Lautaro Ojeda
En el marco de los estudios sobre economía informal, el comercio callejero viene estudiándose desde la década del 80 con un fuerte enfoque cuantitativo. Luego, en los 90 prevaleció la dimensión social desde el aspecto organizacional de los comerciantes callejeros (sindicatos, relaciones de poder con el Estado). En los últimos diez años, los estudios urbanos enfocados en el comercio callejero han tendido a analizar algunas dimensiones espaciales asociadas a la cotidianidad de este tipo de comercio; sin embargo, muy pocos han desarrollado estudios desde la perspectiva de la movilidad.
Esta investigación utilizó el enfoque de la lugarización en movimiento, revelando que las estructuras de la lugarización que utilizan los comerciantes callejeros para desplazarse y anclarse sobre el espacio público cambian su espacialidad según el momento del día y, por ende, sus trayectorias, pasando de lugares móviles a fijos y de fijos a móviles. Este fenómeno implica un enorme esfuerzo físico que va impactando en el deterioro de la salud de los comerciantes callejeros que ya son adultos mayores.
Estudio del comercio callejero informal en el sur global, Latinoamérica y Chile
El comercio callejero informal es una práctica socioespacial móvil, que se despliega y repliega a diario sobre espacios públicos que no están diseñados para recibirlos. Esta realidad adversa ha implicado que los comerciantes callejeros informales del sur global y en especial de Latinoamérica hayan tenido que adaptarse, creando una serie de estratagemas de apropiación espacial mediadas por diversos artefactos u objetos para desplazarse o anclarse en el espacio público.
El comercio callejero no es una práctica socioespacial reciente, existe desde el origen de la ciudad. Sin embargo, durante el siglo xx, esta práctica fue transformándose como un bastión de la economía informal y, a fines de la década de 1980, Castells y Portes (1989) señalaron que el comercio callejero informal solía asociarse a los estratos económicos más vulnerables de la población. No obstante, los autores contestaban este precepto al señalar que “la economía informal no es un eufemismo de la pobreza. Es una forma específica de relaciones de producción” (1989, p. 12). Esta afirmación aún sigue vigente y permite considerar la economía informal como una forma de práctica móvil (Crossa, 2012), pues la economía informal es, ante todo, una red de unidades productivas que permite que quienes no pueden acceder a salarios altos en la economía formal puedan hacerlo en esta economía paralela (Beccaria y Maurizio, 2019).
La OIT, en sus investigaciones sobre informalidad laboral, ha evidenciado que la alta productividad de una unidad productiva informal puede generar altos ingresos para sus trabajadores. Sin embargo, estas microunidades productivas no suelen separar el trabajo de las ganancias (capital), lo que significa que lo que se gana se vuelve a invertir en el pago de trabajadores y en la compra de insumos básicos para seguir produciendo y subsistiendo. Debido a esto, estas empresas se ven obligadas a eludir el pago de impuestos y no pueden formalizar a sus trabajadores, lo que trae como consecuencia la consolidación de una red de trabajos informales, precarios e inestables.
En el 2019 la OIT estimó que, a nivel mundial, el 60 % de la fuerza laboral trabaja en el sector informal (1.976 mil millones de personas) y que en Latinoamérica la tasa es del 40 %, lo cual constituye un universo de 183 millones de trabajadores[1]. En Chile, el Instituto Nacional de Estadística informó que, en el último trimestre del año 2019, la fuerza laboral del país alcanzó las 9.062.722 de personas y que de ese universo 2.033.250 trabajan de manera informal (28.4 %). De esos trabajadores informales, 400.286 trabajan en la calle, es decir, el 4.42 % del total de trabajadores del país es un trabajador callejero informal.
En el ámbito científico, la discusión sobre el comercio callejero informal latinoamericano se ha concentrado en los siguientes campos de análisis:
- Comercio callejero y dinámicas sociales: analizan la vida cotidiana, los imaginarios, las percepciones, motivaciones, redes sociales y relaciones internas y organizativas de los comerciantes callejeros (Martínez, et al., 2017; Turner y Schoenberger, 2012; De la Garza 2011; Donovan, 2008; Castaño, García, Ospina, y Granada, 2008; Middleton, 2003; Ortiz Murrillo, 2002; Freeman, 2002; Peña, 1999; Staudt, 1996).
