Algunos cambios en la ciudad de las cosas
María Eugenia Boito[1] y Cecilia Michelazzo[2]
Introducción
En este capítulo buscamos dar cuenta de las experiencias sociales de los sujetos en la ciudad de Córdoba en contextos de Aislamiento y luego Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio, de marzo a noviembre de 2020 y desde entonces, al menos, hasta el presente (julio de 2021). Recorremos algunos de los aspectos más incisivos en la determinación de dichas experiencias, vinculados a las tecnologías de la conexión, a los llamados viejos medios de difusión, a la relación de la ciudadanía con el Estado, a la disposición de los espacios públicos y privados en la ciudad, a los modos de gestionar la recreación y el consumo; abordándolos desde las nociones de clases sociales e ideología.
Tal como venimos investigando, en Córdoba, Argentina, la ciudad se ha transformado profundamente en las últimas dos décadas por procesos de segregación residencial socioeconómica; mecanismos de control de las poblaciones mediante formas de encierro obligado o voluntario; pero también, y fundamentalmente, por la centralidad creciente de políticas del Estado junto con el Mercado orientadas a la circulación y la velocidad de cuerpos, mercancías e ideas, que como señala Milva Valor en este libro, condensan en el slogan oficial del gobierno provincial: “Córdoba no para”. Estos procesos muestran especificidades en el espacio/tiempo de la pandemia, donde una gran parte del transitar de las personas se ha detenido y restringido, aunque tal vez menos abruptamente de lo que a simple vista parece, a la vez que la mediatización se ha tornado casi excluyente en los distintos ámbitos de la vida social.
Para abordar estas transformaciones culturales proponemos el ejercicio de pensar en imágenes (Benjamin, 2005, 1999), a partir de algunas fotografías de elaboración propia que hemos tomado en el marco de la investigación colectiva, de otras imágenes y de la selección de notas periodísticas y portales web inscriptos en la delimitación espacio/temporal antes aludida. Buscamos aproximarnos al método de la “captación plástica” que Benjamin despliega en su estudio sobre los pasajes parisinos y que atraviesa su obra. Se trata de mirar un momento singular de la historia, pero como “cristal del acontecer total” (Benjamin, 2005, p. 463), imágenes que hagan visibles los rasgos de una cultura, pero entendiendo a la cultura no como ámbito independiente, sino como expresión histórica y dialéctica de un modo de vida, por lo tanto, de un modo de producción. En su proyecto de estudio sobre la entonces novedosa forma arquitectónica, Benjamin la analizaba “como fenómeno originario” que expresaba la cultura, así como “la hoja despliega a partir de sí misma toda la riqueza del mundo vegetal empírico” (2005, p. 464). En referencia a ese proyecto, las escenas urbanas que proponemos son seguidas como pistas o indicios para interpretar nuestro presente.
Pero no se trata de detener imágenes congeladas y coaguladas, sino de todo lo contrario, de observarlas en su potencial conflictivo, perturbador. En este sentido se asemeja a la consideración que hace Barthes sobre el punctum de la fotografía: “pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte, y también casualidad” (Barthes, 1990, p. 65). Cada imagen contiene la posibilidad de punzar, de hacer un pequeño corte en la escena urbana, para cuestionar las operatorias ideológicas que la tornan evidente a la percepción. Recurrimos así a una función social de la fotografía que por las actuales posibilidades técnicas de posterior edición va desdibujándose: la de dar testimonio del referente.
La estructura expositiva sigue la forma de intertítulos como clivajes para interrogar algunos de los cambios en la ciudad cordobesa, a partir de imágenes, textos y fotografías que se van tramando entre sí. A partir de cada imagen, su lectura sucesiva y en conjunto, buscamos identificar tanto la preexistencia a la situación de excepción (¿?) que supone la pandemia de formas materiales de encierro, así como constelaciones sensibles de la experiencia social enclasada, que han venido a instalarnos en la celda doméstica actual.
Córdoba en pedazos
“Córdoba en pedazos” es el título de un artículo que escribimos juntas en 2014, en el que dábamos cuenta del largo proceso de cruel transformación urbana del escenario cordobés a partir de una de sus manifestaciones más elocuentes: el programa habitacional “Mi casa, mi vida”, por el cual el Estado Provincial construyó entre 2004 y 2008 doce complejos, de entre 250 y 600 viviendas sociales cada uno, denominados ciudades barrio, a los que trasladó unas 28.000 personas provenientes de 80 asentamientos. Esta intervención de grandes dimensiones reorganizó en sentido clasista la habitabilidad de la ciudad: se erradicaron todas las villas y asentamientos céntricos, y aún aquellos que ocupaban terrenos que con la expansión urbana habían cobrado valor inmobiliario, cercanos al río y a nuevas áreas comerciales; se trasladó a pobladores de sectores subalternos a la periferia, sin continuidad con la trama urbana, a terrenos en muchos casos degradados, y áreas que ya previamente mostraban indicadores de segregación residencial por pobreza (Molinatti y Peláez, 2017), segregación reforzada en términos sociodemográficos y enfatizada con el nombre Ciudad, con el arco de ingreso, y con políticas de seguridad que mediante detenciones arbitrarias restringieron el acceso al centro y en general las salidas del barrio, especialmente a los jóvenes.[3]
Hablamos de un proceso cruel porque, como relevábamos entonces,[4] quienes fueron objeto de estos traslados experimentaron el despojo. “Nos trajeron”, “nos sacaron”, repetían. El deseado “techo de tus sueños”, como publicitó el gobierno ese programa, y como expresan sentir muchas pobladoras, se convirtió en pesadilla. Tuvieron la casa, y tuvieron que “meterse adentro” y “no meterse con nadie” para poder vivir con tranquilidad. Para estos sectores, encerrarse en la casa ya representaba, mucho antes de las cuarentenas y del COVID-19 una táctica de cuidado posible. La sentida lejura, la discriminación, las dificultades para salir, para sostener trabajos o fuentes de recursos para la subsistencia, la sentida exposición a la violencia en las calles, y la necesidad y anhelo de “otro aire” daban cuenta de la fijación y encierro a cielo abierto que implicaba esta operatoria para las clases subalternas.
Al mismo tiempo, Estado y Mercado impulsaban otras transformaciones urbanas que expresaban la misma lógica de la separación: la mencionada política de seguridad del Comando de Acción Preventiva, las urbanizaciones cerradas que proliferaron como countries o complejos de torres con amenities, los edificios/inversiones, destinados a resguardar las divisas del agronegocio, como detalla Buraschi en este libro, las vías rápidas de circulación para las mercancías, como el Nudo Vial El Tropezón, centros comerciales cerrados y de acceso controlado, zonas de la ciudad bien separadas según clase para la residencia, el trabajo y el ocio. Observamos un conjunto de operatorias de urbanismo estratégico, con la constante expulsión de los sectores populares de la ciudad, tornándola ajena para ciertos pobladores en el proceso de posicionarla como mercancía y para las mercancías.
