Néstor Cohen y Gonzalo Seid
En el presente capítulo, se introducen algunas estrategias, procedimientos y recursos comunes para el análisis sociológico de entrevistas individuales y colectivas en investigaciones cualitativas. Tal como ocurre a lo largo de este libro, nuestro objetivo es reflexionar en torno a la producción de los datos. En estas páginas nos concentramos en la producción de los datos cualitativos. Para ello recurrimos a la Teoría Fundamentada cuyos aportes, en este sentido, consideramos muy relevantes y los integramos con otros aportes resultantes de diferentes experiencias, propias y ajenas, inherentes a la investigación cualitativa.
La flexibilidad de los diseños cualitativos no contiene reglas fijas ni procedimientos únicos para la producción y análisis de datos; sin embargo, no queda librada la tarea de investigación solo al criterio personal, el cual puede basarse en el sentido común, muchas veces alejado del método científico, sino que un amplio conjunto de criterios metodológicos orientan y pautan las decisiones. En este documento se presentan algunas de las principales operaciones que han de realizarse en el trabajo con entrevistas: grillado, codificación, formulación de hipótesis, análisis temático y análisis por casos.
En un primer apartado, se pone de relieve la necesidad de grillar las entrevistas transcriptas como parte del proceso de producción de los datos cualitativos y, a la vez, introducción a su análisis. En segundo lugar, se sintetiza el momento que Strauss y Corbin (2002) han designado como codificación abierta, que supone operaciones de conceptualización y clasificación de los fenómenos. A continuación, se presentan las operaciones relativas a la vinculación de conceptos para elaborar hipótesis, que corresponde al momento de codificación axial en la propuesta de Strauss y Corbin. Luego se mencionan los procedimientos de análisis temático y análisis por casos, que si bien en la práctica pueden realizarse simultáneamente con la codificación, constituyen un momento analítico distinto. Por último, se hace breve referencia a la fase final de síntesis.
1. Segmentación: el grillado de las entrevistas
El recurso a la conversación como modo de aproximación a los objetos de estudio puede asumir distintas formas según el grado de estructuración de la interacción verbal, el número de partícipes y los objetivos de indagación. En los abordajes cualitativos de investigación en sociología a menudo se utiliza la técnica de la entrevista individual o colectiva para obtener registros que serán la base del proceso de producción de los datos. En cualquier tipo de entrevista, se necesita registrar lo que se dice y lo que ocurre para poder analizarlo una vez procesado. Siempre que el entrevistado lo autorice, lo óptimo es poder grabar la conversación para disponer luego de un registro lo más exhaustivo posible del diálogo y la situación de entrevista. La transcripción debe ser textual y completa, respetando cada palabra utilizada por el entrevistado, incluyendo posibles errores de expresión, reiteraciones, interjecciones, contradicciones, etcétera. Cualquier modificación u omisión en esta fase de registro de información implicaría una intervención externa a la entrevista en los datos finales. La transcripción de la interacción verbal permite plasmar lo fundamental de la entrevista sociológica en un texto escrito, en un soporte que facilita el análisis al contrarrestar la evanescencia de la oralidad.
Dependiendo de los objetivos de la investigación, pueden ser muy relevantes también las entonaciones, los énfasis e incluso el lenguaje no verbal. En parte, algunos de estos aspectos pueden ser recuperados en las transcripciones, insertando indicaciones respecto a la tonalidad de la narración, las emociones expresadas, etcétera. Si bien la entrevista no se reduce a la transcripción de lo verbalizado, para los fines de la investigación sociológica por lo general es mucho más lo que se gana que lo que se pierde analizando las transcripciones en vez del registro auditivo o audiovisual de la entrevista. El análisis del registro audiovisual supone una mayor dificultad porque contiene distintos tipos de información y acrecienta el volumen de material a analizar; su eventual incorporación requiere evaluar la pertinencia y la contribución esperada a la investigación.
Una vez que se cuenta con transcripciones, sea la totalidad de testimonios que conforman el material de una investigación, sea las primeras entrevistas que se comienzan a analizar en el marco de la estrategia de muestreo teórico, surge la necesidad de preparar y organizar el material para su análisis. El gran volumen de datos no estandarizados y el carácter flexible de las aproximaciones cualitativas constituyen importantes desafíos para el análisis. ¿Cómo volver manejables cientos de páginas de entrevistas? ¿Por dónde empezar, existiendo tantas vías de entrada posibles? Para preparar el análisis, es necesario disponer la información registrada según algún criterio, organizarla de algún modo que facilite su tratamiento. La elaboración de una grilla es un recurso fundamental para este fin porque permite segmentar los fragmentos textuales de las entrevistas según uno o varios criterios. Lo más habitual es la segmentación por ejes temáticos, de modo tal que para cada entrevista se separan los fragmentos correspondientes a cada gran eje de análisis.
