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EL DIARIO

Miércoles 14 de Abril de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, marzo 18.

     

¿Cosas de España? No.

En todas partes las hay.

Son cosas de Inglaterra de las que vamos a pasar rápida revista.

Los que con esto no se contenten que ocurran a fuente.

Son cuarenta volúmenes (40 digo), en los que se contiene el “informe” que de un momento a otro será presentado al parlamento con el “bill” en ciernes referente a la “Poor Law” (ley de asistencia pública).

Dicho informe tiene párrafos que dan escalofríos.

Las causas del pauperismo indicadas son en verdad lamentables.

Al lado de la falta de trabajo, del “unemployment”, o falta de empleo, que es una de las principales causas, la embriaguez ocupa un puesto casi igual.

El informe hace constar que la embriaguez de las mujeres produce resultados más funestos que la del hombre en la secuela de la prostitución, del vicio, de los crímenes y delitos que conducen a la cárcel o a la horca.

Hasta cuando no hay embriaguez real, la proporción de los salarios hebdomadarios gastados en los “public house” (pulperías, digamos) mantienen un gran número de familias en una pobreza completa.

En la época en que estos datos han sido recogidos había en una sola “work house” (asilo de trabajo), deduciendo la enfermería, niñas y niños imbéciles, 170 hombres y 109 mujeres. De estas 279 personas, 74 hombres y 30 mujeres no podían salir sin volver en estado completo de embriaguez.

El informe insiste en que la embriaguez de las mujeres es más deplorable y funesta en sus consecuencias que la de los hombres.


De la embriaguez pasemos a la flota tan renombrada.

La “Home Fleet” la que, según el almirantazgo, “always instantly ready for war” (siempre pronta instantáneamente para la guerra), acaba de hacerse a la mar para un crucero de una semana.

Pues bien, la “Liga Marítima Imperial” y las hojas técnicas y casi toda la prensa conservadora, denuncian en términos severos sus condiciones, nombrando barco por barco.

Y concluyen las acerbas críticas afirmando que esta flota ha sido concentrada con el único fin de “engañar” a la opinión pública, que cree que el país está en perfecto estado de defensa (la bestia negra es Alemania, cuya flota parece perfecta).

Por último, dicen que de los 25 barcos enviados a la mar, 14 no tienen completo su personal, que algunos apenas cuentan con un 25 por ciento de su efectivo normal, y, más todavía, que tres barcos han sido ya declarados inservibles, fuera de combate.

“Y si lector dijeres ser comento, como me lo contaron te lo cuento”.


El ruidoso presidente Roosevelt* se fue a su casa particular abriéndole las puertas de la Casa Blanca a su íntimo amigo personal y político, el señor Taft*, cuyos méritos nadie discute, estando a la vista como su gordura: es el jefe de Estado moderno más voluminoso.

Su primer discurso al recibirse del mando supremo, jurando sobre la Biblia que respetará fielmente la constitución, bastante largo, versa sobre estos negocios principales: la reforma aduanera (es asunto que dónde no preocupa); el ejército y la marina (lo mismo pasa en esto en nombre de la paz); la inmigración japonesa (que en un país que se dice el más libre del planeta que habitamos no consigue acomodo); y el canal de Panamá (que los hará temibles en el Pacífico).

En mi calidad de extranjero y de americano del Sur, lo que más me interesa en este documento o programa (que promete seguir las huellas de su antecesor) es el capítulo que en resumen dice que los Estados Unidos deben tener un gran ejército y una gran flota para conservar su rango entre las naciones, etc. Y “mantener su política tradicional contra la colonización por monarquías europeas de partes del hemisferio americano, etc.”. (O, en términos más concisos, la insistencia en la doctrina de Monroe[1] que bien pudiera traducirse así: Todo para mí, nada para los demás. ¡Yo sí puedo colonizar o intervenir!).

Ya lo he dicho: admiro este país y no sé si le temo porque lo admiro o si le admiro porque le temo.

Me carga esta como hegemonía que a cada ocasión que se le presenta reivindica, ¡sin que al menos mi tierra le pida socorro!


El sucesor de Mr. Root[2], ese pico de oro yankee que por ahí anduvo, es Mr. Knox; dicen que es un sujeto de igual calibre intelectual al de aquel, pero con la mente más filosófica (“a more philosophical mind”).

