Sábado 12 de Junio de 1909
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, mayo 20.
En mi empeño de que estas “Páginas breves” lleven algo así como el movimiento de una charla mosaica de sobremesa, en figurillas suelo verme para reducir ciertos informes a la más mínima expresión.
Es lo que me pasa con un largo artículo del Times*, que acabo de leer.
Trata de la “Prensa y los negocios extranjeros, “The Press and Foreign Affaires”.
Busquénlo los que sepan inglés.
Son ya muchos ahí, por suerte, y lo hallarán en el número 38.953 de dicho diario.
Contiene observaciones hechas por el ministro de relaciones exteriores en una comida de la “Newspaper Society”.
Sir Edward Grey* consagró una gran parte de su brindis a las relaciones entre el gobierno y la prensa en general, y dijo:
Que no había prensa oficial; que cada diario pensaba y escribía como quería; que la información, cuando era acordada, lo mismo era para este que para aquel órgano de la opinión: que en Inglaterra se había conseguido que no hubiera partidos en materia de negocios extranjeros, siendo la opinión homogénea; que (y esto es notabilísimo):
“The independence of the Press and the sense of responsibility in the Press, which exist in this country, give to its unanimous utterances and authority and a significance not possessed by any Press that is subject to the manipulation and the inspiration of Ministers or of their underlings”.
Es decir que la independencia de la prensa y su sentimiento de la responsabilidad unánime, le da así a la prensa una gran autoridad en lo que se refiere a inspirar a los ministros. (Entre nosotros estamos a millones de leguas de eso, los unos no oyen y los otros aconsejan mal).
Finalmente, dijo Sir Edward Grey* que, sin la “cooperación” de la prensa, no habría podido él hacer muchas cosas proficuas para su país que, como se sabe, ha tenido la satisfacción de realizar.
Monsieur André Mevil escribe frecuentemente en el Écho de Paris[1].
Deben ustedes conocerlo. Me ahorra esto perfilar su fisonomía literaria, pudiendo entonces apresurarme a decir que acaba de publicar un libro titulado De la Paix de Francfort a la conference d’Algeciras[2], libro mandado hacer para los que se ocupan principalmente en averiguar por qué pasó esto y no aquello.
El título es un tanto engañoso (es claro, se trata de diplomacia), porque de lo que en realidad trata es de la historia de las relaciones franco-alemanas durante las dos últimas décadas, y particularmente de las tentativas u oberturas de Alemania en el sentido de inducir a la república francesa a hacer una política anti-británica.
Ustedes recordarán la caída de Delcassé[3], efecto del “bluff” alemán, y que lo que entonces dio un resultado falló cuando el incidente de Casablanca.
M. Mevil reprueba retrospectivamente la actitud de M. Rouvier[4] y de una parte del público francés en 1905 y halla que la firme actitud de M. Clemenceau* ha establecido el equilibrio de la balanza, condenando así, por consiguiente, la acción de M. Rouvier tres años antes.
Algo como un hilo de Ariadna se necesita para poder seguir al autor de esta obra, por otra parte asaz documentada; pero que no por eso hace que uno se olvide del dicho de Voltaire: “et voila justement comme on ecrit l’histoire[5]”.
Si algo parecido en mucha menor escala pasara en la América del Sur, ¡qué grito de indignación furibundo no se oiría de este lado!
Pero, es valor entendido que los Jóvenes Turcos* tienen carta blanca y amplia y completa libertad de maniobras.
La fortuna de las armas les ha dado el poder, y en Europa continúan beneficiándose de las simpatías poco exigentes de la “opinión liberal”.
En cuanto a las potencias que quieren reservarse el porvenir con el provecho de la anarquía creciente, todas ellas afectan un optimismo beatífico, y cierran los ojos para no ver, limitándose a dejar hacer y a que pase la tormenta.
No creo en el milagro de una solución, que de lo odioso, antiguo haga un orden de cosas sin lo que estamos viendo: venganzas en toda la vasta extensión del imperio otomano.
Los Jóvenes Turcos ya han cambiado de ministerio.
