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Las comparsas de esquila[1]

Territorialidades móviles de la Patagonia en el contexto del deshabitar rural

Pablo Mansilla-Quiñones

Las territorialidades móviles han sido una manera fundamental de habitar la Patagonia (Vázquez, 2017): la vasta extensión territorial que abarca esta región, sumada al aislamiento geográfico, genera que el movimiento de personas, bienes e informaciones sea una de las dimensiones fundamentales de la vida social.

En los territorios rurales, se encuentran maneras singulares de habitar en movimiento, como puesteros, ovejeros, comparsas de esquila, mercachifles, entre otros habitantes rurales que cotidianamente se mueven a través de la Patagonia. Sin embargo, las movilidades y la accesibilidad de estos trabajadores se encuentran condicionadas por el régimen de propiedad latifundiaria de explotación ovina, que se ha extendido desde el siglo xix hasta el tiempo presente. Como señala Bascopé Julio (2008, p. 30), en la Patagonia, “la circulación animal, humana y mercantil fue la base del imperio ganadero”. Así, los trabajadores rurales, sin acceso a tierra, ni a medios de producción, disponen de sus propias movilidades como capital para acceder al empleo[2].

Al mismo tiempo, estas condiciones de alta concentración de tierras en manos de privados han generado procesos de despoblamiento rural acelerado, principalmente de las familias y jóvenes rurales (Mansilla et al., 2021). Por otro lado, producen una condición de infrapoblamiento rural (Martinic, 2006), es decir, una dificultad permanente por poblar los asentamientos rurales, debido a que no hay suelo disponible.

En este artículo describimos las territorialidades móviles de las comparsas de esquila, que corresponden a cuadrillas de trabajadores temporales que viajan a través de los territorios rurales desempeñando labores de esquila de ovejas. La hipótesis que planteamos es que el deshabitar rural producido por los regímenes de trabajo y tenencia de la tierra en la Patagonia han producido la desterritorialización rural de los habitantes rurales, y han provocado su reterritorialización a modo de una territorialidad que permanece en movimiento.

Para comprender las movilidades y ritmos de las comparsas de esquila, profundizamos primero en el giro territorial y el significado de territorialidad. Posteriormente, desde una perspectiva de movilidad, esbozamos una definición de territorialidades móviles en diálogo con las nociones de desterritorialización y reterritorialización. Luego mencionamos algunos de los principales hallazgos del trabajo de campo etnográfico en las comparsas de esquila. Finalmente, las conclusiones del artículo nos permiten describir las difíciles condiciones en las que las prácticas de movilidad se encuentran condicionadas por estructuras de poder y las desterritorializaciones-reterritorializaciones que se desprenden de ello.

El giro territorial y de la territorialidad

Durante los últimos años, se ha experimentado un creciente giro territorial en los discursos y prácticas sociales de habitantes y movimientos sociales, que reivindican el territorio desde una perspectiva ontológica (Haesbaert, 2021). Es decir, el territorio como fundamento de la existencia y como dimensión indisociable del ser y el estar con y en el mundo (Escobar, 2014; Blaser y de la Cadena, 2018; Mansilla et al., 2019).

El interés por la reflexión territorial también ha repercutido en las ciencias sociales, las que han abordado el giro territorial como un aspecto clave para poder comprender los procesos que expone el tiempo presente (Soja, 2014). Esta emergencia del territorio tiende a reforzarse en el contexto de una creciente desterritorialización-reterritorialización de la vida cotidiana, producto de los cambios económicos, políticos y ambientales (Haesbaert, 2014).

Así, el territorio se vuelve un concepto clave que señala la forma en la que el espacio es socialmente producido, colocando especial atención en las formas de poder que emergen en prácticas de apropiación y control social del territorio, que pueden ser de carácter material o simbólico (Saquet, 2011). Estas apropiaciones surgen en situaciones asimétricas de poder, que devienen en disputas por el control material y del significado del territorio. Tal como señalan Haesbaert y Porto-Gonçalvez (2006, p. 150), el territorio es entendido como el “espacio dominado (mediador de relaciones político-económicas), y/o simbólicamente apropiado (mediador de representaciones e identificaciones sociales)”. De esta manera, el territorio opera como una categoría de análisis epistemológica y, al mismo tiempo, como una categoría que emerge de las prácticas sociales de los habitantes y de las prácticas de contestación política del territorio (Haesbaert, 2021). Esto nos permite comprender las tensiones de poder, dominación, violencia y resistencia que se generan entre actores sociales en disputa por el territorio y, también, de solidaridad, cooperación, reciprocidad y respeto en la producción social del territorio.

La territorialidad es un concepto estrechamente vinculado al de “territorio”. Algunos autores prefieren definir la territorialidad desde una perspectiva política como la expresión del poder sobre el espacio geográfico (López de Souza, 2013). De forma tal que instituciones públicas y privadas también ejercen una territorialidad en la medida en que ordenan territorios y controlan las movilidades y accesibilidades territoriales de otros sujetos (Raffestin, 2013).

