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EL DIARIO

Miércoles 23 de Junio de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

Mayo 27.

     

Tiene la victoria tan extraordinarios prestigios, que muchos soldados, reclutas, lo creían a Napoleón invulnerable.

Él mismo decía con soberbia consular: no está fundida la bala que ha de matarme.

No contaba con el “iron Duc”, el Wellington que lo derrotaría.

A los japoneses les ha pasado algo por el estilo. Sus triunfos sobre chinos y moscovitas, su ningún temor de la muerte (hay que ver despacio eso), llevaba la admiración de los que esos prestigios cautivan hasta pensar y creer: son las gentes más sobrias y más honradas.


Como caía la cortina de Frank Brown[1] ¿se acuerdan ustedes? en su farsa sobre Hamlet, así ha caído el velo de las realidades japonesas, tan humanas, descubriendo que no hay nada nuevo bajo el sol.

Un escándalo mayúsculo acaba de ser descubierto, sin embargo, resultando que también en el Japón se cuecen habas, o que unos veinte diputados han sido encarcelados en Tokio por inauditos abusos, entre otros, para qué citar más, por haber vendido su voto a una compañía azucarera.

Ciertamente que hay un enigma de las razas, ¿no les parece a ustedes?

Pero de ese enigma no está eliminada una flaqueza para pueblo alguno: la venalidad.

Conversaremos de esto el día menos pensado con motivo de un libro nuevo de monsieur Ludovique Naudeau[2], sobre el Japón, que acaba de caerme a las manos[3].


Los condenados por crímenes y delitos de derecho común han sido en 1906, en Alemania, 524.113 contra 508.102 en 1905, dice una estadística.

De todos los estados y provincias alemanas, Bremen está a la cabeza, y de tiempo atrás, por la criminalidad, con 2150 condenados por 100 mil mayores.

Se observa que en esta república de Bremen es donde el radicalismo escolar ha hecho mayores progresos (para atrás), y donde la enseñanza primaria escapa a las influencias religiosas de las diversas comuniones de un modo más visible.

En la escala descendente de la criminalidad, se distinguen dos estados alemanes pequeños, protestante el uno, católico el otro, el Hohenzollern con 541 condenados, y el Waldeck con 429, protestante este.

Pero la enseñanza primaria en ambos no es laica.


Diré como el otro: he leído en alguna parte que un almirante inglés paseándose en góndola en el “Naviglio Grande”, en Venecia, metió la mano en el agua y que habiéndola probado, exclamó: “es salada, esta ciudad debe ser nuestra”.

En virtud de este principio, continúa el otro, reclamó el derecho de hacer entrar en una “carta de Inglaterra” algo concerniente a los países que hablan inglés.

Los Estados Unidos son uno de esos países y un artículo del capitán Mahan vale la pena de ser analizado, siendo como es, la primera autoridad hoy día sobre cosas de guerra marítima.

¿Analizar?

¡Oh! No, no hay espacio en estas páginas para ello. Pues entonces al refugio del extracto minúsculo, y conténtese mi lector con eso.

El capitán Mahan acaba de publicar en la última entrega de la revista americana Collier’s Weekley un artículo sobre el desarrollo de la marina alemana y las consecuencias que ese desarrollo puede tener, siendo prodigioso, para los Estados Unidos.

Gran sensación ha producido este escrito tanto de aquel lado del Atlántico como de este.

Hablando del programa naval alemán, el capitán Mahan cita, y en ellas se apoya, las palabras que poco ha pronunció el primer lord del almirantazgo inglés en el parlamento, a saber: “Cuando todos los barcos que comporta dicho programa hayan sido construidos, constituirán una marina más poderosa que todas las que en el día existen”.

Pasa en seguida revista de las facilidades que los alemanes tienen para construir rápidamente sus barcos, para mejorar su armamento y asimismo el “secreto” que en todo ponen.

