Miércoles 1° de Diciembre de 1909
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, noviembre 6 de 1909.
Lo prometido es deuda, pero no puedo hoy día ocuparme de libros argentinos. Tienen Vds., los más directamente interesados en la cosa, que esperar todavía.
Lo repito, soy repetidor, esperar es bueno: contiene mucha ilusión.
Hablemos de algo ejemplar, de algo donde no se conoce la pena de muerte: de la República de San Marino[1], que es la más pequeña y una de las más antiguas del mundo. Acaba de elegir a sus dos presidentes pues, aunque sea chica, también ella tiene por las dudas dos cabezas.
En este sentido los argentinos, con la ley de acefalía, resultamos los hombres más previsores del mundo.
Se lo debemos a la guerra del Paraguay.
San Marino no les llama a sus dos primeras cabezas presidentes. Oficialmente, su nombre es capitanes regentes de la república.
Estos dos magistrados supremos del Estado minúsculo duran en sus funciones dos años y en esta ocasión los que han merecido la confianza popular son el comendador Mariano Borbiconi, un noble, y Giacomo Marcuci, un paisano.
La república de San Marino hace así acto de electismo político para que nadie tenga motivo de murmurar.
“¡O Fortunatos nimium[2]!…”
¡Ya lo creo! Lejos moralmente de todo, enclavada en las pintorescas montañas de la deliciosa Italia Central, ¡si serán allí felices ignorando las cargas del presupuesto!
Nadie paga impuesto y hace cinco años que las cárceles no han visto pasar por sus puertas un solo delincuente, y son siete mil y pico.
En cuanto al suicidio, no hay memoria de semejante atentado contra la naturaleza.
Suicidio acabo de escribir, y ¡qué coincidencia!, recorriendo un diario por vía de información matinal y de reposo (es un descanso, no es verdad, mañana y tarde) veo unas cifras, leo, ¡cuánta tristeza!
Dicen que de algunos años a esta parte el número de los suicidas aumenta en Francia de un modo desconsolador.
La estadística oficial verá así:
En 1902… 8.716 suicidios.
En 1903… 8.885.
En 1904… 8.876.
En 1905… 9.336.
En 1906… 9.232.
En 1907… 9.945.
De estos 9.945 suicidios en 1907, unos 30 apenas tenían 16 años, 328 de 16 a 20, 978 de 70 a 80, y 214 más de 80.
Las estaciones tienen marcada influencia sobre los suicidios.
Durante los meses de noviembre y diciembre son menos numerosos (603 y 635).
Al contrario, en abril, mayo, junio y julio: 1011, 1018, 972 y 1912.
Curioso que en esos meses, tan lindos, sea precisamente cuando el hombre siente con más intensidad el tedio o la desesperación, ¡que lo arrastra a buscar reposo atentando contra sí mismo!
El modo de suicidio más preferido es la horca: 4041 entre 9945; 2501 se han ahogado; 1362 se han suprimido mediante armas de fuego; 728 se han asfixiado; 317 se han arrojado de una gran altura; 298 se han hecho aplastar; 249 se han apuñalado y 214 se han envenenado. (Hay donde elegir).
Por mi parte, todos esos modos de eliminarse de la superficie terrestre me parecen peores.
Antes, cuando joven, lo confieso, el suicidio me hacía el efecto de un acto de valor: lo que es ahora, no solo me hace el efecto de un crimen contra natura sino que suicida y loco, según mi ciencia de la vida, me suenan en la conciencia como sinónimos.
Como al conversar con ustedes en esta forma tengo mi idea, lector paciente y amable, he aquí algunas cifras más, y con ellas basta por hoy de números.
El ministro inglés Lloyd George dice que el total pagado por pensiones a la vejez desde el 1° de enero hasta el 2 de septiembre, ha sido en 1909: Inglaterra y Gales, libras esterlinas 3.270.000; Irlanda, 1.541.000; Escocia, 593.000; total libras esterlinas 5.404.000.
El número de los pensionados en los tres países en el 30 de junio fue el siguiente:
Inglaterra y Gales, 410.000; Irlanda, 184.000; Escocia, 73.000.
De lo dicho al principio, se colige que no he distribuido el tiempo bien, o que todavía no me ha sido posible revisar o leer el montón de libros argentinos (va creciendo), cuya lista consigné en una de mis anteriores. Vuelvo así a decirles a los autores que han requerido mi opinión: tengan paciencia.