Sin embargo, desde una perspectiva cultural, la territorialidad permite explicar la relación indisociable entre el ser y el estar, con y en el territorio (Mansilla e Imilan, 2018). Así, la territorialidad emerge como proyección territorial de la existencia socioespacial de los sujetos, que, tal como hemos señalado en Mansilla et al. (2019), se develan en

  1. prácticas socioespaciales o formas de hacer con y en el territorio;
  2. relaciones con el lenguaje en las formas de nombrar el territorio;
  3. saberes y conocimientos territoriales[3]; y
  4. las relaciones que se constituyen entre cuerpo y territorio en la vida cotidiana.

En este mismo sentido, como explica el geógrafo Joel Bonnemaison (2002), desde una perspectiva cultural crítica​​:

La territorialidad es la expresión de un comportamiento vivido: ella engloba al mismo tiempo la relación con el territorio y, a partir de ella, la relación con el espacio extranjero. Ella incluye aquello que fija al hombre a los lugares que son suyos y aquello que lo impulsa para afuera del territorio, allá donde comienza el espacio (p. 15).

En la definición, Bonnemaison destaca la relación entre territorialidad e identidad territorial, donde las relaciones de alteridad con los territorios de vida de otros grupos culturales marcan los límites de la territorialidad.

El giro de la movilidad y las territorialidades móviles

Tal como pretende dar a conocer este libro, desde diversas perspectivas de forma paralela, en las ciencias sociales y las humanidades, se ha venido experimentando, gestando durante los últimos años una creciente renovación epistemológica para comprender la dimensión espaciotemporal de la vida social, que ha sido denominada como el giro de la movilidad (Sheller y Urry, 2006). Desde este enfoque, se compone una crítica a los estudios geográficos que tradicionalmente han tendido a pensar el espacio como una dimensión fija y estática, que se encuentra disociada del tiempo. El giro de la movilidad propone integrar una mirada espaciotemporal en la que el territorio es pensado de manera móvil, como un flujo, un tránsito, que se encuentra en constante devenir y procesualidad (Jirón y Mansilla, 2013; Massey, 2012). Como señalan Jirón e Imilan (2018), la movilidad se vuelve relevante como objeto de estudio, pero también como enfoque para la comprensión del territorio, las prácticas sociales y las formas de habitar.

Estas territorialidades móviles permiten someter a una revisión crítica la idea de territorio, destacando la importancia de superar a lo menos dos nociones obstaculizadoras:

  1. comprender el territorio no solo como dimensión físico-espacial, asociada a un simple escenario donde se localizan las prácticas sociales sobre áreas fijas y bien delimitadas; y
  2. superar las perspectivas que promueven una comprensión del territorio como dimensión fija o estática, de modo anacrónico, donde los tiempos de la vida cotidiana y las prácticas de movilidad no son consideradas (Jirón y Mansilla, 2013; Mansilla e Imilan, 2019).

Tradicionalmente, las perspectivas espaciales tendieron a comprender el movimiento como un proceso de descomposición de territorio o, como señala Haesbaert (2011), como un proceso de desterritorialización y desanclaje espacial. Así, prácticas territoriales nómades eran descritas como incapaces de constituir territorio. Como señala críticamente Saquet (2011, p. 110): “El territorio aparece como una vinculación al suelo, enraizamiento, anexación, fijación; naturaleza no transformada y la desterritorialización, como mudanza, transformación, separación, desligamiento”. Al mismo tiempo, es interesante analizar que también la cultura y su dimensión territorial se han tendido a comprender como sedentarios o estáticos, sin distinguir que las identidades culturales se encuentran permanentemente en movimiento (Gustafson, 2001). Como señalan Clifford y Spivak (1998), existe una profunda relación entre raíces y rutas (en inglés roots/routes) en la conformación de las identidades territoriales, en particular, de quienes se mueven y atraviesan las fronteras territoriales y generan encuentros con otros desde la diferencia.

Tal como aclara Haesbaert (2014), erróneamente hemos tendido a interpretar la movilidad como un proceso de desterritorialización. Por el contrario, territorios y territorialidades contemporáneas están profundamente constituidos por el movimiento de personas, objetos, ideas, entre otros flujos, configurando un espacio líquido, reticular y rizomático, que desafía las representaciones estáticas del territorio. Al mismo tiempo, como lo menciona Silveira (2011, p. 45), es posible argumentar que “cuando el acontecer se torna más complejo y veloz, en el final del siglo xx, la sinonimia entre identidades, límites y territorialidad parecen hacerse pedazos, poniendo en cuestión estos conceptos”. Al respecto, Haesbaert (2014) señala que la movilidad puede adquirir un sentido de reterritorialización o desterritorialización dependiendo del grado de control político, cultural, social, o económico que los sujetos tengan sobre su movilidad. Por ejemplo, como veremos, los trabajadores rurales de la Patagonia encuentran una movilidad mucho más próxima de la desterritorialización, debido a que el sistema latifundiario asociado a las estancias se mantiene como un poder político y económico que no deja espacio para la producción de otras formas de apropiación y producción social del territorio.

