La calle, un escenario de lucha y supervivencia para las mujeres
La investigación que aquí se presentó fue realizada desde la perspectiva de las mujeres y destacando la necesidad de poder incluirlas en el proceso de construcción de conocimiento. Constituyó una apuesta académico-política haber habilitado la palabra a un sector poblacional que parece ser minimizado por las estadísticas, discriminado por dispositivos de asistencia y poco abordado por las producciones académicas locales (hasta el momento de la realización del trabajo de campo).
Se buscó en la selección de la muestra la inclusión de mujeres con experiencias heterogéneas de calle con el objetivo de abarcar la diversidad del fenómeno. Las nueve mujeres entrevistadas narraron en primera persona las situaciones de padecimiento en la calle y los arrasamientos materiales y subjetivos de las que son objeto.
De esta forma, la investigación logró alcanzar sus objetivos: identificó los problemas de salud de las mujeres en calle, analizó los recorridos que realizan para intentar comprenderlos y solucionarlos, e indagó en la dimensión de las relaciones sociales y los procesos de restitución de derechos.
En el material trabajado se destaca que la situación de calle se mostró compleja y dinámica. Es un territorio al que las mujeres “entran” por distintas vías: el intento de alejarse de situaciones de violencia, de pérdidas emocionales y materiales, por haber atravesado experiencias de privación de la libertad en instituciones carcelarias y monovalentes, o por situaciones de vulnerabilidad y procesos de pobreza estructural. Estas vías singulares de acceso a la situación de calle se dan en un contexto de políticas neoliberales que se enmarcan en un sistema capitalista patriarcal.
La calle fue presentada por las mujeres como un escenario hostil, cuali-cuantitativamente ocupado por varones, en el que para sobrevivir deviene necesario recurrir a tácticas de masculinización para enfrentar los peligros que se presentan. Las mujeres han padecido diversas situaciones de violencia, principalmente sexuales, físicas, económicas – patrimoniales, psicológicas y simbólicas. También se destaca la modalidad de violencia institucional, en general realizada por profesionales, trabajadores/as, funcionarios/as, de instituciones públicas que obstaculizan o retardan el acceso a las políticas públicas previstas por la Ley 26.485. Se registraron eventos de des-trato y abandono por parte de profesionales de los programas de asistencia directa en la vía pública a las mujeres en situación de calle. A su vez, en varias oportunidades la disponibilidad y disposición de establecimientos de pernocte tampoco parece ser adecuada ni suficiente para abordar la problemática.
Contrariamente, la calle, por momentos, también aparece como un espacio de contención y afectos, donde es posible forjar lazos de solidaridad y sororidad.
Las problemáticas más críticas y recurrentes manifestada por las mujeres entrevistadas fueron: el consumo problemático de sustancias psicoactivas, violencias, la falta de vivienda y la culpabilización por las maternidades estando en situación de calle. Las experiencias de padecimientos analizadas demuestran que las mujeres interpretaron sus problemáticas en relación a cuestiones singulares de sus biografías y también respecto a la determinación social de la salud.
Entre las estrategias que dijeron utilizar para intentar resolver sus problemas de salud se destacan las distintas modalidades relacionadas con la autoatención, la biomedicina y las formas tradicionales y populares. El análisis de las trayectorias de atención en salud permite establecer que las mujeres articulan entre las distintas modalidades y varían su aplicación de acuerdo con los diagnósticos que realizan de los padecimientos y los recursos que disponen. Si bien carecen de posibilidades materiales y económicas, en la búsqueda por resolver sus padecimientos implementaron un importante despliegue de recursos sociales. En ese aspecto, se observó que la situación de calle de las mujeres no se caracteriza por el aislamiento relacional, tal como destacan otras investigaciones. Por el contrario, el material empírico permitió indagar acerca de la tensión en los procesos de desafiliación-reafiliación social, y dio cuenta de una multiplicidad de redes y lazos que las mujeres tejen y sostienen cotidianamente.
Mediante el análisis de la carrera de enferma y los itinerarios terapéuticos realizados, las mujeres con padecimiento crónico exhibieron una gran adhesión a las prescripciones biomédicas y una preocupación constante respecto del cuidado de su salud. Esta apropiación de saberes mediante el proceso de expertización generó en ellas un capital personal importante (Pecheny, 2009), similar al que se observó en la utilización de los distintos recursos que presenta la calle (subsidios, comedores, roperías, paradores, hogares, programas, hoteles, hospitales, centros de salud). Como consecuencia, las mujeres han desarrollado proceso de ciudadanización (Pecheny, 2009) que se visibiliza en las prácticas de exigibilidad y justiciabilidad que emprenden para mejorar sus condiciones de salud.
