¿Víctimas o héroes a su pesar?
Alejandro Pulido Azpíroz
Contexto general: guerra mundial, guerra dialéctica y “neutralidad” española
Entre 1914 y 1918, la declaración de neutralidad española evitó la movilización militar de sus ciudadanos, ahorrando al país el baño de sangre que afectó al resto del Continente. Sin embargo, la publicación de sucesivas declaraciones de neutralidad en medios oficiales no implicó, en absoluto, que la población peninsular se mostrara indiferente ante el conflicto. Tampoco surtieron efecto las alocuciones por la paz pronunciadas por diferentes obispos, que no lograron frenar el deseo, por parte de muchos, de implicarse en una guerra que se intuía iba a cambiar el mundo.[1] Aunque prácticamente nadie aspiraba a participar militarmente en la misma, los partidos, la opinión pública y, en especial, la prensa se implicaron activamente en una conflagración que, a priori, era ajena a sus intereses, llegando incluso a identificarse emocional y políticamente con uno de los bandos. Así, en términos generales, en España los sectores más conservadores se alinearon con los Imperios Centrales, mientras que las izquierdas –incluyendo a republicanos, socialistas e incluso al liberalismo monárquico– expresaron sus simpatías por los Aliados.[2]
El interés por la guerra se apreció sobre todo en las grandes urbes de Madrid y Barcelona, así como en ciertos puntos del litoral español. La contienda mundial acarreó numerosas consecuencias en el Mediterráneo, pero en este trabajo nos centraremos en el litoral septentrional por dos motivos. En primer lugar, por la existencia de una abundante bibliografía al respecto para la costa andaluza, el Levante y, sobre todo, Cataluña,[3] que contrasta con la relativa escasez de obras sobre el frente atlántico,[4] exceptuando el caso del archipiélago de las Islas Canarias.[5] Segundo, por la intensa actividad de espionaje, especialmente notable en la costa vasca, fronteriza con las aguas francesas.
Por otro lado, cabe reseñar que, en cuanto a la metodología, se ha realizado una investigación de archivos y primordialmente de las hemerotecas de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Los principales medios consultados han sido La Voz de Galicia; para Asturias el medio católico El Carbayón y el reformista de izquierdas El Noroeste; el conservador La Atalaya para Cantabria; ya en tierra vasca el católico La Gaceta del Norte, El Liberal de Bilbao, el diario nacionalista vasco Euzkadi, el católico-integrista La Constancia y el republicano La Voz de Gipuzkoa. En base a esta investigación se ha podido constatar tanto la existencia de un conflicto dialéctico como de una red de espionaje local e internacional, especialmente activa en el caso vasco. El conjunto de los periódicos, pese a su parcialidad y filiación política, informan en su mayoría sobre los mismos hundimientos y casos de espionaje. Asimismo, se han analizado los diversos artículos de opinión –tanto de carácter germanófilo como aliadófilo– que influenciaban a los lectores, para entender el contexto, caracterizado por la creación de un caldo de cultivo adecuado que posibilitaba una colaboración con los servicios de espionaje extranjeros.
Las mencionadas consultas hemerográficas y archivísticas permiten señalar que Galicia se convirtió en una zona de intenso tráfico y torpedeamiento marítimo. Tal fue la situación que, el 29 de mayo de 1917 –en pleno apogeo de la guerra submarina irrestricta–, el ayuntamiento local de Pontevedra solicitó oficialmente el cese de los ataques y la intervención del Gobierno. Al mismo tiempo, Asturias contó con algunas de las redes de contraespionaje favorables a los Aliados más importantes de todo el país, como declararon las propias autoridades galas.[6] No obstante, la situación de las provincias vascas de Bizkaia y Gipuzkoa, como se señalaba, revistió una singular importancia tanto por motivos logísticos como políticos, además de la importancia que confería el citado factor frontera. En el plano logístico, la existencia de una importante red de tráfico y de relaciones vasco-británicas convirtió la zona en un punto estratégico de gran relevancia.[7] Prueba de la importancia de este comercio fue el nombramiento, en marzo de 1921, de Ramón de la Sota –dirigente nacionalista vasco– como caballero del Imperio británico, en reconocimiento a sus servicios prestados al Reino Unido durante la contienda.[8] Otro ejemplo lo encontramos en el total de pérdidas de navíos de matrícula vizcaína, en particular las 16 embarcaciones pertenecientes a la naviera del propio De la Sota, lo que suponía el 18 % de las bajas de pabellón español durante la Gran Guerra.[9]
Por otra parte, la existencia en 1914 de un mapa político en parte diferente al del conjunto de España influyó en la incidencia política de la Primera Guerra Mundial. Así, en Bizkaia –o al menos en el ámbito metropolitano del Gran Bilbao– se había implantado ya el denominado triángulo político vasco, gracias al temprano asentamiento del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en especial en Bilbao y en la margen izquierda de la Ría, y al nacimiento del Partido Nacionalista Vasco a finales del siglo XIX. El lado izquierdista del triángulo se complementaba con una importante tradición republicana, aliada casi siempre del PSOE. Completaba esta estructura tripartita el monarquismo, que en Bizkaia estaba más vinculado a los partidos alfonsinos de notables –ligados, a su vez, a la oligarquía económica bilbaína– que al carlismo (legitimismo).[10] Esta estructura tripartita se caracterizaba por una gran animadversión y conflictividad entre las distintas asociaciones políticas. Además, los diferentes partidos y sus órganos de expresión plasmaron en sus filias bélicas sus propias diferencias políticas –socialista aliadófilo, católico germanófilo y nacionalista anglófilo–, lo que explica la intensidad de la guerra civil de palabras en su vertiente vizcaína.[11] Algo semejante sucedió en Gipuzkoa, donde se enfrentaron dialécticamente los republicanos francófilos con los integristas, que mostraron tanto una faceta germanófila como otra abiertamente francófoba.[12] En otras palabras, cada opción política apostó por uno de los dos bandos beligerantes, al que defendió casi como si se tratara de su propia nación, esperando que su victoria beneficiara a sus aspiraciones políticas. Por su parte, la prensa gallega, asturiana y cántabra no presentó una lucha dialéctica tan violenta como la vasca.
Toda esta disputa periodística influyó en el público, de modo que se produjo una participación moral en la Gran Guerra, acompañada de una relativamente alta implicación en las redes de espionaje y contravigilancia bélicas a raíz de la guerra submarina irrestricta alemana. Cabe asimismo mencionar que esta guerra latente y consciente entre derechas e izquierdas se dio también en otros puntos del país. Por una parte, en el ámbito intelectual, como atestiguan los textos aliadófilos de Miguel de Unamuno o Luis Araquistáin publicados en las páginas de El Liberal y de España, contraponiéndose al Manifiesto germanófilo redactado por Jacinto Benavente.[13] Por otra parte, también se produjeron disturbios entre ciudadanos, como la trifulca de la romería de Olárizu en Vitoria (País Vasco) en septiembre de 1914. Se dio, asimismo, una situación análoga a nivel político al otro lado del Atlántico, como por ejemplo en Argentina. Todo ello demuestra la incidencia de la Gran Guerra a nivel global, nacional y local incluso en países a priori neutrales.[14]
En resumen, en este trabajo se tratará de explicar cómo la conflagración provocó un enfrentamiento en la opinión pública del norte peninsular –potenciado, además, por la propaganda aliada–, especialmente visible en la costa vasca. Esta adhesión moral se tradujo en una complicidad militar o, en otras palabras, en una forma de implicación, en un conflicto bélico de dimensiones mundiales.
¿Tiburones en la costa cantábrica? La inesperada guerra irrestricta de los submarinos alemanes
La costa vasca formó parte de la estrategia militar de la Primera Guerra Mundial debido al papel que desempeñó como aprovisionadora de los países combatientes. De una parte, sufrió los torpedeamientos alemanes que buscaron cortar el tráfico comercial marítimo destinado a la Entente. Por la otra, sus habitantes se vieron implicados en las campañas proselitistas aliadas y germanas que buscaban recabar el apoyo moral de los neutrales para asegurar el mencionado suministro.[15]
Los medios germanófilos lamentaron –aunque no condenaron– el proceder del Imperio alemán, en tanto que una parte de la indignada prensa aliadófila propuso armar a los buques mercantes. Se impuso sin embargo el realismo y se rehuyó todo enfrentamiento armado contra los U-Boote –abreviatura de Unterseeboot, la designación alemana de submarino–, quedando los navíos indefensos ante los ataques. La mayoría de la población se resignó por tanto a buscar otras vías para paliar el mal causado, generalmente en forma de iniciativas solidarias con las víctimas, mientras algunos particulares se involucraron en el espionaje. De ese modo, las filias bélicas reflejadas en la guerra civil de palabras sobrepasaron el ámbito dialéctico y terminaron por adquirir también un fin militar práctico.
En otro orden de cosas, la población también participó en la propaganda de los beligerantes que, si bien se dirigía principalmente al conjunto de España, se detuvo con atención en distintos escenarios del norte peninsular. Ahora bien, cabe señalar que la sociedad se interesó, de una parte, por la labor de los clérigos católicos aliados, enviados ex profeso para rebatir a la derecha germanófila y tradicionalista. Del otro lado, los conservadores acudieron a los diversos actos apologéticos del Reich organizados a lo largo del territorio. Huelga señalar que los países combatientes dispusieron para estas campañas del concurso de sus diplomáticos y expatriados en el País Vasco y Navarra. Por otra parte, los medios de comunicación locales también se afanaron en justificar la causa de los contendientes, tanto por convencimiento como por las recompensas otorgadas, principalmente, por el Quai d’Orsay y la Cancillería Imperial germana.
Dicho esto, pasamos a analizar el impacto de la estrategia militar de la Gran Guerra mayormente en la costa vasca, sin dejar de lado los efectos también vividos en el resto de las provincias de la costa cantábrica. Trataremos primero el desarrollo de la guerra submarina contra los buques neutrales, detallando las características, los resultados y la réplica local a la propaganda bélica extranjera. Finalmente, focalizaremos nuestro estudio en las redes de espionaje, imprescindibles para los torpedeamientos de los U-Boote alemanes.
El activo frente atlántico vasco. ¿Una guerra caída del cielo?
