Macarena Ortiz Narvaja[1] y Gonzalo Alejandro Zanini[2]
Introducción
En el presente capítulo presentamos un recorrido que parte de los datos obtenidos en la tesina de grado titulada Mercado Norte: la producción social y simbólica del espacio como forma de entender la relación comunicación/ciudad.[3] En este trabajo se aborda un periodo posterior al recorte temporal de esa investigación con el fin de poder observar nuestro objeto de estudio durante la pandemia. Como estructura organizativa del trabajo, primero caracterizamos el Mercado Norte de la ciudad de Córdoba desde su historia, para luego describir algunas dinámicas y sentidos construidos sobre este espacio. Luego, intentaremos volver a algunas políticas y transformaciones que se han dado en el Mercado Norte desde que inició el aislamiento por la pandemia de COVID-19, y cómo estas responden (y se corresponden) con los sentidos construidos que pudimos observar en la tesina. Es decir, exploraremos cómo las transformaciones realizadas en tiempos de confinamiento y pandemia dan continuidad y sentido a los datos obtenidos previamente, que evidencian un plan de reordenamiento urbano basado en la reproducción del capital.
La perspectiva comunicacional será clave para pensar la urbanización y el espacio, permitiéndonos ver cómo la construcción de sentidos termina por materializarse, haciéndose piedra, logrando que éstos se manifiesten y tomen forma. Así, es necesario considerar los intercambios simbólicos de múltiples actores dentro del espacio urbano y de las representaciones que se manifiestan en él. Todo dentro de un marco de dinámicas de producción y reproducción de la ciudad, y en particular, en un caso latinoamericano que se mueve al ritmo del capitalismo actual. En este sentido, abordar al Mercado Norte desde una perspectiva plural es vincularlo a los factores sociales y culturales que propone el campo de la comunicación. Además, es un ejemplo más para entender de qué forma la ciudad está siendo planificada de acuerdo a ciertos intereses económicos que configuran las relaciones de los sujetos en ella.
En nuestro trabajo de grado, realizamos un análisis de los sentidos construidos sobre el Mercado Norte y su entorno desde el medio gráfico con más tirada y suscriptores de la provincia de Córdoba: La Voz del Interior. Esta elección fue principalmente por cuestiones de acceso y factibilidad, en un contexto de aislamiento que nos impidió el acercamiento al campo; pero nos condujo a algunas conclusiones relativas a las transformaciones y políticas públicas desarrolladas sobre este espacio. A través de un corpus construido por todas las noticias publicadas en este medio sobre el Mercado Norte y su entorno desde el año 2011 hasta marzo del 2020 (conjunto que suma un total de 86 publicaciones) accedimos a construcciones mediatizadas, a sentidos que se corresponden con lógicas hegemónicas de un agente de poder, más acorde al espacio visto desde dinámicas de producción de valor que al espacio vivido por los sujetos.
Mercado Norte: pasos para organizar una ciudad
El edificio del llamado originalmente Mercado de la Ciudad fue construido en el año 1927 y se inauguró el 14 de abril de 1928, en un contexto donde la ciudad de Córdoba empezaba a constituirse como un centro de comunicación, un nodo de distribución y circulación de bienes. A principios del siglo XX, esto implicó un proceso de regulación y gestión dirigido a obtener una ciudad agradable, ordenada y limpia. Conocido popularmente como Mercado Norte, su aparición se da en la misma época en que la ciudad de Córdoba había iniciado un proceso de modernización. El Mercado Norte se convierte en un claro ejemplo de cómo una ciudad va tomando forma de acuerdo a las inversiones económicas que transformaron el espacio urbano. El mercado sería la posibilidad de concentrar en un sitio techado una variedad de servicios, permitiendo regular la venta de productos alimenticios bajo nuevos estándares y parámetros de sanidad, higiene y comercio. El surgimiento del Mercado Norte es el resultado de un proceso lento y modesto que estaba llevando a cabo la ciudad de Córdoba para modernizarse. Como plantea Waldo Ansaldi (1997), el proceso de crecimiento de la ciudad da sus primeros pasos en la década de 1880, momento en que a la ciudad se la empieza a diseñar con otros fines, con otros parámetros. Ya no es la topología del suelo cordobés, las características propias de su geografía las que determinan la forma de urbanización, sino que son los puntos fabriles, la construcción de barrios aledaños, la aparición del ferrocarril, y otros factores los que van configurando la nueva apariencia de la Córdoba a fines de siglo XIX.
En este marco de primeras transformaciones y cambios surge el Mercado Norte. En las décadas estudiadas por Ansaldi (1997), ya se empieza a constituir la idea de centro, sector en que el mercado cumplirá un papel clave. En este proceso de constitución de un casco urbano, la zona céntrica se pone en “función de matriz de la ciudad, concentrando la sede del poder, la cultura, el comercio, la banca, las distracciones, la calidad y la cantidad de los servicios, el mayor número de habitantes y de viviendas de más significación e inicialmente hasta las fábricas y talleres” (p. 76). El mercado presentaba así una ubicación estratégica que va a configurar el contorno del barrio Centro: limitado por el río Suquía y en cercanía a la distribución de bienes por medio del ferrocarril. Además, el mercado aparece como una forma más de regular el comercio de la ciudad de Córdoba en nombre del progreso. Es decir que la construcción del mercado legitimaba a la ciudad como una ciudad comercial, productiva, dentro de los parámetros de modernización que se estaban llevando a cabo y que como plantea Ansaldi, son bastante modestos, primeros esbozos de una ciudad en camino a una industrialización que surgirá décadas después.
