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EL DIARIO

Miércoles 17 de Marzo de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, febrero 18 de 1909.

    

En todas partes el mismo grito se hace oír. En todas partes la queja es la misma: la vida se pone más cara. Los alquileres, el vestirse, los alimentos, todo sube. Y sube el valor de las primeras materias y la simplificación del trabajo por la maquinaria no pone remedio al mal, y los mismos fenómenos de carestía y de queremos más salario y menos horas de trabajo se observan donde hay libre cambio que donde hay proteccionismo.

Todos los que se ocupan en estos graves problemas discurren con más o menos sapiencia apoyándose en estadísticas más o menos curiosas y perfectas.

Pero ¿qué es lo que resulta al fin de cuentas?

Una cosa vieja como el comprar y el vender, que el mismo Diógenes puso en práctica cuando vio que un muchacho bebía de la fuente haciendo jarro con el hueco de las manos, arrojó el suyo como superfluo y realizó la economía.

Pues aquí está todo el quid del arduo problema, que corre líneas paralelas tanto para los estados como para los individuos, y entonces, ¿a qué quebrarse tanto la cabeza?

Parece, sin embargo, ser que esta prédica “gaste usted menos” es algo parecida a otra referente a lo que prescribe cierto mandamiento.

Parece que una de las causas de esta crisis en la economía de las naciones, aparte de otras, las grandes victorias.

Se citan hechos indiscutibles.

Los Estados Unidos después de la guerra hispano-americana. El Japón después de las guerras con la Gran China y Rusia.

En el Japón es donde el alza se ha hecho sentir con más intensidad.

Los alquileres han doblado de 1897 a 1907; el arroz, que constituye casi el alimento de las masas populares, ha aumentado el 110 por ciento; el “shayù” el 54 por ciento; la sal el 200 por ciento; el azúcar el 100 por ciento; las legumbres el 60 por ciento y la carne el 50 por ciento. (¿No será buen mercado para la congelada Argentina?).

No es de sorprenderse entonces si allí ha pasado lo mismo que en América del Norte, que los extranjeros han regresado en masa a su país nativo.

Para no hacer de lo breve lo contrario, apartándome de mi regla, cerraré este párrafo con algunas reflexiones a que han dado lugar últimamente, en Alemania, algunas palabras del príncipe Bülow* hablando en la cámara prusiana: “Hay mucho lujo, dijo, gastamos demasiado, hemos olvidado los preceptos de nuestros antecesores”.

Dicen los comentarios: “que la grandeza de Alemania se había erigido sobre la casa fuerte del “Sparsamkeik”, el viejo ahorro prusiano.

Citan a Moltke[1] que en su apogeo y hasta el fin de sus días cuidaba mucho los “cabos de vela”.

Más aún, trescientos marcos, 15 libras esterlinas, más o menos, era todo lo que el permitía que se gastara por mes en su casa: y eso que era frecuente que en su mesa se sentaran de ocho a diez personas.

Y de esa suma descontaba los huevos, la manteca, la leche que recibía como ración del Estado.

Hasta el pan de la mesa del mariscal, cuenta Sir Sidney Whitman, era el mismo pan de munición de la tropa de línea.

Una botella de Mosella hacia un serivcio perdurable en la mesa, siendo un favor excepcional que un miembro joven de la familia participara de una copa.

En fin, mucho después de los beneficios complementarios de 1874, magníficas donaciones, el modo de vivir de la familia Moltke*, no se alteró.

Estoy pensando en el viejo Zubiaurre, tan querido, que cuando venía a Buenos Aires, a su gran casa de familia, en la calle Defensa, diz que no cambiaba de cama, durmiendo afuera sobre las caronas y gergas de su recado, con el lomillo de almohada.

Continúa el comentador: la disciplina de las privaciones ha desaparecido y el lujo la sustituye.

Pero todas las calidades tienen sus defectos y el defecto de los alemanes en este orden de ideas es una tendencia a llevar las cosas al extremo.

Por otra parte, el vicio de la extravagancia es interesante a las grandes y ricas ciudades.

Oigan esto en Buenos Aires, donde la gente se hace cada vez más gastadora, padeciendo no pocos de la tontería de la ostentación.

