Jueves 18 de Mayo de 1911
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, abril 23 de 1911.
Manuel M. Zorrilla[1], espíritu ponderado y tranquilo como su andar mesurado, es un antiguo amigo que quiero, que quiero de veras aunque solo nos veamos o cambiemos una carta allá por muerte de un obispo.
Se comprende entonces el gusto con que he recibido y leído su libro, tan bien impreso. A cierta altura del viaje de la vida esto es de no poco momento. Mis agradecimientos son por consiguiente dobles; se los doy pues por lo tocante a la vista que declina y a la afectuosa dedicatoria con que lo acompaña.
Prácticas administrativas[2] ponen de relieve las grandes y numerosas deficiencias de que adolece la administración de la patria común, y como su autor ha recorrido desde muy joven una larga escala de importantes posiciones de confianza y de labor, hay que tener en cuenta sus observaciones.
No recuerdo si alguna vez he dicho, es probable, lo repetiré por las dudas, esto: no es gobierno lo que nos falta, tanto en el orden nacional como en el provincial; pero tanto, que sería quizá el caso de formular una petición popular concebida más o menos en estos términos: respetuosamente pedimos a los poderes un “mínimum” de “mermelada” gubernativa, y solo un poco de discreta administración.
Mucho de lo uno y de lo otro suele ser contraproducente.
Finalmente, y en otras palabras, querríamos menos afán en inmiscuirse en todo, o sea, en dictar leyes para hacernos “felices”, y más empeño en cumplir las existentes y en regularizar la cosa pública.
Hay al respecto en el interesante volumen de Manuel Marcos… como desde cuando Sarmiento manejaba las riendas federales con más o menos aplausos le llamamos, indicaciones atinadas, que ya es hora de tomar en cuenta, corrigiendo “numerosas deficiencias” administrativas. El país crece, se enriquece hasta sorprender a los más penetrantes observadores.
“Time is money”, resulta así más verdad que nunca. Ergo, menos papel sellado, hasta donde sea posible. El procedimiento lento y complicado es una peste que ataca la bolsa de todos, ricos y pobres.
Aquí en Francia sufren de eso tanto como en España, más todavía. A cada triqui-traque “process verbal”, “enquete”, y hasta las calendas griegas el resultado; todo lo contrario de lo que pasa en Inglaterra, donde la justicia criminal es casi eléctrica.
¡Y cómo me gustan estos suizos! Por nada se dejan arriar como carneros de Panurgo[3], adoptando novedades. Su ideal es cumplir la ley existente.
Una votación popular cantonal del pueblo de Zurich ha rechazado la introducción de la representación proporcional en la elección del gran concejo (cuerpo legislativo cantonal) por 42.227 votos contra 39.464.
Todos los distritos rurales han dado una mayoría contra dicha representación.
El caso es nuevo, único creo; no conozco ningún otro parecido. Seguiré. Verdad que son infinitas las cosas antiguas y modernas acaecidas en este mundo sublunar de que no tengo ni noticias.
Me estoy refiriendo a L’Histoire de France, de Anatole France[4], historia que yace en las tinieblas del archivo de un editor llamado Jules Lemerre.
Allá por 1882 este le encargó a aquel una historia de France cuyos manuscritos, vuelvo a decirlo, guarda en un cajón.
Hoy día querría publicarlos. El autor le dice “alto ahí”.
¿Irán o no ante los estrados de la justicia? No se sabe todavía.
Será lo que no tardaremos en ver.
En todo caso, los jueces que en ello intervengan han de verse en aprietos.
Planteado el negocio así sencillamente como lo acabo de hacer, quiero decir: si Anatole France “No ha recibido nada” a cuenta por su Historia, mi veredicto sería contrario al editor.
Si hubiera de recomendar la lectura de algo por acá, he aquí lo que diría:
A las damas, pueden leer Vds. la novela de Fogazzaro[5] (murió el otro día, q.e.p.d.) titulada Lelia. Aunque no muy bien traducida del italiano al francés, la acaba de publicar La Revue des Deux Mondes*, lo cual significa, y baste de análisis psicológico, que esta obra cristiana ha de ser un estudio provechoso de las realidades de esta vida, de las luchas del alma en medio de nuestras eternas contradicciones.
A los hombres les indicaría como páginas no menos instructivas Ce que mes yeux ont vu[6], o sea, un volumen de Arturo Meyer[7] el director de Le Gaulois[8].