- Comercio callejero y dinámicas económicas: se han enfocado en analizar las relaciones de interdependencia entre la economía formal y la informal y sus mecanismos internos de funcionamiento (Martínez et al., 2017; Peña, 2000, 1999; Castells y Portes, 1989; De Soto, 1989; Hart, 1973; ILO, 1972).
- Comercio callejero y políticas públicas: se han enfocado en analizar las relaciones sociopolíticas implícitas en el comercio informal desde el enfoque de las políticas públicas (Ojeda y Pino, 2019; Hummel, 2017; Roever y Skinner, 2016; Meneses-Reyes, 2013; Meneses-Reyes y Caballero, 2014; Swanson, 2013; Steel, 2012; Pádua y Benevides, 2011; Carbonell, 2011; Bromley y Mackie, 2009; Roever, 2006, 2005; Cabrales Barajas, 2005; Middleton, 2003; Jones y Varley, 1999; Cross, 1998; Bromley, 1998; Seppänen, 1998; De Soto, 1989; Castells y Portes, 1989).
- Comercio callejero y dinámicas espaciales: se han enfocado en analizar los tipos de estrategias, estratagemas y las dinámicas de localización de los comerciantes callejeros (Ojeda y Pino, 2019; Sarmiento, 2018; Martínez et al., 2017; De Souza y Bustos, 2017; Crossa, 2016; Palacios, 2016; Roever y Skinner, 2016; Turner y Schoenberger, 2012; Hunt, 2009; Rocha et al., 2009; Itikawa, 2006; Peña, 1999), y, de forma muy incipiente, han aparecido estudios de movilidad asociados al comercio callejero en la Ciudad de México (Sarmiento, 2018; Meneses, 2013) y Río de Janeiro (Galarce et al., 2020).
- Comercio callejero y salud pública: las pocas investigaciones existentes se han desarrollado en Colombia y Brasil y se han enfocado en dos ámbitos: el primero refiere al impacto que tienen el medio ambiente y la urbanidad en la salud de los comerciantes callejeros (Queiroz et al., 2019; Garzón et al., 2018; Noor Fatihah et al., 2017), y el segundo, a cómo la comida que ofrecen los comerciantes callejeros impacta en la salud de los compradores (Colli et al., 2013).
Lugarización en movimiento del comercio callejero informal
Las investigaciones que cruzan comercio callejero informal y movilidad son muy recientes y se han concentrado principalmente en Asia y África. En ese ámbito Balarabe y Sahin (2020), Taylor y Song (2020), Adama (2020) y Turner y Oswin (2015) han analizado los patrones de movilidad de los comerciantes callejeros informales como estrategias colectivas e individuales para poder desarrollar su oficio a pesar de las políticas públicas prohibitivas que les son aplicadas. Las investigaciones de Balarabe y Sahin (2020), Li et al. (2018) y Eidse et al. (2016) profundizan este concepto de “resistencia” y analizan el comercio callejero desde la perspectiva del modelo de las seis facetas de Creswell (2010) (fuerza motriz, ruta, velocidad, ritmo, experiencia y fricción), y así revelan cómo cada una de estas facetas de movilidades cotidianas de los comerciantes callejeros de Beijing (China) y Hanoi (Vietnam) se modifican o acomodan según las políticas públicas prohibitivas o restrictivas a las que se les somete. Finalmente, Sun (2021) desarrolla un ritmo de análisis de las calles apropiadas por comerciantes callejeros en Yuncheng (China) y cómo este ritmo vincula espacio, tiempo y cotidianidad del comercio callejero.
En Latinoamérica, Galarce y Pettena (2020) analizan cómo los comerciantes callejeros utilizan la infraestructura de los sistemas de transporte público en Río de Janeiro como soporte para construir sus puestos y localizarse en puntos estratégicos de la red de transporte, acuñando el concepto de “apropiación intersticial”, concepto homólogo al de “lugar móvil” propuesto por Jirón (2018) y que se enmarca en la idea de “lugares de anclaje” elaborada por Sheller y Urry (2006).