En este sentido, la “noción de entornos clasistas como enclaves de experiencias en la vida urbana actual, se vuelve fundamental para la comprensión de las experiencias/ vivencias de clase” (Boito y Espoz, 2014, p. 65). Estos entornos son producidos por los muros materiales, mentales y sensibles que implican posibilidades concretas muy desiguales en las condiciones del habitar, los desplazamientos, la interacción social y la participación en la vida urbana. Las probabilidades de encuentro entre clases se reducen en función del ordenamiento urbano. Pero el círculo de encierro no sólo se concreta en un circuito cerrado enclasado sino en la tendencia creciente al encierro doméstico, la privatización de la vida cotidiana. La vida puertas adentro, ya sea en la zona de confort o en el interior estallado[5], y el vaciamiento de las calles y espacios públicos preceden a la pandemia de COVID-19, y se expresan de modo rotundo en las imágenes resultantes de las medidas de Aislamiento y Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio.
Pandemia en la ciudad (marzo de 2020)
Escritos en la pandemia es un libro virtual que publicamos en 2020 (textos de María Eugenia Boito y fotos de Mateo Oviedo). Citamos en extenso un fragmento del apartado 2 y compartimos una foto tomada en la ciudad de Paraná, durante la cuarentena (Figura 1).

Figura 1. Nómades en la pandemia. Fuente: Mateo Oviedo.
ASPyO. Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Nunca más olvidaré estas siglas, tampoco las de COVID-19. Era el jueves 19 de marzo y me traje las plantas de la oficina… Pensé que no íbamos a ir allí por unos días –una semana como máximo– y no quería que los últimos soles del verano que se iba las secaran. Pero el tiempo del retorno parece que no llega nunca.
Al otro día, 20 de marzo, el presidente por primera vez habló de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. En menos de tres horas, cada uno tenía que ver cómo llegaba a su casa, porque “obligatorio” quería decir que se prohibía la circulación. Como hablaba por teléfono con una colega hace unos días, ella me decía que esto se parecía al juego infantil de la mancha congelada, al grito de ¡mancha! nos quedamos quietos, parados y detenidos donde estábamos, pero esta vez no era un juego sino una orden. Una orden por nuestro bien. Pero para muchos habitantes ese tiempo no alcanzaba para llegar a un lugar seguro y preparado para los días de aislamiento y encierro. De golpe la declaración del aislamiento nos encontró donde y como nos encontró: mucha gente sola, muchos adultos mayores solos y mucha gente con hambre de ayer y la nueva, que vendría por no poder circular. Parece que necesitábamos ser tratados como niños (¿sí?) porque ahí estaba la experiencia en Bérgamo. Cuando las autoridades avisaron que se controlaría la circulación, los italianos de esta zona del norte huyeron, desplazándose junto con el virus. Por nuestro bien, empezamos a jugar a un cruel juego de la mancha que por donde se lo mire nos infantiliza. Y, por lo tanto, no se justifica.
Las nuevas generaciones no saben qué es el estado de sitio. Mi generación salió a la calle la última vez que fue declarado por el ex presidente Fernando de la Rúa en el 2001, negando en el acto su validez.
Pero estos son otros tiempos. En algunos países de América Latina fue declarado, en otros hubo y hay toque de queda. En Argentina no hizo falta. El presidente dijo ASPyO y nos encerramos. Nos encerramos y empezamos a escrachar a quienes salían a la calle. Las generaciones más familiarizadas con el escrache han hecho “circular” este recurso de la expresividad social en las más heterogéneas, variadas y hasta contrarias acciones y tópicos de protesta.
No hizo ni parece que vaya a hacer falta declarar el estado de sitio. Al control social vertical por parte de las decisiones del Ejecutivo Nacional y sus ministros, se suma el control social ciudadano horizontal, mediatizado como imagen y audio en los celulares y luego enviado a la voraz rueda de los viejos medios (rueda que como la cromática, a esta velocidad de circulación ha mezclado sus colores; me refiero a los géneros periodísticos como colores. Y hoy lo que predomina es una especie de macroformato del infoentretenimiento que circula, que rodea al tema coronarivus). ¿Quién no lleva la gorra?[6] Sería la pregunta de estos días. (…)
Para poder interrogar el presente hay que dar cuenta de las ausencias, decía un profesor de la Universidad de Villa María. Y la calle vacía debe ser reconocida en sus ausencias, en quienes han sido desplazados por la decisión del aislamiento. En las vueltas que todos los días hacía con mis perros por el perímetro del Dinosaurio Mall de la Ruta 20 antes de la cuarentena, en una esquina siempre me encontraba con quienes fueron los primeros en desaparecer: siempre había alguien limpiando vidrios –recuerdo a un joven que dos días antes de la cuarentena contaba monedas y se decía de manera insistente, “Hoy esto va a cambiar”–, un santiagueño que vendía pizzas caseras desde hacía un mes a los automovilistas que paraban en el semáforo, y un señor y su compañera que preparaban para la venta bolsas de nylon con choclos o pimientos a quienes pasábamos por allí. ¿Dónde están? ¿Cómo están?
Al otro día de la declaración del aislamiento, en un palet que está apoyado en un árbol en esa esquina decía con tiza: “Me detuvieron por no catar la cuarentena”. El indicio señala un afuera del texto, hay afuera del texto para quienes pretendemos identificar, recordar y denunciar sobre las situaciones de cuerpos con rostro, una vez más violentados (Boito y Oviedo, 2020, pp. 8-10).
Medios y Estado
El 22 de agosto de 2020 y vía un Decreto de Necesidad y Urgencia, el Ejecutivo Nacional declaró servicios públicos esenciales a Internet, TV por cable, telefonía fija y móvil. Los viejos y los nuevos medios han visto equivalente su valor en la pandemia. Su esencialidad trasciende los tipos de contenido y la forma de propiedad de las empresas prestatarias; públicas, privadas, cooperativas. Del entretenimiento a la mediación de todas las funciones de la vida social, este reconocimiento oficial expresa una nueva vuelta de la fusión Estado/Mercado, señalada por Debord como uno de los rasgos de lo espectacular integrado en “Comentarios sobre la sociedad del espectáculo” (texto de 1988, escrito antes del desarrollo de la WWW).
(…) la sociedad modernizada hasta llegar al estadio de lo espectacular integrado se caracteriza por el efecto combinado de cinco rasgos principales: la innovación tecnológica incesante, la fusión de la economía y el Estado, el secreto generalizado, la falsedad sin respuesta; un presente perpetuo (Debord, 1988, p. 23).
Encontramos también esta fusión cuando en el ámbito de lo público estatal se expresan las mismas lógicas de mediatización de las grandes corporaciones: un proceso de desmaterialización que incluye el empequeñecimiento edilicio de las sedes y hasta la imposibilidad de ubicarlas; la reducción de canales de consultas y reclamos a máquinas que nos interpelan a seleccionar opciones para seguir cursos predefinidos (siendo muy difícil llegar a interaccionar con una persona); y encuestas de satisfacción igualmente automáticas y predeterminadas.