Durante los últimos años, se han venido discutiendo intensamente los conceptos de “desterritorialización-reterritorialización” y la producción de nuevas configuraciones territoriales que emergen a partir de la movilidad. La multiterritorialidad es una de las nuevas formas de configuración –o de reterritorialización– que emergen de las territorialidades móviles. Esta se refiere a la posibilidad de la multiplicidad y la copresencia territorial, es decir, a la posibilidad de estar presente en diferentes espacios tiempos. En este sentido, Haesbaert y Goncalvez (2006, p. 96) señalan que “debemos hablar de un tipo muy propio de reterritorialización, una territorialización múltiple, la dispersión articulada en red con o en movimiento es altamente simbólica, en otras palabras, es una multiterritorialidad”.

Otra forma en la cual se pueden establecer las nuevas formas de reterritorialización es la transterritorialidad. Aquí las personas no se encuentran nunca entre el lugar de origen o el de destino, sino que habitan en un “entremedio”, en una dimensión territorial de carácter liminal, o, como señala Haesbaert (2014), un “ser y estar entre”. La transterritorialidad nos retrata el modo en que ciertos habitantes viven y experimentan la movilidad de manera permanente como una estrategia, donde no existe una adscripción a un territorio fijo, sino que, por el contrario, su territorialidad trasciende a las formas estáticas, encontrándose mucho más cercana a una territorialidad nómada.

Metodología

Entre los años 2018 y 2020, en el contexto de la investigación titulada “Deshabitar los extremos: nuevos modos de habitar lo rural en Magallanes”[4], trabajamos con un equipo etnográfico compuesto por geógrafos y antropólogos[5] realizando un trabajo de campo en los territorios rurales de Magallanes que se encuentran en proceso de despoblamiento. Desde una perspectiva etnográfica, y a través del enfoque territorial y de movilidad, hemos descrito los procesos de desterritorialización y reterritorialización que viven los habitantes de los asentamientos humanos rurales producto del despoblamiento acelerado. Para esto, llevamos a cabo una etnografía colectiva (Jirón e Imilan, 2016) en la región de Magallanes, en las comunas de Laguna Blanca, San Gregorio y Timaukel en Tierra del Fuego, Chile. La etnografía tuvo un carácter multisituado, ya que, por una parte, indagó en la experiencia de los habitantes que se mantienen en estos territorios y resisten los procesos de desterritorialización, abandono, ruina y éxodo masivo de sus habitantes. Al mismo tiempo, mediante esta etnografía, seguimos las trayectorias de movilidad de los habitantes que han emigrado desde estos asentamientos rurales y se han reterritorializado en nuevos lugares. En ambos casos, no solo se describe el cambio de lugar, sino que se busca retratar la experiencia de movilidad de los habitantes frente al abandono de sus lugares de vida. Las técnicas de investigación utilizadas fueron la observación participante y entrevistas. En la primera, el equipo antropológico etnográfico vivió durante un período de un mes en dos asentamientos rurales de las comunas de San Gregorio y Timaukel, participando y conociendo las formas de habitar cotidianas. La segunda se realizó en formato relato de vida, en el cual las personas repasan los principales hitos que han marcado sus trayectorias de vida. En el temario de preguntas, se han incorporado aquellas que consultan sobre rutinas, prácticas, trayectorias y hábitos asociados a la movilidad. En este contexto se llevó a cabo la entrevista a cinco trabajadores de comparsas de esquila, quienes dieron a conocer aspectos relevantes para comprender sus territorialidades móviles.

Patagonia, un territorio móvil

Una rápida revisión histórica de las formas de uso del territorio en la Patagonia demuestra que la movilidad se encuentra presente como un aspecto configurador de las formas de habitar. Primero, emerge a partir de las prácticas territoriales de los pueblos originarios como los Chonos, Kawéskar, Yaganes, Selk’nam y Aónikenk, que se movilizaban a pie o mediante la navegación para subsistir en sus territorios. Posteriormente, ante el avance del colonialismo europeo y la conformación del sistema del mundo moderno capitalista, una nueva forma de movilidad global marítima se moviliza a través del estrecho de Magallanes, imponiéndose e impactando sobre las territorialidades de los pueblos originarios. En un tercer momento, que se extiende desde mediados del siglo xix hasta el siglo xx, las movilidades emergen a partir de las trayectorias de migrantes chilotes y croatas que llegaron a habitar estos territorios en búsqueda de trabajo y forjaron la identidad cultural patagónica (Molina, 2011). Una cuarta dinámica de habitar en movimiento se encuentra compuesta por el rol que las prácticas de movilidad han tenido históricamente en relación con la condición transfronteriza de la Patagonia entre Chile y Argentina. Estas definen un territorio móvil en el que se realizan múltiples intercambios culturales, sociales y económicos (Harambour, 2012).

En la actualidad, se evidencia una reterritorialización de nuevos actores y procesos, en los asentamientos rurales tradicionales, que reemplazan sus movilidades por nuevas formas de movilidad basadas también en dinámicas extractivas asociadas al petróleo, el metanol y el hidrógeno verde, configurando territorios corporativos bajo la figura de enclaves productivos asociados a la explotación de hidrocarburos que movilizan a trabajadores conmutantes (Margarit et al., 2019). Estos, entre muchos otros aspectos, dan cuenta de la relevancia y persistencia de la movilidad en la manera de habitar la Patagonia.

