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EL DIARIO

Martes 23 de Noviembre de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 30.

     

Los que de este lado de los mares ven la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, suelen decir de los países de Sud América que en esas tierras todo es revolución.

Y hay algo de eso.

De ahí que Mitre el grande pronunciara esta palabra: “Más vale una mala elección que una buena revolución”.

Yo digo, la cosa va revuelta, pero lo que claramente puede percibirse, si se observa con serenidad, es que evolucionamos, imitando en mucho a los Estados Unidos sin haber alcanzado a tener como ellos, ¡no es chica suerte!, un lago Salado con mormones, ni presidentes de la república que hagan discursos como sermones en sus templos.

Tanto evolucionamos, que en otro tiempo la mujer fumaba en la mayor parte de las provincias, en las del litoral sobre todo, exceptuando en parte Buenos Aires. ¿Y ahora? La costumbre no ha desaparecido del todo. Solo ha ido disminuyendo a medida que se ha ido repitiendo que las damas no fuman en Europa, lo que no es cierto en absoluto.

Bueno, estoy con curiosidad de saber, de ver qué va a pasar en mi tierra cuando sepan en Buenos Aires, que en todo da la nota chic allí, cuando lean que en los Estados Unidos de Norte América, las jóvenes les encargan ya a sus joyeros portacigarrillos de oro y piedras preciosas que, atados a una cadenita, llevan a guisa de pulsera.

Fuman sin ocultarse en la mesa a la hora del lunch y de la comida. Les gusta mucho, dicen, ver subir al cielo raso las espirales azuladas, y así los hombres no tienen el pretexto de dejarlas, yéndose al fumoir.

Las dos ardientes promotoras de esta evolución social, de este nuevo “fad”, como se dice en inglés, son, cosa curiosa, la nonagenaria lady Dorothy Noville, que Bernard Shaw declaró absurda cuando adhirió a la liga contra el tabaco, y mistres Hubert Bland[1], cuyos libros según deben ustedes saberlo, han adquirido una gran popularidad en este y en el otro lado del Océano[2].


Una razón o un pretexto más, lectores míos, para venir a París será la noticia que voy a esforzarme en dar a ustedes, como de costumbre, casi en forma telegráfica.

Un médico parisiense cura las enfermedades más diversas, más contrarias, más heteróclitas, cauterizando el interior de la nariz, de la nariz, no han leído ustedes mal.

Cura, o pretende curar, desde la jaqueca y la angina hasta el catarro y el asma, la lista es larga; y hay que incluir la neurastenia tan a la moda, como que, según algunos observadores, dicha dolencia ataca a los que tienen apuros de medio circulante.

Este médico, que ni de vista conozco (no se puede así hacer el juicio temerario de que doy esta noticia por vía de reclamo), dirigiéndose a la Academia de Medicina y la Academia de Ciencias, ha expuesto los fundamentos de su teoría y los resultados que ha obtenido. Estos últimos arrojan una estadística de apenas un diez por ciento no curados, no curados en 800 casos.

Entre ellos, figuran 45 casos de depresión moral y hasta de mareo, ¡4 sobre 7!

Con que así, los que no gusten de esos médicos que yo he visto y admirado más de cerca en tiempos de paz y de guerra, ya saben lo que tienen que hacer: vengan a París que, sin necesidad de facultativos, cura de no pocos males: el tedio, por ejemplo, agravando eso sí, desde luego, a los que ya vienen de por ahí con síntomas del mal que en un latín macarrónico llamaré “parunpecunia”, o sea, eso tan apetecido que Job no echaba de menos, ni el padre Adam, su precursor sin camisa.

¿Y el doctor de la referencia cómo se llama?

Pierre Bonnier[3].


Hace ya casi seis años que los hijos de San Bruno, o sea, los cartujos[4] de la Isere, cerca de Grenoble, fueron expulsados.

¿Qué han de acordarse ustedes de una correspondencia que escribí hará como quince años hablando de mi visita a la Gran Cartuja[5]?

Tiempo pasado, quiere decir en la mayor parte de los casos, olvido.

Resulta, según un prolijo estudio que se está haciendo, que monsieur Combes[6] se equivocó de medio a medio cuando creyó que el Estado embolsaría por lo menos un millar de francos, expulsando a los frailes.

La liquidación final es un chasco y basta esto.

Pero he aquí algo sobre esos cartujos del Delfinado que tiene su interés inspirando veneración.

Habla un testigo ocular:

“… El 29 de abril un repique, señal convenida, anunció a los padres que debían prepararse. El padre general don Michel Baglin le había escrito a monsieur Combes: solo la violencia hará que nuestros labios interrumpan sus oraciones”.