No es Meyer un literato propiamente hablando, es un periodista lleno de imán, que durante cuarenta años ha estado en contacto íntimo con los hombres y las cosas, con la sociedad y la política. ¡Imaginaos lo que habrá visto y oído este observador penetrante!
Como los hombres son los mismos en el fondo del abismo, sean cuales sean los grados de civilización y de cultura del medio ambiente en que se agitan persiguiendo idéntica o muy parecidas cosas, infinidad de los hechos relatados en este repertorio exquisito no es paradójico afirmar que mucho de eso ha pasado también en ambas orillas del Plata durante los últimos cuarenta años.
Leyendo algunas de estas páginas me he dicho a veces: ¡pero si yo he conocido ya estos mismos personajes!
Tema para meditar es lo que va a leerse, se comenta a sí mismo después sobre todo, de las tres “no” del gran canciller alemán sobre la utopía del “desarme”, el arbitraje y los acuerdos.
En el congreso de los estudiantes cristianos, celebrando en Aarau, el “coronel” Sprecker de Bernegg, jefe del Estado mayor general suizo, que es un cristiano convencido y practicante, ha dado una conferencia muy aplaudida sobre la guerra, el cristianismo y la democracia.
Los que proclaman la paz universal, dijo, tienen una falsa comprensión de los instintos del hombre. Solo el espíritu del cristianismo puede traernos un progreso. Una paz sin hombres pacíficos sería una desgracia para la humanidad. Por otro lado, ha sucedido que la guerra ha traído buenos resultados. La guerra es tan necesaria en este mundo como la muerte para los hombres pecadores.
La guerra entra tan poco en las intenciones de Dios como el pecado. Pero, mientras exista el pecado sobre la tierra, reinará la guerra entre los hombres y entre los Estados.
El orador habló igualmente de la influencia de la democracia sobre el ejército, que puede ser funesto si se quiere organizarlo según los principios democráticos o si se introduce en él la política.
Una democracia que sepa evitar estos dos escollos puede poseer un ejército tan bueno como el de las monarquías.
Sigan pues los doctores pacifistas discutiendo y escogiendo expedientes. Lo que es este humilde observador, no divisa la hora en que los poderosos adopten la divisa “Cedant arma togoe…[9]”, más claro: que la espada ceda el paso a la toga.
Llaman a la puerta. Es el correo del Río de la Plata.
Me entregan un bulto enorme y una carta. La abro; leo con curiosidad. Y de entre finísimas amabilidades de un compatriota joven que no he tratado (hablo del autor de la carta, Florencio César González) aparto este párrafo amable, comprometedor:
“….. remitiéndole en cuatro paquetes postales, diez y siete números de dicha revista (Revista Renacimiento) que le permitirán apreciar su importancia. Renacimiento es una publicación mensual, dirigida por hombres jóvenes. Hay todavía en este país quien se ocupa de letras, cuando nos domina un ambiente de mercantilismo.
“¿Podríamos esperar un juicio suyo en cuanto atañe a la publicación?…
Obra de romanos, me digo. Empiezo a revisar número por número. Todo un tesoro de cosas esencialmente intelectuales: Ciencias geográficas, literarias, sociales, filosóficas, de arte, de educación. Un caudal en proporciones increíbles, destinadas a la ilustración nacional. Imposible esbozar en cuatro carillas una crítica cualquiera sobre cada producción. Me falta la competencia enciclopédica requerida para juzgar tantas cuestiones.
Pero Renacimiento tiene un aspecto que me seduce, que me subyuga. Recorro la lista de sus redactores. Conozco muchos de esos apellidos. Hay entre ellos tradiciones patrias.
Otros son el producto selecto de nuestra formación étnica. Esos apellidos acusan todas las razas que habitan nuestro suelo.
Por añadidura, todos jóvenes, todos con una aspiración de saber, con algo así como un foco de luz dentro de su cerebro y un sentimiento elevado en el corazón que los enaltece: honran su origen, honran la patria, haciendo bien a la comunidad. Y entonces ¿cómo afirma el director fundador de Renacimiento que domina en la patria un ambiente de mercantilismo? No, los mercaderes, aunque sean muchos, viven fuera del templo, pujando el valor del lote para enriquecerse con especulaciones, sin que puedan desviar nuestros progresos positivos, ni corromper nuestras costumbres. Para eso cuenta el país con la falange de Renacimiento que va a contrarrestar el flagelo. Esa es su misión. La pléyade que colabora en la revista, que empuñe el bastón intelectual, que encauce las corrientes de progreso, que evite el predominio del agio en la vida nacional y que se imponga. ¡Jóvenes! Sois un puñado de hombres de pensamiento. ¡Venced! Desde este centro de las grandes irradiaciones solo puedo acompañaros con mis votos. Recibidlos, y adelante con fe, el “fulcrum[10]”.