Autores como Mandujano-Bustamente et al. (2016) han descrito en la Patagonia dinámicas de movilidad tales como las siguientes:

  1. movilidad residencial, generada por la adquisición de segundas viviendas en las ciudades o localidades mejor dotadas de infraestructura, promoviendo la emigración de familias desde zonas rurales con fines educativos y para la búsqueda de oportunidades;
  2. la migración juvenil desde los centros urbanos hacia la capital nacional que no tiene retorno;
  3. la movilidad laboral por conmutación o traslado cotidiano de la fuerza de trabajo intrarregional y extrarregional, en los que se incluyen los desplazamientos hacia Argentina (ver también los trabajos de Soza-Amigo y Aroca, 2010).

Al mismo tiempo, algunas de las singulares prácticas de movilidad cotidiana que se despliegan en los territorios rurales de la Patagonia argentina han sido descritas en los trabajos desarrollados por Vázquez (2016), quien analiza las movilidades cotidianas de los productores agrícolas de la estepa patagónica desde un enfoque de movilidad.

Las comparsas de esquila: territorialidades móviles en la Patagonia

La formación socioespacial de la Patagonia es un claro ejemplo de la forma en que opera el poder económico sobre el territorio, las movilidades y las territorialidades[6]. A fines del siglo xix, la Patagonia se encontraba inserta en el sistema-mundo moderno capitalista y cubría parte de la demanda de carne y lana de oveja del imperio británico (Harambour, 2017). Esta configuración económica representa una marca fundamental en la producción social de los territorios rurales de Magallanes. Mediante la figura de la “estancia”, se instala una formación socioespacial latifundiaria que emula la granja de producción ovina británica. Si bien, a lo largo del tiempo, se han generado modificaciones en los propietarios de las estancias, la configuración latifundiaria de Magallanes se extiende hasta el tiempo presente como una de las principales formas de estructuración de la propiedad rural[7] [8]. Las extensiones territoriales de las estancias pueden variar; en nuestro trabajo de campo, hemos podido encontrar estancias que pueden llegar a alcanzar las 100.000 hectáreas[9] de tierra y que pueden llegar a tener más de 30.000 ovejas bajo el control de tan solo un propietario; esto genera que el habitar y las prácticas de movilidad en el interior de las estancias sean bastante singulares en grandes extensiones de tierra y de difícil accesibilidad debido a su aislamiento geográfico.

La imposición de las estancias en la Patagonia se generó a través de mecanismos violentos de acumulación por desposesión, que destruyeron las formas precedentes de territorialidad de los pueblos originarios, pues sus prácticas territoriales nómades transgredían los límites impuestos por los cercos de los latifundios (Harambour, 2012). Como bien señala Bascopé Julio (2008), la configuración del sistema estanciero compone un poder de carácter biopolítico que recae sobre el territorio y sus habitantes, transformando a los trabajadores en “pasajeros rurales”, denominación utilizada en la jerga rural para señalar a trabajadores sin tierra, que se encontraban en movilidad permanente deambulando en caminos rurales, entre estancias y puestos[10]. Como señala Bascopé Julio (2008, p. 38):

A diferencia de lo que sucedió y sucede en otras latitudes, en la estepa patagónica la migración no tenía ciclos: en particular para los europeos, aunque entre los nacionales lo fue progresivamente, el final de la temporada no marcaba el retorno a casa. El migrante devenía así nómade.

Durante esta época, el sistema de contratación en las estancias era a modo de trabajadores sueltos[11], es decir, personas que se movilizaban individualmente entre diferentes estancias y ofrecían su fuerza de trabajo. Como señala Bascopé Julio (2008), este tipo de trabajo tenía una marcada estacionalidad de acuerdo al calendario de trabajo rural, ya que generaba que, después de las temporadas de esquila, los trabajadores se quedaran deambulando en zonas rurales, hecho que provocaba un problema social y una merma económica para las estancias que se veían obligadas a ofrecer alojamiento y alimentación a los pasajeros durante estos períodos con el fin de evitar daños mayores a su propiedad.

Según hemos podido constatar en nuestro trabajo etnográfico, los pasajeros rurales de la actualidad han desaparecido de los territorios rurales y habitan únicamente en la memoria de los pobladores campestres. Sin embargo, existen otras formas de configuración de habitares rurales en movimiento.

Uno de los motivos de este cambio en la estructuración del trabajo rural ocurre con la conformación de las denominadas “comparsas de esquila”. Actualmente, se organiza a los trabajadores de la esquila en una cuadrilla bajo el mando de un contratista, o capataz, que se encarga de coordinar el trabajo de la comparsa y desempeña labores tales como ocuparse del trato con el administrador de la estancia, organizar al grupo de esquiladores en formato de cuadrilla de trabajo, equiparlos con herramientas necesarias para el trabajo de esquila, coordinar sus movilidades por diferentes estancias y proveer de alimentos, entre otras tareas de coordinación.

Tal como se señala a continuación, la comparsa se encuentra compuesta por una cuadrilla de trabajadores que realizan diversas tareas, detalladas en el siguiente cuadro.

Tabla 1. Tipos de roles que cumplen los trabajadores
en el proceso de esquila

Capataz

Encargado de la coordinación del grupo de trabajadores que componen la comparsa.

Esquiladores

Encargados de llevar a cabo la esquila de la oveja.

Prenseros

Encargados de llevar a cabo el proceso de compactación y embalaje de la lana.

