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EL DIARIO

Lunes 5 de Abril de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, marzo 12.

  

El asunto es más interesante para los franceses que para ustedes.

Pero lo que abunda no daña ―en esto de cómo deben escribirse los apellidos y en otros conocimientos más o menos útiles― ahí van unas cuantas carillas sobre Jeanne D’Arc.

Es un problema ortográfico en el que los investigadores de antiguallas se han dividido en dos campos. Dicen unos, entre ellos los arzobispos de Bourges, de Cambrai, de Rouen, de Besancon, y el cardenal Ferrata y otros más, laicos, que los orígenes de la cosa están en contra del modo como se escribe el apellido de la Virgen heroica.

El otro bando dice que no: que así Jeanne D’Arc está bien y no como se pretende Jeanne “Darc”.

Un tercer grupo arguye que si unificar es escoger hay que optar.

Se citan antecedentes remontando a los orígenes del caso, y en francés rezan con sus latines correspondientes:

1°. Lettres D’Anoblissement: “Karolus Del gratia… Johanna Darc, Jacobum Darc… Jacqueminum et Johannem Darc… et Petrum…”.

2°. Procés de condamnation: “Pater Darc Jacobus”.

3°. Acte d’accusation: “Jacobo Darc”.

4º. Procés de réhabilitation: “Isabellis Darc”.

Bastan estos. Hay otros en apoyo de “Darc”. Pero debo abreviar.

Los partidarios de la partícula contestan que se debe decir d’Arc, porque este nombre viene de que el padre de Jeanne era del villorio d’Arc.

¿Es esto seguro?

Alguno de los contrincantes observan que los antiguos eran poco meticulosos en trotes ortográficos y que hasta los apellidos resultaban estropeados.

En esta parte pienso como ellos y con razón me fundo: mi padre mismo en un tiempo escribía (¿por qué?) Manzilla con “ceta” en vez de “ese”.

Y un mi primo comerciante, lo era bajo la razón social de Adolfo Manzilla (con z) y compañía.

Todo esto como se ve es bien “caliginoso” (obscuro), y no cálido, lo hago notar, recalcando, porque ahí como en España según acabo de leerlo, a “caliginoso” lo hacen “caliente” lo mismo que a “álgido” lo hacen “agudo”.

Al que le caiga el sayo que se lo ponga.

Yo creo, no estoy de ello seguro, habérmelo puesto alguna vez.

Concluyo.

La doncella dijo en su proceso:

“Je ne suis qu’une simple bergére, ‘je n’ai jamais eu ni éau ní armes[1].

Y de aquí parte el sabio investigador Mr. Chousyy[2] para zanjar la cuestión optando por “Darc”.

Yo por mi parte seguiré escribiendo en francés “d’Arc” y en español “de Arco”.

¿Y ustedes?

Se me ocurre que aceptarán la tiranía del uso, baste con esto.

Al que me diga: “Hoy no he aprendido nada”, sea cual sea su condición material o moral, mi contestación será: “Amigo, usted no tiene memoria”.


Filosofía y Dios son dos palabras que no todos emplean dándoles el mismo significado, de donde resultan no pocos equívocos sarcásticos.


El juego de Golf, cuando no marcha (como sobre ruedas) sin contratiempo, presenta tantas analogías con las eventualidades molestas de la vida, que no hay duda de que personas de carácter irascible, displicente y fastidioso estarían mejor si no buscasen sus recreos en los “links”, (terreno preparado para el juego del “Golf”) dice el Lancet*.

Y como yo pienso siempre en ustedes, mis paisanos, y los que no lo son, si viven, trabajando, bien entendido, en el terruño querido queda consignada la observación para que tomen buena nota de ella los aficionados.


“¿Cómo es que continuamos viviendo tanto como vivimos?

“Per contra”, ¿cómo es que, una vez con vida, no seguimos viviendo siempre?