Y, sin embargo, no hay que mirar las cosas desde un punto de vista demasiado pesimista. En todo hay reacción. Sin necesidad de leyes suntuarias, teniendo cada cual el derecho de ser extravagante, por un gustazo un trancazo, dice el refrán, la reacción vendrá.

¿Cuándo? Ni los imberbes de ahora la verán, me parece.

Los que caen por estos lados no vuelven con menos necesidades, ¡y vienen tantos a divertirse!

En un sentido les hallo razón. La vida, en general, es aquí más barata que ahí. El franco tiene más poder de adquisición que el peso nacional. Pero lo que no se va en lágrimas se va en suspiros. Las tentaciones de gastar son mayores en este mundo parisiense que en el porteño. Así, el que regresa va cargado de más necesidades. De lujo no hablo. Es caro en todas partes, y aquí mucho más que en nuestra América, en donde los que gastan diez mil libras esterlinas por año no sé quiénes son.

Las grandes fortunas se están formando. Pero nuestra legislación por un lado y los muchos hijos, siendo las familias numerosas, generalmente el día en que se va el que sudando ha acumulado la riqueza, los herederos ya saben ustedes si pueden llamarse ricos y si son conservadores dados al ahorro.


¿Cuál es la mejor edad para morirse?

A no dudarlo, es al nacer.

¿Por qué?

Por varias excelentes razones y entre otras que así nadie se va al otro mundo con remordimiento, ni con quejas de sus semejantes.

A lo que se agrega que ha sido una esperanza sin desengaños.

¡Y qué cosas no habrá visto, sabido yo oído el decano de los periodistas belgas, crítico musical del gran diario L´Independence Belge[2], a la bonita edad, ya que así lo quiso su destino, de noventa y siete inviernos!

Eduardo Fetis se llamaba y era hijo del célebre musicógrafo M. J. Fetis[3], autor de la “Historia general de la música desde los tiempos más remotos”.

¡Si le cabía a Menchaca[4] la misma suerte que al eminente crítico Eduardo!

Se la deseo y con luengos años le deseo asimismo victoria en su nueva empresa.

Me refiero a la “Sociedad Anónima Musical”.

Pero no cuente conmigo. Soy como Voltaire, como nuestro malhadado Florencio Varela[5] y otros, refractario a la musa Euterpe, a una parte de ella. Y eso que no tengo, creo, mal corazón.

Solo por asociación, diré, de sensaciones retrospectivas, la música me conmueve. Cuando oigo, por ejemplo, los clarines de un regimiento que desfila o la Marsellesa, evocando aquellos, emociones de las guerras en que estuve y está el himno nacional de mi patria libertada.


Suele acontecer que se solicita algo que no se necesita con la mira solamente de saber a qué quedan reducidos compromisos y ofrecimientos de antaño y ogaño.


Medio me visto con plumas ajenas para recomendarle al lector que se procure el libro del doctor P.G. Charpantier “Les Microbes”.

En mi tiempo, la música era “altra cosa”. Ahora tenemos que ocuparnos de lo que hacen los microbios que nos rodean, que nos envuelven en una atmósfera imperceptible, inexorable, y que hasta se devoran entre ellos felizmente.

Los microbios, en efecto, están en el suelo, en el aire, en las aguas de alimentación, en las aguas de las cloacas, en la fabricación del vino, de la cerveza, de los quesos, en las enfermedades infecciosas; difteria, tuberculosis, cólera, peste, rabia, malaria, enfermedad del sueño, etc.

El autor Charpantier las explica con mucha claridad (hasta yo, que solo sé algo de enfermedades morales, las he comprendido); y las explica haciendo a un lado los términos técnicos, que solo entienden los iniciados, pero respetando rigurosamente la verdad científica.

Curioso, los microbios que tantos estragos causan, afirman los que pueden hacerlo con autoridad, tienen sus ventajas. Sin ellos, el pan, el vino, la cerveza, el alcohol, la hulla misma no existirían. Más todavía, parece rigurosamente cierto el decir que sin ellos la vida sería imposible sobre la superficie del globo.

Su conocimiento le ha hecho hacer una gran evolución a la ciencia. Gracias a la antiséptica, las operaciones que antes no se hacían, se hacen ahora con éxito. La fiebre “puerperal” ya no existe sino como excepción. Se puede prevenir el contagio y las epidemias. En una palabra, luchar contra todo cuando se conocen los gérmenes de propagación.