El testigo ocular continúa: “La puerta exterior fue derribada. Los magistrados y los gendarmes entraron, los monjes estaban en el coro rezando, resonaba el “Sub tuum”. “¡Salid!”, les intimó una voz tonante. No cederemos sino “ante la violencia”, se oyó. “¡Salid!”, volvió a oírse, y los gendarmes se acercaron a los sillones seculares de duro roble y uno por uno fue interrogado cada padre y la contestación de todos fue la misma: “Cedemos a la violencia”, y la réplica acercándose más y más fue esta ironía: “Estáis libres… ¡salid!”.

Libres, sí, pero con el apéndice del destierro, después de 800 años de vida ejemplar en aquellas soledades.

¡Qué triste cuadro el del fanatismo sectario!


Poco les hablo a ustedes de lo que se llama actualidad política por esta sencilla razón: las cosas caminan con tanta celeridad y son tan diversas en este mundo europeo, tan inesperadas, tan imprevistas, que lo de ayer ya es como viejo hoy día.

Por otra parte, nuestros diarios son tan profusos en materia telegráfica que cualquier digresión mía tiene que llegar tarde o fiambre.

Prefiero, pues, comentar lo menos posible en este orden de ideas y echarla más bien de profeta, como cuando insisto en decir a ustedes: abran el ojo, prevean que 1912 será un año rojo.

¿Y si me equivoco?

Cuento con la indulgencia de ustedes, y con ese olvido que, viviendo tan a prisa como vamos, salva el prestigio de tantas celebridades que no ven más allá de sus narices, que se equivocan o contradicen hasta casi renegarse.

El duelo es entre parientes, entre el tío y el sobrino. La cuña, para que sea buena, ha de ser del mismo palo.

Lean Vds que la Alemania acaba de lanzar su sexto Dreadnought*, que dentro de pocas semanas su séptimo acorazado gigante flotará en las aguas del norte, y que la Inglaterra lanzó solemnemente el otro día su octavo monstruo, el Neptuno, no tan grande sin embargo como el último alemán; lo cual quiere decir que no debe perder mucho tiempo si quiere conservar sobre su ambiciosa rival la superioridad de los armamentos marítimos agigantados.

Es algo prodigioso, no cabe otro nombre, la actividad de las construcciones alemanas.

Dice muy bien un mi amigo escritor francés: es menester que una voluntad verdaderamente fuerte (la del káiser*) presida esta obra nacional para que en pocos años haya sido posible realizar lo que se está presenciando.

Y, en efecto, los resultados del esfuerzo alemán, y alemán digo, porque detrás del káiser está el pueblo, no hay que equivocarse, esos resultados casi fantásticos van más allá de lo que fue posible prever o concebir no hace tanto tiempo cuando yo estaba, por ejemplo, en Berlín.

Y nada marca el límite del plan trazado por un pensamiento altivo acompañado de un método inflexible.

Es asombroso, ¿no es cierto que una nación que no tiene salidas sino por un solo mar, cuyas costas son tan poco extensas, cuya población marítima es escasa, se haya atrevido a disputarle la supremacía al pabellón de la Inglaterra, emperatriz, diré de los Océanos?

Tamaña audacia habría podido ser tachada de locura si todo un pueblo no hubiera aceptado resueltamente la responsabilidad y el peso.

Así la palabra del emperador, “nuestro porvenir está en el agua”, se ha hecho proverbial; y el mundo se asombra del hecho y la Inglaterra se alarma y solamente un optimista candoroso puede no divisar la gran tormenta que se prepara con motivo de este duelo “económico”, lo subrayo puesto que en el fondo de la fatal rivalidad lo que hay de positivo, de real, lo que no se confiesa, ya surgirán los pretextos, es que el imperio alemán aspira a la conquista de los mercados del universo.

¡Qué mundo de complicaciones europeas en perspectiva!

Nuestra América debe aprovechar la bonanza, insisto, insistiré, redoblando su esfuerzo material y moral en todos sentidos, porque el día en que truene el cañón por estos lados, la alarma y el sacudimiento a nadie exceptuará.

También ella tendrá que sufrir en sus intereses generales, que la civilización moderna se diferencia y se distingue de la antigua en que todas sus conexiones son solidarias.


A propósito de palabras que no están todavía en ningún diccionario, y por si alguno de ustedes tropieza con ella, he aquí la que la literatura moderna le debe a Sardou[7]:

“Marly-manía” se llama.

¿Por qué? Porque desde que conoció ese sitio en los alrededores de París, es decir, a Marly por esos lados de Versalles, ya no pudo vivir ni vivió en otra parte, convirtiéndolo así en un foco de atracción para muchos otros hombres de letras.