“Estas preguntas parecen tan elementales que ignorar la respuesta parecería grosero. Sin embargo, así es”, dice The Hospital en sermoncito laico intitulado: “Envejeciendo”. No sabemos ni lo que es la Vida, ni lo que es la Muerte, ni como ni por qué la una pasa a la otra. No es esto por falta de quererlo adivinar, pues se han consagrado muchos siglos y profundas meditaciones, en el reino de las conjeturas, a este asunto. Pero todas las especulaciones no nos han adelantado una jota; y aun ahora mismo cuando el problema sacrosanto de la Vida ha sido desde hace mucho tiempo circunscripto por biologistas, y sometido a la contemplación fría de la ciencia, estamos obligados a confesar que el secreto se mantiene admirablemente bien guardado.

“Aunque mucho se haya aprendido sobre los procesos o fases que acompañan la Vida, y sobre las condiciones que gobiernan su cotinuación o su conclusión, lo que es su esencia, cómo principia, y qué determina la decadencia gradual que llamamos senectud, en estas materias estamos aún muy mucho a oscuras. Los “Radiobes”, los reputados ejemplos de una generación espontánea bajo la influencia de las emanaciones del radium, ya han tenido su día (ya han pasado de moda) y nos han dejado como estábamos en los limbos inexplicables del primero y mayor misterio que el hombre haya encontrado en su camino, la Vida”.


Esto se relaciona con lo del otro día referente a la elección de la carrera periodística.

Mr. John St. Loe Strachey en un “speech” ante los miembros del “Club de Autores” ha preguntado si la literatura y el periodismo eran incompatibles.

La tarea de reconciliar el negocio con el arte de las letras, dijo, es una imposibilidad; pero con fe y coraje se puede arribar a dominar la imposibilidad.

Pero una revista, el Publisher’s Circular, declara que no hay frontera divisoria entre la literatura y el periodismo, que no la habido nunca, que no puede haberla, que no la habrá nunca, y que el periodismo es una expansión solamente de la literatura (la del Norte), que es una expansión de Inglaterra. Y así como la mejor literatura pasa a ser periodismo, el mejor periodismo pasa a ser literatura.

El Morning Post[3], terciando en el debate, escribe: Es difícil hablar de estilo. Lo que dijo Mr. Strachey sobre el asunto es verdad. Pero no entra a considerar la diferencia que establece entre periodismo y literatura.

Nosotros negamos la diferencia. La única diferencia que admitimos es la que consiste en escribir bien y escribir mal. Escribir bien es hacer buena literatura. Y el secreto de escribir bien consiste en tener algo que valga la pena de ser dicho, y dicho de manera que le cuadre al lector. (Soy completamente de esta opinión).

Agrega el Morning Post que para ser un buen escritor es necesario ser una buena persona (“good man”) no en el sentido de pura moralidad sino en el de la eficiencia. (Esto me parece un poco intrincado).

Por último, dice que el estilo indica el carácter y la calidad del carácter. (Esto se ha dicho ya en francés, “l’estyle c’est tout l’homme”[4]).

Si su cabeza está buena, clara, su expresión será lúcida.

(No siempre, hay excepciones, como Edgard Poe y Paul Verlaine).

Finalmente escribe: Si su asunto le interesa, hará que sus lectores se interesen en él. (Conforme en esto).

Concluye así: Afluencia es una cuestión de práctica. Se aprende a escribir escribiendo. (De acuerdo “á force de forger on devient forgeron[5]”).


Ya habrán visto ustedes que unos oficiales católicos de guarnición en Laon han sido castigados por haber asistido a una conferencia religiosa en la iglesia de su credo.

Laon no está en la luna sino aquí en Francia, y el gobierno a que obedece se llama republicano.

La libertad de conciencia de los oficiales alemanes católicos goza de las garantías a que tiene derecho todo hombre, y aquello es un imperio.

La mayoría de su población es protestante y en Francia la inmensa mayoría es católica.

Además, los católicos alemanes no son solamente una comunión religiosa. Son abiertamente un partido político, un partido militante, un partido de oposición, que se las tiene tiesas al Reichstag, al gobierno, al Imperio, al mismo emperador.

El paralelo es irritante, y nótese todavía que el acceso a los cuarteles, a los fuertes, a los hospitales, no vedado a ninguna hora a los ministros de los diferentes cultos a nadie le parece que se preste a maniobras contra el gobierno.