Esta tendencia se venía instalando en el Estado, y encontró en el contexto de la pandemia la condición de hacer ineludible su consumación. En Córdoba, desde el año 2000, la llamada modernización del Estado (Ley 8836), contó con la construcción ideológica de una especie de consentimiento en relación a la transparencia de la administración pública y la creencia sobre cierta capacidad de control ciudadano que las tecnologías harían posible. En términos nietzscheanos, la fuerza de la voluntad que actúa en la denominación del capítulo IV de la referida ley es prístina. Sobre la incorporación de tecnologías, citamos el capítulo referido:
Capítulo 4. Estado Cristalino. Sistema de Información
Artículo 10.- CRÉASE el Sistema de Información Pública de la Provincia de Córdoba, dependiente de la Unidad de Reinvención creada por esta Ley, que tiene como función la publicidad de los actos de gobierno y de Estado y la difusión de toda información referida a la Provincia que sea de interés cultural, científico, económico, impositivo, financiero, comercial, turístico, y/o cualquier otro que se considere útil y/o necesario, y ‒en particular‒ las cuentas fiscales, incluyendo presupuesto, su ejecución, deuda y la proyección de sus servicios, con sistemas que aprovechen las nuevas tecnologías informáticas.
Integración
Artículo 11.- EL Sistema de Información Pública de la Provincia de Córdoba, estará integrado por los siguientes medios de difusión:
a) El Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba, en versión gráfica en soporte papel.
b) La versión digital del Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba de distribución diaria en soporte magnético indeleble e inviolable.
c) La Página Oficial de la Provincia de Córdoba que consiste en una página digital a difundirse por Internet o los mecanismos de redes globales de mayor difusión que se utilicen en el futuro, y que formará parte del portal de difusión que deberá generarse.
d) La Información Telefónica Oficial de la Provincia de Córdoba, consistente en un sistema telefónico de información, de acceso libre desde cualquier aparato de la red de comunicaciones pública o privada.
(…)
Domicilio Electrónico
Artículo 13.- EL Estado asegurará el acceso al uso de una computadora, a quienes no posean infraestructura propia para poder consultar el sistema de información y difusión establecido en el presente Capítulo.
Garantizará, asimismo, el acceso a una dirección de correo electrónico gratuita a todo ciudadano que lo solicite con el fin de que se le informe de los actos de gobierno y de Estado.
La reglamentación determinará la forma de acceder tanto a los datos generales del sistema cuanto a la información sensible de cada uno de los ciudadanos, debiendo disponer de sistemas de seguridad que impidan el acceso a información confidencial y/o sensible por quienes carezcan de interés legítimo para ello. (Las cursivas nos pertenecen).
Lo que la referida ley promueve es la integración de medios digitales al sistema de difusión oficial cuando aún el acceso a Internet era muy minoritario y sus usos muy específicos. Incluso como queda claro en el artículo 13, el correo electrónico debía pagarse por usuario. En ese marco el Estado reconoce como necesidad y derecho, como condición de ciudadanía, la fijación de un domicilio electrónico.
Desde entonces, la tendencia a la mediatización en la relación con el Estado se fue acentuando impulsada por la fantasía ideológica que asocia tecnologías a eficiencia, transparencia, participación y control ciudadano. Puede parecer a simple vista que el Estado cristalino es lo opuesto al secreto generalizado que refería Debord. Pero lo que en efecto tiene lugar es la opacidad: la restricción de las interacciones a canales y opciones predeterminadas, sin instancias abiertas de comunicación, es decir que más bien se trata de conexión.
Cazzolli, Echavarría y Quevedo (2017) señalan cómo, a nivel municipal, en la ciudad de Córdoba, las formas institucionales de participación, como Centros de Participación Ciudadana, audiencias públicas, centros vecinales y juntas de participación vecinal, fueron desplazadas en el portal oficial, donde la pestaña participación ciudadana:
(…) se centra en la posibilidad de sugerir ideas a través de la plataforma a partir de distintos ejes preestablecidos (Córdoba Sustentable, Córdoba Competitiva, Córdoba Equitativa e Inclusiva, Desarrollo Sustentable). A la par, se plantea como una posibilidad de participación o colaboración, la utilización de software libre en el diseño y gestión del sitio y, en consecuencia, la potencial disposición para la participación colectiva de los usuarios para mejorarlo (Cazzolli, Echavarría y Quevedo, 2017, p. 18).
Al mismo tiempo, toda interacción con el Estado local está prevista a través de las llamadas redes sociales. El vecino se conecta y postea un reclamo y le solicitan que se comunique por privado. Resuenan los señalamientos que ya en 1944 hacían Horkheimer y Adorno: “también en las oficinas el contribuyente está ahora protegido contra toda pérdida de tiempo por parte de los asalariados. Los trabajadores están aislados en el colectivo” (2001, p. 265).
Desde septiembre 2020, ya en pandemia, nos llega semanalmente al domicilio electrónico el newsletter[7] informativo de la Municipalidad de Córdoba. Pero un mes más tarde, ya ni siquiera tiene la forma de un boletín, sino que lo que va en el asunto es una noticia: “#InicioDeSesiones”, “Comenzamos con la vacunación en nuestra ciudad”, “Contra el COVID provincia y municipio trabajamos juntos”, “Estamos recuperando la ciudad”, “Vuelve el deporte federado”. Y, por supuesto, el tipo de obras de un Estado que se ha minimizado en algunas de sus antiguas prestaciones. Así que: “Bacheo”, “Luminarias” y “Cloacas”.
Estas prácticas no fueron exclusivas de la ciudad de Córdoba.[8] En 2019, antes de la pandemia, indicaba Quevedo:
Del mismo modo, otras ciudades cordobesas y del país se sumaron al modelo de gestión desde variadas etiquetas inteligentes, herramientas que ‒sin importar el contexto‒ les permitieron organizar sus prácticas estatales en función al eje de la transparencia y la participación popular desde la horizontalidad de las plataformas 2.0 (Quevedo, 2019, p. 263).
En el discurso inaugural de las sesiones de la Legislatura Unicameral de 2019, el gobernador Juan Scharetti señalaba que la inclusión digital es una de los sentidos de la justicia social del peronismo del siglo XXI. Y al fetiche de la entrega de computadoras de la gestión nacional kirchnerista, el gobernador sumó la promesa de instalación de kilómetros de fibra óptica para que Internet se transformara en el aire que respiramos. Pero en pandemia, la participación devino exclusiva vía redes.
El Gobierno de la Provincia había desarrollado el portal de Ciudadano Digital, centralizando por ese medio un número creciente de trámites, servicios e interacciones, desde pago de impuestos, gestión de subsidios, concursos para cargos docentes o actividades culturales, de modo que registrarse se fue tornando prácticamente obligatorio, hasta que finalmente el registro corrió por cuenta del mismo Estado y ya nadie con domicilio en Córdoba dejó de ser Ciudadano Digital. En el marco de la pandemia la gestión de algo tan sensible como la solicitud de los turnos de vacunación se canalizó por ese medio, y solo después de numerosos reclamos por parte de personas mayores que no lograban realizarlo, se habilitaron canales alternativos. En el CiDi el seguimiento es prolijo y personalizado: por ejemplo, para solicitar el Boleto Educativo había que registrar exactamente día y hora de los trayectos, ahora que no nos trasladamos, el seguimiento llega hasta el cuerpo, hasta la vacuna que se inocula. Cada cifra está registrada en sus movimientos dentro de la masa, y lo cristalino resulta no ser el Estado sino la privacidad de la ciudadanía. Es más, hoy, 30 de mayo de 2021, sin haberme anotado para la vacunación, me llegó al domicilio electrónico la siguiente información/mandato ‒escribe María Eugenia Boito‒ (Figura 2):

Figura 2. Turno para vacunación. Fuente: Correo electrónico personal de M. E. Boito (2021).