¿Cuándo tendrán el ministerio ideal de sus ensueños?
A despecho de la indiferencia sistemática de las grandes potencias, es de temer y yo lo creo seguro, que las crisis y los “pronunciamientos” se sucedan.
Porque esta siniestra comedia llamada “revolución”, no es más que un sacudimiento monstruoso que tarde o temprano obligará a la Europa a intervenir.
Sí, es bueno no alucinarse mucho con esto de “jóvenes turcos”.
Ni están todos los que son, como decía el otro, ni son todos los que están.
Carece de claridad esa denominación puesto que hay turcos viejos, no pocos, entre los jóvenes. De modo que no se nace joven turco, se crece ―es un “devenir”― negocio de precaución o de ambición.
Se fue al otro mundo un hombre que he conocido en Berlín.
Le han llamado la “Excelencia gris”, como al famoso capuchino de Richelieu[6] le llamaban “l’Eminence Grise”, o sea el instrumento del “ame damnée”, del cardenal.
No es exacto el paralelo. El capuchino aspiraba al poder, y este muerto, Herr von Holstein[7], solo pensaba, viviendo casi casi en la obscuridad de una pequeña oficina del ministerio de relaciones exteriores solo pensaba en la grandeza alemana siendo su divisa íntima: la política no tiene entrañas.
En cierto sentido era un retrógrado autoritario, que vivía treinta años atrás, mirando de adentro para afuera, sin que los hechos modificaran sus opiniones, todas a cual más arraigadas como el tronco de la encina.
Sirvió desde Bismark hasta Bülow* a todos los cancilleres y sus pasiones terribles su odio contra los franceses, sobre todo, lo llevaron a conjurarse y tramar con Harden la malla que debía acabar con la influencia del infeliz príncipe Eulembourg[8], estrechando cruelmente su cuerpo y su alma.
¡Qué hombre tan interesante! ¡Qué porte tan atrayente!
Le conocí en Viena siendo él embajador. Me acompañaba el Dr. Ricardo Seeber[9], mi querido secretario, en la gira diplomática.
¿Se recordará lo que el príncipe me dijo refiriéndose al emperador de Alemania, que días antes había cazado en sus tierras?
No es hora todavía de escribir eso aunque en ningún sentido hacerlo sería una indiscreción. Pero cada cosa a su tiempo.
Volviendo a Herr von Holstein*, divididas están las opiniones, y no concuerdan los juicios sobre él. Empero, nadie le niega, en medio de su autoridad hipócrita, la hombría de bien personal. Hace tres años que se había retirado de los negocios oficiales, y la gran interrogación es esta: en los últimos tiempos, ¿su influencia fue un bien o fue un mal?, su influencia maquiavélica, bien entendida; porque, lo repito, no solamente era anti-francés, sino que era enemigo de toda “entente*” sincera con los ingleses.
El emperador se cansó a tiempo de este singular personaje, autor de los enredos de Marruecos, y cuya historia está llamada a aclarar muchos puntos nebulosos del horizonte internacional.
Mujeres de todas partes del mundo han estado discutiendo en Londres su determinación de ir hasta el fin en lo que se refiere a sus reivindicaciones. En más palabras y al alcance de “tutti quanti”: su derecho de usar calzones, como nosotros de votar, de ser municipales, diputados, senadores, presidentes de cualquier cosa, y hasta militares, libertadoras como Juana de Arco. Solo a ser obispos no aspiran.
Tampoco han dicho en sus discusiones, algunas elocuentes, si esa determinación de “ir hasta el fin” significa empuñar las armas de la revolución social contra nosotros.
¿Tendremos que irnos preparando?
Había en este congreso australianas, austríacas, belgas, bohemias, búlgaras, canadienses, dinamarquesas, finlandesas, francesas, alemanas, inglesas (británicas), holandesas, húngaras, italianas, noruegas, neozelandesas, rusas, suizas, sudafricanas, suecas y americanas del Norte.
No había sudamericanas ni españolas, ni portuguesas, es decir, que, por ahora, las brasileñas, las chilenas, las uruguayas, las peruanas, las mejicanas, etc. y las argentinas brillaban por la ausencia.