Y para no seguir hablando más de la casa recomendada, baste agregar que si las nociones de higiene se difundieran como conviene a la vida humana, es incalculable el número de enfermedades y de epidemias que se evitarían.

En este sentido, el libro de Charpantier es una novedad científica y un servicio social que una vez más hace que nos inclinemos reverentes ante el genio admirable de Pasteur[6]. ¡Cuánto no le deben la industria y la higiene!


Siempre que el hombre se encuentra en apuros, es la regla, acaba por conceder muchas cosas de que antes no quería ni ocuparse.

Los crímenes de Tottenham, perpetrados en Londres por los dos anarquistas rusos consabidos, les sugieren a The Times* esta observación:

“Una policía secreta de cualquier clase es absolutamente indispensable en cualquier país civilizado, sea cual sea su forma de gobierno, para la protección del Estado y para la protección de la sociedad. Existe en este país (Inglaterra) y existe en Estados Unidos, según lo acaba de revelar una controversia reciente entre el presidente Roosevelt* y la Legislatura Nacional. Sus servicios, que diariamente presta entre nosotros a infinidad de honrados ciudadanos que de ella necesitan son incalculables”.

Yo digo: es sencillamente esto: he ahí un mal necesario que solo la probidad gubernativa puede disminuir.


He conocido mucho al General Don Estanislao Soler[7].

Como un niño, bien entendido, puede conocer a un hombre grande.

Vivía en la calle Potosí, ahora en una casa que era de mi abuela materna, la señora Doña Agustina López de Osornio, madre de Rosas.

Dicha casa quedaba haciendo cruz con la que habitaban mis padres, también mi abuela.

Esta la heredó mi madre. Ahora es transformada por el Doctor Don Antonio Tarnassi[8].

La otra la heredó mi tía, doña María Rosas de Baldés[9].

Mi primo Alejandro[10], q.e.p.d., único heredero de esta, la demolió haciendo los altos que miran al norte por Alsina, de modo que está frente a la finca del Doctor Demaría[11]. En esos altos vivió el actual Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Victorino de la Plaza[12], siéndolo de Hacienda.

En mi libro Mis memorias. Infancia y adolescencia[13], hablo detalladamente de todo esto, haciendo notar que la tal casa, cuando era baja, tenía aljibe lo que, hasta cierto punto, era señorial. Y se comprende: el agua buena era escasa. O era revuelta del Río de la Plata o de pozo de balde.

Alli vivieron, antes de mudarse frente al paredón de San Francisco, los padres de Rosas, lo repetiré, mis abuelos.

La proximidad hacía que el General Soler y mi padre, camaradas de las guerras de la Independencia y del Brasil, se vieran con muchísima frecuencia, casi todos los días, siendo ambos a más de amigos, jugadores de chaquete[14].

Misia Mariquita Soler y Micaela, su hija, poco más o menos de la edad de mi madre, tenían intimidad.

Cariñosamente la llamaban la “ñata”. Recuerdo una anécdota de Doña Pepa Nogué, la Ventura Muñoz de su época, por la rapidez espiritual de sus respuestas y lo original de sus observaciones. Estaba en la cazuela del teatro de la Victoria.

—¿Conoce usted –le pregunta a una vecina— a la ñata de Soler?

—Soy yo —contesta Micaela, riente.

—Pues es usted —repuso Doña Pepa sin turbarse— muy interesante.

—Y eso que me ve usted sentada —agregó Micaela, que era descollante de estatura, esbelta.

Miguel Soler hijo, mi contemporáneo, empleado durante muchos años en la capitanía del puerto (hoy prefectura marítima), hombre bondadoso y servicial, si los hay, no desmentía su prosapia, honrándola en todo.

¡Qué dulce y qué noble naturaleza la suya!

Se parecía al general en el rostro y en la estatura, en los gestos, pero no era enjuto y flexible como este.

A través de los celajes de tantísimos años le estoy viendo al ínclito general, cuyo nombre figura en el histórico canto épico de Varela: de regular estatura, más bien alto, de tez delicada, tirando a trigueña, pálido, afeitado el bigote, con unos ojos claros, redondos, luminosos, y una nariz proporcionada, la de Ney, el bravo entre los bravos, algo respingada, nariz de alma que no sabe retroceder ante el peligro, siendo su andar mesurado, de esos que no dejan duda, aunque se lleve traje de paisano, que el que va mirando veinte pasos al frente es un soldado.