Este nuevo estado de cosas es un negocio grave para los Estados Unidos (y para Inglaterra en otro sentido). ¿Por qué? Lo diré claramente, escribe el capitán Mahan; porque hasta ahora aquí la acción alemana, en lo que concierne a la doctrina Monroe*, ha estado siempre escrupulosamente de acuerdo con la posición que nosotros hemos tomado, razón por la que nadie tiene el derecho de insinuar que la Alemania del porvenir ha de estar dispuesta a cambiar de conducta.

Esto, no obstante, prosigue el capitán Mahan, hay que mirar los hechos de frente y que ver si en el caso de que algun futuro Castro* salga de la palestra, la Alemania, potentísima tendrá en cuenta la doctrina Monroe*.

Y, curioso, el capitán no duda, al contrario, de que la eventualidad se presentará.

Está inquieto, por consiguiente, viendo que el lugar de los cuatro Dreadnoughts[4] que había pedido el anterior presidente solo se construirán dos.

Los ingleses, por otro lado, ya han creído descubrir globos alemanes de exploración en sus tierras, y no es cosa de reír. El alemán es más observador que divulgador y no dice ¡en guardia! antes de pegar, pega.


En prolija y elegante edición me llega un libro de fondo impreso en La Plata por los talleres gráficos de Joaquin Sesé.

Dactiloscopía Argentina se intitula y su autor, Luis Reyna Almandos[5].

Citarlo no es presentarlo, siendo ya, aunque joven, harto conocido en nuestro medio ambiente científico literario sudamericano.

Y me lo explico, pues las otras obras suyas tienen todas ellas, las al alcance de mi competencia, todo el fondo y forma de lo que se traduce en autoridad intelectual.

Escribe muy bien este autor y su nuevo libro ―hago mío su decir― es una luz proyectada sobre el verdadero origen de la fórmula dactiloscópica que ordenando matemáticamente los elementos anatómicos de la nueva ciencia ―los diez relieves digitales― los arranca del caos para someterlos al servicio de la humanidad.

Hay aquí, en este último concepto digamos, un punto en extremo difícil de resolver en dos palabras.

Me reduciré a los lindes más estrechos posibles.

Si el culpable es un desgraciado y si hay otra vida en la que debe padecer por sus crímenes, ¿a qué aumentar tanto los obstáculos para que no le quede efugio ni refugio, medio alguno de escapar al castigo de sus semejantes, falibles por añadidura?

El castigo sublunar, excesivo a veces, discutible para algunos, ¿exime de la pena ulterior? poniéndonos en la hipótesis de un más allá…

Será lo que sea, el libro del observador y reformador argentino resulta un trabajo meritísimo del punto de vista técnico y en otro sentido una valiosa contribución para que el mundo científico tenga en cuenta el pensamiento argentino, este pensamiento que vive pujante por la sustancia exterior, que gradualmente asimila, y por lo que extrae de su propia naturaleza en el orden psíquico fisiológico; pensamiento que para decirlo todo en dos palabras, prepara, a mi entender, una nueva combinacion étnica.

Hay tantas ideas y algunas tan atrevidas en este libro que dice perfectamente su autor, cuando exclama que algunas de ellas serán calificadas de imposibles.

¿Y qué importa el calificativo?

El horror a lo nuevo es un fenómeno natural, y la simiente echada en la fecunda tierra del talento y del saber, tarde o temprano fructifica.

Lo dice el mismo Reyna Almandos, cuya “contribución” al IV congreso científico latino americano (primer pan americano) coloca muy alto su nombre en la escala del pensamiento sudamericano.

Que sea profeta cuando entre sus aforismos ―porque lo son― consigna entre otros muy notables este: “la dactiloscopía es un elemento de paz social y de libertad individual”.


La sentencia arbitral de la corte de La Haya acaba de ser publicada.

Leerán ustedes “in extenso” el notable documento que pone fin al incidente de Casa Blanca, incidente que, como se recordará, hubo de ser causa de un incendio europeo.

Dicha sentencia a la Salomón tiene el tono de una homilía, y, evidentemente, ha sido redactada procurando no reavivar un conflicto hoy día calmado; pero que había sobrexcitado mucho la opinión en Alemania y Francia.