Meneses (2013) ha estudiado el comercio callejero de la Ciudad de México desde la perspectiva de la movilidad combinada con una perspectiva sociojurídica, analizando las dialécticas que se producen entre los comerciantes callejeros autorizados y los no autorizados. Meneses señala que los comerciantes autorizados están en una condición de (in)movilidad asociada a su institucionalización y que los no autorizados, que no están institucionalizados, entran en una condición de movilidad que implica una validación social entre sus pares. Sarmiento (2019) estudia a los comerciantes callejeros de la Ciudad de México bajo el enfoque de la motilidad propuesto por Kaufmann et al. (2004). El autor aborda la “motilidad” como una movilidad en potencia y que, en el caso de los comerciantes callejeros, se traduce en un capital social y de movilidad que, según las circunstancias, les permite moverse por una constelación de lugares, potencialmente apropiándose de ellos.
En los estudios antes mencionados, la dimensión espacial solo se ha abordado desde un enfoque que analiza cómo los comerciantes callejeros se localizan o distribuyen en la ciudad y, en muy pocos casos, ha sido abordada desde la movilidad. Enfocándose en la lugarización, este último concepto, entendido como una construcción social que gravita en torno a espacios que son apropiados y apropiables por y para los comerciantes callejeros y quienes interactúan con ellos.
Entendemos las lugarizaciones del comercio callejero informal como unos acontecimientos cotidianos y efímeros que, dependiendo de las interacciones sociales y espaciales que establecen con los transeúntes y el entorno construido, le dan sentido y forma al espacio donde se desarrollan. Doreen Massey (2012) señala que el espacio es relacional y que “es híbrido y abierto, que siempre tiene vínculos con el resto del mundo y niega políticamente cualquier esencialismo que intentemos aplicarle” (2012, p. 9). Es bajo este prisma que resulta relevante el enfoque propuesto por Crossa (2019) de deshomogenizar[2] el comercio callejero, porque permite analizarlos como sujetos y objetos al mismo tiempo.
Los comerciantes callejeros, al anclar o acoplar sus puestos de ventas sobre el espacio público, construyen espacios relacionales que vinculan día a día urbanidad, sociedad y economía. Es en ese sentido en el que este capítulo pretende generar un aporte a la discusión del comercio callejero informal, analizándolo desde el enfoque de la lugarización en movimiento (Jirón, 2018). Proponemos el concepto de “estructuras de lugarización”, el que refiere a los artefactos u objetos que los comerciantes callejeros utilizan para desplazarse y anclarse sobre el espacio público.
Entendemos como estructuras de lugarización a todas las estructuras físico-materiales con las que los comerciantes callejeros se desplazan, despliegan y repliegan, y que al mismo tiempo son utilizadas para transportar, almacenar y exhibir los bienes o servicios que ofrecen.
Complementariamente a este enfoque de la lugarización en movimiento, nuestras investigaciones han revelado que la mayoría de los comerciantes callejeros suelen trabajar toda su vida en la calle, por lo que es relevante estudiar cómo los adultos mayores experimentan social y espacialmente el trabajar en el comercio callejero.
Con respecto a los adultos mayores que ofician de comerciantes callejeros, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que, en Latinoamérica, los rangos etarios de 55-64 años y 65 o más son los que poseen los porcentajes más elevados de personas que trabajan de manera informal, alcanzando el 59.9 % y 78 %, respectivamente, es decir, a mayor edad, mayor informalidad laboral (OIT, 2019). En Chile esta tendencia se repite y ambos rangos alcanzan el 32 % para el tramo de 55-64, y el 55.1 % para el tramo de mayores de 65 años (INE, 2020). Si adicionamos que Chile posee una tasa de envejecimiento promedio de 16.2 % y que, para el año 2050, la OMS estima que tendrá una tasa de envejecimiento poblacional del 30 %, estas cifras auguran que para el 2050 habrá más personas mayores trabajando de manera informal en la calle y que requerirán de espacios pensados y diseñados para que puedan desarrollar sus actividades, por lo que resulta relevante estudiar el comercio callejero desde el enfoque de la lugarización en movimiento, poniendo un especial acento en la espacialidad del comercio callejero informal.
