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Institución, acontecimiento
y matriz simbólica[1]

Graciela Ralón[2]

Resumen

El trabajo se propone, en primer lugar, caracterizar la reinterpretación de la conciencia a la luz del fenómeno de la expresión y del movimiento de institución. En segundo lugar, se trata de esclarecer en qué medida los acontecimientos retoman y transforman el campo abierto por los nuevos acontecimientos y ponen de manifiesto la historicidad que acontece en toda institución de sentido. Finalmente, la manera como Merleau-Ponty interpreta la institución pictórica servirá como modelo para ilustrar ese campo, en el que confluyen lo instituyente (acto o acontecimiento de instituir) y lo instituido (en donde se deposita lo adquirido por los diferentes tipos de institución).

   

Palabras clave: conciencia; expresión; institución; acontecimiento; Merleau-Ponty.

Abstract

The goal of this chapter is to characterize the reinterpretation of consciousness in light of the phenomenon of expression and the movement of “institution” (Stiftung). It also attempts to clarify to what extent events take over and transform the field opened by new events and lay open the historicity that takes place in every institution of meaning. Finally, Merleau-Ponty’s interpretation of the pictorial institution will serve as a model to illustrate the aforementioned field, in which what institutes (the act or instituting event) converges with what is instituted (wherein the acquisitions of different types of institution are deposited).

   

Key words: consciousness; expression; institution; event; Merleau-Ponty.

§ 1. Introducción

En las Notas al curso de 1954-1955 –titulado “La institución en la historia personal y pública”–, dedicadas a explicitar la noción de “institución” (Stiftung) en el orden de la vida, del sentimiento, de la pintura y del saber exacto, aparece una serie de matices que enriquecen y ayudan a profundizar el alcance de esta idea. Es importante no perder de vista que la noción de “institución”, por una parte, pone de manifiesto la presencia de nudos o emblemas de sentido y, por otra, hace visible una dimensión temporal peculiar, esto es, una duración que no se inmoviliza en sí misma, sino que se continúa en la medida en que es retomada y que perdura en el tiempo en la medida en que se pluraliza. Más precisamente, la institución de un sentido no debe ser comprendida como un acto puntual; por el contrario, con cada institución se pone en marcha un movimiento por el cual la fecundidad indefinida del tiempo y la fecundidad de las operaciones de la cultura abren una tradición que, con posterioridad a su aparición histórica, continúa siendo válida y exige, más allá de sí misma, otras y las mismas operaciones. Este aspecto nos obligará a considerar conjuntamente en la noción de “institución” su aspecto instituyente, proveniente de los acontecimientos que reactivan el campo, y su aspecto instituido, que, como campo de retomas y transformaciones, hace posible ver por debajo de toda institución la presencia de un λóγος latente o lógica de la institución.

Sobre la base de estos supuestos, en primer lugar, caracterizaré la reinterpretación de la conciencia a la luz del fenómeno de la expresión y del movimiento de institución. En segundo lugar, esclareceré en qué medida los acontecimientos retoman y transforman el campo abierto por los nuevos acontecimientos y ponen de manifiesto la historicidad que acontece en toda institución de sentido. En otras palabras, un acontecimiento contingente se integra en una tradición ya instituida en la medida en que la asume, la modifica y hace surgir una nueva configuración de sentido. La manera como Merleau-Ponty interpreta la institución pictórica servirá como modelo para ilustrar ese campo donde “una forma preñada de contingencia abre a menudo un ciclo de porvenir, y lo dirige con la autoridad de lo instituido” (1960: 199)[3].

§ 2. La reinterpretación de la conciencia

Es conveniente tener presente que los análisis acerca de la institución se encuadran en un proyecto de reinterpretación de la noción de “conciencia” que conduce a una comprensión diacrítica del campo de experiencia. En las Notas al curso titulado “El mundo sensible y el mundo de la expresión”, que oficia de preludio al de la institución, Merleau-Ponty ofrece las claves para esta reinterpretación. En primer lugar, se trata de abandonar la idea de percepción como percepción de un objeto aislado –esto es, “como forma canónica de nuestras relaciones con el mundo”, la de función de la conciencia como acto de donación de sentido (Sinngebung), y la del conocimiento interpretado en términos de materia-forma (Merleau-Ponty, 2011: 45-46). En contraposición a esto, la noción de “campo” reemplaza la de la cosa percibida, se prioriza la noción de “síntesis pasiva” frente a la de “conciencia constituyente”, y, finalmente, la noción de Gestalt –en oposición a la de “materia-forma”– pone de manifiesto que las configuraciones del campo perceptivo son “totalidades articuladas por ciertas líneas de fuerza, y donde todo fenómeno recibe de ella su valor local” (Merleau-Ponty, 1960: 146). En las Notas al curso “El mundo sensible y la expresión”, Merleau-Ponty afirma que

la conciencia perceptiva consiste con frecuencia en la desviación o diferencia [écart] por relación a un nivel y esa desviación es el sentido que es configuración, estructura. Como tal el sentido es menos poseído que practicado, quizás no se lo puede definir, pero se vive todo hecho aberrante aberrant como desviación por relación con ese nivel (2011: 50).

