrededor de 20.000 alumnos, y 102 en América Central y América del Sur.[69] Dos años después, la revista consignó que más de 600 escuelas se hallaban registradas en esa Guía.[70] Esta campaña se interconectó con la de fomento del uso de las estampillas alusivas a Malvinas, como lo demuestran, por ejemplo, las adhesiones al reclamo de soberanía argentina recibidas de países como Uruguay, Chile, Venezuela, Ecuador y Brasil.[71]

Durante casi un lustro, Figuritas estuvo a la vanguardia de la causa Malvinas en el ámbito escolar argentino, debiendo afrontar diversos obstáculos. En el próximo apartado nos ocuparemos de reconstruir los avatares de esa infatigable y tenaz campaña.

Los altibajos de la cruzada malviniana

La campaña de Figuritas tuvo un resonante éxito. Sin embargo, también cosechó tempranas objeciones. Por ejemplo, un lector manifestó su inquietud ante la posibilidad de “incitaciones de hechos de fuerza para oponerlos al hecho de fuerza que detenta las Malvinas.” El Profesor Plin admitió que la campaña de la revista había obtenido algunas respuestas exaltadas, pero al mismo tiempo ratificó el rechazo a la guerra como estrategia para alcanzar su recuperación y afirmó que la revista

Confía plenamente que en circunstancia propicia y por vía diplomática le serán restituidas a la Argentina las Malvinas. Se han publicado, en verdad, algunas cartas y opiniones un poco vehementes. No hemos querido contener o reprimir el entusiasmo en grado de exaltación propio de algunos temperamentos. No han llegado a los acentos bélicos. No es el programa de Figuritas. No es el deseo de la gran mayoría.[72]

Otra llamativa objeción procedió de Micaela Sastre, colaboradora activa de la revista, quien, para el desconcierto del Profesor Plin, en un periódico bonaerense (La Comuna de Tres Arroyos) desestimó abiertamente el reclamo argentino sobre las Islas y la campaña acometida por Figuritas:

[…] una cosa que nos pertenece deja de serlo en tres casos: si la regalamos, si la perdemos o si nos la roban. En el primer caso, ya no es nuestra porque la hemos cedido. En el segundo y tercero, debemos tratar de recuperarla. ¿Qué significa, pues, esa eterna cantinela? ¿Es una súplica para ablandar el corazón del usurpador? ¿Es la lamentación de nuestra propia impotencia? ¿Es una invitación bélica? Malo en los tres casos: cobardía o guerra.

Mejor es decir a los niños: es un regalito que hicimos a los pobres, ¡Dios nos ha dado tanto! Al menos, dar es una virtud. Pero no lo es quejarse inútilmente.[73]

Algunos números después, Sastre rectificó su opinión, que atribuyó a su preocupación por posibles derivas belicistas. Como desagravio, redactó el soneto “Islas Malvinas”, dedicado al “Profesor Plin, iniciador y animador de esta patriótica cruzada de argentinidad”, reproducido en su página. Por su parte, éste insistió en la condena de la violencia y explicitó los objetivos de la campaña:

Hemos dicho en las diversas etapas de esta campaña que Figuritas quiere vivir en atmósfera de paz. […]

No es propio que les infundamos [a los niños] ideas belicosas. Nuestra misión es la de infiltrar en el espíritu de los escolares el concepto de que la razón debe prevalecer sobre la fuerza. Que las conquistas logradas por actos de sorpresa, mala fe o violencia son efímeras y merecen el repudio de todos. […]

La energía no excluye la serenidad. El espíritu conciliatorio, los propósitos reiterados de concordia nacional e internacional que constituyen los signos más honrosos de nuestra tradición deben ser sostenidos por todos los buenos argentinos. Y esta no puede ser de ningún modo tildada de actitud temerosa y claudicante.[74]

Nada de arrebatos ni de intentos bélicos ni de incitaciones a procedimientos de violencia. […] La justicia no se impone a la fuerza. […] Y lo define una vieja y honrosa doctrina argentina, mundialmente aceptada y reconocida, que se conoce con el nombre de Doctrina Drago: La fuerza no da derechos.[75]

Otro reparo de los lectores a la prédica malvinizadora apuntó al sentido de la recuperación del archipiélago. El Profesor Plin les replicó que “ignoran su valor estratégico y las riquezas que encierran […] acusan una lamentable incomprensión respecto del concepto de soberanía. […] Habrá trazado el signo de la decadencia un pueblo que permanezca impasible ante la dominación extranjera.” Por otra parte, otras críticas remarcaban que los niños no eran capaces de comprender los argumentos esgrimidos en defensa de la soberanía argentina. Aunque admitió que “algunos niños no captarán en forma amplia y completa el problema malviniano”, sostuvo con vehemencia que

[h]an adquirido una noción, han formado conciencia, en concreto, de que una nación extranjera por medio de la violencia nos ha despojado de un pedazo de territorio. Y eso es bastante para que en sus espíritus se agite un sentimiento de reconquista.[76]

Estas voces cuestionadoras, sin embargo, resultaron aisladas y no lograron erosionar la ferviente movilización cultural de los lectores de la revista ni el consenso en torno a la causa Malvinas.

El principal desafío a la cruzada de Figuritas procedió de la Segunda Guerra Mundial que, de hecho, tuvo un efecto letal sobre su campaña. Esta nueva contienda global derivó en un estrecho entrelazamiento de la política exterior y la doméstica: la vida política interna se polarizó siguiendo las líneas que enfrentaban a los dos bandos beligerantes (Tato 2010, 84-85). En ese clima político enrarecido, resultaba casi una misión imposible adoptar una postura que permitiera

hablar claramente contra el fascismo y la barbarie nazi, condenar el totalitarismo stalinista y lanzar, a la vez, invectivas contra la penetración del imperialismo británico y norteamericano, sin […] ser acusado de estar favoreciendo de manera solapada a alguna de las potencias en cuestión. (Bisso 2005, 95).

El Profesor Plin y Figuritas sufrieron en carne propia ese dilema. La persistencia en el reclamo de devolución del archipiélago despertó cuestionamientos a su oportunidad. El argumento tácito a las discrepancias era que la crítica al Reino Unido por la usurpación de las Malvinas podía resultar funcional a los intereses coyunturales de sus enemigos en la guerra. Indudablemente, el irredentismo en torno a Malvinas fue instrumentalizado en su propio beneficio por la propaganda alemana en la Argentina y sus admiradores locales, como los nacionalistas autoritarios congregados en torno a Crisol, que destacaban que la usurpación de las islas –otra muestra del accionar imperialista británico– configuraba un impedimento para cualquier solidaridad de la Argentina con el Reino Unido.[77] La prédica antibritánica de algunos movimientos nacionalistas derivó con frecuencia en una lectura reduccionista por parte de sus adversarios, que identificaron la defensa de la soberanía sobre Malvinas con simpatías pronazis. Consciente de esta confusión, el Profesor Plin hizo notar que la campaña de Figuritas precedía a la guerra y que, en su caso personal, además, constituía “un viejo ideal de juventud”.[78] Asimismo, se distanció de cualquier intencionalidad antibritánica y recalcó el carácter imperecedero del reclamo argentino:

[…] no deseamos crear una atmósfera de antipatía contra Inglaterra ni contra los ingleses (…) En paz o en guerra, antes, entonces y después, siempre estará latente ese propósito que no ha surgido como un impulso avieso de emboscada artera sino que está en el ambiente desde hace más de una centuria. Ahora se manifiesta de una manera más intensa, como expresión de un sentimiento colectivo. Se actualiza, nada más (…) el patriotismo no tiene horas ni fechas fijas. Es un sentimiento de acción permanente.[79]

[Nuestros principios] nos hacen deplorar estas horas trágicas de luto y sangre que tanto afectan al pueblo inglés. Ello no implica que, culta, serena y firmemente, sostengamos el derecho argentino sobre las Malvinas.[80]

