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Agradecimientos

A Pablo Rieznik, in memoriam. Me marcó desde lo intelectual y, principalmente, me enseñó la importancia de las preguntas en la docencia y la investigación.

Especialmente a mis directores Eladio Febrero Paños, Matías Gámez Martínez y sus familias.

A mis familiares, quienes fueron un respaldo indispensable. A Luca, cuya sonrisa permanente despierta la creatividad del más oscuro ratón de biblioteca. Inicialmente esta dedicatoria decía “A mi hijo Luca, ‘el bebé que no llora’, y a su madre”. Pero ahora, llora.

A mis padres especialmente, quienes han sido los mecenas (en realidad, prestamistas de última instancia) en tan costosa empresa.

A los jurados evaluadores por sus comentarios, los que seguramente han enriquecido mi trabajo.

A pesar de nuestros enfrentamientos teóricos (los que no siempre ocurrieron en los términos más amables), a Juan Ignacio Palacio Morena por sus comentarios iniciales a mi protoproyecto de tesis.

A Diego Guerrero Jiménez (UCM), quien fue el primero en impulsarme en este método de medición. Doble saludo, ya que también fue jurado.

Marcela Lascano fue la colega que me acompañó inicialmente en este camino. Su retiro de la academia ha sido indudablemente una pérdida incuantificable.

Gonzalo Ralón fue tal vez el mejor alumno que pisó mis aulas. Bien vale el plural para aulas, porque cursó varias asignaturas a mi cargo, en las que obtuvo siempre la máxima calificación. Pero el premiado fui yo, ya que hoy cuento con su amistad incondicional. Fue coautor en varios de los trabajos que han sido una base para este. Sus comentarios contribuyeron a mejorarlo, sobre todo en el aspecto metodológico. También me han mejorado en lo personal.

Los aportes de Marín Trombetta, mi econometrista de cabecera, son imposibles de mensurar, al menos en la manera cuantitativa en la que a él le hubiera gustado.

A Rubén Berenblum, un radical de boina blanca y tanguero, que siempre confió en mí.

A los miembros de mi equipo de investigaciones UBACyT.

A mis estudiantes, quienes enriquecen mis puntos de vista con sus intervenciones.

Al Centro de Estudios de Marxismo Cuantitativo que dirijo en la FCE-UBA.

A Antonio Rosselló, por su generoso apoyo permanente.

Rodolfo Rieznik (UPC), quien generosamente me recibió en Madrid y planteó futuras soluciones a problemas no resueltos, por no estar contemplados, en este trabajo sobre la movilidad internacional de la plusvalía.

Al Secretario de investigaciones de la FCE-UBA, Adrián Ramos, y a su antecesor, Eduardo Scarano.

Es innegable el aporte de las charlas de los miércoles a la mañana en sala de profesores con Juan Iñigo Carrera.

A Juan Graña, sus cometarios y correcciones en lo que respecta a la distribución funcional del ingreso y las cuentas nacionales.

A Pablo Bortz y su predisposición a comentar temas sensibles de este texto, colaborando así con su refinamiento.

Las charlas sobre el problema de la transformación que tenemos habitualmente con Bruno Canuto y Alejandro Ramos han influenciado indudablemente estas líneas. Así como los comentarios a la sección correspondiente.



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