Las particularidades de las problemáticas asociadas a la situación de calle de mujeres ha sido poco estudiada en el país al momento de la realización de esta investigación. No obstante, existe gran material de análisis al respecto a nivel internacional. En ese sentido, hay una primera cuestión que llama la atención e insiste en la mayoría de los países: es menor la cantidad de mujeres en situación de calle que la de varones. Ahora bien, cabe preguntarse ¿a qué se debe este fenómeno? ¿Y qué características particulares tiene?
¿Una población invisible y oculta?
En el reciente documento “Women’s Homelessness: International Evidence on Causes, Consequences, Coping and Policies” (Johnon, Ribar y Zhu, 2017) se detalla una reseña sobre el estado de la situación de las mujeres sin hogar en el mundo y analiza la evidencia internacional de las causas, consecuencias, formas de afrontamiento y políticas públicas. Da cuenta, tal como se ha señalado en el capítulo anterior, de lo problemático para pensar una definición de homeless y desarrolla las limitaciones asociadas a las más literales que significan “sin techo” o “sin hogar”. En muchas oportunidades, se afirma en el documento, dejaría por fuera de este grupo a muchas mujeres que no tienen donde dormir pero en vez de pernoctar en la calle o un parador de emergencia, utilizan la estrategia de doubling up, que significa compartir habitación/hospedaje con otras personas mediante lazos de solidaridad y reciprocidad. En diversos artículos internacionales se ha denominado a esta población como hidden homeless (personas sin hogar ocultas). Entonces, debido a la particularidad de esta población, a la hora de registrar la cantidad de personas en situación de calle, se suma el de establecer en particular el número de mujeres que atraviesan esta situación. No obstante, como se adelantó, la incidencia de mujeres en situación de calle en la mayoría de los países del mundo representa un índice sustancialmente menor que la de los varones en la misma situación.
Entre las principales causas de situación de calle en mujeres se distinguen cuestiones estructurales, lo que las/os autores denominan “vulnerabilidades personales” y aleatorias/casuales o de efecto “shockeante”. Sin embargo, cabe destacar algunos cuestionamientos respecto de esta división. En primer lugar, lo temas estructurales son definidos como condiciones que dan forma al contexto y oportunidades de la persona y están fuera de su control. Otra cuestión se refiere a las vulnerabilidades personales, que son características individuales que pueden interferir en encontrar o mantener un hospedaje. Alguna de estas pueden tener que ver con la historia personal de la mujer, como haber sufrido abusos, negligencia en el pasado o también atravesar problemas de salud tanto física como mental. El tercer aspecto se refiere a causas aleatorias o de “mala suerte”, son eventos que no se pueden anticipar, tales como episodios de violencia, situaciones de salud inesperadas o cese de contrato de alquiler.
La mayoría de los estudios realizados ubican a la causa estructural como principal motivo de la situación de calle en la población en general, pero particularmente en las mujeres se destacan los otros dos factores. En muchas investigaciones se destaca particularmente la “violencia doméstica como un evento shockeante o traumatizante”.
Los autores toman a la violencia hacia a las mujeres en el ámbito doméstico como una situación traumatizante que sienta condiciones de posibilidad para el acercamiento a la situación de calle. No obstante, también podría complejizarse esta mirada, tal como fue trabajado en capítulos anteriores, desde el marco teórico propuesto la construcción de género en el sistema patriarcal y capitalista actual deviene en una dimensión determinante a nivel estructural. Teniendo en consideración este enunciado se podría poner en cuestión lo que estos autores denominan como “vulnerabilidades personales” ya que reduce determinadas características a nivel individual y toman como ejemplo haber sido abusada en el pasado. Entonces, según la mirada que se propone desde el marco teórico el tema del abuso tiene que ver con un factor estructural en relación a los géneros.
Respecto de las consecuencias, se destacan los impactos en el grupo familiar, sobre todo en los hijos/as y los materiales, y los psicológicos, que afectan principalmente la salud y el bienestar emocional. Estas consecuencias se pueden encontrar en la población en general, pero en el caso de las mujeres trae aparejado situaciones de abuso físico y sexual, problemáticas relacionadas con el consumo de sustancias psicoactivas, mayor inestabilidad laboral y gran susceptibilidad de contraer el virus de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.