En 1914, la inmediata proclamación de neutralidad por parte del Gobierno Dato, el amplio respaldo a la misma y la práctica ausencia de armadas beligerantes en aguas cantábricas garantizaban, a priori, un escenario de paz.[16] Esta sensación fue compartida por medios como El Liberal, cuyo redactor Crak elogiaba, en “De soslayo. En campaña” del 26 de agosto de 1914, la situación de tranquilidad reinante. También aseguraban que leyes internacionales, como el Convenio de La Haya, garantizarían en principio la inmunidad de las flotas comerciales neutrales.[17] A su vez, el colaborador de La Gaceta del Norte, Gaufrido, afirmaba el 21 de septiembre que Alemania respetaría los acuerdos internacionales. Otros medios también se mostraban confiados en que la libertad de navegación se mantendría, en gran medida gracias a la protección británica, como defendía La Voz de Guipúzcoa.[18] Tal era la sensación de seguridad que ni siquiera los rumores infundados sobre la supuesta detención del vapor Upo-Mendi por los franceses lograron inquietar al público.[19] La ausencia de incidentes graves reforzaba aún más esta impresión de tranquilidad, destacándose tan solo algunos retrasos en la línea Bilbao-Southampton debido a los controles de vigilancia en el canal de la Mancha.[20]
Sin embargo, tras el fracaso de su gran ofensiva terrestre, Alemania intensificó su actividad marítima, impactando progresivamente en las escuadras neutrales. En 1915, el Reich amplió la zona de guerra desde la península bretona hasta las proximidades de las Islas Feroe, buscando paralizar la navegación en esas aguas. Si bien los neutrales no constituían un objetivo militar, la medida fue adquiriendo, desde mediados de año, una dimensión cada vez más mortífera. Numerosos barcos y tripulaciones se perdieron ante la incapacidad del Gobierno español para responder eficazmente, tanto en el plano militar como en el diplomático. Esta primera fase de la ofensiva submarina irrestricta se prolongó hasta septiembre de 1916, seguida por un periodo relativamente menos violento hasta inicios de 1917. Ahora bien, como se detallará más adelante, la segunda fase de la guerra submarina irrestricta –entre febrero de 1917 y octubre de 1918– resultó aún más letal.
Hasta mediados de 1915, los vapores comerciales de pabellón español –una gran parte de matrícula vizcaína– apenas notaron las consecuencias de la extensión de la zona de guerra. De hecho, la aparente invulnerabilidad de estas embarcaciones fue percibida por la Entente, que intentó utilizarla en su beneficio pintando sus barcos con banderas y nombres de pabellón hispano para evitar agresiones alemanas. La Gaceta del Norte notificaba en abril el intento de dos “buques ingleses” de suplantar a los vapores Júpiter y Pagasarri, este último oriundo de Bilbao.[21] La información provenía del diario santanderino La Atalaya, que reproducía las declaraciones del capitán del Ason, testigo de las artimañas franco-británicas en Glasgow y la costa gala. Igualmente, el navío vizcaíno Ganekogorta-Mendi sufrió una tentativa de suplantación en aguas cubanas, denunciada ante los diplomáticos españoles e ignorada por el Ejecutivo Dato.[22] Por otra parte, esta información era corroborada incluso por fuentes aliadófilas, como el reportero Juan Bautista Elguezábal, conocido como “Batxi”, del diario Euzkadi. Si el 22 de septiembre de 1914, Batxi informaba desde Middleborough acerca de las dificultades que enfrentaban los británicos para navegar, el 2 de marzo de 1915 señalaba desde Cardiff que estos habían encontrado una solución: simular que sus barcos eran de origen español. Dos escasos meses después, sin embargo, dicha invulnerabilidad desapareció, afectando de lleno a ciudadanos neutrales que se vieron convertidos en víctimas o, en el mejor de los casos, en héroes a su pesar.
El primero de estos casos se produjo el 7 de mayo de 1915 con el ataque del U-20 al transatlántico civil británico Lusitania. La agresión, justificada por un supuesto transporte de municiones para la Entente, costó la vida a numerosos ciudadanos norteamericanos (neutrales estos hasta 1917) e hizo temer por la suerte de los pasajeros neutrales. Afortunadamente, ninguno de origen español o vasco falleció, destacándose el comportamiento de Vicente Egaña, quien ayudó en las tareas de evacuación del navío. Así, según relataba el diario francés Le Figaro, el bilbaíno Vicente Egaña rechazó subir a los botes de salvamento, rescatando a más viajeros antes de que el barco se hundiera finalmente en aguas irlandesas.[23] Egaña recibió un caluroso homenaje de sus convecinos del barrio de Olabeaga, de la prensa y de la Diputación, solicitando esta última se le condecorase con la Cruz de Beneficencia.[24] Tras el hundimiento del Lusitania, los sumergibles alemanes prosiguieron su actividad contra los neutrales y comenzaron a acercarse a la costa cantábrica española, como indicaban los rumores recogidos por el diario asturiano El Carbayón. Así, el 6 de junio este medio informaba de la presencia de un buque francés, supuestamente a la búsqueda de un U-boot, pese a ser desmentido por las autoridades galas. Finalmente, en agosto de ese mismo año, los torpedeamientos y las minas se cobraron sus primeras víctimas de origen ibérico.
La lista fue inaugurada por el vapor Isidoro, torpedeado por el U-24, confirmando un telegrama de Bruselas y los propios tripulantes la pérdida del transporte de hierro para Gran Bretaña.[25] Este ataque incruento contrastó sin embargo con el hundimiento del Peña Castillo, donde sus 23 marineros perdieron la vida probablemente por el choque con una mina.[26] Esta última noticia conmocionó al público y se vio acompañada del eco mediático tras interesarse el propio monarca Alfonso XIII por el malogrado navío, cuya pérdida coincidió con su visita anual a Bilbao.
La prensa y las propias autoridades las trataron, sin embargo, como incidentes aislados más que como una campaña organizada. De hecho, según informaba El Noticiero Bilbaíno del 29 de agosto en “Los Reyes en Bilbao”, el general Miranda, ministro de Marina, afirmaba que el hundimiento del Isidoro no alteraría el tráfico marítimo atlántico. No obstante, desde comienzos de 1916 se produjo un letal salto cualitativo en la guerra submarina. El 16 de enero el buque bilbaíno Bayo colisionaba contra una mina en La Pallice (Francia) ahogándose todos sus pasajeros, excepto un segundo oficial, Jesús de Azkune. En este mismo hundimiento pereció además Batxi, a quien el nacionalismo vasco rindió un sentido homenaje y para cuya familia recolectó una cuestación.[27] La comunidad nacionalista no olvidaba sin embargo al resto de víctimas del Bayo, dedicando una misa al superviviente Azkune y organizando una cuestación para los familiares del resto de las víctimas del navío.[28]
Este frente marítimo adquirió entonces una nueva dimensión, que dio lugar a un encendido debate en la prensa. A modo de ejemplo, medios como La Voz de Guipúzcoa llamaban abiertamente a actuar contra la “barbarie alemana”, mientras que Miguel de Unamuno afirmaba en las páginas de Acción Social que había que acabar con “ese loco criminal que es el Káiser”.[29] Paralelamente, la sociedad trató de minimizar el impacto de la guerra submarina arropando a las víctimas, especialmente mediante más colectas benéficas y recibimientos multitudinarios a los supervivientes. Esta repentina ola de solidaridad no libró, sin embargo, a Bizkaia de una guerra submarina cada vez más sangrienta, narrada en la prensa y que encendió los ánimos de los aliadófilos más radicales, quienes se alistaron más tarde en las redes de contra-espionaje marítimo de la Triple Entente.
El 19 de enero llegaba la noticia del naufragio del Bélgica, cuyo trayecto Glasgow-Burdeos se vio interrumpido por la explosión de otra mina. La deflagración se cobró la vida de dos marineros, tal como relataba en una entrevista a El Liberal el capitán Benito Luzarraga. Una vez más, se sucedieron muestras de apoyo de todas las clases sociales, recibiendo los supervivientes una multitud de amigos y familiares en la estación de Bilbao. Por otra parte, los U-boote prosiguieron atacando a navíos civiles con pasaje neutral, como fue el caso del Sussex, el 24 de marzo de aquel año. El ataque no resultó tan impactante como el del Lusitania, si bien falleció en el mismo el célebre compositor Enrique Granados. Los pasajeros vascos corrieron una mejor fortuna, salvándose los tres viajeros y destacando uno de ellos por su valor. En concreto, como recogía el diario La Libertad el 30 de marzo –seis días después del torpedeamiento–, la vitoriana María Muñecas hizo gala de un comportamiento heroico auxiliando a otras víctimas del ataque.[30]
Los encuentros entre sumergibles y barcos españoles se convirtieron en algo común a lo largo de la costa cantábrica. Así, a comienzos de mayo, se produjeron tres incidentes consecutivos. El primero de ellos fue reportado el 1 de mayo por La Correspondencia Gallega, que informó sobre la detención del Ciscar por un submarino, el cual obligó a la nave a arrojar su carga, aunque permitió que el barco continuara su rumbo. El Carbayón, por su parte, relataba el 2 de mayo de 1916 sobre el encuentro y posterior huida del “bergantín” español Iscar. Tras llevar un cargamento de pinos hasta Cardiff, el barco sufrió un intento de cañoneo alemán durante la ruta y, finalmente, arribó al puerto gallego de Vigo, donde pudo resguardarse. Al día siguiente, este mismo diario notificaba la pérdida del Winifredo a manos de los alemanes. Esta racha de ataques no cesó ni siquiera ante los llamamientos papales y provocó un aumento de la vigilancia aliada en las costas españolas.[31]
Tal tendencia continuó tanto en aguas territoriales españolas como extranjeras, cobrándose la contienda marítima nuevas víctimas durante la primavera, como el Santanderino y el Vigo en abril, y el Mendibil-Mendi y el Aurrerá en junio. Ya para empeorar un aciago 1916, los germanos destruyeron el 11 y 17 de agosto en el Mediterráneo los buques Ganekogorta Mendi y Pagasarri. Ahora bien, tras esta ofensiva, se trató de buscar soluciones, al menos en el plano económico. Los navieros observaron cómo la guerra submarina diezmaba sus flotas, mataba a sus empleados y cortaba sus rutas comerciales. Sin embargo, cualquier respuesta militar o incluso medida de presión gubernamental contra Alemania parecía descartada, por lo que idearon nuevas formas para, cuando menos, compensar las pérdidas, en caso de no poder evitar más naufragios.
Por una parte, decidieron subir el precio de los fletes para rentabilizar los cada vez más arriesgados viajes, además de contratar seguros de guerra de amplia cobertura. Destacan en este sentido las negociaciones del importante naviero Horacio Echevarrieta[32] para la adquisición de decenas de pólizas con las compañías británicas Harvey Trinder and Company o John Poole and Sons.[33] Otras decisiones, en cambio, revistieron mayor audacia, como la ocultación de datos sobre las rutas navales, para evitar que cayesen en manos de posibles informantes alemanes. En concreto, los armadores se negaron a facilitar a la prensa información sobre las rutas marítimas, medida justificada por Euzkadi, que dedicó una breve nota a la decisión en su ejemplar del 6 de noviembre:
Habrán notado nuestros amigos, especialmente a aquellos a quienes interesa directamente conocer la situación de los buques de la flota bizkaina, en navegación, que hemos dejado de publicar los estados diarios acostumbrados como lo ha hecho la Prensa toda de Bilbao. Motivos poderosos relacionados con la anormalidad mundial han obligado a las empresas armadoras a declinar para con la prensa diaria el favor, siempre agradecido de facilitarle, como hasta ahora, noticias del movimiento de buques en carrera.
