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EL DIARIO

Lunes 30 de Agosto de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

Boulogne, agosto 7.

     

Sí, aquí estoy porque he venido… huyendo de París “pour faire comme tout le monde”, según se dice en gabacho.

Pero resulta que el sol se muestra como avergonzado de su esplendor, que el cielo parece no poder soportar el peso de sus aguas y que Neptuno no se quiere quedar atrás, ¡y cómo ruge!

¡Y esto se llama veranear!

Es como la “season”, período tan esperado y tan fatigoso; yo no sé cómo las mujeres resisten.

Esos tres meses no son vida.

Son un entrevero en el que el ariete principal se llama vanidad.

¿A cuántos tés y “bridges” y “goutés” está una mujer invitada en un solo “aprés midi”?

Entra, muerde una masita, sale, sube al coche, al automóvil, al fiacre[1], al ómnibus o al pedibus andando se traga las distancias, sin que nada estorbe su brío, y el entrar y salir y el “grignoter[2]” aquí y acullá, es un “corso e ricorso” casi perpetuo.

Dueños de casa y visitas caen postrados a la cama después del teatro o de las comidas que son el apéndice nocturno; y todavía hay que tener en cuenta que en la “season” son las carreras más esperadas, el “prix” de día no, el Derby, el “prix” del Jockey; hay los drags, el polo, el golf, la pelota vasca, los paseos de los “Annales”, la reunión de los amigos de Versalles, las comidas en los restaurants del Bois, los poetas y señoritas aficionadas con sus recitados… ¡qué es lo que no hay!

Tengo un amigo que, viendo que me aíslo, que me concentro, me dice: haga usted lo que hacen los otros, es prosaico pero sazona con cierta amenidad el tedio.

No. Al ruido prefiero el silencio en compañía de los que si me molestan ya saben la consigna: basta, digo, y los cierro.

Experimento así algunas satisfacciones y hago no pocos descubrimientos.

Descubro, con frecuencia, cosas poco interesantes para ustedes, hasta cierto punto, por ejemplo, que me asusta lo que ignoro.

Me gustaría tanto por el nombre argentino descubrir siquiera por chirina un nuevo gas para reemplazar el sol, cualquier substancia útil, o un anestésico consolador.

Las satisfacciones suelen consistir en que, leyendo algunos libros nuevos, tropiezo con ciertos pasajes, o pensamientos que me parecen míos.

Verbi gracia, para matar el tiempo tomé ayer Les sept femmes de la Barbe Bleu*.

Tan cierto como hay estrellas en el firmamento que Anatole France* no pensaba en mí, al escribir en la página 32: “…no desconfiaba de lo que amaba” y más adelante: “la experiencia de la vida no sirve de nada…”.

Es precisamente sin paráfrasis, lo mismo que yo digo en mis “Estudios morales[3]”: el que “desconfía no ama”, agregando en otra parte, en una de mis “Causeries” que la tal experiencia apenas sirve para que el mismo sujeto no nos engañe tres veces seguidas… si le tenemos alguna afección íntima.

Y aquí me detengo. Lo dicho bastará y sobrará para que no falte quien piense: esas tenemos.


Lector y desmemoriado son sinónimos en muchos casos.

Repito por eso que en estas páginas va un poco de todo.

Me hago la ilusión de que estoy en la puerta del Jockey, hablando de paso, con algunos muchachos elegantes, así como cae, a la birlonga[4], ora la elegante condesa Pardo Bazán[5], que ustedes conocen sin duda mejor que yo, ora que salto de lo que pasa en el parlamento inglés tan prestigioso.

Los diputados franceses se quedan ahora atrás.

El otro día, un miembro de los comunes, lord Winterton, ha tratado a uno de sus colegas de “borracho”, y como era absolutamente falso, el otro replicó “innoble mentiroso”.

El noble lord tuvo que cantar la palinodia[6], tales eran los gritos radicales de protesta, declarando que retiraba la palabra “borracho”.


Monsieur Caillaux* se fue con su música de reformas fiscales ingeniosas a esperar otra crisis ministerial.

Ha pasado, pues, un poco, el susto de que hablamos días anteriores[7].

Entre otras cosas, había descubierto el novel hacendista que teniendo Francia cerca de cuatro millones de perros, entre ellos un millón de lujo, grandes y chicos, los demás se llaman “chiens de garde” o de “chasse”, nada tan oportuno en la penuria rentística como apelar a los cuadrúpedos denominados aquí “L’ami de l’home”.