Las estrategias de afrontamiento más utilizadas por las mujeres frente a la pérdida de vivienda generalmente incluyen recurrir a su red de soporte o contención que implica doubling up, es decir compartir habitación con familiares, amigos/as y/o conocidos/as. En muchas investigaciones se pudo visibilizar a esta modalidad como el último eslabón del proceso antes de pernoctar en el espacio público. Sin embargo, es necesario destacar que la situación de calle es un proceso diverso y complejo, no unilineal. En el Reino Unido se pudo observar la utilización del espacio público como centros comerciales, librerías, aeropuertos y baños públicos como lugares de contención y también proveedores de recursos. También se registraron situaciones en las que las mujeres se ven obligadas a intercambiar sexo por protección de uno o un grupo de varones. La mayoría de estas estrategias apunta a reducir los riesgos e impactos de encontrarse en situación de calle.
En un apartado muy interesante, en el documento de Johnon, Ribar y Zhu (2017) se analizan las políticas sociales destinadas a esta problemática, que clasifican en directas e indirectas. Las últimas están relacionadas con cuestiones más estructurales como generar políticas de empleo, de acceso a la vivienda y políticas de género para eliminar las violencias hacia las mujeres, entre otras. Las políticas directas son focalizadas para la población en situación de calle. Las más difundidas que surgen como respuesta a la problemática es la creación de refugios o paradores, comedores, roperías y servicios sociales que realizan un seguimiento de cada persona o grupo familiar. Otra de estas políticas directas es el otorgamiento de viviendas permanentes. Muchos países, principalmente de Norteamérica y Europa, han implementado el programa Housing First, en el que toman el derecho y la necesidad fundamental de priorizar la vivienda permanente.
Estas políticas buscan solucionar y dar respuesta a las problemáticas en sus diferentes dimensiones. No obstante, también hay acciones punitivas frente a esta problemática como criminalizar el pernocte en calle, y cerrar parques y espacios públicos. También en algunas comunidades se encuentra prohibido y penalizado el mendigueo, buscar entre la basura.
Pensar la situación de calle de las mujeres desde una perspectiva feminista
Según Paradis (2009), quien realiza un importante trabajo sobre la situación de calle de las mujeres en Canadá y hace una comprensiva revisión bibliográfica sobre las investigaciones en Estados Unidos, destaca que la tradición dominante ha buscado explicaciones explotando la vulnerabilidad y falta de privacidad de estas mujeres, reproduciendo imágenes y discursos patologizantes de la situación de calle (Paradis, 2009). Muchos discursos asocian a las mujeres pobres a estereotipos de alto contenido discriminatorio: como víctimas circunstanciales o estructurales; como criminales peligrosas e invasoras del espacio público; y también vagas- vividoras de los beneficios sociales. Estas tres imágenes se encuentran constantemente en interacción y producción una significación social de las mujeres en situación de calle como enferma, incoherente, víctima de violencia que puede volverse peligrosa en cualquier momento (Paradis, 2009). Esto tiene un claro impacto en las políticas sociales y posiciona a esta población como incompetentes para comprender su propia problemática. Como consecuencia, las investigaciones que reproducen estas imágenes y discursos no otorgan valor a los conocimientos propios de estas mujeres.
Respecto a las diferencias en la situación de calle entre varones y mujeres hay que atender a la categoría de género en tanto construcción socio-histórica y como tal está atravesada por múltiples dimensiones culturales y políticas (Scott, 1996; Boy, 2010).
Las recomendaciones de los estudios con mujeres en situación de vulnerabilidad desde una perspectiva feminista promueven la historización de la problemática, la interdisciplinariedad, el intento por comprender los procesos psicosociales que las atraviesan, prácticas de prevención/promoción de la salud y el abordaje desde una perspectiva de género como enfoque determinante (Cabrera, 1999; Tiradentes, 2007; Paradis, 2009; Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba, 2012). En ese sentido, en oposición a estos estudios tradicionales, se registran otros abordajes desde el feminismo que analizan la problemática de mujeres en situación de calle en forma crítica, enmarcándola en un contexto histórico complejo que debe ser entendido en relación a los procesos de opresión producidos por la colonización, el patriarcado y las políticas neoliberales. Desde esta postura se describen los impactos emocionales, psicológicos y espirituales de la situación de calle en una forma no estigmatizante. También se destaca que a partir de esta situación de marginalidad y opresión se producen fortalezas y conocimientos que funcionan en forma contra hegemónica del orden establecido de exclusión y recuperan la dignidad en búsqueda de justicia social (Paradis, 2009).
La problemática de la exclusión social se encuentra estrechamente ligada al género y configura un territorio de extrema vulnerabilidad que se puede catalogar como una doble exclusión: mujer y pobreza. En este aspecto se destaca el proceso de feminización de la pobreza, que se caracteriza por el empobrecimiento material, la anulación de derechos y el empeoramiento de las condiciones de vida de las mujeres en relación a otros actores sociales (Chant, 2003). Son varios los factores que hacen que las mujeres en situación de calle sean más susceptibles que los varones a experimentar situaciones de violencia, y por la invisibilización de la problemática y se profundiza aún más la exclusión social (Asamblea General de Naciones Unidas, 1993; Herrero Fernández, 2003). En Brasil se ha registrado inclusive prácticas de extrema violencia biomédica como la esterilización forzada y abortos involuntarios (Tiradentes, 2007).