A continuación, aclara que el nivel debe ser comprendido como una actividad tipo, esto es, como “el marco universal de una acción en el mundo” (Merleau-Ponty, 2011: 50). Es precisamente sobre ese marco o esa dimensión sobre lo que se opera lo que Merleau-Ponty llama una “deformación coherente” que instituye, a partir de lo instituido, una nueva significación. Asimismo, la noción de “estilo” ligada a la dimensión o el nivel pone de manifiesto de qué manera ciertos elementos del mundo –como, por ejemplo, el agua o la montaña para el pintor– adquieren valor de dimensiones de acuerdo con las cuales se interpretará todo el resto. La noción de “nivel”, “norma” o “dimensión” y la comprensión diacrítica del sentido instaurado en el campo se desplazan hacia la comprensión de la institución. Desde la misma perspectiva, podemos leer en las Notas sobre la institución que a través de ella se opera

el establecimiento de un sistema de distribución de valores o de significaciones, sistema que es practicado como el sistema fonemático de una lengua (principios de discriminación), pero que no es adquirido nocionalmente, porque lo nocional es siempre positivo y lo diacrítico es más profundo (Merleau-Ponty, 2012: 31 [60]).

Ahora bien, descrita la institución como un sistema diacrítico, es importante señalar que este sistema de distribución no es un sistema cerrado en sí mismo –esto es, un sistema positivo–, sino que reanima y retoma un movimiento en el que se entrelazan lo instituido y lo instituyente. Describiremos estas dos vertientes desde la noción de “matriz simbólica”, que Merleau-Ponty interpreta como “sedimentación secundaria de la vida perceptiva” (2003: 213), y desde la noción de “acontecimiento”, como aquello que le otorga a la experiencia “una dimensión durable” en relación con la cual otras experiencias tendrán sentido. En síntesis, el sujeto situado en un campo dinámico e intersubjetivo es interpelado a continuar, porque, a diferencia de las cosas naturales, las creaciones culturales no poseen la misma solidez, sino que, por el contrario, “cada mañana, tras la ruptura de la noche, hay que volver a establecer un contacto con ellas; siguen siendo impalpables, flotan en el aire de la ciudad, pero el campo no las contiene” (Merleau-Ponty, 1969: 94).

§ 3. La institución como matriz simbólica

En las Notas al curso sobre la institución, Merleau-Ponty afirma que la “institución en sentido fuerte [es] esta matriz simbólica que permite que haya apertura de un campo, de un futuro según dimensiones, de ahí la posibilidad de una aventura común y de una historia” (2012: 15 [45]). De acuerdo con ello, es relevante destacar que, a partir de los cursos en el Colegio de Francia, la noción de “matriz simbólica” comienza a adquirir un peso decisivo para la interpretación tanto de los fenómenos artísticos como de los históricos, hasta llegar a ser interpretada, en los cursos sobre La pasividad, como inconsciente perceptivo. La noción de “matriz simbólica”, al igual que la de “institución”, puede ser caracterizada como principio de productividad; más precisamente, como “productividad póstuma” (Merleau-Ponty, 2012: 5 [35]). Esto significa que se puede reconocer en ella una “eternidad existencial”. Lo que hace de la obra de arte, por ejemplo, “un órgano del espíritu” es que

ella contiene, más que ideas, matrices de ideas, que nos proporciona emblemas de los que nosotros no hemos nunca terminado de desarrollar el sentido, que justamente, puesto que se instala y nos instala en un mundo del que nosotros no tenemos la clave, nos enseña a ver y finalmente nos da que pensar como ninguna obra analítica puede hacerlo (Merleau-Ponty, 1969: 126-127).

Lo que aquí se pone de manifiesto es que las obras, al operar como matrices simbólicas, condensan un sentido y convocan a nuevas creaciones, esto es, solicitan renovadas instituciones de sentido. Merleau-Ponty aclara que el sentido queda depositado, pero no como un objeto en el guardarropa, como un simple resto o residuo, sino que “es depositado […] como para ser continuado […] sin que esta continuación sea determinada” (2012: 8 [38]).

