Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Epílogo

Democracia, dictadura y ornitorrincos: aproximaciones cladísticas a los regímenes

Aaron Schneider

La democracia está amenazada en todo el mundo. Las democracias estables se ven vulnerables ante el ascenso de partidos y candidatos que se presentan como outsiders y antisistema. Los movimientos etno-nacionalistas de extrema derecha atizan odios contra las políticas progresistas y enfilan sus ataques contra las minorías. Los líderes populistas intentan socavar los controles institucionales de los Poderes Ejecutivos y se oponen a las restricciones al control del Estado sobre la sociedad civil. Las dictaduras exportan sus tecnologías de vigilancia y represión. Los síntomas del declive democrático son evidentes en todo el mundo. Sin embargo, corremos el riesgo de malinterpretar estas señales si no comprendemos las diversas formas en que las democracias se van en picada (Levitsky y Ziblatt, 2019).

Para entender el declive de la democracia y dar herramientas para intentar revertirlo, en este epílogo se hace hincapié en dos elementos conceptuales. En primer lugar, se presta atención a la estructura del concepto de democracia. La democracia está constituida por varias características elementales, lo que le confiere una estructura multidimensional (Collier y Levitsky, 1997). En términos del lenguaje democracia-dictadura, los países se clasifican en uno u otro de esos sistemas de gobierno, pero en la realidad se sabe que las naciones no se pueden catalogar tan fácilmente, pues experimentan muchos puntos intermedios (Levistky y Way, 2010). En ese sentido, aunque pocas democracias presentan todas las características para clasificarlas como “plenas”, la decadencia puede ocurrir en varios grados en una dimensión u otra. Para entender cómo se ha degradado cada democracia, y cómo repararla, es importante entender sus defectos específicos en cada dimensión y cómo las dimensiones interactúan.

El segundo elemento que destaca este trabajo es una distinción entre el movimiento gradual a lo largo de una dimensión de democracia y una disyuntiva importante en las trayectorias dependientes. El lenguaje de la decadencia democrática sugiere que se está produciendo un movimiento continuo y fluido que se expresa a través de la erosión gradual de las instituciones y de los actores que apoyan la democracia, mientras que, a la vez, los actores antidemocráticos acumulan poder y ganan más apoyo. Sin embargo, la historia, especialmente las historias institucionales de las democracias y las dictaduras, también está marcada por coyunturas críticas y puntos de ruptura, en los que el cambio gradual traspasa un umbral y marca la entrada a un fenómeno totalmente nuevo (Pierson, 2000). Incluso cuando los regímenes cambian sutilmente a lo largo de las múltiples dimensiones de la democracia, las coyunturas críticas sitúan a los países en diferentes caminos, lo cual los predispone a ciertos tipos de decadencia democrática. Este epílogo sugiere que hay que prestar especial atención a las múltiples dimensiones de dicha decadencia contemporánea y a las coyunturas críticas y puntos de ruptura, episódicos pero significativos, que ayudan a comprenderla mejor, y pone a disposición estrategias y baluartes particulares para defender las instituciones democráticas.

Al centrarse en estos dos factores conceptuales, este estudio sostiene que se debería tener en cuenta la estructura del concepto de democracia a la hora de analizar y responder a las amenazas que se ciernen sobre las instituciones democráticas en todo el mundo. El carácter multidimensional de la democracia recuerda que estas entran en decadencia de diferentes maneras a lo largo de combinaciones únicas de múltiples dimensiones. Además, aunque la decadencia democrática puede parecer un proceso gradual que se desliza a lo largo de una u otra dimensión, no podemos perder de vista las coyunturas críticas en las que los países emprenden diferentes trayectorias dependientes. Las trayectorias únicas presentan vulnerabilidades específicas a lo largo de una u otra dimensión, y nuestras intervenciones para defender la democracia serán más eficaces si somos conscientes de los caminos ramificados que han seguido los países para llegar a su condición actual.

Para prefigurar el argumento que se presenta en estas páginas, la base geopolítica y social de los distintos regímenes constituye un punto de partida que separa los distintos regímenes democráticos y las amenazas a la democracia. Algunos regímenes surgen de una tradición en la que los sectores populares se movilizan en organizaciones de clase, se integran en proyectos ideológicos de izquierda y gobiernan con una visión crítica de la política de las grandes potencias y de la historia del colonialismo y la dominación en el Sur Global. Otros regímenes surgen de una tradición elitista de acomodación entre grupos de clase alta, alineados con proyectos ideológicos conservadores y de derecha, subordinados a los designios de las grandes potencias en la política y la historia internacionales.

Esta importante división entre las trayectorias de los regímenes democráticos sitúa a los países en caminos diferentes, en los que las interacciones entre las dimensiones de la democracia y las amenazas a la práctica democrática emergen de formas singulares. A medida que esas amenazas se agravan y los regímenes decaen en una u otra dimensión, es importante saber qué camino ocupa un régimen, el de la izquierda o el de la derecha. Las intervenciones y los esfuerzos para empujar a los regímenes de vuelta a la democracia pueden parecer exitosos para los regímenes en un camino, pero tener el efecto contrario para los regímenes en el otro camino.