Valparaíso, paradigma nacional de la informalidad urbana
Como caso de estudio, se eligió la ciudad de Valparaíso, pues es una de las cuatro ciudades intermedias con mayor tasa de comerciantes callejeros informales del país[3] (7.204 comerciantes callejeros), con una de las mayores tasas de adultos mayores (57.166 adultos mayores, representando el 19.5 % de su población), con altos índices de pobreza multidimensional, con la segunda mayor cantidad de asentamientos informales del país (66) después de Viña del Mar (MINVU) y con una urbanidad muy compleja dada su geografía abrupta. Es decir, Valparaíso se presenta como una ciudad que ha sido construida y sostenida desde las lógicas de la informalidad (hábitat y economía) en la que habita una población envejecida que se mueve por una urbanidad poco amigable (Ojeda y Pino, 2019).
Este capítulo presenta el análisis del comercio callejero informal (CCI) que hemos desarrollado entre los años 2015 y 2019[4] en toda la zona céntrica de la ciudad de Valparaíso (Plan)[5]. En el Plan se observó que se desplegaban sobre el espacio público un promedio de 1.362 comerciantes callejeros, en el momento de realizar los trabajos de campo, 1.099 de estos no poseía permiso municipal para ejercer venta en el espacio público, es decir, el 81 % de los comerciantes callejeros ejercían su oficio de manera informal[6].
Para observar el comercio callejero informal, se desarrolló una metodología mixta que combinó encuestas cerradas de caracterización socioespacial[7], entrevistas semidirectivas[8], diagramas de autopercepción de malestar corporal[9], conteo de flujos peatonales[10] y levantamientos urbanos arquitectónicos de las tres zonas de estudio[11]. La combinación de estas cinco herramientas de observación nos permitió revelar cómo las estructuras de lugarización de los comerciantes callejeros les permite movilizarse (lugares móviles) o anclarse en el espacio público (lugares fijos), y, al mismo tiempo, para algunos transeúntes (potenciales clientes), estas estructuras se definen como lugares “transientes”.
Figura 1. Cartografía de localización de los comerciantes callejeros de Valparaíso y las tres zonas de estudio analizadas

Elaboración propia.
Lugarización del comercio callejero informal
Las encuestas y entrevistas realizadas a los comerciantes callejeros (CCI) revelaron la importancia que le otorgan a sus artefactos u objetos con los que acopian o desplazan sus mercancías y utensilios. Esto nos permitió comprender que, dependiendo del momento del día, las estructuras de lugarización de los CCI son, de forma asincrónica, lugares fijos y lugares móviles. Son lugares móviles al comenzar el día, cuando las estructuras son utilizadas para desplazarse o son transportadas en su estado replegado, son lugares fijos y “transientes” cuando las estructuras están en su estado desplegado y se convierten en puestos de venta, y vuelven a ser lugares móviles, al final de la jornada laboral, cuando estas vuelven a replegarse para desplazarse o almacenar y transportar sus mercancías a su casa o a una bodega. Cabe precisar que existen dos tipos de comerciantes callejeros, los fijos y los ambulantes. El día laboral de un comerciante callejero fijo transita permanentemente de lugar móvil a lugar fijo a lugar móvil; en cambio, un ambulante siempre se constituye como un lugar móvil.
Complementariamente, para algunos transeúntes, las estructuras de lugarización de comerciantes de comida callejera se constituyen como lugares transientes en el sentido de que son lugares significativos dentro de sus trayectorias y dietas cotidianas. En los trabajos de campo, hemos podido constatar que muchos transeúntes se detienen para tomar desayuno, otros compran sus almuerzos o meriendas, y otros compran artículos de primera necesidad antes de irse a casa. Esto implica que algunos sectores son más concurridos por la mañana y otros por la tarde, por ejemplo, a la mañana, en avenida Uruguay (área comercial tradicional) los peaks de transeúntes se producen entre las 10:00 y 11:00 a. m. con 3.038 personas y entre 13:30 y 14:30 p. m. con 6.756 personas (6.146 peatones y 610 CCI), y, por la tarde, es el turno del sector Bellavista, en el que se localiza el terminal de colectivo más grande de la ciudad y donde el peak de transeúntes (5.983) y comerciantes callejeros (473) se produce entre las 18:00 h y las 20:00 h, alcanzando un total de 6.456 personas.