Esto significa que lo instituido se modifica, pero esta modificación proviene de un llamado de su institución (Stiftung). Por otra parte, en el primer capítulo de Las aventuras de la dialéctica, dedicado a la interpretación de las “afinidades electivas” en el pensamiento de Max Weber, Merleau-Ponty advierte que la racionalización por la que se define el capitalismo constituye una estructura fecunda o matriz simbólica que puede ser leída en el arte, la política o la economía de Occidente. Al referirse a la interpretación que Weber realiza del racionalismo moderno, Merleau-Ponty afirma que el

pluralismo, que parece prohibir toda interpretación unificadora de la historia, prueba, por el contrario, la solidaridad del orden económico, del orden político, del orden jurídico, del orden moral o religioso, a partir del momento mismo en que el hecho económico es tratado como la elección de una relación con los hombres y el mundo, y toma su lugar en la lógica de las elecciones (1968: 50).

Según su interpretación, entre los elementos de una totalidad histórica, hay un parentesco de elección (Wahlverwandtschaft) que hace posible leer en un hecho religioso el primer esbozo de un sistema económico y, en un sistema económico, las tomas de posición sobre lo absoluto. Me interesa destacar que la solidaridad entre lo económico, lo político, lo moral o lo jurídico tiene lugar en virtud de que lo económico es considerado como “elección de una relación con los hombres y con el mundo, y toma su lugar en la lógica de las elecciones” (Merleau-Ponty, 1968: 50). En otras palabras, la manera de vivir lo absoluto se establece como una dimensión que da lugar a la apertura de un campo, como un sistema de distribución de diferentes significados evocados y congregados alrededor de un acontecimiento matriz: el modo en que los seres humanos del siglo xvii vivían y sentían la relación con lo absoluto. Merleau-Ponty observa que la elección no aparece como una idea todopoderosa; por el contrario, se trata de “una especie de imaginación de la historia que siembra aquí y ahí los elementos capaces de ser integrados un día” (1955: 29). No obstante, cabe preguntarse cómo debe ser entendida la naturaleza de esta elección y qué es lo que la produce. Las descripciones acerca de la institución de la pintura aportan algunos indicios para esclarecer tal cuestión. Merleau-Ponty afirma que se trata de “una cierta distancia expresiva en relación con una cierta ‘norma’, pero no elección en el sentido de posición de un fin”; y más adelante agrega que “cada pintura [es] matriz de símbolos diferentes de los suyos, a condición de que sea vista por un pintor” (2012: 59 [85]).

Pero ¿qué es lo que produce la elección? A ello responde: “[Hay] motivación simultánea por colores, luces, sustancia, movimiento” (Merleau-Ponty, 2012: 60 [86]); estos elementos convocan a un gesto que echa luz sobre el problema ignorándolo del mismo modo que cuando caminamos o entramos en nuestra habitación sin necesidad de prender la luz. Ahora bien, se trata, más que de una elección, de un trabajo. Las elecciones, afirma Merleau-Ponty, “son las huellas de un trabajo de ‘germinación’ (Cézanne) (con la naturaleza, con los otros cuadros)” (2012: 60 [86]). Elección significa tocar una de las nervaduras del mundo pictórico dado, hacer de ella el principio de un tipo de expresión, que a su vez sufrirá el mismo devenir. La elección no es, por lo tanto, un acto de pensamiento; en el pintor que trabaja, hay historia que se vuelve a instituir, “universal en el que las elecciones opuestas no son verdaderamente opuestas, mundo con múltiples entradas, universo pluralista” (Merleau-Ponty, 2012: 60 [86]).

Siguiendo estos lineamientos, se puede colegir que el sentido histórico se asemeja al sentido pictórico de un cuadro, que no está dado de antemano, sino que dirige los gestos del pintor, progresa con ellos y resulta de ellos. En la historia, un acontecimiento singular no significa en sí mismo nada; la institución de la historia resulta, en todo caso, del advenimiento de una pluralidad de acontecimientos que solamente con posterioridad serán reconocidos como los acontecimientos de esa historia. El sentido de la historia que adviene no puede ser concebido ni de acuerdo con una lógica causal lineal ni con un proceso teleológico que apunte a un “fin de la historia”. Los acontecimientos no están sometidos a una superación (Aufhebung), sino a una dialéctica sin síntesis que es una “aventura” y que permite al futuro devenir como adversidad, como algo que nosotros no hacemos y con lo cual no podemos coincidir, porque está siempre a distancia.