Escoberos

Se encargan de barrer el piso y extraer los restos de lana.

Velloneros

Encargados de retirar el vellón de la oveja una vez que el esquilador ha concluido. Por cada oveja esquilada, deben entregar una ficha al esquilador.

Mesoneros

Encargados de revisar y seleccionar la lana.

Embretadores

Encargados de estar en los corrales, seleccionando a los corderos y llevándolos hasta los esquiladores.

Cocinero

Encargado de toda la alimentación de la comparsa.

Fuente: elaboración propia.

En una de las comparsas que encontramos en la comuna de San Gregorio, la cuadrilla estaba compuesta por más de 23 personas, con nueve esquiladores, dos prenseros, dos escoberos, tres velloneros, cinco meseros y dos embretadores. El grupo de trabajo está principalmente compuesto por hombres; las mujeres comúnmente se desempeñan en el trabajo de la cocina o como barredoras de los vellones de esquila, pero, en algunos casos, estas labores también son desarrolladas por hombres. Precisamente, el despoblamiento rural afecta especialmente a las mujeres que han sido expulsadas de las zonas rurales debido a que se prefiere contratar a hombres solteros.

Otro aspecto a considerar en el cambio realizado por las comparsas en la organización del trabajo rural se refiere a una profesionalización de la labor de esquila. Los esquiladores se definen a sí mismos como deportistas de alto rendimiento, cuentan con preparación física, cursos de perfeccionamiento, y equipamiento técnico para el desarrollo de estas labores de gran exigencia física. Muchos comentan que participan en competencias internacionales de esquila y que admiran a campeones famosos. Algunos de los entrevistados nos han señalado que han viajado a Nueva Zelanda para estudiar y perfeccionarse en la técnica de esquila conocida como Tally Hi, que corresponde a un método australiano que permite disminuir el maltrato animal y al mismo tiempo reducir los tiempos de esquila y aumentar la productividad. Esta aceleración del ritmo de trabajo es indispensable ya que el esquilador recibe un pago por oveja esquilada. Según señalan los entrevistados, un buen esquilador puede llegar a esquilar entre 300 y 350 ovejas por día.

La creación de las comparsas de esquila también responde a una creciente tecnificación de las prácticas de esquila, que, según señala Piñeiro (2008), se encuentran vinculadas a la incorporación del motor eléctrico y mejora en las máquinas de esquila. Esta labor se realizaba anteriormente de forma rudimentaria, la esquila era manual y ejecutada con tijeras. Este cambio aceleró los tiempos de producción y la mecanización en el proceso productivo, transformando los ritmos y movilidades de la explotación ganadera.

Figura 1. Embretador de una comparsa de esquila, organizando las ovejas en el patio para el proceso de esquila. Comuna de San Gregorio, Chile

Un rebaño de ovejas en una roca  Descripción generada automáticamente

Fuente: Pablo Mansilla-Quiñones.

Figura 2 (izq.). Esquilador usando el método Talli Hi /
Figura 3 (der.). Vista general del galpón de esquila y de las funciones que cumplen los trabajadores. Cooperativa Cacique Mulato, Comuna Laguna Blanca, Chile

Fuente: Pablo Mansilla-Quiñones.

Las comparsas de esquila se encuentran en diversos países con tradición de producción ovina, tales como Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile. De forma general, en estos países se mantienen la misma estructura y roles en la conformación de la cuadrilla de trabajo. Sin embargo, según nos señalan, algunos aspectos que cambian son los tipos de ovejas y de lana, las herramientas utilizadas en la esquila y los tipos de alojamiento que reciben los trabajadores de la comparsa, entre otros aspectos.

Hace años, eran comunes las trayectorias de movilidades transnacionales entre estos países (Ejarque, 2013), pero, debido a que estos movimientos son estrechamente dependientes de la situación cambiaria de moneda, en la actualidad, las comparsas chilenas y argentinas tienden a mantenerse dentro de las fronteras nacionales. Sin embargo, tal como pudimos evidenciar en nuestro trabajo de campo, en las comparsas de esquila, encontramos trabajadores uruguayos y paraguayos, que nos comentaban que una práctica recurrente entre ellos era moverse en trayectorias de escala global y trabajar como esquiladores durante una temporada en Europa o Estados Unidos y otra en la Patagonia chilena, como nos señaló un capataz:

… No solamente esquilan en su país. Ejemplo, los uruguayos especialmente no solamente esquilan en Uruguay, ellos viajan a… a España, Estados Unidos, que son las… son donde ellos más viajan y adonde más trabajan. Y de ahí se vienen para acá, y así andan, ellos casi todo el año pasan esquilando, los uruguayos especialmente. Los argentinos no, los argentinos siempre hacen su faena en Argentina y acá en Chile.

El capataz también nos señaló que durante los últimos años también han contratado colombianos, ecuatorianos, paraguayos, argentinos y uruguayos para trabajar en diferentes labores de la comparsa.

