La necesidad weiliana, como afirmación de ciertas correlaciones de fuerza y determinación en el mundo que imposibilitan un bien absoluto en el mismo, efectivamente supone el mal. Esta ausencia de Bien[1] explica el sufrimiento como inevitable determinación y violencia. Pero ¿cuáles son los alcances de la necesidad como mal en Simone Weil?
La discusión en torno a la idea de necesidad en Weil y a su concepción del mal se encuentra enmarcada en una polémica más amplia con respecto al carácter gnóstico de su obra (Bea, 1992). Por un lado, una perspectiva considerablemente extendida en relación a la necesidad weiliana, ve a la misma como una determinación total por parte del mundo o de la naturaleza y por lo tanto, como el mal absoluto. Esta postura considera que el pensamiento weiliano se encuentra dominado por un dualismo de carácter gnóstico que contrapone, mecánicamente, un mal a un bien absolutos. Como ejemplo de esta manera de interpretar a Simone Weil puede mencionarse el ensayo de Emmanuel Levinas “Simone Weil contre la Bible” (1952). Aquí, al entenderse la necesidad como mal absoluto, se afirma que la aceptación weiliana de la misma implica una forma de paganismo gnóstico que ama el mal del mundo. Por el contrario, otra perspectiva, con la cual se identificará el presente libro y dentro de la cual se inserta su argumentación, considera que el mal como necesidad no es absoluto, ya que la necesidad no solo implica una causalidad mecánica sino también una finalidad mediadora, siendo en este sentido relativa. Dentro de esta perspectiva, destacan los amplios aportes de Alain Birou que, por ejemplo, refiriéndose a la concepción del mal en Weil afirma: “[…] que a sus ojos, el mundo material no es un mal en sí y que el mal en sí no es ni absoluto ni irremediable” (1983, p. 5). Como se intentará demostrar, la necesidad weiliana puede convertirse definitivamente en mal o puede ser un medio de aproximación al Bien. Por lo tanto, la necesidad natural o mundana tiene status de mal relativo, nunca absoluto ni irremediable.
La negación de la necesidad implica el rechazo del desafío que ese mal, en principio relativo, presenta. Al dar la espalda a la necesidad, al ser incapaz de enfrentar a la misma, el ser humano se convierte en un siervo absoluto, completamente rendido a la causalidad mecánica de la naturaleza. El mal, aquí, sigue estando anudado a la necesidad, pero ya no de una manera simple y directa. Lo que caracteriza a este aspecto del mal, es la paradójica ampliación de la necesidad a través de su misma negación. Cuando la necesidad no se hace consciente –cuando se niega el discernimiento de la misma– ésta se realiza absolutamente, desechándose así la única posibilidad de ejercer la libertad humana. Esta negación implica una doble ilusión, la consideración del mal del mundo como un mal absoluto –ignorando la unión de la necesidad con el Bien– y, por otro lado, la pretensión de extirpar ese mal absoluto mediante la contraposición de un bien humano también absoluto. Al rechazar así la finalidad de la necesidad, el ser humano la vuelve absoluta, cancelando toda mediación hacia el Bien. Entonces, el mal propiamente humano, como idolatría social y política, consiste en la negación de la finalidad de la necesidad al considerarla un mal definitivo y en la consiguiente pretensión de oponerle un supuesto bien humano absoluto.
El objetivo principal de estas reflexiones, consistirá en la elaboración de una argumentación que permita profundizar los alcances de la noción weiliana de necesidad, contribuyendo, de esta manera, a una lectura que resalta el carácter relativo y mediador de la misma. Al analizar la idea de idolatría en Weil, teniendo en cuenta su vinculación con diferentes realidades históricas, sociales y políticas, se pretende demostrar el compromiso de este concepto en un cuestionamiento crítico de las doctrinas ideológicas que consideran al mundo y su necesidad un mal absoluto y que, a su vez, proponen el posible logro humano de un bien también absoluto como remedio. Teniendo en cuenta que estos dos elementos que conforman la idea de idolatría –la consideración del mundo como un mal en sí mismo y la salvación absoluta por medio de un voluntarismo humano al que se atribuye caracteres sobrenaturales o divinos–también son característicos del gnosticismo, se espera clarificar que la reflexión de la pensadora francesa, lejos de tener un carácter gnóstico[2], puede considerarse una crítica de dicho fenómeno teológico-político. De forma complementaria y como objetivo secundario, también se intentará demostrar, a través de las ideas weilianas de arraigo y mediación, en qué consiste el bien humano, como opuesto a la idolatría, a partir del discernimiento y la aceptación de la necesidad del mundo.
- Debe aclararse que, en Weil, el bien y el mal del mundo son realidades, por definición, limitadas, relativas y temporales. Por el contrario, existe un concepto weiliano para referirse a un bien que no es natural o mundano, sino sobrenatural y absoluto y que nuestra autora suele escribir como “Bien” utilizando mayúscula. Se respetará este uso para referirse al bien absoluto y no al bien mundano relativo.↵
- Tomando como referencia los trabajos de Étienne Gilson (2007), Hans Jonas (2003), Henri-Charles Puech (1952) y Eric Voegelin (2014), pueden delinearse algunos rasgos fundamentales acerca de las doctrinas gnósticas o “gnosticismo”, que permitan entender mejor las críticas realizadas al pensamiento weiliano al caracterizarlo de esta manera. Un elemento sobresaliente del gnosticismo, es la oposición absoluta que establece entre el mundo natural –o el cosmos en general– y Dios. El mundo material es un mal en sí y por lo tanto, Dios, en su bien y pureza, es totalmente trascendente y no mantiene ningún lazo con el mismo. Esto conlleva la idea que, si la divinidad es completamente extranjera a la naturaleza mundana, solo puede ser conocida por un grupo de predestinados, los únicos capaces de liberarse de la esclavitud del tiempo y el espacio. El otro rasgo fundamental refiere ya no a la enfermedad o al mal –la impureza absoluta del mundo– sino a la salvación o liberación respecto al mismo. El término “gnosis” designa un conocimiento. De manera que, una característica principal de este fenómeno, es la idea de salvación mediante una doctrina que ha sido capaz de hacerse con el conocimiento de lo divino. Y, en este sentido, supone principalmente un voluntarismo en la apropiación humana de lo sobrenatural. Veremos que Weil, a través de su noción de idolatría, cuestiona las doctrinas que, por un lado, absolutizan el mal del mundo y que, por el otro, proponen una redención así misma absoluta a través de diferentes productos de la propia intelección humana disfrazados con propiedades mágicas, sobrenaturales o divinas. La confusión entre lo humano y lo divino que señala el concepto de idolatría, será denunciada incluso en las raíces del pensamiento moderno que establece progresivamente a la diosa Razón como única divinidad salvadora. ↵