Es lo que nos cuenta en un estudio. No fue el paisaje solamente lo que le cautivó, fueron también los recuerdos históricos que rodean aquellos parajes.

Louvenciennes, Saint Cloud, Bougival y las ruinas del castillo creado por Luis XIV[8].

Cuando vengan ustedes por acá, no dejen de visitar los tan deliciosos sitios con el estudio en mano de Sardou, como yo cuando fui a Chartres con La catedral de Huyssmann[9].

No me acuerdo si he hablado a ustedes de esto alguna vez. Por las dudas, lo repetiré uno de estos días, aunque me exponga a que los memoristas piensen ¡fiambre! no siendo el caso de Horacio “bis repetita placent[10]”.


El tiempo es un capital que, bien empleado, siempre produce rédito. Los desocupados lo disipan y andan generalmente apurados, distribuyéndolo mal.

Monsieur Leon Bourgeois[11], con la gran autoridad de su nombre, se opone a la representación proporcional y formula, entre otras, la siguiente objeción:

“Una cámara elegida por la representación proporcional estaría expuesta a ser un campo dividido entre varios partidos, entre tantos que la formación de una mayoría sería dificilísima, conduciendo a una anarquía casi permanente”.

Se le observa y con razón, que si sus previsiones se realizaran, siendo fundadas, el argumento se volvería contra él mismo.

En efecto, una cámara de representación proporcional es la imagen fiel del país (de este país de Francia particularmente).

Si no hay mayoría en esa cámara es que no hay mayoría en el país.

Y entonces, ¿con qué derecho se pretende infligirle mediante los artificios del sistema “mayoritario” una política que la mayoría de los ciudadanos no aprueba?

Es la negación misma del sistema republicano y democrático.

Los temores de Monsieur Bourgeois nos parecen exagerados.

Es posible que la representación proporcional no asegure la preponderancia de ningún grupo determinado. Pero siempre se obtendrá una mayoría bastante para gobernar mediante una política suficientemente liberal en todos sentidos, de amplitud, política que reunirá los sufragios de dos o más grupos, es decir, de los partidos con más afinidades.

Vds. juzgarán de la fuerza de los argumentos de uno y otro.

Yo, teóricamente, soy partidario del escrutinio de lista y de la representación proporcional, y digo teóricamente porque lo que es práctico y factible tal día en un país puede ser impracticable o artificial en otro.

La política es ciencia, digamos, experimental y de sentido común.

No se gobierna con aforismos, ni con paradojas.

Así, por ejemplo, ¡qué bellos discursos oímos aquí! Algunas veces se me figura que oigo la entonación lírica de Lamartine; como el otro día Briand[12] incitando a la concordia a todo el mundo.

¡A buena hora!, exclaman algunos. ¡Eh! nunca es tarde. Por mi parte, deseando el bien para todos, soy extranjero, poco espero, sin embargo.

Estoy acabando por no entender jota, tanto y tanto se habla, se escribe y se hace en la dirección de la que se entiende por civilización y cultura que ciertos resultados perturban y horripilan.

Verbigracia esta: la última estadística del crimen, les ahorro a ustedes números, canta que en 1908, “los asesinatos”, basta esto, han sido un diez por ciento más que en 1907 con esta circunstancia: que los “analfabetos” resultan “dos” veces menos criminales que los “instruidos”.

Pues, señor, es como para desear que nuestros sucesores no sepan deletrear temiéndole lo más posible a los castigos del otro mundo, a esos que Dante pinta, como nadie, cuando guiado por Fleghias describe su visita con Virgilio a Dite, la ciudad infernal.

Y así concluyo este parrafito porque a la estadística de los crímenes y delitos de todos colores, que acaba de aparecer, los sociólogos de buena fe le ponen una nota, a saber: la escuela sin doctrina religiosa, por definición la escuela atea, es, a no dudarlo, la causa principal de este delirio de sangre en medio de tantas flores, de tantas cintas y perlas, de tanta elegancia y…


La municipalidad de Londres acaba de dar a luz un libro colosal, estupendo, en el que todo se cuenta por millares, por millones, por billones, libro de estadística comparada del que resulta que la gran ciudad, la mayor que se haya conocido, tiene nada menos que 7 1/2 (siete y medio) millones de habitantes.

Mírense ustedes en ese espejo, que tierra sobra, y adelante, siempre adelante.