Los levantamientos urbanos arquitectónicos del comercio callejero de Valparaíso nos permitieron identificar ocho tipologías de estructuras de lugarización, estas son las siguientes:
- Quiosco móvil (7 %): son puestos que poseen tres o cuatro ruedas que les permiten realizar grandes desplazamientos por la ciudad, estos son generalmente utilizados por los comerciantes de comida callejera.
- Quiosco estático (17 %): son puestos que se construyen con toldos plegables o con cubiertas de nylon.
- Cajas de cartón (64 %): son puestos conformados por una plataforma de MDF o cartón sobre cajas de cartón o plástico y, sobre esta plataforma, suelen disponer un mantel que les permite guardar rápidamente su mercancía y escapar de la fuerza pública, dejando la plataforma en el lugar.
- Mesas plegables (4 %): son puestos conformados por mesas replegables con un tamaño promedio de 70 cm por 120 cm y una altura promedio de 90 cm.
- Plataforma móvil (1 %): son plataformas de baja altura que poseen cuatro ruedas y un tirante, estas son utilizadas principalmente para transportar grandes cantidades de mercaderías entre las bodegas y los puestos de venta.
- Paño (2 %): son puestos conformados por un mantel dispuesto directo sobre el suelo público. Estos manteles suelen tener, en sus cuatro esquinas, unos cordeles para replegarlos rápidamente en caso de tener que huir de la fuerza pública.
- Ciclos (1 %): son tri o cuatriciclos con una plataforma que permite acumular mercancías o desechos, estos son principalmente utilizados por los recolectores de cartones o botellas.
- Corporal (3 %): son elementos que se adhieren al cuerpo de los comerciantes y que sirven para exhibir los bienes a la venta.
Estas ocho estructuras de lugarización se configuran a partir del encaje de varios componentes, el tamaño y la forma de estos dependen del rubro del comerciante y del espacio en el que se anclan. Pueden agruparse en las siguientes cuatro categorías:
- Componentes mecánicos: ruedas, bisagras, plataformas móviles, sistemas hidráulicos, sistemas de transmisión, instalaciones eléctricas, instalaciones de gas, generador eléctrico, entre otros.
- Componentes destinados a construir el puesto de venta: toldos, tensores, nylon, hilos, cajas de cartón o plásticas, mesas plegables, planchas de madera aglomerada, sombrillas.
- Componentes destinados a proteger o almacenar los bienes que venden: cajas, mochilas, bolsas, sacos, manteles, carro de carga, carros de supermercado.
- Componentes destinados al confort y a las necesidades básicas de los comerciantes: asientos, bancas, bidones de agua, cojines, pisos, pisos plegables.
Tal como lo señalamos anteriormente, las estructuras de lugarización cambian sus formas durante las trayectorias cotidianas de los comerciantes callejeros, pasando de un estado replegado a uno desplegado y volviendo a replegarse al final de la jornada.
En el estado desplegado (fijo/transiente), hemos podido constatar que existen tres categorías de anclaje al espacio público. Primero están las estructuras de lugarización autosoportantes móviles que, gracias a sus componentes mecánicos, requieren poco tiempo para ser desplegadas. Los quioscos móviles, plataformas móviles y los ciclos corresponden a esta primera categoría. Segundo están las estructuras de lugarización adherentes, las que utilizan los elementos o mobiliarios urbanos para anclarse sobre el espacio público (rejas, postes, bancos, aceras, paraderos). Las tipologías de cajas de cartón, paños y corporal corresponden a esta categoría. Tercero están las estructuras de lugarización autosoportante estática, son las que se constituyen mediante una estructura ligera que se complementa con algún elemento o mobiliario urbano. Sus expresiones más comunes son los quioscos estáticos y mesas plegables.
