Miércoles 20 de Enero de 1909
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
No es este asunto de mi competencia. ¿Por qué lo abordo entonces? Por la sencilla razón de que apenas voy a desflorarlo.
Agregaré que en los tiempos que alcanzamos, tanto y tanto y sobre tantas y tan diversas materias se escribe que no está demás que los relativamente desocupados, “ego sum”, les hagan de vez en cuando a los ocupados, competentes, algunas indicaciones.
Les diré a ustedes entonces que el pueblo suizo acaba de terminar la obra magna que emprendió hace quince años.
Ha unificado su legislación cívica que antes era un mosaico de lo más complicado.
La labor ha sido paciente, digna de un pueblo fanático, diré, por todo aquello que se refiere a los derechos del hombre, y el éxito completo.
En el “referéndum”, 264.914 ciudadanos votaron el proyecto de univocación y 101.762 contra.
Si no quieren ustedes informarse “in extenso” leyendo la obra del sabio publicista señor Lardy[1], antiguo ministro suizo en París, ocurran a la Revue Politique et Parlementaire[2], en la que un estudio del señor F. Le Henaff[3] les dará una idea sucinta de lo que a fuerza de tenacidad ha conseguido el pueblo suizo, cuya base social es ya una complicación. Tres lenguas se hablan así en su parlamento.
Importantísimas son todas las modificaciones del nuevo código. Entre otras apuntaré la que, apartándose del principio francés sobre la “inmutabilidad de las convenciones matrimoniales”, establece reglas que hacen menos desagradables, en ciertos casos, dicho principio.
Como siempre, sale ganando la mujer pues que el código nuevo les da preciosas garantías contra los abusos de la administración del marido.
Todo es enorme en los Estados Unidos del Norte.
Según el New York Times[4], han votado en las últimas elecciones para presidente:
Por Taft[5], 7.650.000.
Por Bryan*, 6.450.000.
En las elecciones de 1904, Bryan no obtuvo tantos votos como ahora. Así como Taft ha obtenido más que Roosevelt[6] entonces.
El señor Haldane[7], ministro de la guerra en Inglaterra, ha dicho las otras noches, hablando ante numeroso público:
El pueblo debe organizar su defensa territorial voluntariamente. Yo espero que algún día hemos de concluir con estos armamentos; pero mientras las naciones no se ponen todas de acuerdo ninguna ha de hacerlo primero.
La historia enseña que cuando los pueblos han olvidado su obligación de defender el suelo nacional, Némesis los ha castigado. Corresponde pues, a los ciudadanos de este país, estar preparados para repeler toda agresión, no para agresiones por tierra o por mar. Pero nada que se parezca a la idea de un servicio obligatorio para defender la patria, quiero para el inglés.
Acentos de España son estos que conviene escuchar teniendo como tenemos sangre española, que no es mala.
El meeting de propaganda liberal que ayer se ha celebrado en Vigo necesita, por su importancia, de apostillas y explicaciones que realcen, ante el resto de la nación, la trascendencia dimanada de este acto, inolvidable para cuantos miran de frente al porvenir y sienten el anhelo de un resurgimiento político, bienhechor a los hasta hoy tan desamparados intereses morales y materiales de la culta ciudad elegida por la conjunción de las izquierdas como primera de Galicia en que se escuche la común predicación de los aliados emisarios de la libertad, de la democracia y de la república.
El orador termina así:
Para concluir. Un rasgo que puede ser ejemplo y expresión de los batidos generales de la opinión pública cuando el ilustre ex ministro demócrata Don Amalio Jimeno[8] lamentaba ayer que los doscientos millones de pesetas destinados a la construcción de unos cuantos buques, no se empleasen en atender a la enseñanza, este pueblo de marineros, este pueblo que a diario presencia en su bahía incomparable el despliegue suntuoso de extranjeras escuadras, este pueblo que, como ninguno, conoce las necesidades y servicios del mar, rompió en estruendoso aplauso al oír que más nos debieran de importar las atenciones para educarnos, que las de ridículas y, probablemente, inservibles flotas.