  1. Hubert Bland (1855–1914) fue un periodista y escritor británico, famoso por su vida libertine y su ideología socialista, a partir de la cual fundó la Sociedad Fabiana, que se proponía ir incorporando el socialismo gradualmente a la sociedad y no a través de una revolución. (VIAF: 57806600).
  2. Entre ellos, cabe mencionar: With the Eyes of a Man (1905); Bread, Education: A Plan for the State Feeding of School Children (Fabian Society, 1905); Letters to a Daughter (1907); The Happy Moralist (1907).
  3. Pierre Bonnier (1861– 1918) fue un otorrino francés, famoso por sus investigaciones en los sistemas auditivo y respiratorio. Estableció el término “Síndrome de Bonnier” para designar una serie de síntomas relacionados por la sordera, el mareo, los disturibios ópticos, etc. (VIAF: 2603116).
  4. La Orden de los Cartujos (en francés Ordre des Chartreux y en latín Ordo Cartusiensis, abreviado «O.Cart.») es una orden contemplativa de la Iglesia católica, fundada por San Bruno y San Hugo en el año 1084. (VIAF: 129184449).
  5. El monasterio de la Gran Cartuja (Grande Chartreuse) es la casa-madre y principal monasterio de la Orden de los Cartujos. Está situado en la comuna de Saint-Pierre-de-Chartreuse, en el departamento de Isère, a pies del Grand Som, la cuarta cima más alta del Macizo de la Cartuja, en Francia. (VIAF: 141472293).
  6. Émile, Justin, Louis Combes (Roquecourbe, 1835-Pons, 1921) fue un político francés de la Tercera República, presidente del Consejo de Ministros entre 1902 y 1905. Tras recibir una educación religiosa y formarse durante varios años en teología, literatura y medicina, decide dedicarse a la política. Su ideología es liberal, democrática y profundamente anticlerical. En mayo de 1902 es nombrado presidente del Consejo de Ministros, dentro de la presidencia de Émile Loubet. La gestión parlamentaria de Combes se considera uno de los momentos culminantes del anticlericalismo republicano francés. Había frecuentes movilizaciones en favor de la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado y acciones contra las prácticas católicas, como las procesiones, protagonizadas por los librepensadores, en las que se produjeron numerosos incidentes sociales. En esta campaña anticlerical Combes se convierte en su símbolo y en su héroe, mientras que para los católicos es la encarnación del diablo. (Extractado y traducido de Lalouette, Jacqueline (2004). «Émile Combes, portrait d’un anticlérical». L’Histoire (289).
  7. Creemos que se refiere al dramaturgo Victorien Sardou (París, 1831–París, 1908), autor, entre otras, de las obras: La Tosca (1887); Cléopâtre (1890); Robespierre (1899); Dante (1903). (VIAF: 17229248).
  8. Los jardines del palacio de Marly, situado en Marly-le-Roi, en Yvelines, fueron construidos, en un principio, para el rey Luis XIV, que quería alejarse de Versalles, de los problemas y preocupaciones de la corte, en compañía de las personas por él más estimadas o cortesanos más allegados, aunque todos querían tener el privilegio de ser invitados al llamado «santuario de los santos»: el lugar en el que el soberano se sentía verdaderamente dichoso. El palacio fue destruido durante el Primer Imperio. Sólo se puede ver el suelo del pabellón real, de Jules Hardouin Mansart, en la pendiente del parque. (VIAF: 242273982).
  9. Creemos que se refiere a Charles Marie Georges Huysmans, más conocido como Joris-Karl Huysmans (París, 1848-ibídem, 1907). Los trabajos de Huysmans expresan un disgusto por la vida moderna y un profundo pesimismo, especialmente su obra más conocida, A contrapelo (À rebours, 1884), pero también otras, tales como La catedrale (1898); L’Oblat (1903); Les foules de Lourdes (1906). (VIAF: 41841635).
  10. “Las cosas dos veces repetidas, gustan”, refrán latino proveneinte de un verso del Arte poética de Horacio.
  11. Léon Victor Auguste Bourgeois (París, 1851–Marne, 1925) fue un político francés que, entre otros cargos, desempeñó el de delegado en representación de Francia en las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907 y el de miembro permanente de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. En 1920 fue galardonado con el premio Nobel de la Paz. (VIAF: 91513665).
  12. Aristide Briand (Nantes, 1862-París, 1932) fue un político socialista francés, primer ministro durante la Tercera República Francesa, considerado uno de los precursores de la unidad europea. En 1926 obtuvo el Premio Nobel de la Paz, junto al ministro de relaciones exteriores alemán Gustav Stresemann, por figurar ambos entre los impulsores de los Tratados de Locarno. Fue un propulsor del pan-europeísmo, en pos de la unión europea, planteado en su discurso de 1930 Memorando sobre la organización de un sistema de Unión Federal Europea. (VIAF: 49268606).


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