Voy, pues, a ocuparme con mucho gusto en leer el grueso volumen que acabo de recibir, intitulado El General Soler, campeón ilustre[15]. Pero Don Gregorio F. Rodríguez, su autor, tendrá que esperar algo. Cerca de seiscientas páginas casi infolio, de letra menuda, no se las traga uno en un lapso de tiempo fugaz que se necesita para escribir una “página breve” meditada, concienzuda, eso sí, en honor de un guerrero conspicuo.

Espero, lo repito, en conclusión, comunicarte, recibiendo aquí mis parabienes, no le conozco, por su patriótica contribución literaria que ha de resultar bien requerida, muy estimable.


¿Quieren ustedes meditar unos pocos minutos?

La materia es grave: nada menos que de esto se trata: ¿cómo es que continuamos tanto con vida? Per contra: ¿cómo es que una vez con vida no seguimos viviendo siempre?

Estas preguntas parecen tan elementales que ignorar la respuesta es asimismo al parecer también gran ignorancia.

Y, sin embargo, así es, dice una revista inglesa, The Hospital, citando un sermoncito laico sobre el siguiente tema: “Growing Old”, es decir, “envejeciendo”.

No sabemos, dice, ni lo que es la Vida ni lo que es la Muerte, ni cómo ni por qué la una pasa a la otra. No es seguramente por falta de querer adivinarlo, pues se han consagrado muchos siglos y profundas meditaciones, en el reino de las conjeturas, al nebuloso asunto.

Mas esas conjeturas no nos han hecho adelantar jota. Y aun ahora mismo, cuando el problema sacrosanto de la vida está sometido a la meditación de los más perspicaces biologistas, tenemos que confesar que el secreto se mantiene admirablemente bien guardado.

Aunque mucho se haya aprendido respecto de los procesos que acompañan la Vida y de las condiciones que gobiernan su continuación o su extinción, lo que es en su esencia, cómo principia, y lo que determina la decadencia gradual, que llamamos senectud, respecto de todo eso continuamos en la oscuridad.

Los “Radiobes”, o sea, los supuestos ejemplos de una generación espontánea bajo la influencia de unas emanaciones del radium, ya han tenido su día, pasando de moda, y nos han dejado como estábamos, ignorando el gran misterio: qué es la vida.


Acabo de leer que Nevada es en los Estados Unidos uno de los países más vastos en territorio y el más pequeño en población, teniendo solo cuarenta mil habitantes.

Y nuestra Pampa Central, ¿cuándo saldrá de la crisálida de la administración federal?

Nevada tiene ciento diez mil y pico de millas cuadradas, menos mujeres que hombres, un tercio más de estos y una población abigarrada de naturales, europeos, indios, chinos, japoneses, la mar.

Nuestra Pampa Central está en mejores condiciones y es de buena política aumentar los senadores ya que los diputados han crecido como la marea. En este sentido se han realizado los fines de la Constitución. Al contrario. El desequilibrio se aumenta.


Ya apareció aquello: la anarquía turca. La tan mentada sabiduría, que tantos elogios de la Europa le han valido a la Turquía, ¿va a degenerar o no en desorden sangriento?

La lectura de los sucesos, tan violentos como confusos que día a día se suceden hasta en el parlamento otomano, reflejando algo así como convención francesa, autorizan a pensar que sí.

En este caso quiere decir que lo que yo decía a ustedes desde Boulogne sobre el mar[16], hace un año aproximadamente, que no creía en estas revoluciones sin efusión de sangre, andará por verificarse.


El acuerdo franco-alemán poco o nada me dice. En principio, las dos palabras chocan, tratándose de estos países.

Es inútil: franceses y alemanes no estarán nunca de acuerdo mientras no se resuelva la insoluble cuestión Alsacia-Lorena.

En otros términos: mientras haya un Rhin exclusivamente alemán en cierta extensión.

El reconocimiento de los derechos de la Francia en Marruecos no les devuelve a los franceses Metz y Estrasburgo: las concesiones hechas de los comerciantes no rompen el tratado omnímodo de Francfort.

Lo repito: no veo claro en esto. Porque una de dos: o la nueva convención confirma pura y exclusivamente el acto de Algeciras[17] o la completa.