De manera complementaria, estas categorías de anclaje suelen utilizar sistemas de fijaciones, delimitaciones planas o tridimensionales que intervienen de forma permanente en el espacio público para acoplarse.
Lugarización en movimiento del comercio callejero informal
Para los comerciantes callejeros, los factores climáticos, la competencia y el almacenamiento de las mercancías en bodegas informales aumentan la incertidumbre cotidiana de lograr “ganarse” un espacio en la calle. Si a este estrés cotidiano le sumamos el esfuerzo físico que implica transportar, desplegar y replegar las aparatosas estructuras de lugarización que utilizan la mayoría de los comerciantes callejeros, cabe preguntarse cómo lo sobrellevan física y mentalmente los que son mayores de 55 años.
La encuesta reveló que, de los 385 encuestados, 41 (11 %) eran personas mayores de 65 años y que 74 (19 %) corresponden a personas del rango 55-64 años, lo que representa el 30 % del total de los comerciantes callejeros de Valparaíso. De este universo, 65 (56 %) comerciantes declararon trabajar más de ocho horas diarias. En lo que respecta a la antigüedad del trabajo callejero, 40 (34 %) señalaron que llevaban más de cinco años en el rubro, mientras que 48 (41 %) declararon que hace más de quince años trabajan en la calle, y, en cuanto al acopio de mercancías, 68 (59 %) guardan sus productos en las bodegas informales cercanas al sector donde se lugarizan cotidianamente. Estas cifras revelan que los comerciantes que comienzan a trabajar desde temprana edad suelen mantenerse en el rubro de por vida.
Complementariamente, el análisis de los 13 diagramas de autopercepción de malestar corporal vinculado al trabajo del comercio callejero reveló que las trayectorias descritas por los entrevistados se dividen en los siguientes nueve momentos clave: 1- casa al trabajo, 2- desplazamiento pedestre, 3- desplazamiento en transporte, 4- bodega / lugar de acopio, 5- puesto de trabajo, 6- bodega / lugar de acopio, 7- desplazamiento transporte, 8- desplazamiento pedestre, 9- trabajo a casa. Con respecto a las enfermedades crónicas o algún trauma físico asociado a su trabajo, nueve de los entrevistados señalaron que tenían enfermedades crónicas como artrosis, fibromialgia o cáncer o traumas como hernias, fracturas de muñecas o caderas, y que estas fueron causadas durante su trabajo callejero. Tres de ellos señalaron que los dolores que experimentan a diario están vinculados a su avanzada edad.
Estos nueve momentos pueden agruparse en los tres momentos-formas de las estructuras de lugarización que describimos anteriormente (1- lugares móviles, 2- lugares fijos-transientes, 3- lugares móviles).
En el primer tramo de las trayectorias en el que las estructuras de lugarización son lugares móviles, los diagramas de autopercepción de malestar corporal indicaron pocos dolores físicos cuando estaban listos para salir de sus casas y en los desplazamientos pedestres; sin embargo, en los desplazamientos en transporte público, los dolores físicos comienzan a intensificarse, concentrándose en las piernas, rodillas y pies. Luego, cuando llegan a las bodegas informales para retirar sus mercancías o estructuras de lugarización, se intensifican los dolores de rodilla, piernas, espalda y cabeza. Este esfuerzo físico complementado por los dolores crónicos que experimenta el grupo estudiado está al origen de sus horarios extendidos de trabajo, pues algunos comerciantes callejeros señalaron que hay sectores que solo son para gente joven y temeraria, porque son zonas con mucho control policial o mucha delincuencia; entonces, los comerciantes callejeros de avanzada edad se ven obligados a apropiarse de zonas con menos afluencia de público, pero con mayor afluencia de comerciantes callejeros mayores o novatos. Esto implica que se vean obligados a iniciar sus actividades a las 5 o 6 de la mañana para “ganarse” un espacio en la calle (un claro ejemplo es la zona de pie de cerro de la avenida Uruguay, en la que la mayoría de los comerciantes tienen entre 65 y 78 años). Muchos entrevistados también señalaron que tienen el apoyo de familiares más jóvenes, quienes en muchas ocasiones hacen guardia de los lugares durante las primeras horas del día y, además, los apoyan en el traslado de sus mercancías desde las bodegas o para el montaje y desmontaje de sus estructuras de localización. Lo anterior explicaría por qué el 59 % de los comerciantes callejeros del grupo estudiado prefiere almacenar sus mercancías en bodegas informales que se encuentran en las cercanías de sus puestos de trabajo, a pesar de los constantes robos y “pérdidas” de objetos que se producen en estos lugares informales de almacenamiento. La encuesta reveló que el 69 % de los comerciantes callejeros del grupo estudiado posee familiares o amigos en el rubro que los ayuda en las labores que requieren mayor esfuerzo físico, es decir, en el comercio callejero de Valparaíso, la red familiar y amical es la base de la red de apoyo de los comerciantes callejeros de mayor edad.