Los ejes temáticos de la grilla se definen en relación con la guía de pautas de entrevista. La guía de pautas, entendida como un guión flexible de la conversación, consiste en un conjunto organizado de temas y subtemas, incluyendo posibles preguntas pero no estandarizadas. Los tópicos principales de la guía de pautas, que han sido elaborados a partir de los interrogantes y objetivos de investigación, serán aproximadamente los mismos que se necesitan para construir el cabezal de la grilla, porque constituyen las pautas que vertebraron las entrevistas efectuadas. En algunos casos, un ítem de la guía de pautas podría ser subdividido en varios ejes temáticos de la grilla, o varios ítems de la guía de pautas confluir en un único eje temático, pero en cualquier caso la relación será estrecha porque se trata de organizar el material producido a partir de ese instrumento de registro. Eventualmente, pueden emerger ejes temáticos no previstos, que pueden agregarse o servir para reorganizar los ejes existentes.
Las transcripciones completas de las entrevistas se vierten en la grilla. Su confección supone el “copiado y pegado” de fragmentos textuales en las correspondientes intersecciones de casos y ejes temáticos. Cada fragmento de entrevista debe asignarse a algún eje, pero un mismo fragmento puede estar en más de un eje, en tanto lo expresado pueda asociarse a más de un significado.
Además, la grilla permite clasificar los casos según las características que se conocen de antemano; es decir, las variables más utilizadas como sexo, edad, nivel educativo, lugar de residencia, etcétera, y aquellas específicas de la composición de la muestra de cada investigación. En una etapa posterior del análisis, las distintas formas de clasificar a los casos pueden resultar de gran utilidad para comparar fácilmente distintos grupos.
Figura 1. Estructura de la grilla
Esta tarea preparatoria constituye también una oportunidad para familiarizarse con el material, mediante lecturas y relecturas de los registros hasta conocerlos en detalle. A medida que se lo lee, también puede ser útil tomar nota de las primeras ideas que el mismo sugiere, en forma de comentarios al margen o memorandos en una hoja aparte. Estas tareas pueden realizarse simultáneamente, leyendo detenidamente las entrevistas completas, ubicando los fragmentos en la grilla y realizando las anotaciones que sean necesarias.
La operación de copiar y pegar todos los fragmentos textuales puede demandar bastante tiempo, pero permite ordenar lo que en las entrevistas aparece de forma desordenada, reuniendo los tramos de la conversación en que se habla sobre una misma cuestión y separando aquellos en que se alude a más de un aspecto de interés en un mismo párrafo u oración. Ordenar los testimonios según temas tratados en la entrevista, constituye la primera tarea analítica. El ordenamiento propuesto es una decisión que compromete y delimita el análisis. No es una tarea mecánica, es producto de la reflexión y el conocimiento teórico del fenómeno en estudio. Dijimos que los ejes están vinculados al instrumento de registro y este se diseña a partir de las variables-conceptos que forman parte del marco conceptual de la investigación. El instrumento de registro es la teoría en acto, por lo tanto, la grilla es la expresión material de la relación entre el campo empírico y la teoría.
Los registros textuales podrán ser comparados entre los casos a través de los ejes temáticos y, a la vez, podrán compararse entre ejes al interior de cada caso. Esta lectura en sentido vertical y horizontal permite efectuar el análisis a partir de una doble comparación. Para ello, veremos en las páginas siguientes cómo el material segmentado en grandes bloques temáticos, será procesado mediante las pautas de codificación y de análisis que propone la Teoría Fundamentada.
2. Conceptualización y clasificación: la codificación abierta
Según el diccionario de la Real Academia Española, codificar es “transformar mediante las reglas de un código la formulación de un mensaje”. De acuerdo a esta definición, se deduce que la codificación en la investigación social supone la transformación de la información relevada en algo distinto. En la investigación cuantitativa, la codificación consiste por lo general en la asignación de un número a cada categoría de respuesta, transformando así la información en símbolos, de acuerdo con alguna categorización definida por el investigador. La codificación cuantitativa, como parte de la etapa de procesamiento, facilita el posterior conteo y tabulación de los datos para su análisis.
En las investigaciones cualitativas, la codificación supone también la asignación de un símbolo o marca indicativa a un segmento del cuerpo de registros, generalmente un fragmento textual. Sin embargo, cuando el propósito es la generación de teoría, como ocurre en la estrategia de la Teoría Fundamentada, las categorías conceptuales son precisamente lo que ha de ser desarrollado en la investigación. Como la codificación requiere de la categorización y las categorías no están predefinidas, sino que se elaboran en el propio análisis, la codificación en las investigaciones cualitativas para generar teoría comienza a modo de prueba y error.
Se comienza trabajando dentro de una columna de la grilla para determinar los conceptos al interior de un eje temático —de la grilla y anteriormente de la guía de entrevista—. El proceso se realizará para cada columna, de a una por vez en esta fase. Cuando se identifica algún fenómeno relevante en los registros textuales, se elabora un concepto provisional que permita referirse a este. El concepto generado tendrá una etiqueta o rótulo, es decir, un código. En adelante, los fragmentos textuales que se juzgue cubiertos por el mismo tipo de significado serán clasificados bajo un mismo código.
El primer paso en el desarrollo de teoría es la conceptualización. Un concepto es un fenómeno al que se le ha puesto una etiqueta. Se trata de una representación abstracta de un acontecimiento, objeto o acción/interacción que un investigador identifica como significativo en los datos. El propósito de denominar a los fenómenos es permitir a los investigadores reunir acontecimientos, sucesos u objetos similares bajo un encabezamiento clasificativo común (Strauss y Corbin, 2002: 112).