En el primer caso, tiene uno el derecho de investigar en qué consisten los agregados y por qué han sido hechos sin la concurrencia de los otros signatarios del acta de Algeciras.

No tienen vuelta, me parece. Y la satisfacción que algunos manifiestan no es más que el contento de ver aplazada la inquietud. Se habla con este motivo de modificaciones al tratado de Francfort. Por otro se dice, refiriéndose a las visitas amistosas del Rey de Inglaterra a Berlín. La guerra del 70 estalló al día siguiente de las visitas amistosas de Bismark a Biarritz.

En fin, allá veremos. Pero lo que no espero ver es que los fondos alemanes se coticen en la Bolsa de París. Es el gran anhelo alemán. Ese día sí diré: la paz es el prospecto nacional.


El almirantazgo inglés anuncia una nueva agrupación de las fuerzas navales, que comprende cuatro divisiones formadas de los más fuertes acorazados de la antigua escuadra de la Mancha, de la que el almirante May tendrá el mando supremo.

Esta flota llamada principal comprenderá 250 barcos de guerra, pondrá en juego 124 bocas de fuego, de 12 pulgadas y 246 variando entre 9 pulgadas de 2 a 6.

Está destinada al mar del Norte porque, según parece, los buenos sentimientos de familia, abrazos entre tío y sobrino y fiestas en Berlín, poco o nada tienen que hacer con las precauciones llamadas a asegurar la paz continental.