Comprendiendo nosotros esas razones, y respetándolas, pedimos a nuestros lectores disimulen la falta de tan interesante sección, mientras se mantenga la medida de las compañías marítimas.[34]
Esta estrategia, empero, tampoco surtió el efecto esperado, y los sumergibles alemanes hundieron otros tres buques antes de las Navidades de 1916, concretamente el Bravo, el Julián Benito y el Uribitarte.[35] Algunos otros navíos lograron evitar el hundimiento, como el Baracaldo, gracias a su seguro de navegación alemán, lo que llevó a que otros navieros mostraran interés en llegar a acuerdos con aseguradoras teutonas.[36] Por otra parte, La Voz de Guipúzcoa advirtió sobre la posible paralización del tráfico marítimo en caso de no tomarse medidas urgentes contra los U-Boote. Tal vaticinio acabó cumpliéndose tras el reinicio de la guerra submarina irrestricta alemana a inicios de 1917, que se extendió a lo largo de todo el continente europeo.[37]
La ruta comercial vasco-británica sufrió con especial dureza los embates germanos, que no solo hundieron barcos locales, sino que también intensificaron las agresiones contra navíos extranjeros en aguas vizcaínas.[38] Debe destacarse el hundimiento del vapor peruano Lorton, engañado por un submarino alemán que izó una bandera francesa para atraer a su víctima, dinamitando después el barco y requisando su documentación.[39] También conviene señalar el hundimiento del buque nórdico Gauca, destruido a unas treinta millas de Santoña, cuyos tripulantes fueron alojados en Bilbao.[40]
La violenta actividad alemana paralizó temporalmente el comercio del puerto de Bilbao hasta finales de febrero de 1917, cuando la llegada de convoyes de escolta aliados permitió reactivar la navegación.[41] Mientras tanto, la prensa narró el panorama angustioso, deplorando tanto los torpedeos alemanes como la justificación mediática germanófila, y lamentando igualmente que los submarinos dejaran a Bilbao desabastecido de productos básicos, como el carbón británico.[42] Los periódicos también incluyeron la entonces novedosa información gráfica para ilustrar sobre el alcance de los ataques alemanes. Así, el diario Euzkadi publicó titulares como “La caza de submarinos”, acompañados de fotografías de los sumergibles, para impactar también visualmente al público.[43] La campaña submarina irrestricta tuvo también otro tipo de consecuencias, como la caída puntual del patrimonio bursátil naviero, según comunicaban Euzkadi y El Noticiero Bilbaíno. La presencia de los convoyes, empero, no supuso el fin de los ataques ni de los hundimientos. Los germanos cañonearon buques escandinavos e incluso griegos en el mismo golfo de Bizkaia, además de acabar con otros cuarenta navíos vascos en diferentes puntos del continente.[44] El Patricio fue atacado en el cabo de San Antonio, Alicante, mientras que el Ereaga fue alcanzado en aguas aquitanas. Tal situación causó una fuerte indignación pública que ni siquiera pudo calmar la censura gubernamental sobre asuntos bélicos.[45] Por otra parte, la ofensiva alemana provocó más víctimas incluso en Sudáfrica, donde el transatlántico Eizaguirre chocó con una mina, causando la muerte del sobrino del oficial de la Secretaría de Cámara del obispado vitoriano.
La aparentemente imparable acometida de 1917 no solo afectó al comercio y a los viajes civiles internacionales, sino que arribó incluso a las propias localidades costeras. La contienda acabó con la vida de sus convecinos marineros, para después causar sobresaltos e incluso muertes entre la población local, inicialmente ajena a la campaña de los U-Boote alemanes.
Los nuevos e indiscriminados torpedeamientos –junto a la masiva proliferación de minas– revistieron una virulencia inusitada que horrorizó al público, arropando este todavía más a las víctimas. Dicha actitud se apreció especialmente tras el incidente del navío Tom, hundido en abril de 1917, después de descolgarse de su convoy protector. El buque colisionó con una cadena de minas submarinas, falleciendo el capitán y dieciséis tripulantes –todos vizcaínos–, lo que causó muy honda impresión entre sus conciudadanos. Estos participaron en una misa y en una amplísima colecta, cuya suscripción fue respaldada por el ayuntamiento de Getxo, el Casino Algorteño, numerosos particulares y el diario El Liberal.[46] Por otro lado, el hundimiento atemorizó a otros navíos como el Mar Caspio, cuyos marineros se negaron a zarpar, alarmados ante la mortífera campaña submarina de la que ni siquiera los buques aliados parecían poder protegerlos. Volviendo a la solidaridad con las víctimas, debe resaltarse la masiva asistencia a los funerales, que contaban además con la representación de las casas navieras y de diplomáticos de los países aliados –prueba de la importancia del comercio entre la Entente y el País Vasco–.[47]
Los submarinos realizaron un salto cualitativo más en febrero de 1917, al atacar a pesqueros vascos. El incidente de los Mamelenas, pese a las disculpas germanas tras haberlos confundido con barcos vasco-franceses, indignó profundamente a la opinión pública, especialmente debido a la justificación ofrecida por medios locales como La Constancia.[48] Por otro lado, si bien no se repitieron cañoneos contra pescadores en los meses inmediatamente posteriores, la Armada alemana siguió estando muy presente en la costa vasca. El 17 de abril, unos marineros localizaron una mina naval en la localidad portuaria de Bermeo, en aguas vizcaínas. A ello se sumaron las noticias del diario Euzkadi del 6 de mayo y del 14 de junio. En la primera, el medio nacionalista notificaba el hundimiento de un sumergible, mientras que en la segunda se informaba sobre la presencia de otro U-Boot en la costa de Bizkaia. Podemos contar como otro efecto colateral de la guerra la colisión de un hidroplano francés en Lekeitio el 5 de julio, además de un nuevo ataque teutón. Los alemanes cañonearon una lancha bonitera en Bermeo, tras confundirla con una embarcación aliada, causando la muerte de un marinero.[49] Los alemanes recogieron a los supervivientes y lamentaron su equivocación, aunque ello no aplacó al público ni a las autoridades locales. Personalidades como el catedrático y diputado Tomás Elorrieta exigieron protección gubernamental para los pescadores, aunque esta iniciativa no tuvo mayor recorrido. En mayo de 1918, otra lancha pesquera colisionó con una mina en Gorliz. En este caso, los tripulantes recibieron una compensación económica de 200 pesetas por parte de la Hacienda vizcaína.[50]
Sin embargo, la marina vasca también desempeñó un papel más heroico auxiliando a náufragos extranjeros, muchos oriundos de las islas británicas. Además, el Igotz-Mendi protagonizó una odisea tras sobrevivir a un secuestro y cruzar ambos hemisferios desde Sudáfrica hasta Bizkaia, donde se le tributó una más que efusiva bienvenida.
El primero de los barcos que rescató a náufragos en alta mar fue el Víctor Chávarri. En otoño de 1916 desembarcó en el puerto de Bilbao con 73 marinos británicos y noruegos. El buque vasco recogió a estas víctimas cuando retornaba de un fallido intento de transportar un cargamento de hierro hasta Gran Bretaña. Concretamente, los vizcaínos fueron interceptados por un sumergible alemán que los escoltó de vuelta a Bilbao, aprovechando los U-boote el trayecto para hundir los buques Barbara, Midland y Snesstäd. Sus tripulaciones fueron salvadas por el barco vasco, gesto altamente apreciado por los tres capitanes extranjeros, que firmaron una misiva de agradecimiento para el capitán del Víctor Chávarri.[51] Respecto al resto de los homenajes, que revistieron una mayor solemnidad, estos fueron celebrados por el servicio diplomático del Reino Unido en la Comandancia de Marina de Bilbao. Los cónsules otorgaron una copa de plata al capitán del navío correspondiente ante la presencia de los representantes de las casas navieras. En abril de 1917, galardonaron al Víctor Chávarri por su ayuda al Midland, así como al primer oficial del Ontón por socorrer al vapor Bogotá.[52] En septiembre, el navío Mar Cantábrico recibió una copa por su rescate del Harpagus, torpedeado en el Mediterráneo. Finalmente, en junio de 1918 se premió al Asto-Mendi, por rescatar a un “buque inglés” en el mar del Norte.[53]
Estas no fueron, sin embargo, las únicas vivencias de la marina mercante vasca. En ocasiones, sus tripulantes también fueron salvados del ahogamiento, como en el caso del vapor Asón, cuyo capitán fue entrevistado por el diario Euzkadi. El medio nacionalista recogió además las declaraciones de “Gorrotxategi”, desmintiendo informaciones aparecidas en la prensa cántabra, que alababan a la tripulación del sumergible alemán –que les habría permitido abandonar el barco–, al tiempo que criticaban a los británicos que los socorrieron.[54] Ahora bien, el periplo intercontinental del navío Igotz-Mendi, que sobrevivió a un secuestro marítimo que se extendió por espacio de medio año, resulta uno de los episodios más llamativos de la guerra submarina irrestricta en su vertiente vasca. En septiembre de 1917, el barco fue abordado por el corsario alemán Wolf, obligándole a abastecerles de carbón en un viaje transoceánico desde el Cabo de Buena Esperanza hasta Dinamarca. Pese a las averías mecánicas y a las amenazas de hundimiento por parte de los captores, todo llegó a buen término en febrero de 1918. El retorno definitivo se postergó, en cambio, hasta junio de ese año, cuando fueron recibidos con una salva de cohetes “de los pueblos de Santurce y Algorta, Portugalete y Las Arenas”.[55]
Resumiendo, la costa vasca se vio envuelta en una inesperada, indeseada e intensa contienda marítima que costó la pérdida de decenas de barcos y marineros. Ante la ausencia de una protección militar efectiva, la población poco pudo hacer más allá de brindar apoyo a los damnificados, mientras los navieros buscaban medidas alternativas de seguridad. Sin embargo, el papel desempeñado no fue únicamente el de víctima: los marinos vascos también salvaron a decenas de personas de morir en alta mar y lograron sobrevivir incluso a episodios de secuestro por parte de la escuadra germana.
Ahora bien, la campaña teutona habría resultado irrealizable sin una red de colaboradores locales extendida por el territorio, combatida a su vez por la contravigilancia aliada. Ello dio lugar a un intenso juego de espías, percibido y denunciado por los medios de comunicación locales.
La cuestión de fondo: juegos de espías en el litoral
La guerra civil de palabras adquirió una aplicación militar, donde tanto elementos locales como expatriados colaboraron con los beligerantes, al tiempo que la prensa participaba indirectamente en esta pugna. Numerosos germanófilos se alistaron en la llamada Red Canaris, mientras que otros tantos aliadófilos colaboraron activamente con británicos y sobre todo franceses contra los alemanes. Sin embargo, antes de detallar este juego de espías, conviene recordar el contexto del mismo, así como sus etapas de desarrollo.
Debido a las enormes dimensiones adquiridas por la Gran Guerra, los beligerantes necesitaron asegurarse el concurso logístico de los países neutrales, por lo que establecieron redes de vigilancia destinadas tanto a cortar el suministro a sus rivales como a asegurarse el propio. Se practicó así una estrategia común en la Península, donde las Potencias Centrales buscaron torpedear el aprovisionamiento de la Entente, mientras que los Aliados se propusieron desmantelar las bases de espionaje y repostaje distribuidas a lo largo del litoral.[56] La costa cantábrica, relevante por sus materias primas –como el carbón asturiano– y, en el caso vasco, por su industria y su cercanía con Francia, adquirió además una notable importancia en los planes militares reservados para España, considerado el mayor teatro de operaciones secretas del continente europeo.[57] Asimismo, los beligerantes aprovecharon la presencia de extranjeros en puntos como San Sebastián –entre turistas y expatriados– para introducir a sus espías sin levantar excesivas sospechas.