En la actualidad, el Mercado Norte está ubicado en el área central de la ciudad, y de acuerdo a la delimitación barrial de la Municipalidad de Córdoba, según lo establecido en la ordenanza 8057/85, sobre “Ocupación del suelo y preservación de ámbitos históricos, arquitectónicos y paisajísticos dentro del área central de la ciudad”, se encuentra dentro del barrio Centro, entre la calle Oncativo y el pasaje Cantacara, de norte a sur, y entre San Martín y Rivadavia, de este a oeste. Alrededor del edificio hay un gran movimiento comercial diverso: perfumería, calzados, repuestos automovilísticos, ferreterías, almacenes, financieras, etc. En esta misma ordenanza que delimita el área central de la ciudad, se plantea que existe un área especial llamada “Mercado Norte”, que comprende todas las manzanas limitadas por las calles Oncativo al norte; Rivadavia al este; Catamarca al sur y San Martín al oeste.
En el año 2001, se llevó adelante una refuncionalización del mercado por la Municipalidad de Córdoba que, junto con refacciones edilicias, crea en la planta superior del edificio el CPC[4] Mercado de la Ciudad. Esto implica que en el mismo centro de compras existe la posibilidad de hacer consultas, tramitar impuestos y servicios, no sólo municipales sino también prestaciones provinciales, nacionales y de empresas de servicios públicos. En el año 2011, también pensando como una refuncionalización de este espacio, el gobierno municipal hace peatonal la calle República de Israel, situada frente a la puerta del Mercado.
Ahora bien, el área tiene una gran concentración de actividad comercial. Sin embargo, también existen oficinas y dependencias del sector público. El Mercado Norte se posiciona como núcleo del área, y la Sociedad de Locatarios estima que por mes acuden en promedio 200.000 personas (“Lattanzi vuelve a poner su impronta en el Mercado Norte, un ícono de casi 90 años se revitaliza”, 2017).
La zona se caracteriza por tener un carácter heterogéneo, tanto en las actividades que allí se realizan como en rubros comerciales y personas que la recorren. Así, se mezclan las prácticas comerciales vinculadas a automotores y motos (en las calles La Tablada y Rivera Indarte, principalmente); el comercio del rubro alimentario mayorista y minorista (en el entorno del Mercado Norte y en el mismo Mercado); comercios vinculados a la construcción (materiales, sanitarios, aberturas) y ferreterías (en calles Gral. Alvear e Igualdad), junto con depósitos y almacenamientos. Hay variada oferta de servicios y gastronomía, y a lo largo del día también se desarrolla venta informal, por parte de vendedores ambulantes y manteros.
Ahora bien, en el año 2018 (bajo la gestión municipal anterior, con Ramón Javier Mestre de la UCR como intendente) se plantea un proyecto de organizar la ciudad en algunas grandes áreas, para focalizar las políticas a implementar en ellas. Así, el Mercado Norte quedó incluido en el Distrito Abasto, un proyecto para reutilizar los predios del antiguo Mercado de Abasto, localizados del otro lado del río, a la misma altura que nuestro objeto de estudio.[5] Este proyecto está todavía en proceso, bajo una gestión municipal distinta, con la intendencia de Martín Llaryora (PJ). Sin embargo, retomamos algunos supuestos o bases del proyecto original como las nociones de desarrollo, emprendedurismo y sustentabilidad. Estos presupuestos (además de estar explícitos en la ordenanza municipal) podemos también observarlos en algunas noticias de la época. Por ejemplo, cuando se discutía: “Distrito Abasto: 30 manzanas para impulsar el emprendedurismo”, publicada en La Nueva Mañana (14/11/2018); en “La plaza del Distrito Abasto tendrá alumbrado con paneles” publicada en La Voz del Interior (12/06/2019) y en “Distrito Abasto, el proyecto de la ciudad de 10 minutos (poniendo los caballos delante del carro)”, publicada en Infonegocios (23/08/2018). En todas las noticias se menciona al emprendedurismo, espacios de coworking, pero más que nada la idea de revalorización de este espacio. Las propuestas sobre el área, según lo enunciado en las noticias y lo comunicado desde el plan municipal, se basan en tres ejes:
- Espacio público: mediante un programa de obras para la rehabilitación de espacios significativos, y proyecto de movilidad sustentable.
- Población: a través de un programa de incentivos a la densificación edilicia y renovación urbana.
- Actividades económicas: por medio de un programa de beneficios para la radicación de actividades promovidas y promoción del ecosistema emprendedor.