En el segundo tramo de las trayectorias, en el que las estructuras de lugarización se despliegan y anclan para transformarse en lugares fijos/transientes, los entrevistados señalaron que los dolores se concentraron en la espalda y las rodillas. Esto está asociado al enorme esfuerzo físico del primer tramo de la trayectoria, pues muchos comerciantes, al subirse al transporte público, tienen que subirse de forma rauda con todos los componentes de sus estructuras de lugarización y, por lo general, se suben en las zonas posteriores de los buses, o, cuando toman taxis colectivos, tienen que disponer y encajar rápidamente sus estructuras en las maletas de estos vehículos. Un punto relevante fue que los entrevistados relataban que fueron cambiando y mejorando sus estructuras de lugarización a medida que fueron envejeciendo, pues sus dolores crónicos provocaron que requirieran puestos más ergonómicos para trabajar en condiciones cómodas y saludables sin perder competitividad y que sus puestos tiendan a ser los que tienen mayor cantidad de elementos destinados a mejorar el confort personal, tales como bancos, sillas, sillones, toldos o sombreaderos. Esto implica que, en muchos casos, sus estructuras de lugarización ocupen más espacios que el de comerciantes más jóvenes. Contradictoriamente, a pesar del esfuerzo físico que implica, los comerciantes callejeros mayores prefieren utilizar estructuras de lugarización autosoportantes estáticas (quioscos estáticos, 13.8 %, y mesas plegables, 24.7 %) y estructuras de lugarización adherentes (cajas de cartón, 16.7 %, paños, 35.6 %) por sobre las estructuras de lugarización autosoportantes móviles (quioscos móviles, 8.6 %, plataformas móviles, 0.6 %).
Finalmente, en el tercer tramo de las trayectorias en el que las estructuras de lugarización se repliegan y vuelven a ser lugares móviles, los comerciantes entrevistados manifestaron que en el transporte público tenían dolores en las rodillas y piernas y que, finalmente, cuando llegan a casa y logran reposar, los dolores eran generalizados.
Este aspecto demuestra que existe una correlación entre la forma y el tamaño de las estructuras de lugarización y sus malestares físicos, pues los peaks de dolores se presentan en momentos donde los entrevistados estaban en reposo, ya sea en el transporte público, en sus puestos de trabajo o en sus casas después de la jornada laboral.
Figura 2. Cartografía de localización de comercio callejero informal
según rango etario

Elaboración propia.
Figura 3. Síntesis de malestares corporales de los entrevistados

Elaboración propia.
Conclusiones
El comercio callejero informal entendido como una práctica socioespacial móvil da pie para poder comprender que el uso del espacio público no es exclusivo de los transeúntes que solo transitan por este, algo evidente, pero que las políticas públicas y planificadoras omiten a la hora de planificar y diseñar el espacio público. Las cifras de la OIT y del Ministerio de Trabajo en Chile son claras, y el comercio informal callejero no está en descenso. Esto implica que las ciudades del futuro tendrán que considerar el diseño y gestión de espacios públicos apropiados para este grupo de comerciantes que hoy enfrentan un medio ambiente urbano hostil que impacta en su salud y, por ende, en su calidad de vida.