En cuanto a las profesiones sesenta de ellas estaban representadas con sus emblemas respectivos, llevando las doctoras y cirujanas, que abundaban, trajes azules pintorescos que rivalizaban en elegancia con el de las maestras y las escultoras.
La señorita Chapman Catt[10] presidía, y no vayan ustedes a leer gata.
¡Oh! mientras deliberaban estas amables descontentas de su suerte, pretendiendo reformas como esta: “que un telegrafista solo pueda casarse con una telegrafista a fin de asegurar la reserva”. Mientras así deliberaban, un pastor o sacerdote norteamericano indicaba que la “cocina conduce al corazón”.
El papel de la mujer, según él, debe ser lo que de estas sus palabras se deduce:
Se habla mucho, en este momento de los derechos de la mujer, y estas señoras tienen muchos defensores ardientes.
Hay sin embargo muchas personas que piensan que la vida pública no es la que cuadra al sexo llamado débil.
Se distingue entre ellos el pastor Lavill (del Missouri).
Pocas mujeres, dice él, abandonarían sus casas, sus amigos y todas las atracciones de la vida para seguir a sus maridos a países extranjeros, como lo hacían las mujeres de la época colonial.
Influencias modernas han tenido una acción perniciosa sobre la mujer.
Esas influencias han destruido muchas seducciones de la mujer.
Estoy muy lejos de pensar que la mujer no debe ser seductora (ni yo).
Claro como el agua cristalina de la fuente es que si no fueran lindas no nos atraerían como irresistible imán.
Pero, la casa es el lugar de la mujer, a menos que no se vea en la absoluta necesidad de abandonarla.
Pienso, prosigue el pastor, que ninguna mujer debiera entrar en el terreno de los negocios para ocupar el del hombre a no ser obligada por las circunstancias.
No creo en los derechos de la mujer tal como se les definía hace un siglo. La bondad, la educación, la dulzura, la belleza y el encanto son los rasgos que más admiramos en la mujer.
No, señor, termina el pastor: toda mujer debiera ser buena cocinera.
Los hombres civilizados no pueden pasarlo sin buena cocina, y toda mujer debiera saber que el mejor y más seguro camino del corazón de un hombre pasa por una buena cocina.
Y aquí termino esta, como noticia sin pronunciarme por las damas del Congreso, ni por el pastor; convencido solamente de que gran parte de la felicidad, menos que esto, de la tranquilidad del hogar, depende de lo que las mujeres nos hacen tragar amablemente.
Ruego a ustedes lean y mediten sobre esto, ya que tan indulgentes se muestran con los “anarquistas”.
Sí, la hospitalidad y la generosidad, la clemencia son una virtud, ¿quién lo niega?
Pero en un sentido político es perfectamente verdad que una nación puede arruinarse tanto por sus virtudes cuanto por sus vicios o, en otros términos, que una comunidad virtuosa que descuida ciertos deberes políticos puede fácilmente decaer más pronto que una rival, digamos, menos espiritual, mucho menos moral, que observa esos deberes políticos (entre ellos reza uno primordial: ¡afuera! los anarquistas que amenazan la propiedad, la vida y la libertad de los que no están ni pueden estar con ellos).
Recuerda un escritor inglés lo siguiente que se relaciona con la tesis apuntada: Cronwell conoció esa verdad, y la expresó con fuerza convincente.
Siempre con la palabra Dios en los labios y en el corazón, decíales a sus tropas que “cuidaran de tener la pólvora seca”.
Otras observaciones puramente espirituales no habrían coronado la victoria de los puritanos.
Cada loco con su tema, y como mi preocupación es más fuerte que mi reflexión, sobre el capítulo una guerra nada remota en Europa, lean ustedes lo que escribe el general Witmer, jefe de Estado mayor.
No soy el único que duda de la estabilidad internacional por estos lados.