Nos gustaría detenernos en este punto: el Estado invierte para rehabilitar un espacio y luego fomenta la construcción de edificios para impulsar actividades económicas. Hasta aquí el habitar de los sujetos no existe; la función de recorrer este espacio, de experimentarlo, de vivirlo no parece ser válida. Entonces, según este proyecto (como muchos otros),[6] en el espacio público uno se mueve (no se queda); la población en ésta área debe vivir en edificios, de forma densificada, y el emprendedurismo (ahí donde el peso del capital recae sobre un solo individuo) es la forma de ofrecer y comprar bienes y servicios. ¿Qué lugar queda en esta ciudad imaginada para los vendedores ambulantes, para quienes venden con su manta en la vereda y para quienes ofrecen sus cuerpos de noche? Aunque responder a esto en el área todavía en transformación puede ser anticipado, nos valemos del trabajo de los miembros de este equipo de investigación (Michelazzo, 2020; Boito y Espoz, 2014), que vienen estudiando y demostrando de forma crítica y clara cómo la ciudad se segmenta, se fragmenta, expulsando cada vez más a todos estos sujetos que no entran o coinciden con los requerimientos de un mercado que no duda en empujar las clases subalternas a la periferia.
El mercado como representación: dualidad día y noche
Luego de este acercamiento al espacio en cuestión, se vuelve necesario explicar algunos puntos clave desde los cuales partimos para estudiarlo. Como un presupuesto básico para pensar la ciudad desde una perspectiva materialista retomamos una concepción que comprende a las ciudades como productos de un excedente de la producción capitalista (Harvey, 2008), haciendo entonces que las decisiones sobre éstas recaigan en pocas manos, como veremos más en detalle en el próximo capítulo, en el texto de Santiago Buraschi. De esta manera, y en última instancia, según esta corriente, es el urbanismo el que da respuestas a las crisis: la inversión en el espacio urbano es la posibilidad del capitalismo de renovarse.
Como el resto de los trabajos incluidos en esta compilación, este artículo se enmarca en el proyecto de investigación común, del cual retomamos aquí en particular la dinámica centro/periferia. De acuerdo a lo planteado por Boito y Espoz (2014), donde colectivamente se sostiene que el ordenamiento físico y sensible de las transformaciones de la ciudad tiende a constituir experiencias entre los mismos de clase, resultando una ciudad fragmentada. Este punto nos resulta central para pensar las transformaciones y políticas que se dieron en el Mercado Norte, transformaciones y ordenamiento físico y sensible que desarrollaremos más adelante.
Ahora bien, antes de analizar qué transformaciones impulsó el Estado en el Mercado Norte y sus alrededores en el año 2020, retomamos algunas conclusiones del trabajo final de grado que tomamos como base para pensar este espacio en pandemia. Así, notamos que la forma en la que es representado el Mercado Norte en las notas seleccionadas de La Voz del Interior muestra cómo la ciudad se vuelve un concepto dinámico en donde lo material y lo simbólico, los sujetos y el entorno, construyen y reconstruyen el espacio de acuerdo a determinados intereses económicos basados en la valorización de lo urbano. Pensar el Mercado Norte desde esta pluralidad nos permite entender cómo la lógica del capital interviene en las formas de promover la circulación de los sujetos en un espacio urbano. Esta lógica del capital es clasista. La ciudad manifiesta las desigualdades y contradicciones de la sociedad.
Para sostener esto, nos basamos, en primer lugar, en el hecho de que la mayoría de las publicaciones del diario representan al Mercado primero como comercio y después como servicio público. Por supuesto que su principal función es la oferta de productos alimenticios, pero aquí nos interesa más el cómo y quiénes: aquí el Mercado Norte se nombra como tal, se oficializa. Los actores reconocidos son institucionales (gerentes comerciales, comerciantes y dueños de locales más antiguos), los trabajadores del Mercado aparecen estetizados por terceros (retratados por estudiantes de fotografía, enmarcados como objetos de tradición). Esto deja fuera a vendedores ambulantes y comerciantes informales. Aquí entonces el comercio es sólo válido para locales físicos y habilitados por el Estado. Esto nos remite también a su carácter como servicio público: el Estado se hace presente en el mercado a través del CPC, ofreciendo un lugar de participación ciudadana, entendiendo como participación a la posibilidad de realizar trámites y pagar impuestos. Tanto en las notas sobre el rol del mercado como centro comercial y como servicio público, la sección elegida para publicar es la de “Ciudadanos”, lo que cabe preguntarnos entonces es ¿qué clase de noción de ciudadanía puede construirse desde estos sentidos sobre el mercado?
En estos ámbitos, el comercio informal, el andar este espacio por placer y las actividades (y peligros) de la noche no tienen lugar, están bien delimitadas qué clases de noticias son de interés ciudadano y cuáles no. ¿Estamos frente a ciudadanos o frente a clientes? En este punto, retomamos un artículo de Espoz Dalmasso y del Campo (2018) cuando describen el constructo social que sostiene la noción de patrimonio urbano:
Esta operación nos permite dar cuenta no sólo del carácter expresivo de todo el proceso, sino que nos insta a focalizar en los sentidos que se construyen sobre ciertos territorios con sus prácticas (de habitar, circular, disfrutar, conocer, etcétera) que otorgan un marco a las experiencias urbanas contemporáneas en tanto ‘aceptables/deseables’. (Espoz Dalmasso y del Campo, 2018, p. 60)
Así, tenemos que sobre un espacio hay actividades y actores deseados, y otros no. Y esta división viene de la mano con lógicas de valor que conforman los sentidos en una sociedad capitalista.