Las siguientes secciones esbozarán el argumento de la siguiente manera. La primera sección considera una instantánea de la decadencia democrática en todo el mundo. En términos numéricos sencillos, la calidad de la democracia en todo el mundo mejoró durante varias décadas, pero en los últimos años ha vuelto a erosionarse hasta alcanzar los niveles de principios de la década de 1990. La segunda sección describe con más detalle la estructura del concepto de democracia y esboza las características fundamentales de la democracia presentes en gran parte de la bibliografía, el modo en que las democracias pueden diferir entre sí y del ejemplo prototípico de democracia, según las dimensiones definidas por estas características fundamentales. Además, se describen dos patrones de cambio en los regímenes democráticos: el cambio discontinuo y dependiente de la trayectoria, y el cambio continuo y gradual. Es importante observar ambos patrones de cambio a la hora de considerar las formas específicas en que decaen los distintos regímenes democráticos y cómo se debería responder a ese fenómeno. La última sección examina las respuestas políticas, especialmente las sanciones procedentes de Estados Unidos, en función de sus repercusiones en países que han seguido trayectorias evolutivas diferentes.

1. Decadencia democrática

Entre los analistas de los regímenes políticos predomina la opinión de que la ola de democratización iniciada en la década de 1990 se ha enfrentado a un declive continuo del número total de democracias y de la calidad de las democracias que sobreviven. Esta opinión dominante se ve confirmada por datos cuantitativos, aunque no es universal (Little y Meng, 2024). Aun así, se ha producido una proliferación de índices y una creciente sofisticación en la aplicación de esos índices de democracia en todo el mundo. En una revisión realizada por los organizadores de la base de datos VDEM, los autores señalan que “la democracia sigue disminuyendo en el mundo, y la autocratización continúa siendo la tendencia dominante” (Angiolillo et al., 2024: 1). El nivel medio de democracia se sitúa ahora en los niveles de 1985, y son muchos más los países que avanzan en dirección autoritaria (42) que los que se democratizan (18) (Papada y Lindberg, 2024).

La sofisticación de las mediciones cuantitativas ha mejorado notoriamente, lo cual permite definir, distinguir, categorizar y clasificar las democracias y las dictaduras con una precisión cada vez mayor. Las estrategias para lograr esta sofisticación y precisión varían. Munck y Verkuilen (2002) sostienen que la conceptualización y medición de la democracia requiere identificar sus atributos centrales y los indicadores que miden cada atributo, prestando especial atención a las estrategias de agregación. Algunos índices logran precisión al especificar un concepto subyacente e intentar medir solo una dimensión crítica; por ejemplo, un concepto minimalista de elecciones impugnadas (Przeworski et al., 2000). Otras medidas, como Freedom House, intentan captar múltiples dimensiones de la democracia al construir índices de encuestas subjetivas que se aplican a expertos (Freedom House, 2024). VDEM ha sido quizás el esfuerzo más exitoso, tanto al especificar cuidadosamente las dimensiones subyacentes como al utilizar índices construidos a través de una cuidadosa combinación de medidas objetivas y subjetivas.

Como indican los gráficos del Índice de Democracia Liberal (IDL) que aparecen en el informe señalado (Nord et al., 2024: 10 y 12), con diversas estrategias de ponderación, la democracia en todo el mundo parece estar en declive. El IDL incluye los indicadores básicos utilizados en un índice de democracia electoral (elecciones libres y justas, medios de comunicación libres e independientes), así como medidas del Estado de derecho, controles y contrapesos, y libertades civiles. Tanto si se toman simples medias nacionales como si se ponderan en función de la población, el territorio o el PIB, parece haberse producido un aumento de la puntuación media del IDL en la década de 1990, pero una vuelta a los niveles anteriores a 1990 en los últimos años. La coherencia de la inversión a través de diferentes ponderaciones indica que las puntuaciones no se desvían por unos pocos países pequeños o grandes, unos pocos países poblados o poco poblados, o unos pocos países ricos o pobres. La democracia parece estar en declive, independientemente de cómo se pondere.

Esta inversión de los niveles de democracia es llamativa y especial atención merece quizá la última imagen, en la que los países se ponderan en función del PIB; en otras palabras, los países más ricos tienen una mayor ponderación. En particular, el gráfico recoge los descensos de la democracia que se producen entre las economías más ricas y grandes, como India, México y Estados Unidos, por no mencionar las democracias ya frágiles de Polonia, Rusia, Pakistán y Turquía. Incluso Brasil, que repuntó un poco en 2023 con la elección de Lula, sigue estando por debajo de lo que estaba en las décadas de 1990 y 2000.

Los índices VDEM también son útiles porque establecen puntos de corte en una escala única que divide los distintos tipos de regímenes. Los umbrales de la escala separan las democracias liberales, las democracias electorales, las autocracias electorales y las autocracias cerradas, con “zonas grises” intermedias para el caso de los países que operan entre la autocracia electoral y la democracia electoral. Como se aprecia en las siguientes cifras, entre 1973 y 2023 se produjo un descenso constante del número de autocracias cerradas a partir de la década de 1970, pero ese número ha repuntado en los últimos años, con una tendencia opuesta en el número de democracias liberales. Varias democracias liberales se han convertido en democracias electorales y varias autocracias electorales se han convertido en autocracias cerradas. “Esto muestra las dos caras de la tercera ola de autocratización: por un lado, el retroceso democrático y, por otro, autocracias cada vez más represivas” (Angiolillo et al., 2024: 5).

