Martes 27 de Julio de 1909
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, julio 2.
No necesito recomendar al conferenciante que oí otra vez días pasados. Baste decir que se llama Lamarzelle.
Estudió, para empezar, la obra de los monjes de la Edad Media, que fueron los organizadores de la industria bajo el doble aspecto material y moral.
Hizo ver cuán dulce era la condición de los siervos bajo el gobierno de la iglesia y cuánto era bueno vivir bajo su báculo pastoral trabajando.
Alrededor de los monasterios se formaban aglomeraciones que se han vuelto ciudades. Casi todas las que en la hora presente llevan nombre de santos vienen de esas aglomeraciones en torno de los conventos.
Bajo el aspecto moral, son esas agrupaciones las que han ennoblecido, digamos, al trabajo manual.
La idea de que el trabajo envilece es una idea pagana que nos viene de la antigüedad; es a la doctrina cristiana a la que se le debe que ya no sea menospreciado.
Y Voltaire mismo, observó el señor Lamarzelle calificando la religión cristiana de “religión de zapateros y sirvientes”, le ha hecho el mayor de los elogios al cristianismo, religión de igualdad.
Esa idea de que el trabajo es servil fueron sobre todo los monjes los que contribuyeron a extirparla, trabajando ellos mismos.
El senador del Morbihan entró en seguida a examinar el régimen corporativo en la Edad Media, e hizo ver el gran lugar que supieron conquistar los antiguos siervos trasformados en artesanos. Así fue pues como se produjo la liberación individual y colectiva.
Hizo después un cuadro muy animado del movimiento comunal y corporativo en la Edad Media, indicando el verdadero origen de las corporaciones: las corporaciones se fundaron a sí mismas por la fuerza de las cosas, porque, en todo país donde el legislador impone su voluntad, la corporación tiene que nacer y nace de idéntico modo como ha nacido el feudalismo.
Es así como se fundan todas las asociaciones cuyo fundamento está en la naturaleza humana, en la justicia y no en lo arbitrario.
La condición de esos artesanos era en todos sentidos mucho mejor que la de nuestros actuales trabajadores. El obrero de la Edad Media era más libre que el obrero del siglo veinte, ha escrito Anatole France* mismo: ¿Qué más?
En muchos puntos, dijo, terminando el orador, nuestros padres de la Edad Media podrían darnos lecciones.
El New York Herald[1] ha abierto “una enquete[2]”.
Quiere saber el gran órgano americano y parisiense por qué está en decadencia la novela novelesca o el romance romántico.
Varios ingenios han dado ya su opinión.
Yo tengo la mía sin serlo.
No es que falten escritores de talento.
Es que el diario noticioso, con su información diaria reflejando cuanto pasa, hace hasta cierto punto innecesaria la creación imaginativa.
En él hallamos todo cuanto puede satisfacer la curiosidad, con tantos detalles y reflexiones que la vida real resulta más dramática que la ficción misma.
Y vivimos tan aprisa que no hay tiempo para más en general.
El diario es así tan necesario para el alimento del espíritu como una colación material para mantener las fuerzas corporales.
Agréguese a esto que el libro requiere atención sostenida, en tanto que al diario le basta curiosidad, y que es tan barato y todavía que, bien o mal hecho, es una especie de biblia política para el abonado.
Mi diario es tal o cual, dice el lector, y por él jura, mientras que mi libro no se estila si no por excepción.
Además, el prestigio del diario suele consistir en su misma frivolidad, y en que casi siempre es personal y un poco mala lengua o parcial, todo lo cual se aplica con cierta fruición inconfesable.
Son ustedes, muchos felizmente, los que escriben, y bien, y yo uno solo para leerlos.
Con que así, sepan que he recibido lo que me han mandado, ¡gracias por el recuerdo! y esperen…
Ya hablaremos por su orden, con Magnasco, sobre Fueros parlamentarios y automóviles; con Ballvé[3], el marino; con Menchaca*, el músico idealista; con Blanco[4], sobre Los problemas del analfabetismo[5]; con Lamas[6], sobre sus Etapas de una gran política[7] y sobre Les Armées Ruses en Marnchouri[8]; de Rostagno[9], trabajos todos que exteriorizan la variada mentalidad argentina.