La corte le reprocha a la Alemania una falta grave; a la Francia una falta de moderación.

Después de haber proclamado que el cónsul alemán de Casa Blanca ha cometido una falta grave y de excusar su error, declara que las autoridades militares francesas hubieran podido proceder con más moderación…

Este “hubieran” y esta “escusa del error” son en el orden de la casuística diplomática sin destrezas y sin precedente.

Pero zanja una dificultad, elimina un estorbo, aplaca inquietudes y hay que aplaudirla.

Las cuestiones de derecho suscitadas por este incidente que la misma sentencia arbitral ―llena de distingos― ha reconocido como muy complejas y de las cuales una parte queda sin solución, otra hasta completamente excluida de sus considerandos podrán ocupar más tarde todavía la literatura de derecho internacional.

En cuanto a la política práctica, el muy desagradable incidente resulta arreglado de un modo digno y del todo satisfactorio para las partes, para los jueces, para el pro y el contra, y, para lo principal, que son las relaciones internacionales.

¿A dónde va este país de Francia, con sus huelgas perturbadoras y con sus presupuestos opresores?

Vean ustedes algunas cifras. ¡Qué abismo!

En 1909 para 39 millones de franceses, se inauguró un gasto casi tan subido como el de Rusia, que cuenta 149 millones de almas.

Y esto con una deuda que en conjunto se acerca a cuarenta millares, la mayor del mundo; y sin que se piense en disminuirla. Al contrario, con los aumentos previstos el presupuesto para 1910 promete alcanzar a cuatro millares y 500 millones de francos, bien entendido.

La fortuna de Francia es de “210 a 250 millares” productivos de una renta, a razón de 4 por ciento, de 9 a 10 millares según el cálculo de Monsieur Ives Guyot; lo que equivale a decir que semejante presupuesto absorberá (en 1910), la mitad de los intereses de los capitales franceses.

Se me ocurre con este motivo preguntar si nuestros estadistas han intentado sacar en limpio a cuánto asciende la fortuna argentina, a fin de poder aproximadamente siquiera decir en qué proporción está lo que valemos con lo que gastamos.

Si algo se ha hecho sobre tan interesante particular, no lo conozco.

A ver, amigo Alberto Martínez[6], Carrasco y otros competentes, en caso negativo, manos a la obra, y que el gobierno federal ayude.


El yankee individual es muy simpático, la americana del Norte en general encantadora, pero el yankee colectivo no tiene entrañas.

Los “affaires sont les affaires”, los negocios son los negocios para él, y es perder tiempo tratar de enternecerlo, sobre el capítulo su interés.

Aquí, les dirá a un japonés, no se entra, su mano de obra barata nos perjudica, y al pueblo con que tenga gloriosas afinidades históricas no le hará concesiones económicas en memoria de Lafayette.

He aquí una noticia que causará alguna emoción en el mundo comercial y de la industria (tomen nota ahí en el Río de la Plata). Dice así la noticia: el gobierno de los Estados Unidos acaba de notificarle al gobierno francés su intención de poner término a los arreglos comerciales concluidos entre ambos países. Es decir que las convenciones comerciales firmadas entre Francia y Estados Unidos el 28 de marzo de 1892, renovadas el 30 de agosto de 1902, y nuevamente el 28 de enero del año pasado, son denunciadas.

Esta medida es la consecuencia del movimiento proteccionista poderoso en este momento en los Estados Unidos.

Los americanos denuncian sus convenciones comerciales con Francia, a fin de tener las manos libres en el momento en que el Senado de Washington va a substituir a la tarifa aduanera vigente una nueva ley, llamada el “bill” Aldrich, que grava en proporciones considerables los derechos existentes (ya excesivos en general).

El bill Aldrich significa: 1° una tarifa mínima que, a despecho de su nombre falaz, será la más elevada de las tarifas del mundo entero; 2° una tarifa general superior a la primera en un 25 por ciento.