El aplauso de Vigo a estas palabras es el eco del que, oyéndolas, hubiera otorgado toda España. Y pase que se afirme que tierra adentro no se entiende lo que marítimamente nos conviene; pero conste que a la orilla del mar, en esta avanzada de la Europa sobre el Océano, se piensa, y valga la imitación de una famosa frase que dice: “Más vale enseñanza sin barcos, que barcos sin enseñanza”.
Convenido.
Pero si bueno es un pan con un pedazo, intentemos ahí de resolver inteligentemente el problema paralelo. Es decir, enseñemos y embarquemos o, más claro, preparemos marinos y embarcaciones por las dudas, ¿de quién?
Ya lo he dicho, de nadie, de X. X.
Como ustedes son muchos y yo soy uno solo, es natural que ustedes sepan muchísimo más que yo, aunque lo que sepan, si lo saben, no tenga mayor importancia como en el caso presente.
Yo creía a fuerza de haberlo oído o leído, que los sillones de la Academia eran cuarenta.
Ahora resulta poco más o menos que son, como la Puerta del Sol en Madrid, un modo de hablar de Victor Hugo, de Lamartine, de Musset[9], de Pasteur[10], de Thiers[11], Guizot[12], de Mignet[13], de Villemain[14] y de Montalambert[15].
He ahí antepasados de los que tiene uno el derecho de estar orgulloso. Y si son solo nueve es a causa de las hermosas tapicerías de los Gobelinos que cubren una parte de las paredes de la sala.
“Lo que en vano se buscaría, allá como acá, son los cuarenta sillones, de que todo el mundo habla, y que nadie ha visto, por la buena razón que ¡¡no existen!!
Cuando he estado en la Academia ha sido en días de recepción. Está siempre de bote en bote, y no hay examen posible de ciertas interioridades.
El día 12, inaugurando la sesión anual de la “Academia de Ciencias morales y políticas”, dijo con suma gracia el señor de Foville[16]:
“En la sala que nos es común con la Academia Francesa los bustos que nos miran son los de… Es en sillas verdes en las que se sientan allá arriba, delante de mesas verdes; todo es verde en nuestra casa, muebles y uniformes. Solo nosotros no somos muy verdes. La juventud, la misma media juventud, son cosas raras en las Academias, lo cual es una seria desgracia, debemos reconocerlo”, concluye el señor Foville, echando de menos las “irradiaciones crepusculares”.
Un libro argentino con curvas ideales y densidad lingüística, editado en España, en Madrid, por la casa Victoriano Suárez, es una novedad.
Y más que una novedad, es una rareza.
¿O no lo es que siendo su autor un argentino esté escrito en español puro, castizo, de estilo terso, en una palabra, académico, aunque un tanto arcaico?
Pero tengo una queja contra él, queja amable por supuesto, y explicable desde luego, me parece, en virtud de lo que íntimamente entraña esto que ha recordado el otro día J. P. Morgan[17] de Chicago:
“Mi padre me decía hace algunos años que todo hombre que desespera de su país debe fatalmente sucumbir”.
¿Por qué, pues, si el notable autor argentino que creyendo, como cree, en el porvenir de su país, así tan brillantemente se exhibe de estos lados de los mares; ¿por qué, pues, lo repito, en vez de ocuparse en cosas históricas de España, no ha elegido más bien un asunto criollo, puramente americano, de la época colonial o de los muchos otros que han tenido por teatro su tierra nativa?
Hay tantos, como por ejemplo la muerte tan dramática de Ramírez, el formidable entrerriano.
O el pavoroso trágico fin de Urquiza, fulminado en brazos de su mujer y de sus hijos; todos ellos a cual más interesante, pudiendo decirles a los asesinos que no intimidan al caudillo, era un león de bravura: “¡tu quoque Bruto!”
Hay en esto, sospecho, un lujo de suficiencia erudita, como si hubiera pensado: voy a hacerles ver a los escritores españoles de alto coturno que sin jactancia puedo exclamar: “¡Anch’io sono pittore[18]!”