El primer periodo se extendió hasta mediados de 1915 y estaba caracterizado por la carencia de un contraespionaje aliado coordinado y eficaz para la Península. Durante un año y medio los alemanes pudieron aprovechar sus contactos y popularidad entre la población para establecer libremente bases de apoyo. La segunda etapa, en cambio, se caracterizó por la creación expresa de un efectivo servicio de inteligencia británico y, sobre todo, francés para hacer frente a los germanos y sus cómplices, en general provenientes del carlo-integrismo.[58] Ahora bien, conviene puntualizar algunos aspectos. De una parte, aunque el espionaje de Reino Unido realizó importantes labores también en el Cantábrico –como por ejemplo una operación contra el contrabando de Wolframio en Galicia–,[59] estos concentraron sus esfuerzos en la capital madrileña y en torno a su enclave de Gibraltar, al sur del país. Este hecho puede sorprender por el volumen de los negocios vasco-británicos, pero dicha actitud se entiende por el mayor interés estratégico del Reino Unido en el Mediterráneo y por la presencia relativamente menor de expatriados británicos en la costa cantábrica, donde ya se batía Francia contra Alemania. Los franceses, por su parte, se centraron en Cataluña, el País Vasco y Navarra, preocupados precisamente por la influencia tradicionalista en dichos lugares.[60] En cuanto a otras naciones beligerantes, como Italia, esta mantuvo un interés en la costa cantábrica, pero sin llegar a establecer allí una red de agentes por razones similares a las de los británicos.[61]
Este constante movimiento de agentes extranjeros fue notificado por la prensa desde el inicio del conflicto. Ya desde septiembre de 1914, La Gaceta del Norte y el corresponsal de El Socialista informaban sobre diversos incidentes en la frontera guipuzcoana. El medio católico notificaba la interceptación de dos oficiales franceses por parte de la Guardia Civil en Behobia el 13 de septiembre. En cuanto al rotativo izquierdista, el día 10 informaba sobre la situación en “Desde la frontera. Para evitar el espionaje”. Señalaba en concreto que Francia había negado la entrada a ciertos legitimistas por su presunta relación con alemanes apostados en poblaciones del Pirineo. Por otra parte, La Voz de Guipúzcoa también alertaba de la presencia de informantes germanos en San Sebastián. Estos sucesos se vieron empequeñecidos por el descubrimiento en Portugalete (Bizkaia) de una estación clandestina de telegrafía sin hilos teutona para establecer comunicación con los sumergibles.
La instalación, situada en un convento carmelita, suponía una violación de la neutralidad y levantó sospechas de connivencia entre expatriados germanos y religiosos locales. Así lo afirmaba el artículo “El suceso de Portugalete. Las antenas del Convento”, que atribuía la autoría del proyecto –basándose en fuentes policiales– al ingeniero Pavich, miembro de la colonia austrohúngara vizcaína. El artículo sugería, además, la aquiescencia y colaboración del cónsul de Austria-Hungría en Bilbao, Wilhem Wakonigg, junto con las monjas de la Orden del Carmelo, quienes habían cedido voluntariamente parte del monasterio. También recordaba que varios centros radiotelegráficos habían sido desmantelados en caseríos vascos, y traía a colación un escándalo similar protagonizado poco antes por los jesuitas de Orduña, también en Bizkaia. El Liberal aprovechaba este último incidente para lanzar sarcásticas críticas contra el estamento clerical, declarando que “jesuitas, frailes y monjas se dedican, por lo visto, a dar cursos de radiotelegrafía esperando, sin duda, poderla utilizar para tener con la Corte celestial una más frecuente comunicación”.[62]
Este no fue el único caso, ya que se descubrió otra estación semejante en un convento jesuita de Gijón (Asturias), lo que, según los redactores de El Liberal, evidenciaba la permisividad e “indulgencia” de policías y jueces, como ya había ocurrido en Portugalete.[63] Este mismo medio manifestó abiertamente su desconfianza hacia los expatriados alemanes y austrohúngaros asentados en el territorio, recogiendo además las declaraciones del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez:
Hay que decir en su honor [el del alemán] que el espionaje no lo considera como una función deshonrosa. Le inculcaron hace siglos que es un modo de servir a la patria, tan noble y digno como empuñar las armas, y se lanzará a ser espía con igual entusiasmo que si emprendiese el camino de la gloria.
Cada agrupación étnica tiene su moral, su alma, sus escrúpulos. Nosotros […] llevamos el fardo de una porción de preocupaciones y delicadezas espirituales que no conocen los buenos germanos, y si tropiezan alguna vez con ellas, provocan su risa como algo arcaico e inútil.[64]
Los recelos hacia los súbditos centroeuropeos fueron incrementándose tras la aparición de nuevas estaciones radiotelegráficas en un convento bilbaíno y en la villa navarra de Elizondo.[65] Simultáneamente, los Aliados buscaron responder a los ataques contra navíos vascos, aprovechando el clima de malestar y la creciente germanofobia para reclutar colaboradores. Se inició así una lucha de espías, percibida y denunciada por los medios de comunicación locales, que se implicaron activamente en esta pugna a partir de 1916, alcanzando una especial virulencia en 1917, durante la segunda fase de la guerra submarina irrestricta.
Los primeros arrestos de presuntos colaboradores provenían ya de 1915, si bien en ocasiones obedecían a la inseguridad y psicosis gala. Por ejemplo, la premura por atajar el problema llevó a Francia a practicar detenciones indiscriminadas, como sucedió con el pescador Vicente Igos en el verano de 1915. El arresto, efectuado en Ondarraitz (Hendaya), escandalizó hasta a medios aliadófilos como La Voz de Guipúzcoa y El Liberal, quienes se lanzaron a la defensa del marinero. Así, el diario republicano reivindicó la francofilia del detenido, mientras que el vizcaíno achacó su captura a rumores infundados o dificultades idiomáticas en el interrogatorio.[66] Otros sucesos también ocurrieron en territorio aliado, como en el caso de “Don Arturo Brisac”, cuyo arresto fue notificado por La Constancia el 11 de septiembre de 1915. El artículo “Una detención” indicaba que Brisac, dueño de una tienda de paraguas en San Sebastián y “hombre respetable”, había sido arrestado en París por presunto tráfico de oro y comercio con “países enemigos de Francia”.
El bienio 1917-1918 presentó una mayor agresividad en todos los ámbitos, también en el del espionaje. Durante aquellos dos años se exacerbó en todo el país la hostilidad entre aliadófilos y germanófilos, así como contra las propias potencias beligerantes. En momentos de máxima tensión se llegó incluso a apalear a un supuesto espía alemán en Málaga, como publicaba El Socialista en su edición del 17 de marzo de 1917. Por otra parte, los medios izquierdistas conminaron a las autoridades a tomar medidas drásticas contra todo aquello que amenazara la seguridad marítima. Exhortaban a desmantelar las redes de espionaje, armar a la flota mercante y actuar contra los “traidores” germanófilos, como manifestaba el Liberal de Bilbao del 6 de enero.[67] Asimismo, señalaba a los propios súbditos alemanes, acusándolos directamente de proporcionar información sobre las rutas marítimas comerciales vascas.[68] Por su parte, La Voz de Guipúzcoa llamó el 20 de enero al “internamiento” de los súbditos del Reich en el artículo titulado “Suma y sigue”.
La prensa izquierdista se volcó a la campaña contra los alemanes y los germanófilos, destacando colaboradores como Tomás Mendive y su sección “Linterna mágica”. El periodista consagró por ejemplo la columna del 14 de febrero de 1917 a denunciar la instalación de cuatro nuevas estaciones radiotelegráficas en Bizkaia y Cantabria. Igualmente, el diario donostiarra La Voz de Guipúzcoa combatió el espionaje, denunciando públicamente en abril de 1916 a presuntos cómplices como el santanderino José Cobreros, responsabilizándolo del abastecimiento de gasolina a los sumergibles.[69] También delató en enero de 1917 a otros agentes pro-alemanes, describiendo el automóvil supuestamente utilizado por los cómplices del hundimiento del vapor Manuel.[70]
Respecto al nacionalismo vasco, Euzkadi pasó más desapercibido en la campaña contra el espionaje, si bien ello no fue óbice para mostrarse crítico con Alemania. Así, en “Espionaje y neutralidad. Una bomba explosiva en un vagón”, del 26 de enero, criticaba lo que consideraba una más que plausible participación teutona. La primera parte de la noticia relataba el hallazgo de un explosivo en el cargador reservado para la empresa minera Compañía franco-belga. La segunda, condenaba la actividad de agentes internacionales que saboteaban en Bizkaia negocios vinculados a la Entente, mostrándose muy crítico con los germanófilos. Este mismo medio prestó, además, atención a las actuaciones contra presuntos colaboradores de los alemanes. El 21 de junio de 1917 informó de la detención de un pesquero frente a las costas de Portugalete por aprovisionar a los submarinos; el 13 de febrero del año siguiente, un “Comunicado” firmado por José Mari Muniozguren negaba las informaciones de El Noticiero Bilbaíno, acusando a su hijo de auxiliar a los sumergibles. Como puede deducirse a tenor de esta información, el espionaje se hallaba extendido entre la población vizcaína, a la par que se lo consideraba una actividad deshonrosa entre los círculos nacionalistas vascos.
Este enfrentamiento soterrado entre naciones europeas –que contó con una participación local, reflejo de la guerra civil de palabras– era un secreto a voces. Tanto aliadófilos como kaiseristas aportaban numerosas y constantes noticias al respecto, pero ¿hasta qué punto podían considerarse informaciones certeras y no simples rumores erróneos? Es decir, ¿podía haber sido magnificado el esfuerzo de los beligerantes por hacerse con el control de un territorio abastecedor de armas y materias primas?
Lo cierto es que la prensa se quedó corta a la hora de denunciar la acción de los beligerantes, que desplegaron numerosos efectivos. Los alemanes, además de destinar específicamente a Bizkaia miembros de la amplia red de espionaje creada por el oficial Wilhelm Canaris por todo el país, concibieron proyectos de ataques contra Francia desde Bilbao.[71] Si bien estos planes no llegaron a materializarse, evidencian la importancia geoestratégica de la zona. Por su parte, los franceses respondieron con el establecimiento de un sofisticado sistema de contravigilancia –particularmente presente en Bizkaia, Gipuzkoa y zonas del norte de Navarra–, logrando identificar gran parte de la red de espionaje alemana. Igualmente, los países combatientes adaptaron sus servicios consulares a las necesidades bélicas, reconvirtiendo a sus funcionarios en responsables de los servicios de información y propaganda.