A diferencia de los movimientos nacionalistas, que enarbolaban la bandera del antiimperialismo para denunciar la ocupación de las Malvinas, el Profesor Plin subrayó “[l]a honda trabazón de simpatías e intereses forjados en una recíproca amistad secular entre la Argentina e Inglaterra” como factor que debía facilitar la recuperación de las islas.[81] Sin embargo, advirtió la incongruencia entre la retórica del gobierno británico en torno a la defensa de la libertad y el derecho, y la persistencia en la usurpación de territorio argentino, y no ocultó su estupor ante el destrato a su principal socio comercial en Sudamérica que esa circunstancia encerraba:

hay en ese hecho una violenta contradicción: aquel país que pretende erigirse como árbitro de la justicia y del derecho ante el mundo, aquel país que por su poderío y cultura y por su respeto a la libertad concita la admiración universal […] aquel país que ante situaciones de fuerza ejercidas por otras potencias en un plan de avasallamiento y conquistas territoriales consumados o proyectados en la actualidad, ha hecho oír al mundo su enérgica condenación […] está manteniendo este estado de usurpación con nuestra nación, con la que le unen seculares y respetables vínculos de toda suerte de intereses![82]

Con el avance de la guerra, la cruzada malvinera de Figuritas fue víctima de fuego cruzado. Por un lado, algunos lectores exaltados llegaron a acusar al Profesor Plin de propagandista del nazismo.[83] Por otro, Crisol, ante una pausa en la campaña –debida a razones de salud de Cacuri, que no fueron dadas a publicidad por la revista–, denunció que Figuritas habría recibido sobornos británicos para cesar con su prédica y con la emisión de estampillas. El Profesor Plin les respondió a los primeros ratificando sus convicciones liberales y democráticas, y rechazó las acusaciones de los segundos con igual contundencia:

¡Sepan los malintencionados que no hay dinero suficiente en todos los Bancos de Inglaterra para comprar el pensamiento y el sentimiento de los que alentamos este esfuerzo argentino que se llama ‘Figuritas’! […] Nuestra campaña es puramente moral y desinteresada. ¡Entiéndanlo de una vez![84]

A fines de 1939, a raíz de la solicitud de permiso para un acto de una asociación de Bahía Blanca que funcionaba en el local de la Legión Cívica (una de las principales agrupaciones nacionalistas antiliberales y antidemocráticas de esos años), un decreto de la provincia de Buenos Aires prohibió la campaña sobre la recuperación de las Islas. En los fundamentos de esa medida, alegó que esta “no es sincera y que sólo tiende a entorpecer las buenas relaciones que la Argentina mantiene con un país amigo.” Aunque la medida no la afectaba directamente, Figuritas creyó oportuno pronunciarse al respecto y ratificar su propia posición:

El asunto de la reclamación de las Islas Malvinas es demasiado serio y por lo mismo no debe ni puede permitirse que sea explotado con finalidades políticas o para apoyar determinadas ideologías o regímenes de gobierno contrarios a nuestro sistema liberal y democrático.

Entendemos que esa campaña inspirada en altas finalidades patrióticas no puede afectar las buenas relaciones que mantiene nuestro país con Gran Bretaña ya que es una cosa lógica procurar mantener la integridad territorial de la nación. Pero claro está, si se desvirtúa esa finalidad patriótica para darle al amparo de la misma una finalidad política, no puede negarse que ella puede traer rozamientos desagradables que conviene evitar y reprimir con toda energía.

[…] no aprobamos eso de hacer extensiva la prohibición a todo el territorio de la provincia, ya que no en todos los pueblos la misma está a cargo de la Legión Cívica o de otras organizaciones que sostienen o apoyan ideologías contrarias a nuestros principios nacionalistas.[85]

En este contexto de radicalización del debate público, en junio de 1940 el presidente Roberto M. Ortiz envió al Congreso un proyecto de Ley de Defensa y Seguridad Interior, también conocida como Ley de Orden Público. Entre otros aspectos, prohibía

[…] la publicación, circulación o difusión de manifestaciones que afectasen a la neutralidad argentina, y las que ‘zahieran o menoscaben a sus gobiernos, regímenes políticos, jefes de Estado o funcionarios, o que de algún modo perturben el orden interior’, o comprometiesen ‘la integridad del país y de sus instituciones, la paz social o las relaciones amistosas de la Nación con otros países’. (López 2015, 179)

La penalización por incumplimiento contemplaba la clausura y la suspensión de publicaciones y penas de prisión de un mes a seis años para los infractores. Tras enconados debates, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto, aunque suprimió los controles sobre la prensa debidos a la difusión de “propaganda tendenciosa” y fijó una duración de un año a estas medidas de emergencia. En el Senado se introdujeron nuevas revisiones, por lo que el proyecto retornó a Diputados para su aprobación, pero no volvió a ser tratado y perdió estado parlamentario (López 2015, 180-181).

En consonancia con ese clima político crecientemente opresivo, el Profesor Plin reseñaba una merma en las celebraciones escolares del Día de las Malvinas: “Numerosas escuelas del interior lo han celebrado. También algunas de la capital. Algunas en silencio y con cierta vacilación que no nos explicamos. La ratificación pacífica del derecho argentino no puede ser reprobada por el Gobierno ni por la opinión nacional”.[86] Sin embargo, la cautela de los docentes respondía a varias circulares del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública referidas al mantenimiento de la neutralidad ante la guerra que, en el contexto de radicalización política ya aludido, repercutían indirectamente sobre la cuestión Malvinas.[87]

Estas tentativas de regulación de la libertad de expresión y de prensa estimularon la autocensura y acrecentaron las presiones sobre distintos actores, como habría de ocurrir con Figuritas. En agosto de 1940 desaparecieron de sus páginas los clásicos eslóganes malvineros y las notas del Profesor Plin comenzaron a aludir a otros asuntos, hasta que, dos meses después, la revista anunció por “[m]otivos particulares […] su alejamiento voluntario.”[88] Indudablemente, Cacuri no estaba dispuesto a silenciar la campaña con la que estaba profundamente consustanciado y que había ratificado en numerosas ocasiones. A fines de diciembre, Carlos Linares Quintana, uno de los principales dibujantes de la revista, le dirigió una carta lamentando su alejamiento e invitándolo a retornar a Figuritas:

Me permitirá Vd. que lamente una vez más su ausencia de nuestra revista […] En estos últimos tiempos en que han circulado rumores alarmantes respecto a las islas Malvinas, llegándose a murmurar su devolución por parte de Inglaterra con la condición de que nuestro Gobierno permita la instalación de bases norteamericanas,[89] me ha parecido más que nunca necesario ese grito suyo de ‘¡Las Malvinas son argentinas!’

Me dice Vd. que ‘debe hacer un esfuerzo para recuperarlo al Profesor Plin’. Y bien: nosotros, sus amigos, le pedimos ese esfuerzo. Cuanto antes. Todos le recuerdan, todos le esperan nuevamente en esa página que Vd. ha dejado vacía.

Hasta los títeres de papel y tinta china (¿Se ha fijado usted en la Pluma Cucharita?) repiten ese grito espléndido que brotó de su corazón de buen argentino.[90] (citado en Cacuri 1941: 63-64).

Los lectores se mostraron consternados ante la ausencia del colaborador más emblemático de la revista y requirieron explicaciones acerca del destino de su campaña malvinera. La dirección de Figuritas reafirmó la continuidad de la cruzada, aunque ya no le atribuyó a la publicación el rol de principal motor, sino que transfirió esa misión a los discípulos del Profesor:

A pesar del alejamiento temporal de nuestro colaborador y dilecto amigo, el profesor Plin, la campaña pro reivindicación de las Islas Malvinas, que él iniciara animado por altos y generosos ideales, sin concomitancias con quienes subalternizaron ese anhelo argentino a finalidades de otro orden, mantiénese siempre viva en la conciencia de todos los escolares argentinos.

Llegan a nuestra mesa de redacción, en forma ininterrumpida, amplios testimonios de adhesión a la noble prédica que el profesor Plin iniciara desde hace varios años.[91]

En ocasión del 10 de junio, la revista volvió a confirmar su compromiso con los principios que sustentaban la causa Malvinas, aunque dejó de invitar a la celebración de la efeméride: “10 de junio. Día nacional de las Malvinas. Figuritas consecuente con la jornada difundida dentro y fuera de la República por el Profesor Plin, ratifica su aspiración reivindicatoria. Con renovado fervor incita a los escolares argentinos al amor por las normas del Derecho y al ideal irreductible del respeto por la soberanía de la patria.”[92] Poco después, con parquedad elocuente, consignó los límites que la guerra imponía a la campaña: “Día Nacional de las Malvinas. Fue recordado. Los acontecimientos internacionales impiden comentarios. […] Figuritas y el Profesor Plin han sido objeto de cálidos testimonios de adhesión y simpatía, una y otro dejan constancia de su honda gratitud.”[93]

Algunos meses después de su alejamiento de Figuritas, Cacuri tuvo intervenciones ocasionales en la revista, con algunas notas referidas a otras temáticas y firmadas con su nombre real. El Profesor Plin se mantuvo ausente de sus páginas hasta febrero de 1942, tras la publicación de un poema de Micaela Sastre instándolo a regresar.[94] “La Página del Profesor Plin” retornó a partir del número siguiente y, aunque las restricciones continuaron rodeando el tema Malvinas, lo reflotó cada vez que las circunstancias se lo permitieron.