Tendríamos así un libro estimulante para la juventud argentina, único en su género: narración y novela, algo de místico y de etéreo en algunos pasajes, gráfico en otros, con colorido fortísimo entre sombras admirables perfiladas como una tela entre sombras claro oscuras a la manera de Rembrandt.
He leído este grueso volumen con positiva y paciente atención, estudiándolo, y aprendiendo más lengua castellana de la que sé, que si no es mucho alguna es, y por más que me he empeñado en hallarle resquicios para introducir en ellos el punzón de Aristarco, lo confieso, nada, absolutamente nada he hallado en la forma ni en el modo ni en el método. Rico esmalte es todo.
Siento sí tener que señalar una cierta escena de color algo realista, que no me permite recomendar su lectura a las damiselas pudorosas, cuyo dictamen contribuye no poco a que el escritor sea laureado universalmente.
Me estoy refiriendo a las primeras revelaciones epilépticas de don Ramiro al trepar los peldaños del campanario con la campanilla.
No es este libro de fecundísimo argumento en toda su estructura de los que se condensan como el argumento de una pieza teatral en unas cuantas carillas.
Tan es así que el mismo autor ha tenido que concluir su hermosa narración con un Epílogo, en el que filosofando sobre lo que comienza en España y concluye en el Perú, afirma su fe cristiana después de haber pintado con mano maestra tipos de los tiempos de Felipe II y de María Tudor.
Fiel a mi propósito al escribir estas “páginas breves”, voy a rematar lo que ya terminaré diciéndole al lector argentino: lean la “Gloria de Don Ramiro[19]”, y si alguno, hallare que no soy imparcial en mi juicio elogioso, le diré: ensaye usted un capítulo, qué digo, un párrafo y después me dirá si es fácil hablar de aqueste modo:
“Las angustias de dinero no tardaron en sobrevenir; pero el hidalgo, cuya altivez no aceptaba las humillaciones de la economía, fue empeñando uno a uno sus bienes a los genoveses. Si la premura era grande, hacía descolgar un tapiz, negociar una joya o pagar ciertos gastos con las piezas de su innumerable vajilla, cuyos platos, fundidos en las minas de América, hacían fácilmente las veces de monedas enormes. Él era, sin embargo, harto sobrio.
Un caldo de torrezno, que se servía en una sopera con candado para defenderlo de la voracidad de los pajes, un huevo y algún hojaldre relleno de picadillo con pebre, bastaban a cualquiera de sus colaciones.
Algunos viernes, como un acto ritual, bebía una taza de vino y probaba algunos bocados de cerdo”.
Cincelados así, hay muchos en la “Gloria de Don Ramiro”, que Rodríguez Larreta[20] firma sencillamente Larreta, y hemos de ver armonía en los juicios españoles y argentinos que pregonen su talento.
Lo felicito y le agradezco su precioso envío.
Termino.
Los americanos debemos reflejar el Nuevo Mundo.
Los de este lado el viejo.
Lo que no quiere decir que no admitamos las excepciones con las reservas apuntadas al principio.
Sería inculparle a Prescott[21] (y a Larreta una proyección), por haber escrito lo mejor que se conoce sobre “Fernando e Isabel”, una revelación para los mismos españoles, como lo ha sido su “Conquista de Méjico” para los mejicanos, como lo será, no lo dudo, para los argentinos, que tanto de España sepa uno de nosotros.
Cinco años dice Larreta que ha empleado en rematar su labor arqueológica de benedictino, y he ahí otro buen ejemplo que el eximio escritor les da a los que no quieren persuadirse de que el talento sin paciencia resulta generalmente poco fructífero.
Paciencia y mucha ha necesitado, en efecto, Larreta para llegar casi al concluir diciendo con bella proporción literaria:
“Sentóse sobre un peñasco.
El río se deslizaba a una hondura terrible entre rocas herrumbradas y fieras. Parecióle un río de culpas y expiaciones, como los que forja la imaginación al pensar en los infiernos. Diríase que dolorosos espectros pasaban en procesión, allí abajo, rozando las ondas con sus velos oscuros.