Busque el que quiera informarse con mayor prolijidad las cifras comparativas de las últimas estadísticas europeas.
Yo me concreto a afirmar una cosa curiosa: que Francia es uno de los países donde más se casan y donde, a la vez, la población disminuye de un modo “inquietante”.
España ha puesto a la moda el galicismo; yo no quiero ser más español que mis abuelos. Con que hasta han castellanizado este modo de decir “bello gesto”, traduciendo así “beau geste”.
En cuanto a las defunciones, disminuyen.
El coeficiente más bajo a partir del siglo diez y ocho acaba de ser “constatado”, y van dos.
¿Y el divorcio?
Esto no disminuye.
La sociedad lo fomenta con su tolerancia. Yo estuve no ha mucho de visita en una legación y me topé con dos matrimonios que habían permutado sus caras mitades… olvidando muchas cosas pasadas.
“Honni soit qui mal y pense[10]”.
Waverley sigue con su estudio La Inglaterra desconocida y yo con mi fácil tarea de entresacar y traducir, acortando, lo que puede ofrecer interés a mi lector argentino, el único que me preocupa, o el que principalmente deseo tener al corriente del pensamiento ilustrado de ciertos observadores de por acá.
Hoy le toca el turno al capítulo: “El parlamentarismo no es perfecto sino en Inglaterra”.
Diríase, escribe Waverley, que las islas británicas son vecinas de la constelación de Orión y que es imposible saber lo que en ellas pasa.
He leído en muchos diarios católicos franceses, pero como los españoles de los “Brigands”, hay gentes que se dicen católicas y que no son absolutamente católicas, los comunes habían votado la abolición de las incapacidades católicas y la modificación de las palabras injuriosas (superstición e idolatría) que se hallan en el juramento de la coronación.
Pues es todo lo contrario.
El bill presentado por M. Remond ha sido votado en primera lectura (es nuestro en general), por diez votos de mayoría; en seguida ha pasado a un “comitee” de toda la cámara, lo que equivale a un entierro de primera clase. No se oye hablar más de ello. Es una pequeña mayoría ciertamente de los antipapistas en triunfo. Así, pues, los católicos continúan afligidos por una incapacidad que no atañe a los judíos. Después del voto en segunda lectura, un bill debe ser enviado a un “Select Comitee” que hace un “report”. Luego viene la tercer lectura. En seguida el bill pasa a los lores, donde vuelve a pasar por las mismas operaciones. Si hay enmienda, vuelve a los comunes (como ahí y de allí vuelve a los lores). Cuando ha pasado triunfalmente por todos estos asaltos y pruebas, es sometido al “Assent” del rey; solo entonces se convierte en “Act”, ley.
El parlamento es perfecto en Inglaterra. En Inglaterra solamente, porque es la obra de los siglos y porque se compone de los tres Estados del Reino. Los lores espirituales, los lores temporales, y los comunes, de una cámara hereditaria, toda poderosa, y de una cámara baja elegida mediante un sistema en el que la posesión del suelo tiene todavía toda la influencia. De ahí que una caricatura de este régimen, ya sea en Francia, en el Japón, en Italia o en Turquía, solo puede producir la corrupción, la anarquía, lo que vemos en los países nombrados.
El príncipe de Bülow* tenía razón cuando decía en el Reischstag que rogaba a Dios preservara a Alemania del parlamentarismo. No hay parlamentarismo allí donde no existe una nobleza hereditaria; donde la Iglesia no tiene un lugar en las asambleas, donde todo hombre tiene la igualdad del voto. “The masses are asses” las masas son asnos, dice un proverbio.
Déseles el nombre que se quiera a las constituciones, que afligen más o menos a la humanidad; pero que no se diga que se copia al parlamentarismo inglés, porque esto no prueba sino sencillamente que no se le conoce.
Después de Swinburne, desaparece Meredith*. Decía él: entre yo y el pueblo inglés hay algo de antipático.
No daba la razón.
¿No sería que volaba muy alto y que siempre defendió con desinterés las más nobles causas, siendo estas su única preocupación?
Nunca es tarde, como en los subsecuentes renglones se verá.