A pocas semanas de su reincorporación a la revista, volvió al ruedo a raíz de una reciente noticia internacional: la renuncia de Gran Bretaña a sus derechos sobre la Isla de Patos, en litigio con Venezuela. El Profesor Plin señaló que “Una circunstancia inesperada viene a ofrecernos ambiente propicio para actualizar en esta hora […] el tema que más apasionara a la escuela argentina: la restitución de nuestras Malvinas.” Rememoró los ecos sociales de su “cruzada espiritual” y explicitó las presiones recibidas para acallarla, vaticinando las reacciones que suscitaría su artículo:

Sabemos por anticipado que produciremos una seria contrariedad a numerosos y buenos amigos. Más de una vez nos han hecho llegar insinuaciones amables en el sentido de aplazar la reanudación de la ruidosa campaña nuestra hasta que dejen de hablar los cañones y las ametralladoras allá en la vieja Europa…

Sin embargo, volvió a ratificar la coincidencia de los valores que estaban en juego en la guerra con los principios que impulsaban la demanda argentina:

[…] en lucha horrenda sucumben millones de hombres, víctimas de su amor a la libertad de su patria amenazada, de su soberanía menoscabada, de sus derechos atropellados. No hacemos, nosotros, pues, otra cosa que incorporarnos a las voces que claman por su derecho. Con la diferencia de que, en vez de exigirlo violentamente por medio de las armas, invitamos a la conciencia nacional para que [por] acción tan pacífica como firme, reclamemos que se nos devuelva lo que nos pertenece: ¡Las muy nuestras Islas Malvinas!

Volviendo al disparador de su nota, elogió la solución brindada al diferendo por la Isla de Patos y exhortó al Reino Unido a proceder de la misma manera en el caso de las Malvinas: “Sepa hacer una pronta y oportuna revisión, sepa reconocer Inglaterra la justicia de este clamor nacional. Ayer fue Venezuela… ¿Cuándo le toca el turno a la Argentina?”[95]

Seguramente la publicación de ese vehemente artículo generó respuestas adversas, puesto que la revista no volvió a referirse a Malvinas ni siquiera en ocasión del 10 de junio. Sólo un año después dedicó un escueto suelto a esa fecha:

Día Nacional de las Malvinas. Lo hemos recordado en la intimidad, acompañados con los votos y manifestaciones de adhesión de nuestros buenos amigos. Esperemos el momento oportuno para desplegar nuestra bandera redentora. Con la fe de siempre. Con el patriotismo de siempre.[96]

Pero ese momento nunca llegó. Las referencias a la causa Malvinas se hicieron cada vez más escasas y la cruzada languideció, a la par de Figuritas. Si en tiempos de neutralidad el clima político había conducido a restricciones de hecho de la libertad de opinión y de prensa, la situación se volvió aún más delicada tras la ruptura de relaciones de la Argentina con Alemania y Japón el 26 de enero de 1944 y la posterior declaración de guerra el 27 de marzo de 1945, conduciendo a una política oficial represiva que incluyó la prohibición de actos públicos referidos a la guerra y la clausura de asociaciones y publicaciones (Tato 2010: 79). Así, en junio de 1944, bajo el título “Efemérides históricas y clases alusivas”, la revista dedicó un par de párrafos neutros a recordar los eventos del 10 de junio de 1770 y 1829.[97]

Tras la finalización de la guerra, el Profesor Plin evocó nuevamente la campaña y auguró una pronta resolución favorable para la demanda de soberanía, en línea con los nuevos vientos de la posguerra. Valoró el rol desempeñado en su iniciativa por la escuela argentina y se enorgulleció de la tarea realizada por Figuritas:

la cruzada que tuvo por lema Las Malvinas son argentinas ha significado el esfuerzo más tenaz animosamente sostenido a lo largo de la vida de nuestra Revista. Estamos plenamente satisfechos de haber contribuido a formar el clima propicio para la acción reivindicatoria que, colmando la aspiración popular, hará que, en cercano día, y esta vez para siempre, vuelva a flamear en la región libertada el pabellón de la Patria.[98]

Tras una fugaz reaparición de los recuadros con el lema “Las Malvinas fueron, son y serán argentinas”, el Profesor Plin lanzó una nueva iniciativa relacionada con la campaña: propuso que “un barco de los que frecuentan la ruta de los mares del sur dentro de nuestro territorio, fuera rebautizado o, de lo contrario, se bautizara uno de los nuevos que se construyan, con el nombre de Malvinas Argentinas.” El administrador de la Flota Mercante del Estado, capitán de navío Juan González Merlo, le informó la inviabilidad de su propuesta, por cuanto por resolución ministerial esas naves debían tomar su nombre de los ríos del sistema hidrográfico argentino.[99] Esa fue su última batalla. Tres meses después, ante el fin del ciclo lectivo, la revista anunció que

ante la proximidad de las vacaciones y en el deseo de no distraer en lo más mínimo los trabajos finales de los alumnos, Figuritas, a partir de hoy, dejará de aparecer, ausencia que se prolongará durante todo el presente receso escolar, tiempo que emplearemos en la preparación del selecto material que se dará a conocer en el venidero período de clases (1947).[100]

Sin embargo, el mentado regreso no sucedió. Tras más de una década, Figuritas debió abandonar súbitamente su actividad educadora y, con ella, su cruzada por la recuperación de las Malvinas.

La revista había comenzado a mostrar signos de agotamiento en 1942, como resultado de la crisis de aprovisionamiento de papel que venía afectando a la industria editorial desde los comienzos de la Segunda Guerra Mundial, con el consiguiente incremento del costo de este insumo básico. Entre 1936 y 1943, el precio internacional del papel aumentó un 300%, con el consecuente perjuicio para el mercado editorial argentino, que dependía enteramente de las importaciones de ese recurso. Asimismo, la inestabilidad económica de los tiempos de la guerra provocó una caída en la demanda de publicidad en la prensa, recortando los ingresos de los medios por ese concepto. Lejos de revertir la tendencia alcista, la finalización de la contienda profundizó la crisis de la industria editorial debido a la mayor demanda de papel para la reconstrucción europea (Cane 2011, 18, 36, 179, 187-188).

En este contexto, Figuritas debió aumentar su precio para continuar publicándose, como oportunamente informó a sus lectores:

Nada podemos decir a nuestros lectores y amigos que no se haya dicho ya en todos los órganos de prensa. El papel y los materiales que se utilizan en la industria gráfica han llegado a precios increíbles (…) El dilema es terminante, dejar de aparecer o aumentar el precio (…) los sacrificios nuestros para evitar este paso, han llegado al máximum y no pueden ser superados.[101]

Tiempo después, por cuestiones de costos, dejó de emplear los servicios de la imprenta Kraft para publicarse en los más modestos talleres de la Editorial Estampa.[102] También fueron habituales en sus últimos años los cambios de formato, la reducción del número de páginas, la publicación con menos colores de los habituales e incluso pausas en la aparición de la revista.

Como en otras latitudes, la situación del mercado de papel estimuló la regulación oficial del suministro. El régimen militar surgido del golpe de Estado del 4 de junio de 1943 y luego el peronismo recurrieron además a ese expediente como mecanismo de control sobre la prensa en pos de alinearla con su proyecto político (Cane 2011, 4, 189; Varela 2012, 8). ¿Cómo impactó este escenario en el ocaso de Figuritas? A lo largo de su existencia, la revista mantuvo un perfil prescindente en materia política y se concentró exclusivamente en asuntos estrictamente referidos al ámbito educativo. Con independencia del signo político de los gobiernos que se sucedieron durante la década en la que se publicó, no dudó en elogiar medidas que conceptuó positivas para la educación, en criticar las que consideró perniciosas ni en sugerir políticas concretas a las autoridades educativas de turno.