  1. Helmuth Karl Bernhard Conde von Moltke (1800-1891) fue un Mariscal de campo alemán, considerado un gran estratega militar. Bajo su dirección, Prusia derrotó a Dinamarca en 1864, a Austria en 1866 y a Francia en 1870. Moltke fue jefe del Estado mayor prusiano durante treinta años, es considerado el creador de una nueva forma de dirigir los ejércitos sobre el terreno, autor del libro “El arte de la guerra”. (VIAF: 98817698).
  2. L’Indépendance belge fue un diario publicado en Bruselas durante más de un siglo. Fundado en 1831 por Marcellin Faure, editor que lanzaría un segundo diario en 1850L’Étoile belge, dos de los periódicos belgas más leídos con anterioridad a 1870.
  3. François-Joseph Fétis (Mons, Hainaut, 1784-Bruselas, 1871) fue un compositor, profesor y musicólogo belga. Fue también uno de los críticos musicales más influyentes del siglo XIX. Entre sus obras, se hallan: Biografía universal de los músicos y bibliografía general de la música (1834-1835); Método de los métodos de latín, o Tratado del arte de tocar de este instrumento basado en el análisis de las mejores obras que se hicieron en este tema (1840) y la que refiere aquí Mansilla, Historia general de la música desde el tiempo más antiguo hasta a nuestros días (París, Firmin-Didot, 1869-1876). (VIAF: 69078568).
  4. Ángel Menchaca (Asunción del Paraguay, 1855–La Plata, 1924) fue un abogado, profesor en letras y en historia, taquígrafo, docente y teórico creador de reformas en la notación musical. Entre 1886 y 1889, se desempeña como secretario taquígrafo del presidente Sarmiento y como jefe del servicio estenográfico del Senado Nacional. En 1889, participa en el Congreso estenográfico internacional de París, lo cual le permite conectarse con la intelectualidad europea y exponer allí sus teorías en torno a la escritura musical a través de un nuevo y científico sistema por él estructurado. (Extractado de Diana Fernández Calvo. “Una reforma de la notación musical en la Argentina: Ángel Menchaca y su entorno”. Revista del Instituto de Investigación Musicológica “Carlos Vega”. XVII, 17 (2001): 61-130. En: https://acortar.link/DcSdvd).
  5. Florencio Varela (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 1807-Montevideo, 1848) fue un escritor, editor, periodista y político argentino radicado tempranamente en Uruguay, a raíz de la enemistad de su familia con el gobierno de Rosas. Hermano menor del poeta Juan Cruz Varela, considerado epítome de la poesía clasicista del Río de la Plata. Ferviente unitario, fue miembro de la Asociación de Mayo formada por la generación del 37. Fundó en 1845 el periódico El Comercio del Plata, desde donde presentó batalla al gobierno federal. Fue asesinado por los hombres de Oribe en Montevideo en 1848. En 1859 se publicaron sus Escritos Políticos, Económicos y Literarios. En 1974 y 1975 la Revista Histórica del Museo Histórico del Uruguay publicó el Diario de viaje a Inglaterra y Francia en 1843 y 1844, que había permanecido inédito hasta ese momento en que el historiador Félix Weinberg lo editó con un valioso estudio introductorio.
  6. Louis Pasteur (1822-1895) fue un químico, físico, matemático y bacteriólogo francés, cuyos descubrimientos tuvieron una enorme importancia en la química y la microbiología. A él se debe la técnica conocida como “pasteurización” (eliminar parte o todos los gérmenes de un producto elevando su temperatura durante un corto tiempo) que permitió desarrollar la esterilización por autoclave. A través de experimentos, refutó definitivamente la teoría de la generación espontánea y desarrolló la teoría germinal de las enfermedades infecciosas. (VIAF: 54152415).
  7. Miguel Estanislao Soler (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 1783–San Isidro, Buenos Aires, 1849) fue un militar y político que luchó en la guerra de Independencia y en las guerras civiles. También fue gobernador de la Banda Oriental y de la Provincia de Buenos Aires. (VIAF: 66050200).
  8. El Tomo IV de la primera edición –la de Juan A. Alsina de las Causeries del jueves, se abre con una nota sobre Antonio Tarnassi y su hijo José, autor de la carta que Alsina incluye como prólogo a este tomo: “Llamamos l.a atención hacia la carta que sigue, á manera de prólogo. Su autor, actual abogado de nuestro foro, es hijo del malogrado doctor y catedrático Pablo Tarnassi,- sóbrino, por consiguiente, de nuestro distinguido jurisconsulto, el señor doctor don Antonio Tarnassi. El doctor don Pablo Tarnassi no solo era sabio en derecho sino que cultivaba con brillo las bellas letras. Su hijo José, las cultiva también con igual éxito. En prueba de ello encabezamos este cuarto volumen con la referida epístola; que á duras penas, hemos obtenido del autor de las Causeries. Nuestros lectores juzgarán si hemos hecho bien ó mal, y la nueva generación, en la que hay muchos que oyeron las lecciones de Pablo Tarnassi, leerá con gusto, estamos seguros, unas pagmas tan nutridas de erudición, como elegantes, por su estilo. Positivamente, José Tarnassi realiza un tour de force, manejando ya, como maneja, ó mejor dicho traduciendo como traduce, la lengua de Manzoni a la de Cervantes. EL EDITOR”.
  9. Maria Dominga Corazón de Jesus Ortis de Rosas fue una de las siete hermanas de Rosas, casada con
    Tristán Nuño Valdéz.
  10. Se trata de Alejandro Rosas Valdéz. Para más información: http://www.lagazeta.com.ar/rozas_valdez.htm.
  11. Mariano Demaría (Buenos Aires, 1842-Buenos Aires, 1921) fue un abogado y diplomático argentino que se desempeñó como diputado nacional, considerado como uno de los iniciadores de la veterinaria y la ingeniería agrónoma en la Argentina.
  12. Victorino de la Plaza (Payogasta, Salta, 1840-Buenos Aires 1919)​ fue un abogado, militar y político argentino, Presidente de la Nación Argentina entre 1914 y 1916. Fue el último de los presidentes del llamado Período Conservador, que se había iniciado en 1880. (VIAF: 6645233).
  13. Libro editado en París, por los Hermanos Garnier, en 1904.
  14. El chaquete es un juego muy antiguo, parecido a las tablas reales, con dos o tres dados, fichas y un tablero de dos campos, dividido cada uno en dos secciones con seis casas, parecido al Backgammon.
  15. Rodríguez, Gregorio F. El General Soler, campeón ilustre de la Independencia argentina; estudio histórico sobre su vida política y militar. Buenos Aires: 1909, s/e. Libro disponible en la Academia Nacional de la Historia.
  16. Se refiere al pueblo costero en el cual veranea Mansilla todos los años: Boulogne Sur Mer.
  17. La Conferencia Internacional de Algeciras tuvo lugar en la ciudad española de Algeciras entre el 16 de enero y el 7 de abril de 1906, con motivo de resolver el llamado “primer conflicto marroquí” y ratificar la alianza franco-inglesa establecida en 1904 a partir de la Entente Cordiale.


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