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EL DIARIO

Martes 24 de Agosto de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

Boulogne, julio 30.

   

Aquí estoy porque he venido como decía el otro…

Pero yo tengo que agregar, pensando siempre en mis lectoras, lectoras digo, el hombre, poco o nada me interesa en estos casos: que he venido a ver “el tremolar dell’onde”, como decía Dante.

¡Qué encanto el de su perpetua variedad! No tiene dos momentos iguales, ora agitado, ora tranquilo, y sus hondos misterios son solo comparables a las del inmenso piélago celeste.


Boulogne sobre el mar comienza a ser ya para los argentinos algo así como una prolongación ideal de la patria.

El gran capitán aquí exhaló su postrer aliento, y aquí no tardará la gratitud de sus paisanos en erigirle un monumento.

Ha sido muy bien elegida la plazoleta cedida por esta municipalidad.

El guerrero será visto por todos los que entren y salgan, y él, si el mármol y el bronce sienten y ven, según la leyenda, podrá complacerse pasando revista de los infinitos admiradores que al contemplarlo exclamarán respetuosamente: ¡gloria eterna a San Martín!

El 17 de octubre es el día fijado para la inauguración.


Acaba de declararse válido el testamento del señor George Meredith*. O. M[1]. de Boxhill, Surrey, poeta y escritor (de novelas), que murió el 18 de mayo próximo pasado a la edad de ochenta y un años, dejando bienes avaluados en libras esterlinas: 32.359, 3 chelines y 10 peniques.

Lord Morley[2] es uno de los albaceas. El amigo y contemporáneo brillante de Meredith*, Swinburne[3], que murió el 10 de abril a la edad de setenta y dos años, dejó libras esterlinas 24.282.

Robert Browning[4], que murió en 1893, dejó 18.775 libras esterlinas.

Lord Tennyson[5], que murió en 1892, a los 83 años de edad, dejó 57.206 libras esterlinas.

Y Guillermo Morris[6], poeta, artista y socialista, que murió en 1896, a los sesenta y dos años, dejó 55.069 libras esterlinas.

Lo que es entre nosotros, los argentinos, solo tengo noticias de poetas que apenas tenían, al despedirse para siempre, tras de que caerse muertos; y no porque no hayan rayado algunos de ellos en el lirismo grato a las Musas.

Es que en el pasado las cosas preciosas, la tierra, por ejemplo, valían poco, ¿por qué? la razón es única: falta de población que cultive el suelo y las bellas letras, con que así…


El señor George Paish, uno de los editores del “Statist”, hablando el otro día a la Sociedad Real de Estadística, dijo que calculaba en libras esterlinas 2.700.000.000 la cantidad de dinero colocado por la gente británica en otros países, y cuya suma rendía el 5.2 por ciento.

A más calcula que un nuevo capital alcanzando la cifra de libras esterlinas 700.000.000, o un término medio de libras 100.000.000 por año será colocado por dicha gente en el extranjero durante los años de 1905 a 1911.

Una buena parte irá a la Argentina.

En este mismo orden de hechos, ¿saben ustedes a qué cifra fantástica sube el conjunto de valores financieros, fondos públicos inclusive, en circulación en los diferentes mercados del mundo?

El señor Alfred Neymark, conocido economista, lo ha establecido estos últimos días, en una reunión del Instituto Internacional de Estadística.

Según él, deduciendo los dobles empleos por inscripción de los valores en varios mercados a la vez, el conjunto de esos empréstitos alcanza el total de 525 millares. De esta suma, las deudas públicas de los estados, ciudades, et., cuentan 155 millares.

El interés y amortización de estos dos, ciudades, etc., cuentan 155 millares.


En los negocios humanos, tanto yerra el que desconfía como el que confió demasiado. La obra de la prudencia consiste en proceder observando experimentalmente. En todo caso entre dudar y creer en la palabra del hombre mejor parece ser el atenerse a lo último.


No siempre es el sabio el que algo nos enseña.

¿Se prueba esto?