Llegados a este punto, conviene especificar algunas características de la labor de los cónsules. Los diplomáticos actuaban como enlace entre los agentes desplegados en el territorio y los correspondientes ministerios, además de desempeñar ellos mismos labores de vigilancia. También se les encomendó analizar las citas electorales para identificar las preferencias bélicas de cada sector político, estimar su posible utilidad para la causa bélica y, en caso afirmativo, influir en ellas. En este sentido, destacó especialmente la estrategia gala para difundir rumores con el objeto de desalentar a los votantes tradicionalistas en Gipuzkoa.[72]
Asimismo, el consulado austriaco facilitó a la Cancillería Imperial una serie de informes sobre los comicios de febrero de 1918 en Bizkaia.[73] Este documento señalaba a los candidatos más afines a los intereses de las Potencias Centrales, recomendando incluso financiación para algunos de ellos. El vicecónsul de Bilbao proponía concretamente financiar a los aspirantes por Gernika y Barakaldo –el industrial conservador José Luis Goyoaga y el maurista Fernando Ibarra– para que se decantaran definitivamente por las Potencias Centrales. Ahora bien, resulta cuando menos sorprendente la visión del diplomático sobre políticos a priori de filiación germanófila, al señalar a Goyoaga como un político cercano al liberalismo y a Ibarra como anglófilo debido a sus negocios con los británicos.[74] Tales recelos, comunes en un ambiente donde todos los agentes trataban de ganar a las élites y los medios locales, también se basaban en una cierta ignorancia acerca de las características del panorama político autóctono.
Volviendo a las redes de espionaje aliadas, los franceses lograron organizar un eficaz servicio de vigilancia. Ya en 1914 empezaron a realizar labores de vigilancia en la frontera, año en que el prefecto de Pau y el comisario especial Camus detectaron varias estaciones de radiotelegrafía, así como un intenso contrabando bélico en el Pirineo. Sin embargo, hasta mediados de 1915 no se procedió a la estructuración de un sistema de espionaje, decisión motivada en gran medida por las constantes advertencias llegadas de toda la Península. Los cónsules advertían sobre las cada vez más activas redes alemanas, como la situada en Bilbao, que en julio había abastecido a submarinos y protagonizado una “tentativa criminal” contra el Queensland. Se señalaba además como cómplices del repostaje al vapor Marcela y a Benito Lewin, hermano del cónsul germano en San Sebastián. Respecto al atentado fallido, se trataba de un complot de ciudadanos suecos, rumanos y suizos, asociado a elementos carlistas.[75]
Tras unos meses de reorganización, para 1916 ya se había asentado la red gala en prácticamente todas las capitales de provincia, así como en otras áreas estratégicas. Contaban con agentes propios, a saber: el militar Ducourau, destacado en Irun, un soldado de 2ª itinerante entre Gipuzkoa y el norte de Navarra, de nombre desconocido, así como el teniente Giat en Bilbao.[76] Disponían, asimismo, de otros agentes a sueldo en localidades costeras como Lekeitio (Bizkaia), complementando una eficiente red que permitió controlar una parte importante de los movimientos teutones.[77] El sistema era además coordinado por el comandante auxiliar Ottelart, responsable de toda la región Norte, y dejó notar su eficacia especialmente en el convulso 1917. Una de sus cumbres fue la identificación de un oficial germano a principios de julio, denominado “capitán Berger o Bergen” en los informes del Ministerio de Exteriores francés, obteniendo incluso la descripción física del mismo.[78] Gracias a este aviso pudieron controlar al oficial y a sus cómplices, encargados de dirigir una ofensiva de una quincena de U-Boote para bloquear el Puerto del Abra.
Esta no fue sin embargo la única victoria del espionaje francés, ya que descubrió igualmente a marineros germanófilos partícipes en el repostaje de los submarinos. Algunos de ellos fueron Ramón Cebreiro y Pedro Rivera, excapitán de la Casa Sota y Aznar y exoficial del vapor Mar Báltico, que auxiliaron a un U-Boot en Erandio.[79] Asimismo, agentes destacados en Valencia alertaron del traslado hacia la capital donostiarra de un alemán presuntamente responsable del abastecimiento a un sumergible en el cabo de Finisterre (Galicia).[80] Sin embargo, las fuerzas del Hexágono no consiguieron expulsar a los alemanes de la costa vasca ni desbaratar su servicio de información, que también cosechó éxitos. De hecho, pocos de los saboteadores alemanes del puerto de Bilbao fueran arrestados y los teutones lograron refugiar en el litoral cantábrico a compatriotas evadidos de campos de prisioneros.[81]
Las redes de espionaje reclutaron colaboradores incluso en la tripulación de la propia flota comercial de pabellón español. Así, tanto germanos como aliados enrolaron a simpatizantes en barcos autóctonos, si bien los pro-alemanes fueron frecuentemente detectados por los servicios galos. Sucedió de esta manera con el Aizkori-Mendi, de la misma Casa Sota y Aznar, en 1918.[82] Por su lado, los galos tantearon a supuestos capitanes pro-Entente, como el oficial de marina mercante José Urquidi, considerado un potencial y “excelente informador” por su devoción a la causa aliada.[83] En otras ocasiones, en cambio, optaron por medidas más persuasivas para intentar captar colaboradores, sobresaliendo el chantaje al marino Abel Goiricelaya. Tras ser expulsado de las aguas territoriales francesas en el año 1917 por la presencia de agentes alemanes en su buque, le ofrecieron de nuevo la entrada al país a cambio de trabajar como informador contra el Reich.[84]
Resumiendo, el interés geoestratégico de los beligerantes dio lugar a un intenso y evidente juego de espías internacional con implicación autóctona, especialmente desde 1916. Las potencias europeas involucraron a efectivos diplomáticos y militares, a la par que establecían contactos políticos y económicos, además de reclutar a ideologizados cómplices locales. Destacó en este sentido la adhesión de los tradicionalistas, debido a la creencia de que la victoria teutona beneficiaría a sus aspiraciones políticas. Por otro lado, la prensa percibió la actividad de las mencionadas redes y trató de neutralizarlas, denunciando desde sus páginas a sus miembros y exigiendo una contundente respuesta gubernamental. En general, la respuesta brilló por su ausencia, si bien puede considerarse que el Gobierno se implicó en agosto de 1918 con la presentación de un proyecto de ley referente al espionaje. Empero, no entramos a comentarlo ni se ha mencionado con anterioridad, debido a sus carencias a la hora de solucionar los problemas relacionados con las redes de vigilancia extranjeras. Por otro lado, los propios coetáneos criticaron dicho proyecto al considerarlo más bien cercano a la censura, dudando de su efectividad real.
Ahora bien, no puede comprenderse por completo la existencia de un espionaje local sin atender a otro factor de gran relevancia: la propaganda beligerante. Además de la constante publicidad mediática autóctona, los países beligerantes desplegaron una red de propagandistas por toda la península, influenciado a los ciudadanos para apoyar su causa. Narramos a continuación los pormenores de este campo de batalla donde aliados y kaiseristas trataron de granjearse el favor de la ciudadanía.
Caldeando aún más los ánimos: la insistente propaganda beligerante
Los beligerantes buscaron ganarse el apoyo moral, contando cada bando con una baza diferente. Si bien la Entente controlaba las principales agencias de noticias, amplios sectores de la sociedad mostraban marcadas preferencias germanófilas.[85] Asimismo, la prensa local intentó crear un clima acorde con sus simpatías bélicas e intereses políticos, colaborando con la propaganda extranjera para lograrlo. La Constancia, por ejemplo, publicaba las notas del “embajador alemán” [cónsul] Leopoldo Servin, defendiendo la reputación del Ejército alemán al comienzo de la guerra, y también dirigía críticas contra los propagandistas aliados.[86]
La Entente, no obstante, trató de convencer a un público profundamente cristiano, que veía a las Potencias Centrales como garantes del resurgir religioso contra la modernidad liberal. Destinaron clérigos católicos en España, actuando también con intensidad en la costa cantábrica y en el País Vasco, para que el público asociara a los Aliados con valores religiosos. Los británicos encomendaron dicha labor al obispo católico de Southwark (Londres) en 1915, mientras que los galos enviaron a España un año después al vicario general de París, Alfred Baudrillard, miembro del Comité Católico de Propaganda Francesa (CCPF).
En lo que concierne al obispo de Southwark, su gira peninsular y su parada en el Santuario de Loyola en septiembre de 1915 resultaron prácticamente inadvertidas para la población y la prensa local.[87] Tampoco el propio prelado sacó una conclusión muy positiva de la experiencia, como relató en dos dossiers remitidos en octubre a las autoridades británicas. En el primero narraba su entrevista con el redactor jefe del “principal medio liberal de la provincia”, quien decía le había explicado las razones de la anglofobia jesuita.[88] El obispo remarcaba en su escrito la ideología legitimista de la mayoría del clero guipuzcoano y añadía que aprovechaban la Gran Guerra para “desacreditar las instituciones liberales”. Tras este desalentador primer escrito, envió un nuevo texto escasas semanas más tarde, siendo sus impresiones comentadas poco después por el diario La Voz de Guipúzcoa.
El segundo rapport presentaba un análisis más amplio, comentando su visita a Madrid, Barcelona, Valladolid, Zaragoza y, ya en tierra vasca, San Sebastián y Bilbao.[89] El informe describía de nuevo a la población como profundamente neutralista y germanófila, hasta el punto de que Alfonso XIII había recomendado al primado ahorrar las críticas hacia el Reich. El obispo enfatizaba además la buena imagen de los alemanes en todo el país y la eficacia de su sistema de propaganda, mostrándose pesimista acerca de la posibilidad de crear un estado de opinión pro-Entente. Señalaba también que la animadversión contra los Aliados provenía en gran medida de los desencuentros con la Monarquía española durante el siglo XIX. El prelado de Southwark fracasó en su intento por influir en la opinión de un estratégico país neutral, ya predispuesto contra la “pérfida Albión”. Paradójicamente, recibió el apoyo de La Voz de Guipúzcoa y Euzkadi, mientras que medios católicos como La Gaceta del Norte y La Constancia ignoraron su visita, como ya se ha indicado.[90] Sin embargo, las campañas de propaganda promovidas por Francia –muchas de carácter religioso y otras de carácter civil– disfrutaron de un mayor seguimiento.
La visita del Alfred Baudrillard a la Península fue precedida por un estudio de campo para evitar fracasos como el de la misión británica. Se analizó el número de simpatizantes francófilos, así como de expatriados que podían ayudar a la realización de la propaganda.[91] Concluidos los prolegómenos, el vicario comenzó su primera gira en 1916, recorriendo numerosas localidades y recalando en San Sebastián en dos ocasiones.[92] La mayoría tradicionalista germanófila, así como el marcado carácter laicista de gran parte del izquierdismo local, podían anticipar un recibimiento hostil al clérigo parisino. Sin embargo, su intervención en Gipuzkoa congregó a un nutrido público, que había cursado desde mayo numerosas peticiones, tanto desde la capital como desde la provincia, para acudir al sermón del reputado prelado.[93] También se le tributó una buena acogida en Bilbao, donde La Gaceta del Norte anunció su misa en la basílica de Santiago, al tiempo que saludaba cordialmente la llegada del conocido teólogo.
Por otro lado, La Voz de Guipúzcoa publicitó y elogió la labor del clérigo francés el 15 de mayo, olvidando temporalmente sus consideraciones sobre la cuestión religiosa. Baudrillard disfrutó igualmente de la amistosa bienvenida de las autoridades eclesiales y de sus compatriotas –manteniendo reuniones tanto con el cónsul como con las secciones locales del CCPF–, tónica común en todas las poblaciones visitadas. El clérigo fue igualmente agasajado el 23 de mayo en su despedida de Bilbao por las comunidades “belga, francesa e inglesa”. Sin embargo, no todo fueron buenas palabras para el sacerdote, alzándose voces muy críticas desde la prensa conservadora, que no criticaban tanto al religioso, sino los objetivos de su viaje. Así obró La Constancia, rechazando abiertamente tanto la campaña de propaganda como la causa de la República francesa y burlándose de sus partidarios. A este respecto, el 19 de mayo ridiculizó el repentino entusiasmo clerical de La Voz de Guipúzcoa en los artículos “Marte humorístico” y “Los entusiasmos de La Voz”.