En pandemia y mediante la intervención del gobierno nacional, la ciudadanía deviene literalmente en cuidadanía. Hay spots de Presidencia que juegan con este deslizamiento del lugar de la “u” y la “i”. Se trata de cuidarnos, pero no ya en espacios públicos, ahora (más) vacíos, sino en espacios domésticos: usar barbijo, cumplir los protocolos, mantener la distancia social.
Edificios
A principios de este milenio fuimos viendo cómo antiguos edificios entraban en una especie de vaciamiento de sus interiores y quedaban las fachadas, que se volvían objeto de estetización. En el ´97, el plan de recuperación de las fachadas de las viviendas ubicadas en la calle Belgrano de barrio Güemes[9] constituyó un hito en las decisiones en la materia por parte del gobierno municipal. También los carteles de memoria emotiva que una gestión municipal posterior y de otro signo político vino a instalar en las calles del microcentro (gestión Luis Juez). Los edificios que hasta antes de la pandemia fueron objetos de iluminación o devinieron pantallas para video mapping para conmemorar aniversarios de la patria o recorridos de luces para turistas, configuraron otro mojón en este proceso de desmaterialización/iluminación.[10]
Qué decir del Parque Las Tejas, espacio verde sobre las ruinas hoy invisibles de un antiguo edificio de la gestión pública. Se trataba nada menos que de la Casa de Gobierno de la Provincia de Córdoba, demolida en 2011 y trasladada a un nuevo edificio a orillas del río Suquía, conocido como el Panal,[11] donde además está aislado de calles circundantes y es muy fácil vallar e impedir la llegada de cualquier manifestación. Una vez más retomamos a Benjamin: Haussmann o las barricadas. Estas operatorias de embellecimiento estratégico de espacios céntricos, edificios y parques públicos complementan la intervención de segregación clasista que mencionábamos al comienzo, y cada vez más separan a la ciudad de sus habitantes, montando una escenografía para el turismo, no sólo como actividad económica, sino como un modo de estar, transitar, consumir, sin pertenecer ni participar.
Siguiendo con las demoliciones, operatoria fundamental del destructivismo capitalista, que Pereyra y Zanini, y Ricci y Sánchez Marengo analizan en este libro, el 22 de abril de 2021 le tocó al muro exterior de la ex Cárcel de Encausados, destinada a transformarse en un espacio verde, solo conservando la vieja fachada, como parte de un proyecto oficial de “extender Güemes”, como señala Valor en el capítulo siguiente. Los muros exteriores estaban cubiertos de grafittis, hoy reducidos a escombros. Veremos más adelante la tensión entre lo que las autoridades han denominado “Arte de nuestra gente” y las marcas que los y las habitantes de la ciudad escriben en muros y persianas.
En esta dirección, antes del confinamiento mundial actual hemos ido constatando tanto la pérdida de peso relativo de la edificación disciplinaria en nuestras sociedades, así como la promoción de formas arquitectónicas e interacciones/espacios tecnológicos donde de lo que se trata es de ver, ser visto y verse ver. Para ser precisas: las antiguas cárceles en nuestra ciudad ‒forma arquitectónica arquetípica de la sociedad disciplinaria‒ o bien se han transformado en paseo de compras (Buen Pastor), o bien son edificios abandonados cuyo destino será la resultante de los acuerdos entre Estado y Mercado (Cárcel de San Martín). Por supuesto que siguen existiendo espacios de encierro, pero por fuera de la ciudad, ya que el mismo gobierno que planificó el encierro a cielo abierto en las ciudades barrio, y en los barrios populares y villas; trasladó por esos mismos años los establecimientos penitenciarios a otras localidades (Bouwer y Cruz del Eje).
Son diversas aristas de una misma dinámica expulsógena, que también se apropia de los movimientos posibles para los pobres urbanos: por fuera habitan, circulan, trabajan. Los miembros de estas clases sociales quedan también por fuera de la visión de las otras y así, damos cuenta de la noción zizekeana de ideología: en términos generales, la ideología es la “matriz generadora que regula la relación entre lo visible y lo invisible, entre lo imaginable y lo no imaginable, así como los cambios en estas relaciones” (Žižek, en Žižek (comp.), 2003, p. 7). Lejos en el espacio o lejos por la altura de las construcciones, viendo la ciudad desde arriba, como se publicita en Pocito Social Life.
Lo que se ve es la fachada. Una expresión de la metamorfosis de la ciudad de las cosas es devenir superficie proyectiva de luces, o su reconfiguración como espacio verde. Cabe retomar lo que se publicita como obra pública: bacheo (¿para poder circular?), iluminación (¿para seguridad?) y recuperación de espacios verdes (¿para quiénes?).
Vías de circulación y detenimiento
En plena pandemia, en la ciudad de Córdoba se reorganizaron algunas antiguas vías de circulación y se crearon cuatro grandes manzanas: la última, en marzo de 2021, la gran manzana de Nueva Córdoba; que se suma a la del Mercado Norte,[12] la de calle 27 de abril y la adyacente a la municipalidad.
En algunas se cerró directamente la circulación vehicular, en otras, como en la gran manzana de 27 de abril, se redujo a un carril y las veredas avanzaron sobre la calle. Se dispusieron bicisendas, se instalaron bicicleteros, bancos y grandes macetones.
Vamos a retomar algunos fragmentos de la información oficial:
“Este es un concepto del intendente Martín Llaryora. Una propuesta para empezar a mejorar y ocupar el espacio público, donde los vecinos tienen pocos lugares para disfrutar del verde, del ambiente, de los árboles, de las flores”, explicó el secretario de Gobierno, Miguel Siciliano.
El funcionario destacó los innumerables beneficios que la intervención integral, a cargo del municipio, generará para el sector turístico y gastronómico de la zona, como así también para peatones y ciclistas al asegurar que “las ciudades del mundo están pensando en ver cómo le cambian la calidad de vida a las personas. Hoy, donde antes había autos estacionados, smog, ruidos de bocinas y demás, hay gente disfrutando del espacio público y admirando la belleza arquitectónica de este hermoso lugar de la ciudad” (Municipalidad de Córdoba, 2021. Las cursivas nos pertenecen).
Con respecto a la gran manzana de 27 de abril, inaugurada en agosto de 2020, desde el portal de la municipalidad se considera a esta intervención en los siguientes términos:
La gran manzana revaloriza los alrededores de la Plaza San Martín. Esta apuesta por la bicicleta busca elevarla a un medio de transporte, por encima del uso meramente recreativo y para ganarle espacio al auto, según lineamientos del Plan de Movilidad Urbana que próximamente anunciará el municipio en pos de una ciudad más sustentable.