Bajo el lema “Hay que dignificar al magisterio argentino”, la revista instó al nuevo gobierno de facto a jerarquizar la actividad docente, para lo cual denunció la precariedad laboral de los maestros, sugirió una serie de medidas previsionales y salariales, y destacó su papel en la formación de las nuevas generaciones.[103] Si bien reconoció que la situación crítica del magisterio se retrotraía a un par de décadas atrás, sostuvo que había depositado sus expectativas de cambio en el nuevo gobierno debido a su sesgo social:

cuando las autoridades surgidas de la Revolución del 4 de junio hablaron de mejoras para el trabajador, de dignificación de gremios y profesiones, cuando los interventores del C.N. de Educación prometieron a los docentes […] ocuparse del mejoramiento y la dignificación docente, creímos que algo se haría en concreto […] las autoridades escolares tienen la palabra y con ella el deber de dar al magisterio una satisfacción para que no se crea que todo ha sido un juego de palabras, una bonita serie de promesas, hechas para halagarle los oídos y sin intención de cumplirlas.[104]

Más allá de las reivindicaciones retributivas, Figuritas expresó su disconformidad con otras políticas oficiales y denunció que “[n]uestra escuela está sufriendo una intromisión de todo orden”[105] en el marco de la introducción de la enseñanza religiosa en las escuelas bajo jurisdicción federal por decreto el 31 de diciembre de 1943.[106] La implantación de la educación confesional en el ámbito escolar buscaba combatir la tradición laica instituida por la Ley 1420 y el liberalismo atribuido a la formación normalista de los docentes (Plotkin 1994, 146-148). En tanto Figuritas acató en silencio el cambio en los planes de estudio y de hecho ofreció a sus lectores materiales didácticos en sintonía con ellos, tomó distancia de las disposiciones que, inspiradas en el nacionalismo católico, coartaban la libertad de enseñanza. En consecuencia, reaccionó contra los “espíritus ultramontanos” que cercenaban la libertad docente e imponían planes de estudio regresivos, suprimiendo obras clásicas de autores argentinos como Juan Bautista Alberdi, Roberto Payró, Leopoldo Lugones, Florencio Sánchez, Gregorio de Laferrère, y españoles como Góngora o el Arcipreste de Hita. La censura también había alcanzado a sistemas pedagógicos calificados de “ateos, materialistas, extranjerizantes”.[107] En aplicación de ese criterio restrictivo, en la provincia de Buenos Aires se clausuraron las bibliotecas de 120 ateneos pedagógicos que contaban con dichas obras en su catálogo.[108]

Por otro lado, la revista también condenó “las ingerencias de las influencias políticas” que “han quebrantado las mejores conquistas de la legislación escolar, avasallando derechos del magisterio, postergando a educadores meritorios”.[109] Aunque la situación se repetía en todo el país, Figuritas señaló como paradigmático el caso de la provincia de Buenos Aires, donde, tras suspender la aplicación del reglamento de ingreso a la docencia, la Dirección General de Escuelas procedió a la designación de maestros atendiendo a criterios netamente políticos, dando

paso a la injusticia, a la recomendación política, a la intervención de los comisionados municipales afanosos en acomodar a sus familiares, repartiendo los puestos docentes en forma no igualada ni siquiera por los procedimientos de los políticos de comité! […]

Maestras recién egresadas, con promedios bajos, […] sin siquiera estar inscriptas, han postergado a millares de educadores con mejores títulos, con cargas de familia, con antecedentes en la docencia provincial y con un puntaje acreditado en la misma repartición.[110]

Entre 1943 y 1946, durante la autodenominada “revolución de junio” y en los albores del primer peronismo, Figuritas discrepó con varias políticas oficiales directamente ligadas al ámbito educativo. En 1956, escueta pero contundentemente, Vicente P. Cacuri le atribuyó la responsabilidad de la desaparición de la revista a los representantes de ese proceso político: “debemos deplorar que aquella útil publicación sufrió la aniquiladora furia del funesto vendaval que anuló durante doce años tantos y tan bien intencionados esfuerzos” (Cacuri 1956, 84).

Un legado perdurable

La campaña malvinera de Figuritas reconoció como punto álgido el período comprendido entre 1937 y 1940. Después de esa fecha, como vimos, su prédica declinó marcadamente por circunstancias ajenas a la revista, que, de todos modos, siempre que se presentó la ocasión trajo a colación la causa Malvinas. A pesar de las limitaciones para desplegar su cruzada, la revista logró sembrar en el ámbito escolar la convicción en la legitimidad del reclamo argentino. Como resaltara Juan Pablo Echagüe, su campaña era

la más fecunda de todas porque siembra en el corazón de los niños preparando la cosecha del porvenir. Unas cuantas generaciones van a crecer con el sentimiento del despojo y el ansia de reivindicación. Es incalculable la fuerza de expansión que pueden alcanzar esos gérmenes en el futuro.[111]

Considerando las edades extremas de los cursantes de la escuela primaria (entre 5 y 13 años), podemos considerar que los lectores nacidos entre 1924 y 1935 estuvieron directamente influidos por la cruzada de Figuritas, aunque también hay constancia de su difusión entre alumnos de escuelas secundarias y normales. Además de la correspondencia intercambiada con maestros y alumnos que da cuenta de sus repercusiones, disponemos de tres testimonios que, retrospectivamente, registran su influencia en la difusión de la causa Malvinas entre los escolares de la época.

Al rememorar su vivencia de la Guerra de Malvinas, el sociólogo José Luis de Imaz (1928-2008) reconoció la impronta que había dejado en él la revista, en conjunción con otros referentes de la causa Malvinas:

Malvinas es […] parte de la memoria colectiva de la nación transmitida de una generación a otra, hasta conformar un ingrediente irrenunciable de la identidad nacional. Y esto no es una frase. Para mi generación al menos, en aquel momento, Malvinas era la ininterrumpida socialización escolar, era la página del Profesor Pin [sic] en la revista Figuritas de mi infancia, era el himno de Obligado, “Bajo un manto de neblinas”, de la invariable apertura de los actos del Salón Augusteo de las juventudes nacionalistas, era el libro del profesor Juan Carlos Moreno que, tras su estadía en las islas, nos había brindado una información de primera mano sobre lo que allí ocurría (Imaz 1994, 59).

Por su parte, la psicóloga Eva Giberti (n. 1929) recordó en los siguientes términos la campaña de Figuritas y la influencia que ejerció sobre su mirada de la cuestión Malvinas:

Cuando yo concurría a la escuela primaria, hace ya setenta años, en mi casa compraban, junto con ‘el’ Billiken, la revista Figuritas. Esa revista que incorporaba imágenes, dibujos, que podrían utilizarse en la escuela, cuentos para niños y niñas, acertijos y algunas publicidades, incluía sistemáticamente una frase en el borde superior de cada página: las Malvinas son argentinas. Y en alguna doble página interior, un mapa desplegando el perfil de las islas. De manera que quienes leíamos, inevitablemente, incorporábamos la frase que se instalaba como un mantra: las Malvinas son argentinas.

Era necesario saber por qué importaba tener presente ese contenido, de manera que la revista surtía de datos permanentemente. Contaba la historia y clavaba la bandera nacional sobre el territorio malvinense. Todas las semanas, los días jueves, Figuritas repetía el mismo mandato patriótico.