Los autores también señalan que estas cifras por países ocultan algunas tendencias adicionales inquietantes. En los últimos 10 años, el porcentaje de la población mundial que vive en autocracias electorales o cerradas ha aumentado del 48 % al 71 % de la población mundial, es decir, 5.700 millones de personas. Las democracias liberales albergan el menor porcentaje de la población mundial, un 13 %. Con cinco categorías (deliberativa, igualitaria, electoral, liberal y participativa) y dieciséis índices, el VDEM hace posible un análisis más profundo de las formas en que las democracias han declinado. Cinco índices componentes parecen ser los que registran los descensos más graves en 2023. El componente “Libertad de expresión” disminuyó en 35 países, mientras que solo mejoró en once; el componente “Elecciones limpias” disminuyó en 23 países y solo mejoró en doce; el componente “Deliberación” disminuyó en 19 países y solo mejoró en once; el componente “Funcionarios electos” disminuyó en 17 países y solo mejoró en siete; el componente “Libertad de asociación” disminuyó en 20 países y solo mejoró en tres. El predominio de estos cinco componentes sugiere que tal vez existan vulnerabilidades particulares en las democracias actuales, ya que los autócratas dan prioridad a los ataques contra la sociedad civil (expresión, asociación y deliberación) y la sociedad política (elecciones y cargos electos). La mayoría de los demás componentes disminuyeron en más lugares de los que mejoraron, pero la diferencia no fue tan marcada, y solo dos componentes mejoraron en más lugares de los que disminuyeron, y apenas por poco: “Sufragio” (uno y cero) y “Restricciones judiciales” (siete y seis) (Angiolillo et al., 2024: 12).

Los avances en la medición cuantitativa y la conceptualización de la democratización y la autocratización ofrecen perspectivas útiles sobre las tendencias de decadencia de la democracia en general, así como las formas específicas en que las democracias pueden estar erosionándose en todo el mundo. Sin embargo, persiste la presunción de que estos procesos son continuos y de que puede aplicarse una escala similar y unitaria a todos los países del mundo. La siguiente sección analiza algunas de las formas en que las conceptualizaciones alternativas de la democracia podrían dirigir la atención hacia otras suposiciones.

2. La estructura del concepto de democracia

Existen dos enfoques principales para la conceptualización de la democracia, y en este epílogo se defiende un tercero. Los dos enfoques principales son el clásico y el radial, siendo el radial cada vez más predominante, aunque con importantes excepciones. Los párrafos siguientes comparan estos enfoques principales, pero se centran especialmente en las implicaciones de los diferentes métodos de conceptualización, incluido lo que ambos enfoques pasan por alto.

El enfoque clásico

El enfoque clásico de la conceptualización fue quizás más claramente articulado por Sartori (1970), quien argumentó que una cuidadosa atención a la conceptualización evitaría el “estiramiento conceptual”, es decir, la aplicación inapropiada de etiquetas conceptuales a casos de diferentes categorías. Para Sartori, las categorías conceptuales deben poseer límites claros, en los que todos los miembros de una categoría compartan un umbral mínimo de componentes necesarios. Tendría sentido probar hipótesis sobre casos de la misma categoría, ya que hacerlo sobre casos que no pertenecen a la misma categoría produciría conclusiones inválidas.

Una implicación de este enfoque es que añadir componentes necesarios hace más difícil que los casos encajen en una categoría, mientras que restar componentes amplía las categorías e incluye más casos. Este proceso de añadir y restar componentes Sartori lo describió como “subir” o “bajar en la escala de abstracción”. Para comparar casos que no comparten todos los mismos componentes, se puede ascender en la escala de abstracción, eliminando componentes necesarios, con lo que se modifica la categoría para que incluya un mayor número de casos.

Una aplicación del enfoque clásico al concepto de democracia aparece en Mainwaring y Pérez Linán (2014), quienes definen las democracias en términos de cuatro componentes básicos: primero, las elecciones son libres, justas y competitivas, incluida la posibilidad de alternancia en el poder; segundo, la ciudadanía está ampliamente definida para la época en la que se mide el régimen; tercero, se respetan los derechos civiles y políticos, y cuarto, gobiernan las autoridades elegidas, sin la interferencia de otros órganos no elegidos, como los judiciales o los militares (Mainwaring y Pérez Liñán, 2013: 1-29).

En un ejemplo de ascenso en la escala de abstracción, los autores crean la categoría de “regímenes competitivos”, que incorpora tanto regímenes democráticos en los que las cuatro características fundamentales están plenamente presentes como regímenes semidemocráticos en los que una o varias características pueden violarse parcialmente, pero no de forma flagrante. En una categoría conceptual diferente se encuentran los regímenes autoritarios, en los que uno o varios componentes básicos se violan de forma flagrante.

La ventaja del enfoque clásico es que podemos comparar casos dentro de la misma categoría para probar hipótesis de transición de régimen. Para explicar la democratización y la ruptura democrática, Mainwaring y Pérez Linán se centran en las preferencias normativas sobre los regímenes y el radicalismo de las preferencias políticas entre los principales actores nacionales, junto con los actores y las influencias internacionales. Utilizando la comparación estadística y ejemplos de casos de regímenes competitivos y regímenes autoritarios, excluyen factores a largo plazo, como la modernización, la cultura política y el conflicto de clases, así como los argumentos centrados en los actores. Sus conclusiones son plausibles porque han comparado casos que posiblemente pertenezcan a la misma categoría.

Los enfoques radiales

A diferencia de los enfoques clásicos, otros se basan en la noción wittgensteiniana de parecido familiar. Es posible que los miembros de una familia no compartan ninguna característica principal, pero aun así pueden reconocerse razonablemente como miembros de la misma categoría. Por ejemplo, en una familia de tres hermanos, el mayor y el mediano pueden compartir el color de los ojos, el mediano y el menor el color del pelo y el mayor y el menor la estatura. No hay ninguna característica que compartan todos los hermanos, pero se les puede ver en grupo y concluir que pertenecen a la misma familia.