Esta nueva gestión del espacio público hace el sector más amigable con los peatones y la intención de la Municipalidad de Córdoba es transformarlo en un polo cultural y gastronómico, junto a comerciantes e instituciones de la zona (Municipalidad de Córdoba, 2020a).
Nuevamente, embellecimiento estratégico. Darle o devolverle valor a los espacios consiste, para el Estado Municipal, en adaptarse a unos patrones estandarizados de belleza, desvinculados de la identidad y funcionalidades previas, vinculados al consumo imágenes ‒admirar‒ y de bienes y servicios (turísticos, gastronómicos, culturales). La mirada como medio de interacción seguro, y el consumo como única forma de participación en la vida social. La turistificación se presenta como logro ecológico; como desarrolla Milva Valor en este libro. La mentada calidad de vida se asocia a los clichés de lo sustentable, como la bicicleta, sin pensar por dónde van ni dónde están esos autos que antes llenaban esa calle de smog ni qué es realmente lo que cambia y para quiénes.
Antes construcción de edificios, ahora pinturas de persianas con el arte urbano (coagulado en su conflictividad) como “Arte de nuestra gente”
La gran manzana del Mercado Norte se inauguró el 11 de septiembre de 2020 (sin público presente). Dice el sitio de la Municipalidad:
Con el apoyo de dueños e inquilinos, la Municipalidad llevó a cabo más de 120 intervenciones artísticas en persianas comerciales de la zona.
Las direcciones de Áreas y Corredores Comerciales y de Juventud, coordinadas por la Subsecretaría de Cultura, ponen en valor los espacios públicos del área central, con el objetivo de promover el encuentro de los vecinos con el arte callejero y embellecer el paisaje urbano de la ciudad. A través del programa “Arte de Nuestra Gente”, se desarrollaron diversas intervenciones artísticas en más de 120 persianas comerciales a los alrededores de la Gran Manzana del Mercado Norte, (…). “La idea es que Córdoba se llene de color y que el arte callejero, el arte urbano, sea también protagonista de nuestros barrios”, expresó el secretario de gobierno, Miguel Siciliano.
Bajo la técnica de esténcil, las cortinas metálicas se transformaron en parte del paisaje urbano cordobés. La estilización del espacio público, además de decorar la infraestructura del epicentro cordobés, evita las vandalizaciones (¿?) e invita a los ciudadanos a transitar por calles vívidas y coloridas, beneficiando a los locales del sector. Se trata de la primera etapa de estas tareas que buscan revalorizar el centro de la ciudad, embelleciendo las fachadas y veredas con el acompañamiento de los comerciantes del sector. (Municipalidad de Córdoba, 2020b. La pregunta y las cursivas son nuestras).[13]
Así se piense a la cultura como recurso, no podemos comprender la hipótesis gubernamental que asocia embellecer fachadas con agregar valor y evitar la violencia urbana.
El Cape –autor de muchos de los murales, que con su obra ha acompañado a gobiernos municipales de diversas procedencias partidarias– describió una de las obras que ejecutó (Figura 3) en los siguientes términos:
Es una piba gigante que es Córdoba, que está navegando sobre el Suquía. La obra tiene varios elementos, representa un poco el futuro y a la Córdoba que queremos; tiene una abuela de Plaza de Mayo, el tatuaje de La Reforma del 18; tiene un rancho en la cabeza, no olvida de dónde viene… en los auriculares hay un stencil de la Mona Jiménez (Municipalidad de Córdoba, 2020c).

Figura 3. Mural del Cape. Fuente: Portal de la Municipalidad de Córdoba (2020).
Se trata de una obra que recupera signos identitarios locales buscando interpelar a la ciudadanía en el espacio público de la ciudad, a partir de un programa también público de fomento a lo que en otro momento se considerara marginal, la pintura mural. “El Arte de nuestra gente” plantea nuevos interrogantes si se convoca junto a una muraleada en la Villa El Tropezón (Figura 4), realizada por los autodenominados “Lxs Wachxs del Trope”, cuyo último posteo fue el 16 de octubre de 2019; es decir, en prepandemia; quienes también en otras oportunidades han aspirado, y a veces logrado, apoyo estatal, pinturas y paredes para muralear; aunque el proyecto de “escrachar el Nudo”, marcar con su arte el gris de su cemento, que tanto ha transformado sus vidas, no se pudo realizar.

Figura 4. Mural de Lxs Wachxs del Trope. Fuente: fotografía de Esteban Morales (2017).
Aquí también encontramos referencias identitarias a la ciudad de Córdoba. Pero como toda identidad deja por fuera sus antagonismos constitutivos. Si “El Arte de nuestra gente” convocó artistas individuales, en este caso, la pintura da cuenta de la presencia y existencia de un colectivo, al menos hasta la pandemia. Se trata(¿ba?) de un grupo de jóvenes que se juntaban frecuentemente, pintaban en la villa y a veces salían hacia la Universidad, con la que mantenían y mantienen vínculos a través de proyectos extensionistas, hacia marchas en el centro, a visitar otras organizaciones, a hacer muraleadas. Antes tenían activo su muro en Facebook y mostraban esas salidas. Aquí no hubo ni hay afuera en pandemia. El confinamiento sanitario se superpone al securitario, ya que desde antes, un móvil policial está de manera permanente en la entrada de la villa, controlando y hostigando a quienes salen; y se superpone también al encierro material que implicó la construcción del Nudo Vial El Tropezón, que los anudó en otra torsión al lugar en el cual habían sido fijados, a partir de la relación cuerpo/clase que organiza el ser/estar/parecer y aparecer en la ciudad.[14]
Lxs Wachxs del Trope, en el mural, inscriben la bota policial y la resistencia al mundo gris que tienen ante sus ojos: el despliegue de los emprendimientos inmobiliarios de Ciudad Gama. Eso que está tan cerca y tan lejos, cerca porque cuando llueve se inundan por los desagües mal direccionados de estas construcciones; lejos porque todos los pasos están bloqueados: hay muros y nudos materiales y mentales que flanquean los desplazamientos reales e imaginarios. Por eso quizás los colores están en la juntada en la villa.
El montaje entre murales nos habla de procesos de apropiación estatal de una expresión popular y la tendencia que expresan a la licuación del conflicto. Como expresa Katrina Salguero Myers en este volumen en relación a los murales turísticos sobre la historia de barrio San Vicente, realizados en el marco del mismo programa, el potencial disruptivo queda algo diluido cuando las imágenes se muestran integradas y armónicas.
El arte callejero pasa de ser considerado vandalismo a ser usado en la prevención del vandalismo, sólo después de que las calles han sido vaciadas de sus habitantes conflictivos. Toda diversidad puede tener lugar e integrarse a condición de que cada quien permanezca en su lugar. Fijación, como la de la imagen en la pared. Fijación de clase.
Galerías
Olvídense de la flânerie, de ese merodear entre una multitud y confundirse con las mercancías, mirarse en el espejo de las vidrieras. La mercancía llega como imagen al celular. Y se compra de manera virtual. Tienda en casa. Y paseo de compras visual.