Esta legislación, si prevalece el proyecto Aldrich, constituirá el “record” mundial de la prohibición, o equivaldrá a una verdadera declaración de guerra económica a la Europa.

Francia sobre todo está llamada a sufrir por esta tarifa, cuya tendencia es alzar considerablemente los derechos sobre los artículos llamados de lujo (que no siempre lo son, siendo solo elegantes), las perfumerías (para protejer los malos americanos) las plumas y las pieles, las sederías, la ropa hecha, los vinos, los bordados, los tejidos de lana (en nuestra tierra estos últimos están bastante gravados).

Los derechos que actualmente pagan esas materias y otras parecidas, son ya altos: 60 % los bordados, por ejemplo; 50 % las flores artificiales, los abanicos; 15 % los objetos de arte moderno, etc. Estos derechos resultaron agravados por la tarifa, dicha “mínima”, del bill Aldrich.

Muy ingeniosos, como se ve, estos amigos de los franceses, que están furiosos por lo que les espera, aunque lo disimulen, con la esperanza de obtener algunas modificaciones a una ley que evidentemente contiene mucho perjuicio para la industria francesa.

En la guerra de tarifas que en todos casos vendrá son los yankees los que saldrán perdiendo, me parece.

No podrán ya, para solo citar un artículo, inundar con calzado forma “empanada” la Francia entera.


El doctor en ciencias Prandtl[7], encargado por el gobierno, acaba de comenzar en Goettingue (los alemanes no se duermen en las pajas) un curso sobre las bases científicas de la aerostación. Comprenderá dicho curso seis partes: aerostática, equilibrio aéreo, equilibrio de los globos, principios de meteorología dinámica, aerodinámica (leyes generales de las corrientes, equilibrio de los aeroplanos, estabilidad de los globos y de los aparatos de aviación, etc.), resistencia de las envolturas y potencia de los motores, cálculo de los dirigibles y aeroplanos, detalles de construcción, velocidad, afluencia del viento.

Es menester para seguir este curso conocer, además de la mecánica y la física, el cálculo diferencial e integral.

La sociedad de estudios de aerosta-Prandtl, un laboratorio de ensayos en Randtl, un laboratorio de ensayos en el que va a instalar una aducción de aire por una enorme boca cuadrada de dos metros de lado, donde un poderoso ventilador enviará el aire a velocidades variables, lo que permitirá hacer interesantes experiencias sobre la resistencia del aire y la orientación de las corrientes con modelos reducidos de aeroplanos y dirigibles.


Monsieur Melchior de Vogüe[8] ha estado en Rusia en celebración del centenario del gran novelista ruso Gogol.

Su discurso “in memoriam”, hermoso como todo lo suyo contiene una novedad, y una facilidad: lo dijo en francés y en ruso.

Cervantes, este hombre admirable que no será superado, mereció de monsieur de Vogüe un elogio elocuentísimo que encerraré en estas palabras:

Cervantes, o don Quijote, fueron los que inspiraron al novelista ruso el cual, lo diré en francés, « comme Cervantes, Gogol a mis dans ses peintures toutes nationales une connaissance de l’homme si étendue, si profende, que ces images localisées font vibrer les coeurs et réfléchir les esprits partout oú il y a des hommes. C’est purquoi nous venons aujound’hui, de l’autre extrémité de l’Euruope, remercier le dispensateur d’un bienfait intellectuel dont nous avons notre part ».

Cuando un país cuenta entre sus glorias ingenios como el de Cervantes, que era además un hombre de bien, dan ganas de ser de ese país.


La Academia francesa se verá pronto en una situación como un conflicto.

Dos candidatos aspiran, entre otros que todavía no suenan, al sillón vacante por la muerte de Sandeu.

Son como si dijeramos tesis y antítesis; a saber Marcel Prevost[9] y Edouard Drumont[10].

Están así frente a frente la literatura de “boudoir”[11] y la intransigencia contra todo lo que huele a hebreo.