Basándose en la comprensión de los parecidos familiares, los enfoques radiales de los conceptos describen el núcleo de una categoría con un conjunto completo de características centrales (Collier y Levitsky, 1977). Estas características estructuran el concepto como dimensiones que se extienden desde el núcleo, en las que los ejemplos ideales-típicos del concepto ocupan el núcleo y los subtipos se sitúan más lejos en función del grado en que poseen las características del núcleo. Con este planteamiento, adquirimos una comprensión adicional del modo en que los casos difieren del núcleo y entre sí, en función de su manifestación de las distintas dimensiones.

Una implicación de este enfoque es la opuesta al enfoque clásico en cuanto a la escala de abstracción y comparación. Al añadir características básicas, se amplían las categorías, en lugar de reducirlas, “precisando” la definición y aumentando el número de casos y la diferenciación entre ellos (Collier y Levitsky, 1997: 448). Por ejemplo, las características centrales de una definición mínima procedimental de democracia incluyen el sufragio pleno, la plena impugnación y la protección de las libertades civiles. Los “subtipos disminuidos” pueden mostrar menos de una u otra de estas características centrales, y añadir adjetivos al concepto informa sobre qué dimensión se ha disminuido. Así, las democracias “masculinas” violan el sufragio de una forma específica; las democracias “unipartidistas de facto” violan la impugnación de una forma específica; y las democracias “antiliberales” violan las libertades civiles de una forma específica. Además, al observar ciertas deficiencias de las democracias existentes, podríamos precisar el concepto de democracia al añadir una nueva característica central, el gobierno elegido tiene poder efectivo para gobernar, aunque, en las democracias posautoritarias, se reservan algunas áreas a los militares salientes como actores “tutelares” (Collier y Levitsky, 1997: 439).

Muchos de los análisis cuantitativos que describen el declive democrático utilizan un enfoque radial. Por ejemplo, el VDEM califica los casos como democracias liberales si tienen una puntuación suficientemente alta en el Índice de Democracia Liberal, un conjunto de indicadores de las dimensiones elecciones libres y justas, medios de comunicación libres e independientes, Estado de derecho, controles y contrapesos, y libertades civiles. Los casos que obtienen puntuaciones más bajas en estos indicadores pueden convertirse en subtipos disminuidos, democracias electorales, e incluso pueden deslizarse hacia la autocracia electoral y la autocracia cerrada (Nord et al., 2024). La cuestión es que los índices colapsan las dimensiones de la democracia en un continuo en el que los casos pueden estar más cerca o más lejos del caso típico ideal de democracia liberal.

Los estudios cualitativos sobre el declive o el estancamiento democráticos también pueden recurrir a enfoques radiales de conceptualización. Por ejemplo, algunos sostienen que los regímenes híbridos son aquellos que se estancan en su transición democrática, dejando un residuo de autoritarismo (Schedler, 2006); mientras que otros hacen hincapié en los esfuerzos de los gobernantes por erosionar los controles sobre su poder (Isaac, 1998: 199). Independientemente de cómo hayan llegado hasta ahí, estos regímenes ocupan una posición intermedia entre el autoritarismo y la democracia, muestran elementos de ambos.

Aunque los enfoques clásico y radial difieren en su comprensión de la estructura de conceptos como la democracia, comparten un enfoque de la clasificación basado en los fenotipos. En biología, la clasificación fenética presupone que podemos observar las características de los distintos organismos y clasificarlos según una instantánea de dichas características: los fenotipos (Sokal, 1986). Este epílogo sugiere que, cuando se trata de democracia, puede ser útil añadir enfoques evolutivos, o cladísticos, a la forma en que conceptualizamos.

Los enfoques cladísticos

Los enfoques cladísticos, o evolutivos, señalan que las características compartidas pueden no significar necesariamente que dos casos pertenezcan a la misma categoría. Entre otras características observadas, las aves tienen pico, los mamíferos lactan y los reptiles pueden ser venenosos. Sin embargo, el ornitorrinco tiene pico, lacta y es venenoso. La categorización fenética ofrece poca orientación sobre cómo clasificar al ornitorrinco. Por el contrario, los enfoques cladísticos o evolutivos trazan las ramas del árbol que comienza con los organismos unicelulares y se convierte en aves, reptiles y mamíferos contemporáneos. El ornitorrinco puede tener características de aves y reptiles, pero su evolución sigue la bifurcación que lo convierte en mamífero, por lo que el ornitorrinco pertenece a la familia de los mamíferos, aunque tenga algunos rasgos de aves y reptiles.

Al reflexionar sobre los regímenes, también puede ser sensato trazar trayectorias evolutivas. Los estudiosos de la historia comparada, en particular, utilizan a menudo analogías de trayectorias como las ramas de los árboles para considerar las diferentes trayectorias de las democracias. Así, Collier y Collier distinguen entre regímenes populistas radicales y regímenes populistas de partido en América Latina, trazando trayectorias desde patrones distintos de incorporación laboral hasta legados posteriores a la incorporación de polarización centrífuga y ruptura democrática o tendencias centrífugas y estabilidad (Collier y Collier, 1991).