En algunos casos sí.

Veamos.

Tengo una amiga. No es argentina ni es india, aunque haya nacido en Pondichery.

Es francesa y tiene sangre chilena, como que el padre se llamaba Carlos Lefebre de Bécour y la madre Nieves Spano Campbell, por su primer marido.

Monsieur de Bécour fue ministro de Francia en nuestra tierra Argentina; primero en el Paraná cuando la confederación de las 13, después en Buenos Aires, reorganizada al fin la nación.

Con ese motivo, mi susodicha amiga, Carlota, “Toto” familiarmente, y de Allard por su marido, sabe mucho de Buenos Aires y vive pidiendo siempre noticias de allí.

Y de vez en cuando explicaciones sobre ciertas palabras, que unas veces sé y otras ignoro, teniendo que apelar al diccionario, libro muy socorrido; pero que frecuentemente suele dejarlo a uno en duda.

Vino los otros días y me dijo:

―Lucio, ¿qué significa “abocastro”?

―¿Abocastro?

Significa despectivamente un mal abogado.

―No, no puede ser, porque mamá y mi tía Pilar (la madre de los Guido, los hijos del ilustre general), usaban mucho “abocastro” en otro sentido, me acuerdo bien.

―¿Y en qué sentido? A ver, haz memoria.

―Me parece que implicando algo feo, fenomenal.

―No puede ser.

―Sí, te lo aseguro.

El diccionario, no el de la Academia sino el de Zerolo,[7] estaba ahí a tiro de ballesta. Lo abro, busco, nada.

Le explico el mecanismo gramatical: lo que es afijo, y prefijo, lo que en latín significa “castro”, en este caso, nada, ella insiste e insiste; me parecía leerle en los ojos: así son todos estos que pasan por saber mucho…

Pienso entonces, aunque sea tiempo perdido, pienso, veamos si por casualidad hay avocastro con “V” y busco.

¡Eureka!

Dice Zerolo*:

“Avocastro: m. Amer”. Ch. Avechucho. 2. Amer. P. Persona sumamente fea. Es fea como un avocastro”.

Y el caso se explica así: las dos hermanas, Pilar y Nieves, la madre y la tía de Totó siendo chilenas, de nacimiento, usaban el vocablo del Pacífico para significar lo que nosotros ahí significamos al decir: ¡qué mamarracho!, ¡qué monstruo!, ¡qué fenómeno!

Y queda probado igualmente lo que escribí al empezar, que el sabio, o el que cree saber mucho, suele ignorar hasta lo más trivial.


Aunque Vds. tienen copiosa información, no estará de más que en dos palabras les diga, en mi sentir, por qué ha caído Clemenceau*, cuando más seguro se le creía, como jefe de este gobierno, que, insisto en calificar de orden de cosas.

Ha caído porque no tuvo presente lo que hablando de la Fronda dice el cardenal de Retz[8].

Tomen nota ahí los que se agitan en el torbellino de la política.

Las asambleas son pueblo y tienen la movilidad del populacho, aman solo una flor, ¡y la que hoy les place mañana les disgusta! De modo que su apreciación de lo bueno y de lo malo depende, de circunstancias sin importancia real, de una palabra, de una forma oratoria…

Es decir, que el fondo no es en ciertos momentos la preocupación de un cuerpo político colegiado.

Clemenceau no lo tuvo presente, y los responsables se rebelaron.

Con otro lenguaje empleado por el que ahora llaman “Dictador”, ¡si está caído!, todo pasa como en el mejor de los mundos posibles.

No gusta el hombre que le echen en cara públicamente sus equivocaciones, ni su imprevisión gubernativa.


Hace unos cuantos días que Londres está de fiesta.

Los ingleses manifiestan la mayor alegría ante el imponente espectáculo de su “home fleet”.

Son nada menos que 300 barcos, entre grandes y chicos.

Empezando por el “Dreadnought” y acabando por el “gig”, como si dijéramos el macrocosmo y el microcosmo marítimos.