Hablando de Mr. Root en un gran banquete, el último que dió Mr. Roosevelt*, dijo mi noble y sabio amigo Nabuco*, embajador del Brasil, que era él “el primer ministro secretario de Estado que formulaba una política exterior basada en el gran principio de la doctrina de Monroe*, y el primero en concebir que dicha doctrina era un código político en sí mismo, escrito de antemano, pero auténtico”.

Así será. Es cuestión de modos de ver, y si no vemos de idéntica manera, Nabuco*, tan erudito, y yo tiene que ser en gran parte porque él admira sin temer y yo admiro temiendo ese colosal macrocosmos que, según su nuevo presidente, todavía necesita armarse más y más por tierra y por mar, ¿en prevision de qué?, ¿contra quién?

Ya avanzó no poco desmembrando a Méjico en dos ocasiones y evitando (es verdad, vaya esto por aquello) que Maximiliano u otro ocuparan un trono.

Decididamente más sabe el loco en su casa (con tal que no sea de atar) que el cuerdo en la ajena. Ellos sabrán, los poderosos en ambos océanos Atlántico y Pacífico, a dónde puede conducirlos este nuevo espíritu militarista.

¿Saben ustedes a cuánto monta el presupuesto marino de Estados Unidos para 1909-1910? Casi a tanto como a los tres reunidos de Francia, Rusia e Italia, es decir, a libras esterlinas 27.876.889, o sea, unos ocho millones más que Alemania.

Yo tengo casi hecha mi convicción de tiempo atrás; convicción que se afirma a medida que el monstruo crece imponiéndose cargas militares como las antiguas naciones del viejo mundo.

Y esa convicción es esta: el día de la desmembración de los Estados Unidos del Norte no ha llegado todavía; pero vendrá. Y será porque la federación, tal cual allí la entienden, no es un vínculo de confraternidad, sino un permanente conflicto, un verdadero “struggle for life”, de intereses locales, lo cual hace imposible la uniformidad de una legislación tendiente a asimilar las cosas del alma con las materialidades.


Si nuestro malogrado Olegario Andrade[3] viviera, tendría que revisar su canto hermoso, sobre la misteriosa “Atlántide”[4], foco de una de las civilizaciones más antiguas y brillantes.

El que haya leído a Platón recordará lo que sobre la isla encantada dice en el Timeo y en el Critias.

Los historiadores y los arqueólogos modernos han intentado identificar la Atlántide. La han buscado en América, en la Palestina, en Arabia, en Ceylan, en Suecia, y el Times* publica una curiosa carta en su número del 19 de febrero, carta en la que su corresponsal propone una nueva hipótesis, en virtud de la cual la Atlántide resultaría ser la isla de Creta en la época floreciente y civilizada del rey Minos.

Son las recientes excavaciones hechas en la isla de Creta las que han inducido al corresponsal del Times a formular su hipótesis.

Los curiosos que quieran más detalles ocurran a la mencionada fuente: el Times.

Hoy por hoy básteles saber que el doctor Evans[5] hace remontar ciertas partes del palacio de Knossos a diez mil años antes de Cristo.

La Creta era entonces el centro de un poderoso imperio.

El corresponsal del Times percibe en la leyenda de Teseo degollando al Minotauro (¿se acuerdan ustedes de la broma política argentina al respecto?), mediante la ayuda de una princesa cretense que abandonó después, el eco de la guerra que fue causa de la destrucción de Knossos.


La fecha de este acontecimiento no se conoce. Pero el hecho parece cierto, es decir, la gran coalición cretense que intentó conquistar el Egipto fue batida por Ramses III. La historia de esta guerra puede leerse todavía.

Pero el libro es un poco pesado. Está escrito con geroglíficos sobre las murallas de Madinet-Habu.

Vale la pena entonces que los argentinos que van a pasar el invierno al Cairo, lleguen hasta allí. Si quieren enterarse un poco más hay intérpretes.


La regla es que el lector no se entretiene con números o estadísticas. Pero yo no puedo resistir a consignar un dato que habla muy alto en favor de los progresos de Alemania.

París tiene 2.763.393 habitantes (y es menos aseado que Berlín) y Berlín tiene 1.900.000 habitantes, casi un millón menos.

En París se explotan 258 kilómetros de tranvías y en Berlín 521.

En París el número total de carruajes es de 589 y en Berlín de 2.442.

En París el número anual de viajeros trasportados ha sido de 136 millones (sin incluir los ómnibus, que representan 115 millones) y en Berlín de 364 millones próximamente.

