Lunes 2 de Enero de 1911[1]
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, diciembre de 1910.
Sí, no hay mal que por bien no venga. Los patrones franceses se han cansado de soportar la tiranía de los “sindicalistas”.
Apercibido al fin de que el mejor medio de conjurarla era agruparse y solidarizarse a su vez, lo han hecho.
Es así como las cámaras sindicales de construcciones diversas han formado contra la “compañía general del trabajo” (C.G.T.) “la compañía general de los patrones” (C.G.P.).
En la última reunión al respecto he aquí cómo se ha expresado el señor Villemim, presidente de la C.G.P.
“De cuatro años a esta parte los revolucionarios políticos usan y abusan de nuestra debilidad, y así 300 huelgas representan millones de salarios perdidos”.
La federación de los patrones como se ve quiere poner término al escándalo, y lo pondrá sirviendo de ese modo a los intereses generales del país.
Unidos podrán decirle a la anarquía, ¡atrás!
A ello pues. Se acabó la debilidad y los obreros acabarán por ver que los inducen mal y que los intereses de los patrones y los de ellos son solidarios. En una palabra, que la huelga si perjudica a dos, más le perjudica al que tiene que al que no tiene. Entre arruinarse o morirse de hambre estriba todo el problema. La elección no es dudosa.
Una frase en verdad lapidaria es la que se lee en la alocución que Guillermo[2], emperador de Alemania, dirigió los otros días a los cadetes de la Escuela Naval de Kiel… “la nación que consume menos alcohol será la más prominente en las armas. Nervios fuertes son esenciales y la próxima guerra requerirá hombres de salud robusta…, oídme bien camarada”.
Me asusta mucho este modo casi afectuoso de Guillermo dirigiéndose a los jóvenes marinos. Qué anchos no se quedarían oyéndose llamar “camaradas” por el gran monarca tan interesante en todos sentidos, piense uno o no como él.
Dos palabras apenas sobre el muerto ilustre que acaba de expirar, dejándole a su numerosa familia pobreza y pleitos, no obstante haber nacido con fortuna.
Son tantos y tan buenos los corresponsales titulares de los diarios bonaerenses, que no es información necrológica prolija lo que les faltara a ustedes “in memoriam” de Tolstoi.
Larga ha sido su agonía. Pero casi hasta el fin conservó su lucidez de espíritu, pudiendo dictar algunas cartas.
Que no se sentía morir, aunque sufría mucho, parece indudable. El fenómeno no es raro. Un hilo misterioso nos aferra a la tierra, a la vida. Es que lo último que fenece se llama esperanza.
Tolstoi, ya en las postrimerías hablo de su intención, una vez restablecido, de irse a vivir en el Canadá, entre la secta de los “pneumatomacos”, cuya doctrina se parece a la suya: Tolstoi creía, en efecto, en los espíritus intermediarios entre Dios y el hombre.
No fue un apóstol, no fue un reformador: fue un moralista místico en perpetua rebelión con la hora presente. Su vida, en medio de rasgos generosos, abnegados, tuvo lunares; era hombre. Pago su tributo. Y fue el remordimiento. Uno de sus libros a eso se refiere. Purgó su flaqueza en Siberia, y así rescato el perdón de lo alto.
Me gustan más los escritos de este original extraordinario, admirable artista nato de la frase, que su vida.
Mucha tinta se consumirá por los que intenten explicarlo. ¿Qué deja en pos? Tiene un algo de los primeros cristianos y no pocas preocupaciones de su época. Para comprender bien esta alma, se requiere ser eslavo.
Una palabra más y concluyo. Tolstoi no siguió sino a medias el consejo de Victor Hugo: «Ami, cache ta vie et repends ton esprit[3]».
Si alguien me dijera: “Califíquese usted como plumista”, mi respuesta incontinente sería: “Soy algo así como una ambulancia de anécdotas”.