Que paguen entonces, pensó, los que andan en dos pies a más del impuesto municipal otro de Estado y, de ese modo, nos hacemos de unos cuantos millones más tan necesarios para disminuir el déficit.

Pero la comisión de hacienda, que preside M. Doumer*, dijo: no, ya los perros, siempre en aumento de población canina producen, la otra no crece, pagan suficientemente a la municipalidad.

Con efecto, en la actualidad su contribución está representada por diez y medio millones de francos.

¿Cuántos perros habrá en mi tierra? ¿Cuánto pagarán?

Las estadísticas que suelo ver no dicen jota de este “amigo del hombre”.


¿Estaremos de acuerdo, amado Teolizo, sobre lo que sigue?, mejor dicho, ¿serán ustedes del parecer del señor Carnegie*?

Dice este hombre tan platudo como generoso, prototipo del “self made” yankee, refiriéndose a lo que ha hecho zozobrar en Alemania la barca del príncipe de Bülow*:

“De todos los impuestos, el más sabio es el de las sucesiones”.

Piensa que ese impuesto, por muy pesado que fuera, no trabaría el espíritu de empresa y la constitución de grandes fortunas ―que considera como cosas esenciales y saludables― sino que, al contrario, resguardaría los intereses de la comunidad y mejoraría el empleo de las riquezas.

“Es menester, agrega, no perturbar las abejas mientras trabajan: se recoge la miel cuando han concluido”.

Y cree, en esto es radical, que no conviene, como lo sostienen los socialistas, una repartición igual de las riquezas.

Para él, “el millonario es útil a la sociedad: es menester no molestarlo ni perturbarlo”.

“El gran administrador de las soledades financieras”, observa, “el constructor de caminos de hierro, de bancos, el banquero, gastan poco, no son disipados, derrochan poco en proporción del trabajo que proveen. Después de todo, absorben poco, y en general, el hombre que ha acumulado una gran fortuna es sobrio, sencillo, económico, en tanto que sus herederos (lo vemos todos los días), enrolándose en la sociedad elegante, son lo contrario. El millonario es, por consiguiente”, concluye, “y sin duda la abeja que menos le cuesta a la colmena industrial si se tiene en cuenta la cantidad de miel que acumula y la poco que consume”.

Sigue discurriendo el hombre y arriba a esta síntesis: “Cuando se examina en bloque el empleo de la fortuna, lo que se ve es que las extravagancias no absorben sino una mínima parte. Los fondos del millonario pertenecen todos al trabajo; una pequeña parte va a la banca, que espera los cheques…”.

Los millonarios argentinos eran, en otro tiempo, contados. Ahora son ya legión. Por eso se decía, ya no se usa “rico como Anchorena” y metafóricamente hasta valiente, o flojo, o lindo, o feo, o sabio o bruto como Anchorena.

Pues señores, si Carnegie* tiene razón, tengan ustedes la fiesta en paz, “no perturbando las abejas”.


Siempre después de una gran revista militar, como la del 14 de julio en París, los entendidos discurren sobre la materia con su notoria competencia y no hay qué hacer, como ellos dicen, ha de ser.

La Agencia Fournier le ha pedido su opinión al attaché militar del Japón, coronel Sheinai, sobre la revista militar de Longchamps.

He aquí lo que ha declarado:

“Yo entiendo algo de estos trotes militares y soy del parecer del ilustrado y competente coronel japonés. Del conjunto de la revista de las tropas de la guarnición de París, se desprende netamente que la educación del soldado francés es hecha racionalmente. La alineación de los hombres es impecable durante el desfile. El porte de toda la tropa es intachable, en todo sentido, la infantería, sobre todo, marcha con un brío insuperable. La caballería es excelente, solo encomios hallo para el soldado y los caballos. En cuanto a la artillería es imponente, como ninguna otra, y solo tengo una crítica que hacerle: los armones son demasiado claros, requieren pintura más oscura”.

Ya pueden ustedes imaginar la satisfacción del lector francés ante tan franca manifestación.

El juicio del oficial japonés se completa con una inquietud alemana, que le reprocha a la casa de Krupp, en términos amargos, que se haya dejado sacar la oreja por los franceses.