Son dos talentos de distinto género; pero dos talentos sin disputa.

La Adacemia, que tuvo durante algún tiempo veleidades, románticas o naturalistas, no quiso, reaccionando radicalmente, abrirle sus puertas a Zola. Le dió varias veces con ella en las narices, sosteniendo que no todo lo que es “natural” es arte.

No es fácil prever en estas coyunturas por donde reventará la mina de las intrigas, siendo “los cuarenta” hombres de carne y hueso, y el solio de la sapiencia, teniendo también, como tiene, su dosel de pasiones a veces inconfesables.

Drumont es un irreductible. Prévost parece querer entrar en otra senda con su última novela, Pierre et Therese[12], publicada en La Revue des Deux Mondes*.


  1. Frank Brown (Brighton, 1858-Buenos Aires, 1943) fue un payaso, acróbata y empresario circense inglés de extensa y prestigiosa trayectoria en Argentina, donde se lo conocía como El payaso inglés. Sus espectáculos se caracterizaban por incluir parodias a textos clásicos, entre ellos, abundantes referencias a obras de Shakespeare. Varios intelectuales (Sarmiento, Rubén Darío, Carlos Pellegrini) le han dedicado comentarios literarios.
  2. Ludovic Charles Naudeau (1872-1949) fue un periodista, corresponsal de guerra y escritor francés. (VIAF: 24635995).
  3. Probablemente se trate de Le Japon Moderne. Son évolution, editado en París en 1909 por el sello de Ernest Flammarion.
  4. Dreadnought (acorazado). La palabra significa “sin miedo, temerario”, pero se refiere, en este contexto, al acorazado de la Marina Real Inglesa, fabricado en 1906, y que implicó un gran avance tecnológico en la ingeniería naval de la época. (Extractado y adaptado de Dreadnought Project:
    http://dreadnoughtproject.org/tfs/index.php/H.M.S._Dreadnought_(1906)).
  5. Luis Reyna Almandos nació en Morón en 1874. Fue poeta, escritor, abogado y político. Publicó dos libros de poemas: Mar y cielo (1905) y Rama florida (1918). Su poesía acusa influencias diversas que remiten al romanticismo, al simbolismo, al parnasianismo y al modernismo. Entre sus ensayos políticos cabe mencionar Hacia la anarquía (1916). También se ocupó de escribir sobre temas penales y fue uno de los impulsores de la dactiloscopia argentina. Murió en La Plata el 5 de enero de 1939.
  6. Creemos que se refiere al autor de Les valeurs mobiliers de la Republique Argentine, citado también en las Páginas breves del 13 de agosto y del 2 de julio de 1906.
  7. Ludwig Prandtl (Freising, 1875–Gotinga, 1953) ​ fue un ingeniero y físico alemán, especializado en la teoría de la aerodinámica, la mecánica de fluidos y el comportamiento mecánico de los materiales. (VIAF: 225145857902123020023).
  8. Vogüe, Eugène Melchior, Vizconde (1848-1910) fue un político y literato francés. (VIAF: 21271).
  9. Eugène Marcel Prévost (París, 1862–Vianne, 1941) fue un novelista y dramaturgo francés, miembro de la Academia Francesa y conocido por su tendencia a escribir novelas que narran –desde un punto de vista moralizante y conservador– vidas femeninas. Entre sus obras, se cuentan: Jardin secret (1897), Les Vierges fortes (1900), Frédérique (1900), Léa (1900), L’Heureux Ménage (1901), Les Lettres à Françoise (1902), La Princesse d’Erminge (1904), L’Accordeur aveugle (1905), Féminités (1912), Les Don Juanes (1922), La Mort des Ormeaux (1938). (VIAF: 68938611).
  10. Édouard Drumont (París, 1844 –París, 1917) fue un escritor francés católico, antisemita, antimasónico y nacionalista. (VIAF: 44319328).
  11. Literatura de tocador.
  12. Publicada en 1909, en París, bajo el sello de Alphonse Lemerre.


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