Con que así, doctor amigo, paciencia si en vez de una cosa de fundamento o sustancial, es trivial lo que reza en este párrafo. No puede uno ser eternamente grave, so pena de que el interlocutor bostece hasta quedarse dormido.
Se trata de un contemporáneo mío el de acá, yo de allá, con el que suelen confundirme, no veo que la semejanza sea tanta, refiriéndome, como reitero, a Henri Rochefort[4], cuyo busto en bronce está en el museo del Luxemburgo casi codeándose con Victor Hugo, a la entrada del salón donde, entre otros cuadros de gran mérito, se ve el que representa la capitulación del general Barbanegra[5], con los honores de la guerra, después de haberlo resistido al archiduque Juan en la fortaleza de Huningue, peinado heroicamente, ciento treinta y cinco (135) franceses contra veinticinco mil (25.000) austríacos.
Cuenta Rochefort hoy en día en un artículo necrológico titulado “Un vieux de 1870”, se refiere a M. Magnin, antiguo senador y gobernador del Banco de Francia, este “quid pro quo” (lo pongo a mi manera, anotando que dicho M. Magnin ha muerto a los 85). Madame Magnin, hace rato de esto, lo había invitado a comer a Rochefort. Llegó éste con alguna anticipación. Estaban los dos solos en la sala cuando muy apurada se presentó una visita.
El señor tal, dijo la dueña de casa; agitada como estaba la visita oyó mal el apellido y después de la imperceptible reverencia de estilo habló así:
—Es una indignidad, amiga mía, que mi marido, que Hipólito Carnot[6] (padre del que fue presidente de la república) haya sido derrotado en las elecciones por un badulaque, un tal Rochefort. ¿No le parece a usted caballero?
–¡Y cómo no he de comprender, señora mía!
–He aquí lo que se llama sufragio universal… qué ironía… un mozalbete obtiene más votos que un hombre de peso, qué ingratitud…
–Así es…
–Bueno amiga mía “Je me sauve” (me voy) y, sin mirar a Rochefort, añadió en voz baja al oído de madame Magnin: “¡Qué amable es este señor! Interesarse así en lo que a mi marido le pasa; sin ese insignificante Rochefort, Hipólito sería hoy día miembro del gobierno…”.
Acabo de leer en “Le Figaro[7]” en la sección “Amérique Latine” hoy: “Ayer han llegado a Buenos Aires 6668 inmigrantes (23 de noviembre de 1910)”.
Si la cosa sigue así no tardaremos en sacarle la oreja al Canadá, que en 1911 espera 300.000 huéspedes.
El prospecto argentino en este orden de progreso material no puede ser más satisfactorio.
Que nuestra diva continúe siendo “go a head”. Que siga el nuevo gobierno en la vía de la inspección en que ha entrado secundado por ciudadanos de buena voluntad como Guerrico. Todo ello nos da crédito por este y otros lados de los mares.
Pero (siempre el eterno pero) no hay que dilatar la sanción de leyes de previsión social. De todas ellas la más urgente es la que responde a la necesidad apuntada en mi último libro, Un país sin ciudadanos[8].
Cuanto más se tarde en abordar el problema, tanto más complicadas y difíciles serán las soluciones.
El extranjero aumenta dejándolo atrás al argentino.
Siendo cuestión de números “non est disputandum[9]”: hay que hacer ciudadanos a la manera de los Estados Unidos en cuanto la constitución lo permita, ya que leyes con efecto retroactivo no cuadran; sería por otra parte faltar a todos nuestros compromisos morales. En general, me parece que el extranjero no es refractario a la ciudadanía. Hay pues que contemporizar, nada más, con sus escrúpulos, es decir, que facilitarle la vía evitándole el tilde de renegado.
Por lo pronto, podría dictarse una ley encuadrada dentro de este marco: a contar de 1915 todos los extranjeros que adquieran un bien inmueble urbano o rural serán de hecho y de derecho considerados como ciudadanos argentinos. Después de 1915 todo extranjero que quiera adquirir un bien inmueble cualquiera deberá nacionalizarse previamente.