La horda caerá vencida. Y bien: esta es en resumen la impresión que recojo de los diez y siete números de Renacimiento.
- Manuel Marcos Zorrilla (Salta, 1848-Buenos Aires, 1915) fue un abogado, político y escritor argentino que ejerció brevemente como Ministro del Interior en 1889, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman. Entre sus obras, se cuentan: Versos (1885), Recuerdos de viaje (1911), Prácticas administrativas (1911), Recuerdos de un secretario (1912) y Miscelánea política y administrativa (1913). (VIAF: 74030844). ↵
- Zorrilla, Manuel. Prácticas administrativas. Buenos Aires: Optimus, 1911.↵
- Mansilla ya ha utilizado esta expresión en otras Páginas breves. El dicho refiere a los que, careciendo de facultades para juzgar por sí mismos, siguen el parecer de los demás. Alude a un pasaje del Pantagruel de Rabelais.↵
- Anatole François Thibault (París, 1844-La Béchellerie, 1924), (seudónimo: Anatole France) fue un poeta, novelista y ensayista francés. Agudo librepensador. […]. Su primera novela importante, El crimen de Silvestre Bonnard (1881), lo desmarcó de la corriente naturalista. Las ficciones autobiográficas Les Désirs de Jean Servien (1882) y El libro de mi amigo (1885) revelaron un anticonformismo que se plasmó un poco más tarde también en Tais (1890), novela histórica sobre el deseo y claramente en contra del cristianismo represivo. […]. En 1896 ingresó en la Académie Française pero, a pesar de su consagración literaria, quedó aislado al tomar partido por Alfred Dreyfus. El caso Dreyfus apareció en los últimos volúmenes de su tetralogía Historia contemporánea, compuesta por El olmo del paseo (1897), El maniquí de mimbre (1897), El anillo de amatista (1898) y El señor Bergeret en París (1901). […]. La vida de Juana de Arco (1908) y los relatos Clio (1899), Los cuentos de Jacobo Dalevuelta (1908) y Las siete mujeres de Barba Azul (1909) son testimonio de su pasión por la historia. Los dioses tienen sed (1912) y La rebelión de los ángeles (1914), en la que el autor vuelve a expresar sus opiniones sobre la religión, son sus dos obras más importantes del último período. […]. Fundamentalmente pacifista, al estallar la Primera Guerra Mundial publicó Sur la voie glorieuse (1915) y Ce que disent les morts (1916), textos de fuerte connotación patriótica. En 1921 recibió el premio Nobel de Literatura. (Extraído y adaptado de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Anatole France.
En: https://acortar.link/CaVETb). (VIAF: 4925052).↵ - Fogazzaro, Antonio (Vicenza, Véneto, 1842-ibídem, 1911) fue un novelista y poeta italiano de corte romántico, con varias obras en torno a la religión. Entre sus obras, Pequeño mundo antiguo (1895) se considera la más importante. (VIAF: 39408145). ↵
- Meyer, Arthur. Ce que mes yeux ont vu. Paris: Plon-nourrit, 1911. ↵
- Arthur Meyer (Le Havre, 1844-París, 1924) fue un editor y periodista francés. Nieto de rabino, nacido en una modesta familia judía se convirtió en monárquico, antipartidario de Dreyfus y católico. (VIAF: 61674363). ↵
- Le Gauloisfue un diario francés publicado en París entre 1868 y 1929. Fundado por Edmond Tarbé y Henri de Pène, a partir de 1882, fue dirigido por Arthur Meyer. Se fusionó con Le Figaro en 1929. De tendencia conservadora, monárquica, antisemita y xenófoba, fue el diario preferido por la nobleza y alta sociedad francesa. Nunca tuvo una circulación muy alta: por ejemplo, en 1910, se vendieron 30 000 ejemplares al día, frente a los 37 000 de Le Figaro, los 1 400 000 ejemplares diarios de Le Petit Parisien o los 835 000 de Le Petit Journal. (Extractado de https://www.cadeauretro.com/titre/GUVOIR.htm). ↵
- Del latín: “Que entreguen las armas…”. ↵
- Del latín, “apoyo”. ↵