El príncipe Ferdinando, heredero presuntivo de la corona de Austria, nada menos, de quien el barón Aerenthal[11] representa y sirve preventivamente la política, decía, hace pocos días, en una reunión de oficiales de marina, que era “menester asegurar la preponderancia de las flotas aliadas en el Mediterráneo”, en previsión de las luchas próximas; lo que vuelto por pasiva significa desalojar a Inglaterra y Francia de aquellas aguas, en beneficio de Austria y Alemania, las inseparables.
Tales manifestaciones viniendo de tan alto, son como para hacer reflexionar seriamente, e Italia reflexiona, porque, como ustedes saben, su sueño ha sido la “expansión” mediterránea, y lo que parece tramarse la pone entre la espada y la pared: tendrá que optar, como ya optó, que seguir como está o inclinar la balanza del lado inglés.
Veremos, la fecha fatídica, ya lo he dicho, es 1912; intertanto he aquí como habla el general ruso en el Rossya, gran diario de San Petersburgo.
Este artículo, según mis informes particulares, refleja con exactitud las vistas de las esferas militares moscovitas.
Si la guerra estallase, propone el general, para empezar, que todas las fortalezas de la Polonia sean arrasadas, lo que no es andarse con repulgos. Y en seguida retirarse al interior, retirarse siempre hasta donde convenga como en la época napoleónica.
El cuadrilátero polaco, comprendido entre Austria, Prusia y Rusia, sería un caso de guerra, una inevitable ratonera para nuestros ejércitos, dice el general, porque la Alemania movilizaría sus tropas más pronto que nosotros en la Prusia Oriental, y así cortaría fácilmente nuestro ejército polaco del grueso de nuestras tropas.
Es menester, pues, no tener en Polonia sino el número necesario para que el orden no sea alterado. Si la guerra estalla abandonaremos la Polonia o la Alemania. Vencedores más tarde fácil nos será arrebatarle al enemigo su conquista, no pudiendo como no podrá apoyarse en nuestras fortalezas. ¿Pero si somos vencidos?
Entonces perderemos la Polonia que pasará a la Alemania, lo cual no sería una desgracia muy grande, quizá todo lo contrario.
En esta última faz del artículo del general, la que ha producido algo parecido a una consternación, y la prensa jugando con las palabras exclama: entonces trabajamos “pour le roi de Prusse”…
Mi sobrina María García Mansilla, es decir la esposa de Carlos García Mansilla, hijo de mi hermana Eduarda Mansilla y de Manuel Rafael García, acaba de publicar en el último número de La Nouvelle Revue (15 de Mayo), un artículo titulado: “L’education des jeunes filles au XX siecle”.
No me ciegan ni la afección y estima que le tengo afirmando que está escrito con elegante facilidad y estilado sin amaneramiento, nada tarabiscoté[12], como dicen los lingüistas franceses.
El fondo es intenso, moral, y puede resumirse así, valiéndome de sus propias palabras: “Los casamientos se hacen con demasiada frecuencia por conveniencia de situación de fortuna, de ambición, etc… y después nos sorprendemos (faltando el amor) de que resulten un chasco…”.
En otro orden de ideas los males que apunta mi sobrina, en Francia, tienden a generalizarse en nuestra América, y la educación, en vez de combatirlos, conspira en esa dirección.
Meditarán las madres de familia de mi tierra, con la lectura de este excelente artículo, que es para ellas, para las madres, digo, ya iniciadas.
George Meredith[13] acaba de morir a los 81 años, y ha sido tan grande su influencia literaria durante más de medio siglo, que los ingleses no acaban de persuadirse de que ya no es de este mundo.
La Revue des Deux Mondes*, en su número del 15 de mayo, trae un artículo hacia el que no está de más que llame la atención de ustedes, generalmente tan bien informados; a veces mejor que nosotros mismos, los residentes en este hemisferio.
Se titula “Los Estados Unidos y el Pan-americanismo”, y lo firma el señor Achille Vialatte[14].
El hombre domina el asunto, y estoy conforme con él en lo que se refiere al “sentimentalismo” yankee.
Tras de la doctrina Monroe*, anda disfrazada la pretensión sistemática de una hegemonía del Norte anglosajón sobre el Sur hispano-americano; hegemonía moral por ahora, y en cuanto se pueda preponderancia económica, comercial. ¿Y?