Aunque se ha mencionado que se estima que cuantitativamente hay más varones que mujeres en situación de calle, estudios locales visibilizan que cualitativamente las problemáticas y las situaciones de vulnerabilidad social se encuentran profundizadas en el caso de las mujeres (Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba, 2012). Otra diferencia que se observa es una mayor utilización de los recursos institucionales por parte de las mujeres que los varones. Esto se debe a una multiplicidad de cuestiones. Varios estudios latinoamericanos expresan que las mujeres tendrían mayor facilidad para generar y tejer redes sociales, lo cual puede funcionar como sostén emocional y socio-económico (Tiradentes, 2007; Boy, 2010). Pero el factor principal, aparentemente, se relaciona con mandatos socioculturales que asocian a las mujeres como tuteladas y dependientes de un otro y a los varones como proveedores a través del trabajo. Pese a esto, muchas mujeres han sido capaces de generar sus propias estrategias para subsistir y configurar nuevos lazos afectivos significativos, que en algunas oportunidades han servido como fuente de empleo y posible alternativa a la situación de calle (Matus, 2013). Por otro lado, hay diversas políticas sociales y sanitarias, tanto nacionales como locales, enfocadas a sectores populares y empobrecidos y dirigidas principalmente a mujeres con hijos/as.
Estos aspectos culturales y la mayor presencia de políticas sociales podrían explicar la diferencia cuantitativa entre hombres y mujeres en situación de calle (Boy, 2010).
En relación al p/s/e/a/c de mujeres en situación de calle cabe destacar por lo menos dos cuestiones centrales a tener en cuenta. La primera se refiere a una cultura de calle relativa al p/s/e/a/c, que se caracteriza por estrategias que idea esta población para resolver sus padecimientos. Estas prácticas de autoatención se articulan en distintas modalidades y muchas veces son ignoradas por las políticas públicas, los programas de asistencia y los/as trabajadores/as de distintos sectores (Rosa, Cavicchioli y Brêtas, 2005). La segunda se relaciona con grupos familiares de distintas clases sociales, donde tradicionalmente las prácticas de autoatención han sido desarrolladas principalmente a través de mujeres que ocupan el rol de madres (Menéndez, 2003).
A su vez, se resalta cómo en el contexto de devastación de las políticas neoliberales, las mujeres de sectores populares han podido construir resistencias colectivas que intentan promover la capacidad para formular restitución de derechos y prácticas de atención en salud (Paradis; 2009; Battistessa y Matusevicius, 2010; PNUD, 2010; Zaldúa, 2011). Del mismo modo, se destaca que desde 2001, en un contexto de pobreza, desempleo y vulnerabilidad social en Argentina, se han desarrollado procesos de autonomía y protagonismo de las mujeres de los sectores más afectados por la crisis (Zaldúa, Sopransi y Longo, 2010).
En cuanto a los dispositivos de asistencia de la CABA, se evidencia la discriminación en las prestaciones sociales para las mujeres, en tanto están destinados mayoritariamente a varones en situación de calle y, como se afirma en textos periodísticos, muchas veces no cuentan los elementos de higiene básica específicos para mujeres (Andreozzi, 2010). También parece ser una práctica habitual de las instituciones sociales, educativas y sanitarias la culpabilización de las mujeres que son madres y se encuentran en situaciones de extrema pobreza e indigencia frente a algunos descuidos (Zaldúa, 2011).
Las mujeres en situación de calle forman parte de un sector poblacional en el que las políticas sociales no parecerían tener impacto suficiente para revertir la situación de extrema vulneración de derechos. Sobreviven en condiciones extremas y no pueden ejercer plenamente su ciudadanía. No obstante, aún en este contexto adverso que las re-victimiza, culpabiliza y patologiza, han podido generar distintas estrategias para sobrevivir, enfrentar sus problemas de salud y desarrollar procesos de restitución de derechos. De este modo, atendiendo al entrecruzamiento entre mujeres, violencias y situación de calle, cabe retomar algunas preguntas alzadas en investigaciones anteriores: ¿Cómo es la experiencia de la situación de calle para las mujeres en la CABA? ¿De qué modos la experiencia en calle puede resultar una continuidad de las situaciones de violencia hacia las mujeres? ¿Qué estrategias y recursos utilizan para enfrentar estas/sus problemáticas?