Asimismo, las migraciones de trabajadores rurales, provenientes de las regiones de Chiloé y Aysén, han tenido históricamente una significativa relevancia en los procesos de poblamiento rural de los territorios del sur de la Patagonia. Como ha sido bien documentado en estudios anteriores (Saldívar Arellano, 2017), las migraciones desde estas regiones se deben a cambios económicos y ambientales en la isla de Chiloé que motivaron la desterritorialización y reterritorialización chilota en la Patagonia austral. En efecto, de los más de setenta casos de personas entrevistadas durante nuestro trabajo de campo, la mayoría de los entrevistados eran de origen chilote, tal como nos comentó uno de los entrevistados:

Sí, po, es que antes se veía mucho eso, en el sector de Coyhaique, mucha gente de Chiloé iba para Argentina a esquilar y esos pasaban con toda su gente, [o sea], familia, pa’l lado de… o sea, pa’… digamos, pa’ la… pa’l límite con Chile, los argentinos. Esos pasaban. […]. Sí, porque, por lo general, salen buscar su… su trabajo… o a conocer o a trabajar igual. Salen o salían antes… y pa’ todas partes, tú en cualquier parte que vayas del mundo hay un… un chileno y… y capaz que sea de Chiloé.

Estas migraciones también se encontraban impulsadas por la construcción de redes territoriales entre familiares y amigos que motivaban a otros a migrar. Como señaló uno de los entrevistados, contagiaban a otros motivándolos a viajar:

Es que… claro, es que, como yo te conversaba, contagio. Por ser, si… si yo vengo de Chiloé o de Coyhaique, eh… ya el amigo le pregunta: “¿Cómo te va para allá?”, no, bien, hay harto trabajo, entonces ya, me voy para allá. Y le pasa lo mismo los coyhaiquinos, se contagian, conocidos o parientes, hay trabajo en Punta Arenas o en Porvenir o en Natales, ya, háceme los contactos, entonces se… se vienen en busca de trabajo, y lo consiguen, por eso es que hay tanto contagio. Entonces, siempre ha existido ese, digamos, […] para acá. Hay épocas que de un lado se contagia.

Estas movilidades transfronterizas y transregionales describen la manera en que los integrantes de las comparsas de esquila habitan territorialidades móviles a diferentes escalas espaciales y temporales, que pueden ser descritas como transterritoriales. Es decir, siguiendo a Haesbaert (2014), como una experiencia de “estar entre” diversos territorios, una forma nómade de habitar, que acontece en constante movimiento. Como también describe Ejarque (2013):

Los trabajadores de la esquila siguiendo trayectos rutinarios, año tras año, estancia tras estancia, galpón tras galpón, tienen una relación con el territorio similar al del “nómada”, donde los puntos representan etapas del ciclo de trabajo, pero también de sus ciclos de vida. El sostenimiento de este movimiento lo asemeja a una migración golondrina, aunque no hay una rotación entre producciones, sino entre diferentes campos dedicados a la misma producción. Asimismo, si bien los movimientos son menores en cuanto a las distancias y a la cantidad de meses, los integrantes de las cuadrillas siguen necesitando trasladarse y abandonar sus casas durante algunos meses en el año o, por lo menos, semanas, según la decisión y forma de organización del contratista (Ejarque, 2013, p. 15).

Esta experiencia de vivir en movimiento deja profundas huellas en la experiencia de vida de los sujetos, como nos señalaba uno de los entrevistados al consultarle si tenía esposa e hijos: “No, por lo mismo, porque he andado por tantas partes, y… o sea, por… he sido como nómade”.

Así, los entrevistados reconocen que tienen vidas móviles, en las que viajan durante casi todo un año recorriendo largas distancias. En este esfuerzo identifican aspectos negativos asociados al cansancio, pero también una dimensión positiva, asociada a la libertad que les entrega este modo de vida en movimiento:

Sí, es cansador, pero a la vez aventurero, porque gracias a esto yo conozco toda esta… gracias a Dios conozco toda esta región por mi trabajo, yo conozco toda la región por mi trabajo, así que no tengo nada que… Sí, como le digo, es complicado de repente porque deja a su familia muy abandonada, como se dice. Pero ahora con el sistema de ya de las comunicaciones no es tanto, ya uno les pega una llamada, ya uno pregunta cómo está la gente y todo. Así que… no, bien… eso, aventurero.

La movilidad de las comparsas se extiende durante todo el año según el calendario de la esquila. Comúnmente contempla un solo mes de descanso durante el mes de febrero, que es cuando los trabajadores se reencuentran con sus familias. También, tal como señalaba el esquilador entrevistado, se reconoce que la movilidad de los trabajadores rurales ha cambiado en términos de dispositivos de movilidad. Antiguamente el traslado de los trabajadores de la comparsa se desarrollaba en situaciones muy precarias con camiones abiertos a través de caminos de tierra. Actualmente se desarrolla en mejores condiciones: en buses públicos interregionales o transporte privado. Al mismo tiempo, la comparsa siempre dispone de un automóvil con el fin de trasladar a los trabajadores en caso de un accidente laboral.

El teléfono celular también ha permitido disminuir el aislamiento geográfico e incrementar la comunicación con la familia y los amigos. En algunos casos, se identifica en el celular un disruptivo que ha afectado a la sociabilización en el interior de la comparsa, en especial durante el tiempo libre que queda después de la jornada, donde los jóvenes se aíslan. Esto ha provocado que desaparezcan prácticas como el juego de cartas, la narración de historias, entre otras formas de tradición propia de la Patagonia. Sin embargo, también comentan que el celular y las redes sociales han permitido incrementar el contacto entre trabajadores rurales de la Patagonia chilena y también de otros países. Donde se comparten experiencias y conocimientos asociados a la esquila, las jineteadas[12], entre otras. Al mismo tiempo, se usan las redes sociales para ofrecer y conseguir trabajo.