Como puede observarse, y al contrario que el obispo de Southwark, Baudrillard recabó un mayor apoyo, sobre todo del conjunto de la prensa izquierdista, deseosa de aprovechar la oportunidad de crear un estado de opinión aliadófilo en la sociedad. Ello podía favorecer la consecución de sus objetivos políticos liberales, lo que explica el paradójico apoyo progresista al clérigo. Por otro lado, pese a la oposición derechista –que fomentaba un ambiente germanófilo y debilitaba la propaganda aliada–, el padre Baudrillard emprendió una segunda gira en aquel mismo agosto, aunque el conflictivo ambiente social frustró su desarrollo. La guerra había provocado una carestía económica entre numerosos sectores sociales –en contraste con el enriquecimiento de los grandes empresarios–, lo que generó un clima quasi revolucionario en la Península, que derivó en un conato de insurrección en agosto de 1917.[94] Por otra parte, el Elíseo también encomendó labores propagandísticas a elementos laicos e izquierdistas, como demuestra la visita realizada a Asturias por Imbart de la Tour en mayo de 1916.[95] Esta buscó combatir la francofobia y asegurarse el favor de la opinión pública de las localidades de Oviedo y Gijón. No obstante, y en aras de la claridad, el análisis de esta visita queda fuera del objeto de estudio del presente trabajo, centrado en el escenario vasco y su activo espionaje y lucha dialéctica. Tan solo señalaremos que el grupo francés recabó la adhesión de medios y figuras locales pro-Entente, como El Noroeste, Rafael Altamira o Adolfo Posada, entre otros. Los sectores más católicos y, en general, pro-alemanes dedicaron, en cambio, una muy escasa atención a la visita, como fue el caso del diario El Carbayón.
En cuanto al otro bando beligerante, el Reich y la colonia alemana local compartieron protagonismo para convencer a un ya ideologizado público germanófilo. En otras palabras, Alemania produjo una abundante propaganda, refutando los desmanes contra civiles de los que era acusada, así como remarcando su fortaleza militar y la cercanía de la victoria para enardecer a sus ya convencidos partidarios. Los germanos fiaron esta labor a sus expatriados, financiados y coordinados por su servicio diplomático.[96] La embajada y los consulados les proporcionaron en especial medios cinematográficos para una labor apologética de gran impacto en las localidades costeras, además de en las ciudades de Madrid y Barcelona. Por otra parte, los teutones brindaron un confidencial –aunque firme– respaldo a su prensa afín, para que pudiera proseguir con su efectiva función en pro del Reich.
Los germanos en particular, y los beligerantes en general, eran conscientes de la popularidad del cine, como habían comprobado previamente en distintas veladas benéficas organizadas a favor de la Cruz Roja de sus respectivos países. Por esta razón, Gustav Flamme, un hombre de negocios asentado en San Sebastián, inició en el verano de aquel año una gira cinematográfica por el norte peninsular, cumpliendo con los designios encomendados por su Gobierno.[97] La implicación del cónsul Lewin resultó fundamental para que las películas triunfaran en San Sebastián y otras poblaciones de la cornisa cantábrica. La asistencia a las proyecciones transcurrió sin incidentes, a diferencia de lo ocurrido en poblaciones del interior peninsular, como Zaragoza, lo que indicaba una cierta preeminencia y fortaleza de la germanofilia en numerosos puntos del Cantábrico.
Aparte de las películas, que influyeron notablemente en el público, la prensa ejerció un rol propagandístico muy destacable. Los medios defendían las causas de los beligerantes como si de su propio proyecto político se tratara, esforzándose en aumentar el prestigio del bando que los representaba. Esta firme adhesión no pasó desapercibida para las Potencias Centrales ni para los Aliados, que se preocuparon de premiar a sus partidarios y castigar a sus detractores.
Así, los teutones procuraron cuidar a sus periódicos afines, ofreciéndoles apoyo financiero en un contexto marcado por la crisis económica y el encarecimiento del papel. Sin llegar a la subvención directa –como sí lo hicieron ambos bandos con especial profusión en Madrid y Barcelona–, los alemanes organizaron planes para auxiliar económicamente a determinados medios.[98] En nuestro caso, el propio embajador germano, el Príncipe de Ratibor, ordenó en secreto la inserción de anuncios de firmas alemanas en La Gaceta del Norte, Aurrerá y El Nervión, negándosela en cambio a periódicos contrarios como La Libertad.[99] Los franceses actuaron de forma similar, vigilando medios hostiles y ofreciendo financiación a periódicos aliadófilos, llegando incluso a mostrarse interesados en los servicios del periodista de Euzkadi, Manuel Aznar, “Imanol”.[100] Por otro lado, criticaron a los medios opuestos, como lo hizo una vez más la prensa francesa con La Gaceta del Norte el 23 de mayo de 1918. Así, el artículo “¡Cualquiera se fía! Le Temps y La Gaceta del Norte” narraba las críticas del medio francés y sus acusaciones contra los medios hispanos. Destacaba cómo Le Temps presentaba al periódico vizcaíno como el líder de los periódicos “que azuzan a los españoles a coger el fusil” para atacar Tánger y Gibraltar.
Como puede observarse, el público peninsular en general, y el de la cornisa cantábrica en particular, vivió muy de cerca los efectos de la Gran Guerra. Los propios medios locales y la insistente propaganda –tanto clerical como laica– de los beligerantes llevaron el conflicto al centro de la vida social autóctona. Todo ello generó un caldo de cultivo propicio para que los elementos más radicales, tanto del bando aliadófilo como del pro-alemán, se integraran en las muy activas redes de espionaje internacional presentes en todo el territorio.
Conclusiones
Puede decirse, como una de las principales conclusiones de este trabajo, que España desempeñó un importante rol como país abastecedor, lo que la convirtió en uno de los principales objetivos geoestratégicos de las potencias combatientes, también en la costa septentrional y, especialmente, en la región vasca. Todo ello dio lugar al desarrollo de un inesperado frente marítimo, caracterizado por la implicación de la población local en forma de víctimas o de héroes ocasionales. Esto fue posible, además, por la existencia de una amplia red de informadores, cuyo contexto y características se han detallado a lo largo de este trabajo. Puede afirmarse, por tanto, que la Gran Guerra significó un fenómeno verdaderamente global, que afectó igualmente a los países neutrales, incluso a un nivel regional o local, en apariencia alejados del conflicto y de las altas esferas de la política internacional.
Por otra parte, esta participación revistió aspectos pasivos y otros en cambio activos. En lo referente a los pasivos, destacan las decenas de fallecidos causados tanto por los torpedeamientos como por la presencia de minas submarinas, tanto en aguas nacionales españolas del mar Cantábrico como en aguas internacionales a lo largo de todo el orbe. Esta implicación pasiva se caracterizó, además, por la actividad de los poderes extranjeros aliados, que arrestaron incluso a ciudadanos locales por su presunta colaboración –en más de una ocasión ciertamente dudosa– con los grupos de espías y saboteadores alemanes. Asimismo, la Triple Entente destacó buques de guerra para la defensa de las rutas comerciales marítimas. En un comienzo de manera ocasional y no reconocida, para finalmente enviar convoyes de protección entre 1917 y 1918, durante la segunda fase de la letal ofensiva germana en el marco de la guerra submarina irrestricta.
En lo que concierne a la participación activa, debe señalarse que un grupo cuantitativamente pequeño, pero muy activo de la población, desempeñó un rol militar en la contienda bélica. Estos sectores, a priori los más radicales aliadófilos y pro-alemanes, se vieron a su vez influenciados por la guerra civil de palabras muy presente en la prensa local –particularmente en la costa vasca– y por la propaganda de los países beligerantes. En último lugar, algunos particulares desempeñaron un papel heroico contra los U-Boote, en general en el rescate de náufragos, que fue reconocido e incluso premiado por los diferentes países de la Triple Entente, en particular por los diplomáticos británicos destacados en el territorio vasco.
En otro orden de cosas, no puede obviarse que este frente atlántico y su contexto presentan similitudes y paralelismos, de una parte, a nivel español, de la otra a nivel intercontinental como se señalaba al comienzo de este trabajo. Todo ello confirma el impacto global de la Gran Guerra a lo largo de todo el planeta, afectando incluso al ciudadano medio, que vio cómo su realidad era afectada por un conflicto militar iniciado tras el magnicidio del heredero al trono austrohúngaro, Francisco Fernando, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914.
