Crecí pegada a pantallas. Primero fueron las del cine y la TV, y luego las de las computadoras que tuve la suerte de tener, aun en tiempos en que la era digital era parte de las historias de ciencia ficción. Viví los comienzos de internet desde un locutorio al que iba a diario o conectándome con dial up en la trasnoche. No imaginé, en ese entonces, que sería esa misma tecnología la que me habilitaría el ingreso al tesoro más grande: todas las películas y series que quisiera, cuándo y cómo quisiera. Para alguien que ha esperado estrenos con ansiedad, la distribución vía internet de cine y de series sigue siendo fascinante.
Animarme a estudiar esto que tanto me gusta le debe mucho a Valentina Delich, mi directora de tesis, a los y las docentes, compañeros y compañeras del taller de tesis del doctorado de FLACSO, sobre todo a Vero Devalle. A mis colegas del área de Comunicación y Cultura y a mis amigxs de los Diplomas en Archivos Digitales, Darío y Celeste. A mis amigas Ana y Belén y a mis colegas de esta y otras latitudes con quienes sostenemos conversaciones continuas sobre la cuestión digital, en especial, Ángel Quintana, Beto Quevedo. También a todos los que contribuyeron con mucha generosidad a ser parte de este trabajo dedicando su tiempo, ideas y visiones (incluyo a los intermediarios e intermediarias que me llevaron a destino).
En toda historia hay un personaje que abre una puerta a mundos nuevos. En la mía es Inés Dussel, amiga y maestra a la que siempre agradeceré.
También agradezco a mi familia por apoyarme siempre.
Y, por último, pero lo más importante, a Juan, que me enseñó a ver cine en serio, y a Joaquín, con quien espero ver todo de nuevo y descubrir lo que sigue.