A este paso se lo denomina codificación abierta. La codificación abierta supone un examen minucioso y microscópico de los registros, para “abrirlos”, “desmenuzarlos”, “descomponerlos”. Se trata de separar sus elementos desplegando los significados contenidos en un fragmento textual. Para comenzar, una herramienta analítica especialmente útil es el análisis de una palabra, frase u oración. Al leer una primera entrevista o sus primeras páginas, se selecciona una palabra o frase que el analista considere significativa o de interés para su investigación, de modo tal de enfocarse detenidamente en ella.
¿Qué parece significar esa palabra, o qué podría significar? Además, piense en ella solo en sí misma, como si no hubiera leído el resto del párrafo, aunque en realidad eso sea imposible. La idea es que se centre minuciosamente en los datos que tiene frente a sus ojos (Strauss y Corbin, 2002: 66).
En este esfuerzo selectivo y analítico, un recurso útil es hacer una lista de los significados posibles de la expresión para explorar interpretaciones y discernir cuáles son las más adecuadas. Mediante este recurso, lo que dicen los entrevistados puede revelar cierta ambigüedad y polisemia que de otro modo pasaría inadvertida. Este modo de proceder ayuda a romper con los modos corrientes de pensar, con las preconcepciones y con la tendencia a considerar como obvio el significado de lo que se analiza. Al demostrarse que existen otras posibles interpretaciones, se abren los interrogantes, se pone de manifiesto lo presupuesto y se estimula el proceso inductivo. Como recurso complementario, se puede pensar en los significados opuestos o extremos para entender todo el espectro de posibilidades.
La relevancia del análisis palabra por palabra reside en que una palabra es la unidad textual mínima susceptible de ser analizada. Este nivel de minuciosidad es necesario sobre todo al comienzo del proceso, así como para avanzar en los momentos en que se manifieste cierto estancamiento o bloqueo en el análisis y cuando se detecten palabras especialmente significativas. De todos modos, frecuentemente se notará que, en vez de una palabra aislada, tiene más potencialidad analítica codificar una frase u oración, siguiendo el mismo procedimiento de examinar significados.
Además de la codificación palabra por palabra y frase por frase, es de uso muy habitual la codificación párrafo por párrafo. El tipo de material de análisis y los objetivos de la indagación orientan qué extensión han de tener los segmentos textuales codificados. En cualquier caso, resulta conveniente mantener una actitud flexible y atenta para que la codificación sea tan detallada como sea necesario. Por ejemplo, si se codifica por párrafos, resulta aconsejable detectar aquellos que por condensar frases y palabras significativas requieran una codificación adicional en su interior.
Este microanálisis de palabras, frases y/o párrafos permite comenzar a desarrollar conceptos. Mediante la comparación de fenómenos con características similares, se proponen los primeros conceptos, marcando los fragmentos textuales a los que se les asignan. Una vez que se dispone de un concepto que reúne determinado tipo de fenómeno, es necesario tomar nota de las características que provisionalmente definen al concepto y cómo se decide qué fenómenos incluir en este.
Para codificar bajo el mismo concepto a nuevos fenómenos que aparezcan en los fragmentos textuales, se requiere comparar los fenómenos anteriormente clasificados con los nuevos. Al efectuar esta comparación, pueden presentarse distintas situaciones: a) el código puede resultar adecuado, b) puede ser necesario crear un nuevo código, c) o bien puede ser conveniente redefinir un concepto; por ejemplo, ampliando el tipo de fenómenos que abarca en vista de nuevas características que no habían sido tomadas en cuenta. Por este motivo es que la codificación abierta se realiza mediante prueba y error, puesto que no hay un conjunto de categorías previas, sino que las mismas se crean como propuestas provisorias y se afinan en un proceso recursivo de sucesivas rectificaciones.
Para denominar o rotular, ha de tomarse en cuenta el contexto, la situación y las condiciones referidas a la clase de fenómenos que se codifican. El código puede corresponder a conceptos ya desarrollados en el cuerpo de conocimientos acumulados en una temática. Pero lo más interesante si se busca generar teoría, son los códigos creados a partir del conjunto de información específica que se está analizando. Las etiquetas para los nuevos conceptos que se elaboran son creadas por el investigador según la imagen o significado que evocan. En algunos casos, incluso pueden crearse códigos in vivo cuando las propias palabras de los entrevistados son las que mejor expresan los fenómenos en cuestión. Los códigos in vivo son las denominaciones que han sido extraídas del lenguaje de los entrevistados o sujetos de estudio, quienes utilizan en su vida cotidiana alguna palabra o frase para designar un fenómeno, una conducta, un tipo de actor social, etcétera. Lo que se toma de los entrevistados es el nombre del fenómeno y el sentido general, pero la definición y precisión conceptual como siempre debe producirlas el investigador.
En términos operativos, la codificación abierta supone por lo menos dos tipos de acciones. Por un lado, las marcas de los fragmentos textuales con su correspondiente código en los márgenes. Por ejemplo, se podría señalar entre corchetes o resaltar en distintos colores los fragmentos correspondientes a cada código o, si se usa un programa para el análisis cualitativo como Atlas.ti o QDA, se selecciona el fragmento y se lo vincula al código para visualizarlo al margen del fragmento seleccionado. En cualquier caso, lo importante es que la pieza de texto quede claramente delimitada, cuidando que contenga la extensión suficiente para que sea comprensible el contexto y se le asigne el código que corresponda. Un mismo fragmento puede ser clasificado en varios códigos a la vez. Luego de la creación de cierta cantidad de códigos adecuados, los mismos tenderán a estabilizarse y no serán necesarias tantas modificaciones en las definiciones y en los códigos mismos. A medida que avanza el análisis, la tarea se agiliza porque se tienden a asignar códigos ya creados más que a crear nuevos.