Uno de los aspectos que llama la atención en las prácticas de viaje tiene relación con la preparación del viaje y el equipaje:

Sí, po, tienes que lo esencial, que son… son su ropa de cama, eh… la ropa para trabajar y la ropa pa’ vestirse de repente, porque de repente hay que… no todos viajamos de repente en… en los vehículos que andamos, de repente tenemos que embarcarnos en buses, no vamos a ir pasados a oveja, […] usted sabe cómo es la sociedad hoy en día, todos discriminan. Entonces, sí, por eso le digo, es esencial la ropa de cama, la ropa pa’ cambiarse, ropa interior especialmente y ropa pa’l trabajo porque de repente igual… ejemplo, la esquila de ojo[13] entrepierna[14] muchas veces se trabaja mojado”.

La comparsa, como si se tratara de una banda musical, tiene una orquestación, una ritmicidad que es resguardada por el comparsero. La responsabilidad y la capacidad de trabajo son fundamentales, en este sentido se estructuran los tiempos de forma muy acotada en el trabajo:

Por lo… claro, por lo general, bueno, eh… se empieza a las seis, hay personas que empiezan siete… 10 o… o épocas. De seis a once y de doce a cinco y media o seis, esa es la rutina. En la… en la rutina es, bueno, en la mañana el que toma mate se levanta a las cuatro y media o cinco, toma su mate, después antes de… de ir al galpón, si entra a las seis se toma café a las… a las cinco y media, siempre con una hora, media hora antes de colación, y tú terminas a las ocho haces un cuarto, que se llama, un cuarto se le llama al descanso del… del grupo de esquila.

En este sentido, los ritmos del trabajo y del territorio son un aspecto fundamental en la movilidad de la comparsa y las labores de esquila. Por ejemplo, determinan que los trabajadores rurales elijan diferentes posiciones en la división social del trabajo; en el caso de los arrieros que hemos entrevistado, nos mencionan que es necesario que quien desarrolle esta práctica debe ser alguien pausado, tranquilo, nunca puede apurar a un piño de ovejas, por el contrario, debe entrar en sintonía con los ritmos del animal, de tal manera que se realice un movimiento guiado y conjunto entre el animal y humano:

Sí pues, sí […] el tipo no puede andar a las carreras con su piño, tiene que andar al paso del animal, dejarlo que el animal vaya comiendo, vaya caminando y avanzando y comiendo y así. Pero si tú lo llevas a la carrera… no es… no es trabajo bueno.

Por su parte, un esquilador también debe tener un ritmo, debe ser alguien rápido, responsable y hábil, como señala uno de los entrevistados:

Usted tiene que complementar… calidad… primero que nada, técnica… que la técnica le pasa para que usted tenga calidad. Usted tiene que complementarlo con velocidad… y manejar la técnica, un buen trato al animal. Si usted reúne todas esas condiciones va a ser un buen esquilador y va a tener un buen desempeño […] donde se pare.

Así como también son relevantes aquellos ritmos de movilidad que impone el medio geográfico a través de las condiciones cambiantes del tiempo atmosférico. Por ejemplo, no se puede esquilar con lluvia, pues la lana se quema. Como señala Piñeiro (2008), el crecimiento del propio vellón en la oveja va marcando un ritmo espaciotemporal en el calendario de esquila, por ejemplo, antes del verano se debe llevar a cabo la esquila, antes de que la floración de la vegetación afecte la calidad del vellón de oveja. En este sentido, emerge una relación particular entre la movilidad, los ritmos y el paisaje de la Patagonia.

Movilidad y desterritorialización rural

En una primera aproximación al estudio de las movilidades en la Patagonia, tenderíamos a pensar que las grandes extensiones de tierra, las distancias y el aislamiento geográfico determinarían la inmovilidad de sus habitantes. Sin embargo, los resultados del trabajo etnográfico nos permiten afirmar lo contrario: la movilidad es un aspecto fundamental en la forma de habitar la Patagonia.

Las comparsas de esquila expresan una movilidad singular, que se distingue de otras formas de movilidad rural, debido a la configuración de vidas nómades que recorren grandes extensiones territoriales y a realizar labores de trabajo rural en territorios caracterizados por el infrapoblamiento y el despoblamiento. Al mismo tiempo, las movilidades de las comparsas de esquila se vuelven especialmente singulares dado que se inscriben en circuitos globales de flujos económicos, sociales y culturales de trabajo y comercio de ganado ovino.