Véase lo que el coronel Gaedke, antiguo oficial de artillería, publica en el Berliner Tageblatt[8]:

“Krupp se ha quedado otras muchas veces. La Alemania, por ejemplo, introdujo hace algunos años en su ejército un nuevo cañón sin freno movible; Francia construía el suyo intertanto. Dos años después fue necesario gastar en Alemania cien millones de marcos para ponerse a la par del ejército francés. El mismo Krupp no ha sabido transformar los cañones de grueso calibre indispensables para la guerra en campo raso, en cañones de tiro rápido. En este sentido”, concluye el coronel, “la concurrencia alemana Eshardt la ha sobrepasado, y los franceses pregonan: confesión de parte”.

Yo solo insinuó que los estados que no se bastan a sí mismos, los que se proveen en el extranjero, no deben casarse con un solo fabricante.


El afortunado aeronante Bleriot[9] ha exaltado de tal manera la imaginación popular en Inglaterra que el mismo diario del domingo, el Observer[10], escribe:

“En adelante la Inglaterra cesa, por decirlo así, de ser una isla.

Es un hecho histórico.

La Inglaterra se halla de nuevo reunida al continente por la vía del aire, donde circularán un día de estos, tarde o temprano, innumerables máquinas volantes.

Es la primera vez desde que existimos que un ser humano ha pisado las costas británicas bajando de las nubes”.

Al Observer le hacen coro, y el Daily Mail[11], que le ha pagado el premio de 25.000 francos a Bleriot da esta nota: no perdamos tiempo.

Y así la imaginación popular, y hasta los que debieran encarar las cosas con más serenidad, están soñando con una invasión de máquinas de guerra volantes.


Vamos liquidando cuentas más o menos literarias.

El otro día era un anónimo. Ahora es un caballero por el estilo, firma así: su compatriota M. C. R.

No lo saco en limpio. De todos modos le agradezco infinito sus buenas palabras.

En mi próxima carta hablaremos de eso. No tengo hoy día espacio ni tiempo para hablar del “historiador”, digamos, Vicuña Mackenna[12], que tan malamente trató a mi señor padre en su libro tan abultado cuanto inexacto El ostracismo de las Carreras[13].

No le doy mayor importancia a la cosa.

Estoy convencido de que, inventada la leyenda, mucho más difícil es destruirla de lo que costó, o no costó, inventarla.

Muchos deben ser así en Chile los que crean que mi progenitor era “gaucho”, o mulato, o cosa por el estilo, de pata en el suelo; tanto peor para ellos, creen lo que no fue.


La sinceridad es la principal cualidad del escritor.


Con el título de “El mal de las palabras” podría hacerse un libro útil, hasta interesante, una especie de diccionario, de glosario, mejor dicho, explicando lo que para cada secta o partido significa la misma palabra, puesto que para unos, socialistas o radicales, por ejemplo, dice una cosa y para otros, otra cosa. Estos son patriotas, aquellos anarquistas. En fin, cada cual entiende la palabra según sus preferencias. Y los hombres de más talento salen del paso como escapándose por la tangente con una frase espiritual, verbigracia Emilio de Girardin* cuando escribía: “Quien dice socialista dice republicano de todos los colores y de todas las fechas”.

¡Nada más cómodo!


No las trató bien aunque las amara, es la regla, ni dejaran de amarlo por eso, ellas.

Me refiero a Lord Byron, y no hablo con las que todavía no han penetrado en el templo de Himeneo.

Byron: tiene tanto prestigio lo que con su vida se relaciona, que pueden pasarse algunas horas amenas leyendo el volumen titulado Recollections of a Long life (Recuerdos de una larga vida) por John Cam Hobhouse[14], después Lord Broughton.

Fue el amigo constante y fiel del poeta.

Estuvo en todas las intimidades, las más recónditas de su corazón y de su alma. Con él combatió, sufrió anhelo, sobreviviéndolo cuarenta y cinco años.

Lord Rosebery* ha escrito, para este volumen, rica colmena de anécdotas sobre Napoleón y otras celebridades, un prefacio de mano maestra, como todo lo que lleva su sello.

Lord Broughton, dice el editor, sabía de Byron tanto como él mismo. Murió a los 85 años llevándose a la tumba muchos secretos del amigo tan querido.

Pensó, como yo lo digo en alguna parte: ni cuando se trata de revindicar la reputación de un muerto es lícito rasgar el velo de la miseria humana.