La segunda tarea que debe realizarse en simultáneo a la codificación son las anotaciones de distinto tipo. Un tipo de nota imprescindible son las aclaraciones sobre cada código. Una etiqueta puede parecer lo suficientemente clara y descriptiva en el momento de crearla, pero en el futuro puede no ser tan evidente. Por este motivo, para cada código es necesario consignar su definición (aunque sea provisional), aclaraciones respecto a cuándo debe usarse y cuándo no, y ejemplos de uso, con el fin de mantener la homogeneidad del significado a lo largo del análisis. Si hay varias personas codificando, es más importante aún poner por escrito las definiciones para garantizar criterios comunes. Cuando se modifica la definición de un concepto, es necesario que dicha modificación sea registrada en estas anotaciones o manual de códigos.
Otro tipo de anotación que se necesita hacer además de la relativa a la codificación son los memorandos. Un memorando es un recordatorio de una idea que surge en el análisis y que se piensa que puede ser necesaria más adelante. Por ejemplo, una aclaración sobre ciertos datos, alguna interpretación o una posible hipótesis podrían dejarse por escrito para retomar luego el trabajo. También preguntas o instrucciones para el relevamiento adicional de información pueden ser anotadas en memorandos. En la investigación cualitativa las notas del investigador tienen una gran importancia, la tienen como notas de campo —cómo se llegó a concretar la entrevista, cómo fue el clima de la entrevista, dónde se realizó, etcétera— y, también, como notas del procesamiento y análisis. El análisis profundo y detallado de tantos aspectos no permite confiar en la memoria como para hacer innecesario anotar. Todo lo que no se anote no tiene la garantía de que será recordado luego, por lo tanto la tarea no debería posponerse. Además, esas notas pueden contribuir en el momento de la escritura del artículo, de la ponencia o del informe otorgando mayor significación a las conclusiones. Son una contribución complementaria al proceso analítico. Aunque la escritura de memorandos ralentice la codificación, constituye un avance en el proceso analítico en sí mismo. Las notas pueden ser síntesis, ideas fructíferas, hipótesis emergentes, etcétera que contengan nexos entre los datos y la teoría, que podrían resultar claves cuando sea el momento de elaboración de las conclusiones.
Lo ideal es manejar de manera ordenada los memorandos, clasificándolos según su tipo (por ejemplo, si están vinculados a fragmentos textuales, la referencia correspondiente; si son anotaciones teóricas, los conceptos que se trabajan, etcétera), de modo tal de poder luego recuperarlos con facilidad.
A medida que progresa la codificación y el análisis, el investigador cuenta con una cantidad creciente de conceptos. El paso siguiente es agruparlos en categorías. Una categoría es también un concepto, pero que tiene mayor nivel de abstracción y capacidad explicativa de los fenómenos. Un concepto propuesto inicialmente como uno más entre otros puede revelar su centralidad al resultar adecuado para describir genéricamente lo que sucede, por lo cual merece el estatuto de categoría. También puede ocurrir que un conjunto de conceptos acumulados estén emparentados entre sí, pero que ninguno de ellos tenga un alcance que permita comprenderlos a todos, haciendo necesario elaborar una nueva categoría para referir a dicha familia de conceptos. Una categoría puede entonces denominarse a partir de un concepto, o por lo que tienen en común varios, así como también a partir de códigos in vivo o la literatura sobre la temática. Strauss y Corbin (2002, pp. 128 y 136) ejemplifican que a partir de los conceptos de “experimentar con drogas” y “límites” surgidos de las palabras de algunos entrevistados, acuñan la categoría de “experimentación limitada” para referir a la acción de probar drogas de manera ocasional y restringiendo su uso a las sustancias menos potentes.
Cuando se define una categoría, es necesario comenzar a clarificar sus relaciones con los otros conceptos. Cada categoría tendrá una serie de propiedades que la describen, atributos que la especifican mediante definiciones de sus características particulares. Por ejemplo, la categoría “experimentación limitada” tendrá propiedades tales como la frecuencia de uso, el tipo de drogas, la facilidad de acceso y la situación social donde se consume. De este modo, los conceptos elaborados comienzan a ordenarse, pues no todos están en el mismo plano: mientras algunos revisten importancia por sí mismos para el propósito teórico, otros sirven como características que los definen y les dan significado.