A partir de estas referencias, estamos en condiciones de afirmar que, una vez instituidas, las matrices simbólicas son sistemas de equivalencias que se organizan merced a diferentes acontecimientos y de acuerdo con una lógica que no es el producto ni de nuestra constitución psicofísica ni de nuestro aparato categorial. Del mismo modo que las partes del cuerpo se adhieren unas a otras por una “cohesión sin concepto” (Merleau-Ponty, 1964: 188), los momentos de una sonata, las diferentes vistas de un cuadro o las variantes que constituyen el capitalismo moderno responden a este tipo de cohesión. Merleau-Ponty reconoce que la institución no es percibida ni pensada como un concepto, de ahí que no posee nombre o identidad en nuestras teorías de la conciencia. Toda nueva institución despliega un sentido latente contenido implícitamente en las matrices simbólicas; por eso, “es a menudo en el contenido latente donde se encuentra lo más importante, la razón de la institución [Stiftung]” (Merleau-Ponty, 2012: 13 [43]).

Hay una íntima relación entre la matriz simbólica como emblema de lo instituido y el acaecer de una nueva institución que implica una reasunción de un sentido ya instituido. Más precisamente, las matrices simbólicas son “centros organizadores” y, por lo tanto, “centros de significación” que los hombres retoman una y otra vez. Acontecimientos como la revolución neolítica o la Revolución Industrial son, en términos de Merleau-Ponty, acontecimientos-matrices que posibilitan la apertura de un campo histórico y hacen posible una historicidad. En este sentido, la institución humana no se reduce solo a la utilización del pasado; paradojalmente, el pasado se integra en una nueva configuración de sentido, y la experiencia humana se manifiesta como pasado volviéndose matriz simbólica.

En los últimos escritos, la noción de “matriz simbólica” aparece ligada a la de “existenciales”, que el autor define como “el sentido sedimentado de todas nuestras experiencias voluntarias e involuntarias” (Merleau-Ponty, 1964: 234). En este caso, la noción de “matriz simbólica” hace referencia a una instancia inconsciente que el autor comprende como sedimentación de la vida perceptiva, en el sentido que ya estaba latente ahí. El texto paradigmático respecto a la noción de “matriz simbólica” es el siguiente: “… matrices simbólicas, un lenguaje de sí a sí, sistemas de equivalencias organizados por el pasado, realizan en un acto simple los agrupamientos, las abreviaturas, las distorsiones que el análisis reconstituye progresivamente” (Merleau-Ponty, 2000: 279).

Según Guy-Félix Duportail, el inconsciente solamente puede ser una formación simbólica o matriz simbólica cuando se encuentra enraizado en una historia personal o pública que “tiene sus dramas, sus acontecimientos, y cuyo verdadero sujeto no es el cogito, sino el cuerpo, definido por Merleau-Ponty, en las Notas sobre la pasividad, como ‘máquina de vivir’ en relación con el otro” (Duportail, 2011: 65). Merleau-Ponty también denomina a esta “máquina de vivir” como “esquema práxico” o “implexo” (Merleau-Ponty, 2003: 210, 223) que caracteriza una unidad de acción indescomponible e irreductible a un solo elemento.

El nexo entre las matrices simbólicas y los acontecimientos se funda, precisamente, en el hecho de que cada presente implica la posibilidad de trascender la anterior totalidad de sentido en una nueva totalidad que es siempre situada y relativa, y que permite la recreación interior o el reconocimiento de los hechos. Expresamente, Merleau-Ponty afirma que “el presente en sentido amplio es matriz simbólica y no solamente un presente que estalla hacia el pasado” (Merleau-Ponty, 1964: 246). La cohesión de una vida –como así también la cohesión de la historia– no tiene el carácter de una conexión o composición en el sentido de una serie o una cadena porque los diversos tiempos no constituyen una serie de cosas–, sino que se han de considerar como horizontes que se adhieren unos a otros por medio de una “transgresión progresiva”, a la vez que se mantienen a la distancia. Asimismo, Merleau-Ponty afirma que la historia que opera en nosotros no es una cadena de acontecimientos visibles, sino “historia intencional o ‘vertical’, con instituciones (Stiftungen), olvido que es tradición” (Merleau-Ponty, 1996: 208-209).