Un enfoque cladístico es más que un enfoque diferente de la categorización, es también una teoría diferente de la forma en que cambian los regímenes. Los enfoques radiales, en particular, dan la impresión de que las democracias se erosionan gradualmente y se inclinan hacia la autocracia (Levitsky y Ziblatt, 2019) o se estancan en un punto intermedio entre la democracia y la autocracia (Levitsky y Way, 2010). Sin embargo, el registro histórico muestra muchos casos en los que las democracias o las dictaduras se derrumban repentinamente y aparecen formaciones sociales y estatales completamente nuevas. Tales momentos son raros, y puede darse el caso de que los países no suelan emprender caminos totalmente nuevos. Aun así, el cambio no siempre es gradual, y puede ser especialmente importante tener en cuenta ciertas vías de ramificación a la hora de caracterizar los regímenes democráticos y autocráticos.

Para caracterizar los regímenes democráticos, puede ser útil considerar la bifurcación del árbol que define la herencia de izquierda o derecha de los distintos gobiernos. Los gobiernos de izquierda ideales proceden de historias revolucionarias y anticoloniales, alcanzaron el poder con promesas de redistribuir la riqueza y ayudar a los pobres, estuvieron vinculados a movimientos obreros y otros movimientos sociales de clase baja, y se opusieron a modelos de exclusión racial, étnica, de género y de otro tipo. Los gobiernos de derecha ideales tienen su origen en las potencias coloniales, alcanzaron el poder con promesas de favorecer al capital internacional y a sus aliados locales, estaban vinculados a asociaciones empresariales y élites terratenientes y apoyaban las identidades de los grupos dominantes frente a las poblaciones minoritarias.

Los países no recorren uno u otro camino al azar. La historia de los regímenes está trazada por coyunturas críticas, puntos de decisión en los que las fuerzas sociales se unen para institucionalizar una opción por una rama evolutiva (Collier y Munck, 2022). Los países que toman el camino de la izquierda lo hacen porque grupos de trabajadores, campesinos, mujeres, indígenas y grupos minoritarios se unen en torno a proyectos anticoloniales o proyectos transformadores. Los países que toman el camino de la derecha lo hacen porque las élites coloniales, las élites nacionales y los grupos de identidad dominantes se pasan a la rama evolutiva de la derecha. Algunos de estos gobiernos pueden evolucionar con el tiempo y adquirir características no democráticas similares. Por ejemplo, los líderes de países tanto de izquierda como de derecha pueden reprimir a los medios de comunicación críticos o intentar apoderarse de otros poderes del Estado. Esto nos tienta a caracterizarlos como igualmente antidemocráticos. De hecho, colapsar las dimensiones de la democracia para caracterizarlas como democracias electorales o autocracias electorales, como ocurre en la escala VDEM, podría ser un paso razonable hacia la categorización fenética. Sin embargo, la categorización cladística no perdería de vista su división en una coyuntura crítica pasada, y puede ser valioso preservar ese detalle. No mantener esta visión cladística podría agrupar casos que deberían mantenerse separados y podría pasar por alto similitudes que están ocultas excepto cuando se considera la evolución a lo largo del tiempo.

3. Agrupar en lugar de dividir, dividir en lugar de agrupar

En una carta que escribió a un colega en 1857, Charles Darwin describió la taxonomía biológica en términos de “agrupadores” y “separadores”, y Jennifer Hochschild aplicó la misma caracterización a los enfoques del racismo en Estados Unidos: “agrupadores, que tratan de fusionar un mayor número de especies o géneros propuestos en un número reducido, y separadores, que tratan de avanzar en la dirección opuesta” (Hochschild, 2004). Todos los esfuerzos de categorización y medición se reducen en última instancia a la decisión de agrupar o dividir los casos. En este epílogo se argumenta que, si no se aplican los enfoques cladísticos, los casos se agrupan y se separan de forma inadecuada.

Por ejemplo, nuestras medidas, cada vez más precisas, nos indican que países como Cuba, Nicaragua, Irán, la Sudáfrica del Apartheid y las Filipinas de Marcos comparten una serie de características, como elecciones injustas o poco competitivas, restricciones a la sociedad civil y ataques a la prensa. El enfoque fenético podría incluso considerarlos similares en su grado de no- democracia, por ejemplo, el índice VDEM de Democracia Liberal los puntúa a todos con un 0,06, agrupándolos en la categoría de autocracia cerrada, con solo fluctuaciones ocasionales en el rango de autocracias electorales (VDEM, 2024). Sin embargo, estos casos no pertenecen a una única categoría porque recorrieron caminos diferentes para obtener las características que muestran en la actualidad.

Por ejemplo, Cuba, la Nicaragua de la década de 1980 y el Irán posterior a 1979 atravesaron procesos sociales revolucionarios que incluyeron una amplia movilización social, la expulsión de las élites nacionales y la confrontación con las potencias occidentales, especialmente Estados Unidos. En Cuba, la revolución de 1959 marcó una brusca ruptura con la dictadura de Batista, un régimen dominado por una élite estrecha y corrupta que operaba en un estatus cuasi colonial respecto a Estados Unidos (Chomsky, 2010). En 1979, Nicaragua e Irán experimentaron revoluciones que derrocaron regímenes alineados con Estados Unidos. La dictadura de la familia Somoza había controlado Nicaragua desde la década de 1930 después del asesinado de Augusto César Sandino (Pastor, 2002), y el Sha había gobernado Irán desde el golpe de Estado de 1953, respaldado por Estados Unidos, contra el líder nacionalista y populista Mossadegh (Bayandour, 2019).