Cada propiedad o atributo de una categoría varía, constituyendo un continuo dimensional. Las dimensiones son las diferentes manifestaciones o variaciones de la propiedad en un continuo o rango. Por ejemplo, la propiedad “frecuencia de uso” varía según cuán a menudo se consuman drogas y solo la dimensión “ocasional” corresponderá a la categoría experimentación limitada. Lo mismo ocurre con el resto de las propiedades y dimensiones, que dan precisión a la categoría y permiten formular patrones y sus variaciones. La experimentación limitada supone, además de la frecuencia ocasional, un tipo de droga no muy peligrosa, a la que se accede con facilidad y es consumida en situaciones sociales como fiestas. La conexión entre categoría, propiedad y dimensión es una conexión que especifica el significado de la categoría, a la vez que posibilita el encuentro entre la categoría y el observable mediante un desarrollo inductivo de gran contribución teórica, en la medida que la categoría termina otorgándole significado al fenómeno y, por lo tanto, produciendo el dato.
A medida que se elaboran las categorías, los conceptos previos se vinculan, se ordenan y permiten orientar la codificación a la búsqueda de variantes en los registros disponibles. Siguiendo con el ejemplo, si se encuentra que algunos entrevistados consumen sustancias más peligrosas, con mayor asiduidad, en el ámbito doméstico y habiéndose ocupado previamente de conseguirlas, se podría identificar otro patrón de uso de drogas, designado con una nueva categoría como “uso abundante”. También podría ocurrir que al examinar nuevos registros, estos no encajen en las categorías ya elaboradas, por presentar propiedades de otro tipo o combinaciones no previstas. En esta situación, puede ser necesario reordenar los conceptos y redefinir las categorías para que se ajusten y funcionen con dichos registros. A medida que progresa el análisis, las comparaciones entre los registros y las propiedades de las categorías permiten afinar una y otra vez los conceptos. Cuando las modificaciones necesarias se tornan menores y menos relevantes, las categorías conceptuales se están solidificando.
Sintetizando lo dicho hasta aquí, la tarea de codificación abierta consiste entonces en discernir detenidamente el espectro de significados potenciales de lo que dicen los entrevistados, la búsqueda de las denominaciones más adecuadas para conceptualizar los fenómenos a los que refieren y la clasificación de los fragmentos textuales mediante la asignación de códigos. Cuando ya se cuenta con varios conceptos acumulados, es necesario comenzar a “acomodarlos”, elaborando categorías que agrupan determinados conceptos y tienen cierto poder explicativo de los fenómenos a los que aluden. Cada categoría requiere una especificación de sus propiedades, que varían en dimensiones. Las combinaciones de propiedades alineadas en dimensiones darán significado a la categoría construida a partir de los registros.
La gran contribución de la codificación abierta consiste, en primer lugar, en otorgar significado, conceptualizar los hechos registrados como palabras y, en segundo lugar, en comenzar a ordenar estos hechos mediante categorías conceptualmente construidas. Ese orden es absolutamente teórico y dará lugar al proceso teórico y de producción de datos que continúa con la codificación axial.
3. Vinculación de categorías: la codificación axial
La codificación abierta supone “descomponer” la información para conceptualizar los fenómenos, asignándoles nombres que los representen. La codificación axial supone comenzar a reagrupar lo que fue separado en la codificación abierta. Si el producto fundamental de la codificación abierta son las categorías elaboradas, la codificación axial consiste fundamentalmente en poner en relación dichas categorías. La codificación abierta y la codificación axial no necesariamente son pasos secuenciales, sino operaciones que pueden superponerse en la actividad analítica concreta. Suponiendo una situación extrema en que la codificación axial comience una vez concluida la codificación abierta, lo que se tendría es un listado de categorías y conceptos asociados a los fragmentos textuales a partir de los que fueron elaborados. La tarea entonces sería articular estos conceptos, asignarles una lugar en función de qué papel tienen para la teoría que se pretende generar. La codificación axial pretende sintetizar el proceso analítico iniciado con la codificación abierta.
La codificación axial es un momento en que el trabajo tiende a pasar del nivel textual al nivel conceptual. Si bien se continúa trabajando con los registros, la tarea principal es la puesta en relación de las categorías construidas, organizándolas en una densa trama de relaciones conceptuales. En el trabajo con la grilla, las relaciones conceptuales pueden establecerse al interior de cada columna (dentro de un tema) o entre columnas (vinculando dimensiones temáticas).
Esta codificación se denomina axial porque se efectúa alrededor de ciertos ejes. Aquellas categorías que se consideran más significativas para la teoría en construcción requieren ser desarrolladas en profundidad, convirtiéndose en ejes de relaciones con otras categorías. Cada categoría-eje se relaciona con una serie de subcategorías.
Las subcategorías especifican la categoría-eje al denotar información acerca de cuándo, dónde, por qué, con qué consecuencias y cómo es posible que tenga lugar el fenómeno representado en la categoría. Las subcategorías se comportan como categorías, con sus respectivas propiedades y dimensiones, pero al analizar se ha decidido subordinarlas a una categoría por servir para su especificación. La decisión acerca de las subcategorías es estratégica, en tanto dependen de la complejidad teórica de las categorías y, por lo tanto, contribuyen al fortalecimiento del análisis.