Entre tanto el caserío tomaba, con la hora, desolada blancura de huesos en el yermo, y toda la ciudad, mirada a distancia, a través de la vibradora penumbra, parecía una ciudad de otro mundo, una ciudad fuera de la vida y del tiempo, mística y anhelosa como los Salmos”.
¡Qué primorosamente dicho está todo esto; y qué lástima será que Larreta no le imponga a su bello talento nuevas contribuciones!
No soy yo el que lo dice sino un hombre de gobierno inglés hablando del deber de que la nación esté siempre preparada para lo inesperado: “En otros tiempos las palabras precedían los hechos; ahora son los hechos los que nos sorprenden viniendo después las palabras”.
En general los hombres son como las cifras, que tienen un valor absoluto y un valor relativo.
Pero algunos son eternamente cero, que por sí mismo no representa ningún valor, destinado a reemplazar, y nada más, los diversos órdenes que pueden faltar en un número.
Una triple campaña puede llamarse la que se viene iniciando de algún tiempo acá.
El alcohol y el corsé, sostienen unos, es la causa principal de la despoblación en Francia.
Otros dicen: convenido. Pero hay algo peor quizá: “los besos”.
La boca es, pues, el más temible de los vehículos.
Hay que besarse lo menos posible, entre personas grandes, y hay que evitar en cuanto se pueda el besucar los niños porque estos inocentes son más susceptibles del contagio.
Y no hay que alucinarse, caras muy bellas, bocas irresistibles, suelen ser verdaderos focos de infección microbiana.
Con que así vayan ustedes echando sus cuentas, los jóvenes. Y digo como Voltaire sobre el café: “si lo es, debe ser un veneno muy lento porque hace ochenta años que lo tomo y aquí estoy sano y bueno”.
Chantecler, la última pieza de Rostand[22], el afortunado autor de “Cyrano de Bergerac”, será puesta en escena en marzo[23].
Acaba de serles leída a los actores del teatro Saint Martin, que es donde se representará.
Contiene esta curiosa comedia: cien caracteres todos ellos representando todos los personajes animales.
Será, como se ve, única en su género, una especie de “Los animales parlantes”, de Casti[24], que es, quizá, el que la ha sugerido.
La pieza es cómica y sentimental.
Coquelin[25], el que ustedes conocen, hará de gallo. Pretende este que Chantecler es superior a Cyrano. No lo creo. Pero tendrá, estoy seguro, un gran éxito, como toda novedad.
“Cocorocó enamorado” lo es, en efecto. Y originalísima.
El doctor Deutscher ha sido electo presidente de la Confederación Suiza[26] por “tercera vez” y el señor Comtesse vicepresidente.
Tiene el doctor Deucher una bonita edad. Nació en 1831.
Tres veces al frente de un país como Suiza, un lince de fiscalización, eso se llama tener crédito político.