El enfoque fenético señala con precisión que, posteriormente, todos esos países han reducido sus prácticas democráticas gravemente, con un liderazgo centralizado que socava los controles y equilibrios y reprime la actividad de la oposición en la sociedad civil y política. Sin embargo, el enfoque fenético no tendría en cuenta que estos cuatro casos recorrieron el camino de la izquierda, lo que los hace diferentes en aspectos importantes de Irán bajo el Shah, la Sudáfrica del Apartheid y las Filipinas bajo Marcos. Por ejemplo, incluso cuando los regímenes posrevolucionarios se han cerrado, lo han hecho alegando que la apertura amenaza su proyecto revolucionario, obligaría al pueblo a hacer retroceder las pocas conquistas sociales que ha conseguido, permitiría a las élites anteriormente dominantes volver al poder y sometería la soberanía nacional al dominio internacional, especialmente a Estados Unidos.

Todos esos casos obtienen una puntuación similar en el índice y se califican como autocracias cerradas, pero los casos posrevolucionarios deberían tratarse de forma diferente. Además, el Irán posrevolucionario se ha separado claramente de los otros tres, reprimió también a sus bases sociales de izquierda y obreras, y se transformó en un régimen teocrático y antioccidental en contraposición a uno nacionalista de izquierda. Todas estas distinciones se desvanecen a menos que se adopte un enfoque cladístico.

El enfoque cladístico también permite comprender el comportamiento de las autocracias cerradas que siguieron el camino de la derecha. En el Irán del Sha, la Sudáfrica del Apartheid y las Filipinas de Marcos, la movilización popular fue limitada, se abrazó a las élites nacionales y no hubo confrontación con las potencias coloniales del pasado. De hecho, en estos países, las medidas antidemocráticas no se tomaron para defender un proyecto revolucionario, nacionalista, sino más bien para reprimir dicho proyecto e impedir que surgiera. La policía secreta del Sha buscó especialmente a los sindicatos, a los políticos nacionalistas y populistas, a los movimientos estudiantiles y a los partidos de izquierda, y los empujó en última instancia a los brazos de las autoridades religiosas islamistas (Bayandour, 2019). El Apartheid fue un elaborado sistema de represión dirigido contra sindicatos, comunistas y partidos políticos de izquierda, que utilizaba la opresión de la supremacía blanca para dividir y gobernar la resistencia de las clases bajas (Lieberman, 2022). Por último, tras décadas de tímida apertura democrática, Marcos declaró la ley marcial en la década de 1970 al culpar a los movimientos comunistas y de izquierda de una serie de atentados y disturbios (Bonner, 1987).

Los regímenes resultantes fueron reaccionarios, limitaron la democracia para sofocar la aparición de proyectos populares y adoptaron una forma autocrática elitista, prooccidental y cerrada. El enfoque fenético podría agrupar los siete casos, mientras que el enfoque cladístico separaría las dictaduras reaccionarias de las posrevolucionarias, y el Irán teocrático posrevolucionario del resto.

4. Implicaciones políticas

Incorporar el enfoque cladístico es importante no solo porque arroja luz sobre las distintas razones por las que la decadencia democrática y la autocracia se establecen en los diferentes casos; la cladística también ayuda a entender cómo responder. Acercarse a estos países con respuestas similares sería un error para quienes desean llevarlos de nuevo hacia prácticas más democráticas. Por ejemplo, una de las herramientas más utilizadas actualmente en la política exterior estadounidense es la aplicación de sanciones. En la actualidad, unos 35 países son objeto de sanciones directas por parte de Estados Unidos, y muchas empresas particulares que pertenecen a terceros países corren el riesgo de ser castigadas por violar las sanciones impuestas a los principales blancos de la sanción (OFAC, 2024).

Sin embargo, las sanciones han sido notablemente ineficaces para promover la democratización (Subramanian-Montgomery, 2023). Las amplias sanciones y el aislamiento internacional no han hecho nada para impulsar a Cuba hacia la democracia, incluso después de más de 60 años de un brutal embargo, y los más de 50 años de sanciones a Irán han sido igualmente ineficaces. En general, las sanciones de Estados Unidos a los regímenes posrevolucionarios son ineficaces, no provocan ningún movimiento hacia la democracia, pero causan un sufrimiento humano y un declive económico significativo (Rodriguez, 2023).

Los partidarios de las sanciones señalan especialmente a la Sudáfrica del Apartheid. En ese caso, las sanciones impuestas de mala gana por Estados Unidos a finales de la década de 1980 contribuyeron a poner fin al Apartheid y al proceso de democratización en 1994 (Levy, 1999). El enfoque cladístico recuerda que el Apartheid sudafricano se originó en la vía evolutiva de la derecha. Las sanciones aislaron al régimen precisamente de la comunidad que definió su evolución: los gobiernos y el capital occidentales, las élites nacionales y los grupos raciales blancos dominantes.

Por el contrario, mientras que las sanciones destruyen economías y provocan muertes innecesarias en lugares como Cuba e Irán, el aislamiento de Occidente no ha tenido ningún impacto en la democratización de esos países. Ambos son regímenes posrevolucionarios, y aunque Irán se ha convertido en un régimen teocrático y nacionalista, su origen en una senda evolutiva similar a la de otros regímenes posrevolucionarios significa que la política debe ser lo suficientemente sofisticada como para distinguir la diferencia. Las no-democracias que siguen la senda evolutiva de la derecha pueden ser empujadas hacia una mayor democracia si sus benefactores occidentales dejan de apoyarlas, pero no las no-democracias que siguen la senda de la izquierda.