Otra forma desde la cual podemos rastrear esta dinámica del capital en la ciudad es a través del contraste que existe entre las noticias que hablan sobre el Mercado Norte en sí y las que hablan sobre el entorno del mismo; y las experiencias que se asocian y se adscriben a cada uno de estos espacios. Es así que estas construcciones de sentido muestran una dualidad de los modos de habitar, circular y dan coherencia a un espacio urbano. Esto, en primer lugar, manifiesta qué es lo que puede ser nombrado por La Voz del Interior como Mercado Norte, y qué contenido aparece de una manera casi subterránea.
Ahora bien, esa dualidad está determinada por una cuestión temporal básica: el día y la noche. Los datos encontrados dentro del mercado cuentan con una gran cantidad de noticias dedicadas al comercio y a los precios, noticias que en su mayoría abarcan al Mercado Norte dentro del horario de atención al cliente (en 2021, de 7:00 a 17:00 horas). Mientras que el entorno del mercado cuenta con una gran cantidad de noticias dedicadas a lo criminalístico, con temas como la trata de personas, homicidios, robos, etc. En su mayoría, los hechos ocurren en un rango de horario nocturno, que va de las 20:00 en adelante (el horario usual de cierre del Mercado ‒en otros años era a las 19:00‒). Los temas recurrentes de las noticias del Mercado Norte en horarios de apertura son el precio del asado, la atención en fechas patrias, las intervenciones culturales dentro del establecimiento, entre otros. El espacio representado en estas noticias muestra al Mercado Norte con una circulación estrictamente comercial: son los clientes, los interesados en la compra de productos, los que le otorgan sentido al espacio. Importan en esta faceta los precios de la carne, la disponibilidad horaria, la variedad de productos, la oferta gastronómica. Cuando el turismo y las políticas culturales intervienen en el Mercado Norte lo hacen para aprovechar estos recursos. El city tour propuesto por el exintendente Ramón J. Mestre incluye a dicha fachada como punto de visita por su valor histórico, por su función de mercado tradicional y como punto neurálgico de la ciudad.[7]
Muy diferente es lo que sucede con las noticias de su entorno, las cuales abarcan numerosamente temas de explotación sexual, red de trata de personas, homicidios transfóbicos, etc. Estas noticias presentan un espacio nocturno que funciona como escenario para la vulneración de derechos. Como se aclaró anteriormente, esto sucede luego del horario de atención al cliente y queda así en un plano secundario la presencia del mercado y su carácter diurno. Las mismas calles por donde transitan los clientes en busca de productos de calidad al mediodía, a la noche son escenarios de explotación sexual.
Las noticias del entorno del Mercado Norte lo representan como un espacio en el cual se reclama seguridad, se exige justicia y control policial. Acá es donde se puede observar la gran dualidad, el importante contraste que surge de las representaciones de un espacio que durante la horas del día se vuelve un producto consumible para todo el público, seguro, confiable, provechoso para el turismo y los intereses municipales; pero que durante las horas de la noche deja de ser apto para todo público, pierde seguridad y control social, y logra inscribir otras prácticas que permiten otros consumos con diversos sujetos.
En el juego del día y la noche en este espacio, con actores, actividades y características bien delimitadas desde las noticias trabajadas sobre el Mercado, cabe preguntarnos: ¿Qué lugar queda para los límites entre el día y la noche? ¿Tendrán estos intersticios sus propios actores y dinámicas que no estamos observando? Por lo pronto, entendemos que esta tensión no es ni natural ni inocente. La distinción sobre el mismo lugar de dos espacios casi antagónicos (el Mercado Norte de día y el Mercado Norte a la noche) es funcional a una dinámica del capital en la ciudad que es evidente: la noción de revalorización. Si observamos atentamente ‒y desde la perspectiva que creamos para esta investigación‒ podemos ver entonces que, desde las noticias estudiadas, desde estos sentidos heterogéneos emerge una coherencia en este sistema de símbolos: nos encontramos ante un espacio con historia, que desde sus orígenes se presenta como un punto de concentración de la oferta de alimentos en la ciudad; que hoy se ve sumergido en un bullicio citadino, ofreciendo bienes alimenticios pero también servicios gastronómicos, que se presenta como un legitimador de precios y servicio público. Pero de noche parece vaciarse para ser sumergido en la oscuridad nocturna donde prima la oferta sexual y la inseguridad. Así, de día estamos frente a un espacio con un valor histórico y turístico; que de noche pierde valor, porque no reinan en él el comercio y la economía formal, esto es, emerge un espacio desvalorizado, tugurizado y peligroso. Es aquí en donde entra el Estado: su rol es recuperar un valor perdido, revitalizar un lugar sin vida, y es desde estos sentidos que se piensan, se diseñan e implementan las políticas públicas sobre este espacio. Aquí se nos vuelve necesario preguntarnos: ¿valor para quiénes? Evidentemente este espacio se diseña y planifica para un tipo de ciudadanía, que admira este espacio desde un city tour, lo vive desde la mesa de algún local gastronómico, o lo recorre en busca de los mejores precios en alimentos.
Retomamos entonces algo planteado previamente, heterogeneidad no es caos: el principio que ordena estas experiencias se alinea con una idea de producción de valor, donde hay cuerpos que se mueven en la luz del día, en el ritmo de la compra y la venta de productos (de manera formal) y otros quedan relegados a la noche, con los peligros de la clandestinidad y la oscuridad. Es otro mercado que no se concibe como una cuestión social, el mercado donde los cuerpos ambulantes no existen, y donde los cuerpos de la noche son invisibilizados.