- Creemos que se trata de Charles Édouard Lardy (Neuchâtel, 1847–Bevaix, 1923), uno de los primeros diplomáticos profesionales en Suiza. (VIAF: 44412572). ↵
- La Revue politique et parlementaire es una revista francesa trimestral, fundada en 1894 por Marcel Fournier y aún vigente (https://www.revuepolitique.fr/). Entre sus colaboradores, se cuentan Alexandre Ribot, Pierre Waldeck-Rousseau, Léon Bourgeois, Raymond Poincaré, Paul Doumer, René Viviani, Paul Deschane. Sus archivos pueden consultarse en Gallica. ↵
- Le Henaff, Francois es el autor del libro Le Nouveau code civil suisse (1908), del cual seguramente la nota en la Revue Politique et Parlementaire es un extracto. ↵
- The New York Times se fundó como New-York Daily Times en 1851. Creado por el periodista y político Henry Jarvis Raymond (1820-1869) y el ex-banquero George Jones, fue publicado por Raymond, Jones & Company. Aún hoy sigue vigente.↵
- William Howard Taft (Cincinnati, 1857-Washington, D. C., 1930) fue el vigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos (1909-1913) y presidente de la Corte Suprema (1921-1930). Perteneció al partido republicano. (VIAF: 590912199). ↵
- Theodoro Roosevelt (Nueva York, 1858-Nueva York, 1919) fue presidente de los Estados Unidos entre 1901 y 1909. Perteneciente al Partido Demócrata, su mandato se caracterizó por una política interna de corte progresista y social-protectora. Respecto de su política internacional, tuvo gestos tanto pacifistas (su contribución a la finalización de la guerra ruso-japonesa le valió el Premio Nobel de la Paz) como imperialistas, como por ejemplo, sus gestiones en pos de la terminación del Canal de Panamá en territorio por aquel entonces colombiano. (Extractado y traducido de Mellander, Gustavo A.; Nelly Maldonado Mellander (1999). Charles Edward Magoon: The Panama Years. Puerto Rico: Editorial Plaza Mayor).↵
- James Aylmer Lowthorpe Haldane (1862-1950) fue un militar escocés del ejército británico. Antes de ser ministro de guerra, participó de la guerra de los Boeres, junto a Winston Churchill. En 1930 escribió su obra My Early Life, en la que narra extensamente sus experiencias de guerra en Sudáfrica. (VIAF: 88530312). ↵
- Creemos que se refiere a Amalio Gimeno y Cabañas, conde de Gimeno, (Cartagena, 1852–Madrid, 1936) médico, científico y político español, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, de Marina, de Gobernación, de Fomento y de Estado durante el reinado de Alfonso XIII. (VIAF: 87859219). ↵
- Musset, Alfred de Louis-Charles-Alfred de Musset (París, 1810-París, 1857) fue un escritor y dramaturgo francés del romanticismo, miembro de la Academia Francesa desde 1852, autor de una veintena de obras, entre las cuales hay de poesía, de dramaturgia y una novela de contenido aparentemente autobiográfico, La confesión de un hijo del siglo, dedicada a George Sand. Su drama La coupe et les lèvres fue la base de la ópera de Giacomo Puccini Edgar (1889). (VIAF: 54151927). ↵
- Louis Pasteur (1822-1895) fue un químico, físico, matemático y bacteriólogo francés, cuyos descubrimientos tuvieron una enorme importancia en la química y la microbiología. A él se debe la técnica conocida como “pasteurización” (eliminar parte o todos los gérmenes de un producto elevando su temperatura durante un corto tiempo) que permitió desarrollar la esterilización por autoclave. A través de experimentos, refutó definitivamente la teoría de la generación espontánea y desarrolló la teoría germinal de las enfermedades infecciosas. (VIAF: 54152415).↵
- Louis Adolphe Thiers (Marsella, 1797-Saint-Germain-en-Laye, 1877) fue un historiador y político francés. Fue repetidas veces primer ministro bajo el reinado de Luis-Felipe de Francia. Después de la caída del Segundo Imperio, se convirtió en presidente provisional de la Tercera República Francesa, ordenando la supresión de la Comuna de París en 1871. Desde 1871 hasta 1873 gobernó bajo el título de presidente provisional.↵
- François Pierre Guillaume Guizot (Nîmes, 1787-Saint-Ouen-le-Pin, 1874) fue un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans. Entre sus numerosas obras, se cuentan: Histoire parlementaire de France, recueil de discours (1863), Mélanges politiques et historiques (1869) y L’histoire de France depuis les temps les plus reculés jusqu’en 1789 (1870-1875). (VIAF: 29600143).↵
