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EL DIARIO

Lunes 10 de Mayo de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, abril 14.

     

Recibí días pasados, de Londres, un libro, regalo de una persona que quiero y que me quiere (no es siempre el caso), un libro magnífico por la forma y la materia, ilustrado con retratos de personajes eminentes.

Está escrito en inglés, francés y latín.

Antes de leerlo, formalmente comenzando por el prefacio, me puse a hojearlo con atenta lentitud.

Mi vista se fijó en un párrafo que, traducido del francés, dice así:

“¿Y cómo no saludar también con admiración y reconocimiento a la vieja y alegre Inglaterra, “Old and Merry England”, siguiendo la fórmula cara a los poetas, tierra de hospitalidad tan cordial para todos los infortunios, tierra de libertad secular, cuyas maravillosas instituciones han podido ser copiadas por los que han querido en las constituciones modernas conciliar la libertad plena y entera del individuo con la necesaria autoridad del poder dirigente? País de raza atrevida y poderosa cuyos hijos han hecho respetar el altivo estandarte por todos los pueblos de la tierra y que todavía parecen tener escrito en el corazón la palabra de orden de Nelson: “La Inglaterra espera que cada uno de sus hijos hará su deber”. (England expects every man will do his duty).

¿No es cierto que esas palabras tienen el acento de las que se oyen en los parlamentos y en las asambleas populares?

Parecen pronunciadas en una discusión sobre los derechos del hombre.

Pues nada de eso. Son la resonancia articulada de los sentimientos de un hombre que cree, del jefe de lo que en Bélgica llaman el partido de “los jóvenes católicos”, cuyo nombre es Valentín Brifaut.

Las digo después de hacer la apología del celo ardiente del duque de Norfolk, que acababa de ser oído y aplaudido, y cuyo duque todos ustedes saben es uno de los nobles ingleses que más en alto lleva el estandarte de la iglesia católica.

Y todo esto dicho así a la carrera está en el libro de la referencia, cuyas setecientas páginas se intitulan “Prime Eucharistre Congress Westminster 1908”.

¡Cómo se niega entonces que los católicos amen la libertad cuando de ese modo la ensalzan!


“Connais-toi”, pieza en tres actos, o, lo que tanto vale, su autor Paul Hervieu[1] no tiene una buena prensa.

Los unos le dicen que es “desigual y desconcertante”, los otros que su vocabulario está sembrado de “clichés” y de “platitudes”; estos que “su sintaxis se resiente de las más agresivas contorsiones” y aquellos que si hay un dicho que le sea aplicable es el de Taine* demostrando que Tito Livio era sobre todo un orador. Es decir, que no sería difícil poner en claro, casi evidenciar, que Paul Hervieu en el fondo es un abogado, que en las “Tenailles” por ejemplo, sostiene la indisolubilidad del matrimonio y en el “Dedale” los inconvenientes del divorcio; que tiene una predilección por los casos “singulares sensacionales” y que han ido demasiado lejos los que han calificado de obra maestra la “Course aux Flambeau”, en la que pide que condenen a la odiosa mujer que por amor a su hija asesina a su madre.

Así poco más o menos, siguen las coplas motivadas por esta nueva producción, reconociendo empero todos los críticos que su autor no deja de ser un escritor interesante que no ha usurpado su celebridad.

Todos he dicho, tengo que corregir así “algunos”, la mayor parte, porque entre la excepción está Rochefort* que con su pluma de estilista “boulevardier”, y su manía, algo más, su pasión, atribuye los éxitos de Hervieu a que fue defensor de Dreyfus*, siendo por consiguiente situacionista.

La política, la mala o la mediocre política, es planta muy esparcida. Pero en pocas partes, influye y perturba tanto las relaciones sociales como en Francia.

No se realiza aquí, en este bello país en otro sentido, lo que Washington le escribía a Lafayette: “La armonía, la probidad, la industria y la frugalidad, he ahí los medios para que un pueblo llegue a ser feliz y poderoso”.

No se realiza sino en parte, siendo el francés frugal e industrioso en general.

Pero su teatro moderno, ya el de Hervieu, ya el de tantos otros, destruye por un lado como agente corrosivo lo que es base esencial de “armonía y probidad”, la familia.

Dicho esto no me detendré a detallar el argumento de “Connais-toi’, cuyo eje se llama adulterio. Estoy al respecto como el que durante un mes ha comido perdiz sancochada a la misma hora.