En el intertanto, me quedo filosofando sobre lo que aquí va:
“Si todos los libros se redujeran a su quinta esencia, muchos autores voluminosos cabrían en un folleto de dos centavos”.
Así escribió el gran hombre José Addison[3], hace muchos años, y el dicho es más cierto hoy día que entonces.
Y la cuestión es si debemos privarnos de saber lo que “el autor voluminoso” tiene que contarnos, porque algunas gentes se oponen (o tienen aversión) al “folleto de dos centavos”, que solo hace posible, para muchos, la lectura y el conocimiento de los grandes espíritus o pensadores del mundo.
El señor Arturo Mee[4] ha resuelto el problema, para algunos de nosotros, con una publicación titulada The World’s Great Books, o Los grandes libros del mundo.
La primera parte vio la luz pública hará dos semanas. La obra constará de cuarenta y dos partes quincenales, y el precio será de siete peniques cada una.
Desfilarán mil obras de arte (chef d’oeuvres) de la literatura de “todas” las naciones en versiones condensadas, de modo que todo espíritu ágil y activo puede familiarizarse con las ideas principales de todos los grandes entendimientos de la literatura en el espacio de tiempo que necesitaría el lector habitual para recorrer varios tomos.
Como quien feo ama bonito, le parece digamos: serán “Páginas breves”, eso sí, un poco más sustanciales que estas, cuya banalidad y “platitud” o insulsez yo mismo suelo apercibir, como el cocinero de mi cuento de marras, el del inolvidable general Guido, que hallaba incomibles sus propios potajes. ¡Ay de mí! doy lo que poseo, tanto me entretiene charlar con ustedes.
Si escribo para todos, como en efecto lo hago, hay que tener presente lo que escribe un maestro de literatura inglés: “Popular letures cannot be good literature”.
Es decir, que las lecturas para el pueblo no pueden ser literaturas.
En esta primera parte figuran encerrados dentro de 144 páginas, ¡qué mosaico!, Edmond About, Paul Adam, Harrison Ainsworth, Hans Anderson, Abelardo y Eloisa, cartas, San Agustín, Confesiones. Más, pero sobre historia; Aristóteles, Addison, Esquilo, Esopo y Mathew Arnold, Ensayos de crítica.
Lástima que la cosa esté en inglés, lengua que el lector sudamericano no domina generalmente, prefiriendo hacer empréstitos en Londres a comprar libros allí editados.
Pero ya se anuncia una traducción en francés.
Las fiestas de Boulogne Sur Mer, en memoria del gran capitán, han tenido una buena prensa; de modo que el ilustre guerrero y sus compatriotas han sonado y sonado como cuando los clarines tocan a diario. Así hasta en la tumba San Martín sirve con brillo a la patria.
La victoria ha sido completa, y nuestros ejércitos y nuestros compatriotas y todos los que aman a la Argentina, deben estar satisfechos del éxito alcanzado por sus representantes de mar y tierra.
Un nuevo eslabón une nuestra tierra hospitalaria a este bello país de Francia. Tienen, pues, motivo legítimo de sentirse orgullosos los que tuvieron la idea, realizada, de erigir un monumento a la memoria del vencedor de Chacabuco y Maipú, allí precisamente donde exhaló el último suspiro, pasando venerado a la posteridad.
No han faltado, sin embargo, las referencias equivocadas siempre que se escribe la historia antigua o moderna, por los que no se han rozado con los hechos sino como aficionados.
Por ejemplo, el Graphic*, diario semanal ilustrado de Londres, al consignar en una hermosa página la estatua de San Martín, dice que había nacido en la República del Uruguay y que fue el libertador de la República Argentina.
Esto va largo, acortemos, y ya que en nuestra última plática hablamos de criminalidad, he aquí algunas reflexiones que extracto homeopáticamente de un Estudio del doctor Paul Degine.
Pienso, como él, que sería de desear que la sociedad, en vez de castigar los crímenes, se pusiera en estado de evitarlos, en lo posible.
Pero las estadísticas transparentan que no es así.
En una de mis últimas decía a ustedes, ¿lo recordarán?, que en Francia, cuya civilización tanto se cacarea con más o menos fundamento, el número de criminales sabiendo leer y escribir es mucho mayor, el doble de los analfabetos.