Nada podía lisonjear más, y con razón, el amor propio británico como este despliegue de fuerzas colosales, casi increíbles, en las orillas del Támesis.

La sola concentración de tales y tan numerosas fuerzas es ya un golpe de audacia y de pericia naval.

El pobre ejército de tierra resulta así sacrificado, dicen algunos. Yo no hago comentarios.

En efecto, la cámara de los lores ha rechazado el proyecto de ley de lord Roberts* tendiente a establecer el servicio militar obligatorio para todo inglés de diez y ocho a treinta años.

Lo ha rechazado, porque sabía cuán impopular sería esta pequeña revolución en las costumbres inglesas, para la inmensa mayoría, al menos, de los fieles súbditos del rey.

No, los ingleses no quieren servicio, como no lo quieren los yankees.

Y no porque no sean patriotas ardientes, sino sencillamente porque están convencidos de que poco o nada les serviría el tener un ejército organizado según el modelo de los ejércitos continentales.

Están, efectivamente, persuadidos de que si su flota fuera batida, un ejército, por numeroso que fuera, no arribaría a salvar el país de la invasión extranjera; puesto que ese ejército no bastaría para asegurar las provisiones y víveres, que es la primera condición de existencia de una nación.

Por consiguiente, sin flota no hay Inglaterra, tal es su principio. Lo repito, no discuto, consigno pareceres.

Arguyen algunos que ese principio, justo quizá desde el punto de vista en que el inglés se coloca, es falso, y singularmente peligroso desde el momento en que se considera la eventualidad de una guerra continental, en la que la Inglaterra puede verse forzosamente envuelta, por el hecho de haber renunciado a su “espléndido aislamiento”.

Si la Inglaterra poseyera una fuerza militar eficaz, podría entonces –precisamente porque es dueña y señora del mar– enviarla al continente donde su presencia fuera reclamada.

Sería eso un apoyo importantísimo para las naciones que fueran sus aliadas, y a la vez un medio de aumentar en el juego inglés el número de triunfos, puesto que son incalculables las ventajas que reportaría coronando sus victorias navales con éxitos terrestres.

Pero, he ahí justamente, lo que en este momento parece no ver, o no querer ver la mayoría del pueblo inglés: todo para la flota es su divisa.


Un párrafo más sobre cosas prosaicas aunque interesantes, y en seguida y para concluir algo que no dejará de agradarles a mis bellas lectoras porteñas.

Lo prosaico es esto.

¿Tiene el que me lee idea de lo que es el “radium”, y sabe cuánto cuesta una “onza” de la preciosa substancia?

Pues cuesta nada menos que dos millones 840.000 francos.

Es el precio convenido por el vizconde Treagh y sir Ernest Casel, que acaban de encargarle 7 gramos y medio (próximamente un cuarto de onza) a la Compañía de los British metalíferos Mines, en Cournailles.

Este radium está destinado al Radicum Instituto Británico; hasta ahora solo se habían hecho convenios por “un gramo”.

Lo poético helo aquí. Si yo acabo de saberlo, será temerario suponer que Vds. corren parejas conmigo.

¿Qué significa Carmen Sylva?

Es el caso que la reina de Rumania, visitando un día una escuela de niñas, preguntó a una de ellas:

―¿Sabe Vd. quién es el autor que publica libros bajo el nombre de Carmen Sylva?

―Es vuestra majestad ―contestó la estudiante con mucha gracia.

―Muy bien hijita, pero ¿podrías decirme qué significa ese nombre?

La niña no supo qué responder y la reina, viendo su turbación, agregó:

―Cuando yo era chica, como tú, me gustaba caminar por los bosques de mi país natal y escuchar el canto de los pájaros. He querido cantar también y recordar en mis cantos lo que yo tanto había amado… Y he ahí por qué he tomado este nombre que significa en latín “Carmen”, canto, y “Sylva”, bosque.