Esta dinámica de exclusión es característica de nuestras ciudades en el capitalismo actual, recubre entonces este espacio con imágenes y símbolos que aportan a las prácticas sobre este lugar y fomentan que el mismo sea pasivamente experimentado. La coherencia entre estas representaciones se construye entonces hablando de un lugar céntrico (en lo físico), con historia y que concentra gran diversidad (de precios, de productos y personas). Pero en algún punto perdió su valor, porque al cerrar las persianas y las luces de los negocios, de la oscuridad emergen cuerpos, necesidades, impulsos e intercambios que nadie quiere ver, pero que están ahí casualmente por el carácter central de este sitio.
En este marco de interpretación materialista, la producción del sentido y la organización de este espacio está asociada a estructuras clasistas que funcionan en la visualización e invisibilización de sujetos y prácticas sociales. Una vez más, la forma de pensar las prácticas sociales está relacionada con la acumulación del capital: aquello que se trata de cambiar, aquello que se trata de promover, tiene fines económicos que benefician a un determinado grupo de la población. Si lo personal es político, el andar en una ciudad también lo es: existen estructuras y representaciones sociales que actúan en los sujetos y que forman parte de los modos de habitar y circular esos espacios.
Nadie se enamora en la noche
El sábado 11 de julio del 2020, en plena pandemia, el Mercado Norte cambió su imagen: fue intervenido por la Municipalidad de Córdoba para revalorizar el espacio a través de calles y adoquines pintados, ensanchamientos de veredas y nuevas peatonales, con sillas y mesas ubicadas al aire libre. Desde el gobierno municipal, se inscribe al Mercado Norte dentro de un proyecto urbanístico integral de grandes manzanas. Una vez más, el Mercado Norte se vuelve un espacio de interés para la gestión municipal de la ciudad de Córdoba. Estas transformaciones en la fachada del mercado se dan, como se dijo, a pocos meses de haberse dictado el aislamiento social preventivo y obligatorio. Pero previo a estas reformas, como antecedente, se propuso en febrero del 2020 la semana “Enamorados de los Mercados” (Figura 1), con el fin de celebrar el día de San Valentín y, además, en paralelo vincular, a través de diversas actividades culturales, el Mercado Sud con el Mercado Norte. Dichos espacios serían aprovechados y valorizados utilizando una fecha comercial para convocar personas e incentivar así el consumo. Las notas de La Voz del Interior que dan cuenta de esta propuesta comercial y urbanística son las siguientes: “Paraguas en los Mercados, la nueva postal de San Valentín” (12/2/20), “Enamorados de los Mercados” (14/2/20) y “Más intervenciones en los Mercados” (18/2/20).

Figura 1. Paraguas en los mercados. Fuente: Gentileza La Voz del Interior.
Para entender en qué marco se inscriben los cambios del mercado realizado el 11 de julio del 2020 en su paso a Gran Manzana, es necesario desarrollar lo que se entiende en esta investigación como el puntapié que da el impulso para realizar esas reformas. Este paso se da, como dijimos, en febrero de 2019 con el proyecto “Enamorados de los Mercados”. Esta propuesta se repitió el 14 de febrero de 2020. En la primera edición, se realizaron intervenciones estéticas y se otorgaron permisos a locales para colocar mesas en las veredas, y además se planificó un recorrido de consumo desde el Mercado Sud al Mercado Norte. Es necesario dejar en claro que el proyecto configura un tipo de ciudadano, de público que sale a consumir bienes y servicios en pareja y que desea celebrar San Valentín. Estos son los métodos de la municipalidad para revalorizar un espacio y ganarle a la noche. El Estado interviene entonces marcando de forma evidente qué tipo de vínculos y prácticas son válidas en este lugar: salir a comer en pareja es una actividad deseable, salir a ofrecer/solicitar trabajo sexual es una actividad a erradicar.
Es notoria esta forma de pensar la noche con el fin de darle una apariencia para todo público al Mercado Norte, una imagen proyectada más fácil de consumir, que tenga una apariencia no tan cruel y violenta. La noche reservada a la explotación sexual, al consumo de los cuerpos por medio del trabajo sexual, es una cara del mercado que la municipalidad desea ocultar. La nueva gestión municipal, bajo el gobierno de Martín Llaryora, propone en el marco del festejo de San Valentín del año 2020 una serie de actividades nocturnas alrededor de los mercados: ferias de flores, foodtrucks, espectáculos de música en vivo y hasta se techa la parte peatonal de la calle República de Israel con paraguas de diferentes colores. Además, para el mismo 14 de febrero los mercados tienen unas horas más de atención al cliente, con la idea de superar las diferencias existentes entre las prácticas sociales del día y la noche.
Estas propuestas para San Valentín funcionan como prueba piloto para que los Mercados puedan extender la atención en horarios nocturnos. Insistimos entonces en la idea de que la intervención estatal vincula eventos de ocio o eventos culturales con el consumo, presentando de forma directa la intención de intervenir para valorizar, dejando en evidencia que el valor no se produce por los sujetos, sino a través de un gobierno que planifica los modos de relacionarse y experimentar el espacio urbano, que decide qué debe suceder en un lugar y cómo. La propuesta “Enamorados de los Mercados” es un ejemplo más de cómo todo proceso de revalorización del espacio urbano está regido por la lógica del capital. Vemos cómo a través de un proyecto de la municipalidad se intenta zanjar el quiebre entre el día y la noche, y, al mismo tiempo traza una frontera importante entre las actividades indicadas (consumo de alimentos, en locales formales y en familia o en pareja) y las que hay que excluir (intercambio de sexo por dinero, comercio informal). La heterogeneidad en el proceso de reorganización de espacio urbano está marcada por una mirada clasista y por los modos de reproducir y reinvertir el excedente. Se interviene entonces para que estas calles y veredas refugien a enamorados con cenas y shows, cuando el resto del año a esas esquinas las habitan cuerpos que se ofrecen como un bien de consumo.