El famoso crítico doctor William Barry, en un brillante artículo inserto en la National Review[2], discurre con alma y vida sobre el gran problema del día, a saber:

¿Puede la democracia arribar a gobernarse a sí misma?

¿Basta una simple mayoría de “Narices” para asegurar la justicia en todo?

¿Bajo qué democracia?”, añade.

Declara que la “luna de miel de la democracia ha pasado”, y continúa así: “La democracia está entrando en una ronda crítica. Está en tela de juicio”.

La ciencia y la experiencia tienen entonces que examinar no solo la idea de gobierno mediante las personas selectas, sino el hecho. ¿Como están gobernando? ¿Como gobernarán probablemente en un futuro próximo? Y el ¿por qué tantas protestas de los “pioneers” de la reforma contra su táctica?


Un libro de mister Graham Wallasce[3], La naturaleza humana en política[4], es el que ha sugerido el tema del artículo a que me he referido al principio. Con que así a la fuente, los que quieran beber hasta saciarse.

Diré empero que mister Wallasce tiene páginas casi patéticas en su desencanto y que en una de ellas se lee:

“La democracia en la acción de su movimiento productor de las constituciones bajo las cuales viven la mayor parte de las naciones civilizadas hoy en día, fue inspirada por una mera concepción intelectual de la naturaleza humana que día a día resulta menos real”.

Justamente, y que todos los hombres no son iguales fue lo que olvidó Condorcet[5] y otros que, aunque no matemáticos como él, quisieron hacer geometría y ecuaciones con la política, observo yo.

París comienza a llenarse de americanos del Norte, que vienen a pasar en Europa los meses de abril, mayo, junio y julio, en Francia sobre todo, por sus numerosos balnearios.

Se calcula que por lo menos vendrán sesenta mil.

Gastando, término medio, treinta francos diarios, le dejarán en cuatro meses al viejo mundo la bonita suma que sacarán ustedes en limpio multiplicando.

Se calcula igualmente que entre Chile, la Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, La Habana, Méjico y otras repúblicas del continente americano los huéspedes alcanzarán al mismo número de yankees, siendo también su gasto diario el mismo de estos.

Lo que es ingleses, como siempre, ya tropieza uno con ellos por todas las calles de París, y en cuanto a los alemanes, casi puede decirse que son ellos los que más se infiltran en Lucerna y otras aguas suizas.


Acabo de recorrer atentamente, si puedo expresarme así, el nuevo libro de Maurice Barrès*, Colette Baudoche.

Es una historieta preciosa, en la que mi amigo resucita las situaciones conmovedoras que este país de Francia viene debatiendo desde 1870, fecha cruel para todos sus hijos.

El eje del relato es una joven lorenesa de la que se enamora un alemán.

No hay intriga en este libro patriótico. Hay conflictos de almas, y unas descripciones admirables de Metz y Nancy.

Los que vencidos en 1870 siguen pensando en reivindicar lo perdido (vana esperanza, me parece, si no arreglan su propia casa tan agitada antes), no pueden dejar de sentirse inflamados con esta lectura. Es la cuerda sensible de Barrès.


Lo de siempre en materia de gobierno y si no lo de siempre lo frecuente: al asno muerto, la cebada al rabo.

Se ocupa este gobierno del estatuto de los empleados.

No hay acuerdo.

Los funcionarios anhelan no ser máquinas: quieren no estar a la merced de jefes incompetentes, para eso solo hablar de esto, y el gobierno no se resuelve a renunciar a la dictadura del favoritismo.

Pero no me cabe duda, el movimiento de opinión es favorable a los empleados, aunque condenara la última huelga, y el estatuto vendrá; y así como tal pobre empleado no podrá ser puesto en la calle sin motivo o tal otro ascendido sin títulos con perjuicio de uno más antiguo y más capaz, así tampoco sin cometer un delito podrá decir: como estoy sindicado (si se lo permite el estatuto), hoy no trabajo.


Habla Gaston Mery[6], como él sabe hacerlo, en la Libre Parole*.

El sindicalismo organiza a los no-poseedores contra los que poseen, a los proletarios contra los patrones.

Bien pues ¿qué es la idea de clase con relación a la idea de patria?

La patria es el conjunto de los seres de la misma sangre que han vivido, viven y vivirán en un mismo territorio determinado.

La clase es el conjunto de los individuos de una misma categoria social, haciendo abstracción de su nacionalidad.

Es también una patria, si ustedes quieren, pero una patria convencional y ficticia, (como si dijéramos una patria sin ciudadanos), patria que no tiene por fundamento ni la raza, ni el suelo.