Para los países cuyos orígenes se remontan a la vía evolutiva de la izquierda, los intentos de Estados Unidos y de otros gobiernos occidentales de aislarlos juegan a favor de los líderes que utilizan las sanciones para pulir sus credenciales antioccidentales, aunque en muchos casos hace tiempo que dejaron de liderar la lucha anticolonial (Drezner, 1999). Además, esas dirigencias pueden acusar al aislamiento occidental como la causa del colapso económico y el sufrimiento de la población, aunque en muchos casos hace tiempo que dejaron de representar a los pobres (Demarais, 2024). Con demasiada frecuencia, Estados Unidos tiene la impresión errónea de que el camino hacia la democratización consiste en pasar de la vía evolutiva de la izquierda a la vía evolutiva de la derecha. Sin embargo, un ornitorrinco nunca evolucionará hacia un reptil. Una no-democracia que tiene sus orígenes en la vía evolutiva de la izquierda no se democratizará cambiando a la derecha.

Un país que se ha desviado del camino evolutivo de la izquierda se democratiza profundizando su proyecto transformador y abrazando a los trabajadores, campesinos, mujeres, indígenas y otras poblaciones minoritarias que lo pusieron en el camino de la izquierda en sus inicios. La solidaridad internacional puede apoyar a estas fuerzas sociales, denunciando las desviaciones del camino evolutivo de la izquierda y movilizando a los principales partidarios que son la fuente de legitimidad de los gobiernos de izquierda (Rana, 2022). Esto refuerza los movimientos verdaderamente populares en estos países y los empuja de nuevo hacia el camino evolutivo de la izquierda y la democracia.

Desgraciadamente, esto rara vez ocurre, por dos razones. En primer lugar, parte de la culpa debe recaer en la izquierda internacional, que vacila a la hora de criticar a los gobiernos que tienen sus orígenes en el camino evolutivo de la izquierda, aunque se hayan desviado (Achar, 2021). Sin embargo, la invasión rusa a Ucrania debería servir de lección: la izquierda internacional debe ser lo suficientemente sofisticada como para criticar tanto el proyecto imperial estadounidense que rodeó y amenazó a Rusia, como el proyecto imperial ruso genocida que pretende arrebatar territorio a Ucrania (Fletcher, 2023).

La segunda parte de la culpa recae en el gobierno y la política exterior de Estados Unidos, demasiado temerosos de los movimientos populares de izquierda y demasiado fáciles de seducir por potenciales aliados de derecha. La Nicaragua contemporánea es un caso útil. El gobierno nicaragüense, que una vez fue un faro de transformación revolucionaria, ha adoptado los peores rasgos de un régimen autocrático patrimonial (Guillermopreto, 2022). Un levantamiento en 2018 de estudiantes, mujeres, campesinos y trabajadores se opuso a los intentos de limitar las prestaciones de jubilación y podría haber empujado al gobierno de vuelta a la izquierda y hacia la democracia. Sin embargo, el movimiento captó rápidamente la imaginación de la clase dirigente de la política exterior estadounidense, que vio en las protestas una oportunidad para llevar a Nicaragua por la senda evolutiva de la derecha. En consecuencia, el gobierno nicaragüense respondió con represión y pintó a la oposición como títeres del imperio estadounidense.

Para concluir

Este epílogo sostiene que la presión internacional tiene un papel que desempeñar a la hora de empujar a los gobiernos hacia la democracia, pero debe hacerse teniendo en cuenta las concepciones cladísticas del concepto de democracia. Los enfoques fenéticos, tanto de tipo clásico como radial, toman una instantánea de las características fenotípicas de los regímenes para medir los grados y tipos de democracia y distinguirlos de las autocracias. Hay mucho que aprender de estos enfoques, pero pasan por alto ciertos factores.

Los enfoques cladísticos trazan la evolución de los regímenes en coyunturas críticas de bifurcación por diferentes caminos. En particular, los enfoques cladísticos destacan la diferencia entre los regímenes que surgen de proyectos revolucionarios de izquierda, populares, antielitistas y antiimperiales, y los que surgen de proyectos elitistas, prooccidentales y de derecha. Aunque los regímenes que siguen ambos caminos pueden mostrar características autocráticas similares, no se convirtieron en autocráticos de la misma manera.

Esto es especialmente importante a la hora de considerar los esfuerzos para empujar a los regímenes de vuelta a la democracia. Para los gobiernos surgidos del camino de la derecha, el apoyo de Estados Unidos es una importante fuente de legitimidad, y las sanciones y presiones estadounidenses podrían eliminar ese apoyo y empujarlos hacia la democracia. Esto es lo que ocurrió en Sudáfrica; el Estado del Apartheid alineado con Estados Unidos perdió de repente el apoyo de su principal benefactor. Una presión similar para democratizarse por parte de Estados Unidos podría funcionar en otros países que ya se encuentran en la senda evolutiva de la derecha, como India, Israel y Filipinas.

Tanto los regímenes de derecha como los de izquierda pueden ser dictaduras. Sin embargo, no se democratizan de la misma manera. En los países que siguieron el camino evolutivo de la izquierda, la presión del gobierno estadounidense es ineficaz, causa graves daños humanitarios y refuerza potencialmente la dictadura. En su lugar, el gobierno estadounidense debería centrar sus esfuerzos de democratización en los lugares donde su apoyo desempeña un papel fundamental, como los países que han seguido el camino de la derecha. Un ornitorrinco no puede convertirse en pájaro, pero podría parecerse más a otros mamíferos.