El antiguo escritor y orador socialista, autor del curioso libro Du diable a Dieu[11], lo ha mandado al diablo al otro y acaba de hacerse religioso.
Está en el convento de benedictinos de Chevetogne en Bélgica, y escribe contentísimo de su evolución redentora, rogando a los hombres de buena voluntad que lo divulguen.
Está hecho.
Se acabó la disputa. ¡Qué tiempos! Ya se ha descubierto en las ruinas de Babilonia la mano que escribió en el frontón de la sala del banquete el famoso “Mené Thesel Pharés”.
Y el otro día, en la Academia de Bellas Letras, ha quedado zanjada la cuestión, a saber: ¿qué quedó en el fondo de la caja de Pandora?, ¿que no era caja sino vaso?
Ustedes conocen la leyenda mitológica: las virtudes se fueron al Olimpo, y los vicios se desparramaron por el mundo.
Pues lo que quedó en el fondo del vaso, según algunos lo creían, no es chica compensación: la Esperanza.
Con que así, óigalo todo caminante y que cese o disminuya su aflicción si no está contento con su suerte, lo que es probable.
Cuando la mayoría piensa del mismo modo, alguno no se equivoca: hay que buscarlo en la minoría.
Los unos viven en el pasado, este en el presente, los otros en el porvenir, y los más prácticos me parecer los que olvidan, estando expuestos los últimos a equivocarse queriendo ver demasiado lejos.
En la vida que no es vida del trabajo, de la faena, la literatura tiene que representar una gran parte.
Refresca la mente, estimula el espíritu, e introduce al lector en mundos que, sin su ayuda, no se podrían conocer.
Cowper dijo una vez: me ha sorprendido la paciencia de los Antidiluvianos, sus librerías (bibliotecas) estaban insuficientemente surtidas, ¿cómo pues podrían soportar setecientos u ochocientos años de vida?
Filosofía: “A un hombre se le puede juzgar por su biblioteca”, escribió Bentham[12], y el profesor Sidgurck[13] ha dicho: “Una biblioteca es una universidad barata”.
Como si acción fuera reflexión, hay hombres que creen que porque se mueven meditan, y así resulta que si se equivocan lo atribuyen a que no tienen suerte.
“Pinto ideas, no cosas”, dijo G. F. Watts[14], “pinto principalmente porque tengo algo que decir: ya que se me ha negado el don del lenguaje elocuente, me sirvo del pincel. Mi intención no es tanto agradar al ojo como sugerir grandes ideas que hablen a la imaginación y al corazón y despertar todo lo que es mejor y más noble en la humanidad”.
Si ese fue el ideal de uno de los más grandes artistas. ¿Quién lo sigue hoy en día, y quién da tal manjar a los que tienen hambre de ello?
Conteste el que se considere habilitado para tan espinosa replica.
Un escritor que parece conocer a fondo la sociedad y las costumbres del segundo imperio napoleónico, acaba de dar a luz un segundo volumen exclusivamente consagrado al duque de Morny, hermano de la “main gauche” de Napoleón III, que lo era también de la mano izquierda.
Diríase que en esta familia no hay mano derecha, observa un crítico del autor cuyo nombre es Frederic Lolliee[15], y otro, William Grahan, escribe: “Para los que saben leer entre renglones, el verdadero emperador de los franceses no era Napoleón III sino el duque de Morny”.
Tiene este libro un prestigio de alcoba tan grande que es raro hallar quien deje de preguntar “¿ha leído usted el segundo volumen de Lolliee?”.
Yo solo lo menciono para recomendar que donde haya damiselas no lo dejen sobre las mesas a tiro de ballesta de la curiosidad.
Vivir en un país, por cualquier razón, y no ocuparse algo de lo que en él pasa es como no ver la luz teniendo los ojos abiertos. Imposible.
Digo esto a guisa de explicación por la frecuencia con que llamo la atención de ustedes hacia publicaciones francesas.
Hoy, por ejemplo, tengo que repetir que lean, mis amigos, el notable análisis sobre la “decrepitud” de Francia, cuyo autor debe saber lo que dice por dos razones principales, es francés y escritor ya hecho, con nombre.
Me refiero a René Lavollée y a su reciente libro Les Fleaux Nationaux[16].