Ahora bien, en el contexto de la pandemia, la Municipalidad de Córdoba siguió apostando a una transformación espacial importante, siguiendo entonces en sintonía con el slogan del gobierno provincial “Córdoba no para”, como ha analizado Milva Valor en el capítulo anterior. Como se dijo, en la fecha del 11 de julio de 2020, nuevos adornos, calles pintadas y peatonales ocuparon el Mercado Norte, en el marco del proyecto de grandes manzanas, que se viene presentando en los capítulos anteriores. Se trata de un proyecto similar al de Supermanzanas en Barcelona, que consiste en reducir el tránsito y peatonalizar espacios para concentrar actividades, y priorizar el acceso a estos puntos para peatones y ciclistas. En las noticias que tratan este tema se recogen testimonios del intendente y otros funcionarios donde las nociones de sustentabilidad, turismo y calidad ambiental se acompañan de fotos de maceteros y mesas de bares en las calles.[8]
Al respecto, el secretario de gobierno de la Municipalidad de Córdoba, publicó lo siguiente:
De a poco toma forma una nueva #SuperManzana en nuestra ciudad. Sumamos a nuestro Casco Histórico a la calle Caseros y al Mercado Norte. Con el intendente @MartinLlaryora y todo el equipo de la @MuniCba avanzamos en una ciudad más sustentable, más pensada en el vecino, más linda! (Siciliano, 2021)
La tercera gran manzana entonces ya se plantea como una más dentro de un circuito, o recorrido en conjunto con las anteriores. A este grupo se va a sumar una cuarta, esta vez en Nueva Córdoba, alrededor del Paseo del Buen Pastor.
Los cambios no son de reordenamiento de los manteros, naranjitas o vendedores ambulantes sino que consisten en calles pintadas de diferentes colores como por ejemplo, el piano pintado en la entrada del Mercado ‒representando el instrumento fundamental del cuarteto[9]‒ en peatonales para incentivar la circulación de interesados en el mercado, y en adoquines, algunos restaurados, otros nuevos, que sirven para adornar la imagen externa de la fachada (Figura 2).

Figura 2. Veredas del mercado. Fuente: Portal de la Municipalidad de Córdoba.
Un espacio como el Mercado Norte, caracterizado por la constante circulación de autos y motos, de camiones que cargan y descargan mercadería a toda hora, hoy prioriza la circulación de peatones. Y en esto la nueva imagen del mercado es totalmente clara. No solo hay cambios en la imagen externa de la fachada, al volverla más colorida, sino que la propuesta artística viene acompañada de cambios de sentido de calles, como observamos en la Figura 3 sobre la entrada al mercado por la calle San Martín.

Figura 3. Pintadas y entrada. Fuente: Gentileza La Voz del Interior.
En otra esquina, la de las calles Oncativo y Rivadavia, observamos también una constante en las Grandes Manzanas: maceteros que sirven como elemento para embellecer, al mismo tiempo que cumplen la función de delimitar espacios.

Figura 4. Maceteros y pintadas. Fuente: Gentileza La Voz del Interior.
Así entonces, podemos afirmar que la Gran Manzana del Mercado Norte comparte elementos y repite lógicas de otras grandes manzanas en nuestra ciudad.
Conclusiones
Los mercados de abasto siempre expresaron puntos de contacto entre el campo y la ciudad: son sitios donde podemos observar contextos socioeconómicos heterogéneos, actores diversos con distintos intereses y capacidades, pero principalmente dejan expuestas diversas (y dispares) relaciones sociales. En tanto espacios públicos, de encuentro, de negociaciones, con tradición, historia y valor arquitectónico, los mercados constituyen un objeto empírico privilegiado para comprender las dinámicas sociales y de puesta en valor de una ciudad.
Desde los datos obtenidos en la tesis de grado hasta las transformaciones dadas durante la pandemia en el espacio del Mercado Norte es fácil imaginar un proceso que justifica la importancia del mercado como objeto de estudio relevante para ser analizado. Desde una revisión de la historia del Mercado Norte hasta la forma en que diversas prácticas y representaciones sociales producen sentido a lo largo del tiempo, trabajando como amalgamas que le otorgan al sujeto diversas formas de experimentarlo, el mercado es hoy un espacio que nuclea una heterogeneidad propia de la ciudad moderna del siglo XXI. Las prácticas sociales contradictorias se encuentran dentro de una dualidad de día y noche, y esas mismas prácticas están siendo gestionadas por intereses económicos que no hacen más que condicionar la experiencia de los sujetos sociales en su relación con lo urbano. Además, vemos que todos estos procesos están orientados por aquello que podemos denominar embellecimiento estratégico (Benjamin, 2007; Boito, Espoz y Sorribas, 2012), que funciona como la forma de reproducción social del capital, la acumulación de excedente y su consecuente reinversión para futuras ganancias. Bajo esas lógicas cada experiencia del ser humano se encuentra configurada espacialmente. El crecimiento de edificios, las renovaciones de fachadas, los proyectos y diseños nuevos de urbanización ponen de manifiesto la actividad del capital en la materialidad de la piedra, del asfalto y el hormigón; y repercutiendo en la experiencia simbólica. El excedente tiene que ser reinvertido: el virus no detiene la perpetua reproducción del capital. Y, si el capital no descansa, la ciudad tampoco. Las últimas intervenciones sobre el mercado, con el fin de incentivar el consumo, de realzar su potencial turístico, de embellecer el entorno para el uso comercial, todo hecho en plena pandemia, demuestran que la ciudad se amolda a cualquier circunstancia, a cualquier necesidad que requiera el sistema capitalista.