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- Valga de ejemplo las alocuciones de paz en provincias del interior, como por ejemplo Navarra, común a otras muchas diócesis españolas (España, Archivo Diocesano de Navarra [en adelante ADN], Boletín Diocesano 24/08/1914). ↵
- Maximiliano Fuentes Codera, España en la Primera Guerra Mundial. Una movilización cultural, Akal, Madrid, 2014, pp. 51-55, explica los posicionamientos de los diferentes intelectuales. Además, Alejandro Acosta López, “Aliadófilos y germanófilos en el pensamiento español durante la Primera Guerra Mundial. Balance de una guerra civil de palabras”, en Studia Historica, Historia Contemporánea, n.º 35, 2017, pp. 360-363, realiza un interesante y crítico estado de la cuestión al respecto. También lo hace María del Camino Martín Núñez, “Aproximación historiográfica en torno a la Gran Guerra desde una perspectiva internacional y española”, en Investigaciones históricas, n.º 37, 2017, pp. 453-479, así como Santos Juliá Díaz, “La nueva generación: de neutrales a anti-germanófilos pasando por aliadófilos”, en Ayer, n.º 91, 2013, pp. 121-144. ↵
- Carolina García Sanz, “Gibraltar y su campo: un estudio regional de las relaciones internacionales de España durante la primera Guerra Mundial”, en Hispania, n.º 67, pp. 567-598, así como las obras Fernando García Sanz, España en la Gran Guerra. Espías, diplomáticos y traficantes, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014 y Eduardo González Calleja y Paul Aubert, Nidos de espías. España, Francia y la Primera Guerra Mundial, 1914-1919, Alianza, Madrid, 2014. Si bien presentan una visión de conjunto para toda España, aportan información sobre la actividad en el Mediterráneo. ↵
- Las siguientes tres obras destacan dentro de una relativa escasez general de la bibliografía: José Luis Agudín Menéndez, Una guerra civil incruenta. Germanofilia y aliadofilia en Asturias en torno a la I Guerra Mundial (1914-1920), Real Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 2019; Román Basurto Larrañaga, “La primera guerra mundial, España y el País Vasco”, en Rosa María Pardo (coord.) y Javier Tusell (dir. congr.), La política exterior de España en el siglo XX, UNED, 1997, pp. 17-38; Alejandro Pulido Azpíroz, Neutralidad en pie de guerra. El País Vasco y Navarra ante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Sílex, Madrid, 2021. ↵
- Para dicho estudio de caso, véanse los estudios del profesor Javier Ponce Marrero, Canarias en la Gran Guerra, 1914-1918: estrategia y diplomacia. Un estudio sobre la política exterior de España, Cabildo de Gran Canaria Ediciones, Las Palmas de Gran Canaria, 2006; Javier Ponce Marrero, “Neutrality and submarine warfare: Germany and Spain during the First World War”, en War & Society, vol. 34, n.º 4, 2015, pp. 287-300. También debe señalarse la investigación de Marta García Cabrera, “El control de la opinión pública canaria durante la Gran Guerra (1914-1918). Propaganda y diplomacia extranjera”, en Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, vol. 22, n.º 1, 2022, pp. 179-198.↵
- “Parlez en à monsieur Innerrarity [importante naviero asturiano] de ma part. Vous avez en lui notre meilleur ami et l’homme qui a le plus pour la France, de toute l’Espagne” [“Hable al señor Innerarity de mi parte, tenemos en él a nuestro mejor amigo y el que más hace por Francia en toda España”] (Francia, Service Historique de la Défense [en adelante SHD], MV SS Q 55: vigilancia francesa en la costa vasca y alemanes, 26/07/1917.↵
- Para la importancia logística vasca y su ingente beneficio comercial, véase: Eduardo J. Alonso Olea, “Dinámica empresarial en Vizcaya, 1914-1923: una aproximación”, en Revista de Historia Económica, vol. 13, n.º 3, 1995, pp. 641-643, 648-651. Para conocer la situación vasca en el conjunto del país, pueden consultarse: José María Blanco Núñez, “Factores estratégicos de la Primera Guerra Mundial”, en Revista General de Marina, vol. 267, n.os 8/9, 2014, pp. 221-242; David Rubio Márquez, “Marina mercante, luces y sombras (1914-1918)”, en Revista de historia naval, vol. 35, n.º 136, 2017, pp. 37-54; Enric García Domingo, ¿España neutral? La Marina mercante española durante la Primera Guerra Mundial, Real del Catorce, Madrid, 2005.↵
- Para más información sobre los ingentes negocios de De la Sota y su relación con el Imperio británico en Reino Unido, ver: Reino Unido, The National Archives [en adelante TNA], FO371/2106; Sobre los navieros vizcaínos, consultar: Jesús María Valdaliso Lago, Los Navieros Vascos y la Marina Mercante en España, 1860–1935: una historia económica, Instituto Vasco de Administración Pública, Bilbao, 1991. Sobre Ramón de la Sota, véase: TNA, OF KV-2-3714; Eugenio Torres Villanueva, Ramón de la Sota 1857-1936. Un empresario vasco, Lid, Madrid, 1998.↵
- Torres Villanueva, Ramón de la Sota…, cit., pp. 226-227.↵
- Sobre esta particular familia política de las derechas españolas, puede consultarse Ignacio de Loyola Arana Pérez, El Monarquismo en Vizcaya durante la crisis del reinado Alfonso XIII: (1917-1931), EUNSA, Pamplona, 1982. ↵
- Gerald Meaker, “A Civil War of Words: The Ideological Impact of the First World War on Spain”, en Hans Schmitt (ed.), Neutral Europe between War and Revolution, 1917-1923, University Press of Virginia, Virginia, 1988, p. 29; Xavier Pla Barbero, Maximiliano Fuentes Codera y Francesc Montero Aulet (coords.), A Civil War of Words. The Cultural Impact of the Great War in Catalonia, Spain, Europe and a glance at Latin America, Peter Lang, Oxford, 2016.↵
- Aparte de las críticas a sus colegas de La Voz de Guipúzcoa, La Constancia se congratulaba por la ausencia de franceses en las fiestas locales de la ciudad de San Sebastián debido a su participación en los frentes de la Guerra Mundial. “Una pregunta sin malicia”, en La Constancia, 26/04/1917 y en “La corrida de hoy”, 15/08/1914. ↵
- Maximiliano Fuentes Codera, “La gran guerra en España: polémicas intelectuales e impacto político y social”, en Hispania Nova, n.º 15, 2017, p. 383 menciona los artículos de El Liberal, 8/02/1916 y España, 25/06/1915.↵
- Maximiliano Fuentes Codera, Spain and Argentina in the First World War. Transnational neutralities, Routledge, London, 2021.↵
- Para una mejor comprensión de la importancia geoestratégica marítima española, conviene citar José María Blanco Núñez, “Factores estratégicos de la Primera Guerra Mundial”, en Revista General de Marina, vol. 267, 2014, pp. 221-242. Asimismo, para mayor información en la política germano-hispana y el interés del Reich en España como socio militar indirecto, Ronnie Melbourne Carden, German Policy Toward Neutral Spain, 1914-1918, New York & London, Garland, 1987. ↵
- Más datos sobre las razones de la neutralidad militar española en la obra de Hipólito de la Torre Gómez, “La neutralidad de la España de Alfonso XIII”, en Carlos Sanz Díaz y Zorann Petrovici, La gran guerra en la España de Alfonso XIII, Sílex, Madrid, 2017, pp. 49-77.↵
- Jesús Perea Ruiz, “Guerra submarina en España (1914-1918)”, en Espacio, Tiempo y Forma, n.° 16, 2004, p. 198 explica el apoyo inicial de Gran Bretaña y Alemania a este convenio y sus disposiciones contrarias a los torpedeamientos submarinos; “La vigilancia en el Cantábrico. Buque de guerra en el Abra”, en El Liberal, 25/08/1914. ↵
- “Nota de la embajada de Inglaterra”, en La Voz de Guipúcoa, 25/08/1914.↵
- Estos rumores fueron desmentidos por los propios armadores (El Liberal, 18/10/1914). ↵
- “Notas bilbaínas. La nueva línea marítima”, en El Noticiero Bilbaíno, 1/10/1914.↵
- “Sigue el escándalo. Los buques ingleses y la bandera española”, en La Gaceta del Norte, 16/04/1915.↵
- “El Ganekogorta-Mendi suplantado por un buque inglés”, en La Gaceta del Norte, 13/04/1915. ↵
- “La catástrofe del Lusitania. Heroísmo de un compatriota” recoge la noticia del medio Le Figaro (El Liberal, 11/05/1915).↵
- Un trabajo que aporta una breve semblanza del personaje es “Un héroe vizcaíno, Vicente Egaña Aguirre”, en Euskal-Erria: revista bascongada de San Sebastián, n.° 72, 1915, pp. 437-438. La Diputación de Bizkaia también invitó a las “diputaciones hermanas” de Álava, Gipuzkoa y Navarra a secundar su solicitud (Boletín Oficial de Navarra, 2/07/1915).↵
- Información sobre el ataque en El Noticiero Bilbaíno, 27/08/1915.↵
- Entre otros medios, El Liberal informaba sobre ambos naufragios (“Cómo fue hundido el Isidoro” y “Santander”, 26/08/1915). Las informaciones de la casa armadora atribuían la pérdida del buque a la colisión con una mina, pero no llegaron a confirmarlo. ↵
- Para más información sobre el propio Batxi, consúltese: Iñigo Aranbarri Alberdi, Juan Bautista Bilbao “Batxi” (1887-1916), Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, Vitoria, 2003. En cuanto a su obra, véase: Bautista Bilbao Elguezabal, Hau mundu arrano hau (1914-1916), Susa, Zarauz, 1997.↵
- “A mi amigo Jesús de Azkune” comenta la misa dedicada al marino, organizada tras la negativa del alcalde de Algorta para que la banda municipal le tributase un homenaje (Euzkadi, 23/01/1916).↵
- Pulido Azpíroz, Neutralidad en pie de guerra…, cit., pp. 68-69. ↵
- La prensa actual también se hace eco del suceso. En la siguiente web se informa de la presencia de Mariano de la Torre y del ingeniero Gortázar https://www.elcorreo.com/bizkaia/sociedad/201602/18/bilbainos-valerosa-vitoriana-sobrevivieron-20160217195705.html↵
- Más información en El Carbayón, 22/05/1916 y 29/05/1916.↵
- Horacio Echevarrieta (1870-1963) fue un destacado e importante industrial, de ideología republicana y amigo personal del rey Alfonso XIII. Más información sobre este polifacético personaje, propietario de El Liberal desde 1917 (María Peraita y Gonzalo Arroita, Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta: el empresario bilbaíno que desafió crisis, guerra y pandemias, Barakaldo, Surfing Challenge, 2020).↵
- España, Archivo Histórico Foral de Bizkaia [en adelante AHFB], Sección empresas, Fondo Horacio Echevarrieta Maruri, subfondo Echevarrieta y Larrínaga, Horacio Echevarrieta 006/004 y 006/003. Asimismo, se dio un aumento general en la adquisición de pólizas de seguros de guerra entre 1914-1918, especialmente por parte de empresas dedicadas a la exportación (Pablo Gutiérrez González, “El control de divisas durante el primer franquismo. La intervención del reaseguro (1940-1952)”, en Estudios de Historia Económica, n.° 68, 2014, pp. 22-27). ↵
- “La situación de los buques”, en Euzkadi, 6/11/1915.↵
- La Voz de Guipúzcoa, 10/12/1916 y 11/12/1916. ↵
- SHD, MV SS Q 55, 18/10/1917. ↵
- Tras el torpedeo del Sussex en marzo de 1916, que causó un incidente con Estados Unidos, Alemania impuso algunas restricciones a sus U-Boote, consistentes en no atacar deliberadamente barcos con pasaje civil. Puede encontrarse más información sobre la evolución de la guerra submarina en la obra de Paul Halpern, A Naval History of World War I, Naval Institute Press, Annapolis, 1994.↵