- François-Auguste-Marie-Alexis Mignet (Aix-en-Provence, 1796-París, 1884) fue un escritor, historiador y periodista francés, consejero de Estado, director del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores bajo la Monarquía de Julio, y autor de Histoire de la Révolution française. (VIAF: 12385832). ↵
- Abel-François Villemain (1790-1870) fue un político y escritor francés. En 1819 publicó un libro sobre Oliver Cromwell, y dos años después fue elegido por la academia. Villemain fue contratado por el gobierno de la restauración como Chef de l’imprimerie et de la librairie, un puesto que suponía un cierto tipo de censura irregular hacia la prensa, y después tomó el cargo de director de peticiones. (Extractado de la Enciclopedia Británica). ↵
- Charles Forbes René de Montalembert (Londres, 1810-París, 1870), político, periodista, historiador y publicista francés. Fue un destacado exponente del catolicismo liberal. (VIAF: 9867710).↵
- Tal vez se refiera a Jean de Foville (1877-1915), numismático y escritor de arte, novelista y poeta. Trabajó en el Departamento de Monedas y Medallas de la Biblioteca Nacional (1900-1915). Hijo de Alfred de Foville. (Extractado de la Biblioteca Nacional de Francia: https://acortar.link/FDqJsj). ↵
- John Pierpont Morgan (1837-1913) fue un empresario, banquero y coleccionista de arte estadounidense que dominó las finanzas corporativas y la consolidación industrial de su época. A principios de la primera década de 1900, él y sus socios tenían cuantiosas inversiones financieras en muchas grandes corporaciones. En 1901 era uno de los hombres más ricos del mundo. (VIAF: 57410770). ↵
- “Yo también soy pintor”. ↵
- Larreta, Enrique. La gloria de Don Ramiro: una vida en tiempos de Felipe Segundo. Madrid: Victoriano Suárez, 1908.↵
- Enrique Rodríguez Larreta (Buenos Aires, 1875–Buenos Aires, 1961) fue un escritor, académico y diplomático argentino representante del modernismo en la literatura hispanoamericana. Su obra más conocida es su novela histórica La gloria de don Ramiro, pero también ha escrito: la novela Zogoibi, un conjunto de ensayos reunidos en Las orillas del Ebro, y el libro de sonetos La calle de la vida y de la muerte. Entre sus piezas teatrales se cuentan: La que buscaba don Juan, El linyera, Santa María del Buen Aire, Pasión de Roma y Las dos fundaciones de Buenos Aires. (VIAF: 59115694). ↵
- William Hickling Prescott (Massachusetts, 1796-Boston, 1859), conocido más como William H. Prescott, fue un historiador e hispanista estadounidense. Entre sus principales obras, se cuentan: History of the Reign of Ferdinand and Isabella, the Catholic (1837) –a la que refiere aquí Mansilla–, History of the Conquest of Mexico (1843), Biographical and Critical Miscellanies (1845), History of the Conquest of Peru (1847). (VIAF: 14775490). ↵
- Edmond Eugène Alexis Rostand fue un dramaturgo francés neorromántico y miembro de la Academia Francesa desde 1901, autor de Cyrano de Bergerac (1897), de L’Aiglon (1900) y de Chantecler (1910), entre otras obras. (VIAF: 7396516).↵
- Como consignamos en nota al pie de la Página breve del 10.01.06 (tomo I), esta obra de Rostand se estrenó recién en 1910 y, según algunos críticos de teatro, fue un rotundo fracaso.↵
- Como en la PB.10.01.06, aquí también Mansilla asocia Chantecler con el poema Gli Animali parlanti del abate italiano Giambattista Casti (1721-1803). Como mencionamos en nota al pie de dicha página breve, se trata de un poema de zooépica satírico-burlesca en sextinas que gozó de una amplia difusión en la Europa decimonónica. Para un acercamiento a este poema, ver Marcial Carrascosa Ortega, “Giambattista Casti traducido por un cesante anónimo: reflexiones en torno a su identidad”, en Cuadernos de Filología Italiana 18 (2011): 97-114.↵
- Benoît-Constant Coquelin, conocido como Coquelin (1841-1909) fue un actor francés. (VIAF: 46810518). ↵
- El presidente de la Confederación Suiza es quien preside el consejo de siete miembros de que se compone dicha confederación. Electo por la Asamblea Federal por un año, está a cargo de presidir las reuniones del Consejo Federal y de asumir tareas especiales de representación. (Extractado de The Swiss Federal Council: https://acortar.link/xMicDn). ↵