El Mercado Norte permite entender en qué se piensa cuando se reorganiza un espacio urbano, en el sentido de qué se tiene en cuenta y qué no, qué prácticas son privilegiadas y qué prácticas son invisibilizadas. Esto refuerza el concepto de que la ciudad, al ser planificada, no está pensada para toda la población. Actúan lógicas económicas que reordenan las prácticas, las vivencias de los sujetos y los modos de relacionarse en sentido clasista. El Mercado Norte logra cristalizar así estas contradicciones.
Hoy el Mercado Norte no es el mismo. Cambió, y en ese cambio, en esos nuevos adoquines, calles y muros pintados, marcó y reafirmó las lógicas por las que se rige el embellecimiento estratégico de la urbanización actual. Los cambios de la fachada en plena pandemia legitiman sujetos y prácticas, y el mercado es un espacio pensado para que el turismo lo disfrute, para que los peatones tengan prioridad de circulación, y para que se tenga de él su mayor provecho durante las horas del día. Lo que sucede en la noche todavía no es un problema a solucionar para el gobierno de turno.
Esta urbanización turística del Mercado, no es única. Notamos que se trata de una tendencia a nivel global, de generación de estrategias de revitalización o puesta en valor, en donde lo arquitectónico o edilicio se vuelve de interés en los procesos de patrimonialización y turistificación de las ciudades, y mediante la que se perfilan similares experiencias de consumo e interacción (Medina y Álvarez, 2009; González, 2018; Vázquez Medina, Hernández Cordero, Lagos y Rangel Trujillo, 2020; González y Dawson, 2015, y Pereyra y Zanini en este volumen sobre el caso de barrio Güemes). Así, el mercado deja de pensarse y experimentarse como un objeto en sí mismo y como espacio para el consumo local, para pasar a ser un punto del entramado global de una ciudad, en el cual los consumos locales son reapropiados y dotados de nuevos sentidos para nuevos actores.
Además, la transformación del Mercado Norte en el 2020, que como se dijo, fue parte de un proyecto de urbanización integral, demostró que el crecimiento de una ciudad no descansa y no se recluye en confinamiento por la existencia de una pandemia. La ciudad crece como un organismo vivo mientras nos aislamos. Con la rapidez del capitalismo acelerado actual, la ciudad se transforma y cambia de aspecto constantemente. Analizar y estudiar el Mercado Norte es dar cuenta de estas transformaciones, sin perder de vista su horizonte: una ciudad espectáculo, donde la lógica del turista o visitante se aplica tanto para habitantes como para otros sujetos e interviene tanto desde lo material como desde lo simbólico en la configuración de nuestras experiencias como sujetos sociales.
Bibliografía
Ansaldi, W. (1997) Una modernización provinciana: Córdoba, 1880-1914. Revista Estudios (7). Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.
Benjamin, W. (2007) Iluminaciones I. España: Taurus.
Boito, M. E. y Espoz, M. B. (2014). Urbanismo estratégico y separación clasista. Instantáneas de la ciudad en conflicto. Puño y Letra Editorialismo de Base.
Boito, M., Sorribas, P. M. y Espoz, M. B. (2012). Pensar los desbordes mediáticos del conflicto: las ciudades-barrios como síntoma de la actual tendencia urbana de sociosegregación. Papeles del CEIC. International Journal on Collective Identity Research (1), 1-41. https://bit.ly/3Hd6xAu
Debord, G. (1967). La sociedad del espectáculo. Texto íntegro en castellano de La sociètè du spectacle, Champ Libre, 1967, traducción de “Mal de ojo” para el Archivo Situacionista Hispano (1998).
Distrito Abasto, el proyecto de la ciudad de 10 minutos (poniendo los caballos delante del carro) (2019, 23 de agosto). Infonegocios. https://bit.ly/3mKnYAF
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Inaugurarán una nueva “Gran Manzana” en el Centro de la ciudad de Córdoba (2020, 16 de agosto). La Nueva Mañana. https://bit.ly/3FQU05e
Janoschka, M. & J. Sequera (2014): Procesos de gentrificación y desplazamiento en América Latina, una perspectiva comparativista, en Desafíos metropolitanos. Un diálogo entre Europa y América Latina, Juan José Michelini (ed.), pp. 82-104. Catarata. Madrid.