En París todas estas empresas de transporte no le reportan ningún beneficio a la ciudad. En Berlín el año pasado las empresas le han dado a la ciudad, después de distribuir un 8 por ciento, la suma de 787.077 francos.

En resumen y parlando con palabras, no con cifras, París deja mucho que desear comparado con Berlín, en lo que se refiere a facilidades de locomoción y bajas tarifas. Y no soy yo quien lo pregona sino los mismos franceses, víctimas en esto como en tantas otras cosas de su espíritu rutinario, tan molesto como que en realidad es atraso. Qué quieren ustedes, no todas son flores en lo que se entiende por civilización.


Dijo bien Espronceda:

“Hay en el mundo gentes para todo”.

Pues circula aquí en dos lenguas, italiano y francés, un documento firmado por un “poeta de Milán” invitando ¿a qué? A ver, adivinen Uds.

A la rebelión.

¿Contra qué?

Contra todo. La nueva escuela que se quiere fundar ha tomado un nombre como un barbarismo gramatical: “el Futurismo”. Su programa no tiene nada de complicado: todo lo que ha sido debe perecer, en beneficio de lo que no es todavía; en honor del Futuro, que el Pasado desaparezca. Cancha para el dogma, que en sus anales ya registra como habiendo desaparecido el tiempo y el espacio. Queremos, dice, demoler los museos, las bibliotecas, combatir el moralismo, es decir viva la anarquía incendiaria, y que el arte clame. ¡Nada! No habrá piedad para el Pasado. Ya el arte no será el orden. No será la armonía desde que la armonía no es otra cosa que el orden en la belleza. Será el desorden en la agitación, lo indescriptible. El Porvenir surgirá de los escombros, porque la vida resucita siempre ¿no es así? Voto por la negativa si es que el “futurismo” cae por las orillas del Plata.


Leo en una carta de Viena que el emperador Francisco José[6] continúa gozando de robusta salud y coleccionando menús.

Tiene, en efecto, una colección de menús que no baja de cuatro mil ejemplares. La mitad proviene de su propia mesa. Los otros le han sido enviados conociendo su afición. Entre ellos hay un espécimen curiosísimo: es de mármol negro, con incrustaciones de flores entrelazadas, y el menú escrito en letras de marfil. Sirvió para la comida de gala que el zar Nicolás II[7] le ofreció al presidente Félix Faure[8].

La carta habla de lo que el emperador trabaja con sus ministros y de su gran memoria.

Su retentiva no es común.

Les contaré a ustedes algo personal. Cuando me dió audiencia en Viena entre lo que hablamos, le dije: que acababa de casarme con una dama nacida en Inglaterra, viuda, pero mucho más joven que yo, que eso hacía bien… Pasaron dos años y en un besamanos en Berlín, cuando tocó mi turno de saludarle, le dije:

―¿Vuestra magestad me reconoce?

―Casado con una mujer mucho más joven es muy bueno ―fue su contestación sonriendo amablemente.

Entre paréntesis, es un poco mayor que yo.


En la tierra clásica del “times is money” no falta quien lo pierda. Y se demuestra diciendo que uno de estos días la cámara de los comunes discutirá un proyecto de ley de Mr. Dobson tendiente a hacer que el pueblo británico madrugue una hora más en los meses de verano. Si la grotesca ley fuera votada (¿y por qué no?, ¡se votan cosas tan raras!) he aquí cómo se produciría: A partir del primer domingo de abril y hasta el tercer domingo de septiembre, todos los relojes se adelantarían una hora y el tercer domingo de septiembre se les pondría en la hora normal. A qué seguir. La confusión que resultaría salta a la vista. Y como el ridículo no mata, siendo extravagancia, mucho menos en el país del “spleen”, quién sabe si Mr. Dobson no se sale con la suya.


“Olvidar es el secreto de vivir”, ha escrito Stanislas Rzewnsky en su obra El optimismo de Schopenhauer que no ha hecho bien alguno. “¡Olvidar! Dulce olvido”, cantó mi malogrado amigo Pablo Tarnassi[9] que ustedes conocieron y estimaron con cariño. ¡Ay de mí! ¡Si pudiéramos olvidar cuanto queremos! Pero es que el misterio mnemónico obedece a otra ley psicológica.