Algún visitante de la familia, al advertir que Figuritas era tema de lectura de aquella niña, comentó con aire preocupado: ‘Vean, ustedes están llenándole la cabeza a la nena con esas historias contra los ingleses. Es chica y se les puede convertir en nacionalista…’ […] el peligro de convertirme en nacionalista [era] oponerme a los ingleses que se habían apropiado de las islas, y por extensión adherir a Rosas.[112]

Giberti reivindicó la prédica de la revista en la formación de su propia posición anticolonialista. Curiosamente, no advirtió que en Figuritas el nacionalismo malvinero convivía con la reivindicación constante del panteón nacional liberal y la condena al rosismo recuperado por el revisionismo histórico.[113]

Por último, la escritora María Esther de Miguel (1925-2003) recordó en sus memorias su experiencia como lectora de Figuritas y su debut literario en las páginas de la revista:

Estaría en cuarto grado (de los de entonces) y tendría unos once o doce años cuando, con irrefrenable impulso patriótico-literario hice escuchar mi primer grito de fervor nacional y de vocación literaria al enviar a la revista Figuritas una colaboración que decía ‘Las Malvinas son argentinas’ […]

La niña que era entonces crecía en la seguridad de que las lejanas islas estaban perdidas en las heladas soledades sureñas, separadas del patrimonio nacional por el arrebato de la corona inglesa […] Estaba convencida de que las islas eran de nuestra total pertenencia, según me lo enseñaban en la escuela y hogar y por eso, cuando en la mencionada revista que llegaba a aquellas soledades litoraleñas semanalmente y yo coleccionaba con devoción, se abrió un espacio para que los niños del país escribieran dando su opinión, sin pensarlo dos veces me dije a la carga dijo Vargas, garrapateé algunos conceptos que probablemente consideré notables y, muy libre de espíritu y autodeterminada envié la nota sin decir ni informar nada a nadie. […]

Una mañana de jueves o viernes, cuando aparecían las revistas de Buenos Aires, corrí a buscar mi Figuritas, y con la Figuritas en la mano, frente a la página correspondiente vi allí, en letras de molde, por primera vez en mi vida, mi nombre estampado: la niña María Esther de Miguel, de 4º grado de la escuela número 54 de Larroque, nos envía la siguiente composición, decía, y después venían mis fervorosos y patrióticos pensamientos, acortados, por cierto, pero que yo apenas si alcancé a leer, tal vez porque mis ojos se habían nublado por la emoción (Miguel 2003, 140-141, 143).

Los recuerdos de estos tres intelectuales coinciden en el señalamiento de la presencia cotidiana de Figuritas en su infancia y en la influencia de su prédica en la formación de sus percepciones acerca de la cuestión Malvinas, un indicador elocuente del éxito de su cruzada.

Asimismo, la revista ejerció una influencia indirecta sobre generaciones posteriores por cuanto impactó sobre la formación de los docentes en ejercicio y de las nuevas camadas que cursaban la escuela normal durante el esplendor de la campaña, contribuyendo a otorgarle a la educación escolar el lugar central en tanto dispositivo de malvinización que detentaría en las décadas siguientes.

Revisitando la causa Malvinas

En este capítulo hemos intentado reconstruir la peculiar experiencia de la revista Figuritas y su campaña malvinizadora, sin duda su rasgo más distintivo. Su éxito revela la preexistencia de una inquietud social respecto a Malvinas, que por entonces también era actualizada por las acciones de otros actores: Alfredo Palacios y su proyecto de ley, la actividad de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares en aplicación de esta, la publicación de otros libros que tuvieron importante difusión, la creación de la Junta de Recuperación de las Malvinas. La revista supo sintonizar, canalizar y difundir esa preocupación social en el medio escolar, a la vez que interactuó con varios de esos agentes de malvinización, cuyas actividades encontraron cabida en sus páginas. El Profesor Plin definió así la relación de Figuritas con el clima social de expansión de la causa Malvinas:

Imaginariamente hemos construido algo así como un torreón alzado en la soledad. Desde nuestra eminencia silenciosa captamos las impresiones del ambiente. Irradiamos luego las sugestiones, las voces propicias, los testimonios de solidaridad con esta cruzada de redención […] Somos actores y nos sumamos al elenco común. […] somos una fuerza más –sólo una modesta fuerza– en la recia corriente, que alienta una causa grande. […] Nadie tiene derecho a ubicarse ni siquiera a aceptar lugar de preferencia porque pertenece ese ideal al pueblo de la Nación. Es, pues, causa de todos.

Tiene, eso sí admitimos, su natural abanderada: La Escuela Argentina.[114]

Sin pretender atribuirse la paternidad de la demanda de reivindicación de la soberanía, Figuritas afirmó que su campaña fue “sin duda, y lo proclamamos sin vanidad, el toque de atención más sonoro y trascendente que se viera en el país sobre el particular.”[115]

El caso de Figuritas permite valorizar al rol de la educación en la formación y en la difusión de la causa Malvinas. Como demuestra la revista, aunque la cuestión Malvinas no estuviera incluida en el diseño curricular de Historia, circulaba por otros espacios ligados al medio escolar y llegaba con efectividad a las aulas. Figuritas efectuó un aporte sustancial a la instalación y difusión de esta temática curiosamente ausente del diseño curricular oficial de la escuela primaria. La acción sostenida de la revista evidenció que Malvinas como causa nacional se fue construyendo tanto desde arriba como desde abajo, desde el Estado y desde la sociedad civil, por la confluencia –a veces coordinada, a veces errática– de iniciativas oficiales y particulares. En este caso, por la fatigosa y perseverante labor de actores que se abocaron a cubrir una inquietud social desatendida por el Estado.

Por otra parte, la historiografía sobre Malvinas a menudo confiere centralidad en la construcción y difusión de la causa a intelectuales de renombre como José Hernández o Paul Groussac.[116] El caso de Figuritas permite vislumbrar y revalorizar la acción decisiva de otros intelectuales, que, por su menor visibilidad en la opinión pública o en los circuitos consagrados del campo cultural, suelen ser pasados por alto en los estudios sobre el tema.[117] Vicente P. Cacuri y su “Profesor Plin”, secundado por los educadores que integraban el plantel de la revista, demostraron una indudable capacidad para difundir con eficacia la causa Malvinas a nivel capilar: en las escuelas. Maestros por formación o por vocación, hicieron un uso hábil de sus saberes y experiencias para fijar de manera indeleble en el imaginario escolar la convicción en la legitimidad de la reivindicación soberana sobre las Islas.

Asimismo, el caso de Figuritas también permite matizar otro lugar común presente en la literatura sobre Malvinas. A menudo se atribuye a la década de 1930 el carácter de punto de inflexión en la formación de esa causa nacional en función del auge que por entonces cobraron los movimientos políticos de corte nacionalista autoritario, en un contexto signado por la gran depresión, el Tratado Roca-Runciman, la radicalización política e ideológica inducida por los ecos locales de la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial, y una convulsionada dinámica política doméstica, oscilante entre el fraude electoral y los golpes de Estado. Efectivamente, los principales referentes del autodenominado nacionalismo ocuparon por entonces posiciones destacadas en el ámbito de la cultura y de la educación, como la Academia Argentina de Letras, la Comisión Nacional de Cultura, la Biblioteca Nacional, el Instituto Cinematográfico Argentino o el Consejo Nacional de Educación, que les proporcionaron una extensa influencia cultural (Tato 2009, 170). Asimismo, en el marco de un creciente antiimperialismo, particularmente anglófobo, generalmente asociado al revisionismo histórico, estos movimientos fueron activos promotores de la causa Malvinas y denunciaron al imperialismo británico y a las elites liberales decimonónicas como sus socias en el expolio de la Argentina, del cual la cuestión Malvinas constituía un caso emblemático (Rubio García 2020).

Sin embargo, Figuritas deja en evidencia que la causa Malvinas no puede ser asociada de manera exclusiva al nacionalismo antiliberal y autoritario. La revista contribuyó a la defensa de los derechos argentinos sobre el archipiélago desde una postura netamente liberal, que enarbolaba valores como el derecho, la justicia, la paz y la libertad. En ese sentido, se distanciaba del antiimperialismo y oscilaba entre apelar a los vínculos históricos con el Reino Unido para encontrar una solución definitiva al diferendo y exigirle con vehemencia un comportamiento consecuente con los principios que decía encarnar a nivel internacional.[118] En consecuencia, el caso de Figuritas invita a adoptar una definición amplia del nacionalismo y, con él, de la causa Malvinas. Lejos de los reduccionismos que lo identifican únicamente como un movimiento político extremo, el nacionalismo también conforma un conjunto de ideas, prácticas, símbolos, emociones, liturgias, discursos, que cimentan identidades, atraviesan transversalmente a la sociedad y son compatibles con diversas tradiciones políticas. En el caso que nos ocupa, ese nacionalismo se expresó en la defensa de la causa Malvinas por parte de liberales como Cacuri, de socialistas como Alfredo Palacios y de nacionalistas autoritarios enrolados en agrupaciones diversas. Las iniciativas de estos sectores, a menudo confluyentes a pesar de sus variadas raíces ideológicas, contribuyeron a un notable avance de la malvinización en diversos ámbitos de la vida social, que se acentuaría en las décadas subsiguientes y experimentaría su bautismo de fuego en el Conflicto del Atlántico Sur de 1982.