Diorama del vacío; panorámica del abandono de las mercancías y los vendedores del espacio de las galerías (Figura 5). Uno de cada tres locales en las galerías céntricas se encontraba vacío según el relevamiento de un medio privado en abril 2021 (“Uno de cada tres locales de galerías está vacío en Córdoba”, 2021).

Figura 5. Galerías vacías. Fuente: fotografías de Juanfo (2020).
El dinero se volvió plástico en este tiempo del capitalismo como religión; estampita para una feligresía que lo encuentra desde la Tarjeta Alimentar hasta en las exclusivas tarjetas de crédito black. Va perdiendo su materialidad de metal, de papel, va deviniendo (aún más) abstracto.
Ahora además va desapareciendo esta forma vidriada del comercio en la atmósfera de acuario de las galerías. La mercancía va necesitando menos hoy esta forma de socialidad, de interacción entre personas, y de este escenario de presentación, donde se ofrecía a los cinco sentidos. Su sola imagen visual basta; pero lo que aún sigue necesitando es de cuerpos que la transporten desde el punto de compra al de venta: el desplazamiento o circulación. “Las mercancías no pueden ir por sí solas al mercado” decía el viejo Marx, invitando a mirar a sus custodios. Pero en una nueva envoltura fetichista, parece que sí circularan solas, llevadas por cuerpos que también son mercancías; o que circularan solas como datos por las autopistas de la conectividad. Ya no es necesario ir a buscarlas.
Maniquíes
Ciudad vacía. Circulación de las personas restringida. Tiendas de las que queda sólo el vidrio como esqueleto transparente. Persianas bajas de negocios que han sido estetizadas mediante artistas que conforman el colectivo (nunca más claro que se trata de la suma de individuos) financiado por la Municipalidad por el programa “El Arte de nuestra gente”.
En los adentros de los negocios que quedan están los maniquíes (Figura 6).

Figura 6. Maniquíes. Fuente: Fotografías de Juanfo (2020).
Los maniquíes fueron una de las primeras expresiones de los cuerpos humanos como cosas a escala y con volumen. No un figurín dibujado en una revista, sino el busto sobre el que cosían las modistas y luego, la forma humana vestida. La/el modelo es un maniquí con vida o el maniquí un/a modelo en su forma de pose fija, en reposo/activo.
Cada mañana se levantan las persianas y están ahí, ahora con el barbijo vuelto objeto también necesariamente estetizado.
Autos y peatones
Hoy los autocines parecen volver en muchos países, por la pandemia. Y así como aparecen, desaparecen. El autocine de Córdoba Capital, Cruz Espacio, se inauguró el 12 de noviembre de 2020 y ya el 23 de diciembre de ese mismo año, se informaba en su página que no había funciones programadas. La práctica de ir al cine parece terminar con la pandemia.
Lo que se instauró y mantuvo es la presencia del automóvil en las protestas. El auto ha sido el modo de estar /andar protegido/ en las manifestaciones callejeras. También el modo de desplazarse en la ciudad en pandemia, con los servicios de transporte público o bien en paro, o bien suspendido, o bien destinado al nuevo grupo social surgido en este contexto: el personal esencial. El auto es el marcador de la velocidad de la nueva vida urbana que se va tramando.[15] Quienes quedan fuera son los que caminan, usan el casi inexistente transporte público o los héroes de la pandemia: los trabajadores de delivery. Nuevamente Horkheimer y Adorno, en ese particular texto que juega en el título mismo con la aparente paradoja del aislamiento por comunicación, expresan:
La afirmación de que el medio de comunicación aísla no es válida sólo en el campo espiritual. (…) [El] medio de comunicación separa a los hombres también físicamente. El coche ha ocupado el lugar del tren. El auto privado reduce los conocimientos que se pueden hacer en un viaje al de los sospechosos autostopistas. Los hombres viajan, rigurosamente aislados los unos de los otros, sobre círculos de goma. En compensación, en cada automóvil familiar se habla sólo de lo mismo que se discute en todos los demás: el diálogo en la célula familiar está regulado por los intereses prácticos (Adorno y Horkheimer, 2001, p. 265).
Los medios de transporte, desde el ferrocarril en adelante, han implicado una transformación muy grande en la relación del ser humano con el espacio, la “supresión” del espacio, llega a decir Paul Virilio (2003), ya que separan los pies del suelo, suprimen el esfuerzo físico de la marcha, y cada vez más, han ido suprimiendo las incomodidades del traslado. El transporte individual o familiar, el auto, suprime el roce con otros, con desconocidos. Ahora, la calle vacía (Figura 7), el desplazamiento de las mercancías solas que vienen a domicilio, terminan de suprimir el espacio. Ya no se ve el afuera ni siquiera por la ventanilla cerrada y polarizada.

Figura 7. La calle vacía. Fuente: Fotografía de Juanfo (2020).
Viejos escenarios de la sociedad de masas
Fotos de la fachada de ingreso a la galería Rex (Figura 8). En enero de 2020, se puede leer la cartelera de los últimos filmes que fuimos a ver al cine. En enero de 2021, no hay anuncios, con más de 10 meses con las salas cerradas. Unos días después, cerró Cinerama.

Figura 8. Cine. Fuente: Fotografías de Juanfo (2020 y 2021).
En el marco del COVID-19, las plateas públicas de los estadios están vacías o cubiertas con algún tipo de imagen u holograma. Las plateas privadas, los sillones ubicados en nuestras casas, son los espacios para ver fútbol, escuchar un concierto online o ver… ¿cine? Los cines masivos del inicio de la democracia se transformaron en cines más pequeños. A fines de los ´80 aún existían los grandes cines; muchos de esos espacios quebraron y varios terminaron siendo ocupados por la Iglesia Universal o Cita con la Vida. Y se venden las butacas de anteriores espacios de grandes espectáculos (Figura 9). Hoy la industria ideológica ha encontrado en las series y las temporadas una manera de reorganizar lo que vemos.

Figura 9. Butacas a la venta. Fuente: fotografía de Juanfo (2021).
On demand. No hay espera, está al alcance de un click. Si tomamos el ejemplo de Netflix lo único que hay que esperar es que surja una nueva temporada. La rutina de las ofertas de los viejos medios es una experiencia de los mayores de 40 años: suponía la espera.
Se esperaba un horario diario o un encuentro semana tras semana. Televisión por cable en los ´90, otros canales además de los de aire. Circuito cerrado entre quienes pueden verlo. Netflix y otras plataformas de entretenimiento operan a demanda. Aun cuando los catálogos se reduzcan, el algoritmo sabe qué indicarnos para ver. Vemos cuando queremos la cantidad de episodios de las temporadas que aguanten nuestros ojos.
Disney
El viaje a Disney forma parte de las ensoñaciones de generaciones pasadas. Disney en pandemia anuncia 32.000 despidos (“Disney despedirá a 32.000 personas en 2021 por la pandemia”, 2020). Con los parques temáticos cerrados o casi; y con los trabajadores despedidos, compra todas las productoras y canales que puede. Lo vivo del mundo Disney quedó desvinculado y lo espectral como imágenes de las producciones del grupo económico Disney entra a nuestra casa on demand. ¡Que nadie se mueva! Quedate en casa y que las nuevas generaciones hagan día a día el viaje mediatizado a Disney. Ya no hay un Disney de carne y hueso porque no nos podemos mover, pero fundamentalmente porque no hace falta.