Hasta hay un obispo que reside en Berlín con el título de Preboste religioso del ejército de mar y tierra, y es él solo el que tiene jurisdicción para apreciar los actos religiosos de los oficiales y de los soldados. Al efecto está colocado cerca del ministro de la guerra, haciendo parte de los consejos del gobierno (sobre asuntos de guerra y marina). Actualmente es monseñor Wollmar, obispo titular de Pergamon, quien desempeña tan altas funciones.

Porque en Alemania cuidan el alma del soldado a fin de que cuando “jura fidelidad a la bandera” pueda hacerlo, como lo hace, en nombre de Dios “cuyo auxilio invoca”.

Es que en Alemania, donde la disciplina es férrea, no entienden sin embargo que el soldado sea solamente un autómata, queriendo que sea una entidad consciente, moral, creyente.

¡Qué gran modelo para hacer cañones y formar hombres que los manejen, con destreza!


Una Memoria con poco continente y mucho contenido –suele ser al contrario, es decir más papel que sustancia– llegó a mis manos los otros días.

Y como está firmada por Juan A. Alsina[6], un viejo amigo que quiero mucho y cuya labor inteligente, fecunda, útil, aprecio no menos, ya se comprende que debo haber leído y meditado las reflexiones y cifras que constituyen la materia inmigratoria correspondiente a 1907. Aquí no hay monserga ni cosa que se le parezca. Son cifras las que hablan, ilustradas con sobriedad de palabras.

Dice la Memoria:

Se ve que desde 1898 hasta 1903 inclusive, la entrada osciló entre 67 y 90.000 inmigrantes. Ascendió a 127.567 en 1904, y a 177.117 en 1905, para subir a 252.536 en 1906.

El total de ingresos de 1907, se descompone como sigue:

Pasajeros de ultramar: entrada, 15.284; salida, 12.497.

Pasajeros de Montevideo: entrada, 55.914; salida, 55.172.

Inmigrantes de ultramar: entrada, 209.103; salida, 90.190.

Inmigrantes de Montevideo: entrada, 48.821; salida, 47.873.

Total: entrada, 329.122; salida, 205.732.

Por consiguiente, si de 329.122 se rebajan 205.732 resulta un saldo a favor de la población de 123.390.

Suponiendo pues que así siguiéramos, nada más que así, y dado lo que ya tenemos y agregándole el aumento vegetativo, no es exagerado calcular que dentro de veinte años tendremos una población de alrededor de 12 millones.

Veinte años parecen mucho y, sin embargo, el otro día no más fue la Revolución del 90.

Con que prepárense ustedes a ver grandes transformaciones; que serán tanto más inesperadas en el sentido del bien común, si el asunto que ya tenemos entre manos se resuelve como corresponde a un país de instituciones libres y que por tan dolorosas experiencias, instructivas, ha pasado ya.

Hombres buenos, competentes, seguro no faltan; tantos hay capacitados que, por eso, yo conozco muchos paisanos aquí y ahí, de donde siempre me escriben, que no saben con cuál quedarse.

Pero que creen que será prudente sufragar por un candidato ecléctico; es decir, por una entidad que concilie, hombres y cosas dentro de una gran tendencia nacional: un candidato manso, sin prevenciones personales, irreductibles, que encarne lo que venimos persiguiendo, circunscriba los términos, desde que se unificó la nación con Buenos Aires por cabeza.

Continúa la Memoria:

El número de emigrantes para ultramar ascendió a 90.190 individuos, cifra superior a la del año próximo pasado; pero el aumento no implica que la situación económica hubiera desmejorado, pues ella fue tan sólida como en 1906.

He aquí la explicacion que da:

El aumento de la salida se debe a la baja de los pasajes de tercera clase para Europa, que duró todo el año. El precio del pasaje, es normalmente de $ 40 a $ 50 oro. Ahora bien, en junio de 1907, esos pasajes se expendian a $ 35 papel. Después se redujeron a $ 25, y aun a $ 15 a fines de año. Más todavía: los pasajes anunciados a este último precio, llegaron a expenderse en algunas agencias a $ 10 moneda nacional.