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  1. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Pregones triunfales”, en Figuritas nº 155, 30/6/1939.
  2. “‘Figuritas’ dice…”, en Figuritas n.º 32, 19/02/1937.
  3. Acerca de las publicaciones periódicas del período, véase Eujanian 1999.
  4. En 1910 había 522 bibliotecas populares a lo largo del país; en 1922 esa cifra se duplicó, hasta llegar a 1.400 en 1930 y a 1.500 en 1942. En este último año, habían contado con una concurrencia de 4.523.949 lectores (Juan Pablo Echagüe, “Las Bibliotecas Públicas en la Argentina”, Argentina Gráfica nº 89-90 (1943): 88).
  5. Boletín Oficial de la República Argentina, 27/11/1936. Ulises Máximo Peluffo fue coautor con Luis M. Coto Figueroa de Las fechas conmemorativas en las escuelas primarias (1938) y autor único de Discursos escolares alusivos a los actos que se celebran en las escuelas primarias (1939).
  6. En el n.º 24 del 25/12/1936 la revista anunció su desvinculación de la dirección y de la sociedad editora.
  7. Educación. Revista para los Maestros Venezolanos 1, diciembre de 1939, p. 21. Luis Ángel Falcone fue maestro, egresado de la Escuela Normal de Dolores (provincia de Buenos Aires) y ejerció la docencia en el distrito de Tres Arroyos, donde llegó a director de la escuela primaria de Orense. En 1937 integró la Comisión de Reformas a la Enseñanza, que impulsó la renovación pedagógica provincial, y en 1941 fue designado inspector seccional, siendo posteriormente ascendido a subinspector general de escuelas (Morello 1969: 131-134). Fue coautor con Osvaldo N. Benedetto de Cardos en flor, libro de lectura de 3º grado publicado en 1942.
  8. “Nuestro aniversario”, en Figuritas n.º 209, 12/7/1940.
  9. Rosario Beltrán Núñez, Osvaldo N. Benedetto, José J. Berrutti, Juan M. Cotta, María Luisa Falcone, Polo Godoy Rojo, Enriqueta González Svetko, Juan Bautista Grosso, Laura María Matassi, Beatriz Josefina Morelli, F. Julio Picarel, Lola Piñeiro de Morales, Lola Pita Martínez, Francisca R.M. de Lamazou, Enrique Richard Lavalle, Margarita Rothkopf, Micaela Sastre, Gerardo Schiaffino, Victoria Esther Stramelini.
  10. Herbert Allheimen, Octavio R. Amadeo, Teodora del Carmen Bazán, Perlita Argerich Beascoechea, Germán Berdiales, Héctor Pedro Blomberg, Ismael Bucich Escobar, Alfredo R. Bufano, Carlos O. Bunge, Rafael Cano, Fernando Hugo Casullo, Arsenio Cavilla Sinclair, Enrique de Gandía, Salvador del Priore (Juancho), Gontrán Ellauri Obligado, Fermín Estrella Gutiérrez, Ana Etchegoyen, Gastón Figueira, C. Galván Moreno, Alberto Ghittoni, Monteiro Lobato, Arturo Marasso, Juan Carlos Moreno, Lola Noblia de Plaza, Francisco Juan Póliza, Francisco Rodríguez Marín, Pablo A. Scolari, Arturo Uslar Pietri, Margarita Villegas Basavilbaso, Hugo Wast.
  11. A partir del n.º 243, del 07/3/1941, aumentó el tamaño de sus páginas de 19 cm por 30 cm a 26 cm por 34 cm. En 1946 la variación de tamaño fue muy frecuente.
    Originalmente impresa en los Talleres Gráficos Editorial Argentina, en 1938 comenzó a publicarse en la imprenta de Guillermo Kraft, “toda una tradición de arte gráfico. Ello asegura una impresión irreprochable y la fiel reproducción de los grabados que exijan los asuntos en sus páginas a cuatro colores y en sepia, verde o azul” (“Habla la dirección de ‘Figuritas’”, en Figuritas n.º 106, 22/7/1938).
  12. “¡No hay más Figuritas!… El entusiasmo de nuestros lectores fue mucho más allá de nuestras previsiones. A pesar del considerable tiraje no pudimos satisfacer la extraordinaria demanda de la edición anterior. Quedó sin satisfacer, entre otros, un pedido de uno solo de nuestros revendedores, consistente en SEIS MIL EJEMPLARES. (…) No sabemos si decir primero: ¡MUCHAS GRACIAS!, o ¡DISCULPEN! Solo sabemos que Figuritas se va afirmando en el concepto de ser la predilecta REVISTA ARGENTINA DEL ESCOLAR.
    A medida que vamos aumentando las ediciones iremos multiplicando nuestros esfuerzos para ser dignos de tanto favor y simpatía.
    LA DIRECCIÓN” (Aviso inserto en n.º 88, 18/3/1938).
  13. Magister, “La Página del Maestro. La correspondencia interescolar”, en Figuritas n.º 213, 09/8/1940.
  14. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Nuestras Malvinas”, en Figuritas n.º 69, 05/11/1937.
  15. Malta Palermo; Ovomaltina; Toddy; chocolatines Nestlé; chocolate Kelito de Noel; chocolate Águila; chocolate Milkibar; dulce de leche La Negra; aceite Cocinero; turrones Turrochole; caramelos Mariló; galletitas Bagley.
  16. Jarabe Tosantil; laxantes Laxofis, Tuil y Citromagnesia; tónico Taniol; talco, fijador y dentífrico Griet; cremas Ossatan.
  17. El Tesoro de la Juventud; Editorial Sopena; Librería La Nena; Librería del Colegio; Editorial Independencia, de libros de texto; útiles escolares de Tamburini Lda.; Editorial Moly; El Pato Donald. Revista semanal de historietas en colores.
  18. Clínica y Hogar de Muñecas La Alemana; bicicletas Phillips y Fiore, Paniza & Torrá; el Palacio del Rodado; muñecos malcriados Voss; Casa Roig; patines Broadway; juegos de mesa y de magia.
  19. Calzado Casa Lara; Casa Arce; Casa del Deportista – Casa Hilgo; zapatos Pluvius de Pirelli; Iriarte & Cía.; joyería y relojería Palmieri Hnos.; Casa Scherrer.
  20. Universidad Popular Marcos Sastre; Academia Roli de corte y confección; Academia Palma; Academia de ingreso a 1º año; Escuelas Sudamericanas.
  21. Radios y pianos de Celestino Fernández; electrodomésticos CADE; cámaras y proyectores Max Glücksmann; aparatos para gimnasia de Antonio Gromáz.
  22. “El aniversario patrio y nuestro aniversario”, en Figuritas nº 52, 09/7/1937.
  23. “Una aclaración conveniente”, en Figuritas n.º 40, 10/4/1937.
  24. De hecho, por la profusión de estas últimas, debidas a la pluma de dibujantes que habrían de tener luego una extendida trayectoria profesional, Figuritas fue considerada “una de las primeras revistas de historietas de la Argentina.” (“La revista Figuritas y su gran aporte a la historieta argentina”, en Top-comics. Blog sobre la historieta argentina y mundial creado por Luis Rosales (1944-2009) https://luisalberto941.wordpress.com/2013/06/30/la-revista-figuritas-y-su-gran-aporte-a-la-historieta-argentina-segunda-parte/). No obstante, aunque destacadas, las historietas no eran la esencia de la revista, por lo que no debería ser catalogada como tal. Los principales dibujantes de Figuritas fueron Carlos Clémen, Emilio Cortinas, Federico D’Aloisio, Arturo D’ssa, Alfredo Ferroni, Roberto Gigante, Pedro Gutiérrez, Carlos Linares Quintana, José Llanos, Rosario Marino, Manuel Alejandro Martínez Parma, Juan Oliva y J. Vidal (José Vidal Dávila). En la mayoría de los casos, no sólo fueron autores de historietas, sino también de láminas e ilustraciones de artículos didácticos sobre diversos temas.
  25. Figuritas en el aire…”, en Figuritas n.º 56, 6/8/1937. Se transmitió por lo menos hasta fines de ese año.
  26. “’Figuritas’ en el éter”, en Figuritas n.º 252, 9/5/1941. No hubo referencias posteriores al programa, por lo cual probablemente no llegó a concretarse.
  27. “Consultorio Pedagógico de Figuritas”, en Figuritas n.º 62, 17/9/1937.
  28. Anuncio en Figuritas n.º 235, 10/01/1941.
  29. Anuncio en Figuritas n.º 241, 21/02/1941.
  30. “¿Cuál de estas será mi futura carrera o profesión?”; “Guía de estudios secundarios”. La revista también promocionaba el recientemente publicado Manual de ingreso en 1º año, que contaría con infinitas ediciones en décadas sucesivas, y la Primera Academia de Ingreso, que dictaba cursos de ingreso a colegios nacionales, liceos, escuelas comerciales, industriales y normales.
  31. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin”, en Figuritas n.º 213, 9/8/1940.