Quedate en casa[16]
El hashtag #QuedateEnCasa encontró numerosos encuadres preexistentes en los que pudo anclarse. Encontró una ciudad donde, como decíamos con Belén Espoz retomando a Virilio, se vaciaba la calle para prometer la circulación (Boito y Espoz, 2014). Encontró una provincia donde los últimos cinco años se exaltó la circulación veloz de un punto a otro. El gobierno dedicó cuantiosos recursos y discursos, como el que retomará Valor, a rutas, autovías, anillos de circunvalación, nudos viales, puentes.[17] Y también, como hemos dicho, a kilómetros de fibra óptica. Porque para el peronismo cordobesista del siglo XXI “la conectividad es igualdad”, como numerosas veces ha expresado el gobernador Juan Schiaretti.
#QuedateEnCasa encontró también el camino allanado por la construcción ideológica de lo lindo de estar en casa, en la zona de confort, que brinda protección y refugio frente a un afuera amenazante. Christian Ferrer llama la atención sobre el significado de la palabra confortar: dos siglos atrás era consolar y contener a una persona que padecía, y suponía una formación espiritual. “Un siglo después, (…) se licuó la palabra confort, que se refiere menos a una actitud espiritual que a una serie de comodidades domésticas o urbanas” (Ferrer, 2011, p. 18).
Con la ley de teletrabajo ya aprobada (14 de agosto de 2020), es ley que la casa devenga oficina, aula, puesto de trabajo. El desarrollo de la red de redes, la disponibilidad de Internet en el hogar y en el celular, nos tomaron de las muñecas y nos sentaron en las sillas frente al ordenador.
En pandemia casi todo es Zoom, Meet, Jitsi. Las que se juntan, o más bien yuxtaponen por un instante son nuestras imágenes. A ellas no las daña, sino que, por el contrario, respiran en la atmósfera de la circulación, en este caso de tweets, mensajes de voz, selfies.
En sociedades ya fuertemente fragmentadas como la cordobesa ‒con muros y vallas, y a partir de las fracturas y la activa desmovilización de colectivos en lucha por parte de los gobiernos‒, la pandemia vino a iluminar lo que ya estaba escrito en piedra ‒sensu Sennett, 1997‒: hay cuerpo/carne de un lado y de otro de los muros materiales y sensibles que articulan los recorridos de los sujetos/según clase/ en la ciudad. Y la red de redes, la cultura de la conectividad, fue suturando los huecos más próximos en un tejido social, cuya textura como urdimbre entre clases trabajadoras, ha sido expoliada como imaginario de la acción deseable y posible de la lucha de clases.
Hace 10 años y en España, Remedios Zafra (2010) señalaba la relación entre Internet y la “vuelta a casa”. Pero además, la vinculaba, sugestivamente, con la ocurrencia de “una enfermedad”. Decía la autora:
De otro lado, no resulta baladí que este movimiento de “vuelta a casa” propiciado por Internet y las formas de relación y trabajo inmaterial, ocurra análogamente a la puesta en crisis de la movilidad por la vulnerabilidad a la que el desplazamiento veloz expone a los cuerpos y al planeta -reverbera el miedo al accidente, atentado, crisis, enfermedad globalizada o agente climático adverso-. Amenazas cada vez más inciertas pero cuya posibilidad es también cada vez más “visible” en los medios y en sus actuales dinámicas del gerundio, aquellas que hegemonizan el valor de la velocidad y la instantaneidad del “ahora” (Zafra, 2010, p. 18).
La celda doméstica ya estaba construida, confortable y equipada; la pregunta era cuándo la íbamos a habitar de manera permanente. En una noche de insomnio la entonces Beatriz Preciado empezó a escribir Pornotopía (2010), y de esta manera a historizar el envés de lo que hoy es una realidad que reestructuró la vida cotidiana de las mayorías. ¿Qué tiene que ver su estudio sobre la mansión Playboy con nuestro presente de confinamiento? La pista cultural se encuentra en la larga y persistente revolución en la modificación de nuestras sensibilidades sociales, desde aquel tiempo hasta nuestra contemporaneidad. En relación a Hefner, el creador de la casa y la marca Play Boy, Preciado sostiene que “había entendido que para cultivar un alma había que diseñar un hábitat: crear un espacio, proponer un conjunto de prácticas capaces de funcionar como hábitos del cuerpo” (2010, p. 17).
A modo de cierre
En este escrito hemos intentado dar cuenta de algunas características de la experiencia social contemporánea, interrogando la comunicación/cultura de la conexión en contexto de pandemia a partir de algunas imágenes de espacios urbanos. Aquí las fotografías fueron recuperadas en su carácter testimonial de ciertas materialidades y corporalidades que efectivamente tuvieron lugar en nuestra ciudad en el marco de la pandemia de COVID-19, y que punzan -en el sentido que propone Barthes-, la percepción hegemónica de la ciudad como un todo cerrado e integrado.
Interrogamos estas imágenes, de espacios considerados públicos o comunes, a contrapelo de la situación de cuarentena, de la multiplicación de fotografías de los espacios domésticos, íntimos, como desarrolla Valor en este libro, de las frenéticas imágenes de la TV y de los círculos de encierro de clase en que ya se venía organizando ideológicamente nuestra ciudad.
La última foto (Figura 10) que incluimos no fue tomada durante la pandemia, pero condensa una hipótesis que nos ha guiado hasta aquí.

Figura 10. Intervención 24 de marzo. Fuente: Archivo personal (2017).
La foto muestra a su vez una imagen que como tal busca intervenir en las dinámicas de la circulación urbana. Un mural que no busca armonizar, ni embellecer, ni agregar valor (ni evitar el vandalismo); una imagen que no estetiza ni armoniza. Representaciones humanas, a escala, como los maniquíes, pero sin la protección de las vidrieras. Como los maniquíes, también, destinada a provocar identificación, a proponerse como espejo. Una escena que en vivo es recurrente en la ciudad, y aquí queda fijada para punzar percepción de las cada vez menos personas que circulan por las calles céntricas.
Con la llegada de la democracia la represión se legaliza. La represión de los pobres urbanos que desmiente el universal ideológico de la sociedad democrática, desde mucho antes de la pandemia, constriñendo y regulando el habitar / circular / trabajar / consumir según clase. En el marco de la excepción (¿?) asociada a la situación de pandemia, se ha enfatizado la desigualdad y la separación entre quienes pueden estar a resguardo y quienes necesitan de la circulación para una vida digna o la sobrevivencia diaria. Vía DNU se toman las decisiones en función del asesoramiento de los expertos; ambas acciones ‒DNU y saber experto como legitimación‒ cancelan cualquier duda o cuestionamiento, desplazan los debates, generan desconfianza sobre toda intervención que se oriente en otra dirección. Políticas sanitarias y lógicas securitarias que se superponen y confunden.