Pero si el escritor francés discurre con conocimiento de causa y antecedentes históricos antiguos y modernos concluyentes, no sucede lo mismo con algunas de sus cifras.
Son pues ustedes, desde ahí, los que deben enderezar los renglones tuertos del articulista, munidos como están de estadísticas que yo no poseo sino truncas o incompletas.
Por otra parte, ni es ese mi papel aquí ni me gusta conversar con este público, viviendo como vivo, aquí “á l’ecart[15]”.
Dice el señor Vialatte en la página 440, hablando de las diferencias climatéricas, que como se sabe tienen tanta influencia en el desarrollo de los pueblos, que mientras la raza blanca domina en los Estados Unidos del Norte, a la inversa pasa en las repúblicas de origen español, etc. (merci).
Al Brasil, un cálculo favorable valúa en un 40 por ciento su “población blanca”.
A nosotros los argentinos, nos concede un 50 por ciento, nada más, y Chile resulta mejor parado que las demás secciones hispano-americanas, no obstante que el señor Viallate afirma que “en Chile una población homogénea ha sido creada por la unión de los blancos y de los indios, cuya mezcla varía según las clases”.
En fin, y dejando de lado opiniones, prejuicios y sospechas más o menos fundados sobre lo que en realidad puede pretender el “yankeesmo” y lo que valga la doctrina Drago[16] y lo que otros crean o finjan creer ¿por qué no le demuestran ustedes a dicho señor que de los seis millones y medio de habitantes que tenemos, solo la mínima parte es de color?
Yo agregaría que como fenómeno étnico nuestro desarrollo es más rico que el de los Estados Unidos del Norte. Ellos tienen como diez millones de negros, o por ahí, y nosotros en Buenos Aires, por ejemplo, creo que solo contamos trescientos “morenos”.
Entre hombres de letras.
―¿Ha hecho usted versos?
―Sí.
―¿Y por qué no los ha publicado?
―Porque son malos.
Es un rasgo de sentido común, observó un tercero que asistía al coloquio.
- L’Écho de Paris fue un diario francés publicado entre 1884 y 1944, con una orientación conservadora y patriótica. Tuvo como propietario al acaudalado Edmond Blanc (1856-1920). Ejemplares disponibles en Gallica. ↵
- Editado por el sello Plon-Nourrit & Cie, en París en 1909.↵
- Théophile Delcassé (1852-1923) fue un político francés del partido radical, nombrado canciller entre 1898 y 1905. Se destacó por su oposición a Alemania y sus esfuerzos por concretar las alianzas con Rusia y Gran Bretaña, precursoras de la que luego se llamó Entente Cordiale, una serie de acuerdos iniciados en 1904 entre Inglaterra y Francia. Era muy cercano a Léon Gambetta (1838-1882). (Extractado y traducido de Porter, Charles Wesley. La carrera de Théophile Delcassé (Pennsylvania: University of Pennsylvania Press, 1936).↵
- Maurice Rouvier (Aix-en-Provence, 1842-Neuilly, 1911) fue un banquero y político francés, perteneciente al grupo conocido como los Oportunistas, de corte liberal moderado. Fundó el periódico republicano L’Égalité en 1870. Elegido Primer Ministro de Francia en 1887 y entre 1905 y 1906. Fue también Ministro de Finanzas de Francia durante la presidencia de Léon Gambetta en 1867. Es recordado por sus políticas impopulares tendientes a evitar un conflicto con Alemania. En cuanto a la política exterior, su ministro Théophile Delcassé había llegado a un acuerdo secreto con España con respecto a la cuestión marroquí, lo que Rouvier le reprochó y éste renunció. Sus políticas exteriores, sobre todo en torno a la llamada “cuestión marroquí” son consideradas de marcado favoritismo hacia Alemania. En 1905 asumió la dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores luego de que Théophile Delcassé renunciara tras el conflicto franco-alemán alrededor de Marruecos.↵
- Y así es precisamente como escribimos la historia.↵