  32. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ¡Bueno, ya tenemos ‘nuestra biblioteca!’”, en Figuritas n.º 49, 18/6/1937. La maestra era María Luisa Falcone, que luego se convertiría en colaboradora habitual de la revista. Posteriormente, numerosas bibliotecas de escuelas y de aulas de todo el país adoptaron el nombre de la revista o el del Profesor Plin.
  33. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Así como las ondas propicias…”, en Figuritas nº 56, 06/8/1937.
  34. El Profesor Plin, “Problemas mínimos. Las Malvinas son argentinas”, en Figuritas n.º 60, 03/9/1937.
  35. “Correo de Figuritas”, en Figuritas nº 65, 08/10/1937.
  36. La cartilla era un libro de texto para la enseñanza de las primeras letras.
  37. El lector americano. Nuevo curso gradual de lecturas compilado para uso de las escuelas primarias por José Abelardo Núñez, “edición argentina cuidadosamente corregida”.
  38. Arturo Silvestre, “Los ‘self-made men’. A los ocho años, Vicente P. Cacuri ganaba cinco pesos mensuales en una tachería”, Mundo Argentino nº 989, 20/01/1930.
  39. Colaboró ocasionalmente en La Revista Ilustrada del Río de la Plata, El Tiempo, El Mundo, La Razón, Los Principios, Mundo Argentino, Nativa, entre otras publicaciones periódicas. Entre sus libros, cabe mencionar La argentinidad a través de Alberdi, Alma civil y grandeza militar de San Martín, Viajes imaginarios, Sintiendo y pensando, Por rutas de encanto.
  40. En Radio Belgrano participó activamente del programa “La Hora Escolar” con intervenciones de corte histórico y patriótico (Cacuri 1959: 215).
  41. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Hay que verlas de todos los colores!”, en Figuritas nº 192, 15/3/1940.
  42. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Así como las ondas propicias…”, cit.
  43. El Profesor Plin, “Problemas mínimos. Las Malvinas son argentinas”, en Figuritas n.º 64, 01/10/1937.
  44. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ‘Desde un polo hasta el otro…’ el país lo proclama: Las Malvinas son argentinas”, en Figuritas n.º 72, 26/11/1937.
  45. “La Página del Profesor Plin. Hasta la voz de los caminos lo repite: ¡Las Malvinas son argentinas!”, Figuritas n.º 75, 17/12/1937. A lo largo de la campaña, la revista y el Profesor Plin recibieron calurosas adhesiones de figuras tales como Juan Pablo Echagüe, Alfredo Palacios, el diputado nacional Víctor Juan Guillot, el entonces diplomático Leopoldo Melo, Tomás Amadeo (presidente del Museo Social Argentino), los historiadores Ismael Bucich Escobar y Alberto Palcos, la poetisa Ana Etchegoyen, los escritores sobre la temática malvinera Juan G. Beltrán y Antonio Gómez Langenheim.
  46. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Así como las ondas propicias…”, cit.
  47. “La Página del Profesor Plin. Hasta la voz de los caminos lo repite”, cit.
  48. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Las Malvinas son argentinas”, cit.
  49. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ‘Desde un polo hasta el otro…”, cit.
  50. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Las Malvinas son Argentinas”, en Figuritas n.º 66, 15/10/1937.
  51. El Profesor Plin, “Problemas mínimos. Las Malvinas son Argentinas”, en Figuritas n.º 67, 22/10/1937.
  52. En 1932 el Ministerio de Educación calculó que el 69% de los niños de entre 6 y 14 años estaba matriculado en la escuela primaria; en 1947 el censo nacional indicó que el porcentaje había subido a 73,5%. No se disponen de datos equivalentes para el nivel secundario en ese mismo período. Sin embargo, la tasa de pasaje permite estimar que en 1930 alrededor del 39% de los alumnos matriculados en 6º grado se matriculaba en 1º año del secundario, porcentaje que rondaría el 41,6% en 1945 (Tedesco 2020, 352, 354-355).
  53. Carta citada en El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Las Malvinas son Argentinas”, cit.
  54. Citada en El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. … Y en acorde resonancia la voz de la Patria responde: ¡Las Malvinas son argentinas!”, en Figuritas n.º 73, 03/12/1937.
  55. Citados en El Profesor Plin. “La Página del Profesor Plin. Nuestras Malvinas”, cit.
  56. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Hasta la voz de los caminos lo repite”, cit.
  57. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Ecos y voces”, en Figuritas n.º 107, 29/7/1938; “La Página del Profesor Plin. En coro de vibrantes resonancias la Argentina reclama sus Malvinas”, n.º 127, 16/12/1938; “La Página del Profesor Plin. Hay un punto coincidente en todos los sectores de la opinión nacional: Las Malvinas son argentinas”, n.º 146, 28/4/1939.
  58. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Nuestras Malvinas”, cit.
  59. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. La nación que detenta nuestras Malvinas, al negar el derecho argentino sobre esas islas, está en contra de sí mismo”, en Figuritas n.º 104, 08/7/1938.
  60. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. América proclama: Las Malvinas son argentinas”, en Figuritas n.º 122, 11/11/1938; “La Página del Profesor Plin”, en n.º 159, 28/7/1939.
  61. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. El 10 de junio es el Día Nacional de las Islas Malvinas”, en Figuritas n.º 99, 03/6/1938.
  62. “El 10 de junio es el Día Nacional de las Islas Malvinas”, recuadro publicado en el n.º 100, 10/6/1938.
  63. La instauración de esta efeméride se efectuó mediante la Ley 20.561, reglamentada por el Decreto 1.635 en 1974 (https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-20561-231251/texto; https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-1635-1974-231294).
  64. “Correo del Profesor Plin”, en Figuritas n.º 210, 19/7/1940.
  65. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. América proclama: Las Malvinas son argentinas”, cit.
  66. “Correspondencia escolar”, en Figuritas nº 154, 23/6/1939.
  67. “Correspondencia inter-escolar”, en Figuritas n.º 144, 14/4/1939.
  68. Magister, “La Página del Maestro. Clausurando una exitosa campaña”, en Figuritas nº 175, 17/11/1939.
  69. Magister, “La Página del Maestro. La correspondencia interescolar”, cit. La mayor cantidad de escuelas asociadas correspondían a la provincia de Santa Fe (91), seguida de Buenos Aires (ciudad y provincia, 56), Córdoba (38), Corrientes (30), Entre Ríos (24), Mendoza (18), La Pampa (15), Misiones (13), Tucumán (10), Santiago del Estero (8), Chaco (7), San Juan (6), Río Negro (6), La Rioja, Chubut, Formosa y San Luis (5 cada una), Jujuy y Salta (4 cada una), Neuquén (3), Catamarca (2). Asimismo, por entonces participaban 22 escuelas de Uruguay, seguido por Chile (18), Colombia y Ecuador (10 cada uno), Venezuela (9), México (7), Brasil (5), Perú (4), Cuba (3), Paraguay, Bolivia, Costa Rica, Panamá, Honduras, El Salvador y Guatemala (2 cada uno).
  70. Magister, “La Página del Maestro. Vinculación escolar”, en Figuritas n.º 299, 03/4/1942.
  71. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. … y las voces de América responden: ‘Las Malvinas son argentinas’”, en Figuritas n.º 92, 15/4/1938; “La Página del Profesor Plin. Noticiario fugaz”, n.º 194, 29/3/1940.
  72. El Profesor Plin. “La Página del Profesor Plin. Nuestras Malvinas”, cit.
  73. Citada en El Profesor Plin. “La Página del Profesor Plin. Nuestras Malvinas”, cit.
  74. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ‘Desde un polo hasta el otro…’, cit.
  75. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Hay algo que se mantiene inquebrantable en nuestro pueblo: la devota fidelidad a las tradiciones que forman el credo cívico de la argentinidad”, en Figuritas nº 106, 22/7/1938”. En 1902 Alemania, el Reino Unido e Italia bloquearon los puertos venezolanos para garantizarse el cobro de la deuda contraída por ese país. El ministro de Relaciones Exteriores argentino, Luis María Drago, condenó el uso de la fuerza como mecanismo para lograr el cumplimiento de las obligaciones financieras de los países deudores; sus planteos son conocidos como “Doctrina Drago”.