Como venimos expresando con la constelación de imágenes propuesta, y retomando a Adorno y Horkheimer (2001), se trata de aislamiento por comunicación, por una forma particular de comunicación, la conexión, la conectividad, el contacto paradójicamente sin tacto. La multiplicación de interacciones copiadas y pegadas, la participación ciudadana en el Estado cristalino, mediatizada, encorsetada y opaca. La garantía de la velocidad, para mercancías que ahora sí parece que pudieran ir solas al mercado. Es la mayoría de edad de las mercancías. Cuerpos fijados, dispositivos móviles. Lenguaje estandarizado, en artefactos y plataformas personalizables. Entretenimiento on demand, cuando el hogar se convirtió en lugar de trabajo. Elegir los sueños e imágenes a consumir, siempre dentro de la celda doméstica.
Bibliografía
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Bordelois, I. (2005). El país que nos habla. Buenos Aires, Argentina: Sudamericana.
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Municipalidad de Córdoba (2020b, 11 de septiembre) El arte callejero revaloriza la Gran Manzana del Mercado Norte. https://bit.ly/34cewQd
Municipalidad de Córdoba (2020c, 7 de septiembre) Un impactante mural decora el ingreso a Córdoba por Ruta 19. https://bit.ly/3FDyVvi
Municipalidad de Córdoba (2021, 15 de marzo) Nueva Córdoba tiene la cuarta Gran Manzana de la ciudad. https://bit.ly/3mJO0nE
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Figuras
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Juanfo (2020) Cine [Composición fotográfica] Recuperado de su archivo personal.
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- Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina. Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías. CONICET. Córdoba, Argentina. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.↵
- Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.↵
- En 2003 se conformó en la Provincia el Comando de Acción Preventiva (CAP), un cuerpo especial de Policía que, en su función preventiva y amparada en la ambigüedad de ciertas figuras del Código de Faltas, como el merodeo, se caracterizó por realizar detenciones arbitrarias especialmente a jóvenes de sectores populares. Dichas prácticas persisten a pesar de que se reemplazó dicho código por el llamado Código de Convivencia y dejó de funcionar el CAP. Alejandra Peano en este libro desarrollará el rol de la violencia policial en las experiencias urbanas de jóvenes pobladores de sectores subalternos. ↵
- A partir de notas de campo, entrevistas y de resultados de la encuesta “Experiencias de consumo de tecnologías de información comunicación en contextos de segregación sociourbana: Córdoba, 2011-2013”, de Eugenia Boito, con aval y financiamiento de Conicet. Los resultados se analizaron en Boito y Seveso, 2015.↵
- El Colectivo Juguetes Perdidos denomina de esta forma a las vivencias domésticas en los barrios populares caracterizadas por la precariedad de las condiciones materiales, el hacinamiento, las dificultades para sostener los vínculos y atender a las necesidades básicas, la violencia sentida del entorno, la ausencia de redes institucionales, y los malestares que conllevan (Colectivo Juguetes Perdidos: Bartolotta, Gago y Sarrais Alier, 2014).↵
- Parafraseando el título del libro del Colectivo Juguetes Perdidos: Bartolotta, Gago y Sarrais Alier, 2014, ¿Quién lleva la gorra? ↵
- El inglés es un idioma asociado a la velocidad y a las superficies. Y los anglicismos como palabras del lenguaje cotidiano, no paran de aumentar, asociados a su vez a las mercancías y las tecnologías. Ver I. Bordelois, 2005.↵
- A nivel nacional, como describen Cazzolli, Echavarría y Quevedo (2017), se aprobó en 2016 la Ley de Acceso a la Información Pública en Argentina, y se apoyaron iniciativas para promover el llamado Gobierno Abierto, como el Programa Página Web Municipal, por el que muchas localidades cordobesas desarrollaron estos sitios. ↵
- Pereyra y Zanini en este volumen recuperan la historia de dicho barrio fundamentando cómo se expresan allí las tensiones que implican las intervenciones públicas y privadas en el espacio barrial, incluyendo la recuperación de fachadas y la cartelería mencionada, y particularizando en El Pocito. Pereyra desarrolla en profundidad este tema en su tesis doctoral: Continuidades, tensiones y rupturas en las prácticas del habitar, en el marco de las transformaciones de barrios “tradicionales”. El caso Barrio Güemes, 2000-2016.↵
- Este concepto es central en las nuevas construcciones, por ejemplo, el edificio de la UNC virtual en el campus de la Ciudad Universitaria. Frente vidriado con estructura metálica que lo recubre. Citamos: “A su vez la piel metálica del lado exterior se manifiesta como un lienzo de soporte para proyecciones y mapeos interactivos, creando un edificio que genera eventos públicos, una nueva forma de pensar y habitar la arquitectura con escenarios físicos y virtuales que conviven en el espacio construido” (las cursivas nos pertenecen). Disponible en: https://bit.ly/3ewsdew.↵
- Se puede ver más información arquitectónica del proyecto en https://bit.ly/3ECzNPo.↵
- Sobre esta intervención en el Mercado Norte ver Ortiz Narvaja y Zanini; y sobre la de 27 de abril, Valor, ambos capítulos de este libro.↵
- Esta es la presentación del programa Arte de nuestra gente, en el portal oficial de la municipalidad: “El programa se inició a mediados de abril a través de una convocatoria pública, con el objetivo de promover el arte urbano, en tanto actividad de profusa producción en Córdoba y el mundo; además de fomentar el encuentro con el arte en la dinámica cotidiana de vecinos y visitantes de nuestra ciudad. En tal sentido, a finales de agosto se finalizaron cinco murales en barrio San Vicente que abordan la identidad de este barrio tan característico de nuestra ciudad, en su 150 aniversario. Además, el reconocido artista, historietista y muralista local El Cape intervino un mural de ocho metros de alto por 35 de ancho en las paredes del CPC Pueyrredón, sobre la avenida Dr. Ricardo Balbín. Por otro lado, junto a 22 organizaciones de la zona de Alberdi y la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Provincial de Córdoba, la municipalidad puso en valor la Isla de los Patos, con imágenes que enaltecen los procesos históricos y luchas sociales del barrio. Actualmente el programa tiene en ejecución una veintena de murales en diversos puntos de la ciudad” (Municipalidad de Córdoba, 2020c).↵
- Como ha analizado María Antonella Álvarez (2017) en Subjetividades juveniles y sociosegregación espacial en la ciudad contemporánea.↵
- El precio de los autos cero kilómetros subió más que la inflación y el dólar. El precio de los vehículos durante febrero creció 7,1% en el promedio de todos los segmentos y un 47,6% respecto del mismo mes de 2020, informó la Asociación de Concesionarias de Automotores (“El precio de los autos 0 km aumentó en febrero por encima de la inflación y el tipo de cambio”, 2021).↵
- Una versión de este apartado se publicará en el libro Me acuerdo de María Eugenia Boito (en proceso de escritura).↵
- Por ejemplo, en el presupuesto provincial 2021 las obras viales se llevan el 42% del total del rubro obra pública, porcentaje que no llega a ser igualado sumando lo destinado a agua potable, viviendas, hospitales, escuelas y aulas, cloacas y gasoductos. Sólo dos autovías se llevan el doble de presupuesto que lo previsto para el Ministerio de Empleo y de la Economía familiar para todo el año (Ross, 2021).↵







