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Presentación

“Escribir es como tocar la flauta”, dice Mansilla en su Página breve del 23 de junio de 1911, y explica: “no la de la fábula, sino la otra, la del artista. Nada de intervalos, nada de intermitencias que à force de forger on devient forgeron. Demóstenes era tartamudo, y metiendo piedritas en la boca acabó por corregir maravillosamente la imperfección nativa”. La persistencia de Demóstenes fue también la de Mansilla a lo largo de estas Páginas breves que escribió durante casi seis años, entre enero de 1906 y agosto de 1911. Este tomo, sexto y último, el más breve de la colección, recoge las columnas publicadas desde enero de 1911 pero solo hasta septiembre de ese año, dado que a partir de agosto, fecha de escritura de la última Página breve, y por lo que refiere su biógrafo Enrique Popolizio, la ceguera, entre otros achaques de la edad, le impidió al octogenario general seguir escribiendo.

Siguiendo la línea de las Páginas breves anteriores (sobre todo las de los tomos IV y V), los comentarios literarios de libros que le llegan por correo desde diversos puntos de Argentina ocupan un lugar central aquí. “Sigan ustedes remitiéndome sus elucubraciones”, pide en su columna del 1° de Mayo. “Las revisaré siempre con gusto, sin cansancio, que si no tengo la paciencia de Job, tengo una paciencia larga como un día de verano y, metafóricamente, una mano larga como una noche de invierno. Con ella estrecho cordialmente la de todos los que me recuerdan”. Comentar las novedades literarias (tomando como “literatura” toda bibliografía que caiga en sus manos) es su mejor manera de entretener(se). La falsa modestia, pero también un genuino miedo a aburrir, despuntan cada tanto en medio de reseñas de libros y apreciaciones siempre arbitrarias:

Monsieur de Voltaire decía poco más o menos: “Si supieran Vds. cuánto me empeño en hacerme entender y en distraerlos…”. Es justamente lo que a mí me pasa cuando escribo, como lo hago, en la forma y modo que ya se sabe para los lectores que tengo en el Río de la Plata. Mi principal empeño consiste en compensarles con alguna variedad las deficiencias en otro orden de ideas, léase de la calidad. Busco y rebusco para ello acá y acullá. De ahí lo que hoy día consigno un poco más adelante con esta recomendación previa: no lo pasen por alto, es curioso (PB 22.05.1910).

No faltan aquí, como era de esperarse, los recuerdos del pasado, entreverados con guiños de festejo hacia su propia persona y con referencias a sus obras. Al respecto, resulta especialmente simpático, por el modo narrativo y por el humor casi nunca ausente en esta escritura, el siguiente pasaje, de la Página breve publicada el 4 de enero:

¡Es tan frecuente que lo bueno se les quede casi siempre por decir a ciertos escritores!

En el presente caso yo no digo que ese algo sea bueno; diré sencillamente que, sin traerlo por los cabellos, puede servir de explicación, hasta por ahí, de la ocurrencia consabida, a saber: que mis Indios Ranqueles son pura invención, léase que lo que es este servidor de ustedes nunca jamás estuvo entre ellos. El que eso afirmó ¿no habría leído en Il Dio Ignoto de Mantegazza sin reparar en la nota que dice (son fastidiosas las notas): que el coronel Mansilla no es un personaje fantástico (cito de memoria), que existe? Mantegazza, consigna en su dicho Il Dio Ignoto, me pidió permiso para hacerlo asimilándoselos, unos capítulos míos. Por escrúpulos de conciencia literaria puso la nota esa; de modo que el que no estando en otros antecedentes deje de leerla afirmará, apoyándose en el tan conocido autor italiano, que el coronel Lucio V. Mansilla no vivió en tiempo alguno bajo las estrellas.

¡Hay tanto de esto en la historia!

Cuántas veces yo mismo, cuando tengo de visita mis pensamientos, mis recuerdos de tiempos pasados lejanos, no me suelo preguntar ¿estuve yo ahí?, ¿fue eso u otra cosa lo que vi o invento de buena fe?

Un día de estos, si me siento ganoso de mirar atrás, les he de contar a ustedes algo soit disant histórico referente a mi persona, que es tan verdad, gente abonada lo afirma, como que yo no soy hijo de mi señora madre. Tengo mucho de esto en mi cartera y es de advertir que todo ello en nada me perjudica, en nada, más bien me da relieve o notoriedad.

Pero todo lo “mucho de esto” que tenía en su cartera ha quedado allí. Sin embargo, sin contar todo aquello que ha quedado en su cartera, lo que ha llegado a escribir y publicar no fue poco: las voluminosas Páginas breves, rescatadas en esta colección, dan cuenta tan solo de una parte de la obra de Mansilla aún por desempolvar de los archivos.



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