  76. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Un alto deber patriótico”, en Figuritas nº 199, 03/5/1940.
  77. Acerca del posicionamiento de Crisol y su director, Enrique Osés, frente al nazismo, véase Tato 2007.
  78. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Por eso mismo…”, en Figuritas nº 205, 14/6/1940.
  79. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ¡Quiere decir que puede ser acusado de falsedad Su Excelencia!”, en Figuritas nº 175, 17/11/1939.
  80. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. La Historia manda”, en Figuritas nº 204, 07/6/1940.
  81. El Profesor Plin, “Problemas mínimos. Las Malvinas son argentinas”, cit.
  82. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Ante la conciencia del mundo Las Malvinas son argentinas”, en Figuritas nº 97, 20/5/1938. Cacuri estuvo muy atento a la solución que el Reino Unido daba a otros diferendos territoriales, como el acuerdo de cesión de las Islas Canton y Enderbury, en el Pacífico, reclamadas por los Estados Unidos, o la cesión a Noruega de la Isla de Bouvet (Ibíd.; El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. La nación que detenta”, cit.).
  83. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Hay que verlas de todos los colores!”, cit.
  84. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ¡Quiere decir que puede ser acusado”, cit. En el invierno de 1939 Cacuri atravesó un cuadro grave de salud que lo mantuvo alejado de la actividad de la revista (Magaldi 2001: 101-103).
  85. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Voces y ecos”, en Figuritas nº 178, 08/12/1939.
  86. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. II Voces solidarias”, en Figuritas n.º 209, 12/7/1940.
  87. Circular n.º 125 del 25/10/1939 “sobre las medidas que las autoridades docentes deberán adoptar para impedir que los alumnos se reúnan con el fin de exteriorizar opiniones en favor o en contra de los países en guerra”, reiterada por circulares n.º 50 del 03/6/1940 y n.º 46 del 05/6/1941 sobre “el propósito de que dentro del recinto escolar se observe la más estricta neutralidad, frente al actual conflicto europeo” (Boletín del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública n.º 9, 02/9-05/11/1939, n.º 12, 07/4-27/7/1940, n.º 17, 01/5-31/7/1941).
  88. “El Profesor Plin”, en Figuritas n.º 224, 25/10/1940.
  89. En septiembre de 1940 había circulado el rumor de un acuerdo anglonorteamericano para instalar bases militares en las islas e incluso la posibilidad de que el Reino Unido las cediera a los Estados Unidos. El Departamento de Estado norteamericano desmintió esas informaciones y las atribuyó a la propaganda alemana (Sanchís Muñoz 1992, 91-92).
  90. A partir del número siguiente a la partida de Cacuri y esporádicamente, Linares Quintana incluyó de manera alternada en sus dos historietas (“La Pluma Cucharita” y “El fabricante de campeones”) las leyendas “Las Malvinas son argentinas” y “¡Viva el Profesor Plin!”, ofreciendo así un mensaje de resistencia frente a las restricciones que pesaban sobre el tema y de solidaridad hacia el principal portavoz de la causa.
  91. “Las Malvinas y la campaña del Profesor Plin”, en Figuritas nº 245, 21/3/1941.
  92. Recuadro flanqueado por sus estampillas, en Figuritas n.º 256, 06/6/1941.
  93. Día Nacional de las Malvinas”, en Figuritas n.º 258, 20/6/1941.
  94. “¿Tan malo ha sido el año, que hasta secó la fuente / De vuestro buen consejo? ¡Ah!, señor Profesor, / No creí que en árbol tan frondoso y tan fuerte, / El árbol de Almafuerte, perdiera su verdor. Nada existe más triste, que un árbol sin follaje; / En sus ramas, sin hojas, tiembla la soledad. / Ya no hay voces parleras. La canción de las aves / Se queja en cada rama, con ganas de llorar.
    ¡Tan malo ha sido el año!… Ojalá el venidero / Traiga el agüita buena de la cordialidad. / Y el árbol altanero, que nada pide al cielo, / Vuelva a colmar de frutos la mesa del hogar; / Y saborear podamos el sabroso pan nuestro / De vuestro buen consejo, de vuestra gran bondad.”
    (Micaela Sastre, “Profesor Plin”, en Figuritas n.º 291, 06/02/1942). Cacuri se autodefinía con el verso del poeta Almafuerte “Yo soy como el árbol del desierto que necesita agua y no la implora…” (Silvestre, “Los ‘self-made men’”, cit.).
  95. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Y a nosotros, ¿cuándo nos toca el turno?”, en Figuritas n.º 296, 13/3/1942.
  96. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Enfoques”, en Figuritas nº 363, 25/6/1943.
  97. En Figuritas n.º 413, 09/6/1944.
    El 10 de junio de 1770 una expedición española expulsó a los británicos de Puerto Egmont (Gran Malvina).
  98. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Por unánime decisión todo el pueblo argentino quiere que poniendo fin al litigio secular nos devuelvan las Malvinas”, en Figuritas nº 523, 25/7/1946.
  99. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. ¿Va o no va un barco a los mares del sur con el nombre de Malvinas argentinas?”, nº 531, 08/8/1946.
  100. “A nuestros lectores”, en Figuritas nº 538, 07/11/1946.
  101. “A nuestros lectores y amigos”, en Figuritas nº 313, 10/7/1942. La revista se comprometió a retomar el precio anterior cuando las circunstancias lo permitieran; procedió a ello en 1946, paralelamente a la drástica reducción de su extensión a 14 páginas.
  102. “A nuestros lectores”, en Figuritas n.º 400, 10/3/1944.
  103. “Pregón”, en Figuritas n.º 376, 24/9/1943; Magister, “¿Con qué estímulos cuenta el magisterio argentino?” y El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. La escuela heroica”, en nº 406, 21/4/1944.
  104. Osvaldo N. Benedetto, “El maestro, ‘último mono del presupuesto’”, en Figuritas nº 458, 19/4/1945.
  105. “Balance del curso escolar”, en Figuritas n.º 488, 15/11/1945.
  106. En 1947, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, el decreto fue reemplazado por una ley sancionada por el Congreso.
  107. Entre otros, los postulados por Ovide Decroly, Jean-Jacques Rousseau, John Dewey, Maria Montessori y Édouard Claparède.
  108. “Orientación regresiva”, en Figuritas n.º 485, 25/10/1945, y Magister, “Falsas acusaciones”, en nº 457, 12/4/1945.
  109. “Balance del curso escolar”, cit.
  110. Magister, “El ingreso a la docencia en Buenos Aires”, en Figuritas nº 459, 26/4/1945.
  111. Citado en El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Hasta la voz de los caminos lo repite: ¡Las Malvinas son argentinas!”, cit.
  112. Eva Giberti, “Colonialismo puntocom”, en Página/12, 27/01/2012. En rigor de verdad, Figuritas aparecía los viernes; recién a partir de 1945 adelantó su salida a los jueves.
  113. Por ejemplo, veladamente en “Necesidad de reformar algunos textos escolares”, en Figuritas n.º 66, 15/10/1937, y explícitamente en “Rosas y su época”, n.º 271, 19/9/1941, donde se caracterizaba a Juan Manuel de Rosas como “el más grande de los dictadores de América”, y en El Profesor Plin, “La página del Profesor Plin”, n.º 355, 30/4/1943. Cabe destacar que entre los colaboradores de la revista se contaba Micaela Sastre, hija de Marcos Sastre, fundador del antirrosista Salón Literario.
  114. El Profesor Plin, “La Página del Profesor Plin. Pregones triunfales”, cit.
  115. Editorial “El Día Nacional de las Malvinas”, en Figuritas n.º 151, 02/6/1939.
  116. Generalmente a través de un procedimiento teleológico que retrospectivamente atribuye a sus obras una influencia que sólo adquiriría décadas más tarde.
  117. Seguimos aquí la definición laxa de “intelectual” empleada por Rodríguez y Fiorucci 2018, 8-9, 13-14.
  118. Asimismo, se diferenciaba del revisionismo en la defensa del panteón nacional liberal y en la condena del rosismo.


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