Es cosa formal y no de broma lo que la dirección de los ferrocarriles suizos acaba de hacer saber al público, visto el incómodo porte de los sombreros de señora cuyo diámetro ultrapasa ciertos límites.

Dice así: “La dirección le aplicará a este género de mercaderías la tarifa 117 I y la A. F. y G. de 1906; es decir, que todos los sombreros de señora que tengan más de 80 centímetros de diámetro serán considerados, a partir del 1° de abril, “como ruedas de bicicleta o de carros”. Por tanto, las señoras que los lleven no tendrán acceso a los vagones de pasajeros”.


En los momentos en que se aumenta el sueldo de los tenientes es interesante hacer constar, dice un escritor militar de este país, que si en Inglaterra el soldado cuesta dos o tres veces lo que cuesta el milico francés, los oficiales no son nada mejor tratados que los nuestros. En todo caso no puede acusárseles de pesar sobre el presupuesto.

La prueba hela aquí. En la infantería de la guardia lo mismo que en la de línea, el sueldo es el siguiente: subtenientes 6 fr. 55 por día (el sueldo de los militares se calcula a tanto por día y no por mes o por año como en la marina); tenientes, 8.10; capitanes, 14.50; mayores, 17; teniente coroneles o coroneles 22.50. Los oficiales de la guardia a caballo (life guards), son tratados un poco mejor (se les llama también “horse guards”). Desde el teniente que recibe 9.20 por día, hasta el coronel que recibe 29.35.

Los más afortunados de todos los militares ingleses del punto de vista del sueldo son los oficiales de artillería montada real; en este cuerpo un teniente recibe 11 francos por día, un capitán 18.75, un mayor 23.10 y un coronel 30.90.

Como se ve, no hay margen grande ni chico para economías, siendo además los uniformes ingleses lujosos, lujosísimos, caros, carísimos; de donde resulta que el ejército inglés continúa siendo, excepto si se opta por servir en la India, refugio de gente aristocrática, como regla general.

Pero en general ya se sabe también que soldado no es sinónimo de hombre adinerado.


Pronto estarán ustedes conferenciando con Anatole France*. Respira talento crítico por todos los poros. No obstante, si me hubiera pedido consejo le habría dicho: elija usted otro tema. Sin duda que el viaje al país de las Linternas de Panurgo, de Dindenaut y tantas otras creaciones rabelesianas como Pantagruel, los carneros del Panurgo sobre todo, siéndolo de todos los países y de todas las épocas, son interesantísimos, instructivos. Pero mi tierra necesita otro pasto intelectual. Rabelais es demasiado masculino para el oyente bonaerense.

Eso le habría dicho.

¿Y el éxito?

Del éxito no dudo. Somos hospitalarios y jueces nada severos, sobre todo cuando se trata del estudio de autores alegóricos, tanto que a veces llegan a ser cual geroglíficos. En el Colegio de Francia he oído descifrar algunos de ellos el año pasado.


Un argentino eminente escribió hace ya fecha, una frase que continúa siendo aplicable a nuestra América: “El mal de estos países está en la mentira”.

¿Debe deducirse de ahí que en estos otros países no se miente? O, ¡no! Es tan vieja la mentira que ya hablan de ella los mandamientos de la Ley de Dios. Pero se miente de otro modo y sobre otros negocios. ¡Son tantos los Argos! Nosotros tenemos las tragaderas más anchas y un no sé qué de primitivo, léase candor. Poco a poco nos vamos curando de ese mal, aunque a veces resulte que cuando creemos avanzar retrocedemos, que hay regresión; y que yo no sé por qué arte, incongruencia o nigromancia, como familiarmente decía el general Paunero*, resucitan de sus cenizas hombres y cosas que para todo lo que nos resta de vida los creíamos momificados.

¿A qué viene todo esto?

Voy a ello.

¡Qué quieren ustedes, no me curaré de mi afección literaria, por no decir, afición a las disgresiones!

Viene a esto, a que acabo de leer en La Nación del 17 de febrero un artículo del señor don Augusto J. Coelho, que es verdad de cabo a rabo.

Y digo como el otro: “Well done Mister Furguson”.