La concepción de la clase es, por consiguiente, en el fondo, y muy esencialmente, la concepción judía de la patria.

¿Es prudente, no es algo quimérico, en tales condiciones, considerar el sindicalismo como un movimiento libertador y esperar que después de habernos desembarazado del dominio parlamentario de la tiranía jacobina por la lógica de su principio una Francia más semejante a sí misma, una Francia regenerada?

Con Mery pienso que no, y sin fulminar anatemas afirmo que sindicalismo y antimilitarismo son sinónimos o, en otros términos, que sindicalismo y que se me dá que el extranjero amenace la tierra en que he nacido o en que estoy es todo uno, proyecciones del socialismo anárquico, contra lo que solo hay un remedio, escaso, hay que confesarlo, siendo tan general y fundada esta queja: nos gobiernan mal.


Creo que pueden ustedes leer sin mayores escrúpulos de conciencia, los que sean católicos, el último libro de Renan*.

Patricia se llama esta exhumación póstuma[7].

Es una serie de cartas entre una joven de Bretaña y un joven estudiante que está en Roma: algo así como una suerte de autobiografía, reflejando el conflicto espiritual del que se hace hombre.

En un sentido más lato puede tomarse como el simbolismo de los modos de duda y vacilaciones que en una época u otra atraviesa el alma humana de ambos sexos, las crisis de la fe.


La actualidad europea con sus proyecciones futuras yo la traduzco así: después de la paz, más cañones y más acorazados, no creyendo ya nadie en el derecho de gente, dada la solución de la cuestión que llamaremos de los Balcanes, o sea el tratado de Berlín borrado con el codo de Austria Hungría con la complicidad de todos los que lo firmaron.

Bismarck sigue triunfando en su tumba: la fuerza prima el derecho, y “beati possidentes”.


El segundo medallón de Waverley (supongo que ustedes han leído lo que decía en mi anterior) se intitula: “La Inglaterra desdeña la entente cordiale*”.

Querría, dice, cuando veo la acogida entusiasta que los franceses les hacen a los ingleses, frecuentemente, que algunas veces pudieran oir cómo es que los ingleses hablan entre ellos de los franceses. No es por perversidad, es simplemente ese sentimiento, en el fondo tan grotesco, que el inglés tiene de su superioridad sobre todos los pueblos del universo.

Podría citar no pocos ejemplos. He aquí uno que todo el mundo puede verificar leyendo el “Pall Mall” del 9 de marzo.

Dando cuenta de la llegada de Eduardo VII* a París, el diario dice: “Así como para el mundo entero el “Rey” quería decir Luis XIV, para París, “el Rey” quiere siempre decir “el rey Eduardo”. El “Rey” ha visitado su buena villa de París y París está desolado de que un tren especial se lo haya, y tan pronto, llevado a Biarritz la Bella. Para la masa de los ingleses la “entente*” no es un acuerdo sobre la base de la igualdad, es una suerte de “souzezainete” de Inglaterra, y es por eso que la sola idea de una alza en las tarifas ha provocado una verdadera indignación, mirando la medida como un acto ilícito de independencia del vasallo que no es posible tolerar.

¡Hay que ver así el tono de las observaciones de ciertas cámaras de comercio británicas!

Cuando los minoristas vuelvan a empuñar las riendas no se andarán con vueltas.

Hallo por eso inconveniente las protestas tan violentas y las notificaciones tan agrias que se formulan, como si un país no tuviera perfecto derecho de revisar sus tarifas, siendo como es una cuestión interior; a lo que se agrega, que los franceses tienen una excelente repuesta que dar.

Los vinos de Francia pagan un derecho en Inglaterra de un chelín tres peniques por galón cuando no pasan de un 30 por ciento. Esto representa cerca de 77 francos por una pieza de 228 litros. Como el “claret”, el vino ordinario puede ser comprado en Francia alrededor de ese precio, lo cual hace un impuesto de 100 por ciento. De ahí que las compras de vinos franceses por los ingleses hayan pasado de 1.700.000 el último año. Puesto pues que la Francia meridional atraviesa una crisis tan grave por la menos venta de sus vinos, sería fácil obtener de Inglaterra una rebaja en esos derechos tan elevados como se ve.


Castro[8], el que fue señor de vidas, famas y haciendas en Venezuela, traicionado por sus mismas criaturas, es tan antipático como estas.