Ningún extranjero podrá ser empleado público federal si no se nacionaliza previamente.
Los extranjeros residentes en el país, afincados con anterioridad a la ley que se dicte, modificando su estatuto, pueden ser objeto de alguna regalía si se nacionalizan.
Es punto a estudiar. Yo no hago sino perfilar líneas. Lo mismo que es punto a estudiar este otro, el que se refiere a los extranjeros afincados residentes fuera del país, sin la intención de volver, o sea el “ausentismo” de los que en él han residido más o menos tiempo; el de los que por herencia o por adquisición son propietarios de inmuebles diversos; propietarios que no conocen sino de nombre la Argentina, léase la fuente de su renta.
El mundo se achica todos los días. Ya no hay distancias. El tiempo mismo parece ser más fugaz que cuando yo era chico, lo que quiere decir que a pesar de las goteras de lo que no es moderno pronto hará un siglo ponderativamente hablando.
“¡Qué introducción tan grave!, ¿a dónde irá con ella?”, dirá el lector de “El Diario”.
Sencillamente voy a hacer resonar ahí el eco de una campaña: la de la propaganda para suprimir el trabajo nocturno del pan, campaña sobre la cual departimos hace poco.
Pues ya “La Vie Nouvelle” de aquí, haciendo referencia a “El Diario” de ahí, dice lo siguiente: que antaño (cuando raros eran los que se embarcaban sin hacer testamento) habría necesitado quién sabe cuántos meses para llegar por estos mundos, y eso, si llegaba.
El artículo es largo, reproduzco lo esencial para que “El Diario” vea que no carece de lectores parisienses.
Hasta en la América del Sud cunde nuestra propaganda. En El Diario de Buenos Aires se asocian a ella también (¡gracias!).
No hemos de tardar, “deo volente[10]”, en ver coronados nuestros esfuerzos, termina La Vie Nouvelle, sino hemos de tardar en mandarle al panadero argentino este mensaje: “En París ya no se hace pan de noche”.
- No contamos con una fotografía de la portada de esta Página breve, dado que los ejemplares de la Biblioteca de la Nación correspondientes a esta fecha se hallan en muy mal estado. Hemos tomado el texto del ejemplar de El Diario microfilmado en la Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso.↵
- Guillermo II de Alemania o Wilhelm II (1859-1941) fue el último emperador o káiser del Imperio alemán y el último rey de Prusia. Su reinado se extendió desde 1888 hasta noviembre de 1918, poco antes de que se declarara la derrota del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial. (VIAF: 121621349).↵
- “Amigo, esconde tu vida y arrepiéntete de tu mente”. ↵
- Ver nota al pie de PB.15.03.07 o índice onomástico.↵
- Edward Thatch (Brístol, 168-Carolina del Norte, 1718), más conocido como Edward Teach o Barbanegra (Blackbeard), fue un pirata británico. (VIAF: 4022838). ↵
- Lazare Hippolyte Carnot, (Saint-Omer, 1801—París, 1888) fue un político francés durante la Tercera República Francesa. (VIAF: 74636252). ↵
- Le Figaro es el diario más antiguo de Francia, de ideología centro-derecha. Fue fundado en 1826 y debe su nombre al célebre personaje creado por Beaumarchais en su obra Las bodas de Figaro. Ha sido siempre el vocero, entre otras instituciones, de la Academia francesa. Sus archivos están disponibles en Gallica. Su edición digital puede consultarse en: https://www.lefigaro.fr/. ↵
- Mansilla, Lucio V. Un país sin ciudadanos. Paris: Garnier, 1907. Existe una reedición contemporánea, con estudio preliminar a mi cargo, editada por la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, de descarga gratuita: http://publicaciones.filo.uba.ar/un-pa%C3%ADs-sin-ciudadanos.↵
- “No hay disputa”. ↵
- “Dios mediante”. ↵