En lo que concierne a las prácticas de cuidado, a través de lo manifestado por las entrevistadas se pudo establecer que existe una polisemia de sentidos: las mujeres en situación de calle se desempeñan como cuidadoras, rol que apareció naturalizado en prácticas y sentidos asociados a la maternidad, y han ideado formas particulares de cuidar de su salud que se alejan de las concepciones del Modelo Biomédico. Estas aparecen más ligadas a un anhelo, ya que en el contexto de precariedad en que se desarrollan sus trayectorias imposibilita la educación y el estudio.
En relación a las redes institucionales se observó que las mujeres entrevistadas utilizaban los recursos del circuito de calle en forma funcional e instrumental, sin crear dependencia con las instituciones de asistencia, contrariamente a lo que arrojan otros estudios que catalogan a estas instancias como un círculo vicioso. En este sentido, surge la pregunta de si esta diferencia se relaciona con la dimensión de género, en tanto las otras investigaciones toman en su mayoría varones en situación de calle. Este transitar de las mujeres por las instituciones del Estado y ONGs destinadas a personas en situación de calle parece estar únicamente ligado a la satisfacción de cuestiones percibidas como una necesidad, ya que son intervenciones que actúan paliativamente y no propician la resolución de sus problemáticas en forma permanente. Sin embargo, las mujeres han encontrado otros espacios colectivos en los que han podido desarrollar emprendimientos productivos, cuestionar las relaciones de opresión y comenzar a transitar procesos de restitución de derechos. Este tipo de lazos, en algunos casos, posibilitaron una salida a la calle y funcionaron como facilitadores de las trayectorias de cuidado y atención de la salud.
Si bien se tuvo en cuenta una perspectiva de género, este trabajo no constituyó un estudio de género, en tanto sólo se abordó la problemática desde la perspectiva de una de las actoras sociales. En ese sentido, en futuras investigaciones se podría indagar sobre las construcciones de género en situación de calle y las relaciones sociales. Siguiendo un enfoque relacional, se podrían tomar diferentes actores/as sociales (diversidad de personas en situación de calle, trabajadores/as, familiares y compañeros/as de calle, comerciantes, formuladores/as de políticas públicas, otros/as habitantes de la ciudad), analizar prácticas, discursos y ámbitos de interacción entre ellos/as.
La situación de calle se presenta como un gran obstáculo para el ejercicio del buen vivir, ya que crea condiciones indignas para el desarrollo de la vida y constituye una violación a los derechos humanos (Paradis, 2009; Breilh, 2009). La Ley 3706, de “Protección y garantía integral de los derechos de las personas en situación de calle y en riesgo a la situación de calle”, ha hecho aportes significativos en la enunciación de estos derechos, pero en las entrevistas realizadas se observó que hay una brecha entre los discursos y las prácticas cotidianas. En lo referido específicamente al derecho a la salud, que es un problema que no se reduce a un conjunto de leyes (Spinelli, 2010). Y que, en el caso de las mujeres, aunque se encuentran operando lógicas instituidas en los dispositivos de atención, no se han creado nuevas políticas o programas específicos a pesar de la reglamentación de la Ley.
Resulta interesante destacar que la Ley 3706 fue vetada parcialmente por el Poder Ejecutivo en su artículo 5° titulado “Del derecho a la ciudad y al uso del espacio público” que es definido como “una atribución de libertad sobre el uso igualitario y no discriminatorio del espacio público, su uso y disfrute y el derecho al acceso a los servicios por parte de todos los habitantes, conforme los principios constitucionales”. Esto se relaciona con la implementación de una política urbana de segregación territorial y marginalización, que se visibiliza en lógicas de privatización y control del espacio público.
En conclusión, respecto de la Ley 3706 se evidencia la necesidad de la formulación de dispositivos de intervención idóneos para trabajar con las problemáticas de las mujeres en situación de calle desde una perspectiva de derechos. Si bien esto se encuentra redactado en la Ley, habría que encontrar mecanismos de monitoreo de su implementación.
Las políticas públicas respecto a los derechos sexuales y (no) reproductivos parecen tener escaso alcance en esta población. Por el contrario, se observó un Estado que omite la garantía de derechos y promueve maternidades obligatorias y padecimientos vinculados con la salud de las mujeres. Contradictoriamente, luego castiga a las madres en situación de calle que atraviesan los diversos padecimientos. Para muchas mujeres la maternidad se relaciona con formas de subjetivarse y la posibilidad de proyectar en las futuras generaciones mejores condiciones de vida. A su vez, un dato que resulta pertinente introducir al análisis es que en la mayoría de los casos, las mujeres atravesaron su primera experiencia de maternidad durante su adolescencia. En este sentido, se destaca cómo los embarazos tempranos son expresiones de las inequidades sociales y se presentan como un obstáculo para la superación de la situación de pobreza y la integración al mercado del trabajo (Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, 2014).