Pero un tiranuelo leguleyo de su laya puede decir una verdad, y Castro acaba de decirla, exclamando: lo que se hace conmigo es un ataque a los derechos del hombre.

Expulsado de Trinidad, expulsado de la Martinica, expulsado de toda las Ardilles de Colón, después de haberlo dejado desembarcar en Europa y reembarcarse para su tierra, es, realmente, un caso nuevo, nada edificante; sobre todo cuando acabamos de ver cómo se respeta el derecho de gentes por los mismos mismísimos que firmaron el tratado de Berlín.

Como Serbia, el dictador venezolano pasa por sus horas gaudinas y para que ya nada nos asombre tratándose de actos en los que la fuerza prima el derecho, ¡hasta los Estados Unidos del Norte son cómplices y las inauditas medidas de rigor en todas partes se dicen atrás!

Los motivos que se alegan para este ostracismo son evitar la guerra civil en Venezuela. Pero la verdadera razón es que, si el dictador volviera a las andadas, témese que no reconociera, como antes, las deudas que han reconocido sus amigos traidores.

Otra vez viene el caso ante tamaña mala partida la exclamación de Voltaire:

“Mon Dieu, garde-moi de mis amis; quand a mes ennemis je me charge”[9].

Sí, más esta vez se le han quemado todos los libros al tiranuelo, Dios parece no haber pensado en él y sus enemigos son potentísimos.


¿Alcanzaremos nosotros los argentinos las cifras siguientes?

Espacio no nos falta.

Según la estadística que acaba de publicar el Concejo del condado de Londres, el 1° de noviembre último vivían en los límites administrativos de la gran metrópoli 4.795.589 personas, sin contar otros tres millones que habitaban en los arrabales próximos. Esto constituye la más enorme aglomeración humana que hasta ahora se haya conocido en el mundo.

Tiene esta ciudad monstruo una muy bien organizada policía secreta, numerosísima, y su servicio diario, dice el Times*, es eficiente, protector, honrado.


Ahora tenemos lo que se llama el “danger turc.” Es decir, la paz comprometida por la deplorable situacion de Turquía.

La revolución turca que comenzó “piano piano” ya ha hecho correr sangre.

El milagro que algunos esperaban no se realiza. Al contrario. Acontece lo que, desde Boulogne sobre el mar, escribía a ustedes hará pronto un año.

Las almas cándidas que creían en una edad de oro comenzada para el mundo musulmán, están desengañadas.

Los incidentes más singulares se suceden en Constantinopla.

El asesinato de Hassan Fechmi, redactor en jefe del Serbesti, le sugiere al Stambul la siniestra reflexión que sigue. Es el órgano de lo que llaman el partido Unión y Progreso.

“Que esta muerte sirva de advertencia… el país necesita calma y concordia. El occidente europeo necesita ciudadanos”.

Es dudoso, sin embargo, que el partido Unión y Progreso, cuya dictadura hace notificaciones asesinando adversarios, consiga establecer esa paz, esa calma, esa concordia.

Ha jugado el juego más peligroso mezclando al ejército en sus reivindicaciones, y ya sabemos lo que es el ejército afiliado a un partido.

En una palabra, la famosa revolución turca se pinta así: anarquía en Constantinopla y rebelión en las provincias. El occidente europeo tiene complicaciones.


No tengo el gusto de conocer ni de visita al caballero Pons.

Nunca he comido en la “rue des Moutins”, donde él hace modestamente de mozo y versos.

Acabo de saber que es alma de este mundo leyendo la crónica de la última sesión de la Academia de Francia; muy curiosa.

¡El señor Pons era candidato!

Obtuvo un voto líquido; pero al fin un voto, y dicen que no pierde la esperanza de alcanzar lo que no consiguió el célebre autor de la “Metromania”.

Su mujer agrega que en el próximo torneo, Pons tendrá padrino; que si esta vez no tuvo quien hablara por él, en el momento de la discusión de los candidatos, es porque su tan modesto oficio de tabernero no le permite, no obstante sus buenos versos, estar perfectamente al cabo de ciertas prescripciones académicas.

Para mayor abundamiento de este caso, único en los anales de la gran academia, incluyo aquí un retrato del ciudadano susodicho con su servilleta.

Tuvo por competidores nada menos que a monsieur Jean Aicard[10] y a monsieur René Doumic[11], a los cuales una considerable mayoría les abrió de par en par las puertas del Olimpo literario, en reemplazo de los que tan amables e instructivos recuerdos han dejado, Francois Coppée[12] y Gaston Boissiere.