Bibliografía

Achar, Gilbert (2021). How to Avoid the Anti-Imperialism of Fools, The Nation, April 6. https://www.thenation.com/article/politics/anti-imperialism-syria-progressive/.

Angiolillo, F.; Lundstedt, M.; Nord, M. and Lindberg, S. I. (2024). State of the World 2023: Democracy Winning and Losing at the Ballot, Democratization, 21: 2: 1-25.

Bayandour, Dariush (2019). The Shah, the Islamic Revolution, and the United States. London: Palgrave MacMillan.

Bonner, Raymond (1987). Waltzing with a Dictator: The Marcoses and the Making of American Policy. New York: Times Books.

Chomsky, Aviva (2010). A History of the Cuban Revolution. New York: Wiley-Blackwell and Sons.

Collier, David and Munck, Gerardo L. (2022). Critical Junctures and Historical Legacies. New York: Rowman and Littlefield.

Collier, David and Berins Collier, Ruth (1991). Shaping the Political Area. Princeton: Princeton University Press.

Collier, David and Levitsky, Steve (1997). Democracy with Adjectives: Conceptual Innovation in Comparative Research, World Politics, 49: 3: 430-451.

Demarais, Agathe (2024). Backfire: How Sanctions Reshape the World Against US Interests. New York: Columbia University Press.

Drezner, Daniel (1999). The Sanctions Paradox. New York: Cambridge University Press.

Fletcher Jr., Bill (2023). Nothing is Worse than Silence in the Face of Aggression, The Nation, January 20. https://www.thenation.com/article/world/ukraine-solidarity-network/.

Freedom House (2024). Freedom in the World: The Mounting Damage of Flawed Elections and Armed Conflict. Washington: Freedom House.

Guillermopreto, Alma (2022). The Revolution Eats Itself in Nicaragua, New Yorker, March 10. https://www.newyorker.com/news/news-desk/the-revolution-eats-itself-in-nicaragua.

Hochschild, Jennifer L. (2000). Lumpers and Splitters: Individuals and Structures, en Sears, David et al. (eds.), Racialized Politics: The Debate about Racism in America. Chicago: University of Chicago Press. 324-343.

Isaac, Jeffrey (1998). Democracy in Hard Times. Ithaca: Cornell University Press.

Levitsky, Steven and Ziblatt, Daniel (2019). How Democracies Die. New York: Crown Publishing.

Levitsky, Steven and Way, Lucan A. (2010). Competitive Authoritarianism: Hybrid Regimes after the Cold War. New York: Cambridge University Press.

Levy, Philip I. (1999). Sanctions on South Africa: What did they do?, American Economic Review, 89: 2: 415-420.

Lieberman, Evan (2022). Until We Have Won Our Freedom: South Africa After Apartheid. Princeton: Princeton University Press.

Little, Andrew T. and Meng, Anne (2023). Measuring Democratic Backsliding, PS: Political Science and Politics, 57: 2: 1-65.

Mainwaring, Scott and Perez-Liñan, Anibal (2013). Democracies and Dictatorships in Latin America: Emergence, Survival, Fall. New York: Cambridge University Press.

Nord, Marina; Lundstedt, Martin; Altman, David; Angiolillo, Fabio; Borella, Cecilia; Fernandes, Tiago; Gastaldi, Lisa; Good God, Ana; Natsika, Natalia y Lindberg, Staffan I. (2024). Democracy Report 2024: Democracy Winning and Losing at the Ballot. University of Gothenburg: V-Dem Institute. https://www.v-dem.net/documents/47/V-Dem_DR_2024_Spanish_lowres.pdf.

OFAC (2024). Sanctions Programs and Country Information, Office of Foreign Assets Control. https://ofac.treasury.gov/sanctions-programs-and-country-information.

Papada, Evie and Lindberg, Stefan I. (2024). Democracy Report 2023: Defiance in the Face of Authoritarianism. Gothenburg: VDEM Institute.

Pastor, Robert A. (2002). Not Condemned to Repetition: The United States and Nicaragua. Boulder: Westview Press.

Pierson, Paul (2000). Increasing Returns, Path Dependence, and the Study of Politics, American Political Science Review, 94: 2: 251-267.

Rana, Aziz (2022). Left Internationalism in the Heart of Empire, Dissent, Summer. https://www.dissentmagazine.org/online_articles/left-internationalism-in-the-heart-of-empire/.

Rodriguez, Francisco (2023). The Human Cost of Economic Sanctions, Journal of Economic Studies, 51: 4: 942-963.

Sartori, Giovanni (1970). Concept Misformation in Comparative Politics, American Political Science Review, 64: 1033-53.

Schedler, Andreas (ed.) (2006). Electoral Authoritarianism: The Dynamics of Unfree Competition. Boulder, Colorado: Lynne Rienner.

Sokal, Robert R. (1986). Phenetic Taxonomy: Theory and Methods, Annual Review of Ecology and Systematics, 17: 423-442.

Subramanian-Montgomery, Ashleigh (2023). Even the Treasury Department Admits Sanctions Don’t Work, Responsible Statecraft. https://responsiblestatecraft.org/2023/04/10/even-the-treasury-department-admits-sanctions-dont-work/.

VDEM (2024). Country Scores. https://v-dem.net/data_analysis/CountryGraph/.



Deja un comentario