Respecto a las vulneraciones de derechos de las mujeres entrevistadas, una cuestión que apareció en forma alarmante por su frecuencia y dramatismo, fue la separación de sus hijos/as debido a su situación de calle. El devastamiento subjetivo que expresaron frente a estas situaciones toma dimensiones críticas, sobre todo en casos de consumos problemáticos de sustancias psicoactivas. De ese modo, cabe preguntarse ¿por qué el Estado opta por separar a los/as chicos/as en vez de generar las condiciones para que esa familia pueda afrontar la crianza? Si bien se comprende que la visibilización de esta problemática –aún más en mujeres que son madres– es reciente y compleja, deviene necesario implementar otras estrategias de intervención que consideren los derechos desde un abordaje integral, que no culpabilice ni criminalice a las mujeres que atraviesan procesos de vulnerabilidad social.
La posibilidad de estudiar posiciona a las mujeres en situación de calle como sujetas activas. Se define como un fin en sí mismo, en tanto las mujeres lo asociación al placer y al desarrollo personal, y tiene un impacto positivo en su auto-percepción. También las ubica de diferente forma frente a una sociedad que las margina y oprime. Presenta posibilidades de agenciamientos de herramientas para la toma de las decisiones, amplía los universos de posibilidad y genera otros devenires posibles.
Por último, queda entonces el desafío de poder generar mejores formas de acceso a los derechos sexuales y (no) reproductivos de las mujeres en situación de calle. Se propone la necesidad del trabajo intersectorial que principalmente tome la voz de las mujeres para la realización de los dispositivos y programas de asistencia. La ilegalidad del aborto sigue siendo también un gran obstáculo para el desarrollo de la autonomía. La accesibilidad a estos derechos y poder decidir sobre el propio cuerpo generará otras posibilidades para estas mujeres.
Asimismo, el derecho a la vivienda insistió en todas las entrevistas. Si bien la situación de calle no se reduce a la carencia de un techo, es una dimensión central que debe ser atendida. En esta investigación se pudo rescatar la experiencias de las mujeres en las que se observó el poco alcance que las políticas sociales a nivel local y Nacional tienen para incidir en las problemáticas que presentan. El programa del el Subsidio Habitacional que el GCBA implementa no se presenta como alternativa a la calle, sino que es una continuación de la situación de inestabilidad y exclusión residencial. El resto de las políticas destinadas a esta población tampoco interviene en los motivos que suscitaron la situación de calle, sino que opera paliativamente sin proponer soluciones a largo plazo. En ese aspecto se destaca que el GCBA no cuenta con políticas públicas efectivas de vivienda ni de empleo para las mujeres en situación de calle (Boy, 2009). La situación de desigualdad social y discriminación se evidencia en la implementación de políticas urbanas que beneficia a otros sectores sociales de la ciudad. A su vez, resulta paradójico que la CABA presenta una cantidad creciente de personas en situación de calle y gran número de viviendas ociosas.
Es necesaria la formulación de políticas locales, que desde una perspectiva de género y enfoque de derechos humanos, postulen respuestas a la problemática de vivienda y empleo de mujeres en situación de calle y planteen prácticas preventivas para las que están en riesgo de entrar en esa situación. Del mismo modo, deviene imperante la formulación de políticas sociales que busquen reducir las desigualdades sociales y los procesos de feminización de la pobreza.
Respecto a los dispositivos de intervención con mujeres en situación de calle, a partir de los resultados se pueden delinear algunas recomendaciones. La primera corresponde a pensar estrategias no culpabilizantes ni re-victimizantes. La segunda, diseñar dispositivos participativos que pongan en despliegue colectivamente las redes y lazos sociales que estas mujeres construyen desde lógicas solidarias, y de reconocimiento en los/as otros/as. Por último, proponer espacios horizontales educativos y de formación que desde una perspectiva de género, para que las mujeres puedan compartir sus experiencias y construir conocimientos con otros/as. Para las mujeres que atraviesan procesos de exclusión y marginalidad estos espacios educativos aparecen como la posibilidad de crear condiciones para poner en acto su deseo y formular proyectos emancipatorios que no estén limitados a los mandatos tradicionales en relación a la maternidad/género.
En conclusión, las trayectorias de atención y cuidado de la salud de las mujeres se caracterizan por la opresión y la exclusión, que se inscriben en las biografías como marcas de dolor y sufrimiento. No obstante, el conocimiento que desarrollaron en las experiencias singulares que les propuso la calle es de gran riqueza, en tanto constituye un saber contra hegemónico a un orden capitalista patriarcal que las subordina a distintas formas deshumanizantes y desubjetivantes. Poder idearse proyectos de vida emancipatorios del sistema opresor y rebelarse frente a las formas de dominación implica un gran coraje y un trabajo colectivo. Mediante el encuentro con otros/as las mujeres han podido transformar estas experiencias en trayectorias de supervivencia, lucha y resistencia.
Si yo sé que todavía puedo resistir voy a seguir peleando (María).