Y siguen algunas otras consideraciones concomitantes que no me parecen mal aducidas, afirmando la Memoria, lo que afirma, para concluir de este modo:

“Así pues, debe atribuirse a esta poderosa causa de seducción la salida del año, y hay que observar que, a medida que se acercaba la época del trabajo intensivo de primavera y verano, las compañías reforzaron el aliciente para emigrar, mediante una rebaja progresiva que alcanzó el último límite en los meses de septiembre y octubre”.

Sucede cuando se observa que tanto perjudica el estar muy cerca como el estar muy lejos para ver con claridad el fenómeno.

Admitiendo, pues, que soy yo el que veo mal, apuntaré sin embargo agregándolo a las consideraciones de la Memoria, algo que dicen los que de esas playas vienen o vuelven a Europa, nacionales y extranjeros; algo a lo que ya me he referido en otra ocasión.

Cabe en dos palabras: salarios altos y carestía de la vida; de donde resulta el ahorro difícil y que el extranjero prefiere volverse si no se coloca pronto bien. En este sentido vamos siguiendo un proceso como el de los Estados Unidos donde el “dollar” tiene menos poder de adquisición que el franco, el chelin, el marco.

La Memoria consigna muchos otros hechos interesantes.

Entre ellos, leo: “En materia de nacionalidad, han ocurrido dos fenómenos que, débiles al principio, se fueron acentuando hasta definirse al terminar el año. Entiendo referirme al aumento progresivo de la inmigración española y a la diminución de la italiana”.

¿Es un bien, es un mal?

A unos y a otros mucho les debemos en la obra del progreso, de la civilización, de la enseñanza, y en la guerra tuvimos a Garibaldi combatiendo por las ideas de algunos argentinos, y a Pallejas[7], que era un paladín de corte antiguo, muriendo gloriosamente a nuestro lado en el Paraguay bajo los colores de la denodada hermana Oriental.

“Entre les deux bon coeur balance[8], como dice el poeta.

Sobre lo que no tengo un solo momento de duda lo diré en conclusión: nuestra grandeza futura dependerá principalmente de que hagamos “caminos, canales y puertos” que disminuya el costo de la producción en grande escala. Un país sin caminos es como una ciudad sin o con malas veredas. A este respecto huyamos de parecernos a los Estados Unidos del Norte que de esa deficiencia padecen no poco todavía.


¿Qué se dirá de nosotros los argentinos cuando seamos tan poblados, tan poderosos como los alemanes?

¿Qué dirán los otros y qué diremos nosotros?

Ha de llover mucho antes de que ese día llegue.

Lo que es en Alemania, he aquí la opinión de un alemán, la de Maximilian Harden, que extracto textualmente del Zukunft, un diario que a tantos escándalos ha dado lugar levantando la punta del velo de ciertas deplorables inclinaciones sexuales.

Dice, y con su pan se lo coma, yo ni afirmo, ni niego, traduzco textualmente:

Las gentes alemanas de estas decadas son fuertes, sí casi grandes en cosas materiales y no hay en ellas ningún vestigio de pereza; pero carecen de profundidad. Son atrevidos sin elegancia, fuertes sin belleza, hábiles sin sabiduría, bien criados sin moralidad ejemplar, obedientes sin el sentido de la veneración.

Estamos, pues, en el período de poner piedras fundamentales para la nación del porvenir. De ahí que nos guste una política de abajo para arriba.


Decía a ustedes en mis anteriores que la Serbia tendría que pasar por las horcas caudinas; que todas eran articulaciones para ganar tiempo, todos, temiéndole al estallido (que más tarde o más temprano vendrá, si no se reducen los armamentos), y ahora me despido repitiendo: la actual política europea es un caleidoscopio de intrigas o maniobras de mala fe, esperando los deshielos.


En cuanto al orden interno de este país, donde los partidos más opuestos parecen en aptitud de entenderse, ¿quién puede prever lo que le espera?

El gobierno tiene autoridad y fuerza para muchas cosas. Pero monsieur Pataud hace “la luz”.