  1. Creemos que hay un error tipográfico en las iniciales y que Mansilla se refiere aquí al poeta y novelista George Meredith, nacido en la localidad inglesa de Boxhill, Surrey y fallecido el 18 de mayo de 1909.
  2. John Morley, Vizconde Morley de Blackburn (1838–1923) fue un político británico liberal, escritor y editor de periódicos. En 1883 fue elegido miembro del parlamento. Se desempeñó como secretario de Estado de India entre 1905 y 1910. Fue también el biógrafo de William Gladstone. (VIAF: 49270208).
  3. Algernon Charles Swinburne (Londres, 1837–1909) fue un poeta y crítico literario inglés de época victoriana próximo a la hermandad prerrafaelita, al decadentismo y al impresionismo. Su audaz poesía fue bastante controvertida en su época, debido a su irreligión pagana y a la recurrecia de ciertos temas, controversiales para la época, tales como el sadomasoquismo y el lesbianismo. De 1903 hasta su fallecimiento en 1909 fue un constante candidato al Premio Nobel de Literatura. Fue autor de novelas, poemarios, ensayos y obras de dramaturgia. (VIAF: 41846937).
  4. Creemos que se refiere a Robert Browning (Camberwell, 1812-Venecia, 1889), poeta y dramaturgo inglés, prolífico autor de obras diversas, y que hay un error en la fecha de fallecimiento.
  5. Alfred Tennyson, barón Tennyson, (Lincolnshire, Inglaterra, 1809-Lurgashall, Inglaterra, 1892) fue un poeta y dramaturgo inglés, uno de los más ilustres de la literatura universal, perteneciente al posromanticismo. (VIAF: 61540536).
  6. William Morris (Walthamstow, 1834–Londres, 1896) fue un arquitecto, traductor, poeta, novelista y activista socialista inglés. Asociado con el movimiento británico Arts and Crafts, fue un gran defensor de la conservación del patrimonio arquitectónico religioso y civil. Sus obras literarias son mayormente del género moderno de la fantasía. Su novela utópica News from Nowhere or An Epoch of Rest (1890) [traducida como: Noticias de ninguna parte] alcanzó gran popularidad, en ella narra el paso del capitalismo al socialismo. Otras novelas de su autoría: The House of the Wolfings (1888), The Roots of the Mountains (1889), The Story of the Glittering Plain (1890), The Well at the World’s End (1892), The Wood Beyond the World (1892). (VIAF: 22146194).
  7. Zerolo, Elias, Diccionario enciclopédico de la lengua castellana. Contiene las voces, frases, refranes y locuciones de uso corriente en España y América, las formas desusadas que se hallan en autores clásicos y la gramática y sinonimia del idioma, todo ilustrado con ejemplos y citas de escritores antiguos y modernos; la biografía de los hombres que más se han distinguido en todos los tiempos, la geografía universal, la historia, la mitología, etc., etc., 2 t. París: Garnier Hermanos, 1895. Explica el lexicógrafo Manuel Alvar Ezquerra: “A finales del siglo xix se publica el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana (1895) del canario Elías Zerolo, del granadino Miguel de Toro y Gómez y del colombiano Emiliano Isaza, que contaron con algunos colaboradores. Su punto de partida es la edición inmediatamente anterior del publicado por la Academia. Son nuevos los numerosos nombres propios que confieren a la obra el carácter de enciclopédico, junto a las frecuentes voces de los ámbitos científicos y técnicos, así como voces regionales, especialmente de América, cuya fuente es el diccionario de Salvá* publicado pocos años antes por la misma casa editorial. También emplearon otras obras lexicográficas, tanto americanas como de este lado del Atlántico” (15). (Alvar Ezquerra, Manuel. “El Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de E. Zerolo, M. de Toro y Gómez y E. Isaza, y su versión extractada”. Revista de Filología, 36; marzo 2018, 15-33).
  8. Jean-François Paul de Gondi (Montmirail, 1613 — París, 1679), más conocido como el Cardenal de Retz, fue un político y memorialista francés. (VIAF: 95205158).


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