Eso es dar en el clavo, con arte, y lo que es raro en tales casos con delicadeza, con indulgencia. A nadie nombra el perspicaz articulista. Pero para los que vivimos por estos lados hasta que Dios quiera, las alusiones desfilan transparentes. Si mi papel no fuera el que me he impuesto en estas divagaciones a guisa de coloquio con ustedes, yo pondría unos gruesos puntos sobre las “ies” del Sr. Coelho, que la propaganda a que él se refiere es la que real y efectivamente nos conviene. No huele como otras a juicios elogiosos palaciegos remunerados ampliamente, contraproducentes en una palabra, y que si consigue lisonjear amores propios nativos, no son vehículo para la alta banca ni para el comercio grande o chico en general, que beben en otras fuentes de información.


¡Bravo! ¡Bravísimo! ¿Y por qué? Por esto que se comenta a sí mismo y que acabo de leer en El Imparcial[10] de Madrid, firmado E. Gómez de Baquero[11]:

“Un embajador de las letras españolas en América. En el próximo mes de mayo emprenderá Vicente Blasco Ibañez[12] su viaje a la República Argentina. Blasco no va a América en republicano, ni en partidario de estas o las otras ideas, va en literato y en español. Del hombre político de otros días, del tribuno popular de Valencia queda muy poco. El arte, como una mujer celosa, le ha querido para sí solo. Blasco es hoy un gran novelista y empieza a ser un gran editor. En ese viaje a Buenos Aires va Blasco en condiciones especiales para hacer la propaganda de nuestras letras. No va a hablar a un grupo de españoles allí residentes de este o el otro matiz político, ni va siquiera llamado por nuestra rica, numerosa e influyente colonia del Plata. Va solicitado por argentinos con un contrato para dar una serie de conferencias en el Odeón, que serán un acontecimiento bonaerense y un acontecimiento español. Por eso podemos considerarle como un embajador de nuestra literatura, que va a las tierras jóvenes, donde el idioma español tiene sus reservas y su porvenir de difusion mundial”.

Lo repito: ¡bravo!

No se puede decir mejor que Gómez de Baquero, aplaudiendo una idea feliz, trascendental, de dorado, qué digo, de oro macizo que debe ser el fuerte eslabón que nos una a la que fue madre patria, la gloriosa España.