Por ejemplo, la categoría “experimentación limitada” en el uso de drogas de los adolescentes podría vincularse con subcategorías como “deseo de probar algo novedoso”, “desafío a los adultos” y “facilidad de acceso”. La tarea principal en esta fase consistirá en establecer cómo se vinculan los conceptos, a partir de hipótesis. Cabe aclarar que no hay nada intrínseco en un concepto que lo vuelva una categoría, una subcategoría o una propiedad. En definitiva, no es esto lo importante, sino las relaciones que se establecen entre los conceptos. Uno de los pilares que sostiene a este método es el de conectar los conceptos como condición necesaria para la producción de teoría. Son las hipótesis las que hacen que algunos conceptos revistan suficiente centralidad como para ser considerados categorías teóricas y que otros funcionen como subcategorías, propiedades o dimensiones. La terminología metodológica sirve como orientación para comprender que los conceptos tienen distinto lugar y jerarquía en la trama de relaciones de la teoría en construcción.
Las hipótesis se elaboran abstrayendo y conceptualizando, en un proceso en el que intervienen tanto la inducción a partir de la información empírica como la deducción desde el conocimiento previo que se expresa en las interpretaciones. Estas interpretaciones deben ser validadas y reelaboradas mediante la continua comparación con la información que se ha obtenido en el campo empírico. El eventual descubrimiento de contradicciones debe llevar a reexaminar más profundamente el procedimiento seguido y/o buscar variaciones en las categorías, para afinar o modificar los conceptos e hipótesis. Cabe resaltar que las hipótesis no emergen espontáneamente de los registros. Aunque las palabras de los entrevistados sean las mismas, podrían ser codificadas y conceptualizadas de distintos modos igualmente válidos. A partir de un mismo conjunto de registros, distintos investigadores podrían elaborar distintas tramas conceptuales, distintos conjuntos de hipótesis. A pesar de que no exista una única forma para observar y organizar conceptualmente la realidad, esta no se deja organizar de cualquier manera. Una vez formulada una hipótesis, debe confrontársela nuevamente con los registros para examinar si funciona bien para dar cuenta de lo que ocurre, controlando que la información registrada no quede forzada en las categorías.
Para establecer cómo se vinculan las categorías, puede ser útil identificar las condiciones, las acciones e interacciones y las consecuencias de un fenómeno. Formularse preguntas sobre qué ocurre, cómo, etcétera, facilita la contextualización de los fenómenos y con ello el descubrimiento de relaciones entre categorías. Strauss y Corbin proponen pensarlo en términos de estructura y proceso. El proceso está constituido por los fenómenos que se busca explicar desde un enfoque que presta especial atención a la dimensión temporal y dinámica de las acciones e interacciones. La estructura son las condiciones que establecen el escenario en que puede tener lugar determinado proceso. El desafío es que estructura y proceso se integren para comprender por qué, cómo y con qué resultados ocurren los fenómenos.
Siguiendo con el ejemplo que proporcionan Strauss y Corbin, se puede observar cómo es posible formular varias hipótesis vinculando las categorías construidas a partir de los registros. Las condiciones que hacen más probable la “experimentación limitada” con drogas son el “fácil acceso” y la “presión del grupo”. Las motivaciones más importantes de los adolescentes suelen ser “el deseo de probar algo novedoso” y “la voluntad de desafiar la posición negativa de los adultos”. Las acciones como “hablar sobre drogas” permiten “obtener información sobre las experiencias de otros”. Como consecuencia de la “experimentación limitada”, los adolescentes pueden “adquirir conocimiento de primera mano” y lograr la “aceptación del grupo”. De acuerdo a “distintos tipos de experiencias”, los adolescentes conformarán su “actitud hacia las drogas” y su “predisposición a volver a consumir”.
Para establecer y refinar los vínculos entre conceptos, pueden ser de gran ayuda los memorandos y diagramas. La revisión de los memorandos elaborados a lo largo de la investigación puede resultar especialmente útil en esta etapa para recuperar las intuiciones y conjeturas sobre los fenómenos y formalizarlas como hipótesis. Para clarificar los vínculos entre conceptos, los diagramas constituyen un recurso simple pero muy valioso. Un diagrama es una representación gráfica de las relaciones entre las diferentes partes de un todo. Existen numerosos tipos de diagrama y la elección del más adecuado depende de la naturaleza de los fenómenos a representar; por ejemplo, un proceso con varias etapas puede plasmarse en un diagrama de flujo. En casi todos los casos, las relaciones entre conceptos pueden ser adecuadamente representadas mediante mapas conceptuales, que ayuden a visualizar, clarificar y resumir las hipótesis que se elaboran.
En la investigación sobre las experiencias de la enfermedad en personas con HIV y Hepatitis C, de Jones, Manzelli y Pecheny (2007), una categoría-eje en torno a la cual se proponen varias hipótesis es “contexto del diagnóstico”, que abarca propiedades tales como las circunstancias en que tomaron conocimiento, las primeras reacciones, el momento, la previsibilidad, el impacto y los pasos inmediatos ante el diagnóstico. A partir de la codificación de las entrevistas, los autores formularon varias hipótesis entrelazadas. Con fines didácticos, las hemos extraído y plasmado en un diagrama que se presenta a continuación.
- Las “primeras reacciones” aparecen claramente diferenciadas según el “tipo de infección” del entrevistado (por ejemplo, la idea de muerte predomina en los diagnosticados con HIV), están teñidas por la “previsibilidad de la infección” y tienen fuerte influencia en el “impacto del diagnóstico en la vida”.
- El “impacto del diagnóstico” varía según el “momento de la vida” en que se conozca y el “tipo de infección” (por ejemplo, el quiebre biográfico en los diagnosticados con Hepatitis C solo se produce al tomar conciencia de lo que significa la infección).