  1. En francés, “fiacre” designa un carruaje de alquiler, de un solo caballo, con cochero, que se alquilaba por horas o por carrera. Incluso en Italia, hasta el comienzo del siglo XX, los conductores de carruajes destinados al servicio público se llama “fiaccherini”.
  2. “Picar” de los caballos.
  3. Mansilla, Lucio. Diario de mi vida o sean estudios morales. Buenos Aires: Imprenta La Tribuna Nacional, 1888. Obra digitalizada por la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras.
  4. La expresión “caer a la birlonga” proviene del francés antiguo berlenc (tablero de ajedrez portátil), que a su vez viene del antiguo alemán bretling, diminutivo de bret (tabla). En castellano entró para referirse a un antiguo juego de naipes y también con el sentido de algo que se hace con descuido, al tuntún. La expresión peralea deriva de ese sentido de descuido pero el sentido original debió de ser el del juego de cartas, pues en francés estaba relacionado con un juego de mesa también, aunque en ese caso el del ajedrez.
  5. Emilia Pardo-Bazán y de la Rúa-Figueroa (La Coruña, 1851-Madrid, 1921), condesa de Pardo Bazán, fue una novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poetisa, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante española introductora del naturalismo en España. Fue una precursora en sus ideas acerca de los derechos de las mujeres y el feminismo. Reivindicó la instrucción de las mujeres como algo fundamental y dedicó una parte importante de su actuación pública a defenderlo. Entre sus novelas, una de las más conocidas es Los pazos de Ulloa (1886). Casi todas sus obras se hallan digitalizadas en el portal de la Biblioteca Nacional de España. (VIAF: 51699645).
  6. “Cantar la palinodia” es una expresión, hoy en desuso, derivada de la palabra griega palinodia, que significa retracción de lo que se ha dicho y se aplicaba al acto por el cual una persona en cumplimiento de alguna providencia judicial se desdecía de aquello que había dicho en daño o descrédito de otra. (Extractado de Enciclopedia española de derecho y administración o Nuevo teatro universal de la legislación de España e Indias: C-Cas. Tip. de Antonio Rius y Rossell. 1848. pp. 474).
  7. Ver Página breve del 2 de agosto de 1909.
  8. El Berliner Tageblatt (BT, muchas veces referido por Mansilla como “el Tag”) fue un periódico alemán publicado en Berlín entre 1872 y 1939. Junto con el Frankfurter Zeitung, el Berliner Tageblatt se convirtió en uno de los periódicos liberales alemanes más importantes de su tiempo. (Extractado de VIAF: 181550512).
  9. Louis Charles Joseph Blériot (Cambrai, 1872-París, 1936) fue un pionero de la aviación en sus facetas de piloto, fabricante y diseñador de aeronaves. (VIAF: 71401338).
  10. The Observer es un periódico inglés que se publica los domingos (su edición digital: https://www.theguardian.com/observer). Sigue la misma línea ideológica que The Guardian y The Guardian Weekly: social liberal o social democrática. Fundado en 1791, es el periódico dominical más antiguo del Reino Unido.
  11. El Daily Mail es un periódico británico, de tamaño tabloide y dirigido a las clases medias. Es actualmente el segundo periódico más leído en el Reino Unido (luego de The Sun) con una tirada de casi un millón y medio de ejemplares. Harmsworth (Lord Northcliffe) fundó el Daily Mail en mayo de 1896, con el objetivo de llegar a la clase media-baja recién alfabetizada con una publicación de corte sensacionalista. Tras su muerte en 1922, el diario pasó a ser dirigido por su hermano Harold, más tarde conocido como Lord Rothermere.).
  12. Benjamín Vicuña Mackenna (Santiago, 1831-Viña del Mar, 1886). Abogado, político y escritor del Partido Liberal. Fue Intendente de Santiago entre 1872 y 1875, Diputado entre 1864 y 1876 y Senador entre 1876 y 1885. Candidato a la Presidencia de la República en 1876. (VIAF: 19691022/).
  13. Creemos que se refiere al libro El ostracismo de los Carrera (Santiago de Chile, Imprenta del Ferrocarril, 1857).
  14. John Cam Hobhouse, primer Barón de Broughton (1786–1869), conocido como Sir John Hobhouse, fue un político y cronista británico, autor de diversas obras, entre ellas la que cita aquí Mansilla, Recollections of a Long Life, de 1865. (VIAF: 56611273).


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