¿Causas? Son varias las del tan arduo problema, figurando entre ellas, como principal, la educación inadecuada, dado el estado concreto del país; lo que no significa que solo la educación sea una panacea infalible. No hay que perder de vista algo que frecuentemente se olvida al tratar de estas cuestiones, a saber: que la acción eficaz de la educación no se produce sino cuando el individuo es normal. Es decir, que cuando hay que habérselas con un degenerado criminal, los esfuerzos pasajeros de la educación poco pueden, ¡desgraciadamente! Los malos instintos innatos, son irreductibles, una transformación del individuo es algo fenomenalmente excepcional. Hay que tener en vista que inteligencia y moralidad no son como líneas paralelas y que muy mediocres inteligencias realizan ejemplarmente todos los deberes sociales.
Llego al punto principal dentro del orden de ideas apenas iniciado para no cansar la atención de ustedes.
Me refiero a los estragos del aguardiente, siendo la tierra argentina país de “alcohol”. Es el gran enemigo.
En la estadística del ministerio de justicia (estoy hablando de Francia) está la clave: son las profesiones en que más se bebe las que más criminales suministran.
El alcohol hace así del padre un criminal de ocasión y del hijo un criminal de nacimiento y en esto, como en tantas otras cosas, tiene razón generalmente la preocupación popular cuando dice: tales padres, tales hijos.
Hay entonces que combatir de todos modos el alcoholismo, con prudente previsión, como en Alemania, a fin de no perjudicar, por otra parte, ricas industrias que a tantos pobres dan de vivir.
El problema es formidable, tanto que en el estudio de la referencia se lee al concluir “on peut dire que la France se meurt de cet alcool, source du crime”.
En unas horas como estas, de lucha del ideal contra el materialismo, no pueden dejar de ser leídas con provecho, son páginas tónicas, las que acaba de dar a luz el abate Henry Bremond[5] con el título de L’Inquietud Religieuse[6].
Hace bien leerlas. Léanlas hasta los que solo sean curiosos de bibliografía.
La posteridad es tardía pero segura aunque haya a veces que esperar siglos. Diríase que el alma de los que no fueron justos o indulgentes en vida incitan desde el otro mundo a levantar estatuas, tantas son las que en los tiempos que alcanzamos en este mismo momento, se alzan por todas partes. Y esta reflexión me hace pensar en que Buenos Aires no tiene un monumento consagrado a la memoria del hombre prominente, soldado, estadista, escritor y orador, de coturno clásico, del que fue amigo, secretario y confidente, del que más íntimamente penetró en sus concepciones, en sus planes y en su corazón. Hablo de San Martín y me refiero al general don Tomás Guido[7], padre del amado Carlos, el poeta exquisito, doliente y resignado.
- La Repubblica di San Marino es una república parlamentaria y el Estado soberano más antiguo del mundo. Es un enclave rodeado de territorio italiano, entre las regiones de Emilia-Romaña y las Marcas. La mayor parte de su territorio corresponde a las laderas del monte Titano, de 739 metros, y se encuentra a 10 kilómetros del mar Adriático, por lo que, dada su ubicación, el Estado no tiene salida a dicho mar. San Marino es una de los tres únicos estados soberanos enclavados sin litoral del mundo (estados cuyo territorio está completamente rodeado por un solo país). Es, además, uno de los seis micro-Estados europeos. (VIAF: 314808075). ↵
- “¡Oh, muy afortunados!”. ↵
- Tal vez se refiere a Joseph Addison (1672-1719), escritor y político británico, secretario de Estado.↵
- Arthur Henry Mee (1875–1943) fue un escritor, periodista y educador inglés, editor de varias colecciones de difusión masiva, tales como: The Harmsworth Self-Educator, The Children’s Encyclopædia, The Children’s Newspaper, entre otras. La que menciona aquí Mansilla fue, al igual que la colección Worlds History, una edición en varios tomos, de aparición quincenal y tirada masiva, que hicieron accesible al gran público este tipo de bibliografía. (VIAF: 30567632). ↵
- Henri Bremond (Aix-en-Provence, 1865–Arthez-d’Asson, 1933) fue un erudito historiador y filósofo católico de formación jesuita de la escuela moderna francesa de teología. Entre sus obras, cabe mencionar: La Littérature religieuse d’avant-hier et d’aujourd’hui (1908); La Provence mystique au XVIIe siècle (1908); Nicole (1909); L’évolution du clergé anglican (1909). (VIAF: 29570131).↵
- Bremond, Henri. L’Inquiétude Religieuse. Paris, Perrin, 1909.↵
- Tomás Guido (Buenos Aires, 1788-Buenos Aires, 1866) fue un militar, diplomático y político argentino. Actuó en las Invasiones Inglesas y adhirió a la Revolución de Mayo de 1810. (VIAF: 40603333).↵