  1. La Doctrina Monroe, sintetizada en la frase «America for the Americans», fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe en 1823. Siguiendo la línea de política aislacionista iniciada por George Washington luego de que el país se independizase de Inglaterra, la Doctrina Monroe determinaba que los Estados Unidos tenía derecho a atacar a cualquier país europeo que interviniera en su territorio. Lejos aún los Estados Unidos de ser potencia mundial, esta doctrina implicaba un gesto de autonomía y afianzamiento de la recientemente adquirida soberanía nacional frente a al imperialismo europeo. Casi un siglo más tarde, en 1906, el presidente Theodore Roosevelt usaría la Doctrina Monroe para legitimar su propia política expansionista sobre el istmo de Panamá, territorio por aquel entonces de Colombia. La actitud imperialista de Roosevelt –cuyo gobierno fue, en muchos otros aspectos, progresista– despertó reacciones adversas en muchos dirigentes latinoamericanos, entre ellos Porfirio Díaz en México, que formuló la Doctrina Díaz, en defensa de la soberanía nacional de los países latinoamericanos, que debían cuidarse tanto del imperialismo europeo como del estadounidense. (Extractado de: Mignolo, Walter (2000). “La colonialidad a lo largo ya lo ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad”. La colonialidad del saber. Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Ed. Edgardo Lander. Buenos Aires: CLACSO, 2000. 55-85. En línea: https://acortar.link/opv1Jk).
  2. Elihu Root (Nueva York, 1845–Nueva York, 1937) fue un político estadounidense del partido republicano que ocupó los cargos de Secretario de Guerra (de 1899 a 1903, siendo presidente William McKinley) y Secretario de Estado (de 1905 a 1909, siendo presidente Theodore Roosevelt). Llegó a negociar 75 tratados en torno a comercio entre su país y América Latina y a navegabilidad de los ríos. Fue Senador republicano por el Estado de Nueva York entre 1909 y 1915. En 1906 hizo una gira por América del Sur y, entre otros destinos, visitó Buenos Aires. Varios artículos publicados entre junio y agosto de ese año (en La Nación, por ejemplo), dan cuenta de su visita.
  3. Olegario Víctor Andrade (Alegrete, Río Grande del Sur, 1839–Buenos Aires, Argentina, 1882) fue un poeta, periodista y político argentino de origen brasileño. Autor, entre otras obras, de El nido de cóndores, El arpa perdida, Atlántida, Prometeo. (VIAF: 17084747).
  4. Mansilla se refiere aquí al poema Atlántida.
  5. Creemos que se refiere a Arthur John Evans (Nash Mills, 1851–Boars Hill, 1941), arqueólogo británico, descubridor del Palacio de Cnosos, acuñador del término civilización minoica, así como el primero en definir la escritura Lineal A y Lineal B de ese mismo grupo social. (VIAF: 14778694).
  6. Francisco José I de Austria (Viena, 1830-Viena, 1916) fue emperador de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia, entre otros títulos, desde 1848 hasta su muerte. Su reinado de casi 68 años es el cuarto más prolongado de la historia europea, después de Luis XIV de Francia, Isabel II del Reino Unido y Juan II de Liechtenstein. Su lema personal era Viribus Unitis (‘Con Unión de Fuerzas’). (VIAF: 32787948).
  7. Nicolás II de Rusia o Nikolái Aleksándrovich Románov (1868-1918), fue el último Emperador de Rusia, gobernando desde la muerte de su padre Alejandro III en 1894 hasta su abdicación en 1917 como resultado de la Revolución de Febrero. Durante su reinado el Imperio ruso sufrió un declive político, social y militar ajenos a su conocimiento lo que, aunado a su esoterismo, llevó al colapso del régimen imperial. La Revolución de febrero de 1917 puso fin a su reinado cuando fue obligado a abdicar. ​Nicolás II, junto a su esposa, su hijo, sus cuatro hijas, el médico de la familia imperial, un criado personal, la camarera de la emperatriz y el cocinero de la familia fueron ejecutados en el sótano de la casa por los bolcheviques en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918. Posteriormente, Nicolás II, su mujer y sus hijos fueron canonizados por la Iglesia ortodoxa rusa fuera de Rusia. (VIAF: 34465066).
  8. François Félix Faure (París, 1841–París, 1899) fue un político francés. Fue el 6° presidente de la Tercera República Francesa desde 1895 hasta su muerte en 1899. (VIAF: 22185151).
  9. El Tomo IV de las Causeries de Mansilla, editado por Juan A. Alsina en 1890, se abre con una carta del hijo de Pablo Tarnassi, de quien Alsina comenta en el prólogo a este tomo: “El doctor don Pablo Tarnassi no solo era sabio en derecho sino que cultivaba con brillo las bellas letras. Su hijo José, las cultiva también con igual éxito. En prueba de ello encabezamos este cuarto volumen con la referida epístola; que á duras penas, hemos obtenido del autor de las Causeries. Nuestros lectores juzgarán si hemos hecho bien ó mal, y la nueva generación, en la que hay muchos que oyeron las lecciones de Pablo Tarnassi, leerá con gusto, estamos seguros, unas pagmas tan nutridas de erudición, como elegantes, por su estilo”. (Disponible en https://bit.ly/41kd7PM).
  10. El Imparcial fue un diario español de ideología liberal editado en Madrid entre 1867 y 1933. Fundado por Eduardo Gasset y Artime, fue uno de los primeros diarios de empresa, en contraposición a los diarios de partido. […]. Hacia 1890 se había convertido en uno de los principales diarios españoles y, según afirmaba la propia publicación, «se vendía hasta en las más pequeñas aldeas» y «en los quioscos de los boulevares de París, en Marsella, Burdeos, Niza, Roma, Nápoles, Londres y Buenos Aires».​ A comienzos del siglo XX tenía una tirada de 130.000 ejemplares.
  11. Eduardo Gómez de Baquero, más conocido por su seudónimo Andrenio (Madrid, 1866-Madrid, 1929) fue un periodista y crítico literario español. Para 1909, ya había publicado las siguientes obras: Letras e ideas (1895), Ensayo acerca de la condición jurídica de la mujer (1892), Diálogos filosóficos y comentarios de costumbres (1909). (VIAF: 71406208).
  12. Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867-Menton, 1928) fue un escritor, periodista y político republicano español, propulsor del naturalismo y del realismo. En torno a su figura y al periódico El Pueblo, fundado y dirigido por él, se desarrolló en la ciudad de Valencia un movimiento político republicano conocido como blasquismo. Autor de una obra literaria prolífica, entre sus obras publicadas por esos años se cuentan: La horda (1905), La maja desnuda (1906), Sangre y arena (1908), Los muertos mandan (1909), Luna Benamor (1909). (VIAF: 73848096).


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