Pues el otro día no lo dejó en tinieblas al “Hotel Continental”, ¡donde había fiestas! hasta que el director no le dijo al sindicato de obreros electricistas: bueno, hagan ustedes funcionar los dinamos y tendrán lo que pretenden reivindicar: menos horas de trabajo y más salario.

¡Ah! ¿y quién es ese Pataud?, dirá el lector.

¿Pataud?

Pataud es el hombre del día, que puede, la noche que quiera dejarnos a obscuras siendo cabeza de los “sindicados” en materia de electricidad.

No prevean ustedes y ya verán, o dejarán de ver, aunque como el “Hotel Continental” tengan usina en su propia casa, creyendo que así están a cubierto de huelgas inesperadas.


Tuvieron lugar el domingo quince elecciones de diputados que no son un triunfo para el gobierno; y por quien soy que no me atrevo a decir cuál de los dos males es peor. Visiblemente la oposición gana terreno. El empuje liberal es muy sensible y el empuje revolucionario en sentido contrario igualmente. Diríase que el país vacila, entre los partidos o fracciones más contrarios y, como esta Francia es suelo de temblores políticos, todo puede acontecer.


Extractando números, y con un hasta mi próxima, aquí tienen ustedes, por categorías, agrupado el ejército activo de Alemania:

29559 oficiales combatientes, 2282 médicos, 691 veterinarios, 2.303 comisarios pagadores, 85.450 suboficiales, “todos reenganchados”, 503.705 soldados, de los cuales 8.434 reenganchados.

Los caballos pertenecientes al Estado son 111.823. Los caballos de oficiales son su propiedad particular.

En todas las anteriores cifras no están incluidos la gendarmería y los “voluntarios” de un año (10.000) que se disciplinan y se instruyen preparándose para todas las fatigas del oficio, a su costa.

     

Lucio V. Mansilla

      

P. S. Se votó al fin después de un año de discusión la famosa ley de impuesto “sobre la renta”.

Lo que es en la cámara de diputados. “E finita” la comedia.

Falta el rabo por desollar, el senado y las mil contingencias que puede originar esta frase lapidaria dicha en la tribuna por Leroy Beaulieu[9]: “El proyecto es una especulación sobre la ingenuidad de los electores a los cuales sus representantes (que quieren ser reelectos), les manifiestan así el desprecio que les tienen. Es una vasta e indigna comedia”.

Solamente es una comedia que puede convertirse en tragedia, dice la opinión “car en France on ne badine avec l’impot” porque en Francia no se juega con el impuesto.

En fin, allá veremos. Hay mucho tiempo por delante antes de que lo proyectado sea ley. Hoy por hoy los extranjeros domiciliados en París solo hablan de mandarse cambiar huyendo de un impuesto que, establecido, duplicará el alquiler. En cuanto a los transeúntes tendrán hoteles más caros. “Et voila!”

      

L. V. M.


  1. “Soy una simple pastora, nunca tuve ni agua ni brazos”.
  2. Choussy, Joseph-Edouard (1824-1916) fue un historiador francés que dedicó varios libros a la figura de Juana de Arco, entre ellos un específico sobre las variantes ortográficas del nombre: Essai de conciliation sur l’orthographe du nom de Jeanne Darc ou d’Arc(VIAF: 64076260).
  3. The Morning Post fue un diario conservador publicado en Londres entre 1772 y 1937, cuando fue adquirido porThe Daily Telegraph.
  4. “El estilo lo es todo en el hombre”.
  5. “A fuerza de forjar uno se convierte en herrero”.
  6. Creemos que se trata del imprentero, librero y editor de los cinco tomos de las Causeries de los jueves.
  7. Creemos que se refiere a José Pons de Ojeda, posteriormente llamado León de Palleja, o también León de Pallejas (Sevilla, 1816-Boquerón, Paraguay, 1866), militar uruguayo de origen español, que participó en las guerras civiles de su país de adopción, de las guerras civiles argentinas y en la Guerra de la Triple Alianza. (VIAF: 72843943).
  8. “Mi corazón descansa entre los dos”.
  9. Creemos que se refiere a Henri Jean Baptiste Anatole Leroy-Beaulieu (Lisieux, 1842–París, 1912) publicista e historiador francés especializado en la historia de Rusia.


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