La versatilidad espacial que poseen las estructuras de lugarización del comercio callejero demuestra que se trata de una práctica masiva y longeva, con alta validación social y con unas complejas redes de apoyo para operar. En el caso particular de los adultos mayores, el uso preferente de estructuras de lugarización estáticas y adherentes (90.8 % del total) implica unas largas trayectorias cotidianas de mucho esfuerzo físico que los vuelve dependientes de una red de apoyo para poder operar adecuadamente durante las primeras y últimas horas del día. Estas trayectorias alargadas están al origen de sus extensas jornadas laborales, las que superan las ocho horas diarias. Los entrevistados señalaron que disfrutaban sus trabajos, a pesar de las condiciones urbanas hostiles a las que están expuestos y de los dolores crónicos que los aquejan. Esto es porque pasan la mayor parte del día en las estructuras de lugarización en estado fijo/transiente en zonas de menor flujo de compradores y de menores conflictos sociales, es decir, a mayor edad, menor posibilidad de obtener un lugar de alta venta, pero se obtienen mejores condiciones socioambientales.
Finalmente, generar una política pública enfocada en mejorar las condiciones de la vida cotidiana de los comerciantes callejeros no solo podría beneficiar el rubro, sino también a quienes transitan a diario por las zonas que hoy se encuentran altamente saturadas y degradadas por la ausencia de planificación, gestión y diseño asociados al comercio callejero.
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- Según la OIT, en el año 2019, Bolivia ostentó la tasa más alta de trabajadores informales del continente, con un 80.7 %, y Chile exhibió la segunda tasa más baja, con un 28.4 %.↵
- Los estudios que deshomogenizan el comercio callejero son aquellos que analizan los comerciantes callejeros como sujetos y ya no como objetos o grupo homogéneo de contestación o resistencia al modelo.↵
- Temuco 10.002, Alto Hospicio 7.724, Coquimbo 7.332 y Valparaíso 7.204 (INE, 2020).↵
- La muestra se concentró en las tres zonas céntricas que presentan las mayores concentraciones de comerciantes callejeros informales (848) de la ciudad: 1- Av. Uruguay (482 CCI), 2- Av. Pedro Montt (161 CCI) y 3- sector Bellavista (115 CCI).↵
- Proyecto FONDECYT Iniciación N.º 11140546, Estudio de apropiaciones urbanas informales. Creación de herramientas dialécticas para el diseño de estrategias de planificación participativa. El caso de la conurbación de Valparaíso y Viña del Mar. ↵
- Cabe señalar que la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades (n.º 18.6905) faculta a cada municipio para que pueda autorizar o no el ejercicio de la venta sobre los bienes nacionales de uso público y, en el caso de Valparaíso, la Municipalidad otorga mensualmente un promedio de 390 permisos precarios renovables para comerciantes callejeros. ↵
- La encuesta cerrada de caracterización socioespacial aplicada a 385 de los 848 comerciantes callejeros de las tres zonas analizadas. Esta buscó revelar tres aspectos: horario de trabajo, longevidad en la actividad y sistema de acopio de mercancía.↵
- Las entrevistas semidirectivas fueron aplicadas a 35 comerciantes callejeros informales de los rangos etarios de 55-64 años y 65 o más. La finalidad de estas entrevistas fue revelar la percepción socioespacial que los comerciantes callejeros informales tienen con respecto a trabajar en la calle. ↵
- Las entrevistas abiertas tuvieron por objetivo revelar las trayectorias cotidianas de los 13 entrevistados, para ello se utilizó como base un cuerpo abstracto sobre el cual tenían que dibujar puntos rojos en las zonas en las que presentaban dolores crónicos asociados a su movilidad laboral cotidiana. ↵
- El conteo de flujos peatonales se realizó en los tres sectores de estudio mediante contadores manuales (Taly Counter) desde puntos de entrada y salida de cada sector, en tres horarios peak y en tres días distintos. El conteo diferenció transeúntes y comerciantes. ↵
- Los levantamientos urbanos arquitectónicos fueron realizados en todas las aceras de las tres zonas de altas concentraciones de comerciantes callejeros mediante el uso de una cámara de acción.↵