Sin estar en este París de Francia (hablo así porque ahí, en Catamarca, si mal no recuerdo hay un Londres y un París); si pues, sin estar aquí saben Vds. tanto francés y tanto de Francia como el más pintado; de modo que voy a ponerle punto redondo a esta noticia dejándoles cancha libre a los que “in extenso” quieran revistar la obra ya copiosa de los nuevos académicos, maestro uno de ellos, Aicard, del autor de Cyrano[13].

Bellos versos suyos han consolado no pocas almas doloridas.

Aicard, escribió un día: «Pavais mon coeur au coeur d’une rose… » [14]. Cantaba así en Dernier Amour:

Doumic escribió en “La Voie Sacrée”:

Dans l’ombre déjá solitaire,

En cherchant le plus súr chemin,

La vierge, face contre terre,
Tomba, se voilant de la main[15].

¡Qué bonito!, ¿no?


  1. Paul Hervieu (1851–1915) fue un dramaturgo y novelista francés. Entre sus obras, se destacan: L’Inconnue (1887), Flirt (1890), L’Exorcisée (1891), Peints par eux-mêmes (1893), y L’Armature (1895). Muchas de sus obras se hallan digitalizadas en https://archive.org/.
  2. The National Review fue una revista inglesa, como plataforma de las ideas del partido conservador, fundada en 1883 por los escritores Alfred Austin y William Courthope.
  3. Creemos que se refiere a Graham Wallas (1859-1932), educador y politólogo socialista británico. (Extractado de la Enciclopedia Británica).
  4. Los datos correctos son: Política de la naturaleza humana (título original: Human Nature in Politics, 1909) de Graham Wallasce.
  5. Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (Ribemont, Francia, 1743-Bourg-la-Reine, 1794), fue un filósofo, científico, matemático, político y politólogo francés. (VIAF: 34454867).
  6. Gaston Méry (1866-1909) fue un ensayista, panfletista y periodista de extrema derecha francés. (Extractado de https://acortar.link/kvTJlO).
  7. Renan, Ernest. Patrice. Ρaris: Calmann-Lévy, 1908.
  8. José Cipriano Castro Ruiz (Caracas, 1858-Puerto Rico, 1924) fue un militar y político venezolano, jefe de estado entre 1899 y 1908, primer presidente de facto tras el triunfo de una guerra civil y presidente constitucional de Venezuela desde 1906.
  9. “Dios mío, sálvame de mis amigos; cuando a mis enemigos me cargo”.
  10. Jean François Victor Aicard (Tolón, 1848-París, 1921) fue un poeta, dramaturgo y novelista francés. Entre sus obras, se destacan: Benjamine (1906), Maurin des Maures (1908), L’illustre Maurin (1908). (VIAF: 41835648).
  11. René Doumic (París, 1860–París, 1937) fue un periodista y crítico literario francés, de corte nacionalista de derecha, miembro de la Academia Francesa, director de la Revue des Deux Mondes entre 1915 y 1937. Entre sus obras, se cuentan: Escritores de hoy: Paul Bourget, Guy de Maupassant, Pierre Loti, Jules Lemaître, Ferdinand Brunetière, Émile Faguet, Ernest Lavisse (1894), Estudios sobre la literatura francesa (1896-1905), Las Jóvenes, estudios y retratos (1896), George Sand, diez conferencias sobre su vida y su obra (1909). (VIAF: 68953396).
  12. François Édouard Joachim Coppée, (París, 1842–París, 1908) fue un poeta, dramaturgo y novelista francés del Parnasianismo. Autor de una obra prolífica en poesiá, narrativa y dramaturgia, entre sus títulos más destacados, cabe mencionar: Dans la prière et dans la lutte (1901), De pièces et de morceaux (1904), Des Vers français (1906). (VIAF: 46759181).
  13. Se refiere a Edmond Eugène Alexis Rostand, dramaturgo francés neorromántico y miembro de la Academia Francesa desde 1901, autor de Cyrano de Bergerac (1897), de L’Aiglon (1900) y de Chantecler (1910), entre otras obras. Extraído y traducido de la Encyclopaedia Britannica.
    En línea: https://www.britannica.com/biography/Edmond-Rostand. (En VIAF: 7396516).
  14. “Pavimentó mi corazón con una rosa…”.
  15. “El Camino Sagrado: En la sombra ya solitaria / buscando el camino más seguro / la virgen, boca abajo / cayó, el velo el la mano”.


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