§ 4. La institución de la pintura

La expresión pictórica constituye para Merleau-Ponty una de las expresiones más acabadas tanto de la presencia del λὀγος mudo, como del esfuerzo que el pintor realiza para restituir –a través de las formas, los colores o los rostros– la configuración de lo sensible que la naturaleza realiza sin ningún esfuerzo. La noción de “estilo” ofrece la posibilidad de explicitar la relación singular que el pintor mantiene con lo sensible, pues muestra hasta qué punto él se inscribe en la realidad carnal del artista, cómo él se lee en sus manos o en sus gestos. El esquema interior que el pintor termina por plasmar en la obra no debe ser buscado en la vida interior del artista, y tampoco es el producto de los condicionamientos exteriores. El artista no hace más que decir lo que las cosas y los rostros “querían decir”, libera un sentido que le es propuesto por el mundo a medida que se le aparece. El estilo se hace visible en la obra y aparece en el punto de contacto entre el pintor y el mundo, en lo más profundo de su percepción de pintor y como una exigencia que brota de la percepción. Más precisamente, “el estilo es en cada pintor […] el índice general y concreto de ‘la deformación coherente’ por la cual él concentra la significación aún dispersa en su percepción y la hace existir expresamente” (Merleau-Ponty, 1969: 86). El concepto de “estilo” está referido a una manera peculiar de hablar, escribir o pintar que no se deja disolver en reglas sintácticas, semánticas o pragmáticas.

Para comprender el sentido a través del cual el pintor transforma el mundo en pintura o el escritor lo escribe en una novela, es necesario, en un primer momento, privarse de las significaciones adquiridas y volver a un mundo no significante, que es la situación en la que se encuentra el creador, al menos respecto de aquello que va a decir. El problema no reside en comprender cómo determinados significados pueden o no corresponder a determinados objetos, sino en comprender cómo una determinada situación o un determinado objeto comienzan a significar. El nuevo significado se instituye cuando los datos ya significativos del mundo son sometidos, como hemos señalado, a una “deformación coherente”. Pero el problema reside en saber qué significa “coherencia” y qué es lo que hace que todos los vectores visibles converjan en una misma significación. Merleau-Ponty responde que la naturaleza del mundo percibido ofrece al pintor la posibilidad de producir emblemas que expresan no solo las intenciones instintivas, sino también una relación con el ser. Si el azul del mar puede enseñarle a Renoir algo de Las lavanderas, es porque cada fragmento del mundo se presenta como una cierta manera de responder a la interpelación de la mirada, muestra y enseña una manera de hablar:

Se puede pintar unas mujeres desnudas y un arroyo de agua dulce en presencia del mar de Cassis, porque lo único que se le pide al mar es la manera que tiene de interpretar la sustancia líquida, manifestarla, componerla consigo misma para hacerla decir eso o lo otro, en suma, una típica de las manifestaciones del agua (Merleau-Ponty, 1969: 88).

En síntesis, el significado aparece cuando, por un lado, las construcciones del conocimiento se aplican a lo percibido “como a algo de lo que hay significación” y, a su vez, lo percibido se encuentra con lo comprendido en una doble relación: es solo un esbozo que pide una continuación y, también, lo percibido es su prototipo, de tal manera que solo lo percibido hace de lo comprendido su verdad actual.

Referencias

Duportail, Guy-Félix. 2011. Lacan y los fenomenólogos. Husserl, Levinas, Merleau-Ponty. Buenos Aires: Letra Viva.

Merleau-Ponty, Maurice. 2011. Le monde sensible et le monde de l’expression. Cours au Collège de France. Notes, 1953. Ginebra: MetisPress.

Merleau-Ponty, Maurice. 2003. L’institution. La passivité. Notes de cours au Collège de France (1954-1955). París: Belin = 2012. La institución. La pasividad. Notas de cursos en el Collège de France (1954-1955). Vol. 1. La institución en la historia personal y pública. Trad. Mariana Larison. Barcelona: Anthropos.

Merleau-Ponty, Maurice. 2000. Parcours deux (1951-1961). Lagrasse: Verdier.

Merleau-Ponty, Maurice. 1996. Notes de cours au Collège de France: 1958-1959 et 1960-1961. París: Gallimard.

Merleau-Ponty, Maurice. 1969. La prose du monde. París: Gallimard.

Merleau-Ponty, Maurice. 1968. Résumés de cours. Collège de France (1952-1960). París: Gallimard.

Merleau-Ponty, Maurice. 1964. Le visible et l’invisible. París: Gallimard.

Merleau-Ponty, Maurice. 1960. Signes. París: Gallimard.

Merleau-Ponty, Maurice. 1955. Les aventures de la dialectique. París: Gallimard.


  1. Institution, event and symbolic matrix
  2. Universidad Nacional de San Martín (Argentina). graciela_ralon@hotmail.com. ORCID: 0000-0003-3501-5950.
  3. A menos que se indique lo contrario, esta y las siguientes traducciones son propias.


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