Lattanzi vuelve a poner su impronta en el Mercado Norte (un ícono de casi 90 años se revitaliza) (2017, 7 de junio) Infonegocios. https://bit.ly/3zgPyKL
Lefevbre, H. (1973). La producción del espacio. Capitán Swing Libros, S. L, España.
Medina F. y Álvarez M. (2009) El lugar por donde pasa la vida… Los mercados y las demandas urbanas contemporáneas: Barcelona y Buenos Aires. Estudios del hombre, 183-201. https://bit.ly/3FDLlDe
Medina, J.A, Hernández Cordero A., Lagos S., Rangel Trujillo F (2020) Gentrificación y alimentación en Santa María La Ribera. Estudios Sociales Revista de Alimentación Contemporánea y Desarrollo Regional, 30(55), 1-25. https://bit.ly/32BsTwT
Municipalidad de Córdoba, s/f. Los Centros de Participación Comunal (CPC) son espacios municipales de descentralización administrativa y de desconcentración operativa a pequeña escala. https://cordoba.gob.ar/cpc/
Ortiz M, Zanini G. (2021). Mercado Norte: la producción social y simbólica del espacio como forma de entender la relación comunicación/ciudad. Trabajo Final de Licenciatura. Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad Nacional de Córdoba
Paraguas en los mercados, la nueva postal de San Valentín (2020, 12 de febrero). La Voz del Interior https://bit.ly/3HkiYKF
Plaza del Distrito Abasto tendrá alumbrado con paneles (2019, 12 de junio). La Voz del Interior. https://bit.ly/32IzzJe
Quevedo, C., Angelelli, M. B. y Pereyra, A. S. (2017) “El juego de luces y sombras es el que nos guía”. Colonialidad, nocturnidad y mercantilización en la ciudad de Córdoba. [Ponencia]. https://bit.ly/3FEGtxD
Revalorizaron espacios del Mercado Norte de Córdoba (2020, 9 de agosto). Cadena 3. https://bit.ly/3EFeZa7
Siciliano, M. [@miguelsiciliano] (2021, 16 de agosto) De a poco toma forma una nueva #SuperManzana en nuestra ciudad. Sumamos a nuestro Casco Histórico a la calle Caseros [Imágenes adjuntas]. [Tweet]. Twitter. https://bit.ly/3FzrftT
Figuras
Paraguas en los mercados, la nueva postal de San Valentín (2020, 12 de febrero) [fotografía]. La Voz del Interior. https://bit.ly/3HkiYKF
El Mercado Norte recupera su esplendor (2020, 1 de agosto) [fotografía] Portal de la Municipalidad de Córdoba.https://bit.ly/3zumf7I
En fotos: nuevas intervenciones al Mercado Norte que serán inauguradas este lunes (2020, 9 de agosto) [fotografías]. La Voz del Interior. https://bit.ly/3qxFmtm
- Centro de Investigaciones en Periodismo y Comunicación “Héctor Toto Schmucler”. Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.↵
- Centro de Investigaciones en Periodismo y Comunicación “Héctor Toto Schmucler”. Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.↵
- El Mercado Norte es un mercado de alimentos fundado en 1927, que concentra a su alrededor una gran variedad de comercios de rubros diversos, ubicado en el límite norte del área central de la ciudad de Córdoba. Además de ser un polo comercial, es un polo gastronómico y un área donde se concentra una parte importante de la oferta de trabajo sexual en la ciudad.↵
- Los Centros de Participación Comunal (CPC) son espacios municipales de descentralización administrativa y de desconcentración operativa a pequeña escala. Según la Municipalidad de Córdoba “se encuentran ubicados estratégicamente para cubrir las necesidades de los vecinos de cada sector tales como consultas, tramitación de impuestos y servicios no sólo municipales sino también prestaciones provinciales, nacionales, de empresas de servicios públicos; además de brindar actividades culturales, recreativas, deportivas y de capacitación no formal” (Municipalidad de Córdoba, s/f.). ↵
- Retomamos como antecedente lo trabajado por María Carman (2005) sobre el barrio de Abasto en la ciudad de Buenos Aires, donde desentraña cómo se transforma el barrio en pos de intereses económicos internacionales. Más en: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/runa/article/view/1256/1212 ↵
- Retomamos en este punto el análisis de M. Janoschka y Sequera J. (2014) cuando analizan comparativamente procesos de gentrificación en las ciudades de México, Santiago de Chile, Río de Janeiro y Buenos Aires. ↵
- Se vuelve relevante también pensar qué lugar ocupa el mercado en el centro histórico actual. Para esto retomamos una ponencia de Quevedo, Angelelli y Pereyra (2017), donde analizan la construcción desde el gobierno provincial a través del plan “La provincia recupera el alma de la ciudad” en el contexto de los festejos por el Bicentenario de la Independencia, destacando la noche como espacio-tiempo turístico. ↵
- La primera gran manzana une el edificio de Tribunales, el Paseo Sobremonte, el Palacio 6 de Julio y la Plaza de la Intendencia. Por su parte, la segunda gran manzana se establece en el Mercado Norte y alrededores. La tercera se constituye en la Plaza San Martín, principalmente sobre la calle San Jerónimo/27 de abril, que se ha analizado en el capítulo anterior.↵
- El cuarteto característico es un género de música popular originario de la ciudad de Córdoba. Se trata de un género con ritmo alegre, bailable, y constituye todo un movimiento cultural. ↵