El gran problema, eje de sus reflexiones, es la despoblación de Francia comparando el hecho indiscutible, cuestión de estadística, con el crecimiento de Alemania.
Aquí parecen conejos.
No doy cifras porque el lector curioso, ávido de detalles prolijos, ha de preferir hacerse con el mencionado libro.
Las causas que Lavollée atribuye al mal son numerosas. Entre ellas anota: la emigración de la población rural a las ciudades, el servicio obligatorio, las leyes sobre mandas y herencias, y sobre todo, oído a la caja, paisanos, el materialismo que domina la mente de la nación, materialismo que oblitera el sentido moral del deber como lo están probando los crímenes tan frecuentes contra la familia, la propiedad y la vida, en una palabra, contra la sociedad, materialismo, en fin, al que debe atribuirse el creciente y alarmante número de suicidios.
La New Ireland Review, comentando hace poco este libro, halla la raíz principal de los males apuntados por Lavollée, en que Francia ha abjurado en su política nacional lo que constituía su fuerza de campeón del progreso, de la cultura, de la libertad, léase: el cristianismo.
- El New York Herald fue un periódico de orientación demócrata, gran circulación en la ciudad de Nueva York entre 1835 y 1924. El primer ejemplar apareció en 1835, publicado por James Gordon Bennett. (Extractado de VIAF: 186438588). ↵
- Encuesta.↵
- Horacio Ballvé (1873-1925), marino creador de un observatorio meteorológico, magnético e hidrográfico en la isla de los Estados. ↵
- Creemos que se refiere a José Bianco, educador y político, padreo del escritor del mismo nombre. ↵
- Libro editado por G. Mendesky e Hijo, Buenos Aires, 1909.↵
- Pedro S. Lamas (Montevideo, 1846-Montevideo, 1922), fue un escritor uruguayo, autor de varios estudios económicos y políticos en torno a la región del Río de la Plata. ↵
- Lamas, Pedro S. Etapas de una gran política: el sitio, la alianza, Caseros, el Paraguay. Montevideo: Imprenta Charaire, 1908. ↵
- Libro editado en París, por la imprenta Breuer, en 1909.↵
- Creemos que se refiere a Enrique Rostagno, coronel del ejército de Roca y uno de los miembros del cuerpo militar que, a lo largo de sucesivas arremetidas desde fines del siglo XIX hasta principios del XX, exterminó y diezmó a las poblaciones indígenas del territorio de Chaco y Formosa. ↵
- “Deshonrado sea el que mal piensa”.↵
- Retté, Adolphe (1863-1930), escritor, poeta y periodista francés, ateo y un materialista militante en su juventud y convertido a ferviente católico en su madurez. Autor, entre otras obras, de la que menciona aquí Mansilla : Du Diable à Dieu: Histoire d’une Conversion (Prefacio de François Coppée. París, s/e, 1907).↵
- Jeremy Bentham (Londres, 1748-Londres, 1832), fue un filósofo, jurista, economista, escritor y reformador social inglés considerado como el padre del utilitarismo moderno (que también recibió el nombre de “radicalismo filosófico”. (VIAF: 59078842). ↵
- Tal vez se refiere a Henry Sidgwick (1838-1900), filósofo utilitarista y economista inglés, activo defensor de la educación superior de las mujeres y de la investigación médica. (VIAF: 36986233). ↵
- George Frederick Watts (1817-1904) fue un pintor y escultor inglés victoriano asociado con el movimiento simbolista. Son famosos sus trabajos alegóricos, tales como Hope (Esperanza) y Love and Life (Amor y Vida). Estas pinturas fueron pensadas para formar parte de un ciclo épico simbólico llamado House of Life (La Casa de la Vida), en la que todas las emociones y aspiraciones de la vida serían representadas en una lengua simbólica universal. (VIAF: 10095477). ↵
- Creemos que el libro al que se refiere aquí Mansilla es Le Duc De Morny, de Loliée, Frédéric (1856-1915). ↵
- Lavolée, René. Les Fléaux Nationaux: Dépopulation, Pornographie, Alcoolisme, Affaissement Moral. Paris, 1909, s/e. Disponible en línea.↵