- A modo de ejemplo de pérdidas vizcaínas, véase: “Los submarinos. El vapor Manuel torpedeado” y “A su llegada a Bilbao. […] El Parahyba hundido”, en El Liberal, 19/01/1917 y 21/01/1917.↵
- “Los náufragos del Norton (sic). Protesta del capitán”, en Euzkadi, 9/02/1917. ↵
- “Las víctimas de los piratas”, en La Voz de Guipúzcoa, 21/01/1917. ↵
- El Liberal (22/02/1917) informó del “regocijo” causado por la llegada de los primeros buques militares aliados. ↵
- El Liberal, 7/02/1917. ↵
- Por ejemplo, en Euzkadi, 20/02/1917.↵
- Los buques escandinavos hundidos fueron el Hirain, el Farman, el Tiger y el Lekerman. Puede encontrarse más información en Michael Jonas, Scandinavia and the Great Powers in the First World War, Bloomsbury, London, 2019. En cuanto a las pérdidas marítimas vascas, estas pueden consultarse en Ingo Niebel, Al infierno o a la gloria. Vida y muerte del ex cónsul y espía Wilhelm Wakonigg en Bilbao. 1900-1936, Alberdania, Irun, 2009, p. 38.↵
- “El sistema de censura. No puede ser más benigno. Vivimos en completa calma. Firma de Marina y Guerra”, en La Gaceta del Norte, 28/06/1917.↵
- Referencia a la suscripción en Euzkadi, 3/06/1917.↵
- “En la basílica de Begoña. Los funerales de ayer”, en Euzkadi, 29/06/1918. El acto fue dedicado a los vapores torpedeados Lalen-Mendi, Anboto Mendi, Axpe-mendi y Arno-Mendi, aunque también incluyó a los accidentados Arnabal-Mendi, Urkiola-Mendi y Arrinda-Mendi.↵
- El medio integrista publicó una crónica de los hechos disculpando el torpedeamiento, titulada “Los hundimientos de ayer. Mamelenas echados a pique por culpa de pesqueros franceses que buscan parapeto tras los barcos de los españoles para disparar y guardar la ropa” (El Liberal, 5/05/1917). ↵
- “El hidroplano en Lequeitio”, en La Gaceta del Norte, 5/07/1917; Niebel, Al infierno…, cit., p. 39; La Constancia, 7/08/1917.↵
- La Gaceta del Norte, 08/06/1918. ↵
- “Homenaje de gratitud al capitán del Víctor Chávarri”, en La Gaceta del Norte, 25/10/1916. ↵
- “En la comandancia de Marina. Capitanes homenajeados”, en Euzkadi, 22/04/1917. ↵
- “De Marina. Copa de plata para el capitán del Mar Cantábrico” y “De Marina. Capitán mercante premiado”, en La Gaceta del Norte, 08/09/1917 y 7/06/1918. ↵
- “El hundimiento del Asón”, en Euzkadi, 31/12/1916. ↵
- “Llegada a Bilbao del Igotz-Mendi”, en El Noticiero Bilbaíno, 22/06/1918. ↵
- Véase: Anne Rosenbusch, “Guerra total en territorio neutral: actividades alemanas en España durante la Primera Guerra Mundial”, en Hispania Nova, n.° 15, 2017, p. 355.↵
- Marcella Aglietti, In nome della neutralitá. Storia político-istituzionale della Spagna durante la Prima guerra mondiale, Carocci Editore, Roma, 2017 p. 131, califica a la Península como centro del espionaje y destaca el papel de numerosas localidades costeras, como por ejemplo Barcelona. ↵
- Más información sobre la organización del espionaje aliado, y en particular francés, en González Calleja y Aubert, Nidos de espías…, cit., pp. 29-46. ↵
- González Calleja y Aubert, Nidos de espías…, cit., pp. 101 y 179. No obstante, la presencia gala era mucho más destacable, hasta el punto de que la protección de navíos británicos en dicha zona era responsabilidad de la Guardia Civil y de la Marina francesa.↵
- Para Gibraltar, véase: García Sanz, “Gibraltar y su campo…”, cit.; Para Cataluña y las provincias vasco-navarras, ver: Francia, Archives du Ministère des Affaires Étrangères [en adelante AMAE], Série Guerre 14-18, Espagne, Dossier 483, Telegramas del 4, 8 y 11/11/1917. ↵
- Pese a la presencia de una colonia italiana y del espía Giussepe Cefalú en la costa guipuzcoana, no parece que se desarrollara una red de espionaje destacable (García Sanz, España en la Gran Guerra…, cit., pp. 50, 51 y 80-84).↵
- El Liberal, 15/10/1914.↵
- Para la información de Asturias, véase: Agudín Menéndez, Una guerra civil…, cit., p. 157. En cuanto a Pavich y la orden carmelita, consúltese: “El clericalismo germanófilo. Los conventos se convierten en estaciones radiotelegráficas” y “El supuesto contrabando”, en El Liberal, 16/10/1914 y 26/11/1914.↵
- “La guerra europea. El espionaje alemán. En todo buen germano duerme un espía”, en El Liberal, 26/12/1914. ↵
- Véase: González Calleja y Aubert, Nidos de espías…, cit., p. 167. ↵
- El marinero vascófono se expresaba con dificultad tanto en castellano como en francés, mientras que el intérprete no parecía manejar correctamente el “vascuence de Fuenterrabía” (“El caso de Fuenterrabía”, en La Voz de Guipúzcoa, 27/07/1915; “¿Pasa algo? Incidentes y sucesos”, en El Liberal, 9/08/1915).↵
- “Al amparo de la neutralidad. La penetración alemana”, en El Liberal, 6/01/1917. ↵
- El bloqueo de nuestras costas. Estrechando el cerco”, en El Liberal, 21/03/1917. ↵
- “El aprovisionamiento de submarinos”, en La Voz de Guipúzcoa, 14/04/1916. ↵
- También El Liberal denunciaba a los cómplices del ataque, señalando a un agente –en este caso alemán– que habría tomado datos sobre los buques Manuel y Durango (“El caballero del amplio gabán”, en El Liberal, 23/01/1917). ↵
- Para la red Canaris, consúltese: Rosenbusch, Neutrality in the Balance, Spanish-German Relations during the First World War, 1914-1918, Tesis de doctorado, National University of Ireland, 2015; Bundesarchiv [en adelante BUND], RM5/2413, 1, 24, documentos del 1/08/1916 al 10/11/1916, pp. 90, 101, 154 y 157. Para los potenciales ataques desde el Cantábrico, véase: AMAE, Série Guerre 14-18, Espagne, Dossier 485, pp. 97-98. En cuanto al propio oficial alemán y su papel en la Gran Guerra, léase: Heinz Höhne, Canaris. Patriot im Zwielicht, Bertelsmann, Munich, 1976.↵
- También en Tarragona, Francia, se intentó favorecer a los candidatos regionalistas francófilos (González Calleja y Aubert, Nidos de espías…, cit., p. 106). Respecto a Gipuzkoa, La Constancia recogió el rumor publicado en El Liberal Guipuzcoano sobre la retirada del visado a Francia para los votantes carlo-integristas (La Constancia, 9/03/1917 y 10/03/1917). Aunque la amenaza quedara sin efecto, no puede descartarse que la propia Francia estuviera detrás de un infundio que beneficiaba a sus partidarios políticos. ↵
- Aglietti, In nome…, cit., pp. 111-115. ↵
- Aglietti, In nome…, cit., p. 114.↵
- El telegrama denunciando ambos sucesos se encuentra en AMAE, Série Guerre 14-18, Espagne, Dossier 485, pp. 42-46 y 73-74. ↵
- SHD, MV SS Q 55, Instructions spéciales au secret. Tenant de Paris; Eduardo González Calleja, “Nidos de espías. Los servicios de información franceses en España durante la Primera Guerra Mundial”, en Revista de Historia Militar, n.° 3, 2005, p. 193. ↵
- SHD, MV SS Q 55, Correo. Ex. Septiembre 1917 comenta el envío de un cheque de 150 pesetas a Lekeitio.↵
- Descrito como un hombre de “bigotes largos y finos, vestido completamente de azul marino y con un sombrero azul claro” (SHD, MV SS Q 55, S.R. Madrid. Coir-Exp. Aux facteur et a iners. Fevrier 1916 a dic. 1917). ↵
- SHD, MV SS Q 55. ↵
- SHD, MV SS Q 55.↵
- SHD, MV SS Q 55, Telegrama del 22/10/1917. ↵
- SHD, MV SS Q 55, Expedientes de enero a junio, 4/01/1918.↵
- SHD, MV SS Q 55, Correo. Ex. Août 1917, 4/08/1917.↵
- SHD, MV SS Q 55 correo exp. Août 1917, 28/09/1917.↵
- Santiago Casas Rabasa, “El Comité Católico de Propaganda Francesa en España durante la Gran Guerra, una puesta al día”, en Historia Sacra, n.° 65, 2013, pp. 346-347; Véase, por ejemplo: María Antonia Paz Rebollo, “Las agencias de noticias durante la Primera Guerra Mundial. Formas de propaganda aliada e influencia en España”, en Anuario del Departamento de Historia, n.° 1, 1989, pp. 93-104. Asimismo, lease: Javier Ponce Marrero, “Propaganda and Politics: German and Spanish Opinion in World War I”, en Troy Paddock (ed.), World War I and Propaganda, Brill, Leiden, 2014, pp. 292-321. ↵
- “Nota del embajador alemán” y “Los vendidos al oro aliado”, en La Constancia, 19/08/1914 y 23/09/1915.↵
- Rosenbusch, Neutrality…, cit., p. 133, aporta más datos sobre la tournée del obispo. ↵
- Informe completo en TNA, FO 371/2472, 5/10/1915. En cuanto al periódico, podría tratarse de El Liberal Guipuzcoano publicado entre 1915 y 1918. Resulta sin embargo más plausible que se refiriese a La Voz de Guipúzcoa, mucho más asentada en el territorio y con mayor número de lectores. ↵
- TNA, FO 371/2472, 3/11/1915.↵
- “España y la guerra”, en La Voz de Guipúzcoa, 27/11/1915; El texto también reproducía parte del testimonio del primado, publicado en el diario londinense The Times, incluía el telegrama del cónsul británico en Bilbao sobre la postura de los periódicos hacia Gran Bretaña, y destacaba la simpatía de Euzkadi y El Norte, así como la hostilidad del clero y del medio católico La Gaceta del Norte (TNA, FO 371/2106).↵
- Sobre la preparación de la gira y actividades del CCPF ver: Casas Rabasa, “El Comité…”, cit., pp. 347-355; Jean-Marc Delaunay, “La grande guerre ou la clé du retour”, en Mélanges de la Casa de Velázquez, n.° 19, 1983, pp. 353-355. ↵
- Delaunay, “La grande guerre…”, cit., p. 347. ↵
- “En Santa María. Sermón de Mg. Baudrillart”, en La Voz de Guipúzcoa, 13/05/1917. ↵
- Más información sobre la misma en Eduardo González Calleja (coord.), Anatomía de una crisis, 1917 y los españoles, Alianza, Madrid, 2017.↵
- José Luis Agudín Menéndez, “Asturias durante la I Guerra Mundial: Política, cultura y diplomacia (1914-1916)”, en Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, n.os 189/190, 2017, pp. 231-256.↵
- Ingrid Schulze Schneider, “La propaganda alemana en España en la primera guerra mundial”, en Alberto Pena Rodríguez (coord.), Comunicación y guerra en la historia, Tórculo, Santiago de Compostela, 2004, pp. 903, 904, 908 y 909. ↵
- Jens Albes, “La propaganda cinematográfica de los alemanes en España durante la Primera Guerra Mundial”, en Mélanges de la Casa de Velázquez, tomo 31, n.° 3, 1995, pp. 80-84. ↵
- Para información detallada del proceder francés con medios españoles, véase: Paul Aubert, “La propagande étrangère en Espagne, premier tiers du XXe siècle”, en Mélanges de la Casa de Velázquez, vol. 31, n.° 3, 1995, pp. 103-176.↵
- Schulze Schneider, “La propaganda alemana…”, cit., pp. 914-915. En cuanto al boicot a medios aliadófilos, fue denunciado por los propios afectados (“Que nos imiten a todos”, en La Libertad, 25/01/1916). ↵
- AMAE, Série Guerre 14-18, Espagne, Dossier 479, 6/06/1917. Para más información sobre Manuel Aznar y su labor periodística véanse las biografías elaboradas por Jesús Tanco Lerga, Manuel Aznar. Periodista y diplomático, Barcelona, Planeta, 2004 y también Iñaki Mirena Anasagasti Olabeaga y Josu Iñaki Erkoreka Gervasio, Dos familias vascas. Areilza y Aznar, Foca, Tres Cantos, 2003.↵