- La “forma en que se contrajo la infección” se vincula con el “grado de previsibilidad” de la misma según la percepción de los entrevistados. Los usuarios de drogas inyectables percibían como algo probable contraer la enfermedad, a diferencia de los que no lo eran.
- La “previsibilidad” se relaciona con “el impacto en la vida”. Para quienes el diagnóstico era inesperado, este significó un descalabro en sus vidas, mientras que los que lo veían probable tendieron a tomarlo como una consecuencia de su estilo de vida.
En el siguiente diagrama conceptual se presentan las relaciones entre propiedades de la categoría “contexto del diagnóstico” (en azul) entre sí y con otras categorías (en verde). Se presentan entre paréntesis algunas dimensiones en que pueden variar los conceptos.

4. Análisis de la grilla por ejes temáticos y por casos
La codificación en sentido amplio comprende los procedimientos de conceptualización, reducción, elaboración y vinculación de los datos (Strauss y Corbin, 2002, p.13). Así entendida, constituye el centro de la fase de producción y análisis de los datos, pero el análisis no se reduce a la codificación. Cuando ya se han efectuado los distintos tipos de codificación, se cuenta con un esquema conceptual que es una elaboración teórica de los fenómenos expresados en el material de análisis. Si al comienzo se dispone de un conjunto de transcripciones de entrevistas con una extensión de cientos de páginas, al culminar la codificación se cuenta con algunas categorías principales (se hará referencia más extensa a ellas en el apartado final) que condensan conceptualmente lo esencial de todos esos datos. Entre un extremo y otro, se ha construido toda una trama de conceptos que constituyen mediaciones entre la multiplicidad de fenómenos singulares y la síntesis teórica que permite aprehender esa complejidad al simplificarla. El paso siguiente es pasar de la codificación —que conlleva tareas de análisis al interior del mismo procedimiento— al análisis, implementado, en esta instancia, de modo exclusivo. Si se han codificado los registros, elaborado categorías y vinculado, se cuenta con hipótesis en distintos grados de elaboración. Entonces es el momento de refinarlas y ampliarlas, así como de controlar exhaustivamente que se ajusten a los datos. Para ello, es necesario volver a la grilla para analizar los ejes temáticos y los casos.
En primer lugar, es posible realizar un análisis de cada eje temático de la grilla. La relectura de todos los fragmentos de entrevistas donde se refiere a un determinado aspecto del fenómeno estudiado permite asegurarse de que ninguna información pueda ser pasada por alto. Este análisis temático debe estar orientado especialmente para dar cumplimiento a los objetivos específicos de la investigación. Como ya se cuenta con un esquema teórico, se facilita la descripción y la explicación de lo que ocurre, la identificación de procesos, aspectos y variaciones, de manera exhaustiva y sistemática. Puede hacerse una síntesis de recurrencias y divergencias para cada eje temático, distinguiendo así el núcleo común a todos los casos de las variantes que conforman distintos tipos.
El análisis temático eje por eje de la grilla permite desarrollar la teoría y a la vez también controlarla. Como el esquema teórico tiende a reducir la complejidad de la realidad para hacerla aprehensible, en ocasiones puede detectarse que algunas categorías resultan demasiado rígidas para comprender la diversidad de fenómenos. Cuando aparezcan registros para los que no resultan adecuados los conceptos elaborados, se deben realizar las modificaciones necesarias en el esquema teórico. El análisis temático es una oportunidad para cotejar el esquema teórico con los datos, evaluar su funcionamiento, subsanar omisiones y afinar detalles. Todo esto implica validar el esquema teórico, al usarlo y ponerlo a prueba con los propios registros empíricos desde los cuales se generó.
Si se detectan contradicciones o casos negativos, es necesario reformular las hipótesis o proponer otras capaces de dar cuenta de los fenómenos registrados. Por ejemplo, en un estudio sobre las instituciones psiquiátricas, Taylor y Bogdan (1987) codificaron muchas expresiones del personal que los condujeron al hallazgo de que los trabajadores subestimaban la inteligencia y las capacidades de los internados. Al revisar los datos, encuentran una contradicción: un trabajador dice que los enfermos mentales son “tontos como un zorro”, sugiriendo que en realidad eran más inteligentes de lo que aparentaban. Los investigadores no desecharon la hipótesis, pero profundizaron la indagación sobre el significado de este tipo de expresiones, teniendo presente la contradicción. Finalmente, descubrieron que el personal tendía a referirse a los internados como más astutos de lo que parecían en los contextos en que querían responsabilizarlos de sus conductas para justificar castigos. Este ejemplo pone de manifiesto cómo las contradicciones o casos negativos pueden servir para desarrollar y refinar las hipótesis, poniendo ciertas condiciones bajo las cuales tienen lugar los fenómenos conceptualizados o incorporando nuevos conceptos y relaciones que completan la teoría emergente.