Volviendo a la discusión teórica sobre la noción de territorio en cuanto espacio apropiado de carácter material o simbólico, los antecedentes descritos sobre las comparsas de esquila invitan a interrogarnos sobre hasta qué punto es posible plantear que las movilidades de los trabajadores rurales pueden ser consideradas prácticas de apropiación del territorio. En efecto, los resultados de esta investigación describen que el paso fugaz por las estancias impide una apropiación material efectiva de los territorios rurales. Por lo tanto, las territorialidades móviles de los trabajadores de las comparsas de esquila tienen un carácter eminentemente simbólico, debido a que el control y la apropiación material de los territorios rurales se encuentran fuertemente resguardados bajo los sistemas de propiedad latifundiaria de la tierra. Los dueños de las estancias, y en menor medida los contratistas, son quienes tienen el control sobre el calendario, el tiempo, los ritmos y los desplazamientos de los trabajadores rurales, pudiendo incidir directamente sobre sus movilidades y su accesibilidad en estos territorios.

El caso de las comparsas de esquila demuestra que las trayectorias y ritmos de movilidad se encuentran significativamente estructurados por quienes dominan los medios de producción. Entonces, es posible señalar que en estas movilidades los trabajadores se encuentran desterritorializados desde el punto de vista político y económico. Sin embargo, desde la perspectiva social y cultural, existe una reterritorialización simbólica, que acontece en movimiento y de manera efímera. A partir de estas territorialidades móviles, se constituye también una experiencia transterritorial, en la que los integrantes de la comparsa se encuentran en un espacio liminal, es decir, en un estar entre estancias. Según hemos observado en nuestro trabajo de campo, esto ocurre principalmente en los espacios de descanso, alrededor de la mesa en los momentos de alimentación y también en la recreación.

La baja en la productividad ganadera, así como la tecnificación, ha hecho que estos modos de habitar el territorio en movimiento se encuentren en retroceso. Los cambios económicos afectaron al sistema cambiario y paralizaron las movilidades transfronterizas (Ejarque, 2013). Al mismo tiempo, cada vez son menos los jóvenes que quieren incorporarse en este tipo de labores que implican un gran esfuerzo. Según gran parte de los entrevistados, la alta movilidad de los trabajadores rurales, así como el frecuente cambio de un trabajo a otro, se debe a la precariedad laboral, los malos tratos, y el incumplimiento de condiciones estipuladas al momento de la contratación, o bien al precario acondicionamiento de las condiciones de habitabilidad.

El concepto de “territorialidades móviles” nos lleva a pensar los territorios como redes transescalares, a través de las que se mueven personas, animales, objetos, dispositivos técnicos, informaciones, conocimientos, entre muchos otros tipos de flujos, y, al mismo tiempo, se encuentra directamente vinculado a otras formas de ejercicio de la territorialidad como la multiterritorialidad o la transterritorialidad (Haesbaert, 2014).

Así, la movilidad de las comparsas no solo conforma parte de una territorialidad diferente, sino que se transforma en una forma de vida, que se despliega constantemente y que no se reduce tan solo al largo viaje entre el lugar de origen y destino. Así, cuando analizamos los relatos de vida, podemos considerar que la movilidad se mantiene como una estrategia que permite subvertir las condiciones del medio social, una estrategia de subsistencia y resistencia en la vida cotidiana de los habitantes de territorios rurales que se encuentran en proceso de despoblamiento. Cabe abrirse como interrogante si es posible tomar la fuerza de estas identidades territoriales móviles para pensar en otros futuros posibles para los territorios rurales de la Patagonia.

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  1. El autor agradece a los proyectos que han financiado esta investigación: ANID FONDECYT N.º 1220896 Wiñolnampulkafe: Movilidades mapuche y sus territorialidades; y ANID FONDECYT N.º 551448 Trajectories Towards Socio-Ecological Collapse Or Recovery In Patagonia: A Multispecies Mobility Approach.
  2. Ver Kaufman et al. (2004).
  3. La reflexión sobre conocimientos y saberes territoriales se encuentra inspirada en el marco del Proyecto ANID FONDECYT N.º 1171554 “Prácticas de intervenir y habitar el territorio: develando el conocimiento urbano situado” (ver Jirón et al., 2020).
  4. Proyecto ANID FONDECYT Iniciación N.º 11181086.
  5. El autor reconoce y agradece el trabajo desarrollado por los Antropólogos Consuelo Tardones y Nicolas Águila Morales.
  6. Se distingue entre el concepto de “territorio” y el de “territorialidad”.
  7. La explotación de petróleo y metanol ha sido el segundo tipo de estructuración económica de lo rural en la región de Magallanes.
  8. Esta configuración socioespacial sucede únicamente en Magallanes en el contexto de la Reforma Agraria y la estructuración de sistemas de cooperativas ganaderas.
  9. Como es el caso de la excooperativa Cameron, que hoy es propiedad de la familia Larraín.
  10. Los puestos corresponden a casas comúnmente móviles que se instalan en el interior de los latifundios, en lugares de difícil accesibilidad. En estos lugares se envía a un trabajador también conocido como “puestero”, quien se encarga del cuidado de los animales y del campo.
  11. Esta denominación la hemos encontrado a partir de los relatos que pudimos registrar durante nuestro trabajo de campo etnográfico.
  12. Las jineteadas corresponden a fiestas rurales donde se realiza la doma de caballos salvajes.
  13. Tipo de esquila de las ovejas que permite sacar el vellón que tapa sus ojos para que puedan ver.
  14. Tipo de esquila que extrae el vellón de la entrepierna para evitar la acumulación de excrementos en la lana.


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