- Armand Jean du Plessis (París, 1585-París, 1642), fue un cardenal y estadista francés, además de duque de Richelieu, duque de Fronsac y par de Francia. Ordenado obispo en 1607, entró en política y fue nombrado secretario de Estado en 1616. Richelieu pronto alcanzó un gran poder en la Iglesia católica y en el Reino de Francia, hasta alcanzar la dignidad cardenalicia en 1622, y el cargo de primer ministro del rey Luis XIII en 1624. Permaneció en el cargo hasta su muerte en 1642, y fue sucedido por el también cardenal Julio Mazarino.Como primer ministro de Francia, consolidó la monarquía francesa luchando contra las diversas facciones internas. Para contrarrestar el poder de la nobleza, transformó Francia en un fuerte Estado centralizado. (VIAF: 12314392). ↵
- Herr von Holstein (Schwedt, 1837-Berlín, 1909), fue un diplomático al servicio del Imperio alemán y jefe del departamento político del Ministerio de Asuntos Exteriores de su país durante más de 30 años. Desempeñó un papel determinante en el diseño de la política exterior alemana desde 1890, cuando Otto von Bismarck cesó como canciller, hasta 1906. (VIAF: 13099140). ↵
- Felipe Federico Alejandro, príncipe de Eulenburg y Hertefeld, conde de Sandels (1847-1921) fue un político y diplomático de la Alemania imperial a finales del siglo XIX y principios del XX. (VIAF: 51684065). ↵
- Creemos que se refiere a Ricardo Seeber Agrello (1874-1937), hijo del amigo personal de Mansilla, Francisco Seeber. Seeber hijo fue abogado, magistrado, juez en lo comercial de 1904 a 1910, camarista, miembro de la Cámara en lo Correccional y Criminal, catedrático de la Universidad de Buenos Aires, diplomático, secretario de la embajada argentina en Berlín. (Extractado de Geneanet: https://acortar.link/Pc3Ez9). ↵
- Carrie Chapman Doja Catt (Ripon, Wisconsin, 1859–Nueva York, 1947) fue una feminista estadounidense y una de las dirigentes del movimiento por el sufragio femenino en Estados Unidos. Su activismo fue fundamental en la aprobación de la Decimonovena Enmienda a la Constitución, que otorgó a las mujeres el derecho al voto en 1920. Fue presidenta de la National American Woman Suffrage Association y fundadora de la League of Women Voters y la International Alliance of Women. Después de lograr el voto femenino, se dedicó también a luchar por la paz mundial y apoyó con energía a la Liga de las Naciones. Fue elegida para formar parte del National Women’s Hall of Fame en 1982. (Extractado de la Enciclopedia Británica:. ↵
- El conde Alois Lexa von Aehrenthal (Gross-Skal, 1854-Viena, 1912) fue un diplomático austrohúngaro, Ministro de Relaciones Exteriores durante la primera década del siglo XX. (VIAF: 44445932).↵
- Rebuscado, enrevesado. ↵
- George Meredith (Portsmouth, Inglaterra, 1828 – Box Hill, Inglaterra, 1909) fue un novelista y poeta inglés durante la época victoriana. Entre sus obras más célebres, se hallan: Celt and Saxon (1910); The Amazing Marriage (1895); Lord Ormont and his Aminta (1894); One of our Conquerors (1891). (VIAF: 14773801). ↵
- Autor también del libro L’industrie américaine, publicado en Francia en 1908.↵
- A la carta. ↵
- La Doctrina Drago, impulsada por el ministro de relaciones exteriores Luis María Drago, planteaba que ningún país extranjero podría utilizar su poder sobre una nación americana con el fin de hacer efectivo el cobro de deuda adquirida por algún país independiente. Al mismo tiempo, Drago coincidía con los principios básicos de la Doctrina Monroe al argumentar que ningún país europeo podía influir en la vida independiente de alguna nación americana. (Extractado de Ayala, Einer David. (2021). “El principio de no intervención en América Latina: el corolario Roosevelt y la Doctrina Drago”. Intersticios sociales, (21), 173-195. En línea: https://acortar.link/cyscaq. ↵