Realizado el análisis temático, un análisis de la grilla por entrevistas permite efectuar ciertos controles adicionales según tipos de casos. Las variables incorporadas en la grilla, como sexo, edad, clase social, y todas aquellas específicas —o variables de base— de la investigación definen distintos subgrupos en la muestra. Estas variables son incorporadas a partir de un conjunto de hipótesis que suponen para ellas un rol descriptivo o explicativo de las categorías construidas a lo largo del análisis de los ejes temáticos. Desde una perspectiva más formal, podríamos decir que se trata de variables independientes. Independientemente de la denominación que utilicemos, estamos ante un conjunto de conceptos, de carácter clasificatorio de las entrevistas, que suponen interpretar las categorías construidas. En otras palabras, agregan significación teórica al fenómeno estudiado.
En este momento, es posible controlar si las regularidades y patrones encontrados parecen guardar alguna relación con los distintos grupos o segmentos de casos. Por ejemplo, podría hallarse que el “uso abundante” de drogas se manifiesta en los varones, mientras que la “experimentación limitada” ocurre tanto en varones como en mujeres. En la investigación sobre experiencias de la enfermedad, muchas de las propiedades de la categoría “contexto del diagnóstico” diferían entre el grupo de infectados con HIV y el grupo con Hepatitis C. En estos ejemplos, la comparación entre subgrupos de la muestra permite establecer condiciones bajo las cuales tienen lugar los procesos analizados y diferencias en las formas que asumen los mismos según las características de los grupos. Si bien algunas relaciones requieren estudios cuantitativos para su corroboración, es relevante encontrarlas cuando se manifiestan en los datos disponibles, porque contribuyen a describir mejor la población estudiada y a apreciar los posibles efectos de ciertas variables en los fenómenos conceptualizados. La elaboración teórica se puede enriquecer con estas regularidades, sobre todo cuando el conocimiento acumulado en la temática apoya su existencia, por ejemplo, en hallazgos cuantitativos previos.
La lectura de la grilla caso por caso permite analizar cómo se relacionan los distintos ejes temáticos en cada caso y cómo se manifiesta una combinación singular de características en la historia individual. Una pregunta que puede guiar este análisis es si los fenómenos y procesos que exhibe un caso concreto están adecuadamente contemplados en la teoría. Este modo de analizar permite evaluar los datos producidos, interpretándolos en el contexto de las entrevistas realizadas, re-contextualizando en los actores concretos los conceptos que se construyeron para explicar sus prácticas y representaciones.
5. Fase de síntesis
Para culminar el proceso de investigación, es necesaria la síntesis y reagrupamiento de lo analizado. Se trata de “ensamblar de nuevo los elementos diferenciados en el proceso analítico para reconstruir un todo estructurado y significativo” (Rodríguez Gómez et al., 1996: 213). Las respuestas a los interrogantes de investigación deben ser presentadas como resultados, sistematizadas como conclusiones y relacionadas con el estado de conocimiento acumulado en la temática.
Esta fase sintética requiere efectuar lo que Strauss y Corbin denominaron codificación selectiva, la cual está enfocada en resolver y completar el esquema teórico, seleccionando las categorías principales. En esta etapa, la actividad se orienta a la integración y el refinamiento de las categorías más significativas para formar una teoría. Los fenómenos estudiados deben poder presentarse conceptualmente como un conjunto de afirmaciones interrelacionadas que explican lo que ocurre. Esta integración será óptima cuando pueda efectuarse a partir de una categoría central o medular, que en cierto modo condense el resto del análisis. Una categoría central tiene poder analítico y capacidad de reunir las categorías para formar un todo.
Para hacer la integración puede ser útil escribir una síntesis descriptiva de lo que ocurre —la historia que está detrás del fenómeno abordado en los casos estudiados— buscando un sentido general. Luego, se puede reescribir esta historia utilizando las categorías elaboradas, de modo tal de construir y refinar los vínculos entre los conceptos. El uso de diagramas conceptuales integradores y matrices sintéticas también son útiles en esta etapa para organizar las relaciones entre conceptos y controlar la consistencia lógica de las relaciones. Los diagramas integradores constituyen representaciones muy abstractas de los datos y se centran solo en las categorías más relevantes. Las matrices sintéticas podrían tener una estructura similar a la grilla, pero en su interior, en vez de colocarse fragmentos textuales, habría conceptos que resumen los datos en cada eje analítico y grupo de casos.
El refinamiento de la teoría implica revisar el esquema conceptual elaborado para controlar la consistencia interna y detectar posibles brechas en la lógica. La categoría central y el resto de las categorías principales deben estar correctamente desarrolladas y definidas en sus propiedades y dimensiones. Cuando se encuentra que alguna de las categorías importantes está insuficientemente desarrollada, es necesario volver a los registros textuales a codificar lo que se requiera completar. El criterio de saturación teórica de las categorías es el que define cuándo el trabajo debería finalizar. Alcanzar la saturación implica que las categorías principales están suficientemente desarrolladas en sus propiedades y dimensiones, y que se han establecido los vínculos formando una teoría integrada, con capacidad explicativa de las variaciones en los datos, sin brechas ni excepciones inexplicables.
Las conclusiones deben sintetizar el nuevo conocimiento adquirido en relación al problema de investigación y contextualizar los resultados alcanzados con el conocimiento acumulado en otros estudios. La vinculación de los aportes específicos de la investigación con otras teorías permite integrar los resultados e interpretarlos en marcos más amplios, evaluar si los resultados pueden tener un alcance más general y generar nuevos interrogantes para futuras investigaciones.










